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Full text of "Boletín - Real Academia de la Historia"

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boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOIVLO LXVIII 





MADRID 
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR DB LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Calle de la Libertad, núm. 29.— Teléf." 991 



I 9 I 6 



«En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será res- 
ponsable de sus asertos y opiniones; el Cuerpo lo será solamente de que 
las obras sean acreedoras á la luz pública.» 



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AS5 



Estatuto XXV. 













TOMO LXVIII, 


Enero, 


1916. 


CUADERNO I. 





BOLETÍN 

DE LA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 
MONUMENTO NACIONAL 

Recientemente se han verificado (y continúan todavía) obras 
de consolidación y reparación en el Castillo de Loarre, monu- 
mento nacional, producción espléndida del arte románico y cons- 
trucción militar la más importante de España y de las mejores 
de Europa, como ha sido calificada repetidas veces. Por ello, y 
por cumplir el deber que para con la Academia me incumbe, 
como miembro correspondiente suyo que soy, pasaré á dar cuen- 
ta á continuación de cuanto se ha realizado en el Castillo, y de 
los hallazgos que, desde ahora, aumentarán el valor considerable 
que ya tenía la antigua fortaleza altoaragonesa. 

Aprobado por la Superioridad un primer proyecto técnico, 
comenzaron los trabajos (que realmente demandaba el estado del 
Castillo, y, sobre todo, de sus cubiertas) á fines del año último, 
dirigidos principalmente á asegurar la conservación del grandio- 
so templo románico, que por su arquitectura, la proporción y 
estructura de los elementos que lo integran, señaladamente su 
cúpula (acaso ejemplar único — por su rareza — en el arte arqui- 
tectónico español), y la espléndida decoración que en él se apli- 
có, compite con ventaja con los mejores de su época. 

Fueron cerradas las grietas y consolidadas las bóvedas y te- 
chumbres de la nave y d.el presbiterio, y del oratorio del palacio, 
sito á los pies del templo, aunque en plano más elevado, monísi- 



BOLETÍN DE 1-A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




mo ejemplar románico, con bóveda de medio cañón y ábside 
semicircular. 

Han sido descegados los grandes ventanales de la iglesia prin- 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE ^ 

cipal, devolviéndoles su primitivo aspecto, con lo cual aquélla ha 
adquirido más ¡uz y majestuosidad. El presbiterio ha quedado 
libre de las groseras pinturas que lo afeaban, fruto del mal gusto 
imperante en el siglo xvni; y la arquería de este mismo presbi- 




CASTILLO DE LOARRE (HUESCA): ARQUERÍA EN EL PRESBITERIO DEL TEMPLO 

terio, desprovista de la espesa capa de cal que mataba líneas y 
destruía contrastes, se ha ofrecido con toda su hermosura á la 
curiosidad del arqueólogo, en la vistosidad de sus capiteles, his- 
toriados con figuras humanas (ángeles, apóstoles, etc.), con mons- 
truos caprichosos y con labores intrincadas, sencillos y rudos 
como la época; pero como ésta, admirables y llenos de interés (l). 



fi) Con los capiteles que hay en los diez ventanales de la iglesia, ios 
de la arquería del ábside, los de los arcos torales y los de los cinco ven- 
tanales simulados de la cripta, se puede estudiar perfectamente la escul- 
tura románica en este elemento ornamental: la influencia clásica, Ja 
oriental, la arábiga, etc., en motivos de fauna y de flora, en entrelazos, 
en caprichos imaginativos y en escenas sagradas y aun sacro-profanas. 
No todos los capiteles están labrados con la misma destreza; unos son 



8- BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Por cierto que algunos, con los fustes y basas correspondientes, 
fueron renovados posteriormente. Ocioso es decir que se ha 
quitado de allí el pesado y antiestético retablo barroco, quedan- 
do solamente el ara ó mesa de altar, de piedra, en la que deberá 
colocarse un sencillo templete ó baldaquino de gusto románico, 
y en él, desprovista de los mantos sin mérito alguno, que la 
afean, la interesante efigie de la Virgen, denominada del Castillo, 
que se remonta al siglo xii (l). 

Hallazgo importantísimo ha sido el de dos escaleras de comu- 
nicación de la cripta (sita debajo del presbiterio) con la iglesia 
mayor, que desde hace mucho tiempo (no hay memoria de ello) 
permanecían tapiadas en su ingreso y enlosadas en sus bocas 
de salida. Parten á derecha é izquierda de la puerta de entrada 
á la cripta, en dirección opuesta. Después de un primer tramo de 
escalera, protegido por una originalísima bóveda de medio cañón 
en declive, siguiendo el de la escalera, hay un pequeño rellano 
con bóveda cruzada; torciendo á continuación, á mano derecha 
(ó izquierda en la escalera del lado contrario), un segundo tra- 
mo, ya sin bóveda, porque corresponde al hueco de salida al 
templo mayor, antes enlosado y hoy tapado con una trampa de 
madera. 

Estas dos escaleras referidas (estrechas, para pasar por ellas 
una sola persona) tienen la salida al pie del presbiterio, y son, 
en verdad, típicas y muy notables. La de mano derecha, entran- 
do á la cripta, recibe luz por una aspillera abierta en el espesor 
del muro de la iglesia. Era forzosa una comunicación directa en- 
tre aquélla y la cripta, que debido á mis indicaciones, atendi- 
das por el arquitecto director, es la doble, de ascenso y descenso, 



más toscos que otros. Magníficos son los del arco toral del presbiterio, 
los del ventanal alto del muro Sur y los del ventanal de enfrente. Pero en 
conjunto forman una colección espléndida, digna de examen. 

(i) Es de madera; está sentada y con el Niño sobre la rodilla izquier- 
da. Modernamente fué pintada con colores muy chillones, destruyendo 
su venerable aspecto. En la provincia de Huesca hay ejemplares icono- 
gráficos Marianos de la época románica, abundantes; los más interesantes 
los he estudiado en la revista Museum, año 1913, núm. 12, págs. 4i9á428. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 9 

que ha aparecido (l). La cripta, como es sabido, tiene entrada 
independíente por la escalera principal del Castillo, con puerta, 
en la que se ve grabado el monograma de Cristo; y recibe luz por 
tres aspilleras abiertas en el centro de los tres hermosos venta- 
nales de la derecha y centro, que ostentan (como todos los de 
aquel grandioso ábside levantado sobre la roca, y que mira al 
Este, no á Occidente, como alguien ha escrito) (2), columnas, 
capiteles y archivoltas, lo mismo al exterior que al interior, al 
igual que todos los de la iglesia principal (3). 

La bonita puerta de ingreso á ésta queda con su esbeltez pri- 
mitiva, que había sido aminorada por medio de una hilada de 
losas adicionales que tapaba las basas y parte de los dos fustes; 
portada abierta en el muro Norte, en el cual ha aparecido la par- 
te exterior de un ventanal (antes cubierto por espeso tapiz de 
hiedra), como todos, digno de atención, con dos capiteles muy 
bien conservados, y en ellos figuras de dos guerreros á caballo, 
luchando (el de la izquierda), y varios monstruos (el del lado 
opuesto), más la imposta ajedrezada, siguiendo la archivolta, mo- 
tivo muy prodigado en el ornato mural del Castillo, 

(i) En un plano incluido por D. Isidro Gil en su monografía sobre el 
Castillo se señala un sólo tramo de escalera, aunque en el texto no cita, 
ni aun incidentalmente, á éstas, como si no existiesen. Se desconocía la 
situación y la dimensión (y aun la existencia) de los segundos tramos y el 
punto de salida, hasta que hice las indicaciones para los oportunos tra- 
bajos de exploración. 

(2) D. Isidro Gil en su monografía citada, reimpresa en 19 13 en la re- 
vista Arte Español, pág. 297. 

C3) Esta cripta es un interesante local de forma semicircular, con 
bóveda de anillos concéntricos. Pequeñas columnas con labrados capite- 
les sustentan cinco arcos de medio punto enlazados por una imposta 
ajedrezada, corriendo otra igual encima. Son ventanales simulados, que 
por el exterior del ábside corresponden con los del templo. Es curioso 
observar cómo avanza la roca viva al nivel del pavimento en el ángulo de 
la izquierda; y es que puede decirse que el Castillo está incrustado en 
la roca, luchando el Arte y la Ciencia contra la propia Naturaleza. 

Esta cripta fué depósito de reliquias venerandas. Aquí debieron recibir 
culto las de San Demetrio, colocadas en una hermosa arqueta, que tiene 
forma de túmulo con cubierta á dos vertientes, recubierta de placa de 
cobre y en ésta figuras y adornos hechos á punzón y cabriones. Creóla del 
siglo XIII, en sus últimos tierñpos, y se guarda hoy en la iglesia parroquial 
de Loarre. 



nOLETfN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




Del pie de la iglesia ha desaparecido un coro alto moderna- 
mente construido. 

No hubo comunicación alguna (no pudo haberla, además, dada 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE I I 

la disposición de las dos construcciones) entre esta iglesia y el 
oratorio palaciano, á que antes hemos hecho referencia. Basta 
fijarse en el interior de aquél, hoy llamado capilla de la Reina. 

Al remover escombros para los trabajos de consolidación, han 
surgido importantes locales desconocidos hasta ahora. Tales son, 
dos grandes depósitos de agua junto al aljibe que recoge las 
aguas pluviales de las cubiertas de la iglesia, á los que se des- 
ciende por una estrecha escalerilla. Son de sólida construcción, 
abovedados, y se comunican por medio de un gran arco. Las pa- 
redes están revestidas de un excelente cemento, pero su primitivo 
destino no fué el indicado. En la parte Norte del Castillo (a la que 
corresponden), al borde mismo de la escarpa ó foso natural que 
allí hay, existen restos de edificaciones análogas á las referidas, 
estrechas galerías y puertas de comunicación (algunas á conside- 
rable altura), constituyendo el sistema de dependencias (algunas 
para defensa) de la guarnición por aquel lado. Hacia fines del 
siglo XIV debieron habilitarse los dos locales de que tratamos, 
para depósitos de agua; de aquella agua que por su excelencia 
valía por vino, según la expresión de la valerosa defensora del 
Castillo, en 1413, Doña \^iolante de Luna (l). 

Subiendo por la majestuosa escalera principal, llégase al final 
del único tramo de que consta, á un rellano. Por la izquierda se 
va á la iglesia; por la derecha á una galería abovedada, de lo más 
típico del Castillo, que al volver á la izquierda por suave ram- 
pa (2), toma dos direcciones: la primera para subir (por medio 
de otras dos rampas) á la puerta de entrada al segundo y al ter- 
cer piso de galerías del lado Sur; puerta bellísima, con sus ven- 
tanales enfrente, nunca bastante celebrada, y al palacio ó serie 
de construcciones civiles del Castillo, y á toda la planicie y desde 
ésta al ala Norte. La seg-unda dirección da vista á las construc- 



(i) Véase Proceso contra el último Conde de C/rgel y su fa?mlia, por don 
M. de Bofarull, tomo i, pág. 357. 

(2) La construcción de la bóveda que hay encima del ángulo que for- 
ma esta rampa, ó sea del enlace de las dos secciones de bóveda semi- 
circular, es originalísima. 



1 2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ciones protegidas por la soberbia torre del Homenaje (ésta con- 
serva huellas de almenado), centro de la vida militar en Loarre; 
construcciones la mayoría de ellas aparecidas ahora á la luz del 
día, desde luego todas las del piso bajo. 

Antes era punto menos que imposible formarse idea, siquiera 
aproximada, de la disposición del Castillo en lo antiguo. Han 
aparecido en torno á la torre del Homenaje galerías de ronda, 
cubiertas de bóveda de cuarto de círculo apoyada en los muros 
de dicha torre (l). Por uno de los lados se pasa á dos locales, 
tal vez depósitos de municiones ó víveres, el segundo bastante 
hondo. Este sistema de galerías interesantísimas comunica con 
una serie de aposentos (á los que les faltan las bóvedas) separados 
por grandes arcos al Este del Castillo, que fueron acaso panade- 
ría, horno (se han hallado vestigios), lagar, dormitorios, cuadras, 
etcétera. Todo ello formaba un primer piso de galerías y depen- 
dencias, al que correspondía otro superior de análoga disposi- 
ción, y un tercero, seguramente azotea tan solo, en los lados 
Este y Sur. Vense claramente no sólo las galerías superpuestas, 
sino las huellas del segundo piso de habitaciones para la guar- 
nición, sobre los robustos arcos de que hemos hecho mención. 
A lo que se ve, no se comunicaban estas dos primeras series de 
estancias con las de la parte Norte, antes referidas. 

A todos estos locales se entraba por la galería ya indicada, en 
comunicación con la escalera principal, que desembocaba inme- 
diatamente en la torre del Homenaje. 

En el interior de ésta se nota la huella de tres pisos, que se 
comunicarían por medio de estrecha escalera; hay también restos 
de una chimenea. En lo alto de la robusta torre existe un arco 
protegido, por donde se pasaba á las estancias lindantes con el 
palacio en dirección Oeste. 

Claro es que, aun con todo, es imposible precisar y detallar la 
distribución de las múltiples habitaciones, por haber desapareci- 



(i) En una de ellas se encontraron algunas íexseras de cobre y un re- 
mate de lanza ó pendón, probablemente del siglo xv, pero sin importan- 
cia alguna. Han ingresado estos objetos en el Museo provincial de Huesca. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 1 3 

do muchos muros y bóvedas. Lo que sí continúa patente es el 
alto valor estratégico que hubo de tener tal conjunto de construc- 
ciones, demostrando que en la construcción de la memorable 
fortaleza presidieron, ante todo, el cálculo y la previsión. En un 
momento dado podían ponerse en directa comunicación los que 
se hallaban en extremos opuestos del Castillo, gracias al perfecto 
sistema de galerías. 

La parte que llamaremos civil, ya hemos visto por dónde te- 
nía la entrada; y, aunque aislada en el extremo Oeste, no era del 
todo independiente. No creo que sus habitaciones fueran mu- 
chas; la correspondiente al hermoso ventanal románico deno- 
minado mirador de la Reina^ que descubre el panorama del Sur, 
(con la subida á la fortaleza) y alguna más á continuación de ella. 
Calculo que las que hubiera junto al muro donde se apoya el ex- 
tremo del arco de comunicación indicado, y á la torre que hoy 
se llama de la Reina., serían dependencias también militares, en 
comunicación con la torre del Homenaje, por medio del arco 
arriba citado. 

Acaso junto al aljibe habría un prado ó un jardín pertenecien- 
te al palacio. 

De las construcciones que se alzaban en esta amplia expla- 
nada han desaparecido las bóvedas y los muros, excepto parte 
de los exteriores. Subsisten el oratorio ó pequeña capilla y la 
torre, con bonitas ventanas (l). 

Las aguas pluviales de la vertiente Sur de las cubiertas eran 
recogidas en un depósito que, valientemente levantado sobre la 
roca, hay cerca de la portada principal. 

Es local un tanto extraño por la carencia de auténticos huecos 
de entrada ó salida; pero que por su enlucido interior, de ce- 
mento, dedúcese su destino. 

¿Dónde eran sepultados los moradores del Castillo.^ Se ignora- 
ba hasta el presente este interesante extremo, que casualmente 



(i) Sospecho que si se removiera el suelo, donde debe haber bastan- 
tes escombros, se hallarían restos de la construcción, como sillares, capi- 
teles, molduras y otras piedras labradas, y cimientos de división. ■ 



14 boletín de la real academia de la historia 

se ha podido comprobar al hacer unas reparaciones en la torre 
del vigía, pues se ha descubierto junto á ellas, siguiendo el decli- 
ve del terreno, una porción de enterramientos (claro está que 
dentro del recinto amurallado), y aún espero que aparezcan más. 
Están practicados con piedras trabajadas y cubiertos con recias 
losas de lo mismo. Una espesa capa de tierra cubría estas sepul- 
turas. En el interior de ellas consérvanse todavía huesos huma- 
nos, la mayoría casi calcinados, pero otros aún en bastante buen 
estado, en atención á que las losas ajustaban bien y habría po- 
cas filtraciones, á causa de la inclinación del suelo. Pertenecen al 
siglo XIV y primeros años del siguiente {l). 

Vamos ahora á una labor importante para el x^rte, en rela- 
ción con la estética del Castillo, que allí se ha hecho recien- 
temente. Ha consistido en el derribo (en el que aún se está en- 
tendiendo), tan ansiado por todos los amantes de la soberbia for- 
taleza, del pabellón torpemente adosado tiempo ha á la portada, 
cuya integridad venerable se destruyó al ser bárbaramente mu- 
tilado el precioso relieve románico que demostraba al visitante 
que aquella mansión real había sido no sólo un fuerte inexpug- 
nable, sino un lugar de rendida oración, mutilación para cuya 
condenación no hay palabras. 

Para la construcción de los muros de este pabellón ú hospe- 
dería se aprovecharon varias piedras labradas del remate de la 
portada, que han aparecido al hacerse el derribo. Son quizás 
fragmentos de un friso que debió correr encima del gran relieve 
central, con efigies de ángeles y leones (.?), de imposta ajedreza- 
da y cuatro canecillos, dos con cabezas talladas de toro y dos 
con cabezas de caballos, que con otros que, dada la anchura de 
la portada (4,75 m.), sostuvieron la cornisa y el tejadillo, á usan- 
za de la época, pues hay que advertir que la portada forma un 
cuerpo algo saliente. 

^'Qué se hizo de la mitad superior del gran relieve central re- 
presentando á Jesús sentado bendiciendo, dentro de moldura elíp- 



(t) Creo que hacia el Oriente hay más sepulturas, dentro del recinto 
murado. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 1 5 

tica, rodeado de los símbolos de los Evangelistas, dos grandes 
ángeles y dos grupos extremos de santos? Imposible saberlo. En el 
derribo no han salido; sólo, además de lo referido, un grupo de 
santos que faltaba en la mitad existente en el extremo izquierdo, 
y que ha sido colocado en este sitio. ¡Qué lástima que, ya que de 
allí lo arrancaron, por lo menos no lo hubieran invertido en la 
hospedería, y hoy se habría salvado! 

Otro resto importante se ha rescatado, que asimismo se utili- 
zó en tan desdichada construcción: un pequeño doble ajimez de 
piedra, de marcada factura árabe, que revela que no fueron aje- 
nos á la construcción del Castillo moros cautivos ó conversos, 
como también lo demuestran algunos ventanales. Ignórase su pri- 
mitivo destino, y es, además, muy dudoso deducirlo. 

Ahora puede uno hacerse cargo de la grandiosidad y de la 
factura de la puerta del Castillo propiamente dicho. Dos robus- 
tas columnas, con basa y capitel, sustentan un arco de medio 
punto surmontado por una archivolta ajedrezada. Encima corre 
una imposta, también ajedrezada, y á continuación se halla el gran 
relieve. La orla elíptica que rodea la figura del Salvador conser- 
va un resto de inscripción que ha sido mal leída. Según D. Isi- 
dro Gil (l), la leyenda debe reconstruirse del modo siguiente: 

AEDES • HAS • MVNIAS • INVICTAS • MClll 

á uno y otro lado de la elipse, esto es, repetida. 

Nada más lejos de la realidad. El resto conservado, leído cui- 
dadosamente siguiendo la huella de las letras, dice con toda cla- 
ridad, comenzando por el lado derecho: 

... nías invictas vbi ti... fons ego svm vita ... 

Final éste muy propio de la representación iconográfica que 
la inscripción rodea. No existe, pues, la fecha MCIII c{ne el se- 
ñor Gil creyó ver, sino las letras VBI Tí, y el FONS EGO SVM 



(i) Monografía sobre el Castillo, en la revista Ar¿e Español, año ii, nú- 
mero 6 (Mayo de 1913), que" es reimpresión de la publicada en unión de 
la del Alcázar de Segovia, pág. 284 y siguientes. 



l6 BOLETÍN DE I.A KEAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

VITA á continuación (ya en el lado izquierdo), y no AEDES 
HAS MVNIAS, etc. 

El ángel, de gran tamaño, que hay de pie á la izquierda del 
Salvador, lleva grabada en un clípeo la inscripción: 

GAB I r<!E ! LFO I RTI I TV I DO I DEI 
Gabriel foriitudo Dei. 

no apreciada hasta ahora. Acaso el otro ángel del lado opuesto 
también llevara inscripción, mas no queda vestigio. 

A este relieve seguiría tal vez un friso historiado (cosa no co- 
mún), ó quizás los fragmentos á que más atrás nos hemos refe- 
rido (que están mal conservados y no se distinguen bien sus figu- 
ras), pertenezcan á la parte superior del mismo gran relieve cen- 
tral, sin formar friso (l). Como quiera que sea (no se puede nada 
más que conjeturar), la portada remataba en leve cornisa con te- 
jadillo, sustentada por ocho canecillos. 

En la jamba derecha de la puerta hay un sillar con la inscrip- 
ción sepulcral que sigue: 

*^ IN DEI NNE : HIC RE 
QVIESCIT FAMVLVS DE 
I TVLGAS : Q VI OBIIT : PRI 
DIE.-KASiDECEMBRIS E 
RA MLXXXIIII i QVI 
I.EGERIT ISTAS LITERS 
ORET i PATER 



In Dei nomine. Hic requiescií famulus Dei Taigas, qiii obiit pridie kalen- 
das Decembris Era MLXXXIIII. Qui legerit isias Hieras oret pater .. 

Esto es: 

En el nombre de Dios. Aquí descansa el siervo de Dios, Tulgas, que 
murió en 30 de Noviembre del año 1046. El que leyere estas letras, ore el 
Padre [nuestro?]... 



(i) ¿Ocuparían estos relieves los entrepaños ó espacios que dejaban 
libres los canecillos entre sí? 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 1 7 

Esta inscripción ha sufrido una lectura equivocada. El señor 
Gil (l) da un facsímile caprichoso, revelando que no la vio, ó, por 
mejor decir, que él no la copió. No sólo altera la distribución de 
las líneas, sino que confunde en la fecha la L con una C, cuando 
se distingue perfectamente (2), y así le resulta Era MCXXXIIII, 
rebajando en cincuenta años la data. El Marqués de Monsalud (3) 
leyó Era MLXXXIlI{se ve claramente en la lápida MLXXXIIII), 
aumentando un año. Las palabras NOSTER ET AVE ...SEMP,.., 
que coloca al final de su transcripción, hoy no se leen bien; pero 
dados los trazos y alguna que otra letra subsistentes, creo que 
no pueden ser aquéllas las verdaderas. Son otras distintas, que 
no me he atrevido á reconstruir, so pena de dar una lectura ima- 
ginaria. 

Como dice el citado Marqués de Monsalud (4), esta inscripción 
demuestra que, por lo menos, aquella parte del edificio (5) esta- 
ba por entonces concluida, y debe, pues, atribuirse la fundación 
de la fábrica al rey Ramiro I de Aragón (6). El exorno icono 



(i) Loe. cit., pág. 287. 

(2) También el P. Fr. Ramón de Huesca pone equivocada la inscrip- 
ción en el tomo vi de su Teatro histórico de las iglesias del reino de Aragón^ 
pág. 127, leyendo Era MCXXXIll. 

(3) Boletín de la Real Academia de la Historia, . >mo xxxii (año 1S98), 

pág. 9- 

(4) Boletín citado, tomo xlvii, pág. 449. 

(5) Puerta, escalera y los dos locales que por ésta tienen la entrada, á 
saber: el cuerpo de guardia, ala izquierda, y la cripta, á la derecha (ésta 
modificada luego, en pai-te), y algo de la galería de bifurcación. 

Í6) El interés de este Rey por esta clase de obras lo demuestra la erec- 
ción de la fábrica catedralicia de Jaca, que describe D. Ramiro en el pri- 
vilegio de fundación y dotación (tres naves con bóveda de piedra, torre 
campanario sobre la puerta, etc.). Claro es que en la mente de Ramiro I 
estuvo la erección de un templo, como cosa principal. ¿Fué lo que hoy es 
cripta? Creo que no; hay que tener en cuenta que un Monarca que erige 
la catedral de Jaca y la iglesia de Siresa, de dilatadas proporciones, no 
pudo conformarse con una tan reducida capilla; y así es más verosímil que 
comenzara de planta la iglesia mayor, más las escalerillas de la cripta, 
muriendo viendo tan sólo iniciado su propósito. Pudo provisionalmente 
servir para el culto la capillita alta, que juzgo por su traza, sobriedad y 
sencillez de líneas, obra de Ramiro I; más tarde quedó habilitada parauso 
especial del palacio, y sólo así se explica la carencia de relieves y ador- 
nos, siquiera sencillos, dado su destino distinguido. 

TOMO LXVIII. 2 



l8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

gráfico de la parte superior de la portada, con el remate, ya fué 
añadido (prolongando la altura) por Sancho Ramírez al hacer el 
templo. 

Este rey, pues, continuó los trabajos; y á él hay que atribuir 
la mayor parte de la iglesia. Estuvo en el Castillo (entre otras 
veces) en los años 1084, IO90 y IO94, época sin duda de gran 
actividad en las obras, en que debió fortificar (aunque de estas 
defensas nada queda), y construir, por ejemplo, los dos subterrá- 
neos anejos á la torre del Homenaje. 

Pedro I, hijo y sucesor de Sancho Ramírez, una vez concluidos 
sus afanes guerreros sobre Huesca, terminaría la iglesia, con algo 
de la ornamentación que por motivos que ignoramos no se debió 
ultimar hasta entrado el siglo xu. 

Al segundo y tercer tercio de esta centuria pertenece mucha 
de la edificación actual, como es la muralla exterior, la parte civil 
y la entrada (muros y ventanales) á la militar. Y más al final del 
siglo, la torre de la Reina y las galerías de los lados Este y Sur. 

La torre-atalaya parece posterior, así como alguna sección de 
muro, cosa no extraña, dado que al pasar el Castillo realengo á 
manos de nobles (ya en el siglo xiii) ó de la villa, que lo tuvie- 
ron en tenencia, por lo revuelto de los tiempos se iría no sólo 
reponiendo lo que el tiempo destruía, sino mejorando y dispo- 
niendo en seguro estado la fortificación. 

Pero, en conjunto, la fortaleza puede considerarse como pro- 
pia de los siglos XI y xii y principios del xiii, esto es, dentro del 
período románico (l). 

vSin duda para proteger la puerta principal y la escalera de los 



(1) En Enero del año 1137 se encontraba el rey Ramiro II en Huesca; 
y en Mayo del mismo estaba en Sos con el arquitecto maestre Jordán, 
ocupado en hacerle construir un castillo en el sitio llamado «Feliciana», 
según Briz Martínez y Llaguno. ¿Intervendría maestre Jordán en las obras 
del Castillo de Loarre, acaso por encargo de Ramiro II, que, por otra 
parte, consta que estuvo allí? Llaguno dice en su Diccionario que era el 
arquitecto más afamado que por entonces había en el Reino; y acaso de 
Loarre vino á Huesca con el rey, y juntos marcharían á Sos. ¡Quién sabe 
si intervino también en la construcción del claustro monacal de San Pe- 
dro el Viejo, en Huesca, obra del Rey Monje! 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 1 9 

tiros exteriores, colocóse delante, á distancia de unos cuatro me- 
tros, y al parecer en el siglo xiv, un muro sobre la barbacana, 
que en ángulo recto venía junto al ábside, practicándose en este 
segundo lienzo una primera puerta de entrada al Castillo, propia- 
mente dicho; aditamento que desaparecerá para devolver á la 
portada su majestuoso aspecto primitivo. Aprovechando estos 
muros se levantó, en malhora, la hospedería ó pabellón, causa 
de la mencionada mutilación del relieve. La entrada al piso pri- 
mero de aquélla se hizo por el pequeño local que hay á la iz- 
quierda y á la mitad de la escalera principal, debajo de la iglesia, 
abriendo una puerta en el muro Sur (l), local alumbrado por una 
aspillera, y que creo sería cuerpo de guardia. 

Da que meditar la existencia de una tal fortaleza en aquel pa- 
raje, con importancia manifiesta en la época romana, sin corres- 
ponder á ninguna ciudad ó núcleo considerable de población ac- 
tual. Téngase en cuenta que esos grandes monasterios ó fortale- 
zas, hoy aislados, hay que asociarlos casi siempre á vías de 
comunicación que por allí pasaban en tiempos antiguos; lugares 
defendidos, cuya primitiva importancia originó la creación poste- 
rior de grandes cenobios ó de castillos-residencias reales ó se- 
ñoriales, cuyas proporciones hoy sorprenden. Ejemplos son, en 
el Alto Aragón, la excatedral de Roda, el monasterio de Ovarra, 
etcétera, en Ribagorza, emplazados, como el Castillo de Loarre, 
en lugares estratégicos para proteger ó vigilar una comunicación, 
cuyo trazado actual sería explicable y hasta lógico. 

Yo sospecho, pues, que por Loarre pasaría una vía de comu- 
nicación (acaso romana) ó enlace, salvando la sierra, acaso en 
relación con Jaca; fortaleza de la que, por su posición, se apro- 
vecharon luego los Monarcas cristianos, reconstruyéndola y for- 
tificándola. Porque sólo por necesidades de Reconquista no tiene 
explicación el comenzar á levantar allí tan costosa mole; y la 
sucesiva época de construcción, en relación con la importancia 
de la fábrica, persuaden de ello; cuando ya la morisma había 
desaparecido de aquel territorio. Con menos (ejemplo, Monteara- 



(1) Ha sido cerrada con sillares antiguos, como era de rigor. 



20 boletín de la real academia de la historia 

gón) era bastante. Más amplia misión desempeñaba la que fué de- 
fensa de la Calagiirris Nassica, antes morada de iberos, y luego 
tal vez de godos y árabes. Fué sin duda posición codiciada y 
disputada, aunque de esto no han llegado noticias. ¿Pero aislada? 
No: en lugar importante de antigua vía entre Jaca y Huesca (l). 
Es lamentabilísima la cuasi carencia de noticias históricas del 
Castillo (2), cosa rara tratándose de un estupendo monumento, 
sin duda la más antigua de las residencias reales cristiana exis- 
tntes en España (3). Redúcense los datos más extensos á lo 
poco que pone el P. Fr. Ramón de Huesca en su Teatro histó- 
rico (tomo VI, pág. 121 y apéndice iii; y en el vii lo referente á 
Montearagón en su relación con Loarre), y á los episodios de la 
heroica resistencia que en la fortaleza hizo Doña Violante de 
Luna, hermana del bullicioso D. Antonio, contra el asedio de 
las tropas del rey D. Fernando, mandadas por D. Felipe de 
Urríes y D, Pedro Ximénez de Urrea, en el año 1413 (4). 



(i) Es cuestión ésta para ser estudiada despacio, con el auxilio de con- 
cienzudas exploraciones sobre el terreno. El conocimiento de la red de 
comunicaciones en la época romana, dista de ser completo y acabado. 
Hay que investigar todavía bastante. Acaso la construcción del camino fo- 
restal que se intenta, pasando por el Castillo, hasta la Sierra, nos depare 
alguna sorpresa. 

(2) En 15 de Septiembre de 1632, el erudito Conde de Guimerá escri- 
bió desde Zaragoza á su gran amigo Lastanosa (ilustre arqueólogo oséense) 
una carta ("que, con otras, he publicado en la Revista de Historia y de Genea- 
logía española, año 11, núms. 7, 8 y 9) en la que le habla de unos menudos 
jaqueses que recibió; de uno que le envió Lastanosa, del rey Pedi-o I, 
hallado en el Castillo de Loar?-e, pues allí quizá se batid tnotieda... y todos los 
Reyes de este nombre (Sancho ó Sánchez) habitaron este Castillo, y es bue?io 
se multipliquen las inquisiciottes. — El citado Lastanosa tenía en su famoso 
museo un troquel ó cuño antiquísimo, hallado en el Castillo; lo que denota 
que, en efecto, allí debió batirse moneda, seguramente en la época roma- 
na. (Véase mi Informe sobre la biblioteca de Lastanosa en el Boletín de la 
Real Academia de la Historia, tomo lxv, pág. 326.) Según el P. Huesca 
(ob. cit., tomo VI, pág. 127) se han hallado en Loarre muchas monedas 
ibéricas, romanas y de los primeros Reyes de Aragón. 

(3) Lampérez y Romea: Los palacios de los Reyes de España en la Edad 
Media, en Arte Español, año iii, núm. 4, pág. 175. 

(4) Véase Zurita: Általes, parte segunda, libro xii, capítulos xxx y 
xxxii, y Bofarull: Proceso contra el tíltiiuo Conde de Urgel y su familia, 
tomo i, págs. 357 y siguientes. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 21 

El rey Sancho d Mayor ^ en el reparto de sus reinos, dio á su 
hijo Ramiro las tierras comprendidas entre Matidero y Vado- 
luengo, exceptuando á Loarre y San Emeterio con todas sus 
aldeas, que tendría su otro hijo Gonzalo, muerto en 1038. 

Según un documento publicado por D. Eduardo Ibarra, en 
tiempo del rey Ramiro I recibió el cenobio de San Juan de la 
Peña la donación de unos siervos que poseía Fortuno Mandones, 
«el que mataron en Loarre» y llevaron á enterrar á aquel mo- 
nasterio. 

En Febrero de 1 084 estaba el rey Sancho Ramírez en el Cas- 
tillo; desde allí donó á Lope Fortuñones la torre fortificada de 
Garisa que había edificado. El documento está fechado y signa- 
do in castro quod vocitant Litar. Vemos también al Rey allí, en 
Agosto de 1088. En Marzo de lOQO lo he hallado, con su hijo 
Pedro, que le había de suceder en el trono, donando desde 
Loarre unas casas en la villa de Montearagón á un tal D. San- 
cho. Hacia Abril del año IO94 se encontraba de nuevo allí, jun- 
tamente con Frotardo, Aymerico y Raymundo, abades de To- 
meras, San Juan de la Peña y Leyre, respectivamente, y los 
obispos de Pamplona y Jaca. En todas estas visitas, claro es que 
le acompañarían los dignatarios de su Corte. 

El rey Pedro I se encontraba en Loarre en Marzo de IO98. 
La estancia de Ramiro II el Monje, en Loarre, la he comprobado 
por un documento del Archivo de Montearagón, fechado en Di- 
ciembre del año 1 1 34 (l). 

En el mismo mes llegó Ramiro II á Huesca, en cuya ciudad 
le vemos fechando documentos en Marzo y Junio de II35, sin 
saber qué se hizo en los dos meses intermedios. Verosímilmente 
estaría en Loarre y en Montearagón. 



(i) Es una donación del Rey al cenobio de Montearagón, de unas he- 
redades en el lugar de Plasencia, y del deGrunestre al Monasterio de San 
Andrés de Fanlo; éste había pertenecido á la comunidad y capilla real de 
Loarre (la más insigne del Remo), por voluntad del Rey. (Véase nuestro 
estudio sobre Montearagón en la revista Linajes de Aragón, tomo v, nú- 
meros 20 al 22.) 



22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

No consta la estancia en el Castillo del Rey Batallador (acaso 
estuvo con su hermano el rey D. Pedro). Seguramente sus co- 
rrerías por tierras de Zaragoza, la conquista de esta ciudad, etc., 
se lo impidieron. 

En una cita documental de Montearagón (letra I, núm. 26) 
aparece que Alfonso II estaba en el Castillo en Marzo de 1 175, 
y desde allí concedió privilegio de ingenuidad á Fortunio López. 

Sabido es que pronto quedó la iglesia de Loarre anexionada á 
Montearagón (1089), y que los primeros canónigos de este mo- 
nasterio, de allí procedieron. En virtud de este señorío eclesiás- 
tico, el abad y los canónigos cedieron en I425 las primicias de 
Loarre y sus aldeas, por quince años, para edificar y reparar 
iglesias. 

La villa y el castillo estuvieron en la Edad Media incorpora- 
dos á la Corona de Aragón. 

Loarre pechaba, en tiempo de Jaime I, I.OOO sueldos jaqueses 
anuales. En tiempo de Pedro III se concertaron los de la villa 
con el Rey y con su Bayle Jucef Ravaya, en I.500, hasta que fué 
robado el pueblo por la gente de Pedro de Ayerbe, reinando 
Alfonso III, cuando las revueltas de Zaragoza, en que esta renta 
real fué de 500 sueldos; así duró hasta el año 1294. 

La tenencia del Castillo era de D. Lope de Gurrea; y la de la 
Notaría la cedió á la villa D. Jaime I. 

La pecha fué luego de I.OOO sueldos, la que había cedido la Co- 
rona á Blasco Pérez de Azlor en 13 15; 500 sueldos en concepto 
de una caballería de honor, y los otros 500 por la tenencia del 
Castillo, esta última concedida por el rey Jaime lí. Muerto el de 
Azlor, túvola D. Pedro Fernández de Bergua, y después fué 
dada á la villa. El rédito real que proporcionaba era de 500 suel- 
dos anuales (l). 



(i) Las rentas de los castillos eran para el Monarca sólo parciales; y 
bajo este título se comprendían no sólo los arbitrios con que contaban 
las fortalezas para mantenerse, sino los réditos que debía prestar al Rey ó 
á la municipalidad, la persona que las tenía ó el alcaide que las custodia- 
ba. No siempre correspondía al Monarca la percepción de los réditos que 
los castillos proporcionaban, y sí únicamente en determinados casos. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 23 

Ha sido parte á esta parquedad de noticias del Castillo, sin 
duda, la pérdida del Archivo de la \-illa de Loarre. 

Mas con historia ó sin ella, siempre (y más ahora, merced á 
las obras y á los hallazgos anteriormente referidos) será el Casti- 
llo que nos ocupa ejemplar de excepcional interés en el inven- 
tario artístico español, al que deben acudir prestamente cuantos 
se precien de rendir culto al pasado y sus brillantes manifesta- 
ciones; fortaleza, palacio y monasterio que fué á un tiempo, 
donde el arqueólogo podrá estudiar á su sabor el arte románico 
de nuestra Patria. 

La Comisión Provincial de Monumentos de Huesca y la villa 
de Loarre, entusiasta y eficazmente auxiliadas y secundadas por 
el diputado á Cortes por el distrito, D. Miguel Moya, cerca del 
Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, han logrado, por 
fin, ver realizados sus deseos (repetidamente expuestos) de que 
el Castillo fuera atendido por el Estado como se merece y 
requería su deficiente conservación. 



Escrito lo que antecede en 25 de !Mayo, puedo en el mes de 
Noviembre dar noticia de nuevos é importantes trabajos ejecu- 
tados. En la cripta se ha rascado la cal, resurgiendo preciosos 
capiteles; operación que se ha terminado en la iglesia, en cuyo 
ábside ha sido cerrada una grieta peligrosa, en lo alto, que ha 
permitido abrir el ventanal correspondiente, y lo propio se ha 
hecho en el del lado Norte de la nave. 

Las operaciones practicadas en la planicie alta del Castillo, han 
dado resultados también satisfactorios. Al abrir tres arcos ta- 
piados en la parte llamada «Jardín de la Reina», se ha podido 
penetrar en parte del ala Norte, antes inaccesible. Dos gradas 
debajo de cada arco dan paso á aquélla. Uno de éstos ha con- 
ducido á un pequeño local con restos de subida de humos, hecha 
en piedra. Se puede por esta parte Norte pasar al local-depósito 
de agua de junto al aljibe, pues al efecto se ha abierto la puerta, 
que está á unos Sq cm. del suelo, y que fué tapiada ya antigua- 



24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

mente, lo cual prueba (como he dicho) que el primitivo destino 
de este local no fué el de depe5sito de agua. Está revestido 
de cemento. 

Se han puesto á la vista unos cimientos de división de estan- 
cias en esta sección de la planicie; lo propio se ha hecho en la 
llamada Sala de la Reina (l), por indicación mía, dando por re- 
sultado dos largas salas (abovedadas antes) con arcos (de los que 
resta el arranque) cada tres metros. El ancho de estas dos estan- 
cias es de cuatro metros, y se comunicaban entre sí (hacia su 
mitad) por una puerta abierta en el muro medianero. A una de 
aquéllas (la más exterior) corresponde el hermoso ventanal ro- 
mánico que mira al Sur. La salida, al parecer, la tenían junto al 
lado Norte, y desde; allí había paso para la capilla palaciana ú 
oratorio. 

Junto á esta salida ha surgido (al buscar cimientos de la Sala 
indicada) un local de verdadera importancia, antes lleno de es- 
combros y completamente ignorado. Es, á mi juicio, de lo más 
notable que se ha descubierto. Apoyada por un lado en el muro 
y por el otro en la roca, hay una escalerilla de piedra, de pocos 
peldaños, que, bruscamente, á metro y medio del suelo, quedan 
interrumpido y hay necesidad de una escalera de mano para 
llegar al fondo de este local (que estuvo cubierto, como lo mani- 
fiesta el arranque de los arcos), sito á unos tres metros bajo la 
rasante de la cumbre del Castillo. Ya allí, puede uno asomarse 
á una puertecilla que da á profundas rocas del lado Norte. Se 
ha hallado la tranca que la aseguraba, que ha quedado deposita- 
da en el Museo provincial. 

Estamos ante la puerta de salida al campo exterior (por me- 
dio de escalera de cuerda), en caso de asalto á la fortaleza, últi- 
mo recurso de los moradores. 

Hace poco (el día 4 de Noviembre) se ha hecho efectivo el 
último libramiento consignado para las obras, y éstas se han 
reanudado. Lo más importante que se va á hacer es cubrir con 
una capa de hormigón siete bóvedas de otras tantas galerías, ex- 



(i) Ha aparecido también el arranque de un pilar. 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 25 

puestas á las lluvias, y en alguna de las cuales ya se iniciaba la 
ruina. De este modo, su conservación (de suma importancia 
para el interés que hoy ofrece el Castillo) se asegura para mucho 
tiempo. 

Se va á reconstruir (y hay en pie un buen modelo) la bóveda 
del ángulo recto que forman la galería de entrada por la escale- 
ra, en el primer piso, y la que va á la izquierda, para restablecer 
de este modo la comunicación directa en las galerías correspon- 
dientes del piso inmediato superior, destruida á causa del hundi- 
miento de dicha bóveda. No se pudo evitar aquí la caída de un 
lienzo de muro exterior ruinoso, que ostentaba un bello venta- 
nal y dos aspilleras debajo (l). 

Se levantará la truncada portada, dándole la altura que tuvo, 
pero con el mayor respeto, esto es, aprovechando los canecillos 
y relieves que se han encontrado procedentes de ella, y dejando 
en hueco lo restante, siguiendo el prudente principio de conser- 
var, pero no restaurar, y se pondrá la cornisa y el tejaroz (2). 

Se habilitará una subida al arco de paso de la torre del Ho- 
menaje, para poder desde allí admirar el interior de aquélla y 
todo el Castillo. Se intentará hallar los cimientos de la construc- 
ción que se extendía entre la torre del vigía y la muralla del Sur, 
cuyos arranques de arcos y base de algún muro se aprecian 
(¿cuadras ó cobertizos.-*). 

Y, en fin, se harán otras obras de consolidación menos im- 
portantes. 

A la vista de todo lo descubierto (que es bastante y de suma 



(1) Apreciase claramente en las fotografías antiguas del castillo. 

(2) Aunque el motivo iconográfico de Cristo bendiciendo y el teira- 
morfos aparece patente en muchos monumentos del arte románico (igle- 
sia de San Trófimo, en Arles; en un frontal de plata, de Cittá di Castello; 
en esmaltes champlevés^ de Limoges, en el Museo de Cluny; en un Misal 
de la catedral de Huesca (de fines del siglo xiii ó comienzos del siguien- 
te), en algunas iglesias españolas (Carrión, San Quirce, Silos, catedral de 
Burgos, etc.j, en marfiles y otros relieves, etc., etc.), la restauración de la 
mitad que falta tiene que ser- trabajo detenido y hecho por manos ex- 
pertas, y además de algún coste. Véase la obra monumental sobre la Ar~ 
quiiectura Cristiana Española en la Edad Media, por Lampérez, tomo i. 



26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

importancia), cabe intentar una reconstrucción mental apro- 
ximada. 

Junto á la torre del vigía (de tres pisos, con cierre superior 
octogonal, pasando de los cuatro lados á ocho por medio de 
trompas) había una galería con arcos apoyados en muros en di- 
rección Este á Oeste, y cuyo extremo Oeste aún se conserva. Ter- 
minaba en una especie de curioso reducto entre las rocas, desde 
el que, sin peligro, se podía avizorar el valle. Desde esta torre del 
vigía á la llamada de los Reyes (ésta de tres pisos, cuadrada, cu- 
yos arranques de arcos de sustentación de bóvedas se conser- 
van), había construcciones sencillas, acaso cuadras ó simples 
cobertizos, como he dicho. 

Entrando en el edificio y tomando á la derecha la galería que 
empieza donde acaba la escalera principal, aquélla, enfrente, co- 
municaba directamente con el ala Este, y por la izquierda conti- 
nuaba en torno de la torre del Homenaje, enlazándose con los 
dos locales obscuros, subterráneos casi, que yo sospecho fueran 
depósitos de víveres ó municiones. Esta crujía, correspondiendo 
debajo de la torre del Homenaje, estaba descubierta, á modo de 
patio de luces, para prestarla á estos pasos abovedados. Dando 
la vuelta, se iba á parar también al piso bajo del ala Este. De modo 
es que el primer piso de galerías ó pasos en derredor de la torre 
principal se unía con otro (horno, bodegas, etc.) del lado Este 
del Castillo. Este lado tenía tres series ó pisos superpuestos (en 
realidad dos, pues el tercero calculo que era simple azotea), en 
dirección Norte á Sur; el segundo con salida sólo á un pasillo 
descubierto, y el tercero sin cubrir (ya bastante alto), á modo de 
azotea de observación, con ventana al Sur, y que por pequeña 
puerta comunicaba con las construcciones del ala Norte. Los dos 
pisos de debajo no comunicaban con ésta, sino que terminaban 
en reducidas estancias (¿'calabozos?). El segundo estaba provisto 
de ventanas interiores (l), y ambos eran bajos, con grandes arcos 
arrancando del suelo, formando habitaciones ó departamentos. 



(i) Junto á una de ellas, y en un sillar, hállase grabado el nombre 
SANCIVS, en letra del siglo xil 



OBRAS Y HALLAZGOS EN EL CASTILLO DE LOARRE 27 

En torno á la torre del Homenaje había otros tres pisos: una 
primera serie de galerías, de la que ya he hablado, y una segun- 
da, que tenía la entrada por la hermosa puerta que al final de la 
rampa y junto á la iglesia está practicada. Al terminar la galería 
que forma ángulo recto con la de entrada (cuya comunicación es la 
que se trata de restablecer), una escalerilla en el patio de luces 
citado, daba paso, no sólo al primer piso de galerías, sino al res- 
to del mismo segundo piso, que en forma de rampa (por lo me- 
nos la de la izquierda) moría junto al ala Norte, pero sin proba- 
ble comunicación con ésta. 

Este segundo piso también comunicaba (por junto al muro 
Sur) con el correspondiente segundo del ala Este. Las bóvedas 
se han caído, pero se ve el vestigio de la división de pisos. 

AI lado de la referida puerta de entrada á esta segunda serie 
de galerías, una escalerilla estrecha permitía el acceso á la parte 
superior de aquéllas (en el llamado palomar)^ formando como un 
tercer piso (probablemente descubierto), á guisa de azotea (con 
aspilleras y demás para combatir), en comunicación inmediata 
con el que hemos dicho existió en el lado de Oriente. 

Como se ve, eran tres los pisos que rodeaban y casi encerra- 
ban la torre del Homenaje, en disposición muy especial, pero 
sabia por lo homogénea y bien estudiada. En un momento se 
podían poner en comunicación los tres pisos, que, como he dicho, 
se extendían por el lado Este y parte del Norte y Sur del Castillo. 
Los abovedados en cuarto de círculo se adosaban á las caras 
Norte y Oeste de la torre del Homenaje; por la del Sur tenía las 
galerías de este ala, al parecer sin adosarse, esto es, con algún 
espacio libre en forma de ángulo agudo, determinado por la di- 
rectriz de los dos muros. 

Por la misma rampa que conduce al segundo piso de galerías, 
más arriba indicada, aunque dejando aquella entrada á la izquier- 
da, se va á penetrar por una puerta que se abre en el muro junto 
á la torre llamada de la Reina (torre cuadrada provista de bellos 
\'entanales). Henos en la planicie ó parte más elevada del Casti- 
llo (1.070 m. sobre el nivel del mar). A la derecha de aquella 
puerta, junto á la torre, había una construcción militar de dos 



28 boletIn de la real academia de la historia 

pisos, los cimientos de cuyo muro, mirando al Oeste (que se de- 
rrumbó), están visibles, lo mismo que los vestigios de división de 
los dos pisos, ambos en comunicación directa con el ala Norte 
del Castillo, y el segundo, además, con el arco ya citado, que 
va á la torre del Homenaje. 

La entrada á este cuerpo de edificio (acaso habitaciones mi- 
litares un tanto distinguidas) estaba desde luego en la plaza, ó 
jardín de la Reina que se llama hoy. 

Por dicha puerta se iba también á la parte verdaderamente 
civil ó palaciana del Castillo. Aquí debieron estar vsiempre las 
habitaciones (sencillas ciertamente) que usarían los Reyes cuan- 
do accidentalmente se hallaban en el Castillo, y más tarde por 
los nobles que tenían el Castillo en tenencia, y por D. Antonio 
de Luna, señor de Loarre y de otros pueblos de aquellos contor- 
nos, y doña Violante, defensora tenaz de la fortaleza contra las 
huestes del rey D. Fernando, éste recién elegido por los compro- 
misarios en Caspe. Asimismo en este favorable sitio debió de 
tener la morada la comunidad de canónigos reglares de San 
Agustín en tiempo de Sancho Ramírez. Era desde luego el mejor 
orientado. 

El oratorio ó capilla palaciana (para no tener necesidad de 
bajar á la iglesia principal) está inmediato. 

De modo es que el camino para llegar al palacio y á los pisos 
de galerías y habitaciones de la soldadesca, era común: escalera 
principal y rampa de subida á mano derecha, después de unas 
gradas. 

Las estancias del ala Norte del Castillo eran asaz estrechas, 
aunque largas; más que nada las considero verdaderos corredo- 
res ó pasillos en los pisos segundo y tercero. Esta parte está si- 
tuada al borde de un profundo foso natural, y colígese que era 
la más inhabitable por su orientación. 

Destacan en el conjunto de la fortaleza dos partes, civil y 
militar: aquélla en lo alto (ala NO.), protegida por los altos ver- 
ticales riscos y los profundos barrancos, en el lugar verdadera- 
mente inaccesible; la segunda, ó sea la militar, siguiendo el de- 
clive del monte (ala SE.), con muralla en los lugares fáciles al 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 29 

acceso. Pero elegido el lugar de emplazamiento con tal acierto, 
la posición estratégica tan privilegiada, dominando el llano, que 
realmente era difícil un asalto. Por lo demás, todo el sistema de 
defensa consiste en la construcción de obras que puedan prote- 
gerse las unas á las otras, sin que la toma de una entrañe la de 
la que le sigue. Importa que la guarnición tenga siempre un re- 
fugio, si el resto de la fortaleza comenzaba á ser tomado: este 
refugio de defensa es la torre principal, la del Homenaje (l); en 
Loarre, en disposición especial por hallarse confundida en el con- 
junto de la fábrica, dada su época (fin del siglo xii); y, en de- 
finitiva, con una rápida vía de escape: la puerta de salida al cam- 
po. Desde la torre á ésta bien poca distancia había, pasando por 
el arco de comunicación. En relación con el papel de aquélla, 
eran menos importantes las torres restantes del recinto interior. 
De desear es que la protección oficial, bajo tan buenos auspi- 
cios comenzada, continúe en el insigne Castillo de Loarre, joya 
inapreciable de la arquitectura y la escultura españolas en su 
interesantísimo período denominado románico. 
Huesca, 20 de Noviembre de 1915. 

Ricardo del Arco, 

Correspundiente. 



II 

APUNTES ARQUEOLÓGICOS 

Si no mediasen las reiteradas instancias de nuestro bonda- 
doso amigo el Sr. Fernández de Béthencourt, ciertamente que 
por algún tiempo, al menos, no hubiésemos dado publicidad á 
la sucesión de nuestros descubrimientos arqueológicos en esta 

(i) En estas clases de torres (el dotijon francés), que dirigían, además, 
la defensa del Castillo, se evitaba siempre la entrada por el piso bajo. 
Era frecuentemente por el primero alto, y por aberturas que muchos ob- 
servadores han tomado por ventanas, por donde se penetraba en estas 
pequeñas fortalezas, ya por medio de puentes levadizos, ya (caso más co- 
mún), por medio de escaleras movibles, como se observa en la torre de 
Beaugency y en los castillos de Loches, Domfront y Nogent-le-Rotron. 



30 boletín de la real academia de la historia 

región, y en especial en Villagarcía y sus inmediaciones; y no 
por ser avaros de nuestro secreto, sino por entender que lo que 
pudiéramos dar á la publicidad no está suficientemente estudia- 
do, siendo, por lo tanto, nuestros estudios los jalones de una 
obra interesante, sin duda, para la historia regional, obra a la 
que esperamos dar cima, si nuestras fuerzas nos lo consienten. 
Así, pues, si este anticipo de nuestros estudios, referente á tiem- 
pos remotos, reporta algún beneficio, agradézcase al bondadoso 
amigo, que con sus reiteradas insinuaciones ha sabido hacernos 
quebrantar nuestro secreto antes de tiempo, por lo cual nuestro 
trabajo definitivo, que habrá de extenderse hasta los tiempos 
modernos, acaso tenga que sufrir alguna rectificación, siquiera no 
sea en lo esencial, en lo que constituye su trama, el mutuo apoyo 
que se prestan todas sus partes, para llevar á la razón el pleno 
convencimiento (fig. I). 

Sin grandes esfuerzos, con sólo algunos conocimientos; histó- 
rico y de arqueología general; sin más que volver muchos nom- 
bres tópicos á su primitiva pureza, sobre una carta de las actua- 
les de nuestra ría, podría reconstituirse la carta étnica de todos 
los pueblos que desde los tiempos históricos lian pasado por este 
litoral, dejando más duradera reliquia aquellos cuya lengua se 
adaptaba más á la fonética romana, castellana antigua y gallega, 
y así son escasos esos nombres duros, iberos, que tanto lastima- 
ban á los delicados oídos romanos; muchos, los de origen griego; 
muy dudosos ó escasos, los de origen céltico; en mayor número 
los de origen romano, é infinitamente mayor el de los derivados 
del castellano antiguo corrompido ó del gallego actual. Esta car- 
ta, sin duda alguna, así como la hidrográfica que pudiéramos 
trazar de la ruta helénica en esta ría, vendría á ser el texto de 
las páginas inéditas de esa historia, que de nuestra región, á 
grandes rasgos y fragmentada, llegó hasta nosotros procedente 
de los cosmógrafos é historiadores griegos y romanos. 

De las gentes ibéricas, debido sin duda á esa dureza aludida 
de su lengua, pocos nombres nos restan que podamos calificar 
de ibéricos, dando los vascos ó bascos, por ibéricos, debiéndose 
la memoria de tales gentes á algunas alusiones helénicas que 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



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concuerdan con algunas de sus características en algunos casos, 
siendo otros restos de su propio idioma, que perduró á través 



32 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de los tiempos y las vicisitudes. Así, Paliiieira pudiera derivarse 
de TcáXjX"/], refiriéndose á los que usan el escudo llamado en latín 
parma. Caramiual^ de xápa y [xívuvBa, por los que tienen la ca- 
beza, el casco pequeño, propio de la raza ibérica, identificado 
en sus esculturas, dolicocéfalo, distinto del braquiocéfalo, propio 
de la raza céltica ó aria. Altar de Ingoa, por Jincoa, Jaincoa, dios, 
según nuestro amigo E. S. Dodgson; Jainkoa altarea, altar ó ara 
de Dios junto á la Punta Cabio., punta occidental de la bahía de 
la Puebla, Kabua Ida, cabo de la ciudad ó del pueblo de los 
Caraminios. Goyancs, sitio alto, así como Guillan, en la falda del 
monte Jiabre, cerca de Villagarcía, por illa, muerte, an, alli, igual 
á lugar de muerte ó de sacrificio, lo que vendría á corroborar la 
aserción planteada por algunos escritores gallegos sobre sacrifi- 
cios del rito celta, mejor ibérico, sobre este monte, y algunos 
otros nombres más de dudosa procedencia ibérica, apoyándose 
el conjunto con la existencia de varios castros, como el cercano 
al cabo, que cierra la bahía por el Poniente, monumentos que 
hay que considerar como ibéricos, así como algunos monumen- 
tos megalíticos de Oleiros y Barbanza en la misma región; ya que 
los celtas, en su propio país, los consideraban de más remota 
antigüedad que la suya. Todas estas concordancias filológicas, 
relacionadas con la existencia de algunas viviendas circulares 
ibéricas descubiertas en Cabo Cruz, en la misma orilla del mar, 
y con una herramienta de bronce encontrada cerca de ellas, 
idéntica á la que Evans califica de celta, y da como procedente 
de Cambridge, nos hacen sospechar de la procedencia céltica de 
estas reliquias, que atribuimos nosotros á importación extranje- 
ra, las primeras, al menos, debida sin duda á los rebuscadores de 
estaño. 

Hasta el presente, no hemos podido concordar la cita históri- 
ca de que «la península del Grove, desde el Miño al Miñón, es- 
taba poblada por gentes de progenie griega», porque tendría- 
mos que excluir de la cita á la actual península del Grove; pero 
supuesto que en ella haya error, debido á traducción ó á ser 
dato tomado de referencia por el autor clásico, extendiendo esta 
cita á la citada península en esta ría, tendríamos que gran núme- 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 33 

ro de nombres de la parte del naciente de ella, podrían, sin difi- 
cultad, reducirse al griego, con la modificación dialéctica dórica 
y las variaciones gramaticales que por indicar lugar ó condición 
les correspondiese, tal como hicimos con los de la parte de po- 
niente al vasco, y en ambas orillas tal cual al celta, sobreponién- 
dose á todos los de origen romano ó moderno, como queda di- 
cho; pero resultando siempre francamente definidas y separa- 
das por la ría las dos ramas semítica y aria, en su más intensa 
agrupación, 

A falta de mayor número de voces ibéricas y griegas, las 
que más nos interesan abundan en ambas orillas, á más de los 
castros, que ya hemos calificado de ibéricos, utilizados luego 
por los dominadores romanos; abundan las insculturas, monu- 
mentos que no dudamos en calificar de griegos á los unos, de 
ibéricos á los otros y de helenos ó greco-ibéricos á los más, sub- 
dividiéndolas luego en religiosas ó acaso mejor astrológicas y 
míticas las de origen heleno; en ideográficas las de origen ibé- 
rico, y en ornamentales y geniales gran número de ellas, que co- 
rresponden á los dos grupos primeros como derivados de ellas 
por imitación. 

Estos monumentos no son sólo exclusivos de Galicia; se en- 
cuentran con profusión en las tierras de Escocia, y según Simp- 
son, se extienden hasta las corrientes del Nilo. De los de Galicia 
y de los de Escocia pudiéramos decir que hay entre algunos de 
ellos tal identidad, que no parece sino que una misma mano los 
ha trazado, y seríamos capaces de asegurar que no á ese pueblo 
celta tan traído y llevado, sino á los pueblos buscadores de esta- 
ño, se deben atribuir los de ambas regiones que presentan tal * 
identidad. Entre los gallegos del monte Mogor (Pontevedra), Ma- 
gor seguramente en su origen, como otro Magor Mayos cerca de 
la Lanzada y otro de los Ballotes de esta región (fig. 2), y algu- 
nos de Arcylelshire (Escocia), citados por Simpson, hay un aire 
de familia asombroso y en otros identidad. Por otra parte, este 
Magor ó Punta Fagila de la Lanzada, en la parte oriental de la 
ría, está unido lingüísticarnente con otras localidades en esta 
forma: aíyíXo^, madreselva; {xaytpoía, día de regocijo; Major^ 

TOMO LXVIII. 3 



boletín de la real academia de la historia 




< ü 



Mayo?. Lanzada, consagrada á una deidad que tenía su fiesta. 
Grove de eufonismo helénico; sus moradores fueron los Grovii-, 
así llamados por Mela. Toga Lonjo, nombre primitivo, Aoúw, 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



35 



bañar; Aovxpwv, baño. Amos, lugar de cría de corderos, ápvói;, 
cordero. Amelas. Leiro, Aeípio^, lirio, azucena. Deiro. Aeopaco^, 




FiG. 3. — Gran piedra del Meadelo. 
Las líneas rectas indican los cortes que ha sufrido. 
AíPtó.— Para copiar estas insculturas, muchas de ellas casi imperceptibles, hemos 
tenido que aprovechar las puestas del sol en el otoño y repetir nuestra 
observación durante muchos años y para salvarlas hacer variar el trazado 
de una carretera. 



30 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

montuoso. Punta de Sines, aívLi;, ladrón, salteador, pirata, oTvoi;, 
daño. As Criixclas^ xpoxáXac derivado de y-pó/vV], piedras en for- 
ma de guijarro, frente á la playa de la Guardia, en el interior, 
alejada de la playa de Villagarcía, en que está asentada tierra 
adentro. Jiabre, Xiabre, Fea, tierra; á6pá, majestuosa, grandes 
montes de Jiabre, Fáa oc6pr¡., variación dórica. Cea, 0éa, diosa, 
singular ó Ceres y Proserpina; Meadelo, piedra del Meadelo (figu- 
ra 3), la de las insculturas Mía, fem.° de ele,, con br¡Xóiü, des- 
cifrar, esclarecer, piedra consagrada á Isis, la de «la fuente sa- 
biduría», madre de Demóphono, nombre primitivo de Theseo, 
junto á los Ballotes, BaXXaxós, fiesta ateniense, así como la 
piedra de Carnés (provincia de La Coruña) (fig. 4j; Kapvsíog, 
sobrenombre de Apolo, fiesta de los rebaños, celebrada en 
Septiembre y Octubre, y dedicada acaso juntamente á Kápvo?, 
hijo de Júpiter, y querido de 'AuóXXwv. Bamio, lugar de alfare- 
ros, Bauvo?, horno, BávauaO(;, que trabaja cerca de un horno 
en un oficio servil. Grandoiro, gradus, lugar de desembarco 
(río Ulla), cerca de Amproa; 'E|XTCÓptov, centro comercial. Teo, 
en el mismo río, por 0éa, poi Ceres. Vlla, OuXcí), apelativo de 
Ceres, guardadora de las míeses, como í7/(?, en el valle Mi- 
ñor, etc., calificativos todos que están en perfecta relación con 
la cualidad más saliente de cada punto, así como las insculturas 
míticas y astrológicas lo están con las deidades á que están 
consagradas; teniendo las insculturas ibéricas, que calificamos 
de ideográficas, marcado aire de familia con algunas inscripcio- 
nes primitivas heteas ó hititas publicadas por Wright, siendo 
el vasco ibérico de origen caldeo y siendo exacta la factura de 
alguna figura lapidaria de Citania de Briteiros, con la de las es- 
tatuas caldeas del Louvre, y las del Cerro de los Santos con 
otras de alabastro del mismo Museo, publicadas por Babelon, 
todo lo cual establece una relación que no deja lugar á duda 
respecto á su valor y á su origen. 

Con referencia á la progenie céltica no estamos tan convenci- 
dos, á pesar de las proximidades del Cabo céltico ó promontorio 
céltico; tal cual raíz céltica ó nombre que recuerda á los de las 
Gallas históricas, romanas: Arosa, Arausis, de Ar, corriente de 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



37 



agua; Renza^ de Ren, manar agua. Sar, Azar, Izara; Allobroges, 
San Cristóbal de Alobre; Caturige^ Caloira, Catara y Sainar. Sa- 
marobriga, en la Céltica propiamente dicha, y algunas más. 




FiG. 4.— Piedra de Carnés (según Barros Sivelo). 

Esta piedra, así como otra similaT existente cerca del Castro de Penafrou (Camari- 
nas), ha sido destruida, según comunicación del Académico E. S. Dodgson que, á 
nuestro ruego, fué á San Cristóbal de Carnés. 



38 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Quedan á grandes rasgos señaladas las regiones étnicas en esta 
parte del litoral, á las que hemos llegado para confrontar y apo- 
yar en lo sucesivo la posibilidad de los descubrimientos iberos, 
griegos, celtas, romanos y góticos, presentes y futuros, en la juris- 
dicción de Villagarcía y sus proximidades, en cuya estación ar- 
queológica, y como más fácil de explorar por ser base de nues- 
tros estudios, fueron éstos más numerosos, siendo el más exten- 
so el llevado á cabo en uno de los terraplenes del Castro de 
San Cristóbal. 

En los primeros meses del año 1905, con motivo de un movi- 
miento de tierras efectuado en uno de dichos terraplenes, apa- 
recieron unas sepulturas que pudimos explorar después de no 
pocas dificultades, siendo lo más interesante de ellas, á nuestro 
entender, después de los enterramientos, los numerosos frag- 
mentos de cerámica, pertenecientes á tres épocas distintas y se- 
paradas por otras tantas capas de tierra, y conchas de marisco, 
ostras en especial, correspondiendo los enterramientos á la capa 
superior y siguiente (fig. 5)- 

El estudio de estas capas de tierra y su cerámica identificó la 
existencia de tres épocas distintas: en la más profunda, la cerá- 
mica procedía de importación extranjera, fabricada á torno, co- 
lor blanco aceitunado, muy compacta, con algunos fragmentos de 
cerámica fina, con junquillos y filetes salientes, mezclada con con- 
chas, y otra gruesa más coloreada de rojo muy claro, sobre te- 
rreno natural arcilloso. En la capa superior á ésta, mezclada tam- 
bién con conchas, cerámica en su totalidad ordinaria, fabricada 
con tierra y arcilla natural, sin modelar, con fragmentos de mica, 
con algún fragmento de asa, que recuerda la alfarería protohis- 
tórica ibérica y restos de fundición de cobre puro; los enterra- 
mientos de esta capa de tierra tienen la orientación NE. á SO. y 
otras. En esta capa hemos encontrado restos de un pavimento 
construido con piedras de pequeñas dimensiones, puestas al estilo 
del adoquinado vulgar, y junto á él, los restos de cobre y una 
piedra cuadrangular, aproximadamente de 0,30 porO,20 con una 
excavadura cuadrangular también, de 0,03 de profundidad, que 
demostraba haber sufrido la acción del íuego, acaso la del metal 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



39 



fundido, y una aguja de cobre, consistente en una varilla con una 
hendidura larga en uno de sus extremos. 





'TnlmrmTfTnTimn^^ 



m 



mmmfffi 



Sobre esta capa, mezclada con conchas de ostra y tierra negra 
vegetal de acarreo, hemos encontrado trozos de vasija fina, en su 



40 boletín de la real academia de la historia 

totalidad saguntina, de Arezzo, y negra fina de Buchero-nero, 
negra ordinaria y de barro gris como la de la capa más profunda. 
Los enterramientos en esta capa tienen una orientación de nacien- 
te á poniente, como los efectuados en los atrios románicos, y son 
de cuatro formas distintas, salvo los efectuados en tierra con las- 
tras sin labrar, forma corriente, con tejas planis tegulis^ tres de 
fondo, seis laterales y tres superpuestas, y dos á cada extremo; se- 
pulcros mixtos de piedras y tégulas y pedazos de vasijas, dolias 
los cuartos, los más interesantes, construidos con tres tégulas 
planas de fondo, seis laterales apoyadas por sus extremos supe- 
riores, dos cerrando los extremos del enterramiento, y sobre las 
tres laterales unas tejas curvas imbrices /é'^/z/íZi?, juntando los ex- 
tremos superiores de aquéllas. En esta capa de tierra hemos po- 
dido recoger una moneda municipal y varias de Galieno, corres- 
pondientes á tres legiones distintas, varias de los Constantinos, 
varios aros de cobre para pendientes, unos anillos de bronce con 
meandros curvos, todo de ínfimo valor, tres tarros pequeños de 
barro, uno saguntino y dos con zonas lisas pintadas, un sello de 
barro, de base forma oval, con dos incisiones, una en todo su sen- 
tido longitudinal y la otra transversal en forma de cruz (fig. 6). 
Las tégulas tienen ornamentación circular y cifrada, siendo 
las más interesantes las siguientes ^f f^ ^^ -^f (^ (^ y un la- 
drillo grueso con esta inscripción: RX, abreviación, acaso, del 
resurget in Christo, año 441, según Le Blanc. Por la dirección de 
los enterramientos, por el sello, por la inscripción funeraria, en- 
tendemos que se trata de un cementerio de romanizados, com- 
prendido entre los siglos v y x. Entre los escombros de un terra- 
plén inmediato hemos podido recoger un sistema completo de 
medidas de piedra y barro, uncia, libra y quinquelibra; todo lo 
ceal supone un pueblo, un centro comercial y un enterramiento 
inmediato anterior ó posterior, en vista de lo cual nuestro amigo, 
de feliz memoria, el Sr. López Ferreiro, nos indicó su sospecha 
de que se trataba de los arrabales de una ciudad comercial, ciu- 
dad á la que aún no hemos podido llegar, pero que acaso exista, 
pues no bajan de treinta las sepulturas y enterramientos descu- 
biertos, quedando mucho por explorar. Las osamentas, en gene- 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



41 



ral, las superiores al menos, pertenecieron á hombres de elevada 
estatura, cabezas no muy grandes, tendencia braquicéfala, las de 
los enterramientos superiores, y dolicocéfalas las inferiores, ha- 




FiG. 6. 

I, 2, 3, 4, 5, 6, algunos de los objetos encontrados en el Castro de San Cristóbal 

de Alobre; 7, aguja encontrada en el Castro d'a Bouza entre un yacimiento de 

ostras; 8, 9 y 10, onza, libra y cinca libras en el Mism. 



42 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

hiendo en éstas cráneos, cuya curvatura craneana anterior co- 
mienza casi sobre el arco superciliar. 

Esta exploración nos indujo á llevar á cabo otras en el Castro 
Gudín, y hemos tenido la suerte de poder alcanzar la construc- 
ción de estas fortalezas. A lo que parece sobre los declives del 
monte, construían un muro de contención, opus incertwti^ comen- 
zando acaso por la parte superior y luego allanaban el terreno 
apisonando la tierra contra el muro, teniendo el que pudimos ex- 
plorar, unos cinco pies de alto, extendiéndose la parte superior 
hasta una extensión de nueve pies, entre cuyas piedras hemos 
podido recoger carbones, ceniza y una lágrima de cobre; todo lo 
cual corrobora la existencia de la mayor altura del muro en forma 
de parapeto, y la existencia de viviendas edificadas á su amparo. 

Más interesante fué el hallazgo efectuado en la parte del na- 
ciente del mismo castro. Sobre un suelo de arcilla y ceniza, y á 
cinco pies de profundidad, apelmazada por el continuo pisar de 
su dueño, hemos explorado los restos de una habitación, que de- 
bió ser destruida por el incendio antes de la edificación del cas- 
tro ó de alguna de sus modificaciones, pudiendo recoger un cu- 
chillo de hierro de dos filos, con una vena central, una cabeza de 
hueso agujereada en el centro con una incisión en forma de cruz 

(%• 7). 

Entre estos restos de vivienda hemos recogido numerosos tro- 
zos de adobe, que aún conservan la impresión de las varas y tro- 
zos de madera, entrelazados, que formaban la cabana; regular can- 
tidad de mijo menudo, Milium y de otra semilla de leguminosa, 
oblonga dicotiledónea, con una pequeña escotadura en la parte 
superior que termina junto al embrión, de unos 0,o8 de largo, 
que nos recuerda el fruto de una leguminosa que crece espon- 
tánea entre los sembrados de trigo; ambas semillas carbonizadas, 
mezcladas con trozos de carbón de roble y numerosos trozos de 
alfarería de época posterior á la primitiva, así como en la parte 
superior trozos de alfarería de cemento con estrías, y otro pe- 
dazo que, por su dibujo en losange, en relieve, nos parece de pro- 
cedencia suévica ó, á más tardar, visigótica. 

Este castro es el más importante de todos por su nombre, por 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



43 



SU altitud, que domina todos los otros, y es el que establece el 
lazo de unión con los demás del interior del país. Entre el nom- 
bre de este castro, el de las parajinas, que están al pie de él 
por el naciente, el nombre de Rubianes, Rubian, el nexo de 




FiG. 7. 
i> 2, 3, 4, 5, objetos encontrados en Castro Gudíii; i y 5, ¿restos de un freno? 



44 boletín de la real academia de la historia 

í^ y ^^ "aD de la lápida ARI:, dedicada á Júpiter, divino, encon- 
trada cerca del lugar de Trabanca d'a Torre, y el nombre de 
Jovelle Jovialis, no muy lejos del hallazgo, establecen una época 
de transición entre la dominación romana y la sueva, que puede 
llamarse gótica en término general. 

Importantes son también nuestras exploraciones en el Castro 
d'a Bouza, en el que á pesar de su distancia al mar, de un kiló- 
metro, hemos descubierto un yacimiento de ostras de más de 
cinco metros de extensión por medio de profundidad, restos de 
alfarería, tégulas y una aguja de cobre distinta á la encontrada en 
el Castro de Alobre, y algunos utensilios de piedra para moler. 

No menos interesante es el Castro de Lobeira, Luparia, sin duda, 
y sin duda el ligado con la tradición Jacobea, si hemos de aten- 
der á la donación hecha al convento de San Martín Finarlo, que 
viene á reducir el Castro Luparia, en la forma siguiente. Des- 
pués de describir las donaciones hechas, Im burgo patroni que co- 
rres hasta flunien saris y en térra castella honesló y otras, dice: In 
térra luparie edesiam sante eidalie de área longa, et herenulan 
santi Xprislopori et Villan descarda, por el naciente del monte, las 
tres pertenecientes al territorio que ocupa Villagarcía. Villam no- 
can, Villam oar, sin duda Villanueva y Villa mayor, por el po- 
niente, etc. Por el naciente Villam de fratribiis in godos, Santa 
María y Santiago de Godos, detrás de Castro Gudín. ínsulas ar- 
oiiza et Cortegada, otros que no podemos reducir, y Eclesianí 
sante criicis de cástrelo y en térra santa marie de lancéala, etc., 
con todo lo cual bien clara se ve la situación histórica del castro, 
más tarde patrimonio de la Mitra, luego de los marinos de Lo- 
bera y hoy enhiesto picacho, en el que las manos pecadoras de 
los piratas acaso si dejaron algún resto de su antiguo esplen- 
dor (fig. 8). 

No debemos pasar sin hacer mención del altozano Marvon, 
Martiim culmina, sin duda, inmediato á la villa, en la cual hemos 
encontrado una hacha de cuarzo pulimentado y otra de cobre 
de las llamadas votivas, y un objeto de piedra de difícil clasi- 
ficación. 

Con todo lo expuesto á grandes rasgos, sin más labor que la 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 



45 



que da de sí el recuerdo de los largos estudios llevados á cabo en 
esta región, bien se deja adivinar la importancia de este centro 




FiG. 8. — Objeto de piedra. 
I, procedente de Maxón; 2, moleta; 374, molino de mano y capa. 

en tiempos antiguos, tan fácil para la vida, defendido por tantos 
castros, tan digno de ser guardado y unido á Ida, Padrón y Cé- 
sures, sin duda como ellos un día visitado por fenicios y griegos 



40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y más tarde como ellos sojuzgado por el poder romano, y sobre 
cuyos restos de civilización industrial marítima asentó Juan Gar- 
cía de Caamaño, el Hermoso^ los cimientos de la antigua Villa- 
garcía, mentada por el Maestro Molina como emporio marítimo, 
la futura ciudad de Arosa, cuando el interés de sus moradores, 
de común acuerdo, recaben para ella el justo rango que como 
centro de esta región le corresponde. 
Villagarcía de Arosa, 13 Enero 19 15. 

F. Fernández Gil y Casal, 

Correspondiente déla Real Academia Gallega. 



ni 

APUNTES ARQUEOLÓGICOS 

por el Sr. D. Juan Fernández Gil y Casal, en comunicación manuscrita 
que ha dirigido d la Real Academia de la Historia. 

Sólo por cumplir el acuerdo de nuestro Director, escribo unos 
renglones que sean voz nueva y una más en elogio del impor- 
tante trabajo del Sr. Fernández Gil y Casal, pues llegar á catego- 
ría de Informe no es preciso, toda vez que estudio el de referen- 
cia hubo ya pasado por la vista, siempre sabiamente crítica, del 
doctísimo Director, quien ha mirado con indulgencia la parte 
filológica; y para las seguridades de ésto, hallo en el párrafo 
con que comienza su Memoria, el documentado investigador 
de Villagarcía de Arosa, que, el decidirse á redactarla, es una 
concesión que hace á las reiteradas instancias de su tan buen 
amigo y eminente Censor de esta Academia, el Sr. Fernández 
de Béthencourt. Véase, pues, cómo ya queda redactado el mejor 
Informe, induciendo á mérito relevante para el trabajo del señor 
Gil y Casal, al consignarse la aprobación y los estímulos con que 
le distinguieron las dos autoridades científicas aquí, con mi res- 
peto, consignadas. 

Pero escribiré algunos párrafos para saludar con mis felici- 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 47 

taciones al Sr. Fernández Gil, que es un arqueólogo excava- 
dor; y como yo, con amor y entusiasmo, camina por esa, re- 
fulgente vía, que el azadón arqueológico va abriendo por los 
campos de nuestra amada Patria; polv^o que arremolinaron los 
vientos; tierras que superpusieron los siglos; montes de barro 
que irguieron los temporales; campos de soledad, en fin, sobre 
los que inmigraciones con el hacha y la piqueta de razas, en cos- 
tumbres, en creencias y en necesidades diferentes, corrieron 
arrolladoras, socavando los aplomos y niveles de los monumen- 
tos, y borrando aquellos signos, aquellas imágenes, aquellos nom- 
bres y aquellos lugares que eran heraldos, testigos y fastos de 
nuestra primitiva difumada Historia, para que el tiempo, con su 
siniestro brazo, sustentador de la muerte, haya soterrado, como 
en cementerio inmenso, cuanto fué vida, ó por la vida, en el in- 
conmensurable período desde el Diluvium del Chellense Manza- 
nares, hasta el fin de aquella férrea invasión de que fué testigo y 
primer anotador el ya hoy tan justamente elogiado Piteas. 

De entre estos larguísimos períodos, escoge el Sr. P'ernández 
Gil, para sus doctas investigaciones, los últimos nada cortos, 
pues tal vez abarquen desde los postreros rasgos de los neolíti- 
cos hasta la sangrienta extinción de la época visigótica, pues 
aquéllos pudieran corresponder los grabados en las Piedras de 
los Ballotes, como en la del Meadelo, y acaso la de Carnés. De 
todas ellas acompaña dibujos á su Memoria el Sr. Gil y Casal, y 
bien recordamos la última, por insertarse en la obra del señor 
García de la Riega, que con el título de Galicia Antigua pre- 
mió esta Real Academia y publicó antes Barros Silvelo en sus 
Antigüedades de Galicia, por el año 1875. Vive asimismo en la 
Academia con estimable memoria, aquel malogrado joven, nues- 
tro Correspondiente el Sr. Campos, que en una de las sesiones 
á que asistió nos mostrara, en valioso álbum, muchísimos dibu- 
jos por su inteligente desvelo y afición copiados en la región de 
Pontevedra, privilegiada para esos grabados rupestres que llaman 
inscultiiras el Sr. Fernández Gil y Casal y tantos otros doctos de 
Galicia. La curiosísima piedra de los Ballotes en aquél se copia- 
ba, y aun creo recordar que su autor, el Sr. Campos, presentó 



48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el dibujo en la importante exposición celebrada en Santiago el 
1909. Pero la parte alta, que se determina con el núm. 2, resulta 
completamente inédita, pues sólo el Sr. Fernández Gil logró 
descubrirla entre las innumerables rocas que resaltan por aquella 
cumbre. 

Igualmente inédita es la gran piedra del Meadelo, que de su 
importancia arqueológica da hoy cuenta á la Academia el Sr. Gil 
y Casal, y á este mérito reunió el estimadísimo de emplear insis- 
tentes exploraciones, prolijos trabajos y no leves incomodidades, 
para ir leyendo puntuaciones, líneas y figuras tan borradas por 
los siglos, que precisa sorprenderlas á los rayos del sol naciente 
ó á los reflejos de un ocaso. 

Aunque fuere en hipótesis, resultaría interesante la aventura 
de asomarse á la sima del misterio, para si en sus resaltos se des- 
cubría algún reflejo que esclareciese los simbolismos de esas mis- 
teriosas rocas, en las que se delinean animales que se veneraron 
como tótem de primitivas tribus, ó aspiraciones cinegéticas, ó es- 
cenas de caza; y muchos son los múltiples círculos concéntricos 
y derivaciones de la línea externa p.ara iniciarse la tan misteriosa 
como discutida espiral, que ya claramente se graba en las piedras 
de Santa María de Sacos, Lombo d'a Acosta, Pedra d'o Moura 
encantada, y muchas otras descubiertas y estudiadas por nues- 
tro compañero Correspondiente, el joven y ya reputadísimo ar- 
queólogo D. Juan Cabré Aguiló, que en reciente viaje por Galicia 
ha rebuscado con su amorosa diligencia, copió con su iluminado 
acierto y describirá en próximo y docto libro, en el que se con- 
signarán profusión de estos signos en ambas orillas de las rías del 
Tambre, Marín y Arosa. 

Los círculos concéntricos, como la rueda, por muy general re- 
presentación se tienen del mito solar, tan extendido por la Iberia, 
y muy particularmente en Galicia, según Costa, lo que más ter- 
minantemente se declara por la piedra de Samarugo, en la que 
profundamente se graban tres soles con sus grandes orlas de rayos 
similares á las de Dowth en Irlanda, y no olvidemos á la de Jin- 
zo de la Cuesta con sus representaciones astronóm.icas y solares, 
que á tal importancia realzan tantos notables arqueólogos de Ga- 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 49 

licia, y pues la espiral solar por iniciada la ven en las múlti- 
ples SS de las fusayoles de Hissarlik, como en el Hércules llama- 
do del Chatelet, con la rueda solar en la mano izquierda, en la 
derecha los rayos, y al hombro, colgando de un gran aro, hasta 
once SS. Si Montelius y Evans originan la espiral en los escara- 
beos de Egipto, Déchelette la declara como influencia egea, que 
viene á Iberia al fin del período neolítico, para de nuestra patria 
pasar á Irlanda, llegando á toda su grandeza en aquella artística 
y triple espiral que tan misteriosamente adorna la enorme pie- 
dra, en el suelo de entrada, á la galería del admirable hmiidus de 
New-Grange. 

La hermandad de los múltiples círculos concéntricos y las es- 
pirales, ya lo anotamos por frecuentísimo en Galicia, en donde 
hoy se conocen más de quince localidades que presentan círcu- 
los grabados y no bajan de diez las ornadas con círculos concén- 
tricos, de las cuales siete pertenecen á la provincia de Ponteve- 
dra, simulacro que con semejante frecuencia se repite en Irlan- 
da, siendo notable ejemplo las piedras de Longh-Crew. 

Si hemos mencionado que la espiral se halla en Galicia, con 
preferencia en las costas y riberas, lo mismo ocurre en Irlanda, 
probándolo así Mr. Cofíey al hacer un mapa de las piedras con 
espirales de aquella isla; no rara inteligencia entre ambos países, 
que unidas estuvieron sus tierras en épocas primitivas, sostuvie- 
ron constante comunicación y repetidas inmigraciones galaicas, 
pues de ese enlace por el tormentoso mar Gallico ya recor- 
dado fué por el folk-lore é inscrito en las viejas y hermanadas 
tradiciones, que si con justa razón tanto encarece el Sr. Fernán- 
dez Gil las supervivencias griegas en Galicia, así también de ésta 
persisten caracteres étnicos bien determinados en Gailian (Leins- 
certer) y de Olnemcht (Connaught), destacándose los tipos de 
la raza española, del invasor Hérémon con sus característicos 
cabellos y ojos negros, entre Wesford y Gahvay; y así se com- 
place en consignarlo el Dr. Madden, aunque no con aquella 
brillante literatura, amor ciudadano y excelsa inspiración que 
imprime á todas sus obras la eminente Condesa de Pardo Ba- 
zán, cuando en Las Rías Bajas, cantando en anterior estrofa 

TOMO LXVIII 4 



5© BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

á las mujeres griegas, añade: 

¿Y quién sabe si en épocas remotas, 
Cuando las griegas flotas 
Vinieron á abordar á estos lugares, 
El modelo que fué de Praxiteles 
No huyó de sus cinceles, 
Y alzó aquí sus domésticos altares? 

Que ya Justino, en su libro 44, dice que los gallegos se repu- 
taban por de origen griego. 

La espiral, en su viaje de difusión, ofrece la singularidad de 
ser tan rara en Creta durante el período primitivo, como en Ita- 
lia, y desconocidísima en la Galicia occidental, mientras que se 
hace sumamente común en el arte minoio medio, en el micenia- 
no y escandinavo, como en todo nuestro período céltico. 

Pero de que sea creación egea aparto mi modesta opinión, 
pues la aventajan de muchos siglos, á la fecha del segundo mile- 
nario que suele asignársele, los ejemplos cuaternarios en que ya 
los círculos concéntricos, como la genérica S y las retorcidas es- 
pirales aparecen casi en nuestra frontera, grabados sobre asta de 
reno, los primeros en la cueva de Lourdes, los segundos en la 
misma y en Les Espelungues d'Arudy, etc., habiéndose hallado 
en éste dobles ejemplares con ornamentaciones de espirales com- 
pletas. En nuestra misma España ya aparecen en los petroglifos 
de Andalucía los círculos concéntricos en la Batanera de Fuenca- 
liente, y tal vez una iniciación de la espiral en Peña Escrita de 
Ciudad Real; pero donde se manifiesta intencionada y completa- 
mente, es en una de las cuevas llamadas de la Paloma, sierra del 
Pedregoso, en la laguna de la Janda. 

Yo me induzco á creer que las ideas sencillas son espontáneas 
y comunes á todos los hombres y á todos los tiempos, así como 
la imitación fácil de cuanto impresiona; los arcos concéntricos del 
sorprendente arco iris; los círculos incisos que dibuja en el agua 
la caída de un objeto; una cuerda, un flexible y largo filamento, 
¿no forman frecuentes espirales? 

Si el hombre usó desde el incontable tiempo del medio pleis- 
toceno las flechas, ya tan determinadas en el solutrense, y aun 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 5 1 

sospechadas en el anterior de Aurignac, precisaron la gran inven- 
ción del arco al que obligaba el indicado filamento de tensión; si 
los repetidos hallazgos, en yacimientos mousterienses, de muchas 
piedras redondas, naturalmente pulimentadas, y prevaleciese la 
hipótesis expuesta por el eminente arqueólogo M. Chauvet, pre- 
sidente de la Sociedad de Arqueología de la Charente, en la que 
le acompañan Mortillet, Cartailhac y otros, descubriendo en 
aquélla un aparato para cazar grandes animales, algo así pare- 
cido al lazo mejicano con que se cogen los caballos salvajes; pues 
la piedra redonda atada á la punta de una cuerda, la cuerda á que 
antes aludía, pudiese lanzarse para que se arrollara á la pata ó 
cuello del animal; cuyo artificio parecía descubrir su comproba- 
ción en un esferoide calcáreo que Mr. Henri Martin descubrió en 
su admirable yacimiento La Quina, pues le halló roto en dos pe- 
dazos completamente juntos, induciendo á que Mortillet pensase 
hubiera sido enterrado envuelto en una piel consumida por el 
tiempo; y, en fin, la animada espiral, la serpiente, ¿no ha logrado 
representación mítica y figuraciones incontables en todas las 
Teogonias, desde las más arcaicas?, tal \'ez así quiso patentizarse 
por la serpiente grabada en una roca que se encuentra en Gor- 
me, Camarinas (Coruña) en el sitio denominado Pedra d'a Serpe 
6 d'a Serpenta. 

¿Serían esas piedras gallegas altares al Sol? Recordemos que 
los marinos, sólo los marinos del país, llaman El Altar al impre- 
sionante peñasco grabado que se alza en las inmediaciones de la 
Torre de Hércules, en La Coruña. 

Si tan frecuentemente se representan armas, utensilios, vivien- 
das y artes de caza en las pinturas rupestres paleolíticas y del 
neolítico, ¿no serían los varios círculos con puntos inscritos en 
los centros de las piedras de Ballotes, de Carnés y del Meadelo 
cestas para coger pescados? 

Dispensadme este difuso paréntesis sobre la espiral, ya por ser 
ésta tema frecuente en los grabados rupestres de Galicia, ya por 
la importancia representativa con que se difunde y persiste por 
la Iberia. 

¿De qué es emblema? Si los círculos fueren el mito solar, las 



52 boletín de la real academia de la historia 

espirales en las costas gallegas ¿fingirían el rodar helioástico por 
el ocaso, para sumergirse en el mar y que la doble espiral le re- 
presentase, con su renacer por el Oriente, ó los dobles abismos 
que á veces forman las espiraladas olas, que arteras sorben para 
el profundo antro de la muerte, á la barca con sus avezados pes- 
cadores, sorprendidos, y á éstos lloraban, y recordaron sus fami- 
lias, grabando en los peñascos costeros las dobles espirales, re- 
presentando los absorbentes torbellinos del tormentoso mar? 

Cuando se conocen y aprecian los estudios previos y los mo- 
lestos trabajos que se precisan para descubrir y excavar nuevas 
estaciones arqueológicas, es oportuno aplaudir y encarecer todos 
aquellos que puso á servicio de la exploración y la ciencia el se- 
ñor Fernández Gil y Casal, para lograr presentarnos en su docta 
Memoria las estaciones del Castro de San Cristóbal, con tres ni- 
veles arqueológicos, que por las indicaciones que suministra, pu- 
dieran corresponder desde la ibérica época á la última romani- 
zada, siendo de mucho interés los enterramientos que descubrió 
y las apreciaciones sobre las osamentas. 

Prosigue con su otro excavar en el importante Castro de Gu- 
dín, de cuyos soterrados muros puso al descubierto tan alta par- 
te, y proseguir su fructuosa rebusca en terreno inmediato para 
hallar restos curiosos de vetustas edificaciones. 

Los Castros de Bouza con sus antiguos yacimientos de ostras 
y el de Lobera, que á través de prolijos enlaces históricos, viene 
á identificar con el legendario Lupari, le ocupan varias páginas, 
para terminar las de su Memoria con los hallazgos de la Edad del 
Bronce en el altozano de Maxón. 

Ilústrase todo esto con un precioso y muy interesante mapa 
arqueológico de la región y con tres láminas, reproduciendo algu- 
nos de los objetos hallados, entre los que se figuran una pequeña 
hacha de bronce, tal vez votiva, correspondiendo al último perío- 
do de esa época; una pareja de barras de hierro, que, efectiva- 
mente, parecen camas de bocados, aunque es singular no se noten 
los agujeros para la embocadura. Por ser las camas rectas acusan 
un gran adelanto para la acción de palanca en el mando, lo que 
hácele diferir de las tan generalizadas curvas de origen oriental, 



APUNTES ARQUEOLÓGICOS 53 

que caracterizan los bocados iberos de Hallstat II, pero yo en- 
contré, por excepción de esa forma recta, algún ejemplar eri mi 
tan sincronada necrópolis ibérica de Aguilar de Anguita. En la 
de Hortezuela de Ocen, que á los comienzos del siglo iii, antes de 
Jesucristo, corresponde; hube encontrado pendientes parecidos á 
los de San Cristóbal de Alobre, y agujas idénticas á las del Cas- 
tro d'a Bouza; pero pondiis, molino de mano y alisadores, aun tan 
frecuentes y conocidos, no hallé jamás los primeros ni el segun- 
do en las muchas necrópolis ibéricas que llevo en exploración, á 
pesar de haber retirado tantos y variados objetos de uso para 
aquellas gentes desde el siglo v al ii antes de Jesucristo. 

En ninguna de las estaciones arqueológicas que describe el 
Sr. Fernández Gil, faltan abundantes y hasta disconformes res- 
tos de cerámica, y es de sentir no les conozcamos, pues consti- 
tuyen elementos de los más seguros para clasificación; que la ce- 
rámica es casi la única fábrica del hombre que vence del tiempo; 
y su composición, su forma, su trabajo y su arte, páginas son que 
van presentando ante los ordenadores ojos de la Historia el des- 
file interesantísimo, muchas veces único, y en no pocas admira- 
ble de la vida y civilización del pasado. 

Gran parte del escrito del Sr. Fernández Gil es una ingeniosa 
serie de equivalencias toponímicas, que intenta acomodar los 
nombres actuales de lugares á vocablos griegos. En ese curioso 
entrelace de deducciones, puedo aprender, pero no seguirle, pues 
resulta indispensable no sólo conocer el arcaísmo griego, sino tam- 
bién, y sobre todo, la orografía é hidrografía del país, como su 
peculiar historia, usos y tradiciones; aunque todo ello dominado 
estuvo ya por nuestro sabio Director; mejor se haría; él, que 
encendió tantos deslumbrantes focos de luz histórica, esclare- 
ciendo el país de las gallegas rías, ya en Bretal y Queiruga, ya 
en Borona y Sinales, ya en Cando y Logrosa y Vilachán, y tan- 
tos otros puntos y lugares restituidos á la Geografía antigua, y 
que abrillantan las páginas del Boletín de esta docta Academia. 

Si Sines significase lo qiie es común de todos, por venir de 
^évog (huésped), la idea ó concepto de hospitalidad como las en- 
senadas en las calas. 



54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Si As Cruxelas se tradujese por rocas ó peñas generalmente 
costaneras, de color amarillento rojizo, de xpóy.oc,., azafrán, como 
se decía á Croculéya, en la Acarnania, y en Itaca; y los griegos 
á la Aurora de xpóv.o^ llamábanla la zaferina, por la azafranada, 
mas nunca la blanca Aurora. 

Si Meadelo se formase de la enclítica negativa ¡jii^ y aSr^Xo?, in- 
visible, y esta palabra á su vez, formada del alfa privativa y 
hfikoc (claro, visible, brillante) como la isla Ortigia, que desde 
haber nacido en ella Febo Apolo y su hermana, se llamó Délos, 
quedando hecha tan brillante como antes fué desconocida }' des- 
preciada por su aridez, cubierta de ortigas. 

Si KapyeíoQ no fuera epíteto de Apolo, helenístico, no heléni- 
co, es decir, decadente, podría traducirse por cima ó punta de 
buena tierra, fresca y fértil. Pero el acierto se halla sin duda en 
las interpretaciones dadas por el Sr. Fernández Gil, que el poner 
yo esas insignificantes informaciones ó referencias, sólo sirvan 
para demostrar el vi\'0 interés y alto aprecio con que leí y estu- 
dié su elogiado trabajo. 

Y admirador soy de los brillantes jalones, de las curiosas su- 
perviv^encias y de los encantadores rasgos étnicos que dejaron 
en ese hermosísimo país aquellos navegantes y colonias griegas 
que, desbordándose de Focea ante el hierro y el fuego del con- 
quistador Harpagos, fueron salpicando nuestras costas de facto- 
rías mercantiles, para terminar en colonias de riqueza, arte, 
civilización é historia florecientes, pretendiendo desalojar á los 
fenicios, que antes nos iniciaron en todas esas eminentes valora- 
ciones, sin que ni ellos ni los siglos, desde el v antes de Jesucristo, 
hayan borrado por nuestras aguas la estela maravillosa que trazó 
en el mar de los Atlantes aquel que primero, desde las extremi- 
dades del Ma7'e internmn^ dobló el promontorio Artabro, y lle- 
gando hasta las Casitérides, eternizó el nombre de Himilcon. 

Pero ya que nos hemos preocupado en este escrito de las in- 
fluencias y tradiciones arcaicas gallegas, permitidme recuerde la 
curiosísima y tan singular, por varonil, estela antropomorfa del 
Museo de Pontevedra, en la que los autótonos del país tal vez 
representaron al héroe de su indomable independencia, ó á su 



ANTIGÜEDADES SEGOVIANAS 55 

Dios, que bajando de su radiante trono de fuego sobre el divino 
manto azul, consintió le personificasen por enigmáticos rasgos 
sobre una piedra, y fuere el símbolo varonil de todas las estili- 
zaciones helioásticas que dejamos advertidas en tantas peñas 
misteriosas que pudieron ser templos ó aras, á cuyo estilizado 
Dios acudieran desde innumerables siglos las muchedumbres con 
sus plegarias, sus bendiciones y sus himnos, á los que, alboro- 
tándose procelosas las olas, se ofrecieran por grandioso y subli- 
me órgano en el resonar mitológico de los galaicos mares. 

19 Febrero 19 15. 

El ]\Iarqués de Cerralbo. 



IV 

ANTIGÜEDADES SEGOVIANAS 

El señor alcalde de Segovia, en nombre del Ayuntamiento de 
aquella histórica ciudad, dirigió, con fecha 12 de Abril último, á 
esta Academia, un oficio, acompañado de copias de dos comu- 
nicaciones dirigidas á dicha corporación municipal, una por un 
grupo de segovianos entusiastas de las glorias locales y otra por 
la Sociedad Económica de Amigos del País, todo ello referente 
á la erección de un monumento en la plaza del Azoguejo, frente 
al Acueducto romano y á él referente; y designado por nuestro 
ilustre Director para informar acerca del particular, el que sus- 
cribe, cree necesario señalar ante todo la divergencia de opinio- 
nes que se advierte entre una y otra comunicación, por ser lo 
que ha motivado la consulta dirigida á la Academia. 

Dando pruebas de un amor plausible á los recuerdos históri- 
cos y las tradiciones literarias que van unidos á los monumentos 
segovianos, los firmantes de la moción presentada á dicha auto- 
ridad municipal, deseosos de que ciudad tan esclarecida no se 
muestre hoy como olvidada de tan privilegiadas riquezas, propo- 
ne se fijen en ciertos sitios de la ciudad lápidas conmemorativas 
de memorables hechos, y para igual fin, pero no con tan buen 
acuerdo, pide sean colocados «algunos de los blasones, capiteles, 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

lápidas que se conservan en el ^^luseo provincial en sitios opor- 
tunos»; y, por último, entendiendo que «de todas las glorias se- 
govianas es el Acueducto la más esclarecida, propone que ante 
él, en la plaza del Azoguejo, sea elevado á los constructores de 
la insigne fábrica un monumento compuesto de un pedestal de 
piedra, de tres metros de altura; sobre él, por remate, el jabalí ó 
toro de piedra berroqueña que se conserva en el dicho Museo 
provincial, y en el pedestal una inscripción en caracteres roma- 
nos que saludase al viajero á su llegada ante el Acueducto, puer- 
ta espiritual de la ciudad, y le ensalzase la memoria de los Césa- 
res que la concibieron y de los esclavos que con su trabajo la 
hicieron posible; para todo lo cual los firmantes solicitan de la 
Corporación municipal la realización de lo expuesto». 

La comunicación de la Sociedad Económica de Amigos del País 
reproduce una proposición de uno de los socios, aprobada en jun- 
ta de 17 de Febrero, en la cual, si bien aplaude dicha iniciativa y 
se muestra propicia á foKientarla, pide sea estudiado lo que al 
monumento se refiere, y á este propósito hace la siguiente jui- 
ciosa consideración: «De acuerdo los arqueólogos en que el Acue- 
ducto es obra romana, no lo están menos en considerar como nues- 
tra típica de la escultura celtibérica el tal cerdo, juntamente con 
los de Ávila, los toros de Guisando, el ídolo de Miqueldi y otros 
muchos; todos ellos no son otra cosa, según la opinión más auto- 
rizada, que monumentos sepulcrales de forma nacional, y siendo 
esto no hay manera de admitir razón de ser en tal lugar y con 
tal motivo, á la referida escultura que, de emplazarse, determi- 
naría un error arqueológico que á todo trance hay que evitar se 
cometa». Y concluye con este otro reparo no menos importan- 
te: «Por último, siendo una aspiración justísima y por muchos 
sentida ver el Acueducto libre de toda construcción que le ocul- 
te y empequeñezca ó distraiga la vista del observador, tampoco 
es aceptable el sitio que para el objeto se tiene solicitado». 

Son tan atinados y concluyentes estos dos reparos de la So- 
ciedad Económica Segoviana, que casi hace innecesarios los nues- 
tros; mas debiéndolos puntualizar y justificar y añadir otros no 
menos oportunos, vamos á concretarlos. 



ANTIGÜEDADES SEGOVIANAS 57 

La moción de los entusiastas segovianos, más inspirada en mó- 
viles literarios que en verdadero sentimiento del Arte monumen- 
tal y respecto á la i\rqueología patria, da como bueno el prin- 
cipio anárquico de que se despoje á los Museos de algunos de 
sus objetos para darles otro empleo, no siendo admisible como 
pretexto siquiera la consideración que alegan de que «el jabalí 
de piedra, por lo enorme de su tamaño, no es á propósito para 
estar encerrado en un Museo». Huelga todo comentario de tan 
perigrina razón, nacida en una ciudad que posee y custodia en 
su lugar adecuado tan singular monumento; razón por otra parte 
que deja entrever como cierto desdén á lo que es y debe ser un 
Museo. 

Enhorabuena que se reproduzcan y apliquen al decorado pú- 
blico las reproducciones de esos escudos nobiliarios, esos capi- 
teles, esas inscripciones y hasta del jabalí en cuestión, si se quiere 
dar á su reproducción mejor empleo que para su original se pro- 
pone; mas en modo alguno y bajo ningún pretexto, se debe au- 
torizar la desmembración de las colecciones de los Museos. Y es 
tanto más de extrañar el caso tratándose de un Museo que, si 
no estamos mal informados, tiene un Director y una Junta de 
Patronato de reciente nombramiento. 

Cuestión es ésta sobre la cual convendría que la Academia 
llamase la atención de la Superioridad. 

Concretándonos al monumento que se ha pensado en erigir 
frente al Acueducto, lo primero que no puede pasar sin contes- 
tación, es la idea en que se fundan los autores del proyecto para 
pretender colocar como emblema sobre el pedestal la figura del 
jabalí. Evocan para ello el supuesto de que representa al jabalí 
de Erimantea vencido por Hércules, «supuesto fundador de la 
ciudad»: ¡como si fuera lícito dar hoy carácter monumental á 
semejante especie, al cabo del tiempo en que la crítica moderna, 
habiendo transformado de todo en todo el método de escribir la 
Historia, no hubiese relegado esas fabulosas leyendas de los orí- 
genes de las ciudades, al lugar que les corresponde! Y en cuanto 
á la presunción, á que también se refieren, de que tal escultura 
sea de origen romano y emblema relacionado con la fábula de 



58 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Eneas, menester es recordar, para de una vez dejar señalada la 
incongruencia de colocar tal figura en un monumento elevado á 
los constructores del Acueducto romano, que es cosa suficiente- 
mente demostrada y admitida hoy por los arqueólogos, que esa 
serie de representaciones de cuadrúpedos, toros, jabalíes, cerdos, 
caballos esculpidos en piedra, todos ellos de un carácter bien 
determinado, no se encuentran más que en lo que fué la Celti- 
beria y son obras del arte indígena ante-romano; sin que sea me- 
nester tratar ahora de su evidente simbolismo religioso, ni de 
que la opinión más recibida, en cuanto al destino que les dieron 
los celtíberos, fué la de estelas sepulcrales, forma de las mismas 
respetada en la época romana, como expresó Hübner y con 
acierto recuerda la Sociedad Económica Segoviana. 

En cuanto á la inscripción que proponen para el monumento, 
menester es notar que el magnífico Acueducto se supone del 
tiempo de Augusto y, por tanto, no es admisible evocar en ella 
la memoria de los Césares^ por dar á entender que ellos concibie- 
ron tan gigantesca obra; ni se nos alcanza por qué al contem- 
plarla hay que pensar en los esclavos. 

Por último, respecto del sitio en que se trata de colocar el 
monumento, la plaza del Azoguejo, frente al Acueducto, dicho 
está lo esencial por la Sociedad Económica y añadiremos que, 
no solamente no debe ponerse, sino quitarse cuanto estorbar 
pueda para la contemplación más íntegra posible de ese Acue- 
ducto, monumento insigne entre los nacionales y cuyas venera- 
bles piedras y gigantesca construcción tienen por sí bastante 
elocuencia para enaltecer el poderío romano y lo que este pueblo 
civilizador hizo en obras de utilidad pública, con un alto con- 
cepto de la vida no sobrepujado. 

En consecuencia de lo expuesto proponemos á la Academia, 
salvo su mejor parecer, que se comuniquen estos extremos al Se- 
ñor Alcalde de Segovia, para que evite la construcción del mo- 
numento en la forma y sitio indicado por los autores del pro- 
yecto. 

Madrid, 22 de Octubre de 19 15. 

José Ramón Mélida. 



SUR LA VIE ET L CEUVRE DE PEDRO NÚNEZ 59 

V 

SUR LA VIE ET L'CEUVRE DE PEDRO NÜÑEZ 

Señores: 

Por orden del ilustre y venerable Director de nuestra Real 
Academia, he informado lo siguiente acerca de la obra Sííi' ¡a 
vie et I' ceuv7'e de Pedro Núñez, escrita por Rodolfo Guimaráes, 
comandante de Ingenieros del ejército portugués. 

Muchos han sido los biógrafos del cosmógrafo y matemático 
ilustre Pedro Núñez Salaciense, pero ninguno había profundizado 
tanto en su análisis ni conseguido tan copioso caudal de docu- 
mentos sobre la labor y sobre la vida de aquel gran hombre. Del 
detenido estudio hecho por Guimaráes no se sabe qué elogiar 
más, si su competencia, ó la constancia con que ha investigado 
todas las opiniones emitidas y los libros de la época en que á 
aquél se menciona, con el fin de patentizar la originalidad de la 
invención del nonius, ó, mejor dicho, de la idea que sirvió de 
base á este invento. También posee mucho mérito el aparato 
llamado «Estormento de sombras», que era á menudo preferido 
al astrolabio. 

Según Guimaráes, la primera obra que compuso Núñez fué el 
Tratado da sphera (i537)) y P^f^ ello tuvo á la vista el libro de 
Sacro Bosco, donde este monje del siglo xiii compendió los co- 
nocimientos astronómicos de su tiempo, y del que sólo utilizó 
Núñez lo acertado del plan. 

El Tratado en defensam da carta de marear es una obra funda- 
mental de cosmografía. 

Pedro Núñez produjo una verdadera revolución en el arte de 
navegar, pues aunque quizás nunca se embarcó, discurría con 
talento clarísimo el medio de resolver las dificultades y proble- 
mas más arduos para situar y dirigir los buques. 

Así lo confirman las varias controversias que sostuvieron él y 
su discípulo, el experto marino Juan de Castro, con los mejores 



6o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pilotos de Portugal, á quienes, no obstante su tama, calificaban 
aquéllos de practicones. 

Acaso el más notable de los libros de Pedro Núñez, fué el titu- 
lado De Crepiisciilis^ etc., que se publicó en Lisboa en 1542 pro- 
fusamente ilustrado. 

Guimaráes se lamenta con justicia de que Delambre encuentre 
soporíferas las demostraciones de Núñez y sus construcciones 
obscuras, llegando, por una ruta difícil, á fórmulas analíticas que 
podrían obtenerse inmediatamente del triángulo esférico; y es 
que Delambre aplicó al insigne cosmógrafo el sistema francés de 
crítica para todo lo extranjero, sin considerar que en aquella 
época, ni Núñez ni nadie poseía elementos de cálculo muy vul- 
gares hoy, y que, por tanto, necesitaban emplear demostracio- 
nes largas y penosas para hallar fórmulas cuya obtención eran 
triunfos asombrosos y merecedores solamente de aplauso y ad- 
miración. 

En la ya citada obra De Crepusculis, consignó Núñez la inge- 
niosa disposición imaginada por él con objeto de valuar las pe- 
queñas divisiones en los instrumentos astronómicos; disposición 
que sirvió de base para el aparato que lleva su nombre latinizado, 
nonius. 

Respecto á este aparato, el Sr. Guimaráes hace notar su. esen- 
cial diferencia con el sistema de transversales, más antiguo y de 
autor ignorado. 

Es, sin duda, de gran mérito la obra que informo, pues en ella 
su autor hace resaltar la importancia científica del sabio portu- 
gués, que tanto honra á su patria; pero debía complementar tan 
hermoso estudio con un índice de los diferentes puntos que abar- 
ca, facilitando así la lectura de los documentos, notas ó incisos 
que se deseen consultar. 

Resulta más notoria la falta de este índice, por hallarse el libro 
escrito en francés, y los documentos y anotaciones en portugués, 
castellano, alemán y latín. 

INIadrid, 15 de Octubre de 1915. 

Pedro de Novo y Colson. 



RUINAS DE LA ABADÍA DE SAN GUILLERMO DE PEÑACORADA 6 1 



VI 

RUINAS DE LA ABADÍA DE SAN GUILLERMO DE PEÑACORADA, 
PROVINCIA DE LEÓN 

El Sr. D. José González, Arcipreste de la Catedral de León, 
en carta que me escribe con fecha 21 de Octubre último, me co- 
munica la noticia de un descubrimiento arqueológico, en los si- 
guientes términos: 

«Leyendo yo documentos viejos del Archivo de la Catedral, 
me llamó la atención una acta de visita pastoral en la que se des- 
criben las ruinas de la famosa Abadía de San Guillermo de Peña- 
corada (Riaño), y se suponía que en el templo estaba enterrado 
San Guillermo «en una capilla más abajo del presbiterio» y de- 
bajo de un altar. Escribí al cura, de quien sólo conseguí la noti- 
cia de que en «unos prados que llaman de San Guillermo», se 
cree que hubo un convento, y que algunos viejos recuerdan ha- 
ber oído que sacaban de allí piedras labradas. 

»Hablé con el señor Obispo, entusiasta de estas cosas, y me fa- 
cultó para que fuera al pueblo é hiciera algunas excavaciones, 
por si se podía topar con la antigua iglesia. 

» Afortunadamente, á los pocos días de exploración, se halló la 
portada de un atrio, y a los pocos metros, otra puerta, cuyas 
jambas de 1,30 metros de altura y de exquisita factura románi- 
ca, están tan bien conservadas como hace cuatro siglos. Llega - 
mos al pavimento del templo y encontramos basas de pilastras 
renacientes y, entre los escombros, hermosas piedras labradas, 
con ajedrezados (algunos policromados), denticulados, trenzados 
y molduras bizantinas perfectamente conservadas. Son tantas las 
piedras de mérito arquitectónico, que temo sean robadas, porque 
en todo el país se despertó tan viva curiosidad, que «aquello — me 
dice el cura — es una continua romería». Pero lo más curioso es 
que, buscando el cuerpo del Santo, hallé la capilla, y en ella un 
precioso altar monolito, sostenido por una columna central, toda 
rota, y debajo un suntuoso sepulcro, dentro del cual estaba un 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cadáver con los huesos frescos y bien formados, y entre las cos- 
tillas unas monedas curiosísimas. El señor Obispo ordenó una ins- 
pección ocular hecha por el provisor, el notario de Riaño, dos 
médicos y muchos sacerdotes, á la que asistieron más de mil per- 
sonas. 

»^Será el cuerpo de San Guillermo.'' Estoy estudiando el asun- 
to, y si hasta hoy no tengo más que certeza moral, acaso se lle- 
gue á una conclusión satisfactoria. Desde luego, el descubrimien- 
to arquitectónico es importantísimo. Ya le remitiré á usted un 
croquis del templo.» 

Contesté al Sr. González que me enviase el croquis á que se 
refería en su carta, y, á ser posible, algunas fotografías de las 
ruinas del Monasterio; pero me dice que, en la actualidad, 
todo aquel valle está cubierto de nieve, y que hay que esperar á 
que mejore el tiempo para proseguir las excavaciones y satisfa- 
cer mis deseos. 

Del antiguo Monasterio de San Guillermo de Peñacorada, da 
el P. Risco las noticias que expongo á continuación: 

«Abadía de San Guillermo. — En las montañas de León, en la 
parte Oriental de la ciudad, y en un sitio áspero llamado Peña- 
corada, huvo un Monasterio antiguo y de mucha devoción y 
fama entre los que florecieron por las referidas montañas. Ar- 
gaiz haze memoria de él en su tomo 6, pág. l66, y dice que fué 
de Monges, y se unió con la Iglesia de León quando en ella se ob- 
servó la vida monástica; y secularizándose sus Canónigos, hicie- 
ron lo mismo los Monges de San Guillermo, cuyo Abad quedó 
solo con todas las rentas y hecho dignidad de la Catedral de 
León. Yo he visto las escrituras que hay de este Monasterio en 
el Archivo Legionense, y de ellas consta que fué Priorato de Ca- 
nónigos Reglares, cuyo título era Santa María de Valles de Pe- 
ñacorada. Don Fernando II les dio por privilegio del año 1 1 72 
la Iglesia de Santo Tomás de Peñacorada con muchas heredades 
y posesiones, y hablando con el Prior, dice: Tti^ Domine Marti- 
ne et Canonici tiii pracdictam Ecclesiam Sancti Thomae cumprae- 
díctis haereditatibus, cuní pratis et pascuis etc. En el año 1 180 les 
concedió otro insigne privilegio de exención en que pone estas 



RUINAS DE LA ABADÍA DE SAN GUILLERMO DE PEÑACORADA 63 

palabras: Ea propter ego Rex Dompnus Fernandus una cuín filio 
meo Rege Dompno Adephonso intuitu devotionis quam hateo in 
S. Maña de Valles de Penna Corabda, ubi del serviüum exercetur., 
facimus cartant libertationis et incartationis vobis Dominico de 
Penna Corabda Priori et fratribusvestris etc. 

»E1 mismo priorato se llamó después de San Guillermo, y se 
unió con todas sus posesiones y privilegios á la Santa Iglesia de 
León, cuyo Dean y Cabildo obtuvo de D. Sancho IV la confirma- 
ción del expresado instrumento de exención por otro privilegio 
dado en Burgos, domingo 27 días andados del mes de Marzo del 
año de 1289, en el cual dice el Rey D. Sancho: «Vimos privilegio 
del Rey Don Fernando de León... de franquezas é mercedes que 
fizo á la iglesia que solien decir Sancta María de Valles de Penna 
Corabda, que ha nombre agora San Guillelmo, que es techo en 
esta guisa.» Pone á la letra todo el privilegio, y después sigue: 
<íEl Dean é Cabildo de la Eglesia de Leon^ cuya es agora esta 
Eglesia, enviáronme etc.» (i) 

»Pocos años después, esto es, en el de 1306, en el día 1 1 de 
Enero se juntó el Cabildo de la Santa Iglesia de León, y se hizo 
el decreto siguiente: «Nos Don Gonzalo por la gracia de Dios, 
Obispo de León, y todo el Cabildo de la dicha Iglesia estatuimos 
y ordenamos que el Priorazgo de San Guillermo de Peña Cora- 
da-, que hasta ahora era simple Priorazgo y Parroquial Iglesia, de 
aquí adelante sea dignidad en esta Iglesia de León, y se llame 
Abadía, y que por el Obispo no se provea sino á Canónigo de la 
misma Iglesia, y este Abad sea obligado á proveer quatro Cléri- 
gos, y que los dos sean Sacerdotes, y los dos Clérigos /;/ sacris, 
los quales celebren allí los divinos oficios, y rueguen en el sobre- 
dicho lugar por las ánimas de los vivos y difuntos bienhechores.» 

Deseando puntualizar y ampliar estas noticias, escribí de nuevo 
al Sr. González, y este señor, contestando amablemente á diver- 
sas preguntas que le dirigí, me dice: 

r.° Que los documentos más antiguos del Archivo de la Cate- 
dral de León, referentes al Monasterio de San Guillermo, son del 

(1) ^í/aTÍa »Sa¿A<j¿/tí, tomo XXXVI, págs. 199 á 201, 



64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

siglo XIII (acaso el de D. .Sancho IV, de 1 289, en el que aparecen 
incorporados los dos privilegios de D, Fernando II, de los que 
queda hecha mención), y que desde el siglo xiv no vuelve ya á 
encontrarse el nombre de Santa María de los Valles en la citada 
documentación; pero que en el siglo xvi, y con motivo de haber 
sido hallada la primitiva imagen de Santa María de los Valles, se 
edificó un santuario dedicado á la Virgen, que es conocido ac- 
tualmente con el nombre de Santuario de la Virgen de Velilla^ 
el cual está situado á unos tres kilómetros del antiguo Monaste- 
rio de San Guillermo. 

2.° Que, asimismo, en el Archivo existen muchos y curiosos 
documentos relativos á este Monasterio, correspondientes á los 
siglos XVI y XVII, planos del templo, noticias de restauraciones 
hechas en él, y un pleito sostenido con un arquitecto por no ha- 
berse ajustado á las condiciones convenidas, entre las cuales hay 
una en que se estipula que el ermitaño ha de poner todos los 
materiales en la plaza del santuario, el pan necesario y el vino de 
1 4 reales cántaro. 

3.° Que también se conservan en el Archivo dos actas de vi- 
sita pastoral: la una, verificada en 1746 por el obispo Fr. José 
de Lupia y de Roger, y la otra, por D. Cayetano Antonio Cua- 
drillero, en las que se habla del estado ruinoso en que se encon- 
traba el edificio del Monasterio. 

4.° Que el San Guillermo que dio nombre al Monasterio de- 
bió de ser un monje de Sahagún, del que dice Sandoval en sus 
Fundaciones de los Monasterios de San Benito, que fué uno de los 
que huyeron de aquel convento al ser destruido por los ejércitos 
de Almanzor, y el cual hizo vida eremítica en Peñacorada, cerca 
de Cistierna, y luego monástica en Santa María de los Valles. En 
el primero de estos parajes existe una gruta, en la que hay un 
altar dedicado á San Guillermo, y en el que se dice misa el día 
20 de Mayo. 

5.** Que el monje debió de morir hacia la mitad del siglo xi 
y ser enterrado en Santa María de los Valles. 

6.° Que los restos arquitectónicos encontrados en las exca- 
vaciones son de mediados de la citada centuria. 



RUINAS DE LA ABADÍA DE SAN GUILLERMO DE PENACORADA 65 

7.° Que el sepulcro hallado debajo del altar era de losas, y 
-que las monedas de cobre que estaban en su interior han sido 
■sometidas al examen de la Comisión provincial de Monumentos. 

8.° Que fuera del recinto se encontró otro sepulcro con una 
inscripción, en caracteres del siglo xii, que dice así: 

-|- REC • E • DVRO • PKS • COMO • 
FROILA P • 

La lectura de esta inscripción pudiera ser: 

REC{essi¿) E DVRO VR{e) S{b!tcr) CON\.0{do) 
FROILA V{raes7¿le) (i) 

Pero esta lectura no debe considerarse como definitiva, ya 
-que, tanto en la construcción como en las palabras, sugiere no 
pocas dudas. Conviene, pues, esperar á ver la impronta ó la fo- 
tografía de la inscripción para interpretarla con mayores ele- 
mentos de juicio. 

Tales son las noticias que acerca de este interesante hallazgo 
arqueológico tengo el honor de poner en conocimiento de la 
Academia, á la que prometo comunicar todas aquéllas que re- 
ciba en lo sucesivo (2). 

Madrid, 5 de Noviembre de 1915. 

Julio Puyol. 

(i) OV(osuií). 

(2) Niieslro ilustre Director, el Sr. Fita, me entrega la siguiente im- 
portantísima nota acerca de este asunto: 

«La tradición de que San Guillermo, monje del Monasterio de Sahagún, 
■evadiéndose del estrago de esta grande Abadía hecho por Almanzor en 
-el año 988, se refugió y murió en el priorato de Penna CorábUa (nombre 
romanceado en Peñacorada), del valle de Riaño, al Norte de la ciudad 
de León, se confirma por dos escrituras, de las. cuales dio noticia subs- 
tancial nuestro sabio compañero D. Vicente Vignau, en su índice de los 
documentos del JMojiasterio de Sahagún (Madrid, 1874, págs. 167 y 199) en 
los términos que siguen: 

«Art. 725. 30 de Agosto de 982. Donación de una heredad in ualle de 
Ceiones subtus Corabita. ecclesía'uocata Sánela Eulalia, otorgada por Fal- 
-cón y Alvaro, presbíteros, y Sescuto Monniz, en favor del Monasterio de 
-Sahagún y de su abad Pascual. — Facta carta testamenti III." kal. Septem- 

TOMO LXVIII. 5 



66 BOLETÍN DE LA KEAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 



VII 

NUEVA INSCRIPCIÓN ROMANA DE POZA DE LA SAL, 

VILLA DEL PARTIDO DE BRIVIESCA, EN LA PROVINCIA 

DE BURGOS 

A las seis inscripciones romanas, demostrativas de que en 
Poza de la Sal estuvo la ciudad autrigónica Flaviattgusta^ afiliada 
á la tribu Quirina (l), hay que juntar el tercio superior de 



bris. Era T.*, XX.^ Regnante rege Ueremundo in solio paterno.— Bece- 
rro I, folio 132 vuelto. 

Art. 866. 2 Marzo de 1042. Donación hecha al Monasterio de Sahagún 
por Froilán, presbítero, et fratri uesjro, del Monasterio de San Vicente, 
fundado por éstos sobre el río Tolia, que discurrit ad Ceia tuxta Penna 
Corabita, con todas sus pertenencias. — Notum die quod erit VI, nonas 
Marcii. Era T.^ LXXX.^— Becerro I, fol. 133.» 

«Separadas por seis decenios (años 982-1042), marcan estas escrituras 
dos períodos de la historia leonesa: el que precedió á la terrible invasión 
de Almanzor, y el que lo siguió, restaurador de tantos y tan insignes Mo- 
nasterios, como los de Sahagún, Escalada y Eslonza, en aquella catástrofe 
desolados. El de Pemia Corábita^ como entonces se llamaba, no sabemos 
cuándo precisamente dejó de pertenecer al de Sahagún. El silencio do- 
cumental no se rompe sino bajo el reinado de Fernando II, con dos- 
diplomas de este monarca, fechados, respectivamente, en 1172 y 1180, y 
otorgando bienes y exenciones á los priores Martín y Domingo, canóni- 
gos regulares en Pena Corabda residentes. El cambio de la Comunidad 
monástica benedictina en canonical agustiniana, tuvo su ejemplar en la 
del Monasterio de Escalada, corriendo el año 1 155; y así podemos expli- 
car que la fábrica del Priorato canonical se nos haya revelado ahora con 
sus monumentos arquitectónicos como labrados en el siglo xii. En 1306 
era ya dependencia y priorato de la catedral de León. 

Por lo tocante á la inscripción, bien podría atribuirse al prebítero Froi- 
la, que allí residió en 1042; pero la contextura de la frase indica ser mu- 
cho más antigua, y probablemente es visigótica, como la de Mérida, en la 
que se lee (vid. Hübner, 339): 



% 



LUPERCUS 

F 1 D E L 1 S RE 

CEPTUS I N PACE 

ViXIT AN(«/í) XXX 

(1) Véase el tomo lxvii del Boletín, págs. 487-491. 



NUtVA. INSCRIPCIÓN ROMANA DE POZA DE LA SAL 67 



ESTELA DE CARCASTILLO 



68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

una bella estela funeral, fragmento que mide 68 cm. de alto por 
50 de ancho y 35 de grueso. La totalidad de esta lápida se ase- 
mejaba á la estela de Carcastillo, alta 205 cm., cuya fotografía 
publiqué en el tomo l del Boletín, pág. 469, y aquí repro- 
duzco. 

En 26 de Noviembre último, como visitase la ermita de Santa 
María de Pedrajas el infatigable y docto P. Enrique Herrera, y 
anduviese buscando las extraviadas lápidas que allá había visto 
y copiado, tres siglos y medio ha. Benedicto Ramberto, no acer- 
taba á descubrirlas, quizá por ocultarse revocadas de gruesa 
capa de cal. En cambio, alzando los ojos para mirar un balcón 
de la hospedería del santuario, atisbo empotrado detrás de la 
barandilla el gran fragmento inédito, del cual ha sacado la foto- 
grafía y la impronta, que tengo el honor de presentar y ofrecer 
en su nombre á la Academia. 

D'is) Maiiiibus). Coelie i\fater?ie., Qiioeli f{ilie), aninorom) XXX libey-ti 
Coelius Sextianus ei Coel/a Hospita et Có\elia... 

A los dioses Manes. A Celia Materna, hija de Quelo, de edad de trein- 
ta años, este monumento hicieron sus libertos Celio Sextiano, Celia Hos- 
pita y Celia... 

En el renglón primero la W, ó M invertida, se aviene con la 
figura que esta letra adquiere, antepuesta á la L para significar 
la cualidad de una generosa matrona, de quien sus esclavos han 
adcjuirido libertad y recibido el nombre. 

Al fin del renglón segimdo hay ligatura de N.'^ {iié). 

Al principio del renglón tercero, el cognombre del padre de 
Materna, Qtioelus, se destaca con bastante claridad en el relieve 
de la impronta, encerrando dentro de la O una pequeña V y tra- 
bando la O con la I^, ó exhibiendo Qí. De este cognombre se 
deriva el nombre (Juodia^ que sale en una inscripción de León 
(Hübner, 5.678). Latinizado este cognombre aparece en otras ins- 
cripciones (863, 5-667) bajo las formas Coelus y Coela, proba- 
blemente oriundas de la griega ysjlAoc,. 

En el renglón quinto la penúltima letra es doble, ó -j- , y debe 
leerse ti. 

Truncado falta á la estela su pedestal. Con él desapareció el 



NUEVA INSCRIPCIÓN ROMANA DE POZA DE LA SAL 



69 



último renglón del epígrafe, donde se leía ELIA, componente 
del nombre Coelia. Seguíala el cognombre, y á éste la fórmula 
ordinaria f{acienduni) c(uravei'tLnt). 

Del ornato de este pedestal, si es que lo tuvo, dan alguna idea 
el de la sobredicha estela de Carcastillo y el de otras dos cuyas 




fotografías di á conocer en tomos anteriores del Boleítn (i). La 
primera se halló en Villatuerta y la segunda en Alberite, po- 
blaciones poco distantes, respectivamente, de Pamplona y Lo- 
groño. 



(i) xlii, pág. 307; L, 467. 



yo BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE L\ HISTORIA 




ESTELA DE VILLATUERTA 



NUEVA INSCRIPCIÓN ROMANA DE POZA DE LA SAL 



71 




ESTELA DE ALBERITE 



72 boletín de la real academia de la historia 

Por de pronto, la estela de Alberite, en cuyo coronamiento 
se esculpió la cabeza radiante del astro del día, nos da motivo 
para descifrar el emblema de la rueda del carro ó carrera del 
mismo sol^ que ostentan las de Poza y Carcastillo, Esta última 
adorna también el cuadro con lunas y estrellas (l). Lo cual, si mal 
no creo, tiene su explicación en la luz de los astros que, según 
Virgilio {Aeneid, vi, 640-641), gozan las almas de los justos, feli- 
ces habitantes de los Campos Elíseos: 

Largior hic campos aether, et lumine vestit 
Purpureo; solemque siiwn, sua sidera norunt. 

Un puente de tres arcos se esculpió en el fúnebre pedestal por 
debajo de la inscripción, como emblema quizá ritual, quizá geo- 
gráfico, de las sobredichas villas de la Rioja y Navarra. ¿Por qué 
no en Poza? A este propósito no debemos olvidar que la ermita 
de Nuestra Señora de Pedrajas está muy cerca del puente que 
cruza el río Omino. 

A los monumentos lapidarios que manifiestan la importancia 
que tuvo Poza de la Sal, á partir del primer siglo de la era cris- 
tiana, conviene agregar las monedas que en su distrito munici- 
pal frecuentemente se descubren. Entre ellas, D. Juan Rodríguez^ 
Secretario actual del Ayuntamiento, ha recogido y posee tres 
denarios de plata. 

Son los siguientes: 

1. Ibérico de Tarazona, con indicación de otras dos ciudades 
sus aliadas, donde también corría esta moneda, y tal vez eran 
Calahorra y Sigüenza. 

Anverso. — Cabeza barbuda y vedijoso el cabello, mirando á 
derecha. Un torques^ 6 viria celtibérica engalana su cuello, que 
rodean por debajo de él las letras iniciales de los nombres de las 
tres ciudades. 



(i) Importa recordar á este propósito, lo que refiere Flórez en su 
Disertación sobre la Cantabria (^éi'g. 165, Madrid, 1877): «En el lugar de 
Monasterio (de Rodilla) vi, á la esquina de una casa, una bella inscripción 
romana en cuya cabecera grabaron en figura de cabeza radiasa, y una 
luna, puesta una cabeza de mujer sobre semicírculo con las puntas arriba» 



NUEVA INSCRIPCIÓN ROMANA DE POZA DE LA SAL 75 

AMA 

ca s du 

Esta leyenda es rarísima variación de la que Hübner y Zóbel 
conocieron estampando y leyendo 

A A /^ 

si bien da el mismo sentido. 

Reverso. — Jinete vibrando una lanza y galopando á la derecha. 
Debajo el nombre ibérico de Tarazona. 

A ^ r P' ^ ^ 

dii Y i a s 11 
No se acuñó este denario con posterioridad al año I 51 antes 
de Jesucristo. Es de gran valor, en razón de la leyenda de su 
anverso, notabilísima. 

2. Consular del año 8 1 antes de Jesucristo. 

Anverso. — Cabeza de Roma, á derecha, flanqueada de una ba- 
lanza y un caduceo. Leyenda: C[aii) Annii, T{itÍ) f{ilií), T{iti) 
n{epotis)y proco{n)s{ulis). Ex s{enattis) cionsulto). 

Reverso. — Cuadriga. En el exergo: L{ucii) Fabií L{iicíi) f{iUÍ) 
Hisp{aniensis). 

3. Imperial de Marco Aurelio, año 161 de Cristo. Reseñado 
por Cohén bajo el número 1 80. 

Anverso. — Imp. M{arcus) Aur{elius) Anton'mus Aug{nstus). 

Reverso. — Prov{ideut¿a) deoriiivi) triibunicia) p{ptestate) XVy 
co{n)s{ut) III. 

Otro denario de plata, y 14 monedas de cobre imperiales ha 
recogido el P. Herrera en Poza de la Sal, no dudando que otras 
muchísimas se les juntarán, merced á la diligencia de D. Mel- 
quíades Jáuregui, ilustrado párroco de la villa. 

No debo cerrar este Informe sin acompañarle la fotografía de 
la insigne lápida de Tarragona (Hübner, 4.I96), cuyo texto y tra- 
ducción me sirvieron (l) para demostrar la reducción geográfica 
de Poza de la Sal á Flaviagusta. Ha sacado del mármol original 
esta fotografía nuestro Correspondiente D. Ángel del Arco, no^ 
sin advertirme que la piedra está empotrada en la esquina donde 

(i) Boletín, tomo lxvii, pág. 491. 



74 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




la vio Hübner, muy maltratada por el paso de los carros, y situa- 
da á la altura de las ruedas. 

Madrid, 17 de Diciembre de 1915^. 

Fidel Fita. 



VARIEDADES 



BREVES NOTICIAS SOBRE LOS PRINCIPALES ARCHIVOS DE ITA- 
LIA É INSTITUTOS HISTÓRICOS EXTRANJEROS ESTABLECI- 
DOS EN ELLA, CON ALGUNAS INÉDITAS ACERCA DE LA 
ACADEMIA ESPAÑOLA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DEL SI- 
GLO XVIII Y DE LA ESCUELA DE ARQUEOLOGÍA É HISTORIA 
ACTUAL. 

Prólogo. 

Excmo. señor Director de la Real Academia de la Historia. 

ExcMO. señor: 

Desde que por la Real orden del 2 de Diciembre de 1912 fui 
nombrado miembro de la Escuela Española de Arqueología é 
Historia en Roma, tuve siempre el deseo de conocer en general 
los fondos de sus más principales Archivos, singularmente aque- 
llos de los llamados de Estado, y fijar agrupadamente, según me 
pedían ilustres Académicos de esta docta Corporación, en líneas 
breves lo que podía ser materia apta de investigación, de buscas 
y notas para el estudioso español. Al mismo tiempo me propuse 
recoger algunas noticias sobre los Institutos históricos extran- 
jeros, como la Ecole Frangaise de Roma, la British School atRome, 
de Inglaterra; la American School of Classical Shidies, de los Es- 
tados Unidos; el Kaiserlich Deutsches Archáologischen Instituto in 
Rom, y acerca del Istitiito Storico Prusiano, de Alemania; del aus- 
tríaco titulado Istituto di Studi Storice; del holandés Niderlands 
Histoi'isch Instituct te Rome, y del Instituí Historique de Belgique, 
que con nuestra Escuela forman la aristocracia intelectual y el 
conjunto de los investigadores que desde el l.° de Octubre al 29 
de Junio, período ó año académico, se esparcen por los Archivos 
oficiales y privados de Roma para componer sus trabajos; con 
la mira de que aquellos conocimientos y estas noticias pudieran 



76 BOLETÍN DE LA REAL ACADEiMIA DE LA HISTORIA 

ser utilizados por los que á los estudios históricos dedican su ac- 
tividad. 

Recogiendo apuntes para el objeto indicado y especialmente 
para preparar mis estudios, tomó posesión de la Embajada espa- 
ñola ante Su Santidad el Excmo. Sr. D. Fermín Calbetón, quien 
á poco de su llegada, y á instancia del que esto escribe, autorizó 
ampliamente á todos los que entonces formábamos el mencio- 
nado Centro español, para investigar en el Archivo de la misma. 

Sin olvidar ni abandonar los trabajos indicados, pasé á revisar 
nuestro fondo de la Embajada y registrando uno á uno los 694 
legajos empaquetados que sin orden ni método existen en él, en- 
contramos, entre los correspondientes al siglo xviii, y principal- 
mente en el que tiene el núm. 35, documentos referentes á la fun- 
dación en Roma de una Academia de Historia Eclesiástica de Es- 
paña, los cuales se citaban en el índice manuscrito que tenía in- 
mediatamente después de la carpeta general, con los números 52 
y 70, que en efecto tenían, correspondientes á los meses de Ju- 
lio y Septiembre de I750> respectivamente, extendido el prime- 
ro en cuatro folios, escritos en cinco caras, y el segundo en uno, 
llenado por una sola página, y que decían: 

«Emmo. señor: 

En el tiempo que Dn Alphonso Clemente de Aróstegui sirvió 
al Rey de Ministro Interino en esa Corte, propuso á S. M. un pla- 
no, con el qual se podría llegar á stablecer en Roma vna Aca- 
demia" de la Historia Eclesiástica de España; la que siendo de 
útil y honor á toda la nación, pudiese traer el gran provecho de 
promover la applicación de los españoles que oy concurren en 
esa Corte á la pertensión de la Dataría; logrando por este ca- 
mino á muchos de vna indecente y perniciosa ociosidad, y faci- 
litar un medio para que su Santidad y la Dataría tubiesen á la 
mano, y con seguro conocimiento (como siempre han deseado) 
sugetos ¡dóneos, en quien proveer los Beneficios con preferencia 
á los que no son tan beneméritos de ellos. Persuadido S. M. de 
la utilidad é importancia de esta idea, aprobó el zelo del referido 
Ministro, mandándole la llevase á execución, y ofreciendo para 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 77 

valorarla todos los medios conducentes, y su Real protección los 
que con el tiempo formasen la projectada Academia, los que con 
efecto quiso S. M. fuesen recomendados y preferidos en Data- 
ría y á este fin mandó al expresado Ministro diese quenta á 
S. Santidad del meditado establecimiento y de las justas intencio- 
nes de S. M. en que fuesen atendidos los que en él se incorpora- 
sen, como más largamente reconocerá V. Emma. de los papeles 
de la misma Academia. Con estos antecedentes y los de haver 
puesto en noticia de S. Santidad el insinuado pensamiento y ha- 
ver merecido su aprobación, dio principio á su execución el refe- 
rido Ministro congregando algunos Españoles residentes en esa 
Corte, de cuia applicación efectivamente se han visto ya algunas 
pruebas, que mereciendo la aprobación de los eruditos han veri- 
ficado del progecto, y esperanzando de mayores progresos, i ha- 
viendo llegado el caso de venirse á Spaña el espresado Don Al- 
fonso Clemente y deseando S. M. que estos buenos principios no 
se pierdan, antes bien se promuevan, y adelanten para lo que se 
hace preciso que el que Cuide de esta nueva planta, pueda ani- 
marla, y fomentarla con su zelo, autoridad y vigilancia, se ha ser- 
vido su M. nombrar á E. Em. por protector de la referida Acade- 
mia, esperando de su amor á las buenas letras y á todo lo que es 
vtil y honoroso á la Nación dedicará todo su cuidado á que los Es- 
pañoles que oy se aplican y en adelante se aplicasen al Estado de 
la Historia eclesiástica de España, sean atendidos con la prelación 
en Dataría y que continúen sus estudios en el mismo modo, y 
forma que lo han hecho hasta aquí. 

I para quanto el referido Don Alfonso Clemente ha informado 
que los libros, papeles, }- algunos muebles pertenecientes á Nra 
Academia, los dejó entregados á Don Domingo López, Archivero 
de ese Real Palacio, y Don Joaquín García Ibáñez, Secretario de 
la misma Academia, disponga V. Em. que los expresados libros, 
papeles, y muebles se trasladen á ese Palacio separando la estan- 
cia, que le pareciere más conveniente, que según noticias será la 
primera del Archivo, donde antes estubieran y en estas mismas 
ó en otra que V. Em. pare'ciese, podrán tener sus Juntas á las 
que será mui del agrado de S. M. intervenga V. Em. quando sus 



78 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ocupaciones se lo permitiesen para formular con su presencia, y 
authoridad este vtil establecimiento, del que mui en breve remi- 
tiré á V. Em. sus paptes y ordenanzas. 

Dios g. á V. Em. m"" a"^ como d". B" Retiro 14 de Julio de 1750. 

Joseph de Carvajal y Lancaster. 

Y el segundo: 

«Em*"" Señor: 

No dudo que V. Em* acalorará essa Academia de la Historia, 
y favorecerá á los que se apliquen á ella con tal eficacia que sea 
un incentivo grande, para muchos Españoles que se apliquen á 
tan onesto y vtil exercicio. 

Que Mons'' Figueroa los presida en muchas Juntas sería mui 
conveniente, de forma que á ninguno le sea ambarazo en sus pre- 
cisas ocupaciones. 

Los libros y Papeles, han de tener ellos con el acceso libre 
para ir á estudiar, que en el Palacio (sobre ser su Sitio natural) 
pueden lograrlo sin incomodar á V. Em'* lo que no podría lo- 
grarse en casa del Auditor, ni á este se le podría grabar en ha- 
ver de tener siempre su Puerta franca y un Criado para cuando 
fuesen ó se retirasen los Académicos. Por eso está dispuesto que 
junto al Archivo (cuia vecindad puede también importarles) se 
mantenga este Estudio. Nro. S°'' á V. Em'* m- a" de como deseo. 

B" Retiro l de Septiembre de 1 7 50. 

Joseph de Carvajal y Lancaster.» 

Ambos documentos, dirigidos al entonces embajador Cardenal 
Portocarrero (1748 á 1760) (i), aparte las noticias que la da 
Fuente en su Historia Eclesiástica de España^ sobre esta Acade- 
mia, y de las cuales se hablará más extensamente cuando sea 



(i) Archivo de la Embajada de España en Roma, papeles sueltos. Nota 
de los Embajadores y Ministros de España en Roma, según la serie de los 
respectivos despachos y papeles de cada uno, existentes en el Archivo de 
esta Embajada desde el año 1518. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 79 

oportuno, mas la carencia de otros que explicasen el desarrollo 
y fin que tuvo desde la fecha trasladada, que acaso se hallen tras- 
papelados entre los 16.OOO que aún están sin agrupar ni catalo- 
gar, nos excitaron el deseo de saber el origen documental de 
ella, la petición que hizo D. Alfonso, el eco que logró en la 
Corte, la acogida y protección que la dispensó el Gobierno, las 
reglas que se la dieron, el plan á que se la sometió, los trabajos 
que la encargaron, el número de los que se hicieron y el grupo 
de estudiosos que los realizaron, y en el Archivo general de Si- 
mancas, investigando los despachos de Carlos III, dimos con los 
que al final aparecen en este trabajo. Mas antes de hablar de 
ellos, debemos hacer las observaciones que nos sugieren los 
dos hallados en Roma. Por el segundo se traduce que no fué 
muy del agrado de su Eminencia, la vecindad del estudio en 
su Palacio, y acaso en ello esté, juntamente con la escasez de su- 
jetos para la labor de investigar, la clave del poco rastro que ha 
dejado en nuestra Historia y en la tradición, sobre centros espa-^ 
ñoles en Roma, la Academia de Historia Eclesiástica de España. 

Hay en el Archivo de la Embajada unos 200 libros manuscri- 
tos, que por ser algunos del archivero D. José García del Pino, 
así como la letra de mediados del siglo xviii, hacen suponer que 
sean parte del fruto de los estudios hechos por el núcleo que 
constituyó la Academia; pero, por otra parte, su variedad y lo 
poco fundamental de sus materias, me han hecho sospechar que 
no debieron tener ninguna relación con los miembros de ella. 

Sancionada por Su Santidad la dicha institución, y concedida 
su venia para estudiar en los Archivos Vaticanos, según consta 
en el último documento que con el núm. VII publicamos, en los 
cuales ya estaban reunidos casi los 32.500 manuscritos de la 
Biblioteca Apostólica, y con ellos los fondos Palatino, adquirido 
en 1623; Urbino, en 1657; Reginense, en 1690, y Ottobenense, 
en 1746, realmente era aquélla la mejor ocasión y la más en 
armonía con el ambiente, para que en Roma se continuara ó 
aumentara el movimiento que iniciaron el P. Feijóo, con su Tea- 
tro Crítico y sus Cartas Eruditas; el Jesuíta P. Burriel, con sus 
investigaciones por Archivos y Bibliotecas; el célebre Padre Sar- 



So BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

miento, con su erudición y crítica; el Trinitario Fr. Miguel de 
San José, con su Bibliografía Sacra, y D. Nicolás xA-ntonio á 
fines del xvii, y D. Francisco Pérez Bayer, en la Biblioteca his- 
pana antigua y nueva que escribió el primero y aumentó y corri- 
gió el segundo; mas el auge de la nueva institución debió ser 
-efímero, á pesar de las bases trazadas para darle vida, porque á 
lo ya dicho sobre ésto debemos añadir que no hemos encontrado 
más rastro que el que señalan los documentos que figuran al final 
de estas Notas. 

Y en ellos mismos se encontrará la causa de su extinción, por- 
que crear una Academia de estudios históricos cuyo principal 
fin iba dirigido a sujetar un poco la libertad y ociosidad de los 
españoles^ como su propio autor dice en el Despacho núm. 2, era 
pobre base y mezquindad de estimación para empresa que en 
todo tiempo fué menester gran amor al estudio y vocación mar- 
cada. Pero, aunque tan ruines fueran los cimientos, la tal Aca- 
demia marchó, según el Despacho de oficio que el propio D. Al- 
fonso Clemente de Aróstegui dirigió á Carvajal desde Roma con 
fecha 12 de Octubre de 1/47, ^i^ ^1 qi-is se dice: «me encarga 
eficazmente no me entibie en el cultivo de esta idea, sino que 
antes bien, la fomente y acalore por todos los medios que hallase 
proporcionados»; y después: «hize juntarse en este palacio á todos 
los Abates Españoles que han querido dedicarse al estudio de la 
Historia Eclesiástica de España..., les hize oración exortatoria en 
los términos que para el propuesto fin me parecieron convenien- 
tes..., me he atrevido á estamparla en la forma que verá V. E., 
bien que con la precaución de quedar guardados todos los Exem- 
plares hasta que \^. E. disponga de su uso». 

En el mismo añade que lo ha estampado para cuando Su Ma- 
jestad «quiera dar Orden á las Iglesias para que dispongan y 
apronten las noticias que se pidan, podrá remitírseles para dar- 
les idea de la Obra y que conozcan se toma de veras». Adjunta 
á este despacho remitió la lista (l) de los españoles que for- 
maban la Academia, de los cuales sólo uno parece que fué el 



(i) Documento núm. III. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 8 1 

más aplicado, si es que el D. José García del Pino, autor de la 
mayoría de los 200 manuscritos existentes en la Embajada, no 
era distinto del D. José Alauricio del Pino que figura en la lista. 
De los demás nada hay que esté firmado por ellos ni que lleve su 
nombre. Mas cualquiera que fuese su labor, D. Clemente Arós- 
tegui, varón á quien al fin y al cabo se le debe memoria por tan 
plausible y temprana iniciativa, reflejaba en estos primeros mo- 
mentos sus deseos de hacer cultura y españolismo, no sólo 
creando y señalando el fin científico del nuevo instituto, sino 
también al decir en el mismo documento: «Tengo el gusto de 
que en esta muestra nada ay extrangero, pues la Imprenta es la 
de este Real Palacio, el Impresor Español; Las Láminas son di- 
bujadas por un Español, é incisas por otro». 

Tras esta noticia, que acaso fuera en tiem.pos posteriores el 
fundamento de ciertas especies malignas que se divulgaron con- 
tra Floridablanca, acusándole de que en esta imprenta y con sus 
elementos amañaba estampas contra la Compañía de Jesús, agre- 
ga que manda el plan que se le mandó hacer desde la Corte al 
decirle «que se dedique á estender en un papel todas aquellas 
noticias que se ayan de pedir á las Iglesias de España, para que 
juntándose methódicamente el travajo que aquí se hizziese sobre 
cada Iglesia, con el que en España pussiesen los actuales Prelados 
y sus sucesores, por sí, ó por medio de Personas hábiles, tengan 
esta idea los fructuosos progresos que desean » . Concluye la 
carta; luego de lamentar que las copias que Toledo suministró al 
Cardenal Aguirre, según él mismo refiere en su primer tomo de 
los Concilios de España., no se encuentren en Roma, donde las 
dejó, y de manifestar que han sido infructuosas todas las inves- 
tigaciones y de esperar que se volverán á repetir y hacer, soli- 
citando que, una vez que las instrucciones sean aprobadas, se 
remitan á las Catedrales, Colegiatas, Monasterios antiguos de San 
Benito y Bernardo, á las Universidades y Colegios Mayores. 

Por todo esto y por los documentos núms. V y VI, se deduce 
que el plan era completo, pues á la obra no habían sólo de con- 
tribuir los estudiosos de la Academia fundada en Roma, sino to- 
dos y cada uno de los Centros ó entidades que poseían Archivos 
TOMO Lxvm. 6 



o2 boletín de i,a real academia de la historia 

y fuentes para realizar una colaboración científica del mayor em- 
peño y de la más alta utilidad. 

Como en el núm. V se especifica, la Academia fué puesta bajo 
el Patronato de vSan Fernando y en manos de la Majestad de Fer- 
nando VI, á quien se le pidió la aprobación de los estatutos, y, 
por el fin principal de la institución y lugar donde se creaba, se 
la sujetó á la protección y censura de Benedicto XIV, mas á la de 
los Cardenales Secretarios de Estado y Breves y Datarlo, y á la 
del Ministro de Estado en la Corte, y en Roma á las del Embaja- 
dor y Cardenal protector de España. 

Se la dio un Presidente que había de ser uno de los dos Au- 
ditores de la Rota; dos Priores, elegidos entre los seis Académi- 
cos de número, incluyendo al Secretario; poniendo por condición 
á todos ellos la de ser español y la de estar en la Curia á la pre- 
tensión. 

La forma de ingreso había de ser solicitada por Memorial, ex- 
presando edad, años de Curia, Patria y estudios, y una vez dado 
el Decreto para la admisión, era menester sufrir un examen ante 
el tribunal, formado por tres Académicos y el Secretario, que 
consistía en traducir un historiador latino y en componer una 
monografía histórica, en lo que podía emplear el tiempo que qui- 
siese. Una vez presentado el trabajo, en la primera junta se exa- 
minaba, fallaba y votaba la admisión ó la negativa definitiva. 

El cuerpo se dividía en dos partes: una formada por los Com- 
positores y otra por los Colectores; los primeros, que eran los 
más antiguos, hacían la redacción y determinaban el aprovecha- 
miento del material; los últimos lo buscaban, copiaban y recogían, 
y por tal medio se distribuía el trabajo, de modo que cada grupo 
constituido por un Compositor y cinco Colectores, repartidos los 
temas, trazaba el suyo con los datos aportados por sus auxilia- 
res, con los cuales hacía una redacción que en junta se sometía á 
la discusión y censura. 

Tenían los Colectores la obligación de dar á los otros las sig-- 
naturas de aquello que encontraban que les pertenecía, y un Com- 
positor la de dar la última mano á los trabajos dados por defini- 
tivamente concluidos. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 83 

Volvemos á repetir que de todo este organismo nada hemos 
tíncontrado que pueda ser tenido como resultado de sus investi- 
gaciones, salvo los Prolegóinenos de la Academia de la Historia, 
que juntamente con los documentos que se aportan á estas No- 
ticias, están en Simancas en el legajo antiguo 5-074> rnoder- 
no 1.856, entre la documentación de Estado, Roma(l748 á 1753), 
en los que se dice: «que se formaba por varios Españoles erudi- 
tos». De las actas que tenía el deber de levantar el Secretario de 
la misma de las sesiones que celebraba la Academia, lunes y vier- 
nes, nada he hallado, y es verdaderamente extraño estando á su 
cargo, con el cometido dicho, los de guardar la correspondencia 
de España y el de conservar librería é imprenta, y aún lo es más, 
si se tiene presente que á los miembros del instituto les manda- 
ban las Ordenanzas hacer un panegírico de San Fernando el 30 
de Mayo en sesión solemne. Si alguno se hizo y se conserva, es 
punto aun sin aclarar, pero tal vez reservado para el que logre la 
tlicha de conocer los miles de papeles de todo tiempo que fuera 
de legajo estaban almacenados, con descuido incalificable, en las 
bases de la estantería de los cerrados en carpetas. 

Pero antes de bosquejar nuestro Archivo, concluiremos de ex- 
poner las noticias que el documento \^I nos da sobre la necesi- 
■ lad de la fundación de la Academia, y dicv^, que siendo lo que 
distingue á las naciones Bárbaras de las Cultas, el cuidado en con- 
servar las noticias históricas, la nuestra, si había de aparecer en- 
tre las segundas, estaba necesitada de una Historia Eclesiástica, 
y de ésta más que de la profana por ser su materia de las que 
merecen mayor atención y tienen superior fin, y especialmente 
por la brillantez de la Española, siendo tantos sus celebérrimos 
Concilios, tantos sus Prelados ilustres y tantos sus varones nota- 
bles en virtud y letras. 

En el mismo documento, en su párrafo 4.°, se expresa que los 
Académicos sean clérigos seculares y no regulares, por las pre- 
ferencias que éstos suelen querer sobre aquéllos. 

Del plan científico, se podría escribir mucho; pero ni el mar- 
gen de estas Notas, ni el propósito de ser breves, permiten decir 
sobre él otra cosa que, á la par que estaba bien pensado, fué tra- 



84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

zado con no poca cultura y conocimiento de lo que era preciso 
tener en cuenta. 

Muerta esta institución, estaba España completamente desam- 
parada en el campo de la investigación, dejando que los extran- 
jeros de otros Institutos, generalmente prevenidos contra nuestro 
país, salvo excepciones ilustres, se sirviesen de la documentación 
base de la historia de nuestra patria, en forma las más de las \e- 
ces llena de errores de interpretación, cuando no de deliberadas 
tergiversaciones de espíritu y letra, y aunque esta razón no fué 
ni podía ser la única que presidiera para montar en Roma un 
Instituto de Estudios Históricos, sino la muy principal y la más 
atendible, de no permanecer sin él, donde tanto se archiva que 
nos afecta, reconoció la Junta para ampliación de estudios, re- 
cogiendo, como dice el preámbulo del Real decreto de fundación^ 
los deseos de la ilustre Corporación á que me dirijo, que era me- 
nester se estableciese uno del mencionado carácter en la capital 
de Italia, y para hacerlo y llevarlo á la práctica contó con la 
cooperación de un grupo de jóvenes, casi la mayoría miembros 
activos del Instituto de Estudios Catalanes de Barcelona, y poste- 
riormente con la del Sr. Gil Robles y el Benedictino D. Luciano 
Serrano, montando, bajo la dirección del profesor ilustre D. Ramón 
Menéndez Pidal, el nuevo Centro que, por tantos títulos exigían 
el decoro nacional y el desarrollo y cultivo de los estudios históri- 
cos. Y en el Palacio de Monserrat del patrimonio pío de España, 
vencidas muchas dificultades, inconvenientes y obstáculos, pudo 
al fin lograrse por el patriótico apoyo que prestó á la obra el 
Sr. González Hontoria, por la constancia de la citada Junta, y celo 
del Sr. Pidal, director de la Escuela, y del entonces entusiasta 
secretario de la misma, el Sr. D. Juan Pijoán, que se cediese 
en dicho Palacio una parte del piso alto, destinada nominal- 
mente desde mucho tiempo á hospital de la mencionada Obra 
pía, y que por cuenta de la misma y de la Junta se acondicionase 
del modo que la calidad del nuevo Centro y la dignidad de España 
obligaban. Y desde entonces, añode IQII, á la fecha, en que por 
las circunstancias impuestas por la guerra se ha suspendido tem- 
poralmente la vida del Instituto, éste ha dado todo cuanto podía 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS Sjj 

conceder, en período en que la organización, la orientación y el 
establecimiento definitivo tanto tiempo llevan y distraen. Así y 
todo, de la labor del primer grupo, quedan los cuadernos I y II 
de trabajos de que tiene noticia la Academia; de la que ha he- 
cho el segundo, son parte las publicaciones del citado Padre Be- 
nedictino, que están sometidas á Informe de la docta Corpora- 
ción que V. E. tan dignamente preside, el Catálogo de manus- 
critos españoles, que dejó casi terminado el Sr. Robles, sobre la 
Biblioteca Casanatense, y que una vez concluido del todo será 
impreso oportunamente, y las obras en prensa del que estas lí- 
neas traza, versando una de ellas sobre la política española y de 
los demás países católicos de Europa en el Cónclave de 1774 á 
1775, para mantener la supresión de la Compañía de Jesús, com- 
puesta con 333 documentos inéditos de los Archivos de la Em- 
bajada de España en Roma ante Su Santidad y del General de 
Simancas. 

Si para cuando cesen las circunstancias actuales se une á la or- " 
ganización dada ala Escuela Española por la Junta para ampliación 
de estudios y por su Director D. Ramón Menéndez y Pidal, la co- 
laboración que pueden prestar los clérigos de la Iglesia nacional, 
transformando sin perjudicar su piadosa misión, el régimen bajo el 
cual actualmente se ejercitan, nuestra Escuela tendrá el esplendor 
y la actividad que sus primeros miembros, con tan buena volun- 
tad como sincera modestia, han deseado darla. Para ello, no se han 
limitado á estudiar los Archivos, á recoger las notas precisas para 
utilizarlos, ni á trabajar sin cesar aprovechando todo el día, sino 
que alguno ha habido que secundando el espíritu de la fundación, 
procuró atraer al Instituto álos hispano-americanos, y prueba gra- 
tísima y solemne de esa acción, fué el acto que para dar oficial 
apertura del nuevo Centro se celebró en él el 12 de Junio de I914, 
al que asistieron, con todos los representantes de los demás Ins- 
titutos de igual índole y profesorado italiano de la materia, todos 
los españoles y americanos, y los dos Embajadores de España en 
Roma, hecho señaladísimo que desde 1870 no se había alcanzado 
por impedirlo y dificultarlo las relaciones políticas entre la Santa 
Sede y el Ouirinal, y al lado de ellos se sentaron Obispos ameri- 



86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

canos y los Representantes de las Repúblicas, pronunciando el 
único discurso de fiesta el Encargado de Negocios del Perú ante 
Su Santidad, D. Pedro José Rada y Gamió, quien, aprovechando 
el Centenario de Santa Teresa, hizo brillantísima oración sobre el 
tema La vtujer incovipar'ablc (l), mereciendo de la docta concu- 
rrencia el más justificado y caluroso aplauso. Obra también del 
aludido grupo de pensionados, consentida y aprobada por nuestro 
sabio Director, es la formación de la «Biblioteca de la Escuela», 
á cuyo fomento ha concurrido la Academia de la Historia, el Con- 
greso de los Diputados, las otras Academias y S. M. el Rey, te- 
niendo D. Alfonso XIII la espléndida largueza de conceder, con 
destino á la misma, todos los duplicados de su rico tesoro, lla- 
mado «Biblioteca de Palacio». 

En el mismo tiempo cristalizaba, por influencia del nuevo Em- 
bajador, Excmo. vSr. Conde de la Vinaza, la idea que aceptó y qui- 
so llevar á cabo en los meses de su ministerio el Excmo. señor 
D. Fermín Calbetón, de entregar á la Escuela la ordenación, ca- 
talogación y utilidad científica del fondo del Archivo y Biblioteca 
de la Embajada, y por Real orden del 6 de Mayo de 1914, se 
encargó al ya nombrado P. Serrano y al que informa, con nom- 
bramiento de Archiveros, la ejecución de lo indicado. En con- 
secueneia de lo dispuesto se comenzó á inventariar el fondo, á 
separar los papeles almacenados y á clasificarlos según el orden 
de los Ministerios y de las materias, y á trazar su catalogación. 
Contiene el Archivo tres partes: una formada por 49 1 obras ad- 
quiridas en tiempo de Floridablanca, de la Biblioteca privada de 
la Casa Profesa de Jesús, todas ellas riquísimas, en las que se ha- 
llan algunas sobre misiones, otras sobre vidas de varones doctos 
ó ejemplares, y no pocas acerca de los censos de la misma Com- 
pañía, adornadas las más con preciosos grabados y no pocas con 
mapas dignos de la mayor atención, contándose uno de 1 76 1, que 



[\) Esta conferencia fué editada en folleto de 26 páginas en 4.°, con 
cuatro grabados, uno en la portada y tres repartidos en láminas indepen- 
dientes entre el texto, en los cuales se reproducen la pintura de Baradino 
y las esculturas de Berunu. Roma. Imp. de Federico Pustel, 1914. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 87 

es el jesuítico de todo el mundo; la otra la forman los Bularlos 
y colecciones de Breves, los libros de contabilidad de la Obra 
pía, de pasaportes y cuentas extraordinarias, algunos Tibros im- 
presos de poco valor, y los 200 volúmenes manuscritos que en 
su mayoría trazaron los Archiveros D. José García del Pino 3- 
D. José Nipho, á quien sustituyó el primero, y por quien á su vez 
fué sustituido, mediado el giglo xviii, sobre diversas materias, y, 
finalmente, por el fondo documental, donde existen riquezas no- 
tables. Entre ellas cartas confidenciales del xviii, de Roda, Aranda, 
Tannucci, Grimaldi; billetes reservados de los Cardenales en 
Cónclave del mismo siglo y de los anteriores, relaciones secretas 
de las dichas Juntas en que pesó la influencia ó el ejercicio de ex- 
clusiva de España y preciosa y complementaria corresponden- 
cia con Despachos de los Embajadores, desde D. Juan Manuel, 
Embajador de Carlos V, á nuestros días; documentación sobre 
Ordenes religiosas, Patronatos, Privilegios Pontificios, negocia- 
ciones concordadas, Fundaciones, Postulaciones é introducción y 
presentación de causas de Santos españoles; bastante sobre Orde- 
nes militares, pleitos matrimoniales y expedientes de separación 
y nulidad de matrimonios; no poco sobre Obispados y rivalida- 
des de jurisdicción, y mucho sobre América, y notable colec- 
ción de instrucciones referentes á política mternacional. Lo que 
está encerrado en legajos que tienen espléndidas carpetas rojas, 
adornada la principal con una etiqueta que sobre los colores na- 
cionales lleva en la parte alta la corona real, y debajo el título 
del Archivo, y en un extremo, sobre placa de papel blanco, el 
núm_ero del paquete en signos negros: se reparten conteniendo, 
principalmente, Despachos y contestaciones á los mismos, la 
Contabilidad de la cuenta del extraordinario, la Agencia de Pre- 
ces, las Auditorías de la Rota y las Postulaciones impresas. Exis- 
ten en algunos valiosa iconografía, y, en general, una fuente para 
suplir en Roma parte de la Sección Estado del Archivo de Si- 
mancas. 

Al Sr. Merry del Val se debe la magnífica estantería en que 
están guardados, y á él seguramente se le tendría que sumar la 
gloria de la catalogación, si el Archivero de su tiempo hubiera 



88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tenido mayor celo y más cuidado por hacerla, pero, desgraciada- 
mente, después de diez y ocho años de residencia en Roma, su 
paso no merece más que una severísima censura, por haber de- 
jado tan deliberadamente enredado el fondo á su cargo, y por no 
haber tenido compasión para separar siquiera los 16.OOO docu- 
mentos que, apilados, de cualquier modo, cerraban las bases de 
la estantería. Los catálogos antiguos, hechos algunos en tiempos 
de la Academia de Historia Eclesiástica, fueron inutilizados, poi- 
que la agrupación en que encontramos el Archivo á ninguno co- 
rrespondía, y es más, y lo más inconcebible, que entre los lega- 
jos cerrados no existía ni la más elemental ordenación cronoló- 
gica, pues el núm, I tenía papeles de 1 714, y luego el 200 del 
siglo XVI, y el 300 del xvii, y el 600 de nuevo, del xviii. 

Afortunadamente, antes de abandonar á Roma, en Julio del 
año pasado, dejamos comenzado el inventario general, y el P. Se- 
rrano en vías de terminación el catálogo del xvi, que después 
ha podido ultimar y dar á la imprenta. 

No es éste el único fondo que ofrece con el de la Biblioteca 
y Archivo Secreto del Vaticano, solamente fuentes al investi- 
gador español en Roma; poseen una buena parte interesante á 
España, los 6.200 manuscritos de la Biblioteca Nacional de Víc- 
tor Manuel, los 2.343 de la Angélica, antigua junta de la Orden 
Agustiniana; los 5-451 de la Casanatense, de los que, como se ha 
dicho, ha hecho catálogo el que fué individuo de la Escuela Es- 
pañola, Sr. Gil Robles, y de donde he sacado del Index ¿ih'onim 
Mamiscriptorum de ella, redactado en cuatro tomos, lo que afec- 
ta al Reinado de Carlos V, entre lo cual se encuentra el vol. 2.348, 
«Codex Milcell in fol. fere totus ad Carolum V referentur», y 
otros que al mismo reinado del Emperador tocan, como los 
vols. 2.417, 2.084, 2.263, 2.406, 2.403, 2.316, 975, 2.367, 802, 
2.980, 2.035, 425 y 2.044; los 2.500 originales de la magnífica 
de los Corsinis; las privadas del Príncipe Doria, á quien debemos 
la señaladísima atención de habernos dejado tomar copia de los 
documentos del tiempo de Andrea Doria, tanto más de agrade- 
cer, cuando tal permiso jamás había sido concedido por la casa 
á estudioso extranjero; el famoso de los Chigi, rico en toda clase 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 89 

de copias y originales; el no menos importante de los Colonnas, 
y el reservado de los Padres Agustinos, del cual he sacado copia 
de los Regestas y de las Cartas Reales de Carlos I y Felipe II á 
los Generales Agustinos sobre reformación de la Orden y evan- 
gelización de América; el de la Casa Generalicia de los Tiñnita- 
rios descalzos, en cuya Biblioteca está, por donación, la muy rica 
sobre materias religioso-históricas españolas, del que fué Mon- 
señor Benavides, y con otras muchas que se podían citar al lado 
del Archivo de Estado de Roma, del que separadamente se 
habla; la que es hoy Biblioteca de los Padres Doniinicos Espa- 
ñoles del SS. Rosario de Filipinas en Roma, que antes de que se 
la cediera el último General de los Trinitarios calzados, P. Bie- 
nes, perteneció á su Orden hasta 1 893, en la que se hallan Re- 
gestas de los actos de los dichos Religiosos, relaciones españolas 
de Cónclaves, y un caudal de papeles, manifiestos, cartas y ban- 
dos relativos á las guerras carlistas, que demuestran, como los 
libros de cuentas, el apoyo y la adhesión económica que los hoy 
extinguidos frailes de la antigua rama, prestaron á la causa de 
D. Carlos. 

De Milán, como se verá por la reseña de la bibliogratía de la 
Ambrosiana, del Archivo de Estado y del privado de la casa Tri- 
bulzio, algo más pudiera añadirse sobre otros de no escaso inte- 
rés, pero sería ampliar estas breves noticias en forma que no co- 
rrespondiera á mis deseos. 

Por todo lo expuesto y por cuanto dirán los apuntes sobre los 
archivos de Estado de Italia, fácilmente queda manifiesta la ur- 
gente necesidad que había de suplir la fugaz existencia de la Aca- 
demia de Historia Eclesiástica de España del siglo xviii, creando 
la Escuela española de Arqueología é Historia, que ha tenido su 
cuna en el siglo xx, y también se comprenderá por qué las demás 
naciones han fundado con anterioridad á la última Institutos his- 
tóricos. Y antes de tratar por más extenso de los fondos italianos 
oficiales, daremos una idea de los indicados y de la causa que 
contribuyó más poderosamente á que se organizasen. 

La gloria de este incremento se debe á la grandeza del Papa 
León XIII, que se interesó por los dichos estudios empleando 



90 boletín de la real academia de la historia 

como medios más adecuados con la apertura del Archivo Secretoy 
por disposición de 1880 dirigida á los Cardenales de Lucca, Pitra 
y Hergenroeter; la adquisición de nuevos fondos y la incorpora- 
ción de otros que pertenecieron á la Santa Sede y que en distur- 
bios y por azares de guerra le habían sido usurpados. Y cuéntanse 
entre éstos, unos I 50 volúmenes de originales manuscritos de Bre- 
ves que en 1 884, monseñor Weurel, subarchivero, hizo traslada r 
por orden pontificia al Archivo Vaticano, que estaban separados^ 
de él desde la época en que se verificó su devolución de París, 
dando así una fuente más, del tiempo medioeval, á los estudiosos 
y diplomáticos, y una pauta para la aclaración de las complica- 
das reglas de la Cancillería Apostólica, que en vano se deducirían, 
de los mismos originales, s¡ no les acompañasen las útilísimas no- 
tas marginales, que ofrecen mayor luz que los documentos mis- 
mos; los 99 volúmenes de registros de Súplicas, que como los an- 
teriores pertenecían á la Dataría, que comprenden las del tiempo 
de Clemente VI á Martín V; los 6.000 registros de Dataría, d^- 
Martín V á Pío VII, que fueron ordenados en 1835, según Mo- 
roni (l), y llevados á la Vaticana, con los 6.Ó90 de registros d>" 
Súplicas del mismo período citado últimamente en 1892. Añadi(> 
el Papa León XIII á todos estos elementos para el trabajo, por 
otra disposición, el tesoro de los 3.000 volúmenes de letras pon- 
tificias que se hallaban en el Archivo Lateranense, lo cual se 
realizó en 1885; el fondo Borghese, de 1. 928 volúmenes, que lo 
adquirió en Noviembre de 1 891, y lo unió al Archivo Vaticano, 
el cual ilustra y completa mucho de lo que carecía respecto á los 
siglos XVI y XVII (2); las cartas farnesianas, que compró en 1889, 
útilísimas para la historia del Concilio de Trento, y más adelante,. 
50 volúmenes de relaciones de embajadores de diversos gobier- 
nos cerca de la Santa Sede, que se pagaron á los herederos del 
Príncipe Visconti y creó, por último, el centro de Paleografía. 



(i) Diccionario^ vol. 19, pág. 114. 

(2) La Biblioteca Vaticana en 1891. Reviiedes Biblioteques,\-\\ París 191 2. 
Inventario que hizo el Instituto Prusiano cuando trató de venderse el ci- 
tado fondo, que luego regaló á la Santa Sede. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 9f 

La junta de tanta riqueza tenía además del fin indicado ya, 
otro no menos interesante para la Iglesia, el de proporcionarla 
todas sus fuentes para que no se alterara su historia ni pasaran 
como induscutibles acusaciones del todo falsas vertidas contra 
los Papas y el catolicismo, y para lograr el uno el y otro, abrió 
á los investigadores las puertas de la Biblioteca Leonina y del Ar- 
chivo Secreto, y consintió que acudieran de todas las naciones 
estudiosos de ellas, sin ponerles cortapisa ni dificultad por su reli- 
gión ó personales ideas. Y efecto de esta tolerancia y plausibles 
providencias, que tienen por fecha la del 1 5 de Agosto de 1 883, 
fueron la creación y el aumento de los Institutos extranjeros de 
Estudios Históricos, para lo cual el mismo Pontificado invitó á las 
naciones, rogándolas que afluyeran sus varones de estudio á for- 
mar sobre la documentación vaticana, trabajos serios y coleccio- 
nes fundamentales (i). 

No pocos fueron los que se dedicaron á la tarea de estudiar los 
fondos, ya para determinarla particular utilidad que para sus na- 
ciones tenían ó bien para conocer en general lo que representa- 
ban, y entre muchos trabajos están para demostrarlo los de M. Ber- 
ger, con Les registres de Inoc IV, París, 1884; Die Kamp, con 
Die neiive literatur zitr papsllichen Diplomatik, 1883; el Sr. ü. Ri- 
cardo Hinojosa, con los Despachos de la diplomacia pontificia en 
España, Madrid, 1896, obra siempre elogiada y mayormente en- 
salzada por lo mucho que reunió en ella en período de tiempo 
relativamente corto; M. Geffroy, en UEcole Frangaise de Rome^ 
París, 1884, y en tiempo recientísimo la acabada Guía de los Ar- 
chivos Viatícanos, del director del Instituto holandés. Monseñor 
Bronn, editada en Roma en 1913. 

Por la serie de estas primeras luces organizaron los Gobiernos 
Misiones extraordinarias, Pensiones, Comisiones é Institutos de 
doctos y estudiosos que emprendieron labores con los fondos ci- 
tados, y entre las primeras de carácter permanente figura la Es- 
cuela francesa. A su mayer rango de antigüedad, unida va la com- 
petente y entusiasta dirección y producción de Dumont, Geffroy 



(i) Camillo: Istituie e sciiole storiche. Roma, i vol. vid., pág. 86. 



92 boletín de la real academia de la historia 

y Duchesnes, quienes desde 1 873 la han dado savia para que lo- 
grase el mayor florecimiento, instalándola en 1874 en el monu- 
mental Palacio Farnesiano de Roma, donde tiene á su vez digna 
residencia la Embajada de la República vecina. 

Ha realizado en el período que media desde su fundación acá 
su doble objeto de investigar las antigüedades clásicas y las me- 
dioevales, obteniendo para el segundo un resultado excelente 
consultando el Archivo Vaticano, así como óptimo en las inves- 
tigaciones históricas, desde que se inspiró en la Escuela benedic- 
tina francesa del xvii y xvín, cuyas tradiciones ha sabido conti- 
nuar espléndidamente, señalándose en la época Carlovingia, pre- 
ferentemente escogida para sus temas, como la escuela alemana 
ha escogido la del Imperio de los Ausburgos, sobre todo otro, 
aunque sin abandonar lo demás. En dicha labor plantearon los 
franceses el estudio de los problemas sociales, hasta entonces ja- 
más discutidos ni tratados. 

El resultado científico de esta Institución ha sido maravilloso, y 
ella es la que más ha influido para crear la beneficiosa estimula- 
ción que ha dado mayor actividad á las otras de los otros países. 

Actualmente está bajo la dirección del sabio Monseñor, indi- 
viduo de la Academia de Francia, M. Duchesne, y posee una rica 
Biblioteca para auxiliar los trabajos, que la componen 48.000, vo- 
lúmenes sobre materias históricas de Francia. Cauchie y Geoffoy 
se han ocupado de dar noticias de la Escuela francesa. La direc- 
ción es por seis años, y los individuos que han de pertenecer á 
la Escuela son enviados de entre los candidatos propuestos por 
la Escuela Normal Superior, de la Escuela de Cartas y de la de 
Altos Estudios. Omitimos la reseña de las principales publicacio- 
nes de este Centro, por haberlo hecho ya de la parte principal 
I). Eduardo Ibarra y Rodríguez, en su trabajo Docnmentos ara- 
goneses en los Archivos de Italia: Apuntes para un invantario^ pu- 
blicado en Anales de la Junta para ampliación de estudios é in- 
vestigaciones científicas, tomo iii. Memoria segunda. Madrid, 
191 1, págs. 57 á lOÓ del tomo y 94 de la cita. 

Le sigue cronológicamente el Instituto Austríaco de Estudios 
Históricos, inaugurado en 1 88 1 y reformado en 1 890, dándole la 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 93 

organización que tiene hoy por Real decreto de r de Junio. For- 
man la Corporación un Director, un Secretario y l6 miembros,, 
quienes en los años anteriores al QO del xix, se ocuparon de la 
Historia de Austria en la Edad Media, y después de las Nuncia- 
turas, y la mejor y más acabada expresión de sus labores es la 
obra de su Director el Sr, Pastor, autor, como sabe la Academia 
de la Historia, de la de Los Papas, que tan famosa se ha hecho 
y tanta luz ha aportado á las investigaciones. 

El Centro austríaco ha formado ahanza con el alemán, y con 
él se ha repartido los trabajos, por cuyo camino han conseguido 
publicar numerosos trabajos de primer orden. Como la Escuela 
Francesa, posee rica y nacional Biblioteca, y de su acción dan 
cuenta la Revista Wiener Zeitmig Discussag, den 24 Jul. 1883; las 
relaciones publicadas en Mittlieiluiigen, 1. v (1884), págs. 128 y 
sig. en la 618, en el 1. vi (1885), de la 140-155 y 203-233; el xiii 
C1892), págs. 367-376 y &Qy(^6'j, y el xvii (l8g6), pág. 202; la 
Deussche Zeitschrist für Geschichsswissens chaft., 1. m (1891), pá- 
gina 248; así como C. Re en Institiiti o Scuole storiche^ etc., é Iba- 
rra en la obra ya nombrada, pág. 97, en donde figura lo más se- 
lecto de los trabajos estampados. 

El Instituto Histórico Prusiano, establecido en 1 888, es uno dfe 
los que actualmente absorben por entero la atención de los es- 
tudiosos, por su actividad, por la rica y particular librería que 
tiene, que excede la cifra de 50.OOO volúmenes, por la variedad 
de sus trabajos y por esa inclinación inconsciente muchas veces, ó 
poco reflexiva, que tienen los hombres y los pueblos para admi- 
rar y copiar lo que hacen aquéllos de quienes se falla que están 
á la cabeza de la civilización. Es su organización tan heterogénea 
como el Imperio, y concurren á trabajar como miembros, no sólo 
alemanes de todos los Estados, sino grupos que mantienen los 
últimos por cuenta especial, y algunos otros que los mandan con 
particular misión. Todos se hallan sometidos á un Director y están 
vigilados por el Secretario del Centro, así como lavorecido por 
la acción gubernamental de Alemania, que sabe ampararlos y 
proporcionarles todos los medios para llenar perfectamente su 
cometido. 



94 boletín de la real academia de la historia 

Para dar elementos á la Historia general de Alemania, cultivaa 
algunos de los individuos de este Centro las historias particulares 
de sus regiones, y entre los que recibieron tal encargo y realiza- 
ron estas empresas están los Sres. Dr. Scheller, Dr. Von Bippen 
y el estudioso Damy, enviados por el Senado de Bremen los dos 
primeros y por la provincia de Dantrig el último. La colección 
más notable de las publicaciones de esta entidad, son las Nuncia- 
turas de 1538 en adelante, pero con toda modestia nos permiti- 
mos decir que tienen el defecto, como la obra del Sr. Pastor sobre 
los Papas, de atribuir en general la grandeza de España al Im- 
perio, y á éste casi todo lo que hizo de notable la primera en el 
Centro de Europa, La causa de este criterio se explica si se tiene 
en cuenta que en estas obras para nada se ha tenido presente la 
Sección Estado de Simancas, ni en general nuestra producción 
histórica. 

Completan el trabajo histórico de esta Institución, la católica 
alemana del mismo carácter y la Arqueológica del Imperio en 
Roma, de la cual Von Augusto Mau ha publicado, en I913, el Ka- 
talog der Biblíothek des Kaiserlich Deiitschen Archaologischen 
Institiit in Rom. Imp. von Loescher, n. C.° Roma, casa que tam- 
bién edita las del primero, liibliothek des Konigl Preussischen 
Historischen Instituts in Rom. 

Respondieron también á la iniciativa de León XIÍI el Reino de 
Hungría, el que, merced á una suscripción nacional, pudo reunir 
200.000 liras y mandar una Comisión para investigaciones, que 
quedó afianzada concretándose el encargo á cinco miembros, que 
con sus trabajos forman la Monainenta Vaticana Regni Hitnga- 
rice Historicam IlUistrantia, Budapest, 1 884- 189 1, de cuya labor 
habla Carini en Lettere e i registri de¿ pp-, pág. 12 1 ; Cracovia, or- 
ganizando una misión en 1 886; los Países Escandinavos, encar- 
gando la copia de los documentos á ella referentes al Dr. K. H. 
Harlson, y después á una pequeña y permanente agrupación, la 
de los Registros pontificios que les afectan; Suiza, disponiendo 
en 1876, que se tomasen las gestiones completas de los Embaja- 
dores ó Residentes de los varios Estados de Suiza en Roma, á 
costa de la Confederación, lo que realizó Gaspar Nirz, continúan- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 95 

dose ahora la transcripción de los del xvt al xviir, y la norma de 
estas investigaciones se ajusta á la desarrollada en Repertoriiim 
Germaniaivi, por el Instituto prusiano. 

Inglaterra, Bélgica y la Holanda, y más recientemente los Es- 
tados Unidos, han constituido sus Centros, y todos ellos se dedi- 
can, sin olvidar la historia general, al especial cultivo de la pro- 
pia, tomando copias de todos los Registros y documentos que 
inmediatamente les corresponden. 

En general todos estos Centros están mantenidos oficialmente 
])or sus Gobiernos, con dotación para su vida y sus impresio- 
nes y trabajos; con un Director fijo que habita ó no en Roma, 
con un Secretario y algunos miembros permanentes, á quienes 
se suman los que van á hacer un trabajo determinado, ó á llenar 
una misión especial ó á completar su preparación para acometer 
empresas de vuelos. 

En todos ellos se les tiene en cuenta á todos sus miembros su 
labor, y si á los de estancia fija se les garantiza la situación econó- 
mica que les asegure la tranquilidad de dicho orden, necesaria 
])ara hacer sin preocupaciones de ese carácter los trabajos, á los 
que pasan á Roma por limitado tiempo, sus Estados se los estiman 
para proporcionarles ventajas sobre quienes dentro de la activi- 
dad no tiene á su favor investigación alguna. En todo el año de 
1913-I4, éramos en Roma, oficiales ó libres, religiosos ó segla- 
res, unos 500 investigadores de todos los países. 

El ideal del nuestro, ya que la Junta para ampliación de estu- 
dios ha organizado en local nacional la Escuela Española de 
Roma, debe ser que, al reanudarse su vida se establezca una co- 
laboración científica, además de la que tiene directamente con el 
Centro de Estudios Históricos de Madrid, de correspondencia 
con la Academia de la Historia, que enlace las relaciones y dé las 
facilidades de que tienen necesariamente que disponer los miem- 
bros de la primera para su investigación y que en lo sucesivo evi- 
te que encuentren las remoras y dificultades administrati\as y las 
originadas por los reglamentos con que tropiezan hoy. También 
será preciso que en Simancas, ó se organice una casa para es- 
tudios con dotación del Estado, para que no vuehan á estampar- 



96' BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

se las veladas, pero justísimas censuras, que en su folleto Les 
Archives de Simancas au point de viie de V Histoire des Pays da 
Nord-Baltique, (jencve, Imp. E. Chaulmont, 19 1 2, de 105 pági- 
nas, y con un plano del Castillo, pone mi amigo el Sr. D. Enri- 
que Biaudet, Miembro de la Academia y Jefe de la Misión his- 
tórica Filandesa en Roma, que permita venir á los extranjeros 
que lo desean y no lo hacen por lo incómoda que resulta la es- 
tancia en el dicho pueblo, ó que se traslade de una vez su fondo 
«Estado» al Archivo Histórico Nacional, desatendiendo las pro- 
testas de Valladolid, que lo quiere retener sin saberlo estimar, 
ni servir como merece. 

Muchas otras notas, observaciones é ilustraciones pudiéramos 
añadir á esta desaliñada información, pero se hace ya tan exten- 
sa, que sólo toca detallar en síntesis los Archivos de Estado de 
Italia, y como de los xix que son, los de Gagliardi, Brescia, Luc 
ca, Massa y Reggio Emilia, apenas nos interesan, hablaremos 
únicamente de los restantes y de aquellos de Milán que, junta- 
mente con el de Estado, tienen más relación con nuestra histo- 
ria ó son dignos por otro concepto de que aquí se dé de ellos al- 
guna explicación. 
{ Conflnuard.) 
Madrid, 21 de Mayo 19 15. 

Enrique Pacheco y de Ley va. 



DOCUMENTOS OFICIALES 



LÁPIDAS HEBRAICAS DE TOLEDO 

ExcMO. Sr.: 

En el asunto de que se hará mérito, la Junta facultativa de 
Archivos, Bibliotecas y Museos, ha emitido el siguiente Informe: 

«Leída una moción de la Real Academia de la Historia pro- 
poniendo el traslado de las lápidas hebraicas existentes en el Mu- 
seo Arqueológico de Toledo al Centro de Cultura hebraica for- 
mado en aquella capital en la sinagoga del Tránsito, en atención á 
que, hallándose cerrado aquel Museo por las condiciones ruinosas 
del edificio que ocupa, no pueden ser estudiadas por los doctos 
tan interesantes inscripciones, esta Junta, en sesión del día 7 del 
corriente mes, acordó informar á V. E. que no encuentra incon- 
veniente en que las mencionadas lápidas pasen en depósito al 
Centro de Cultura hebraica, establecido en la sinagoga del Trán- 
sito, haciéndose constar en los rótulos que pertenecen al Museo 
y que se custodian en aquel Centro en calidad de depósito.» 
Y conformándose esta Subsecretaría con el preinserto Informe, 
se ha servido resolver como en el mismo se propone. Dios guar- 
de á V. E. muchos años. Madrid, 2^ de Diciembre de IQIS- — El 
Subsecretario, Natalio Rivas. — Excmo. Sr. Director de la Real 
Academia de la Historia. 



NOTICIAS 



En la sesión del lo de Diciembre último se procedió, en cumplimiento 
<ie las disposiciones reglamentarias vigentes, ala elección de cargos, sien- 
do los sujetos á este trámite en el año último el trienal de Director y los 
.inuales de Tesorero y Adjunto de la Comisión de Hacienda. Las tres vo- 
taciones resultaron por unanimidad, siendo reelegidos Director el Excmo. 
Sr. D. Fidel Fita; Tesorero, el Sr. Herrera, y Adjunto, el Sr. Pérez Vi- 
llamil. 

Han sido elegidos Correspondientes de la Academia: D. Luis María de 
Uriarte, en Vitoria; el General D. Ricardo Burguete, en Zamora; el padre 
franciscano Fr. Atanasio López, en Pontevedra; D. Emilio Alcalde del 
Río, en Santander; D. Pelayo Artigas y Corominas, en Soria, y D. Euge- 
nio Sánchez de Fuentes, en la Habana. 

A noticia de la Academia ha llegado la del fallecimiento de sus Corres- 
pondientes en la República de Colombia Sres. D. Carlos E. Putna, D. Pe- 
dro Ceballos Salvador y D. Jesús Casas Rojas, por cuyas dolorosas pér- 
didas acordó la Corporación constase en acta su sentimiento. 



El Excmo. Sr. D. Fidel Fita, Director de la Academia, ha sido nombrado 
Socio honorario de la Société de Etiides Juives, en París, por sus múltiples 
trabajos acerca de la «Historia y Epigrafía hebraica de la Península 
ibérica». 



La Academia ha aceptado con vivo reconocimiento el legado testamen- 
tario del Sr. D. Pablo Bosch, consistente en un precioso pergamino que 
contiene el diploma original de la fundación del monasterio de Santa 
María de N ajera. 

Ya se han recibido en quince cajones los papeles y libros del legado 
testamentario del que fué nuestro Correspondiente en San Fernando, el 
Capitán de fragata D. Emilio Croquer y Cabezas. 

La Comisión nombrada por la Academia entiende en su clasificación y 
catalogación. 



En una de las pasadas Juntas informó D. José Ramón Mélida del traba- 
jo presentado por D. Vicencio Álvarez, relativo al Puente de Mantible, 
manuscrito de 419 cuartillas, más su índice y numerosos dibujos y fo- 
tografías, todo lo cual constituye materia abundante para un libro. No es 
una simple monografía de tan importante monumento romano, sino que 
se extiende á un estudio técnico de su construcción y a un plan de re- 
construcción, cuestiones ambas que están muy en armonía con los cono- 
cimientos y prácticas facultativas con que está familiarizado su autor, 
pero que no interesan, á lo menos de un modo directo, á nuestra Acade- 



NOTICIAS 99 

mia. Apreciado eJ trabajo desde el punto de vista arqueológico, se advier- 
te que el Sr. Álvarez le ha dado desusada amplitud, y aun puede decirse 
que amplificación, pues ha tocado varios puntos de Geografía histórica y 
trata asimismo de la vía romana llamada de la Plata. Acertado parece 
cuando hace un estudio comparativo de dicho puente de Alconetar, lla- 
mado de Mantible, y el puente de piedra y madera tendido sobre el Da- 
nubio, por exigencias de la conquista de la Dacia, y que se ve represen- 
tado en la Columna Trajana de Roma. Efectivamente, ambos puentes son 
de idéntica traza, con arcos rebajados, de madera en el del Danubio y de 
piedra en el de Alconetar, sobre el Tajo. Sin más pruebas que esta seme- 
janza de trazado, supone el Sr. Álvarez que el constructor del primero de 
estos puentes, que fué el arquitecto griego Apolodoro, nacido en Damas- 
co, autor también del Foro Trajano y de la mencionada columna, lo fué 
igualmente del puente español. 

Lo evidente, según hizo notar el Sr. Mélida, es que el puente de Alco- 
netar corresponde al tipo del puente de madera sobre el Danubio, y lógi- 
camente se deduce que aquél sea la copia lapídea de éste. Ello podría 
fortalecer la creencia de dicho señor de que la construcción del puente 
de Alconetar sea debido á Trajano, aunque de ello no existe testimonio 
epigráfico alguno, como, por dicha, le hay del magnífico puente de Alcán- 
tara, al que con más fundamento debe aplicarse la referencia de Chacón, 
escritor español del siglo xvi, en su estudio de la Columna Trajana á&lpons 
Traiani siiper Tagum; aunque el Sr. Álvarez cree se refiere al de Alcone- 
tar, por la mayor importancia que supone en la calzada romana de que for- 
ma parte. 

Existió en la cabeza del puente una columna de granito, con cierta ins- 
cripción de Tiberio cuando ejercía la potestad tribunicia por xxvii vez, 
lo que llevó á Viu á creer que tal fábrica fuese obra de ese emperador y 
á asignarle por fecha el año 2S de J. C; pero el Sr. Álvarez piensa que tal 
epígrafe debió hacer referencia á alguna reparación de la calzada y que 
que pudo haber un puente anterior al actual. 

El puente de Alconetar hállase hoy arruinado, en términos que sola- 
mente permanecen cuatro arcos, de los cuales uno, por lo menos, está 
rehecho débilmente en época posterior á la romana, y de las aguas del 
río sobresalen algunos estribos. Permite y merece esta ruina una recons- 
titución puramente gráfica, como la que ha hecho el Sr. Álvarez; pero aca- 
so no sería prudente llevarla á términos de realidad, como pretende. 

En una de las últimas Juntas, el Académico numerario D. Julio Puyol 
presentó á la Academia un ejemplar de la obra de D. Carlos de Lecea y 
García, titulada Miscelmiea biogrdfico-literaria y variedades segovianas, en 
la que se recogen algunos trabajos inéditos del autor y se coleccionan 
otros que andaban dispersos en diferentes publicaciones. Entre ellos, y 
tratados con la competencia y erudición que el Sr. Lecea tiene bien acre- 
ditadas, aparecen artículos tan interesantes cuales son los que se refieren 
al «Doctor Andrés Laguna», «Alonso de Barros», «Don Jerónimo Alcalá, 
Yáñez y Rivera», «Acueducto de Segovia», «Mosaicos de Aguilafuente» 
«Torre de San Esteban», etc., etc., siendo de advertir que el libro ha 
sido editado por las Corporaciones y varios particulares de Segovia, con 



loo boletín de la real academia de la historia 

motivo del homenaje tributado en dicha ciudad al Sr. Lecea el día 4 de 
Noviembre último. Este homenaje, que consistió en una sesión solemne 
celebrada en el paraninfo del Instituto provincial, y en una recepción en 
el Ayuntamiento, á la que asistió todo el pueblo segoviano, fué una mues- 
tra elocuente de la justa admiración que produce en sus paisanos la me- 
ritísima labor histórica y literaria realizada por el Sr. Lecea, y de la cual 
se hallará un resumen en el Informe que recientemente emitió la Aca- 
demia de la Historia cuando aquel señor fué propuesto para la Gran 
Cruz de Alfonso XII (i). 

La Academia se enteró con viva satisfacción de esta noticia y acordó 
por unanimidad adherirse con todo entusiasmo al homenaje de su anti- 
guo é ilustre Correspondiente. 

La Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, que 
tan preciosa documentación arábigo-hispana y de gabinete constante- 
mente publica, ha empezado á insertar, bajo la dirección de D. Miguel 
Ángel Orti Belmonte, una Vida del Gran Capitán^ enteramente inédita, 
que ocupa varios capítulos, desde el xxi, de una Historia de Córdoba ma- 
nuscrita y no dada hasta ahora á la estampa que guarda el Archivo Muni- 
cipal de esta última ciudad. De esta Historia de Córdoba han hablado en va- 
rias de sus obras los Sres. Ramírez de Arellano, Ramírez de las Casas Deza 
y otros escritores cordobeses, inciertos de adjudicarla, como su autor, al 
P. Alonso García de Morales, S. J., ó á su hermano el Dr. Andrés Morales 
de Padilla. Con la exposición de documentos nuevos y definitivos de las 
Actas de 1649 del Ayuntamiento de Córdoba, diversas anotaciones del 
mismo manuscrito original á que nos referimos, el testimonio de Nicolás 
Antonio y otros, el Sr. Orti Belmonte resuelve el conflicto, reconociendo 
la obra como del ci tado Dr. Andrés de Morales, que fué familiar del fa- 
moso Conde de Salinas, Duque de Francavila, Presidente de Portugal y 
uno de los poetas más insignes de las Academias del Conde de Saldaña, 
primero, y de la Academia Selvaye, de Madrid, después. 



A la inauguración del Museo provincial de Bellas Artes de Jaén, creado 
por Real disposición el 8 de Enero de 1914 y declarado de utilidad pública 
en 10 de Enero de 19 15, y cuya solemne ceremonia se ha verificado en 
aquella capital el 17 de Octubre último, bajo la augusta presencia de 
S. A. R. la Serenísima Señora Infanta Doña Isabel, ha consagrado la re- 
vista jaenense Don Lope de Sola una extensa descripción, insertando ade- 
más, como documento histórico para el porvenir, el acta oficial de la 
ceremonia y una Cro'?iica de la visita de la excelsa dama. 



Es muy interesante el opúsculo que, con el título de El problema de la 
cerámica ibérica, ha publicado D. Pedro Bosch Gimpera entre las Metno- 
rias de la Comisión de investigaciones paleontológicas y prehistóricas. 

Antes del texto castellano, este trabajo ha aparecido en la revista 
Memnon. Zeitschrift für die Kwist-und Kulttirgescliichte des alten Orie?tís, 
con el título Zur Frage der iberischen Keramik. 

J. P. DE G.— J. R. M.— J. P. 

(i) Véase el Boletín de Septiembre-Octubre de 1915, pág. 216. 



TOMO Lxviii. Febrero, 1916. cuaderno ii. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



I 

RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA, HECHAS BAJO 

JURAMENTO, EN 1587, POR SUS HERMANOS, PRIMAS HERMANAS 

Y SOBRINOS CARNALES 

I. D. Pedro de Ahumada. — II. D.^ Juana de Ahumada.— III. D. Juan de 
Ovalle. — IV. Ana de la Encarnación. — V. Inés de Jesús. — VI. D. Fran- 
cisco de Cepeda. — VII. Beatriz de Jesús. 

Prueba inédita con documentación indubitada. 

I^os modernos biógrafos de la gran Doctora mística, fundado- 
ra de la Reforma en la Orden Carmelitana, tienden á la relación 
de lo que podemos clasificar de temporal, y á las disposiciones 
habidas entre las diferentes comunidades religiosas, á las que, la 
Santa Virgen, guardó en su intención todos los respetos que por 
constituciones se las debían; pero la mayoría de aquéllos, por fal- 
tarles materia original, suelen entresacar los datos para escribir la 
vida de la Santa, cuanto les sugiere de los propios escritos de 
ésta, de los excelentes cronistas del Carmen y de lo que nos le- 
garon, con sobrada suficiencia, los sabios y virtuosos varones con- 
temporáneos de aquélla incomparable mártir de la obediencia, 
singular ejemplo de amor á la virtud, modelo de prudencia y de 
voluntad férrea en las grandes empresas. 

Nótase, pues, en nuestros días, la tendencia á la investigación 
de los pormenores relacionados con su nacimiento, familia, su 
hidalguía y noble prosapia de los cuatro cuarteles que definen la 
TOMO Lxviii. 7 



102 boletín de la real academia de la historia 

base de su extensa genealogía en las líneas ascendentes y colate- 
rales; á su epistolario, á lo que pudiera aumentar la autobiografía 
y bibliografía de su misticismo, á detalles de sus fundaciones; 
equivalente todo, á los nuevos aspectos que abren ancho campo 
al estudio de los sucesos y personajes de aquellos tiempos, es- 
pecialmente los que conocieron y trataron á la Santa Virgen 
Teresa Ahumada de Jesús, rindiéndole justo tributo de admira- 
ción y respeto. 

El propósito de estos trabajos parece indicado sea el de pun- 
tualizar el esclarecimiento de hechos muy dudosos, cual hicimos 
acerca de la naturaleza de esta Santa Doctora (l). Era hija de 
padres modelo de piedad, tuvo hermanos y medios hermanos 
enumerados en documentos, á los que, en general, no se les da 
completo crédito por desconocer las partidas y el protocolo 
matriz, salvo la copia autorizada del testamento de Doña Beatriz 
de Ahumada, que reviste mayores garantías. 

Nuestro muy sabio y respetado Director, con toda la auto- 
.ridad nacida de sus profundos estudios y conocimientos, nos 
habló, en Informe de 28 de Junio de I914 (2), de los hermanos 
que tuvo la preclara y Santa mujer, cuyo talento fué tan privile- 
giado, que parecía de dotación sobrehumana, reconocido por las 
eminencias más doctas, admirado por los poderosos en la tierra 
y presentido por el instinto popular. 

Existía la duda, expuesta en forma de interrogación en el re- 
ferido y brillante Informe, acerca del ano del nacimiento de don 
Pedro de Ahumada (3), y le asignó el de 1 52 1. En efecto, se 
demuestra la exactitud de la fecha en una manifestación jurada, 
inédita, que hizo el mismo interesado en Septiembre de 1 587, 



(i) La Patria de Santa Teresa, pág. 408 del tomo lxvii del Bol. de 
la R. Acad. de la Hist. 

(2) Bol. de la R. Acad. de la Hist., pág. 24, tomo lxv. 

(3) Lo propio acontece con los otros hermanos, por lo que debemos 
citar á todos para reconstituir el cuadro en esta forma: Hernando, 1510- 
1574; Rodrigo, 151 1-1536; Lorenzo, 1519-1580; Antonio, 1520-1546; Pedro, 
1521-1589; Jerónimo, 1522-1575; Agustín, 1527-1591; Teresa, 1515-1582; 
Juana, 1 528-1 589. Datos que se encuentran en la documentación del Real 
Patronato de Indias, en la ciudad de Ávila y villa de Alba de Tormos. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA IO3 

diciendo tener sesenta y seis años, poco más ó menos, refirién- 
dose á meses y días. 

También confirma este doctimcnto original, autorizado con su 
firma, el número y nombre de sus hermanos enteros, vecindad de 
los padres y naturaleza de todos, y legitimidad de cada uno de 
aquéllos. 

En cuanto á la defunción de este D. Pedro de Ahumada, se 
documentó también, pero en otra forma, con la inscripción fune- 
raria que insertó oportunamente (l) el competente Teresiano y 
distinguido compañero Marqués de Piedras Albas, quedando de- 
mostrado haber fallecido el citado hermano de Santa Teresa dos 
años después de su comparecencia, al discutirse ante el Nuncio 
el mejor derecho á los restos mortales de la que fué Priora del 
Convento de San José, de Avila, cuyo ruidoso, como descono- 
cido asunto, merece párrafo aparte, y á manera de ligera indica- 
ción, porque habría bastante que escribir y más que estudiar. 



* 
* * 



La última voluntad de Santa Teresa de Jesús íué tema, desde 
el instante de su muerte, de aguda y tenaz porfía. Sin conven- 
cionalismos ni eufemismos, se puede afirmai que prescindieron 
en absoluto de aquella voluntad; sólo se discutió, sentenció, y, 
después de muchos años se concertó y contrató el mejor de- 
recho á la propiedad de tan preciados restos incorruptos, nada 
acerca de su voluntad, cual si su cuerpo, abandonado por el alma, 
no estuviera fuera del comercio de los hombres. 

En este conflicto intervinieron muchas personas de reconoci- 
da autoridad, otros testigos de mayor excepción, reflejándose al- 
gún apasionamiento, como en toda contienda, entre partes que 
eran: el Duque de Alba, á la sazón D. Antonio de Toledo, y su tío 
D. Hernando, Gran Prior de San Juan, contra el convento de 
monjas Carmelitas Descalzas de San José, de Avila. 

Es de notar que los defensores de los derechos del Señorío, al 

(i) Bol. DE LA R. Acad. de la Hist., pág. 95, tomo lxvii. 



104 boletín de la real academia de la historia 

foriiiular sus diversos interrogatorios de preguntas y repregun- 
tas á los testigos de cargo, empleasen la hábil discreción de no 
examinar en todos y cada uno de los extremos á los parientes 
más cercanos de la Santa, especialmente á los avecindados en 
Alba de Tormes, y acerca de aquellos puntos que pudieran crear- 
les difíciles situaciones, tan difíciles, que hubieran sido inter- 
pretadas como una coacción, quizá de ma3'ores consecuencias. 

Si esto decimos de lo hecho con los hermanos de la Santa, 
otro tanto debió haber alcanzado en el procedimiento á las con- 
ventuales en la clausura de Alba; máxime cuando la defensa del 
Duque, es de suponer, debía tener conocimiento de la forma y 
límites de la creación del Señorío del Estado, que abarcaban los 
asuntos civiles, criminales y eclesiásticos; privilegios ratificados 
y ampliados, que torpemente no fueron expuestos con la presen- 
tación de la escritura fundacional del siglo xv, cuya copia tengo 
á la vista, para formar juicio propio del alcance de su adquirida 
jurisdicción plena. 

* 
* * 

Cuando se examinen todas las Relaciones, que no estén ama- 
ñadas, de los contemporáneos de la sabia, prudente y Santa Vir- 
gen, quedará demostrada, en el fuero interno de cada juicioso 
lector, aquella su voluntad, y sin que modificarla pueda la autori- 
dad de cosa juzgada, cuya eficacia rompe el bloque de los siglos 
y rasga su tupido v^elo, para dar espléndida y clara luz á la inmu- 
table verdad histórica que desnaturalizó el buen deseo y la im- 
perfección humana. 

Se me recordará que fué asunto resuelto en litigio con dos 
sentencias aprobadas por Su Santidad, y también yo, en sus con- 
secuencias, lo creo extemporáneo por estar ultimado. En efecto, 
¿acaso aquélla postrera voluntad podría tenerse en cuenta des- 
pués de las últimas prescripciones eclesiásticas, las que son or- 
denadas, interpretadas, modificadas ó anuladas por Suma Po- 
testad.'* La objeción está contestada. 

Pero, ¿acaso sentencia posterior podría hacer desaparecer una 
libre voluntad manifestada sin coacciones morales y que íntegra 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA IO5 

se llevó la muerte? Esto es lo que no se ha dicho, se trata de de- 
mostrar y se probará plenamente. En el presente y curiosísimo 
caso, con litigio y sin litigio, salió triunfante el P. Fr. Antonio 
de Jesús, quien dijo á Juan de (avalle: Aquí murió y estará in 
eternum. Así fué; dejando á la vez claves para el estudio y cono- 
cimiento pleno de las causas que tanto amargaron sus últimos 
días. 

Y yo, acordándome del Job de los Carmelitas (l), rehabilitado 
por el Sumo Pontiñce, gloria obscurecida en los anales de la Or- 
den y consejero durante tantos años de Santa Teresa, estimo en 
mi juicio inoficiosas las afirmaciones que contradicen la voluntad 
de ésta, manifestada ante su Superior, su Prelado, y su aquies- 
cencia para beneficio de la iglesia y convento de San José. 

Xo faltó quien dijo, que la Santa había ofrecido verbalmente á 
la Duquesa \'ieja Í2) señalar su enterramiento en Alba. Por lo de- 
más, hay un indicio que merece no olvidar: la Orden de Carme- 
litas Descalzos, mucho tiempo después, concertó el no formular 
recuerdo ni protesta contra el descanso del Santo Cuerpo en 
Alba, como justa recompensa á los muchos beneficios que ella 
debía á los espléndidos y piadosos Duques de Alba. 

Tales beneficios fueron casi coetáneos á las sentencias ante- 
riores, y posteriores á las invitaciones que los Monarcas Católi- 
cos hicieron á la Grandeza y á sus servidores, para poder erigir 
en aquella villa un monumento digno de las reliquias de la San- 
ta Doctora, cuya memoria y la de sus bienhechores quedará á 
través de los tiempos. 

Los siguientes documentos, modernizada su ortografía, dan 
una idea clara y precisa, sin necesidad de ulterior prueba. 



(1) Fr. Jerónimo Gracián. 

(2) Doña María Enríquez, esposa del gran Duque de Alba, D. Fernan- 
do, y madre del Duque de Huesear, Marqués de Coria, D. Fadrique de 
Toledo; ambos fueron desterrados, por culpa de éste, á los castillos de 
Uceda y de la Mota al regresar de Flandes, y puestos en libertad para la 
eonquista de Portugal. 



Í06 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



Interrogatorio. 

Por las preguntas siguientes sean examinados los testigos que 
fueren presentados por parte del convento de San José, que es 
de monjas Carmelitas Descalzas, de la ciudad de Ávila, en el plei- 
to que tratan con el Duque de Alba y Prior D. Fernando, so- 
bre el cuerpo de la madre Teresa de Jesús, fundadora del dicho 
convento y monja Carmelita Descalza. 

I.^ Primeramente sean preguntados por el conocimiento de 
las partes, y si conocieron á la Madre Teresa de Jesús, fundado- 
ra de las dichas Descalzas y tienen noticia de este pleito. Digan. 

2.^ Iten si saben, etc., que la dicha Madre Teresa de Jesús 
era natural de la dicha ciudad de Ávila, hija de padres vecinos y 
naturales de ella. Digan. 

3.^ Iten si saben, etc., que siendo la dicha Madre Teresa de 
Jesús monja en el monasterio de la Encarnación de la dicha ciu- 
dad de Ávila, que es de monjas del Carmen Descalzas, de la re- 
gla mitigada, con facultad y licencia de sus superiores, salió á fun- 
dar monasterios de monjas Carmelitas Descalzas en la regla pri- 
mitiva. Digan, etc. 

4.^ Iten si saben, etc., que el primer monasterio que fundó 
la dicha Madre Teresa de Jesús de las dichas monjas Carmelitas 
Descalzas, en la regla primitiva, fué el dicho monasterio de San 
Joseph de la dicha ciudad de Ávila. Digan, etc. 

5.^ Iten si saben que habiendo fundado la dicha Madre Te- 
resa de Jesús el dicho monasterio de San Joseph de Avila, de 
Monjas Descalzas, y ya que estaba instituido y se guardaba en 
él la dicha regla primitiva, la dicha Madre Teresa de Jesús hizo 
profesión en el dicho monasterio de San Joseph de la dicha regla 
primitiva, y la profesó y se quedó por fundadora profesa y con- 
ventual del monasterio de San Joseph de Avila. Digan, etc. 

ó."" Iten si saben, etc., que estando la dicha Madre Teresa de 
Jesús en el dicho monasterio de San Joseph, como tal fundadora 
profesa y conventual de él, salió de allí para fundar otros muchos 
monasterios, de la dicha primitiva regla de monjas Descalzas Car- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 1 07 

melitas, volviendo siempre al dicho monasterio de San Joseph de 
Ávila como en su propio monasterio. Digan, etc. 

7.^ Iten si saben que mientras la dicha Madre Teresa de 
Jesús no se ocupaba en las dichas fundaciones siempre residía de 
ordinario en el dicho monasterio de San Joseph de Ávila como 
en su propio monasterio, donde era profesa y conventual. Digan. 

8.^ Iten si saben, etc., que habiendo elegido á la dicha Ma- 
dre Teresa de Jesús, en el dicho monasterio de San Joseph, por 
priora de él como hija profesa de aquella casa y siendo actual- 
mente priora en ella, salió á fundar el convento de monjas Des- 
calzas de su Orden, de la ciudad de Burgos. Digan, etc. 

9.^ Iten si saben, etc., que habiendo fundado el dicho monas- 
terio de la ciudad de Burgos y queriéndose volver á su propio 
monasterio, que era de San Joseph de Avila, vino por la villa de 
Medina del Campo á cosas que se ofrecieron allí tocantes á su 
Orden, á donde estuvo de paso y con ánimo de irse con la ma- 
yor brevedad que pudiese al dicho monasterio de San Joseph de 
Ávila. Digan, etc. 

10.^ Iten si saben, etc., que volviendo desde Medina del Cam- 
po para el dicho su monasterio de San Joseph de Ávila, pasó por 
la villa de Alba muy de paso, adonde habiendo estado cuatro ó 
cinco días, y no más, visitando el monasterio de Monjas Descal- 
zas de la dicha villa de Alba, y queriendo proseguir su camino 
para el dicho su convento de Avila, le dio la enfermedad de que 
Nuestro Señor fué servido de llevarla dentro de cuatro ó cinco 
días como enfermó. Digan, etc. 

11.^ Iten si saben, etc., que cuando la dicha Madre Teresa de 
Jesús murió en Alba era actualmente priora del dicho monaste- 
rio de San Joseph de Ávila, pues le faltaba aún mucho tiempo 
por correr de su priorato. Digan, etc. 

12.^ Iten si saben, etc., que la dicha Madre Teresa de Jesús, 
siempre deseó y pretendió, estando en el dicho convento de Alba 
de paso y enferma, que si allí muriese llevasen su cuerpo al di- 
cho monasterio de San Joseph de Ávila, donde era hija profesa 
y á la sazón priora, y no fué su voluntad ni quiso que su cuerpo 
quedase en el dicho convento de Alba. Lo cual saben los testigos 



I08 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

por las razones que oyeron decir á la dicha Madre Teresa de 
Jesús, que podrán declarar. Digan, etc. 

13.'' Itensi saben, etc., que desde la villa de Alba á la ciudad 
de Avila no hay más de doce leguas de camino, y muy peque- 
ñas, y es camino muy fácil y pasajero, y que se puede andar en 
muy breve tiempo. Digan, etc. 

14.^ Iten si saben, etc., que por ser el camino desde la dicha 
villa de Alba á la ciudad de Avila tan breve y fácil, como dicho 
es, cómodamente y á muy poca costa se podía y puede llevar el 
cuerpo de la dicha Aladre Teresa de Jesús desde la dicha villa de 
Alba á la ciudad de Avila á su propio Monasterio de Sanjoseph. 
Digan, etc. 

15.^ Iten si saben, etc., que por ser tan cerca la dicha villa de 
Alba de la ciudad de Avila y poderse llevar el dicho cuerpo tan 
cómodamente, se ha llevado y traído de la una parte á la otra 
dos veces, con muy poca costa y sin incomodidad ninguna. Di- 
gan, etc. 

lo."" Iten si saben, etc., que siendo el Padre Fr. Gerónimo 
Gracián de la Madre de Dios, Comisario apostólico y Visitador 
de los Descalzos y Descalzas Carmelitas, como tal Comisario 
apostólico y Visitador que saben los testigos que lo era, dio una 
patente y mandato en 3 1 de Agosto del año pasado de setenta y 
siete, para que la dicha Madre Teresa de Jesús, que á la sazón era 
viva, cuando muriese su cuerpo fuese enterrado en el dicho 
Convento de San Joseph de Avila, como parece por la patente es- 
crita y firmada de mano del dicho Fr. Gerónimo Gracián, que 
mostrada á los testigos saben que es su propia letra y firma, por- 
que le han visto escribir otras muchas veces y conocen muy 
bien las letras y caracteres de su firma y letra. Digan, etc. 

17.^ Iten si saben, etc., que habiendo muerto la Madre Teresa 
de Jesús en la dicha villa de Alba y estando allí su cuerpo depo- 
sitado y habiéndose congregado á Capítulo la provincia de los 
Descalzos Carmelitas en San Pedro de Pastrana, que es de la di- 
cha Orden, por auto del Provincial y Difinidores que represen- 
tan toda la provincia, se determinó y resolvió que el cuerpo de 
la dicha Madre Teresa de Jesús, que estaba depositado en Alba, 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA I O9 

se trújese al dicho Convento de San Joseph de Avila, á quien 
pertenecía y adonde era su propia sepultura, por ser como era 
su propio Monasterio, y sobre ello dieron mandato en el dicho 
Capítulo. Digan, etc. 

18.^ Iten si saben, etc., que en virtud de dicho mandato que 
se había dado en Capítulo y en ejecución de él se trujo el dicho 
cuerpo de la Madre Teresa de Jesús, desde la villa de x\lba al di- 
cho Convento de San Joseph de Avila quieta é pacíficamente, sin 
contradicción alguna, y se puso en la sepultura que para él esta- 
ba hecha en el dicho Monasterio de San Joseph de Avila. Di- 
gan, etc. 

19.^ Iten si saben, etc., que Don Alvaro de Mendoza, Obispo 
que fué de Avila, y después de Falencia, donde murió, empezó 
en su vida á labrar la Capilla Mayor del dicho Convento de San 
Joseph de Avila, para que en la dicha Capilla se le diese á él se- 
pultura y al cuerpo de la Santa Madre Teresa de Jesús; y en su 
muerte el dicho Obispo Don Alvaro dejó al dicho Convento de 
San Joseph muy gruesa hacienda para que se prosiguiese la obra 
de la dicha Capilla y se fundasen Capellanías; dejó renta particu- 
lar para el dicho Monasterio de San José, y renta de por sí para 
los Capellanes y para la obra de la Capilla, sin otras muchas 
joyas y riquezas que dio al dicho Monasterio, lo cual todo saben 
los testigos lo hizo el dicho Obispo, porque el cuerpo de la dicha 
Madre Teresa de Jesús se había de enterrar en la dicha Capilla 
de San Joseph de Avila. Digan, etc. 

20.^ Iten si saben, etc., que á instancia de dicho Obispo Don 
Alvaro de Mendoza dio el dicho Fr. Gerónimo Gracián, Comisa- 
rio apostólico, la patente en el proceso presentado y se ordenó y 
dispuso en el dicho Capítulo provincial, que se trújese el Cuerpo 
de la dicha Madre Teresa de Jesús desde Alba á Avila. Digan, 
etcétera. 

21.''* Iten si saben, etc., que habiendo traído el dicho cuerpo 
de la Madre Teresa de Jesús desde Alba á Avila, por el mes de- 
Noviembre del año pasado de ochenta y cinco, desde el dicho 
tiempo hasta que le llevaron desde Avila á Alba, por un manda- 
miento del Nuncio de Su Santidad, que fué por el mes de Agosto 



lio boletín de la real academia de la historia 

del año pasado de ochenta y seis, le tuvieron y poseyeron quieta 
é pacíficamente las monjas del dicho Monasterio de San Joseph 
de Avila, y teniéndole y poseyéndole de esta manera fueron des- 
pojados de él, sin que persona de la dicha ciudad lo entendiese 
así. Digan, etc. 

22.^ Iten si saben, etc., que en todo el tiempo que estuvo el 
dicho cuerpo en el Monasterio de la Encarnación de Alba, le tu- 
vieron enterrado debajo de tierra, sin la decencia que se le debía 
y sin que ninguno de la Casa del Duque de Alba, ni otro alguno 
haya gastado un real á gloria de Dios en su sierva, y al presente 
está de la misma manera. Digan, etc. 

23.^ Iten si saben, etc., que en el dicho Monasterio de la En- 
carnación de Alba no tiene el Duque de Alba ni el Prior Don 
Eernando de Toledo, ni otro alguno de su casa, cosa alguna ni 
tienen que ver en él, ni son fundadores de él, ni tienen eñ él Ca- 
pilla, ni derecho alguno, ni le dan cosa alguna. Digan, etc. 

24.^ Iten si saben, etc., que todo lo susodicho es público y 
notorio, etc., pública voz y fama. 

El Dr. Mena (rubricado). — Madrid 14 de Agosto 1587. 



^j). Mm. 




Declaración de D. Pedro de Ahumada. 

El dicho Pedro de Ahumada, vecino de esta ciudad de A^'ila, 
testigo susodicho, presentado é jurado en forma debida de dere- 
cho, é siendo preguntado por las preguntas que la parte pidió, 
dijo lo siguiente: 

I.^ En la primera pregunta dijo: que conoce á la Priora y 
tiene noticias del convento de San Joseph , de esta ciudad de 
Avila, é conoció á la madre Teresa de Jesús de la dicha Orden 
religiosa, porque fué y era hermana legítima de padre y madre 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA I I I 

de este testigo, é ha oído decir al r3uque de Alba, é Prior D. Fer- 
nando, é tiene noticia de este pleito. 

Preguntado por las preguntas generales de la ley é cada una 
de ellas dijo: que es de edad de sesenta y seis años, poco más ó 
menos; que como dicho tiene, aunque es hermano de la Santa 
Madre Teresa de Jesús, no por eso dejará de decir verdad de lo 
que supiere y le fuere preguntado, é no le toca ninguna de las 
demás preguntas generales de la ley que le fueron hechas. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en las gene- 
rales de la ley, y que es lego hijodalgo, buen cristiano temeroso 
de Dios, y se confesó y comulgó aún no há muchos días, é no le 
tocan ninguna cosa de lo que la repregunta dice, mas de ser, 
como dicho tiene, hermano de la dicha Madre Teresa de Jesús, 
pero por eso no dejará de decir \erdad de lo que supiere y fue- 
re preguntado. 

2.^ En la segunda pregunta dijo: que lo que sabe este testi- 
go, que la dicha Madre Teresa de Jesús es natural de esta ciudad, 
nacida ¿criada en ella, hija de padres vecinos é naturales de ella, 
y lo sabe porque este testigo y la dicha Teresa de Jesús son y fue- 
ron hermanos legítimos, hijos de Alonso S. de Qepeda y de Doña 
Beatriz de Ahumada, naturales de esta ciudad, los cuales dichos 
Alonso Sánchez de Zepeda é Doña Beatriz de Ahumada, fueron 
casados y velados legítimamente con bendición de la Santa Ma- 
dre Iglesia; y durante el dicho matrimonio hubieron y procrea- 
ron por sus hijos legítimos á la dicha Madre Teresa de Jesús, 
é á este testigo, y á Hernando de Ahumada, é Rodrigo de 
(Jepeda y Lorenzo de (Jepeda, é Antonio de Ahumada, é Ge- 
rónimo de C^epeda, é Agustín de Ahumada, é Doña Juana de 
Ahumada; é por tales hijos legítimos fueron habidos y teni- 
dos, y nacieron todos los que dicho tiene en esta ciudad, de un 
padre é una madre y en una misma casa; y por tal su hija 
legítima fué habida y tenida la dicha Madre Teresa de Jesús de 
los dichos Alonso Sánchez de Qepeda é Doña Beatriz de Ahuma- 
da, é criada é alimentada en casa. Y este testigo la vio criar y 
alimentar, é se criaron é alimentaron todos juntos, y la llamaban 
los dichos sus padres hija, y ella á ellos padres, é la daban todo 



boletín de la real academia de la historia 



lo necesario, é la criaron hasta que fué grande, como de edad de 
veinte años; que el dicho Alonso Sánchez de CJepeda la metió 
monja en el Monasterio de la Encarnación de esta ciudad, y para 
ello la dotó; y estando monja en el dicho Monasterio, fué Nues- 
tro Señor servido de llevar á los dichos sus padres. E por tal su 
hija legítima fué habida é tenida, é comunmente reputada, y 
este testigo la tenía, y los demás hermanos, que dichos tie- 
ne, trataron é reconocieron por su hermana legítima, habida 
de legítimo matrimonio, é nunca supo, oyó, ni entendió cosa en 
contrario, porque si otra cosa fuera, lo supiera este testigo, é no 
pudiera ser menos, por ser hermano é criarse juntos los unos con 
los otros; y así es público é notorio é pública voz y fama é co- 
mún opinión en esta ciudad de Avila entre las personas que los 
conocían é de ellos tenían noticias, y esto responde. 

En la repregunta dice: que dice lo que dicho tiene, y es la 
verdad, público y notorio socargo del juramento que tiene fecho 
é lo firmó de su nombre. Leyósele su dicho y ratificóse. 

El Licenciado, D. Juan de Forres. — Pedro de Ahumada. — 
Pasó ante mí. — Ruiz Cavallero (Rubricado). — Presentado en Avi- 
la á 14 Septiembre IS^7- 





Declaración de Doña Juana de Ahumada. 

La dicha Doña Juana de Ahumada, mujer de Juan de Ovalle, 
vecino é regidor de la dicha villa de Alba, testigo sobredicho, ha- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA II3 

hiendo primero jurado é siendo preguntada al tenor del interro- 
gatorio de preguntas, dijo lo siguiente: 

l.^ A la primera pregunta dijo: que conoce á las partes que 
litigan é conoció á la Madre Teresa de Jesús, porque era herma- 
na de esta testigo, y esto declara. 

A las generales dijo ser de edad de sesenta años poco más 
ó menos, é que no es pariente, ni enemiga de las partes, y que 
aunque es hermana de la Madre Teresa de Jesús, no por eso de- 
jará de decir la verdad. 

2.^ A la segunda pregnnta dijo que sabe y es verdad que la 
dicha Madre Teresa de Jesús es natural de la dicha ciudad de 
Avila, hija de padres vecinos y naturales de ella, y esto es 
público y notorio é la verdad. 

A la repregunta dijo, que dice lo que dicho tiene. 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que sabe la pregunta como 
ella lo declara, y lo sabe é porque era hermana de esta testigo y 
haberla conocido desde que era cuerda (l), y esto declara. 

A la repregunta dijo; que dice lo que dicho tiene en la pre- 
gunta. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo, que lo sabe como en ella se 
contiene, y lo sabe por las razones que tiene dichas, y esto 
declara. 

A la repregunta dijo, que dice lo que dicho tiene. 

5.^ A la quinta pregunta dijo: que no sabe que la dicha Madre 
Teresa de Jesús hiciese profesión nuevamente, más lo que sabe 
que después que fundó el dicho Monesterio de San Joseph de 
Avila por Breve de Roma, dio nuevamente obediencia al Or- 
dinario de Avila, que entonces era Don Alvaro de Mendoza, de 
dó se entiende que debió de hacer otra profesión en el dicho Mo- 
nesterio de San Joseph de Avila, y lo sabe porque estuvo presen- 
te en Avila, é lo oyó decir públicamente, y la vio quedar allí por 
monja conventual de San Joseph de la dicha ciudad de Avila, y 
esto declara. 

A la repregunta dijo; que dice lo que dicho tiene. 

(i) Equivalente «desde quctenía uso de razón». 



I 14 boletín de la real academia de la historia 

6.^ A la sexta pregunta dijo: que lo sabe como la pregunta 
dice é declara, porque vio esta testigo que en acabando de ha- 
cer la fundación que iba hacer, la dicha Madre Teresa de Jesús 
volvió al citado Monesterio de San Joseph de Avila, é lo sabe por- 
que la vio volver á él, y esto declara. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en la pre- 
gunta. 

7.^ A la séptima pregunta dijo: que lo sabe porque lo vio, 
aunque siempre la dicha Aladre Teresa de Jesús andaba haciendo 
fundaciones; pero en haciéndolas acudía al dicho Monesterio de 
San José, y esto declara. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene. 

8.* A la octava pregunta dijo: que es verdad lo que dice la 
pregunta, porque así lo vio y estaba esta testigo presente en Avi- 
la, y esto declara á la pregunta é repregunta. 

9.^ A la novena pregunta dijo: que lo sabe como en ella se 
contiene, y lo sabe porque la Madre Teresa de Jesús la escribió 
á esta testigo desde Medina del Campo, lo que dice la pregunta, 
y esto responde á esta pregunta. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiehe. 

10. A la décima pregunta dijo: que sabe que cuando vino á 
esta villa la Madre Teresa de Jesús, por el tiempo que dice la pre- 
gunta, dijo ella mesma á esta testigo que la habían fecho venir 
por esta villa muy contra su voluntad; y que cuando vino á 
esta villa v^enía ya dispuesta del mal que Dios Nuestro vSeñor fué 
servido de la llevar, y que no duró en esta villa quince días en- 
teros, y que si no falleciera pensaba se pasar de aquí al Mones- 
terio de San Joseph de Avila á dar la profesión á l^eresa de Jesús 
su sobrina, y que esto sabe porque se lo dijo á esta testigo la 
dicha Madre Teresa de Jesús, y esto responde. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en la pre- 
gunta. 

11. A la undécima pregunta dijo: que sabe que cuando falle- 
ció la Madre Teresa de Jesús era Priora en el Convento de San 
Joseph de Avila, y lo sabe porque cuando se partió del dicho 
Monesterio, dejó presidenta en su lugar, é sabe que le faltaba de 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA II5 

SU priorato un año poco más o menos, y esto responde á esta 
pregunta. 

12. A la doce pregunta dijo: que no ]a sabe porque nunca 
la vio el tiempo que estuvo en esta villa, si no fué una vez., y' no 
trató de este particular; pero que sabe de otras veces antes que 
lo trató con esta Priora, que se iba hacer la fundación á Burgos, 
entendió de ella que tenía intención de enterrarse en el Monesterio 
de San Joseph de Avila, y esto declara. 

13. A la trece pregunta dijo: que entiende que hay trece le- 
guas desde esta villa á Avila, y buen camino pasajero, y esto de- 
clara. 

14. A la catorce pregunta dijo: que así es verdad, como la 
pregunta dice, si no tubiese en más de camino, y esto declara. 

15- A la quince pregunta dijo: que es verdad como la pre- 
gunta lo dice: 

16. x\ la diez y seis pregunta dijo: que no la sabe, que se re- 
fiere á la patente que sobre esto hubiese, y esto declara. 

17. A la diez y siete pregunta dijo: que no la sabe, pero 
que entiende que debieron de darle dicho mandato, y esto de- 
clara. 

18. A la diez y ocho pregunta dijo: que sabe que llevaron de 
esta villa el cuerpo de la Madre Teresa de Jesús, y lo demás no 
lo sabe. 

19. A la diez y nueve pregunta dijo: que siempre oyó decir 
lo contenido en la pregunta, pero que no lo vio y oyó decir á 
personas en que no se acuerda, que la Madre Teresa de Jesús lo 
había prometido al dicho Obispo Don Ah'aro, y esto declara. 

20. A la veinte pregunta dijo: que no lo sabe más de que lo 
ha oído decir. 

21. A la veintiuna pregunta dijo: que no sabe más de haber 
oído decir, que por mandato del Nuncio de Su Santidad, con ex- 
comunión, se trajo el cuerpo de la Madre desde Avila á esta villa, 
y esto responde. 

22. A la veintidós pregunta dijo: que sabe que cuando falle- 
ció la Madre Teresa de Jesús la pusieron en un ataúd, en el hue- 
co de una pared de la iglesia del Monasterio de la Encarnación 



ii6 



boletín de la real academia de la historia 



de esta villa, volviendo hacer la pared de cal y canto muy firme- 
mente, y así lo vio este testigo, y que allí no estaba decentemen- 
te, y que no sabe que ninguno de la Casa de Alba haya gastado 
nada en el sepulcro de dicha Madre Teresa de Jesús, sino que la 
Duquesa vieja hizo el entierro, y esto declara. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que sabe que no son fun- 
dadores ninguno de la Casa de Alba del dicho Monasterio de la 
Encarnación de esta villa, ni le dan cosa alguna, y esto declara. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo que ha dicho es 
verdad para el juramento que hizo, y en ello se afirmó é ratifi- 
có, etc., etc. — Alba de Tormes, 22 Septiembre I 587. (Firmas.) 









Declaración de D. Juan de Ovalle. 



El dicho Juan de Ovalle, vecino 6 Regidor de la dicha villa de 
Alba, testigo: el sobredicho, habiendo jurado é siendo pregan- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA II7 

tado al tenor del interrogatorio de preguntas, dijo lo siguiente: 
I/"* A la primera pregunta dijo: que conoce á las partes que 
litigan é tiene noticia de esta causa, é conoció á la dicha Madre 
Teresa de Jesús, porque era hermana de su mujer de este testi- 
go, y esto declara. 

A las generales dijo: ser de edad de sesenta años, poco más ó 
menos, é que no es pariente ni enemigo de las partes, é que 
aunque está casado con la hermana de la dicha Teresa de Jesús, 
no por eso dejará de decir verdad, que Dios ayude á la parte 
que justicia tubiere. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, é que no le 
tocan las preguntas de la repregunta, que Dios ayude á la jus- 
ticia. 

2."* A la segunda pregunta dijo: que sabe la pregunta porque 
la conoció y á sus padres, y así es público y notorio, y esto res- 
ponde á esta pregunta é repregunta. 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que lo sabe por haber estado 
en Avila y saber que se fundó el dicho Monesterio, é le fundó 
dicha Madre Teresa de Jesús en la propia casa de este testigo^ y 
esto declara. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que lo sabe por las razones 
que dichas tiene é declaradas, y esto declara á esta pregunta y 
repregunta. 

5.^ A la quinta pregunta dijo: que no la sabe, porque en aquel 
tiempo se ausentó de la dicha ciudad de Avila. 

6.* A la sexta pregunta dijo: que lo sabe porque vio que la 
dicha Teresa de Jesús salió de allí á las dichas fundaciones, y 
acabadas volvía al dicho Convento de San José, de Avila, y esto 
sabe porque lo vio, é lo mesmo responde á la repregunta. 

"] .^ A la séptima pregunta dijo: que lo sabe por las razones 
que tiene dichas en las preguntas antes de éstas. 

8.^ A la octava pregunta dijo: que lo sabe porque así lo vio 
y estuvo en Avila en aquel tiempo, y esto responde. 

9.^ A la novena pregunta dijo: que sabe que viniendo de la 
Fundación de Burgos, estuvo.en Medina del Campo é iba á San 

TOMO LXVIII 8 



Il8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Joseph de Avila á dar la profesión á una sobrina suya, lo cual 
sabe este testigo por haberlo oído decir públicamente, y esto res- 
ponde á la pregunta y repregunta. 

I O. A la décima pregunta dijo: que sabe é vio que la dicha 
Madre Teresa de Jesús vino á esta villa á el Monasterio de la En- 
carnación y estuvo en él siete ú ocho días, y en él falleció, y que 
estuvo desde el día de San Mateo, que vino, hasta el día de San 
Francisco, que murió; y esto declara, é lo sabe por lo ver y estar 
residente en esta villa, y esto declara á la pregunta é repre- 
gunta. 

11. A la oncena pregunta dijo: que sabe que la dicha Madre 
Teresa de Jesús era Priora del Monesterio de San Joseph de Avi- 
la al tiempo que falleció, porque así lo oyó por público, y esto 
declara. 

12. A la doce pregunta dijo: que no lo sabe. 

13. A la décima tercera dijo: que sabe que desde esta villa 
á Avila hay trece leguas y es camino pasajero, y lo sabe por lo 
haber andado, y esto declara. 

14. A la décima cuarta pregunta dijo: que la sabe como en 
ella se contiene, porque es llano y claro lo que dice la pre- 
gunta. 

15. A la décima quinta pregunta dijo: que a \-isto se a lleva- 
do y traído el cuerpo de la dicha Madre Teresa de Jesús, desde 
esta villa á Avila, y esto es público lo que dice la pregunta. 

16. A la décima sexta pregunta dijo: que no lo sabe, que se 
remite á la patente. 

17. A la décima séptima pregunta dijo: que no la sabe é 
que se remite á los autos que hay sobre ello, que dice la pre- 
gunta. 

18. A la décima octava pregunta dijo: que llevaron el cuer- 
po de la dicha Madre Teresa de Jesús de esta villa muy secreta- 
mente, é que no sabe él otra cosa de esta pregunta. 

19. A la décima nona pregunta dijo: que sabe lo contenido 
en la pregunta, porque así es público é lo ha tenido por escrito 
por cartas del Monasterio de San Joseph de Avila, y esto declara. 

20. A la veinte pregunta dijo: que no la sabe. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 



119 



21. A la veintiuna pregunta dijo: que dice lo que dicho tie- 
ne, é que sabe que tubieron el cuerpo de la dicha Madre Teresa 
de Jesús el tiempo que dice la pregunta en Avila, y después lo 
trujeron á esta villa secretamente, por un mandato del Nuncio de 
Su Santidad, y esto responde á esta pregunta. 

22. A la veintidós .pregunta dijo: que sabe que fallecida la 
Madre Teresa de Jesús, la enterraron en el coro bajo, entre am- 
bas rejas que salen á la Iglesia, porque estubo presente á ello, y 
agora está en el coro alto en una caja decentemente, que no 
sabe que el Duque de Alba ni otro de su casa han gastado cosa 
alguna en su sepulcro, y esto responde á esta pregunta. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que sabe que el Duque de 
Alba ni otro alguno tiene que ver en el dicho Monasterio, y así 
es público é notorio, y esto responde. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo que ha dicho es 
la verdad pública y notoria, e lo sabe y en ello se afirma é rati- 
fica, etc., etc. — ^Juan de Ovalle. — El Licenciado Muñoz de Go- 
doy. — Ante mí, Pedro de Paz, Notario. 




120 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Declaración de Ana de la Encarnación (i). 

La dicha x-\na de la Encarnación, monja profesa en el mones- 
terio de San Joseph de Nuestra Señora del Carmen Descalza de 
la ciudad de Salamanca, testigo sobredicho, habiendo primero 
jurado é siendo preguntada al tenor del interrogatorio de pre- 
guntas é repreguntas, dijo lo siguiente: 

l.'^ A la primera pregunta dijo: que conoce á muchas mon- 
jas del monasterio de San Joseph de la dicha ciudad de Avila, 
por haber estado en la dicha casa algunos días, y que al Duque 
de Alba é Prior Don Fernando no les conoce, y conocía á la 
Madre Teresa de Jesús, difunta, de vista, habló é trató, y esto 
responde. 

A las generales dijo: ser de edad de más de cincuenta años, é 
como dicho tiene, es monja en el dicho monesterio, é prima her- 
mana de la Madre Teresa de Jesús por una parte y prima por 
otra, pero que á esta testigo no le va interés en esta causa, que 
Dios ayude á la parte que justicia tubiere. 

A la repregunta dijo: que ya tiene dicho su nombre é con- 
nombre y que es monja de treinta años á esta parte, poco más ó 
menos, y que es cristiana vieja y recibido el Santísimo Sacra- 
mento este presente año en esta casa é monesterio, é que no le 
tocan las demás repreguntas, que Dios ayude á la parte que jus- 
ticia tubiere. 

2.^ A la segunda pregunta dijo: que esta testigo sabe que la 
dicha Madre Teresa de Jesús era natural de la ciudad de Avila é 
hija de Alonso Sánchez de Zepeda y de Doña Beatriz de Ahu- 
mada, difuntos, y lo sabe esta testigo por haber conocido é tra- 
tado en la dicha ciudad de Avila al dicho Alonso Sánchez de Ze- 
peda y á la dicha Madre Teresa en su casa, y por tal fué habida, 
tenida é tratada, é comunmente reputada, é si fuera cosa en con- 
trario lo supiera ó hubiera oído, é no pudiera ser menos, por 



(i) Hija mayor de Sancho Dávila y de Inés de Guzmán, naturales de 
Ávila. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 121 

ser, como dicho tiene, prima hermana de esta testigo de parte de 
padi'e, y á& parte de madre, prima, como dicho tiene, y esto sabe 
de esta pregunta é responde á ella. 

A la repregunta dijo: que, como dicho tiene, conoció á la di- 
cha Madre Teresi de Jesús, fundadora de los monesterios de 
monjas Descalzas Carmelitas en la ciudad de Ávila, siendo mon- 
ja en el monasterio de la Encarnación de la dicha ciudad de Ávi- 
la, y de allí se salió á fundar la casa é monesterio de esta dicha 
ciudad, que fué la primera casa que fundó, é que es verdad fun- 
dó la dicha casa é monesterio de la Encarnación de la villa de 
Alba, y estuvo en ella como fundadora el tiempo necesario, y 
lo sabe porque de esta casa fué él á la dicha villa de Alba á la 
fundar, y de allí escribía á esta testigo, y esto es lo que sabe é 
responde, é que tenía amor á la dicha casa de la Encarnación de 
Alba por la haber fundado, y esto responde, 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que esta testigo fué monja en 
el dicho monesterio de la Encarnación de la dicha ciudad de 
Avila, juntamente con la dicha Madre Teresa de Jesús, y con fa- 
cultad y licencia de sus superiores salió del dicho monesterio á 
fundar monesterios de Descalzas Carmelitas, y esta testigo salió 
con ella á la ayuda á fundar los dichos monesterios de Descalzas 
en la regla primitiva, y esto es público y notorio é lo que sabe é 
responde. 

A la repregunta dijo: que sabe que la dicha Madre Teresa es- 
tuvo en el dicho monesterio de la Encarnación de la dicha villa 
de Alba, á donde enfermó y es público murió en el dicho mo- 
nesterio, y esto es lo que sabe é responde a esta repregunta. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que, como dicho tiene, sabe é 
\ió esta testigo que el primer monesterio que fundó la dicha 
Madre Teresa de Jesús de las dichas monjas Carmelitas Descal- 
zas en la regla primitiva, fué el dicho monesterio de la dicha ciu- 
dad de Avila, porque el propio testigo se lo vio fundar, como 
dicho tiene, y en las fundaciones pasó grandes trabajos y tuvo 
muchas contradicciones, así de personas de la ciudad como de 
otras personas, y esto lo vio él por testigo, por estar con la di- 
cha Madre Teresa, y esto responde á la pregunta. 



122 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

A la repregunta dijo: que sabe, como dicho tiene, que la di- 
cha Madre Teresa fundó el dicho moncsterio en la dicha ciudad 
de Avila porque lo \-ió, como dicho tiene, y que oyó decir que 
la dicha casa sobre que se edificó el dicho monesterio se com- 
pró para el dicho efecto por orden de la dicha Madre Teresa; y 
que á esta testigo le dijo Inés de Jesús, hermana de esta testigo, y 
la dicha Aladre Teresa de Jesús que había profesado en el dicho 
monesterio de San José de la dicha ciudad de .V\-ila y había sido 
y es público é notorio, y esto responde á esta repregunta. 

5.^ A la quinta pregunta del dicho interrogatorio, dijo esta 
testigo que dice lo que dicho tiene en las preguntas é repreguntas 
antes de ésta y que la dicha Madre Teresa de Jesús, después de 
haber fundado el dicho monesterio se quedó en él por funda- 
dora y Priora profesa conventual del dicho monesterio de San 
Josefe de Avila, y en él residió, excepto el tiempo le era necesa- 
rio andar é visitar las casas que fundaba, y de acabarlas, y á fun- 
dar otras que se ofrecían, y esto responde á la pregunta. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, que antes 
le parece á esta testigo y es cosa clara, que la casa é moneste- 
rio adonde profesan las monjas ó frailes tienen derecho á pedir 
el cuerpo de las personas que han profesado en las tales casas, 
y esto es claro, y que los monesterios donde mueren están obli- 
gados á darles el cuerpo, y esto responde á esta repregunta. 

6.^ A la sexta pregunta del dicho interrogatorio dijo: que 
dice lo que dicho tiene en las preguntas antes de ésta, y que 
sabe que estando la dicha Madre Teresa de Jesús en el dicho 
monesterio de San Josefe como tal fundadora profesa y conven- 
tual salió de él á fundar otros muchos monesterios de la dicha 
regla primitiva, y siempre tenía cuenta de volver á la dicha su 
casa como á su propio monesterio, y esto lo sabe esta testigo 
por tratarse con la dicha Madre Teresa y escribirse con ella de 
ordinario y por haber estado en esta casa y monesterio como 
fundadora de ella algunos días, y esto responde á la pregunta. 

A la repregunta dijo la dicha testigo: que dice lo que dicho 
tiene en las preguntas antes de ésta, y que siempre la dicha Ma- 
dre Teresa estaba á lo que era necesario en las casas que fun- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 1 23 

daba, y no más, y así entiende esta testigo que de la \illa 
de Alba fué á fundar su casa de la ciudad de Segovia ú otra 
casa de la dicha orden, y así se entiende esta testigo que en 
Alba no estuvo más del tiempo que fué necesario, y esto res- 
ponde. 

" ^ A la séptima pregunta del dicho interrogatorio dijo: que 
dice lo que dicho tiene en las preguntas antes de ésta, y que 
siempre, como dicho tiene, la Madre Teresa residía en la dicha 
casa de San Josefe de Ávila, si no era cuando la ocupaba la obe- 
diencia en otra parte ó estaba fundando algún monesterio, y 
esto responde á la pregunta. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, y que esta 
testigo oyó decir, no tiene noticia á quién, que la dicha aladre 
Teresa había enfermado y caído muy mala en la dicha villa de 
Alba, adonde murió habrá cinco años, poco más ó menos, y ansí 
mesmo le dijeron á esta testigo que viniendo de la fundación de 
la casa de Burgos, venía algo mala y se vino por la casa de Fa- 
lencia, Valladolid y Medina, y que allí la había apretado mucho 
el Perlado, que era de la dicha orden, á que viniese por la dicha 
villa de Alba por ver la Duquesa, porque á él se lo había pe- 
dido muy encarecidamente, y que la dicha Madre Teresa de 
Jesús porfiaba á ir primero á Avila, porque profesase Teresa de 
Jesús, su sobrina, que llevaba consigo y por obedecer al Perlado 
había ido por la dicha casa de Alba, adonde le cargó la enferme- 
dad y murió, y esto es público é notorio y lo que esta testigo oyó 
decir, y esto responde. 

8.^ A la octava pregunta del dicho interrogatorio dijo: que 
dice lo que dicho tiene en las preguntas antes de esta, y que por 
cartas de la dicha Madre Teresa y de otras personas supo esta 
testigo cómo era priora del dicho Monasterio de San Josete, y 
que de él fué á fundar el convento de monjas de su orden de la 
ciudad de Burgos, y esto responde. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, y que cono- 
ció al Padre fraile Jerónimo Gracián, y le conoce de muchos años 
á esta parte y que no le vio escribir, y esto responde. 

9.^ A la novena pregun-ta del dicho interrogatorio dijo: que 



124 boletín de la keal academia de la historia 

la dicha testigo, que dice lo que dicho tiene en las preguntas an- 
tes de éstas, y esto responde. 

10. A la décima pregunta dijo: que dice lo C|ue dicho tiene, 
y que ha oído decir lo que dice la pregunta á personas de quien 
no tiene noticia, y esto responde á la pregunta. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene y que lo oyó 
en este monesterio y ansi inesvw que estando en la villa de Alba 
se había sentido un poco mejor y había dado muestra que la lleva- 
sen al Monesterio de San José fe de la ciudad de Avila (i), y esto 
responde. 

11. A la oncena pregunta dijo: que esta testigo tiene por 
cierto que cuando murió la dicha Madre Teresa era actualmente 
Priora del dicho monesterio de Sanjoseph de Ávila, y !e faltaba 
de correr de su Priorato mucho tiempo, y esto lo tiene por cierto 
por haberlo oído decir cuando la eligieron, y esto responde á esta 
pregunta. 

12. A la doce pregunta dijo la testigo que dice lo que dicho 
tiene, y esto responde. 

13. A la trece pregunta dijo: que sabe esta testigo que el ca- 
mino que hay de Alba á Ávila es poco y se puede andar en 
breve; pero esta testigo no sabe determinadamente si son once ó 
doce leguas, y esto responde. 

14. A la catorce pregunta dijo: que sabe por ser el camino 
tan corto se puede llevar el cuerpo de la dicha Madre Teresa, 
cómodamente y con tan poca costa á la dicha ciudad de Ávila á 
su propio monesterio de San Joseph, y esto responde á la dicha 
pregunta. 

15. A la quince pregunta dijo: que esta testigo ha oído decir 
á personas religiosas y á otras personas religiosas y á otras per- 
sonas de que no se acuerda, que se ha llevado y traído el cuerpo 
de la dicha Madre Teresa desde Alba á Ávila y desde Ávila ha 
vuelto á la casa de Alba cómodamente y muy á poca costa, y así 



(1) Tres días antes de morir levantóse de la cama, y acompañada de 
Ana de San Bartolomé, se fué á casa de su hermana Juana para que la 
condujeran en una litera á Ávila. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA I 25 

le parece á este testigo se puede hacer agora, y esto responde. 

16. A la diez y seis pregunta dijo: que ha oído decir que 
dicho Fr. Jerónimo Gracián, Comisario Apostólico que era, había 
dado patente y mandato, que dice la pregunta, á la de la Madre 
Teresa de Jesús para el efecto que dice la pregunta, y esta tes- 
tigo se remite á ella. 

17. A la diez y siete pregunta dijo: que ha oído decir lo 
que dice la pregunta á religiosos de la orden de Carmelitas Des- 
calzos que se habían hallado presentes á la Junta que dice la pre- 
gunta, y esto responde. 

18. A la diez y ocho pregunta del dicho interrogatorio dijo: 
que dice lo que dicho tiene é que oyó decir lo que dice la pre- 
gunta á los dichos religiosos y que se había puesto el cuerpo de 
la dicha Madre Teresa en la casa y monesterio de San José de 
Avila, y esto responde á la pregunta. 

19. A la diez y nueve pregunta dijo: que esta testigo súpolo 
que dice la pregunta, por una relación que le envió de ello en 
ella contenido María de San Jerónimo, Priora de la casa y mo- 
nesterio de San José de Avila, y esto responde. 

20. A la veinte pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene á 
la pregunta antes de ésta, y esto responde. 

21. A la veintiuna pregunta dijo: que esta testigo ha oído de- 
cir que pasó lo que dice la pregunta como ella lo declara, y esto 
responde. 

22. A la veintidós pregunta dijo: que habrá más de tres años 
que esta testigo pasó por la villa de Alba y estuvo en la casa é 
monesterio de la Encarnación algunos días, porque iba por Priora 
á la casa de Medina, y en Alba le enseñaron la sepultura de la 
dicha Madre Teresa, lo cual estaba debajo de tierra sin la decen- 
cia que se debía, e allí supo como ninguno de la casa de Alba ni 
otro alguno hubiese gastado cosa alguna en ello, y esto responde. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que esta testigo ha oído 
decir á muchas personas de que no tiene noticia y á las monjas 
del dicho monesterio de la Encarnación de Alba, y ni el Duque 
de la dicha villa, ni el Prior D. Fernando, ni otro alguno de su 
casa no tienen que ver en el -dicho monesterio, ni son fundado- 



126 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



res de él, ni patronos, ni tienen capilla ni armas en él, y que 
Francisco Velázquez y su mujer, difuntos, son los que dejaron la 
renta al dicho monesterio, y esto es lo que ha oído y responde á 
la pregunta. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo dicho es verdad 
y en ello se afirma é ratifica, é lo firmó de su nombre juntamente 
con el de dicho Provisor. — Ana de la Encarnación. — Licenciado 
Muñoz de Godoi. — Pasó ante mí: Pedro de Paz, Notario. — Está 
rubricado. — Alba de Tormes, 22 de Septiembre de 1 587. 



Á\^Cs^^ Lt^Í4/Ui^ 







Declaración de Inés de Jesús (i). 

La dicha Inés de Jesús, Priora de dicho monesterio de la En- 
carnación de dicha villa de Alba, la cual habiendo jurado, é sien- 
do preguntada por las preguntas de dicho interrogatorio que la 
parte pidió, dijo lo siguiente: 

I.^ A la primera pregunta dijo: que conoce al Duque de Alba 
y al Prior de San Juan y á la justicia y regimentó de esta villa, á 
unos de vista y á otros de oídas, y que tiene noticias del mones- 
terio de San José de la dicha ciudad de Ávila y de este mones- 



(i) Testigo presentado por el Duque. Nació en 1553, profesó el 30 de 
Septiembre de 1585 y falleció en 1634; hermana entera de Ana de la En- 
carnación, monja profesa en el convento del Carmen, en Salamanca. 



I 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA \2^ 

terio de la Encarnación y que no tiene de la justicia y regemiento 
de Ávila. 

Fué preguntada por las generales; dijo: que es de edad de 
treinta y cuatro años poco más ó menos, y que es Priora del di- 
cho monesterio, como dicho tiene, que por eso no dejará de de- 
cir verdad en lo que supiere y le fuere preguntado; que no le 
tocan las demás preguntas generales y que Dios dé la justicia á la 
parte que la tubiere. 

4.^ A la cuarta pregunta que la parte pidió dijo: que es la 
verdad que la dicha Madre Teresa de Jesús acudía á los dos mo- 
nesterios contenidos en la pregunta y también venía á este de la 
Encarnación y á todos los tenía por propios, y que esta testigo 
vio que estando mala la Madre Teresa de Jesús, la Duquesa vieja 
de Alba la visitó en su celda estando ella en la camaj/^rí» loque 
trató con ella esta testigo no lo sabe, y que esta testigo oyó decir, 
después de la muerte de dicha Madre Teresa de Jesús, á la Ma- 
dre Juana del Espíritu Santo, que el P.'' ¥v. Antonio de Jesús, 
Vicario provincial, había preguntado á la dicha Madre Teresa de 
Jesús, después de oleada, si quería que si Dios la llevare, su 
cuerpo fuese llevado á Avila y que ella había respondido: ¿Aquí 
no me darán un poco de tierra?, y que la dicha Juana del Espí- 
ritu Santo, le contestó: Sí, mi Madre, que Nuestro Señor no 
tuvo casa propia ; y que la dicha Madre Teresa de Jesús había 
respondido , ó que vien me dice; y que también oyó decir á la 
hermana Catalina Bautista, que en este mismo tiempo había di- 
cho Ana de San Bartolomé, que era compañera de la dicha Ma- 
dre Teresa de Jesús y venía con ella: ¡Madre, mire vuesa reve- 
rencia que es Priora de la Casa de Avila! y que ella había res- 
pondido: déjense de eso (i), y esto es lo que sabe á la pregunta 
y no otra cosa. 

A la repregunta dijo: lo que dicho tiene y que esto es la verdad, 
y lo que sabe para el juramento que hizo y lo firmó de su nom- 



(i) En plural y considerando impertinente el tema de la consulta 
sobre cuyo asunto no ignoraba Fr. Antonio existían acuerdos solemnes 
desde antes de cesar en el obispado de Avila D. Alvaro de Mendoza. 



128 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



bre juntamente con el Probisor. — Inés de Jesús. — El Lie.''" Mu- 
ñoz de Godoy. — Pasó ante mí: Pedro de Paz, Notario. 




w/t> 







Declaración de Don Francisco de 9epeda (i). 

El dicho don P'rancisco de Zepeda, vecino de la ciudad de 
Avila, y estante en esta Corte, testigo jurado é presentado, é ha- 
biendo sido preguntado por la I.^ 2.^, 3.^, 4."'' y 6^ y última pre- 
guntas del dicho interrogatorio é por las respuestas á ellas con- 
cernientes, dijo é depuso lo siguiente: 



(i) Hijo de D. Lorenzo de Cepeda y de su esposa D.^ Juana Fuentes. 
Nació en 1560 y falleció en 16 17, hallándose casado con D.^ Orofrisia de 
Mendoza y Castilla, y sin sucesión. Nacido en Quito, fué vecino de Avila. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 1 29 

I.* A la primera pregunta dijo: que conoce á las partes de 
\-ista, habla é conversación é.ansí misnao conoció á la Madre Te- 
resa de Jesús de diez años á esta parte, poco más ó menos, é la 
trató é comunicó con ella é anduvo con ella este testigo algún 
tiempo y tiene noticia de este pleito. 

E preguntado por las preguntas generales de la ley, dijo: que 
es de edad de veintisiete años, poco más ó menos, que este tes- 
tigo es deudo de la dicha Aladre Teresa de Jesús, porque era her- 
mana de su padre de este testigo, pero que por esto no dejará 
de decir verdad de lo que supiere é le fuere preguntado, é desea 
venza la parte que tuviere justicia. 

2.^ A la segunda pregunta dijo: que este testigo sabe la pre- 
gunta como en ella se contiene, porque es vecino c natural de la 
dicha ciudad de Avila, y su padre de este testigo lo era así mis- 
mo, é por tal lo ha tenido y esto es la pública voz y fama. 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que es verdad que la dicha 
Madre Teresa de Jesús era Monja profesa en el monesterio de la 
Encarnación de Avila de Monjas Carmelitas Calzadas, y de allí 
salió y fundó otros monesterios de Descalzas de la dicha orden, y 
esto es público y notorio y lo sabe. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que el primer monesterio que 
fundó la dicha ]Madre Teresa de Jesús de Monjas Descalzas fué 
en la ciudad de Avila el Monesterio que es de San Joseph, lo cual 
ha entendido siempre por público y notorio, é nunca ha oído 
cosa en contrario, y tal es público y notorio é pública voz é fama. 

6.^ A la sexta pregunta dijo: que lo que sabe es que la dicha 
Madre Teresa de Jesús, como fundadora que era de la orden de 
Descalzas, andaba visitando los monesterios que había de la dicha 
orden y tornaba al dicho monesterio de San Joseph de Avila 
como á su monesterio, y si no estaba de ordinario en Avila era 
por haber de acudir á cosas forzosas de otros monesterios y la 
obediencia le mandaba acudir á ellas, y esto responde. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo que ha dicho es la 
verdad y en ello se afirma y ratifica, para el juramento que hizo, 
y firmólo de su nombre. 

Repregutas. — l.^ Preguntado por la primera repregunta dijo: 



I30 



boletín de la real academia de la historia 



que dice lo que dicho tiene, é que es lego casado y vive de su 
hacienda y no le va interés en esta causa é desea venza quien tu- 
biere justicia, que se confiesa cuando lo manda la Santa Madre 
Iglesia, é lo demás no le toca. 

2.^ A la segunda repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en el dicho su dicho á que se refiere. 

3.^ A la tercera repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene. 

4.* A la cuarta repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
y es la verdad y en ello se afirma y ratifica para el juramento 
que ha hecho, é firmólo de su nombre. 

Fuele encargado el secreto de su dicho hasta la publicación, é 
prometiólo so pena de excomunión. 

Firmas: Don .Francisco de Qepeda. — D."'' Bern.^ del Mármol 
(j!apata. — Pasó ante mí. Joan de S.** M.% notario. Rubricado. 




C.af^^^^^*--- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA I3I 

Declaración de Beatriz de Jesús (r). 

La dicha Beatriz de Jesús, monja profesa en la casa é mo- 
nesterio de la Encarnación de monjas Descalzas Carmelitas de la 
Villa de Alba de Tormes, testigo sobredicho, habiendo primero 
jurado é siendo preguntado al tenor de las preguntas que la parte 
pidió, dijo lo siguiente: 

I.^ A la primera pregunta dijo: que conoce á las partes é 
que conoció á la Madre Teresa de Jesús porque era su tía her- 
mana de su madre, é tiene noticia de esta causa. 

A las generales dijo: ser de edad de veinticinco años, poco más 
ó menos, é que es monja profesa del dicho monesterio y era su 
tía la dicha Teresa de Jesús, pero que por eso no dejará de decir 
verdad, que Dios ayude á la justicia. 

A la repregunta dijo: que es verdad lo que dicho tiene. 

2.^ A la segunda pregunta dijo: que es verdad lo que dice la 
pregunta. 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que sabe la pregunta como en 
ella se contiene por haberlo oído á sus padres é leído la leyenda 
de la dicha Teresa de Jesús, y esto declara. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que la sabe por las razones 
que tiene dichas en las preguntas antes de ésta, y esto declara. 

5/ A la quinta pregunta dijo: que no la sabe más que de 
haberlo oído decir. 

6.^ A la sexta pregunta dijo: que lo ha oído decir lo que dice 
la pregunta, porque de vista no lo sabe. 

7.^ A la séptima dijo: que no la sahe. 

8.^ A la octava pregunta dijo: que la sabe porque así lo vio 
esta testigo estando en Avila en aquella sazón, y esto declara. 

g.^ A la novena pregunta dijo: que la sabe y que lo tiene 
por cierto, porque así se decía muy público que iba con priesa 
para Avila á dar el velo á una sobrina suya, y esto declara. 



(i) Fué Beatriz dé Ovalle y Ahumada, hija de D. Juan de Ovalle y su 
esposa D.* Juana de Ahumada, hermana de Santa Teresa. 



132 boletín de la real academia de la historia 

10. A la décima pregunta dijo: que ha oído decir que vi- 
niendo por esta villa falleció en este monesterio, é que en él es- 
tuvo catorce 6 quince días, y esto responde. 

11. A la undécima pregunta dijo: que sabe era tal Priora la 
dicha Madre Teresa de Jesús, porque así era público é por saber 
todas sus cosas esta testigo más en particular que otras, y esto 
declara. 

12. A la duodécima pregunta dijo: que no la sabe más de 
haberlo oído decir á su madre, que se mandase llevar á ente- 
rrar á Ávila\ porque la Madre Teresa de Jesús adonde quiera 
que muriere la llevarían á .Vvila, y esto ha oído decir á sii madre 
como dicho tiene., y no sabe otra cosa, porque al tiempo que la 
Madre Teresa de Jesús falleció esta testigo no era monja, porque 
no ha más de tres años que lo es, y esto declara. 

13. A la décimatercia pregunta dijo: de aquí á Avila hay 
trece leguas y de fácil camino, y esto declara. 

14. A la décimacuarta pregunta dijo: que le parece así como 
la pregunta dice. 

15. A la décimaquintá pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene. 

16. A la décimasexta pregunta dijo: que no la sabe. 

17. A la décimaséptima pregunta dijo: que así como la pre- 
gunta lo dice lo ha oído, que se determinó en Capítulo se lleva- 
sen el cuerpo de la Madre Teresa de Jesús á Ávila, y esto de- 
clara. 

18. A la decimoctava pregunta dijo: que ha oído decir que 
habían llevado el cuerpo de la Madre Teresa de Jesús á Avila, é 
lo demás no lo sabe. 

19. A la décimanona pregunta dijo: que ha oído decir que 
el dicho Obispo empezó á labrar la dicha capilla y dejaba hacien- 
da para ella, y esto declara. 

20. A la veinte pregunta dijo: que no la sabe. 

21. A la veintiuna pregunta dijo: que ha oído decir lo que 
dice la pregunta. 

22. A la veintidós pregunta dijo: que el cuerpo de la Madre 
Teresa de Jesús estaba entre dos rejas en la pared del coro bajo, 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA 



133 



y que le parece no estaba tan indecentemente como dice la pre- 
gunta, é que ahora está en el coro alto en una caja con su paño 
de terciopelo carmesí, con unos frontales alrededor, y que no 
sabe que en el sepulcro se haya gastado nada por parte de la 
casa de Alba, más de en el entierro y honras, y esto declara. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que sabe lo contenido en 
la pregunta y que no le dan cosa alguna los de la casa de Alba 
á este monesterio, tan sólo algunas limosnas que hace é les dá 
el Prior D, Fernando, / que los pasados también las hadan, y 
esto responde. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo que ha dicho es 
la verdad para el juramento que fecho tiene, y en ello se afirma 
y ratifica, &. 

Firmas: Beatriz de Jesús. — El Licenciado Muñoz de Godoy. — 
Pasó ante mí: Pedro de Paz, notario público apostólico. — Alba 
de Tormes, 22 de Septiembre de 1 587. 




'Üv^yf^' 




A* 



9 pedio^^M/f 




Madrid, 7 Enero 1916. 



José Gómez Centurión, 

Correspondiente. 



TOMO LXVII!. 



134 boletín de la real academia de la historia 

II 

CURSO DE GEOGRAFÍA GENERAL 

El Sr. D. Valentín de la Varga, Catedrático numerario por opo- 
sición de Geografía é Historia en el Instituto de Cádiz y Corres- 
pondiente de nuestra Real Academia, ha escrito un Curso de 
Geografía general, y para que dicha obra pueda servirle de mé- 
rito en su carrera, ha solicitado el informe á que se refieren el 
art. 29 del Real decreto de 12 de Abril de 1901 y la Real orden 
de 28 de Febrero de 1 908. Según lo preceptuado en esta última, 
la Subsecretaría de Instrucción pública y Bellas Artes tuvo á 
bien remitir á esta Real Academia el libro de que se trata, sobre 
el cual debo informar, en cumplimiento del encargo con que se 
dignó favorecerme el Sr. Director. 

El Curso de Geografía general que ha publicado el Sr. de la 
Varga es una obra dedicada á la enseñanza de esta materia en los 
Institutos generales y técnicos. Previos los preliminares refe- 
rentes al concepto, división, utilidad é importancia de la Geo- 
grafía, y al método aplicable á su enseñanza, se van expo- 
niendo en sucesivos capítulos ó lecciones los conocimientos ele- 
mentales de las llamadas Geografía astronómica, física y política 
y se entra luego en la Geografía descriptiva, ó sea la descripción 
de cada uno de los Estados ó naciones de Europa, y, en forma 
más concisa, de los demás continentes ó partes del mundo. 

Como se ve, el autor desarrolla el plan de la asignatura de con- 
formidad con las ideas predominantes y las prácticas admitidas 
en la mayor parte de nuestros centro docentes; pero su libro se 
distingue con ventaja de otros análogos por la claridad del len- 
guaje y por el acierto con que en él se resumen todos los varia- 
dos aspectos de cada país en lá proporción y en los términos de- 
bidos para que las descripciones resulten exactas y completas, 
y pueda el lector, sin esfuerzo, formar juicio de las circunstan- 
cias geofísicas, políticas y económicas que caracterizan al respec- 
tivo país. 



INGRESO DEL SR. ESCOVAR EN LA ORDEN CIVIL DE ALFONSO XII ¡35 

Si con espíritu exageradamente crítico y con afán de hallar de- 
fectos examináramos la obra, pudiera tal vez censurarse algún des- 
cuido en la transcripción de voces geográficas correspondientes 
á pueblos cuyo idioma se escribe con alfabeto distinto del nues- 
tro; pero ello de ningún modo obsta al mérito y valor didáctico 
del libro objeto de este informe. 

En consecuencia, opina el que suscribe^ — salvo el más acer- 
tado parecer de la Academia —que el Curso de Geografía general 
escrito por el Sr. D. Valentín de la Varga, merece aprobación, 
desde el punto de vista didáctico, para que pueda servir al autor 
de mérito en su carrera. 

Madrid, 12 de Noviembre de 19 15. 

Ricardo Beltrán y Rózpide. 



III 

EL INGRESO DEL SR. DÍAZ DE ESCOVAR EN LA ORDEN 
CIVIL DE ALFONSO XII 

El Ministerio de Instrucción pública pregunta á esta Acade- 
mia por los merecimientos que el Sr. D. Joaquín María Díaz de 
Escovar tiene para su ingreso en la Orden Civil de Alfonso XII, 
especialmente creada para honrar á los que más hayan contribuí- 
do al fomento de la cultura patria, y para lo que, como á uno de 
sus individuos más ilustres, lo propone la Comisión de Monu- 
mentos históricos y artísticos de la provincia de Málaga. 

La Academia habría dado la respuesta antes de recibir la pre- 
gunta, nombrando desde 13 de Julio de 1 907, por sus muchos- 
trabajos históricos y literarios, al Sr. Díaz de Escovar su Corres- 
pondiente en r^íálaga, como lo era ya, desde el 1 7 de Junio de 
1902, de la de Nobles Artes de San Fernando. 

Es, en efecto, el Sr. Díaz de Escovar muy conocido en aquella 
ciudad y provincia, y aun en toda Andalucía, y son muy popula- 



136 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

res los innumerables trabajos arqueológicos, históricos y literarios, 
notables todos, de que ha llenado Revistas y publicaciones anda- 
luzas, sin que falte su firma respetada en las columnas de nues- 
tro propio Boletín. 

(.^bras suyas son los interesantes estudios sobre «La Imagen y 
culto de Nuestra Señora de la Victoria, Patrona de Málaga», so- 
bre «El Guadalmedina y sus avenidas», sobre «El ex Convento 
de Franciscanos Recoletos de Nuestra Señora de Miraflores de 
los Angeles, extramuros de Málaga», sobre «Los Santos Mártires 
Ciríaco y Paula, Patronos de la Ciudad», y otros muchos, que 
harían sobrado larga esta relación, y en que él ha lucido sus co- 
nocimientos no comunes, su grandísima erudición, la elegancia 
de su estilo y la elevación de sus ideas, y en que ha consagrado 
su patriótico entusiasmo á reconstituir la historia de aquel her- 
moso país, como cronista oficial que es de él desde 1898.. 

Persona de tanto relieve y nombradía como es el Sr. Díaz de 
Escovar, no necesita de largos informes que den á conocer unos 
méritos que todo el mundo sabe allá y aquí. Me limito, pues, á 
indicar á la Academia, en cumplimiento de su deseo, que, á mi 
juicio, procede decir al Ministerio de Instrucción pública, breve y 
concisamente, que nuestro distinguido Correspondiente malague- 
ño merece de lleno el ingreso en la Orden Civil de Alfonso XII, 
como aquella Comisión para él tan fundadamente solicita. 

La Academia hará, sin embargo, lo que estime más convenien- 
te, que será, como siempre, lo más acertado. 

Madrid, 23 Noviembre 1915. 

¥. F'ernández de Béthencourt. 



HISTORIA DE MARRUECOS 137 

IV 
HISTORIA DE MARRUECOS 

El que suscribe tiene el honor de someter á la resolución de 
la Academia, en cumplimiento del encargo recibido del señor 
Director, el siguiente proyecto de informe: 

«En la copiosa bibliografía marroquí, acrecentada en España 
desde que fuimos llamados en 1 904 á compartir con Erancia la 
civilizadora tarea de la penetración pacífica en Marruecos, echá- 
banse de menos libros relativos á la Historia del Imperio mogre- 
bino, la cual figura hoy, con buen acuerdo, entre las materias 
que deben conocer los aspirantes á ingreso en la carrera diplo- 
mática'. Los Apuntes para la Historia de Marruecos^ que en sus 
mocedades escribió D. Antonio Cánovas del Castillo, y que han 
sido reimpresos por uno de sus deudos después de la muerte del 
insigne y malogrado estadista, y la Historia de Marruecos^ del 
R. P. Castellanos, son las únicas obras históricas españolas que 
se conocen, y ninguna de ellas, aun reconociendo el mérito sin- 
gular y los felices atisbos de la primera, basta á satisfacer la 
legítima curiosidad de cuantos desean saber é ignoran los ante- 
cedentes de una política que nos ha llevado á las vecinas cos- 
tas africanas, en las que es de esperar que Dios nos mantenga, 
no dejando de su mano á nuestros gobernantes, negociadores y 
soldados. 

En Erancia, donde las cuestiones exteriores interesan, no sólo 
á unos pocos que por razón de oficio las estudian, sino á muchos 
que procuran el engrandecimiento de su país fomentando todas 
las empresas á tan patriótico fin encaminadas, se han publicado 
numerosos libros dedicados á las cuestiones de Marruecos, que, 
claro está, se tratan y juzgan desde el punto de vista francés. En 
España no había ninguno que vacando á plazos todas las vicisi- 
tudes de nuestra no siempre acertada política africana, pudiera 
servir de prontuario y de guía á los jóvenes que aspiren á cose- 
char laureles en el yermo campo de nuestra diplomacia, así como 



138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

también á los Ministros de Estado, que á menudo se encargan, 
completamente ayunos, de la dirección de nuestras relaciones 
exteriores. V esta guía de diplomáticos y gobernantes primeri- 
zos, que tanta falta hacía, es la que acaba de publicar el docto 
Académico D. Jerónimo Bécker con el título de Historia de Ma- 
rruecos^ aunque, según su mismo autor confiesa, mejor le ven- 
dría el de Apuntes para ¡a Historia de la penetración europea, y 
principalmente de la española, en el Norte de África. En un grue- 
so volumen en 4.°, de 590 páginas, hallará el lector una sucinta 
historia de Marruecos desde los tiempos más remotos hasta el 
fin del Imperio y el establecimiento del protectorado, y una am- 
plia, minuciosa y documentada historia diplomática de nuestra 
acción en África desde la guerra de 1 8 59, última guerra extran- 
jera verdaderamente nacional que mantu\'o España, en la que el 
Gobierno se vio secundado por una opinión entusiasta y unáni- 
me, y el ejército se cubrió de gloria al mando de un ilustre cau- 
dillo que tenía tantas partes de soldado y de estadista. El señor 
Bécker rebate el aserto, hijo de la pasión política, de que fué 
una guerra grande y una paz chaca, y califica, con razón, de no- 
vela histórica, recogida por escritores alemanes y por los espa- 
ñoles continuadores de la Historia general de España, de La 
Euente, la afirmación de que Inglaterra tuvo el atrevimiento de 
reclamarnos en tan críticas circunstancias una deuda atrasada de 
49 millones de reales. 

Sube de punto el interés del libro á partir de la Conferencia 
de Madrid de 1880, cuando por un lamentable error de nuestra 
voluble y desorientada diplomacia, dióse carácter internacional 
al problema de aAIarruecos y voz y voto en el capítulo á poten- 
cias desinteresadas, pero de robustos apetitos y perturbadoras 
ambiciones mundiales, que entonces se disfrazaban, a lo cartagi- 
nés, so capa del pacífico desarrollo del comercio. El frustrado 
tratado hispano-francés de I902; el de 3 de Octubre de 1904, 
ajustado en París á consecuencia del art. 8.° de la Declaración 
anglo-francesa de 8 de Abril de aquel año; la crisis franco-ale- 
mana de 1905; la Conferencia de Algeciras; los sucesos de Casa- 
blanca en 1907; los de Melilla en 1909; las negociaciones hispa- 



HISTORIA DE MARRUECOS I39 

no-marroquíes y el incumplido acuerdo de 1 6 de Noviembre de 
1910; la entrada de las tropas francesas en Fez y la ocupación 
por las nuestras de Larache, Alcázar y Arcila; el envío á Gadir 
del buque alemán Panther; las negociaciones franco-alemanas y 
el Convenio de Berlín de I911; las negociaciones hispano-fran- 
cesas, en que nos prestó amistosamente su apoyo diplomático 
Inglaterra, y el Convenio de Madrid de 27 de Noviembre de 
1912, cuestiones todas de vital importancia para España, y sin 
cuyo cabal conocimiento no es posible darse cuenta de nuestra 
política exterior en lo tocante al x\frica septentrional, trátalas el 
Sr. Bécker con gran copia de datos y desapasionado criterio. 
Claro es que la documentación que sirve de base á su juicio es 
la publicada por los Gobiernos interesados en libros de toda clase 
de colores, y no la reservada que se guarda en los archivos ofi- 
ciales ó anda desperdigada en manos de los que intervinieron en 
estas negociaciones diplomáticas. Por eso, á pesar del manifiesto 
y laudable propósito del historiador de ser completamente im- 
parcial en sus relatos y en sus juicios, alguna si bien rara vez no 
lo logra, por no haber podido ó querido beber en las fuentes de 
donde mana la verdad, no contaminada por los microbios del in- 
terés y del prejuicio. 

Pregunta, al terminar, el Sr. Bécker si, por haber dejado de 
existir el Imperio de Marruecos, habrá también dejado de exis- 
tir, en la esfera internacional, la cuestión de Marruecos, y recor- 
dando la frase de un académico tan conocedor de estos asuntos 
como el Conde de la Mortera, de que Tánger internacionalizado 
es la cuestión de Marruecos reducida, pero íntegra, dice que no 
es posible arriesgarse á dar una contestación afirmativa. Paréce- 
nos, sin embargo, que sin presumir de zahori, y aun suponiendo, 
que es mucho suponer, que esta cuestión de Tánger hubiese que- 
dado resuelta conforme á nuestros deseos en la única y desapro- 
vechada ocasión con que nos brindó la Providencia, puede desde 
luego afirmarse que el problema de Marruecos es uno de los mu- 
chos pendientes del curso y desenlace de la guerra que hoy di- 
vide y perturba al mundo entero. Sólo los que poseen una acaso 
excesiva confianza en sí mismos y gozan de la seráfica beatitud 



I40 boletín de la real academia de la historia 

que la fatuidad y la ignorancia engendran, pueden creer y no se 
recatan de decir que, sea cual fuere el término del actual conflicto 
europeo, nadie ha de atreverse á poner en tela de juicio ni ha 
de someter á regateos los derechos de España en Marruecos, 
consignados en solemnes pactos internacionales, como si tales 
pactos, nunca bastantes á enfrenar ambiciones y codicias, no 
fuesen hoy meros papeles, tan depreciados, que no fiaría á ellos 
ningún hombre prudente su fortuna. 

Dicho esto, huelga el añadir que la Historia de Marruecos, del 
Sr. Bécker, reúne con creces todas las condiciones necesarias á 
los efectos del art. I.° del Iveal decreto de i.° de Junio de igoo, 
según el parecer de la Academia.» 

La cual, no obstante, resolverá, como siempre, lo que estime 
más acertado. 

Madrid, 7 de Noviembre de 19 15. 

El Marqués de Villa-Urrutia. 



V 

RECTIFICACIONES HISTÓRICAS: DE GUADALETE 
Á COVADONGA 

por Don Ricardo Burgiiete. 

Por espacio de no pocos años, durante más de medio siglo, 
hemos vivido bajo la avasalladora influencia de una crítica esen- 
cialmente negativa; y en el transcurso de ese período, que en 
realidad no cabe dar por terminado, acometidos de la fiebre de 
la duda é imaginando que la realidad histórica debe descansar 
exclusivamente en el testimonio de los documentos, no sólo he- 
mos sujetado á severo examen y no muy desapasionada é impar- 
cial comprobación todo aquello que se nos figuraba ser inven- 
ción forjada á través de los tiempos, sino que hemos arremetido 
despiadados contra todas nuestras tradiciones, las cuales, una á 
una, como van desapareciendo, arrancadas del alma por el tor- 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS I4I 

bellino déla vida, las ilusiones que iluminaron nuestra juventud, 
han sido arrancadas y han desaparecido de las páginas inmorta- 
les de la Historia por la mano de hielo del escepticismo contem- 
poráneo. 

Cierto es que, si la substancia de la Historia es la verdad, 
como escribió el historiador y poeta Solís, á la verdad hay que 
sacrificarlo todo en la Historia: las creencias más arraigadas, los 
sentimientos más íntimos, los compromisos de partido ó de es- 
cuela; y cierto es también que no hay tarea más hermosa, aun- 
que tampoco más ingrata para el historiador, que la de ir des- 
entrañando la realidad á través de las fábulas forjadas por la 
fantasía popular, de las invenciones, no siempre desinteresadas, 
de los cronistas, y de los errores que forzosamente encierra toda 
obra humana. Pero el culto á la verdad impone al que ha de practi- 
carlo una altísima imparcialidad, y ésta excluye por completo que 
sistemáticamente se rechace cuanto no es dado hoy día demostrar, 
y que se ponga especial empeño en negar fundamento á todas, 
absolutamente á todas las tradiciones; porque no cabe olvidar 
que, como ha afirmado el sabio Saavedra, nada se cuenta ni se 
escribe que no tenga, más ó menos remota, raíz en lo verdadero. 

Por esto, precisamente por esto, rindiendo tributo á la verdad, 
que en esa labor crítica á que antes aludía puede haber resulta- 
do, y seguramente lo ha sido en" muchos casos, deformada, mu- 
tilada, ya que no en absoluto negada por los enamorados del 
detalle, por los esclavos del documento, por los amigos de no- 
vedades y por los que no han sabido despojarse de sus prejui- 
cios y de sus pasiones; por esto, repito, no falta hoy día quien se 
pregunte si en esa obra de rectificación no se ha caminado de- 
masiado deprisa y no se ha ido sobrado lejos; si al querer depu- 
rar la Historia, despojándola de todo aquello que ha forjado la 
imaginación de unos ó la pasión de otros, no se ha echado por 
tierra algo que merece respeto y algo también que se acomoda 
mejor á la realidad que aquello otro con que se lo ha querido 
sustituir, y, en fin, si no se impone una revisión severa de esas 
críticas, en las cuales habrá mucho que aprovechar y mucho de 
que se deba prescindir. 



142 boletín de la real academia de la historia 

Después de todo, esa novísima tendencia á volver sobre lo que 
parecía definitivamente juzgado, no puede sorprender á nadie 
ni debe ser rechazada ab irato, porque es preciso tener siempre 
presente esta gran lección que nos dejó trazada nuestro insigne 
Menéndez y Pelayo: «Nada envejece tan pronto como un libro 
de Historia. Es triste verdad, pero hay que confesarla... La ma- 
teria histórica es flotante y móvil de suyo, y el historiador debe 
resignarse á ser un estudiante perpetuo y á perseguir la verdad 
dondequiera que pueda encontrar resquicio de ella, sin que le 
detenga el temor de pasar por inconsecuente.» Y si no puede 
sorprender ni debe rechazarse, cuando se nos presenta una obra 
inspirada en esa tendencia, y desde luego se advierte que no se 
trata de un capricho ó de una genialidad, sino que en ella se 
busca de buena fe la \'erdad, con el propósito de servir á la His- 
toria y á la cultura, deber nuestro es examinarla fríamente, se- 
renamente, sin prejuicios de ninguna clase, para ver si en sus 
páginas encontramos argumentos y pruebas que nos obliguen á 
rectificar nuestro pensamiento ó nos confirmen lo que por exacto 
hasta ahora hemos tenido. 

Por obedecer á esa tendencia y reunir las mencionadas con- 
diciones, he creído que no debíamos dejar pasar en silencio la 
obra que, con el título de Rectificaciones históricas^ ha publicado 
recientemente D. Ricardo Burguete; y al efecto he solicitado y 
obtenido la venia de nuestro sabio Director, con acuerdo de la 
Academia, para llamar vuestra ilustrada atención acerca de esa 
obra, en la cual el autor se propone destruir dos asertos que ha- 
bían logrado, especialmente uno de ellos, hacerse gran camino en 
el ánimo de los doctos. Esos dos asertos son: el de que el sangrien- 
to combate que puso fin al imperio de los visigodos en España 
no tuvo lugar en las orillas del Guadalete, sino en las inmediacio- 
nes del lago de la Janda y del río Barbate, y el de que el relato 
de las hazañas de Pelayo en Covadonga es un mero plagio del 
de la rota de Roldan y C'arlo Magno en los desfiladeros de Ron- 
cesvalles. 

Con sólo enunciar, aunque sea así, en cuatro palabras, el ob- 
jeto de ese libro, queda evidenciada su importancia; porque á 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS 143 

nadie puede ocultarse cuánto interesa saber con certeza el sitio 
en que tuvo lugar el encuentro entre Tarik y Don Rodrigo, y si 
existió ó no el famoso combate de Covadonga. No se trata de 
cuestiones de mera erudición histórica, sino de cosas que intere- 
san más, que valen más que el amor propio de un historiador, 
por ilustre y respetable que éste sea. Importa mucho dilucidar 
si la batalla de Covadonga es una gloriosa realidad de nuestra 
vida nacional ó un producto de la fantasía popular, cuando no 
una imitación de hermosas páginas de la historia de un pueblo 
vecino, como no ha mucho ha sostenido un historiador extran- 
jero, repitiendo asertos de algún escritor español; porque si no 
existió esa batalla, el origen de nuestra reconquista no se debe- 
ría al heroico esfuerzo de los españoles, la Cruz de la Victoria 
dejaría de ser un símbolo del heroísmo de nuestra raza y la epo- 
peya terminada en las vegas granadinas habría tenido por co- 
mienzo la admirable labor de Carlos Martel en la Galia Narbo- 
nense; y si esto importa mucho, no importa menos fijar el sitio 
en que se hundió para siempre el Imperio visigótico, porque de 
esto se deducen capitalísimas lecciones de política militar y tras- 
cendentales enseñanzas para los Gobiernos y para la nación; 
como que esas lecciones y estas enseñanzas afectan á la defensa 
del territorio. 

De estas ligerísimas indicaciones se desprende que el libro del 
Sr. Hurguete consta en realidad de dos partes, destinadas, res- 
pectivamente, á dilucidar esas dos interesantísimas cuestiones: la 
primera, consagrada á estudiar la batalla del (kiadalete ó del 
lago de la Janda, y, como consecuencia de ésta, el itinerario de 
la invasión y conquista definitiva de España por Tarik y Muza; 
y la segunda, dedicada al análisis y crítica de lo relativo al com- 
bate en Covadonga y á las operaciones realizadas durante el 
primer siglo de la Reconquista. Uno y otro estudio responden á 
una idea que constituye en el Sr. Hurguete creencia arraigadí- 
sima: la de que es indispensable, absolutamente indispensable, 
que los militares realicen, un año y otro, á manera de prácticas, 
y como corolario de los estudios teóricos, la investigación y 
comprobación sobre el terreno de las campañas, de las batallas 



144 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y de los sitios memorables que registra en sus páginas la Histo- 
ria; porque, á su juicio, el terreno es un libro admirable y per- 
manente sobre el cual se desarrollaron los sucesos con la lógica 
que su estructura impone, y al comprobar el valor que en el 
pasado tuvieron los lugares históricos, muéstrase que lo tienen 
también en el presente y que lo tendrán en el porvenir. 

Esta idea, que aun siendo por completo ajeno á la ciencia mi- 
litar, no vacilo en calificar de afortunadísima, y cuya realización 
tiene para el historiador inmensa utilidad, esta idea, repito, no 
es nueva en el Sr. Burguete. 

Permítaseme una pequeña digresión; permítaseme que evoque 
un recuerdo personal que tiene para mí la melancólica poesía de 
los tiempos que pasaron para no volver más. 

Conocí al Sr. Burguete hace unos veinticinco años, cuando 
acababa de salir de la Academia de Toledo. Por entonces se cer- 
nía sobre España, como una amenaza, el anuncio de una nueva 
guerra civil, y yo, que veía con frecuencia al joven oficial, le en- 
contraba siempre, en las horas que le dejaba libre el servicio mi- 
litar, siguiendo sobre el mapa los relatos de la Historia de nues- 
tras luchas intestinas. Se nos enseña la ciencia militar, mucha 
ciencia, me decía; el manejo de las armas y el empleo de las tro- 
pas, lo que varía, lo que cambia; pero no se nos enseña práctica- 
mente á utilizar los accidentes del terreno, lo que obedece á le- 
yes inmutables. Y una y otra vez me expresaba su anhelo y su 
esperanza de completar ese estudio recorriendo las Provincias 
Vascongadas, para adquirir la preparación que estimaba indis- 
pensable. 

No se le logró al Sr. Burguete su deseo. Bien pronto, sí, pudo 
comprobar la necesidad del estudio del terreno; pero no fué en 
las Provincias Vascongadas, sino lejos, más lejos, allende los ma- 
res. Porque poco después surgía la guerra separatista y el señor 
Burguete fué, primero á Cuba, y luego á Filipinas, y en la mani- 
gua cubana, y en la isla de Luzón, confirmó á costa de su sangre 
que la comprobación de la Historia sobre el terreno es para el 
militar labor esencialísima, como lo es para el historiador, por- 
que sólo conociendo el terreno en que se desarrollaron los suce- 



i 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS I45 

SOS puede tenerse la verdadera explicación de ios hechos y des- 
vanecerse no pocas dudas. Prueba de esto, el mismo libro del 
Sr. Hurguete. 

Lo que éste no pudo realizar en su juventud lo ha llevado- á 
cabo en la edad madura, aunque con más amplios propósitos. 

Después de hacer un estudio detenido de nuestras crónicas, 
así de las crónicas latinas, tan desdeñadas, tan apasionadamente 
juzgadas por algunos, como de las crónicas árabes, que durante 
algún tiempo han sido consideradas por no pocos, y acaso siguen 
siéndolo, como una especie de evangelio histórico — y luego he de 
volver sobre este punto para indicar la injusticia que se come- 
te^ — ; después de hacer ese estudio señalando las diferencias y las 
contradicciones que entre unas y otras se advierten, el Sr. Hur- 
guete ha recorrido el terreno, y tratando de ajustará éste los re- 
latos de los hechos, ha sacado la consecuencia de que el encuen- 
tro entre el Monarca visigodo y el caudillo musulmán debió te- 
ner lugar, y tuvo lugar, seguramente, en las orillas de uno de los 
tres brazos del Guadalete, que es el camino más accesible, y por 
tanto el más militar, para penetrar en el enorme macizo monta- 
ñoso conocido con el nombre de Serranía de Ronda, que forma 
un formidable baluarte constituido por la naturaleza; y de que 
la llamada batalla de Covadonga fué una serie de combates, 
pues bloqueado Pelayo durante largo tiempo en los Picos de Eu- 
ropa, cuando Alcama y Munuza lo atacaron en combinación, los 
moros fueron rechazados desde Bufarreta, pereciendo en gran 
número en el barranco de Covadonga, y sorprendidos por el des- 
gaje, sin duda intencionado, del monte de Cabiedes, quedaron 
sepultados en Cosgaya en número considerable. 

Fundamenta el autor estas conclusiones en los datos que le su- 
ministra el acoplar á los accidentes del terreno el relato de las 
crónicas, y en las consideraciones de índole político-militar que 
de esto se desprenden, datos y consideraciones que, siquiera sea 
en brevísima síntesis, es preciso consignar, aunque limitándonos 
por hoy al primero de esos dos problemas. 

Desembarcado Tarik en Gibraltrar, si su objetivo era abrir la 
campaña en dirección recta á Córdoba, habría sido un desatino 



146 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el encaminarse hacia el Barbate y lago de la Jancla, porque de- 
jando á su derecha y á retaguardia en parte el macizo montaño- 
so de la Serranía, se exponía á que lo ocupase Don Rodrigo, en 
cuyo caso se habría visto aquél precisado á retroceder y se hu- 
biese encontrado bloqueado en el Peñón. Gibraltar sólo carece 
de valor, si la Serranía está ocupada y fortificada; pero si la Se- 
rranía está abandonada y desmantelada, Gibraltar tiene un valor 
incalculable. 

Que Tarik, al encontrar abandonada la Serranía se apresuró á 
ocuparla, lo demuestra el camino que siguió luego Don Rodrigo. 
Si aquél hubiese situado su ejército en las orillas del lago de la 
janda, los visigodos, al llegar á término de Medinasidonia, no 
hubieran tenido más que tomar el camino alto de todos los tiem- 
pos que conduce á Alcalá de los Gazules y á Algeciras, envol- 
viendo y rebasando la línea de Tarik, el cual se hubiese visto 
obligado á retirarse precipitadamente y á encerrarse en Algeci- 
ras ó en Gibraltar. Pero como Tarik estaba en la Serranía, Don 
Rodrigo no tenía más remedio que atacarlo en ésta; y como para 
apoderarse de un macizo montañoso no hay otro recurso que el 
de asediarlo por sus más anchas entradas y atacarlo ascendiendo 
con diversas columnas combinadas para obligar al enemigo á ex- 
tender el frente, debilitándolo, Don Rodrigo, viniendo de Córdo- 
ba, no podía aventurarse á íbrzar el paso por los desfiladeros 
que desde El Margen, por Teba y Cañete, conduce á las Mesas 
de Setenil; ni a atravesar los Gaitanes para embestir el frente 
oriental de la ciudadela de Ronda, y no le quedaba otro recurso 
que operar por el frente occidental en su parte norte, utilizando 
el amplio y accidentado portillo existente entre la prolongación 
del Peñón de Algamita por las sierras de las Veguas y de Algo- 
donales, y la Sierra de Grazalema, en cuyo portillo nace, en tres 
brazos, el famoso Guadalete. 

Y esto es, indudablemente, lo que hizo Don Rodrigo, atacan- 
do por ese portillo, que le permitía operar con tres columnas en 
combinación que se apoyasen y flaqueasen para atacar, envolver 
y romper á un tiempo por un flanco y por el centro la línea de 
defensa de Tarik, que se extendía, sin duda alguna, desde las 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS I47 

mesetas de Setenil al cerro de San Cristóbal, en Grazalema, es 
decir, la línea de fuentes del Guadalete; y debía estar ahí la línea 
de defensa, porque los musulmanes no podían esperar ser ataca- 
dos por otra parte viniendo Don Rodrigo desde Córdoba. Así se 
explica también que Tarik pidiese urgentemente refuerzos á Muza, 
pues la defensa de las altas mesetas de la Serranía de Ronda exi- 
ge una guarnición proporcionada á su magnitud. 

Realizándose así por parte de Don Rodrigo la operación, que 
en el lenguaje de la ciencia militar moderna podría llamarse «rup- 
tura operativa», se explica que diversas crónicas arábigas digan 
que la batalla duró de cuatro á ocho días, pues indudablemente 
al ascender los visigodos por las orillas de los tres brazos del 
Guadalete, se verían precisados á sostener durante varios días 
diversos combates, porque Tarik saldría á cerrarles el paso en las 
estrechuras para ceder lentamente con defensa obstinada en los 
recuestos de la montaña, hasta que se produjo la traición que 
ocasionó la derrota de Don Rodrigo. Pero la batalla no habría 
podido durar, no ya ocho días, como dicen algunos cronistas, ni 
siquiero cuatro, como afirman otros, si se hubiese librado en las 
inmediaciones de la laguna de la Janda, terreno ligeramente on- 
dulado en el cual, sobre ser pequeño para el número de comba- 
tientes, las armas que entonces se usaban y la diferencia de fuer- 
zas entre moros y cristianos, hacían imposible un combate de 
semejante duración. 

Y no se diga, como he oído afirmar á persona muy competen- 
te, que el encuentro comenzó en la laguna de la Janda, y que 
Don Rodrigo se fué retirando hasta sufrir la derrota definitiva en 
las orillas del Guadalete; porque esto contradice un aserto en el 
cual convienen todos: que la batalla se iba desarrollando en sen- 
tido favorable á los visigodos, hasta que se produjo la traición de 
los witizianos. Para que Don Rodrigo se hubiese ido retirando 
desde la laguna de la Janda, pretendiendo buscar refugio en la 
Serranía por el portillo del Guadalete, era preciso que desde el 
primer momento la suerte de las ai mas le hubiese sido adversa, 
pues nadie se bate en retirada cuando va venciendo. Además, se 
olvida que en las inmediacio.nes de la laguna de la Janda todo 



148 BOLETÍN DE I,\ REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

favorecía á Don Rodrigo, que no sólo tenía fuerzas mucho más 
numerosas que las de Tarik, sino que contaba con abundante ca- 
ballería, de la que carecían los musulmanes, y que éstos no eran 
árabes, sino bereberes, más acostumbrados á la guerra de mon- 
tañas que á luchar en campo abierto: otra razón para creer que 
Tarik, en cuanto desembarcó, debió apresurarse á ocupar la Se- 
rranía. 

No se sabe de ciencia cierta en qué parte de la línea de bata- 
lla cumplieron los witizianos su compromiso de abandonar á Don 
Rodrigo y revolverse contra él, y no parece verosímil que se con- 
fiase á parientes cercanos de Witiza el mando de las columnas que 
formaban las alas derecha é izquierda del ejército real; pero el 
terreno dice que la columna que avanzaba por Zaframagón, que 
correspondía al brazo tercero del Guadalete, debió ser la que con- 
sumó la traición, pues siendo aquélla la destinada á envolver, se 
explicaría perfectamente que al trocarse en enemiga los visigo- 
dos fuesen rechazados en la hondonada que forma el río entre 
Puerto Serrano y ViUamartín. 

De este modo, acoplando á los accidentes del terreno la ver- 
sión por unos y otros aceptada, procura el Sr. Burguete demos- 
trar su tesis; y si, como dice Saavedra, donde falta el hecho posi- 
tivo y comprobado, debe llenar el hueco la conjetura racional, 
dejando á un lado entusiasmos patrióticos, armonías sistemáticas 
ú opiniones admitidas por autoridad constante, si ha de ser des- 
echado lo imposible ó contradictorio, pero buscando el sitio ade- 
cuado de donde lo haya arrancado la vulgar inadvertencia, claro 
es que, cuando menos, hay que otorgar a los asertos del Sr. Bur- 
guete una gran consideración. 

Lógica y racionalmente pensando, con un criterio estrictamen- 
te geográfico-militar, hay que admitir que la batalla se dio en el 
tercer brazo del Guadalete, y no debió darse en ninguna otra 
parte; pero ¿tenemos la seguridad de que Tarik y Don Rodrigo 
se atuvieron á los dictados de la estrategia? No, esa seguridad 
no existe, y no existiendo puede sospecharse que Tarik, encon- 
trando abandonada la Serranía, no la ocupó, y que teniendo 
fuerzas muy inferiores á las de su adversario, no vaciló en acep- 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS 1 49 

tar el combate en un terreno que le era desfavorable; como pue- 
de sospecharse también, que Don Rodrigo, pudiendo realizar un 
movimiento envolvente, que hubiese obligado á retirarse á los 
moros, prefirió atacar de frente. Porque toda esta serie de erro- 
res, cometidos por una y otra parte, es preciso admitir para creer 
que la batalla se dio en el lago de la Janda. 

Y no se diga, para justificar esa supuesta ó efectiva conducta 
de Tarik, que éste contaba con la traición: un caudillo mediana- 
mente prudente no puede arriesgar su ejército por la esperanza 
de que una parte de los enemigos abandone sus banderas. En la 
Serranía, si la traición no se consumaba, habría podido irse reti- 
rando poco á poco hasta encerrarse en Gibraltar: en la ¡anda, sin 
la traición de Sisberto, estaba perdido. 

Sin embargo, admitimos que esos errores pudieron cometerse, 
y por tanto no aceptamos de plano la explicación del Sr. Bur- 
guete. Nos parece muy verosímil, muy lógica, pero nada más de 
momento. 

Ahora bien; esa hipótesis, esa reconstitución sobre el terreno 
del encuentro entre Tarik y Don Rodrigo, ¿contradice el relato 
de las crónicas, ó lo confirma.^ 

El período histórico de la dominación musulmana en España 
es, como ha escrito el Sr. Ribera, uno de los que se han mante- 
nido cubiertos por bruma más densa. Por esto pudo decir el sa- 
bio historiador holandés Dozy, que desde Wamba hasta Alfon- 
so III corre una época extraordinariamente fecunda para el poe- 
ta y el novelista, pero que es una laguna en la historia de la Pe- 
nínsula. 

No quiere decir esto, sin embargo, que carezcamos en absolu- 
to de testimonios y de documentos referentes á esa época, pues 
tenemos, por un lado, el Cronicón^ llamado antes de Isidoro Pa- 
cense, bautizado después por el P. Tailhan con el título de Anó- 
nimo de Córdoba^ y denominado luego por el Sr. Saavedra Arió- 
ninio latino, crónica que el P. Flórez considera como continua- 
ción, no de Idacio, como se había dicho, sino de San Isidoro, 
y que comprende desde el imperio de Heraclio en Constantino- 
pla hasta el año 754; el Cronkóit Albddense^ escrito en el año 

TOMO LXVIII. 10 



150 boletín de la real academia de la historia 

833 por un fraile religioso del Monasterio de ese nombre en 
la Rioja, y continuado por Vigila en 976; la Crónica de Alfon- 
so III, el Magno, escrita también por ese mismo año de 833; y la 
Historia de rebus Hispaniae y la Historia de los árabes^ del famo- 
so arzobispo Don Rodrigo; esto, sin contar, por fabulosos, ni el 
Cronicón del Silense, ni el continuador de Juan de Rielara, ni el 
Chronicou miindi, de Don Lucas de Tuy, ni, por sumarísimo y 
confuso, el relato de San Pedro Pascual en su Tratado contra los 
mahometanos. 

Por otro lado, tenemos la Crónica del moro Rasis, considerada 
por algunos como apócrifa, pero que Gayangos demostró era 
i-eal y efectivamente traducción de una obra de Ar-Razi, que al- 
canza hasta el año 976, y cuyo original árabe se ha perdido; la 
C roñica^ contemporánea de la anterior, de Aben Alcotía (el hijo 
de la Goda); la traducción hecha por D.Joaquín González de una 
crónica anónima sobre la conquista de España; y otras obras de 
carácter más general, como la de Aben Abdelhaquem, la atribui- 
da á Aben Cotaiba, la de Aben Adarí, la de Almaccarí, etc, y por 
último la colección de traducciones de Ajbar Machmuá, que Ga- 
yangos tituló Anónimo de París. 

Con tener todo esto, tenemos, en realidad, bien poco. 

Las crónicas cristianas son extremadamente concisas. Como 
resumen de ellas podemos estimar las obras del arzobispo Ximé- 
nez de Rada, el cual tuvo también presentes algunas de las ára- 
bes, y afirmó que el encuentro entre Tarik y el monarca visigo- 
do se verificó en el Guadalete. Desde entonces todos los historia- 
dores españoles han repetido este aserto, no puesto en duda has- 
ta mediados del siglo xix. 

Fué Gayangos, en su traducción de Almaccarí, el primero que 
insinuó ciertas dudas acerca de la exactitvid de esa afirmación; si- 
guióle Dozy, al comentar la Crónica de Ajbar Machmuá, y luego, 
ya en 1869, los Sres. Oliver, en su famoso folleto, afirmaron 
que la batalla no se había librado en las orillas del Guadalete, sino 
en las inmediaciones de la laguna de la Janda. El Sr. Saavedra re- 
cogió esta opinión y la robusteció en su estudio sobre la invasión 
de los árabes, y la inmensa autoridad del sabio historiador hizo 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS I51 

que fuese aquella generalmente aceptada. Hoy no hay obra de 
Historia que quiera aparecer como inspirada en las últimas con- 
clusiones de la ciencia, que no eche por tierra la tradición y 
sostenga que la derrota y fin del Imperio visigótico tuvo lugar en- 
tre la laguna de la Janda y el río Barbate. 

Confieso que al examinar todos estos antecedentes, me mara- 
villan dos cosas: una, el crédito ilimitado que algunos historiado- 
res otorgan á las crónicas árabes, con menosprecio de las cróni- 
cas latinas, y otra, la facilidad con que se han aceptado las con- 
clusiones consignadas en el folleto de los Sres. Oliver. 

Digo que me maravilla el crédito ilimitado que se otorga á las 
crónicas árabes, porque si á las latinas ó cristianas se las rechaza 
por ser, excepto la del Pacense, bastante posteriores á los su- 
cesos que narran, eso mismo ocurre con aquéllas, Xo hay, al 
menos no han llegado hasta nosotros, relatos de la invasión y 
conquista redactados por musulmanes que fuesen testigos pre- 
senciales, ó siquiera contemporáneos de esos magnos sucesos; y 
aunque los historiadores árabes que conocemos citan á otros que 
debieron ser anteriores, no tenemos motivos para estimar muy 
autorizadas las referencias, ni eso puede bastarnos; al contrario, 
lo que parece cierto es que en los primeros tiempos de la inva- 
sión faltaban personas instruidas entre las gentes árabes aquí ave- 
cindadas, por lo cual no es verosímil que en esos primeros tiem- 
pos, cuando podían existir testigos presenciales ó contemporá- 
neos de los sucesos, se escribiesen relatos de estos. 

Las narraciones árabes de la conquista surgieron después, y 
en ellas hay que distinguir dos grupos: uno formado por aquellas 
narraciones forjadas aquí — y ahora diré cómo y por quién — , y 
otro constituido por las verdaderas crónicas arábigas, escritas en 
Oriente, ó por personas sometidas á la influencia oriental. 

En cuanto á las primeras, hay que tener presente que algu- 
nos de los historiadores árabes primitivos de la Península confie- 
san — y persona de tan gran autoridad en estas materias como el 
Sr. Ribera lo recoge y lo consigna — que habían tenido que apro- 
vechar, no sólo las obras y crónicas que trataban de la Historia 
antigua de España, sino que. dicen taxativamente que trasladan 



152 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

consejas populares, referidas por narradores aljamiados, las cua- 
les evidentemente habían de estar en romance. Adviértase — el 
mismo Sr. Ribera lo ha dicho — que la lengua romance nacional 
era de uso común en toda la España musulmana, no sólo entre 
el vulgo, sino entre la nobleza y aun en los mismos palacios de 
los monarcas; y no se olvide que algunos de los narradores, en 
prosa ó en verso, que de todo hubo, de los sucesos ocurridos en 
los primeros tiempos de la conquista, especialmente los autores 
de la escuela histórica cordobesa, fueron españoles de raza, aun- 
que islamizados, y estaban enlazados con familias godas. Algazal 
se cree era de raza española; Teman ben-Alcama, estaba casado 
con la hija de Romano, conde cristiano de Andalucía; el apellido 
de Ben-Pascual denota su origen hispano-latino; Ben-Alcotía era 
llamado el hijo de la Goda, por descender de Sara, nieta de 
Witiza; y algo análogo puede decirse de aquel Ben-Haiyan, lla- 
mado el príncipe de los historiadores españoles, nacido y edu- 
cado en Córdoba; de Ben-Hazm, fecundísimo escritor, que pro- 
dujo unas 400 obras, entre las cuales figuran tres trabajos histó- 
ricos, de los que no nos queda más que los títulos, etc. Claro es 
que esto no puede extrañar, si se tiene en cuenta que fueron 
también frecuentes los enlaces de los caudillos y monarcas mu- 
sulmanes con mujeres indígenas: ejemplo, el de Abdelaziz ben- 
Muza con Egilona, la \iuda de Don Rodrigo, y el de Alháquem II 
con Aurora la Vascongada. 

Pues bien; siendo esto así, forjadas esas crónicas con materia- 
les recogidos en las mismas fuentes que utilizaron los autores de 
las crónicas cristianas, ¿con qué razón se prescinde sistemática- 
mente de estas últimas, para atenerse de un modo exclusivo á 
las primeras.^ ¿Por qué ha de considerarse exacto lo que ahora 
se traduce de las crónicas árabes, y ha de tenerse por fabuloso 
lo consignado por Ximénez de Rada y por Alfonso el Sabio, sien- 
do así que, según testimonio de un ilustre arabista, hay tal con- 
cordancia entre lo que dijo el insigne Arzobispo y las narraciones 
de los árabes, que aquéllo semeja frecuentemente una mera tra- 
ducción, y en la Crónica general del décimo Alfonso se advierte 
en multitud de giros y frases la influencia de la escuela cordobesa.'' 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS 1 53 

En cuanto al segundo grupo, el de las verdaderas crónicas 
árabes, hay que tener en cuenta que, según el Dr. Van Vloten — 
citado por el maestro de todos los actuales arabistas españoles, 
por el Sr. Codera— «los historiadores árabes tienen en tan poco 
á los pueblos sometidos, que por regla general nada dicen de 
ellos»; y que Simonet escribe, conñrmando ese aserto, que «los 
historiadores árabes de pura raza, así en nuestra Península como 
en las regiones orientales, miraron á los cristianos indígenas con 
tanto desdén, que sólo en casos de necesidad se dignaron men- 
cionarlos». De aquí que sus noticias respecto de la acción de los 
cristianos en el período de la invasión y conquista sean escasas, 
contradictorias, confusas y parciales. ¿Qué autoridad pueden 
tener esas crónicas, bordadas, al menos en esa parte, con los 
cien mil colores de la fantasía oriental sobre el deleznable caña- 
mazo de meras referencias, salvo respecto de aquellos hechos, 
de aquellos asertos comprobados por realidades aquí contrasta- 
das por otros medios? 

Adviértase — y necesario es insistir en esto — que, como dijo 
Moreno Nieto, «en España, durante los primeros años de la con- 
quista, no encontramos vestigio alguno de historia escrita», y 
que muchos de los textos que hoy invocamos son de fechas muy 
posteriores. Ben-Aljatib, político insigne, gran historiador, mé- 
dico y poeta, con cuya muerte se apaga y extingue la ciencia en 
el Andalus, es del siglo xiv; de la misma época es Ben-Jaldún; 
Almaccarí es del siglo xvii, y Ajbar Machmuá, al que hoy se 
concede tanta autoridad, pertenece al siglo xi. 

No quiere decir esto que deba prescindirse de las crónicas 
árabes, útilísimas, absolutamente indispensables para el conoci- 
miento de otros períodos y aun de ciertos aspectos de ese mis- 
mo. Lo que digo es que, tratándose de los primeros tiempos -de 
la invasión y conquista, y concretamente del encuentro de Tarik 
y Don Rodrigo y de la derrota de éste, no puede fundarse exclu- 
sivamente en los relatos de los árabes una afirmación que con- 
tradice lo que siempre se había creído, y que no es posible aco- 
plar á las realidades del terreno. 

Por esto digo que me maravilla también la facilidad con que 



154 boletín de la real academia de la historia 

se han aceptado las conclusiones de los Sres. D. José y D. Ma- 
nuel Oliver, porque estos beneméritos historiadores se fundan 
exclusivamente en las crónicas árabes, y partiendo del aserto 
de Ben-el-Kotiya, de que «Tarik y Ruderig trabaron la batalla 
sobre las riberas del Gitadi-Becca, en el distrito de Sidonia»; 
fijándose en que, según Ben-Adharí, «cuando llegó Ruderig al 
lugar donde Tarik estaba, salióle al encuentro y combatieron 
sobre el río Gíiad-cl-Lcca^ en la cora de Sidonia»; afirmando que 
Ben-Adharí y Almaccarí escribieron Guad-el-Leca^ en vez de 
Guadi-Becca, por error de copia, y concediendo gran importan- 
cia á lo dicho por Almaccarí y Ajbar Machmuá sobre la existen- 
cia de un lago á cuyas merindades se dio la batalla, sostienen 
que existía una antigua población, ya desaparecida, llamada 
Becca, y que los árabes se referían, sin duda, á un río próximo á 
ella que tomaba su nombre, y que suponen ser el Barbate,y con- 
signan, como conclusión, que allí se dio la batalla. Todo esto, 
como fácilmente se comprende, aun robustecido por el talento y 
la autoridad del Sr. vSaa\'edra, no resiste una seria impugnación. 
Decir sin una prueba plena que dos historiadores distintos escri- 
bieron una palabra por otra, y hablar de una población que se 
supone existió y de la cual no hay la menor noticia, es un pro- 
cedimiento muy cómodo, que parece imposible fuese empleado 
por historiadores de tan legítima fama. Además, si Lecca es, se- 
según el Sr. Simonet, corrupción de Lacea, que en lengua ibérica 
significa lago, ¿no se explica perfectamente que Ben-Adharí y 
Almaccarí escribieran Guad-cl- Lecca, río del lago, aludiendo bien 
al Barbate y á la laguna de la Janda, bien al lago Salado ó de 
Fuente Piedra, que está á la salida de la Serranía, inmediato al 
lugar en que se unen dos de los brazos del Guadalete.-' 

•No he de detenerme en los argumentos que emplea el Sr. Bur- 
guete para rebatir la tesis de los Sres. Oliver y Saavedra: me lo 
impiden el temor de alargar demasiado estas notas, el ser esa 
parte puramente accidental en su obra, y el no hallarme total- 
mente de acuerdo con algunas de las afirmaciones que estampa 
en su impugnación. Pero sí haré notar, porque estimo que esto es 
esencial, que los historiadores árabes no resuelven la dificultad. 



RECTIFICACIONES HISTÓRICAS 155 

Solo Almaccarí dice que el encuentro fué á orillas del Guada- 
lete (pág. 1/8 de la edición de la Academia). Pero ¿es que los 
demás coinciden en afirmaciones que permitan sostener la opi- 
nión contraria, esto es, la de que la batalla se dio en las cerca- 
nías de la laguna de la Janda? De ninguna manera. Ebn Abdo-1- 
llaquen dice que los dos ejércitos se encontraron en un lugar 
llamado Sidonia, junto á un río que hoy se llama Umm Haquin; 
Isa-ben-Muhammad, citado por Ben-Adharí, afirma que fué en el 
Guad-el-Tin; Ben-Jaldón escribe que la batalla tuvo lugar en el 
campo de Jerez; Ben-Aljatid habla del río Led, del distrito de 
Jerez; y otros varios, entre ellos Ajbar Machmuá, manifiestan 
que el encuentro se efectuó junto á un lago, pero sin añadir nada 
que permita saber si aluden al lago de la Janda, ó al Salado ó de 
Fuente Piedra. 

Una indicación de Ajbar JMachmuá, la de que Tarik había 
permanecido en Algeciras y que después de la batalla marchó 
«á la angostura de Algeciras» y de aquí á la ciudad de Ecija, pa- 
recía autorizar la creencia de que ese cronista, al hablar del lago, 
se refería al de la Janda; aunque aquella afirmación resultaba un 
poco extraña, porque no un poco, sino muy extraño era que el 
invasor hubiese permanecido á la defensiva, dejando á su ene- 
migo escoger el campo de batalla. Pero el mismo Saavedra, al 
decir que en vez de la frase «desfiladero ó angostura de Alge- 
ciras» debe leerse «desfiladero de la cabra ó pieza de ganado 
menor», y al afirmar, partiendo de esa nueva interpretación, que 
Tarik, después de la victoria, pasó por la Boca de la F'oz, entre 
las sierras de Alajar y las Cabras, el mismo Saavedra, digo, evi- 
denció que no cabe conceder valor alguno á esa indicación, al 
menos mientras no se fije de un modo exacto y definitivo lo que 
realmente escribió Ajbar Machmua, porque la interpretación del 
ilustre académico tampoco es admisible. ¿Cómo creer que cau- 
dillos tan experimentados como Tarik y los que con él iban ha- 
bían de meterse en el largo y profundo desfiladero de la Boca de 
la Foz, exponiéndose á que los visigodos tomasen el desquite de 
su anterior fracaso? No hay que olvidar que la derrota de Don 
Rodrigo, tuviese lugar en el- lago de la Janda ó en el Guadalete, 



156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

no fué tan completa que no permitiese á los restos del ejército 
dar nuevamente cara al enemigo y sostener con él reñida con- 
tienda en los llanos de Sevilla, cerca de Écija, y aun antes, si es 
cierto lo que algunos dicen, en la dehesa de Morejón, pasado el 
primer ramal del alto Guadalete. 

En resumen: porque me he extendido demasiado y no quiero 
prolongar la molestia que estoy causando á la Academia, las 
crónicas árabes no resuelven la dificultad por lo vario y contra- 
dictorio de sus asertos, y no resolviéndola, no coincidiendo en 
una afirmación que quepa oponer á lo consignado en los textos 
cristianos, aunque se las conceda más autoridad que á éstos — y 
ya he dicho que sería injusto hacerlo — , no puede basarse en 
ellas, á menos de entregarse, como los Sres. Oliver, á una serie 
de caprichosas interpretaciones, una tesis cual la mantenida por 
éstos últimos. 

Pues si las crónicas árabes no resuelven la dificultad, y si el 
terreno, según demuestra el Sr. Burguete, indica, con su muda 
elocuencia, que la batalla debió darse en el Guadalete, lógico y 
natural sería restablecer la tradición que sin fundamento bastan- 
te se ha abandonado. Sin embargo, yo no voy tan lejos; no me 
atrevo á tanto, porque reconozco mi falta de autoridad, pero sí 
digo que no cabe seguir enseñando como verdad demostrada, 
pues _ en manera alguna lo está, lo que sostuvieron los ilustres 
historiadores citados; que cuando menos debemos confesar im- 
parcialmente que el pleito no puede fallarse todavía, y que es 
preciso, recordando la sabia lección del Sr, Menéndez y Pelayo, 
de que antes hablé, que nos resignemos á seguir estudiando, á 
continuar persiguiendo la verdad para despejar esa incógnita. 
¡Quién sabe! No hace un siglo todavía que se descubrieron las 
magníficas coronas de Guarrazar. ¿Por qué no hemos de creer 
posible que en las inmediaciones del lago Salado ó de Fuente 
Piedra se encuentren algún día objetos que nos demuestren que 
allí se dio la batalla.? 

En tanto, la obra del Sr. Burguete, que podrá tener defectos, 
que seguramente los tiene, como los tiene toda obra humana, 
pero que revela un propósito nobilísimo, que acusa una no vul- 



RODRIGO CARO I 57 

gar erudición, que señala una tendencia conveniente y útilísima, 
porque la conveniencia y utilidad del estudio del terreno no lo 
puede negar nadie, esa obra que ha constituido el descanso de 
quien ha pasado su juventud y entrado en la edad madura sir- 
viendo á su patria en Cuba, en Filipinas y en Marruecos con el 
heroico arrojo de que es irrecusable testimonio la cruz laureada 
que ostenta sobre su pecho, esa obra, repito, merece siquiera 
una palabra de elogio, un aplauso, que sirva de estímulo á su 
autor para que prosiga la importantísima labor histórica que 
ha emprendido, recorriendo el teatro de los más famosos episo- 
dios de nuestra vida nacional, y tratando de reconstituir y de 
comprobar sobre el terreno, que no es testigo mudo, sino muy 
elocuente para el que acierta á interpretar su lenguaje, las cam- 
pañas, las batallas y los sitios que más han influido en el curso 
de nuestra historia. 

Jerónimo Bkcker. 



VI 

RODRIGO CARO 

Estudio hiográfico-criiico^ por D. Santiago JMontoío. 
(Sevilla, 1915. Un folleto en 4.° de 79 páginas.) 

Tal es el título de un opúsculo que el correspondiente de esta 
Corporación, Sr. Montoto, ha destinado á la edición de las Obras 
de Rodrigo Caro^ hecha por la Academia Sevillana de Buenas 
Letras. 

El autor, que tiene ya demostrada su competencia literaria en 
una traducción en verso castellano de la Ultima hora de Toraia- 
to Tasso, de Giovani Prati; en un tomo de Poesías que dio á la 
estampa el año IQII, y en su Conferencia sobre Andalucismos, 
ha probado también singular acierto en el difícil género biográ- 
fico con estudios como los del bufón Gasparillo (Gaspar de Jaén), 
Sor Francisca de Santa Teresa, Don Pedro Venegas de Saave- 
dra y doña Feliciana Enriquez de Guzmán. 



158 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

En el reciente trabajo del Sr. Montoto predomina, sin duda 
alguna, el carácter biográfico sobre el carácter crítico, circuns- 
tancia que explica el mismo autor recordando que la pluma del 
egregio Menéndez y Pelayo dejó poco menos que agotada la ma- 
teria al escribir la carta-prólogo para el Memorial de Utrera que 
hace años publicó la Sociedad de Bibliófilos Andaluces; y no es 
que en los anales de las Letras fuese asunto inexplorado la bio- 
grafía de Rodrigo Caro, pues prescindiendo de la mención lacó- 
nica de Nicolás Antonio, ya en 185 I, esta Real Academia dio á 
conocer en el tomo i del Memorial Histórico español^ unas Noti- 
cias de la vida y obras de Rodrigo Caro, imprimiendo á conti- 
nuación las producciones de este escritor: Adiciones al libro de 
las Antigüedades de Sevilla, De los nombres y sitios de los vientos 
y Carta del licenciado Rodrigo Caro á D. J^ose' PelUcer sobre los 
dioses venerados en España, hasta entonces inéditas (i); en 1S70 
el Sr. Guerra y Orbe, en su conocido folleto I^a Canción á las 
ruinas de Itálica no es de Rioja, reveló muchos y notables parti- 
culares referentes ala vida del escritor insigne; en 1 884 vieron 
la luz los Días geniales ó lúdricos, obra á continuación de la cual 
insertóse un tratado del mismo Rodrigo sobre la Antigüedad del 
apellido Caro, para el que hubo de aprovechar muchos de los 
elementos contenidos en la Nobleza de Andalucía, que Fernando 
Díaz publicó en 1588; datos también de importancia acerca del 



(i) Según se dice en el mencionado volumen, por los años 1818 á 1819, 
trató la Academia de publicar todas las obras de Rodrigo Caro,^ á excita- 
ción del Académico D.José de Vargas Ponce, y bajo la dirección de don 
Agustín ¡Muñoz Alvarez, sacerdote sevillano muy versado en la literatura 
apitigua, pero el proyecto no llegó á realizarse. En nuestro archivo se con- 
servan copias de casi todas las obras de Rodrigo Caro (Loe. cit., p. 350). 
El que suscribe ha visto las siguientes: Claros varones en letras, naturales 
de Sevilla, con notas y adiciones de D. Juan Nepomuceno González de León; 
Inscripciones antiguas que vid Rodrigo Caro en el Arzobispado de Sevilla; 
Nombres y sitios de los vientos; Atitigüedad del apellido Caro; Silva á la villa 
de Carmena; Bélica Urbs (poema latino); Varias poesías; Adagio de Sevilla; 
Canopo egipcio adorado en Sevilla; Sobre atttigüedades de Sevilla; Sobre an- 
tigüedades, medallas é inscripciones; Villa de Palos; Sobre el Principado de 
Córdoba de Roa; Sobre las Eliinologias de San Isidoro; Sobre antigüedades ro- 
manas de ptieblos próximos d Sevilla; Días geniales ó lúdricos. 



RODRIGO CARO I 59 

asunto pueden verse en la Historia de Carmona, del Sr. Fernán- 
dez López, impresa en Sevilla en 1 886, así como en la Descrip- 
ción de Utrera., ftmdación y adorno de sus templos y hazañas de 
sus hijos, de D.Juan del Río Sotomayor (Sevilla, 1887); y, por 
último, en el pasado año apareció otro Estudio biográJico-criticOy 
de Rodrigo Caro, suscrito por el Dr. Antonio Sánchez y S. Cas- 
tañer (Sevilla, 191 4), que fué estimado como el más completa 
sobre la materia. No obstante, el Sr. Montoto, que utilizó, como 
era natural, los mencionados precedentes, ha sabido justificar la 
nueva biografía adicionando ó rectificando muchas noticias y 
aportando otras absolutamente nuevas, resultado de sus minu- 
ciosas é inteligentes investigaciones en la Biblioteca Capitular 
Colombina, en el Archivo Arzobispal de Sevilla, en el de la Uni- 
versidad, en el municipal de Utrera y en el de la parroquia de 
Santiago de la misma población, gracias á las cuales, y á pesar 
de algunas lagunas que por causa del silencio documental son 
difíciles de llenar, podemos hoy conocer con bastante puntuali- 
dad los principales sucesos de la vida del poeta. 

Tras de una detallada información genealógica de los que lle- 
varon el apellido Caro, entra el Sr. Montoto á trazar la biografía 
de Rodrigo, y preciso es reconocer que logra interesar al lector 
con su relato; ya cuando nos presenta al protagonista durante los 
años escolares y demuestra con testimonio irrecusable que estu- 
dió en Sevilla antes que en Osuna, contra lo que había venido 
creyéndose hasta ahora; ya cuando narra el período en que des- 
empeñó el beneficio de vSanta María de la Mesa y obtuvo justo 
renombre en el ejercicio de la abogacía; ya cuando trata del tiem- 
po en que fué Visitador de algunos partidos del Arzobispado, 
cargo que por obligarle á andar de un lado en otro, «como gitano 
con el hato á cuestas», según su propia y pintoresca frase, fué, tal 
vez, la ocasión de que se despertasen en él las aficiones arqueoló- 
gicas, de las que no abjuró ni en sus momentos líricos, porque 
determinaron su pasión dominante, y en las que acaso también se 
refugiaba para olvidar los sinsabores que le produjo la inclemente 
y sistemática ojeriza que le cobró el Provisor de la Diócesis; ya 
cuando le pinta llevando la voz de todo el Cabildo sevillano para 



l6o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

oponerse á cierta saca de millones que los oficiales del Rey pre- 
tendían hacer con derecho problemático; ya, en fin, cuando des- 
cribe los tiquismiquis de eruditos que enfriaron la íntima y en- 
trañable amistad que desde las aulas le había unido con Francis- 
co de Rioja, por causa de la diferente apreciación que merecían 
á ambos los falsos cronicones de Dextro y Marco Máximo, en los 
que Rodrigo Caro, que en este caso pospuso su talento crítico al 
amor que profesaba á su país natal, creía haber encontrado re- 
cios argumentos que esgrimir en defensa de los fabulosos márti- 
res de Utrera. 

No menos interesante es la parte del opúsculo que dedica el 
Sr. Montoto á tratar de las acusaciones que le amargaron á Ro- 
drigo Caro los últimos años de su vida. Impútesele, en efecto, 
que en el tiempo que fué Juez de Testamentos no procedió con 
justicia en el pleito incoado con motivo del cumplimiento de las 
disposiciones testamentarias del Licenciado Gómez de Rivera, y 
se pretendió también residenciarle por no haber hecho la visita 
de cárcel en los días que tenía obligación de hacerla. De ambos 
cargos se defendió por sí mismo; respecto del primero, se le dio 
por libre, si bien condenándole en las costas, y por el segundo, 
fué sentenciado á pagar la suma de tres mil maravedís, aunque 
ni el proceso ni la sentencia consiguieron empañar el prestigio de 
que gozó constantemente, como lo demuestra el hecho de que cin- 
co años más tarde fuese nombrado Visitador de los Hospitales y 
Consejero del Arzobispo, oficios que desempeñó hasta su muer- 
te, ocurrida el I O de Agosto de 1647. 

Antes hice notar que no ha sido el principal designio del se- 
ñor Montoto al emprender su labor escribir una crítica de las 
obras de Rodrigo Caro, por atenerse en este punto á los juicios y 
conceptos de autores bien conocidos de cuantos se dedican al 
estudio de las Letras; no obstante, apunta concisa, pero atinada- 
mente, las características literarias de cada una de las produccio- 
nes que de aquel escritor han llegado hasta nosotros, cuales son 
las Antigüedades y Principado de la ilustrisima ciudad de Sevilla, 
que aún hoy puede considerarse como la fuente casi única de la 
geogratía histórica y de la epigrafía del antiguo convento jurídico 



RODRIGO CARO l6l 

hispalense; el Memorial de Utrera^ el Santuario de Nuestra Seño- 
ra de la Consolación y la Relación de las inscripciones y antigüe- 
dad de la villa de Utrera., que son la ofrenda del autor al pueblo 
en que vio la luz; los Días geniales ó lúdricos., de los que tan ca- 
lurosos elogios hizo el Sr. Menéndez y Pelayo, y que podría ser 
reputado como el libro príncipe á& folklore español, según le cali- 
fica el Sr. Montoto, si en 1 568 no hubise escrito D.Juan de Mala- 
ra el Preámbulo de su Philosophia vulgar; la obra titulada Varo- 
nes insignes en letras naturales de la ilustrísima ciudad de Sevi- 
lla, ahora por primera vez impresa en la mencionada edición 
de la Academia Sevillana de Buenas Letras; los comentarios á los 
Cronicones de Dextro y M. Máximo (Flavii Lucii Dextri V. C. 
omnimodce Histories) y, en fin, la Canción á las Ruinas de Itálica. 
El análisis que hace el Sr. Montoto de los orígenes y vicisitudes 
de esta Canción constituye, sin duda, uno de los pasajes más 
amenos del opúsculo, pues se da el caso curiosísimo de que Ro- 
drigo Caro, que no fué un poeta en el sentido que generalmente 
se emplea esta palabra, porque el trato con las Musas era en él 
circunstancia meramente episódica, haya legado, sin embargo, su 
nombre á la posteridad gracias á una composición poética, que 
ni por su numen soberano, ni por sus bríos descriptivos, ni aun 
por su artificio retórico cede ante las inspiraciones más geniales 
de la Lírica castellana, á pesar de las dificultades que el autor 
tuvo que vencer hasta hallar la adecuada expresión del pensa- 
miento, reveladas en los cinco borradores que de la Canción se 
conocen, y en los que puede observarse la nimia y pacientísima 
labor de lima que se impuso, y á pesar también de la carencia de 
originalidad del asunto, puesto que antes que él lo habían des- 
arrollado con fortuna más ó menos próspera, Rioja, Medrano, Ar- 
guijo, Quirós, Villalón, Guzmán y Espinosa, hecho que no dismi- 
nuye en un ápice la gloria del poeta, ya que no es más que 
uno de los muchos ejemplos de eso que pudiera llamarse trans- 
migración de las concepciones estéticas, que después de vagar 
de forma en forma y de sufrir innúmeras metamorfosis, encuen- 
tran, por fin, al dar con el intérprete elegido, una encarnación 
definitiva é intaneible. 



102 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE I,A HISTORIA 

A modo de apéndice, inserta el Sr. Montoto el Árbol genealó- 
gico del Licenciado Rodrigo Caro (línea materna) y una Memoria 
de los libros que quedaron por fin y muerte del Doctor Rodrigo Caro, 
en la que están catalogadas 521 obras, relación interesantísima 
que más elocuentemente que ningún otro testimonio, nos habla 
de la personalidad del preclaro escritor. Aun cuando el ejercicio 
de las leyes íu6 la profesión de Caro, no eran los libros de De- 
recho los que tenían en su biblioteca representación más copiosa, 
lo cual no quiere decir que no figurasen en ella los que entonces 
se reputaban clásicos en tal disciplina, desde los de Baldo, las Re- 
gidas juris de Lugo, los comentarios de Castillo á las Leyes de 
Toro, el tratado De Donationibus ínter virum et uxoreni, de Pa- 
lacios Rubios, y la Política de Bobadilla, hasta las obras canóni- 
cas de Barbosa y las Instrucciones de Ordenantes, de 1640; pero, 
en cambio, pasan de 400 los que reunió referentes á poetas grie- 
gos y latinos, á Filosofía y, singularmente, á materias históricas; 
allí se encontraban las obras de Aristófanes, Sófocles y Eurí- 
pedes, juntas con las de Virgilio, Ovidio, Horacio, Juvenal, Lu- 
cano, Marcial, Tibulo, Plauto y Terencio; las de Platón, Aristóte- 
les, Séneca y Cornelio Valerio; las de Xenofonte, Strabón, Hero- 
doto, Plinio, Plutarco, Tito Livio y Julio César, sin que faltasen 
tampoco las españolas de NebVija, Ramírez de Prado, Florián de 
(3campo, Fr. Luis de Granada, Suárez y Melchor Cano; verdade- 
ra biblioteca de humanista que justifica el dictado que Nicolás 
Antonio dio á su poseedor al calificarle de vir ad studia humani- 
tatis et antiquitatis indaganda, pero de humanista que sin dejar 
de rendir veneración fervorosa á la antigüedad clásica, no aprisio- 
nó jamás su criterio con la raquítica preceptiva de los discípulos 
del Marqués de V'illena, sino que tuvo la suficiente amplitud 
mental para considerar que al lado de las obras que nos han 
transmitido el rico tesoro de la cultura greco-latina, podían alber- 
garse las del Infante D. Juan Manuel, las de Juan de Mena y las 
de Góngora, y aun aquellas otras engendradas al calor del libre 
espíritu del Renacimiento, como las de Mariana, Tomás Moro y 
Erasmo de Rotterdam. 

Por todo lo expuesto, opina el que suscribe que el opúsculo, 



INSCRIPCIONES ROMANAS INÉDITAS DE TRUJILLO 163 

objeto de este informe, es un trabajo de seria investigación y, en 
tal concepto, merecedor de encomio, que debe servir de estímu- 
lo á su autor para perseverar en este género de estudios. 

Madrid, 21 de Diciembre de 1915. 

Julio Puyol 



VII 
INSCRIPCIONES ROMANAS INÉDITAS DE TRUJILLO 

1. 

Dentro del término municipal de esta ciudad, patria de Fran- 
cisco Pizarro, y 20 kilómetros al Norte de ella, existe una anti- 
gua granja, denominada Las Provisoras, que citó Madoz (l) y 
ahora es propiedad de mi docto amigo D. Antonio Núñez, veci- 
no de Madrid (2). El cual me ha dado conocimiento y nos pro- » 
porciona la adjunta fotografía del ara granítica, que mide 70 cen- 
tímetros de ancho por 120 de alto. Se encontró, hace más de un 
siglo, al reedificarse desde sus cimientos la estancia señorial de 
aquel riquísimo predio. Desenterrada esta ara, muy preciosa, se 
utilizó para decorar con ella el muro exterior de una de las de- 
pendencias traseras del edificio, donde permanece á la altura 
de dos metros sobre el nivel del suelo. No se deja fácilmente 
explicar esta inscripción, por la rareza de sus arcaísmos sin- 
tácticos, fonéticos y paleográficos, que datan del primer siglo 
de la Era cristiana, ó quizá le son anteriores. He aquí su foto- 
grafía. 



(i) Diccionario gcográjico-estadisiico-histórico de España, tomo xv, pa- 
jina 170. Madrid, 1849. 
(2) Reside en la calle de la EEcarnación, núra. 14. 



104 



boletín de la real academia de la historia 




DE SVO 'II-FO... 
TElg ESOONEI F 
QACOSVS PONE 
A B A N I O V 1 

De suo li{bens) Fo[7Í\ieins Esoonei fi^iliiis) Qacosiis pone aran Jovi. 

De buen grado y á su costa, Fonteyo Cacoso, hijo de Esóneo, pone 
esta ara á Júpiter. 



Observaciones. 

Al giro sintáctico de esta inscripción se ajusta el de otra (l), 
descubierta en Ibahernando, lugar distante tres leguas al Sur de 
Trujillo: V^iriatií{s) A{taecinae) A{ugustac) /{ibens) d{e) siio 
pipnendiini) c{tiraz'it). 



(i) Boletín, tomo xxxvi, pág. 448. 



INSCRIPCIONES ROMANAS INÉDITAS DE TRUJILLO 1 65 

En el renglón primero, la sexta letra (L) está invertida (^), 
para ganar espacio y para mejor distinguirla de la I que le sigue, 
con desigualdad de nivel superior é inferior. Tengo por ciertas 
la lectura é interpretación del primer inciso ^Dc suo libens» en 
razón del tercero que la completa y le da perfecto sentido, no 
obstante sus vicios de pronunciación indígena ó extremeña: Dice 
«pone aran yovi», que en buen latín debía escribirse «ponit 
araui lovi». 

Semejantes desviaciones del latín clásico, útiles para conocer 
el origen y formación del habla castellana, fueron en 1 892 doc- 
tamente reseñadas por Hübner (l). I^esde aquel año hasta ahora 
ha crecido mucho su número, como varias veces he tenido oca- 
sión de notarlo en nuestro Boletín, y crecerá en adelante, según 
vinieren á manifestarse nuevas inscripciones de índole parecida. 

Mayor cuidado hay que poner para bien explicar el segundo 
inciso del presente epígrafe. 

El nombre del dedicante Fonte'uis tiene picada la n. Sobre- 
puesta Id u á la. s, medio borradas una y otra, dan por resultado 
tal figura, que á primera vista parece ser una E. Por otro lado, 
la F se trazó como derivada de la mayúscula griega <I>, porque 
su rasgo medio horizontal se ofrece teniendo un ángulo abierto 
hacia la derecha y atravesado por la línea perpendicular. Esta 
misma figura, rara en los letreros romanos y más frecuente en 
los visigóticos de la Bética (2), se nota en el remate del renglón 
tercero, como sigla de /{iliiis). Desconociendo el valor de esta 
mayúscula arcaica, semigriega, Cornide la confundió con la P 
latina en otra ara (620) votiva de Trujillo (3), consagrada al dios 
Baco. 

No sin justa razón el patronímico Esooneiis se escribe con 
doble c, indicando su resultancia del griego Aíawvsú^, en latín 
^^soneus, pronunciado Esonais. Su primitivo Alawv, genitivo 

(i) Páginas 1 186-1 189. Ejemplos: fecei, ficet = fecit; posuet = posuit; 
mimoran = niemoriam; nanquc = namque. 

(2) Hübner, núm. 5.393; Boletín, tomo un, pág. 346, Tarifa; y Córdo- 
ba, Lxv, 475. 

(3) Fo7iteia, Bouti f{ilia), Libero Patr i l{ibens) a{jtimo) v{oturn) t{ohit). 

TOMO LXVIII. I I 



1 66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Aíawvo;, en latín es yEso^ ó Eso, genitivo Esonis. En una lápi- 
da (5.030) de Logrosán, noble villa del partido de Trujillo, dejó 
memoria de sí Ciaíus) yiduts Eso. 

Finalmente, el cognombre Qacosiis, así escrito, transforma su 
pronunciación y reduce su declinación segunda á la primera en 
el pueblo de la Luisiana, partido de Ecija, donde sale nombrado 
(15 12). Rustica Caccossae f{iUa). Sale también, demostrando su 
origen céltico, en varios epígrafes de Francia é Inglaterra. Su 
afine CdcahíS se dio á conocer por una lápida (995) de Salva- 
tierra de Santiago, villa del partido de Montánchez, distante cua- 
tro leguas de Trujillo. Por último, merece observarse que más 
de una vez la q, en las inscripciones de esta región, se sustituye 
á la dura c. Así en Cáceres (7 19) se escribió Segunda, y en Tru- 
jillo (628) Loqtea. 

Al ir á cerrar este informe he recibido la carta, que presento, 
fechada anteayer en Trujillo, por la que su autor, D. Clodoaldo 
Naranjo Alonso, ilustrado presbítero de aquella ciudad é inda- 
gador de sus monumentos arqueológicos, me notifica el descu- 
brimiento que ha hecho y el dibujo que ha trazado de dos nue- 
vas lápidas, no registradas por Hübner. Desgraciadamente, ni 
explica las dimensiones ni ha tenido proporción de sacar las fo- 
tografías de ambos monumentos, siempre importantes para des- 
vanecer errores de copia y señalar el tiempo que determinan los 
caracteres paleográficos. 

2. 



NORBA,. 


• 


RVFINI- F 


■ RV 


FINA • AN 


• X 


XXXV 




H-S-ES-T- 


T'L 


PILI • F • 


C • 



Norba[na] Rufini f\ü¡a) Ricfina a>¡(iionim) XXXXV li{ic) s{itd) e{st). 
S[¿t) t(ibi) t{erra) l{evis). Fili ii) /{aciendum) ciuraverunt). 

Norbana Rufina, hija de Rufino, de 45 años de edad, aquí yace. Séatela 
tierra ligera. Sus hijos le hicieron este monumento. 



INSCRIPCIONES ROMANAS INÉDITAS DE TRUJILLO 167 

Esta lápida cuadrilonga, según lo declara el Sr. Naranjo, «se 
halló en un huerto, próximo á la ciudad, donde abundan los se- 
pulcros romanos, hasta el punto que yo supongo sea aquello 
una \'erdadera necrópolis». Es afine de otra lápida funeral (7 1 3), 
descubierta en Cáceres cerca del puente Vadillo y dedicada á los 
Manes de Lucio Norbano Rufo por un Labeón su sobrino. En 
Ibahernando el Marqués de Monsalud descubrió tres epitafios de 
la familia Norbana (l) en que se nombran Lucio Norbano Longi- 
no, Quinto Norbano Víctor hijo de Quinto, y Norbana Rufina, 
hija de Rufo, niña de dos años. 

3. 

Hermoso pedestal en figura de prisma cuadrangular con ins- 
cripción grabada en dos de sus cuatro caras. Las dimensiones, no 
las indica el Sr. Naranjo, ni la calidad de la piedra, «que está — 
dice — en lo alto de la iglesia de San Andrés de esta ciudad, hoy 
en ruinas». 

En el neto del frente: 

Q' CIRCINIVS 

P • V • 
C'S'R «í ■ PII, 

V • s • 
En el derecho lateral: 

AN NO 
C • CCI 

III 

Esta inscripción, fechada por el estilo de otras dos de Mérida, 
es de gran valor históiico. Siento no tener á mano su fotografía. 
Por de pronto el grabador, si la transcripción, propuesta por el 
Sr. Naranjo, refleja fielmente el texto de esta ara votiva, echo de 
menos un punto separativo de CIR • CINIVS, en que se marca el 

(i) Boletín, tomo xl, pág 545. 



1 68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nombre y cognombre del dedicante. En el renglón tercero y su 
postrer vocablo, quizá debe estar escrito PIL, combinándose la P 
con el trazo horizontal que le da el valor á& ph, aunque tampoco 
sería extraño que el grabador se atuviese al sonido de esta conso- 
nante y la denotase escribiendo F, como acontece en muchas lá- 
pidas enumeradas por Hübner (l). 

Leo pues: 

Q[idntiis) Cir[cms) Cinius pipsuit) V{icioriaé) C{ae)s{a)r[is) I{ulii) 
Phil{ippi) vipto) s{oluto\ anfto C{oloniae) CCIIII. 

Quinto Circio Cinio (esta ara) puso en exvoto á la Victoria del César 
Julio Filipo, año 204 (de la fundación) de la Colonia (Norba Cesarina). 

Observaciones. 

i) Nombre y cognombre del dedicante. — El nombre fué visto y 
copiado por D. José Cornide en 1 798 en otra lápida de Trujillo 
(Hübner, 645), que entonces contenía cuatro renglones, picados 
ó borrosos los tres postreros. Hallábase metida «en la entrada cu- 
bierta del muro de Santa Cruz», y tal vez el Sr. Naranjo podrá 
decirnos su paradero. Cornide la leyó así: 

Q^- CERC.I 



Q{tiint7¿s) Cerc¿[iís. Q{u¿nti) /{ilius) aii{norum)... híic) s{¿ius) e{st). S{it) 
l{ibi) t{erra) l{evis) ?]. 

El nombre Circius aparece en una lápida de Córdoba (2.268); su varian- 
te Cercius en otra de Cádiz (1.788). 

El cognombre Cinius en una sepulcral de Belvis de Monroy, 
cerca de Talayera de la Reina, publicada en el tomo x del Bole- 
tín, pág. 428. 

2) La diosa Victoria. 

Era muy venerada en nuestra Península, como lo manifiestan 
diecisiete aras votivas, que dejó reseíiadas Hübner (2). Una lu-. 

(i) Pág. 1 186. 
(2) Pág. 1130. 



INSCRIPCIONES ROMANAS INÉDITAS DE TRUJILLO 1 69 

sitana de Idanha a velha (457) rige su estilo gramatical, del 
mismo modo que la presente inédita: Lupus Tangini p(osuit) Vic- 
toriae v(oto) s(olnto). 

En la mayor parte de estas aras la diosa recibe el nombre de 
Augusta, significando el culto de adoración é invocación que le 
rendían los Césares, así como las gentes de todo el orbe roma- 
no adictas al triunfante Imperio. Por esto en Falencia (5.761), se 
llama especialmente Victoria Augusti; y en Albano (i) á la Vic- 
toria del Emperador César Marco Julio Filipo, se consagró el ara 
militar fechada en 25 de Julio del año 244 de Jesucristo. Entre 
este año, que era el primero, y el 249, que era el postrero de su 
reinado, se coloca el referido 204 de la Colonia Norba, cuya fun- 
dación, por consiguiente, oscila en el intervalo de 45 á 40 antes 
de la Era cristiana. 

3) El cómputo colonial. 

Antes que el Marqués de Monsalud descubriese y publicase en 
nuestro Boletín (2) el ara mithríaca de Mérida, que marcando el 
año 180 de aquella Colonia Augusta 

ANNO'COL«CI.XXX 

se reduce al 1 55 de Cristo, semejante cómputo en España era 
totalmente desconocido; pero no es de maravillar, porque las 
Colonias romanas procuraban imitar, cuanto les era posible, el 
estilo de la metrópoli, que contaba los años (Urbis conditae) por 
los de su fundación. 

4) Año de la presente ara de Trujillo. 

Presuponiendo que la copia de tan insigne monumento es fiel 
y en espera de que lo asegure el ejemplar fotográfico del origi- 
nal, opino que éstese labró en el año 249 de J. C. y último de la 



(i) HessAu: Jnscn'ptiones laiinaes seleciae, Víñm. 505. Berlín, (892. 

(2) Tomo XLiii, pág. 242, cuaderno de Septiembre de 1903. Otra del 
mismo tenor y año A7in(o) Col{oniae), CLXXX) lué descubierta no ha mu- 
cho, fotografiada y publicada por nuestro compañero D. José Ramón Mé- 
lida en el tomo lxiv del Boletín, pág. 454 y lám. vii. 



I70 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

vida del victorioso Emperador l'Mipo; y me fundo para conjetu- 
rarlo en que la Colonia Norba tomaría el sobrenombre Cacsari- 
na (Kataápeta de Ptolomco), como fundada por Julio César en el 
año 45 antes de J. C, cuando este vencedor de los hijos de Pom- 
peyo en la batalla de Munda puso arreglo en la administración 
civil y militar de las ciudades de la Bética y Lusitania, de lo cual 
resultó que Lisboa se llamase Felicitas Julia; Espejo, Claritas 
Julia; Beja del Algarbe, Pax Julia; Evora, Liberalitas Julia; 
Talavera de la Reina Caesarohriga^ y por último, Medinasidonia, 
al igual de Cáceres, Caesarina. 

5) El nombre romano y la fundación de Trujillo. 

Nada impide conjeturar que la fortaleza militar de l'rujillo 
tomase el nombre de Castra Julia, dependiente, como Castra- 
Caecilia, de la colonia Norba, fundada en el mismo año. Como 
tales, y en cierta manera antemurales de Norba, citó Plinio estas 
dos fortalezas; pero los códices varían acerca de la segunda, 
llamándola unos Julia ^ otros Servilla. El nombre propio de la 
ciudad celtorromana, atestiguado por lápidas y escritores del ii 
y del III siglo, fué indudablemente Turgalium. Véase Hübner, 
págs. 74 y 823. 

Madrid, 14 de Enero de 1916. 

Fidel Fita. 



VIII 

DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS 

EN LAS CUEVAS EXISTENTES EN LAS PROXIMIDADES 

DE CASTELLAR DE SANTISTEBAN (JAÉN) 

En cumplimiento del acuerdo de la Real Academia de la His- 
toria, en que tuvo á bien designarnos para llevar á cabo el exa- 
men y estudios de las antigüedades halladas en las cuevas exis- 
tentes en las cercanías del Castellar de Santisteban (Jaén), con el 
mayor interés hemos procurado, si bien no hayamos podido con- 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS I71 

seguirlo, aportar cuantos datos puedan interesar referentes á 
aquellas viviendas iberas y romanas, así como dar cumplimiento 
á tan honroso encargo, exponiendo á la Real Academia la situa- 
ción actual de aquel rico yacimiento de objetos prehistóricos, 3^ 
dando cuenta á la misma docta Corporación de la multitud de 
hallazgos que han tenido lugar en dichas cuevas, lamentando que 
en este trabajo se encuentren numerosas deficiencias que nuestros 
buenos deseos no han sido bastante á subsanar, dadas las dificulta- 
des propias de esas investigaciones. El encontrarse las cuevas en- 
clavadas en una propiedad particular, cuyo dueño dificulta, me- 
jor dicho, prohibe, las excavaciones; las tierras acarreadas por las 
lluvias, durante siglos, que han llegado á cubrir gran parte del si- 
tio que nos interesa, ocultando mucho de lo que es digno de es- 
tudio, y principalmente la ignorancia que ha predominado en 
quienes allí han puesto sus manos, dándose el caso de haberse 
enajenado, por distintas personas, numerosas colecciones de ído- 
los, lucernas y otros objetos á individuos extraños á la región, 
sin haber quedado, quizá dentro de España, fotografías ni aun 
descripción de muchas de ellas, circunstancias todas que se han 
acumulado para dificultar nuestra tarea. Y tan es de sentir no 
poder realizar un estudio completo de los hallazgos y de cuanto 
á las mencionadas cuevas se refiere, que tenemos la seguridad ha 
de quedar desconocido mucho de gran valor é interés para nues- 
tra historia patria, ptiesto que no cabe duda que aquellas caver- 
nas las habitaron muchas generaciones primitivas, que fueron 
dejando á su paso pruebas indelebles de su religión, artes, ci- 
vilización y costumbres. 

Actualmente crece de un modo notable la afición á los estu- 
dios prehistóricos. Las constantes publicaciones de los eximios 
P. Fidel Fita, Marqués de Cerralbo, Alélida y otros meritísimos 
señores Académicos, así como los numerosos escritos que han 
visto la luz en los Boletines de la Real Academia de la Histo- 
RLA., acerca de cavernas, ídolos ó exvotos, lápidas, inscripciones, 
etcétera, han contribuido á que se propague el deseo de descubrir 
la incógnita del pasado en sus primitivos tiempos, además de la 
influencia que seguramente en el público en general ejercen los 



172 boletín de la keai. academia de la historia 

viajes de los extranjeros estudiando, analizando y hasta lleván- 
dose á su país muchas de las ricas antigijedades españolas, vién- 
dose el resultado de ello cristalizado en libros, folletos y publica- 
ciones diversas, como los del profesor H. Obermaier en la Revis- 
ta francesa L' Ant/iropologie ., y los de l'Abbé H. Breuil en L! Age 
des cávenles et roches ornees de Frunce et d'Espagne^ «Extrait 
de la Revue Archéologique» (l), en que describen y exponen 
gráficamente pinturas y dibujos existentes en muchas cuevas ó 
cavernas prehistóricas de España, después de personalmente ha- 
berlas recorrido y examinado. Estas consideraciones y el deseo 
de que estas antigüedades fuesen conocidas antes, á ser posible, 
por nuestra Academia que por los extranjeros, nos indujo á re- 
mitirle á su debido tiempo muchos de los ejemplares encontra- 
dos en las cuevas del Castellar de Santisteban y á comunicarle 
verbalmente (en algunas de las sesiones en que el Sr. Director 
tuvo á bien concedernos la palabra), noticias adquiridas relaciona- 
das con aquellos encuentros, encareciendo la necesidad de pro- 
fundizar esos estudios. 

Situación y descripción de las cuevas. 

Habiendo visitado en distintas ocasiones aquella verdadera es- 
tación arqueológica á que nos referimos anteriormente, hemos 
obtenido el convencimiento de que las cuevas objeto de nuestro 
estudio fueron quizás viviendas primitivas, seguramente ibéricas, 
habitadas después por distintas razas, que paulatinamente deja- 
ron en ellas diversos rastros de su existencia. 

Se encuentran situadas próximamente á la distancia de kiló- 
metro y medio al NE. de la villa del Castellar de Santisteban, y 
á menos de lOO metros al S. de la carretera del Estado (2) deno- 
minada oficialmente de «Navas de San Juan á la de Albacete á 
Jaén», estando enclavadas en aquella parte del término munici- 



(i) Tomo XXIV, 1 91 3, y tomo xxii de U Anirliopologie^ y tomo xix, 19 12, 
de la Revue Archéologique. 

(2) Antes provincial, hasta 1898. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 173 

pal de la citada villa, conocido por el nombre de «El Sotillo». En 
todas las cuevas se encuentran sus entradas mirando al N., cir- 
cunstancia que no pudo ciertamente elegirse por sus primitivos 
habitantes, puesto que esa situación fué obligada por la Natura- 
leza, que creó en aquel punto una extensión de piedra que se 
eleva de lO á 15 metros, siendo su longitud, siguiendo la cordi- 
llera en que se encuentran enclavadas, de más de 300 metros. 

Actualmente la gente del país llama á estas cuevas del «V^iche», 
por apodar así á su propietario, ó de la «Lobera», por haberse 
encontrado, no ha muchos años, en ella una cría de lobos que se 
dice fué sacada viva. 

Al hacer mención de las cuevas en plural ya indicamos que 
son varias, cuyas particularidades y detalles iremos describiendo 
á continuación (l). Si empezamos el examen desde la situada en la 
parte Oeste de ellas, ó sea desde la más próxima á Castellar de 
Santisteban, la encontramos aún accesible á pesar de su irregu- 
laridad y de encontrarse invadida por los naturales acarreos de 
tierras y piedras que el tiempo allí ha ido depositando; hay una 
entrada relativamente cómoda, y en el interior pudieron muy 
bien habitar, preservándose de la intemperie, diversas familias 
pobladoras de aquel territorio. 

El techo de esta cueva se compone de una porción de inmen- 
sas piedras que, sin estar unidas, se apoyan unas en otras, for- 
mando un bloque parecido á los que nos enseña la historia cons- 
tituyeron la morada de los trogloditas; al final de la cueva se di- 
visan agujeros, á los que se atribuye haber sido refugio de lobos, 
zorras, tejones y otras alimañas. Subiendo un poco por la ladera 
y no muy lejos de la anterior, 30 metros próximamente, existe 
otra cueva que encontraremos casi obstruida por los desprendi- 
mientos de tierras, incluso el orificio de entrada, situado en la 
parte oblicua del terreno, mas quedando hueco para, aun con 
cierta dificultad, penetrar en ella; así lo hacemos, pudiendo ob- 
servar lo siguiente: continuando nuestra investigación bajo aque- 



(i) Véase el plano itinerario hecho por D. Benjamín Membrilla que se 
reproduce en el fotograbado adjunto (pág. 174). 



174 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 175 

lia bóveda hecha en la piedra, cuya dirección marcha al S., en- 
contramos á 12 metros de su entrada una extensión circular de 
unos 10 metros de diámetro, y en el centro del techo de la mis- 
ma, todo de piedra, una abertura hecha en la roca^ por la que se 
comunica al exterior, y cuyo fin ventilador fácilmente se deduce; 
desde este lugar céntrico circular parten varias galerías, sin que 
su número ni longitud puedan determinarse con exactitud por 
haberse tapado la mayor parte de ellas con las tierras y piedras 
arrojadas por visitantes poco escrupulosos desde el orificio antes 
dicho, además de las desprendidas del techo y de las acarreadas 
por las Iku'ias al través de los tiempos. 

Esta cueva, como se deduce de su simple inspección, es am- 
plia, y por la disposición en que se encuentra, seguramente fué 
el principal refugio de aquella primitiva gente, pudiendo facilitar 
la estancia en ella de varias familias. 

Por la situación demasiado pendiente del terreno ha sido im- 
posible fotografiarla, como hubiéramos deseado. 

Sin encontrar más detalles dignos de mención y continuando 
la visita de aquellos lugares en la dirección de Poniente á Sa- 
liente, y después de pasar por una vereda difícil de transitar, en 
la misma orientación y al pie de la roca, hallamos, á 128 metros 
de distancia, otra cueva que verdaderamente merece especial 
atención; cuenta con la respetable anchura de 25 metros, con I 5 
de fondo por la parte de mayor concavidad, y con una elevación 
de 9, que va disminuyendo según sigue el visitante marchando 
al final, donde se une la roca del techo con la del suelo. Por su 
especial disposición, sin orificio de entrada, siendo la abertura 
para penetrar en ella de toda su extensión, según puede obser- 
varse en la fotografía núm. I, que la reproduce, cabe suponer 
fuese esta cueva el lugar destinado á las reuniones religiosas, ó 
bien el santuario^ como muchos le llaman, de aquellos primiti- 
vos habitantes; esta suposición reviste mayores caracteres de ve- 
rosimilitud, si tenemos presente que delante de la cueva, en una 
extensión de 60 metros cuadrados próximamente, es donde se 
han hallado los curiosos objetos de que más adelante hablaremos, 
y precisamente éstos se han extraído de la tierra, casi siempre 



176 



BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 177 

rodeados de restos de animales y de huesos humanos, lo que nos 
prueba la existencia en aquel lugar de una antigua necrópolis, 
que, como es natural, no podía encontrarse muy lejos de donde 
se adorase á los dioses á quienes aquellas gentes rindieran culto. 

Más allá, siguiendo la misma dirección, existen otras dos cue- 
vas más pequeñas, comunicando !a más próxima por su interior 
con la descrita anteriormente, queriéndose conocer en el suelo 
de dicha comunicación interior la preexistencia de escaleras más 
ó menos groseramente labradas en la roca. También notamos 
otra particularidad digna de mención: la forma del agujero que 
da acceso á ella, así como la del que aparece más alto, á modo 
de ventana; según puede verse en la fotografía núm. 2, indica 
fueron hechos con herramientas, ó por lo menos que intervino en 
su construcción la inteligencia humana. 

Esta cueva cuenta con 12,50 metros de anchura, por 7,80 de 
fondo, teniendo de altura 8 metros en el sitio de mayor ele- 
vación. 

La última cueva, siguiendo la marcha indicada en nuestra vi- 
sita, parece fué comenzada y no concluida, por lo que no mide 
mucha extensión, aunque sí la suficiente para poder ser habita- 
da por algunas personas (ésta se distingue en el fondo de la foto- 
grafía núm. 3). 

La roca en que se abren estas cuevas es algún tanto arenosa, 
cuya circunstancia puede ser causa de haber desaparecido los 
vestigios de pinturas rupestres ó dibujos que hubieran podido 
quedar grabados en sus paredes, y que tan interesante es su 
estudio, en aquellas antiguas viviendas, donde se conservan en 
la actualidad. 

Además, examinadas estas cuevas desde el punto de vista de 
sus condiciones de habitabilidad, quien las visite podrá recono- 
cer que éstas son inmejorables, pues se encuentran desprovistas 
de humedad y bien ventiladas, por hallarse situadas en una altura 
que domina una gran extensión de terreno, parte de las vegas 
de Santisteban del Puerto, Castellar de Santisteban, Montizón y 
respetable número de hectáreas de Chiclana de Segura, y el po- 
derse utilizar, por su proximidad á menos de un kilómetro, los 



.78 



boletín de la real academia de la historlx 




DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 



179 



abundantes manantiales de El Caño y Lavadero^ aparte de la 
fertilidad del terreno, inmejorable para el cultiv^o, á lo que hay 
que añadir la proximidad á sierra Morena y la belleza de la exube- 




rante vegetación de los alrededores, circunstancias todas que 
observamos abundan tanto en la casi totalidad de las cuevas ó 
cavernas prehistóricas. 



1 8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Las fotografías núms. I y 2, dan una ligera ¡dea de cómo se 
hallan situadas en la roca las antedichas cuevas. 



Interesantes hallazgos. 

Un erudito escritor, gran aficionado á la arqueología (l), ha 
llegado á afirmar que se han hallado en las cuevas de que nos 
ocupamos objetos pertenecientes á los períodos eolítico y neolí- 
tico (pedernales tallados, ñechas de hueso, de marfil, etc.), y 
aparte de una punta de flecha de pedernal de color melado que 
hemos podido ver, de la que hablamos más adelante, nos ha sido 
imposible comprobar dicha afirmación; en cambio, la edad del 
bronce se encuentra en aquellas excavaciones abundantemente 
representada, así como son admirables los numerosos é intere- 
santes ejemplares de cerámica que después examinaremos, que- 
dando mucho que explorar en aquellos lugares, siendo una ver- 
dadera lástima que lo hasta aquí explorado, no se haya hecho 
racionalmente como se merece. 

Los objetos que hemos tenido ocasión de estudiar, son: pasa- 
dores y fíbulas; estatuillas ibéricas y romanas de bronce; cerá- 
mica y objetos diversos. 

Pasadores (2). — Los hay formados de un cilindro terminado 
por dos casquetes esféricos iguales, de mayor diámetro que aquél, 
siendo su longitud total unos lO cm. Otros de la misma forma 
que los actuales pasadores de dos y cuatro telas para camisas, de 
un centímetro de altura y de diámetro, en el disco mayor 20 mi- 
límetros y en el menor 1 3; y además, una variedad curiosa, que 
son verdaderos corchetes que pasando por dos ojales, cerrarían 
los bordes de los mantos ó túnicas; están constituidos estos pasa- 
dores por una barrita doblemente curvada en forma de ese muy 
cubierta, y en cada uno de sus extremos uña que se une perpen- 



(i) Refiere algunos de estos hallazgos el ilustrado subdelegado de Me- 
dicina D. Tomás Román Pulido, en un artículo publicado en la Crónica 
de la provincia de Jaén, titulado «Don Lope de Sosa», año 1913, pág, 24. 

(2) Véase la fotografía núm. 5. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS l8l 

dicularmente á ella; una de éstas es corta y sin adornos en sus 
extremidades, y la otra, raás del doble de larga que la primera, 
tiene sus puntas terminadas por botones más ó menos adornados 
de hendiduras longitudinales ó por pirámides de seis caras in- 
curvadas. La longitud media de esta clase de corchetes es de 
37 mra.; brazo menor, 22; ídem mayor, 57- Todos estos objetos 
son de bronce fundido, y en algunos se distinguen las rebabas 
del molde. 

Fíbulas. — Las fíbulas encontradas hasta ahora, pueden clasi- 
ficarse en cuatro grupos: Redondas, semicirculares con charnela, 
semicirculares con resorte sencillo y de ballesta. Todos son mo- 
delos ya estudiados por varios eruditos; pero de las primeras, que 
son genuinamente ibéricas, han aparecido algunas variantes, al 
parecer, inéditas, que tal vez representen la escala cronológica de 
esta clase de objetos, que tan importantes son para el estudio de 
las antiguas civilizaciones. Para describir las diversas clases de 
fíbulas, adoptaremos las denominaciones de sus diferentes pie- 
zas, propuestas por M. Déchelette, doctísimo conservador del 
Museo de Roanne, pero con la adición de otra palabra indispen- 
sable al tratar de las fíbulas redondas (l). Éstas se componen de 
un alambre doblado en forma de circunferencia completa; lo 
general es que la sección de este alambre sea circular, pero 
los hay de forma cuadrada; á este alambre circular, que sólo 
existe en esta clase de fíbulas, le llamaremos aro; sus extremi- 
dades están reunidas y fijas por el pie del arco, que llev^a €[ guar- 
dapuntas de la aguja; la otra extremidad del arco, ó sea la ca- 
beza de él, abraza el punto medio del aro. El arco se eleva más 
ó menos, según los tipos. El modelo más primitivo (2) que en- 
contramos está formado, como en todas las fíbulas, por el aro, 
la aguja y el arco', pero éste, en el modelo de que hablamos, es 
una delgada lámina de la misma anchura en todos sus puntos, 



(1) Las fíbulas redondas se llaman hispánicas, por sfr típicas de Es- 
paña. 

(2) Hay quien no lo considera como el modelo primitivo, fundándose 
en que puede tratarse de objetos votivos y ser una estilización de los ver- 
daderos tipos redondos. 

TOMO Lxviii. 12 



1 82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

presentando una mitad plana y otra curva; en la primera, una 
ligera muesca forma el guardapuntas; la aguja es una tirilla de 
bronce arrollada su base en la del arco., primero en un lado y 
luego en el otro, sirviendo la cuerda^ que va por el interior, para 
afianzar la unión de la cabeza del arco con el aro^ y, por último, 
la que constituye verdaderamente la aguja, cruza diametral- 
mente el aro, apoyando su extremidad aguda en el guarda- 
puntas. 

Han aparecido muy pocos ejemplares de estas fíbulas rudi- 
mentarias, siendo sus dimensiones, pot término medio, 23 milí- 
metros el diámetro del aro y 8 la altura de la parte curva del 
arco, siendo de notar que el pie del arco sujeta al aro, simple- 
mente por estar medio arrollado por éste. 

Sigue otro tipo mucho más sólido y muy interesante, en el 
cual el aro y el arco son de una misma pieza de bronce fundido, 
grueso y redondo de 5 mm. de diámetro, siendo sus dimensio- 
nes: diámetro del aro, 1 8 mm., y altura del arco (que describe 
una curva completa desde la cabeza al pie), J mm. Una muesca 
hecha á lima recibe la punta de la aguja, la cual es un alambre 
delgado de bronce cuya base se arrolla también á un lado y á 
otro de la cabeza del arco, dejando la cuerda al exterior. 

De estas fíbulas se han encontrado pocas. 

Existe otro tipo más corriente de ellas y que se halla en ma- 
yor número; en estos ejemplares, la aguja se articula con el aro, 
el cual atraviesa dos agujeros situados en la base de ella, que es 
una planchita formada de dos pequeños discos perforados, uni- 
dos por una tira, la que, doblada, forma la cuerda, dejando á 
uno y á otro lado la cabeza del arco é impidiendo, por tropezar 
con ella, por el interior, al le\'antarse la aguja, que ésta se des- 
víe hacia afuera. Por los orificios de los discos pasa el alambre 
del aro y uno de ellos se prolonga, constituyendo la verdadera 
aguja; no hay resorte de ninguna clase, pudiendo llamárseles con 
propiedad fíbulas de charnela. Las variedades que encontramos 
en estas fíbulas, provienen de la forma y adornos del a7'Co; él 
mas sencillo es una tira suavemente ovalada y lisa; aparece des- 
pués adornado con dos ranuras transversales, hechas á lima, que 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 1 83 

lo divide en tres porciones; luego éstas se destacan bien, afec- 
tando la de en medio la forma rómbica, formada por dos mita- 
des de tronco de cono, unidos entre sí por sus bases mayores y 
por las menores con dos triángulos isósceles, que constituyen 
la cabeza y el pie del arco^ 6 bien, aquélla es una reunión de 
pirámides truncadas, unidas también por sus bases mayores y 
por las menores del mismo modo que la anterior. Luego, la por- 
ción central presenta una espina longitudinal y las laterales afec- 
tan la forma de un corazón, uniéndose con la central por sus 
bases. 

Mas de la forma corriente de estas fíbulas, se han encontrado 
infinidad de ejemplares; en ellas, la porción central es un cas- 
quete esférico hueco, y las laterales se insertan en puntos dia- 
metralmente opuestos y son planas, generalmente en forma de 
espátulas, destacándose mucho la unión con el casquete cen- 
tral. De este tipo hemos visto tres tamaños distintos, lo mismo 
que de la anterior, siendo sus dimensiones: 

El mayor diámetro del aro, 26 mm.; altura del arco, 14 mm.; 
diámetro del casquete, 13 mm. 

El mediano ídem del ídem, 21 mm.; ídem del ídem, 12 mm.; 
ídem del ídem, 9 mm. 

El menor ídem del ídem, 1 4 mm.; ídem del ídem, 6 mm.; 
ídem del ídem, 6 mm. 

Las del modelo mayor, que son raras, son las únicas en las 
cuales el aro es de sección cuadrada. 

En algunas de estas fíbulas presenta el casquete en su punto 
medio una excavación circular perfecta y poco profunda, escasa- 
mente de medio milímetro, que debió servir para engastar algu- 
na piedra, trozo de hueso, coral ó ámbar, como se ve en objetos 
de esta clase de otros tipos y procedencias, pero no hemos teni- 
do la suerte, hasta ahora, de encontrar ninguna que la conserve. 

Y pasando ahora al estudio de las fíbulas semicirculares, ob- 
servamos que las más notables son dos: una de I O cm. de larga 
que ha perdido la ag-uja, pero que conserva la charnela; termina 
el pie del aro en un botón formado por dos conos unidos por sus 
bases, siendo lo más notable de ella, además de sus dimensiones 



184 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

más que corrientes, el adorno que presenta la superficie del 
arco; éste es una lámina de bronce de un milímetro de grueso, 18 
en la cabeza y nueve en el pie, de anchura; el guardapuntas está 
formado por una expansión del pie^ doblada hacia arriba, y de 
borde redondeado. El adorno está constituido por dos series de 
signos (de veinte cada una) que tienen la forma de ese al revés, 
es decir, así c*; siendo de notar que esta clase de adorno se en- 
cuentra en muchas pinturas de la cerámica ibérica, de la que ha 
aparecido en las ruinas de la antigua Numancia, según nos comu- 
nica nuestro compañero y amigo Sr. Lafuente Vidal, si bien se 
ven con relativa frecuencia, dibujados en sentido directo, S; al- 
gunos creen que es la estilización del pájaro. En el Museo de la 
Sociedad Económica de Cartagena se conserva una urna cineraria 
que contiene huesos calcinados y una moneda romana de Sa- 
gunto; en esta urna, aparte de otros adornos pintados con tinta 
color café, figura en su parte media una línea constituida por 
esta clase de signos 6 adornos en grupos de á 12, comprendidos 
entre otras líneas paralelas; también nosotros hemos recogido en 
las cuevas del Castellar de Santisteban, trozos de barros pintados 
en los que aparece el mismo dibujo. En la fíbula de que nos ocu- 
pamos, están esos signos trazados en hueco, (En la colección de 
objetos procedentes del mismo sitio que nos presenta el fotogra- 
bado núm. 4, pueden verse algunas de las fíbulas citadas.) 

La otra fíbula de esta clase tiene de longitud 56 mm., y de 
altura del arco, 30; el pie termina en botón redondeado, y el 
guardapuntas de igual forma que en la anterior; también como 
aquélla ha perdido la aguja y conserva la charnela. 

La superficie del arco está adornada con líneas de puntos en 
relieve y la cabeza forma una planchita de 15 mm. de anchura, 
ostentando en relieve unos signos que parecen letras y que en 
otras fíbulas de igual tipo encontradas en otros lugares son le- 
tras perfectamente legibles (en una que recordamos se lee: 
AVCISSA); si bien no todos los signos se destacan como fuera 
de desear, se trata, sin duda alguna, de un fíbula romana. 

El diseño que tenemos el gusto de presentar en la fot. núm. 5, 
trata de exponer los adornos y signos descritos, debiendo aña- 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 



185 




Fot. núm. 4.— Varias fíbulas. 



io 




dir que todos están en reliev^e y parecen troquelados. Han apare 
cido varias fíbulas de este tipo, pero una sola con esos signos (l) 

Finalmente, se han encontrado bastantes fíbulas semicircula 
res con resorte formado por la misma 
aguja arrollada varias veces en su base, 
el arco abultado en su parte media y el 
pie del mismo, prolongado, termina en 
botones alargados con más ó menos ador- 
nos; la mayoría han aparecido muy dete- 
riorados. 

De ballesta también se han encontra- 
do muy lucidos ejemplares, absteniéndo- 
nos de describirlos, así como los anterio- 
res, por tratarse de tipos muy conocidos. 



\ 



I 
I 

Fot. núm. 5. — Diseño de 
una fíbula. 



(i) No habiendo podido obtener una fotografía del original, reprodu- 
cimos un dibujo fotografiado. 



1 86 



boletín de la real academia de la historia 



Su existencia en este yacimiento es de la mayor importancia. 
Estatuillas ibéricas y romanas de bronce. — De estatuillas de 
bronce se han encontrado numerosísimos ejemplares; pasan de 
mil las que hemos tenido ocasión de examinar, en su mayoría 
ibéricas, y algunas, muy pocas, romanas; las primeras represen- 
tan á algunas divinidades, pero lo general es la reproducción de 
figuras humanas completas, ó brazos, pies, manos y cabezas, no 
procedentes de esculturas rotas, sino fabricadas exprofeso. (La 
fotografía núm. / da ligera idea de ellas.) Es indudable que tan- 




FoT. NÚM. 6. — Pasadores, aros y otros objetos. 

to unas como otras son exvotos, como las fíbulas, anillos y algu- 
nos otros objetos que se han encontrado en gran cantidad. De 
las divinidades se han hallado muchas de las que, á juicio del 
eminente arqueólogo vSr. Mélida, representan al dios de la gJ.ie- 
rra, Netón entre los iberos, y á Osiris; del primero hemos visto 
variantes con el cuerpo prismático, y en algunos se diseñan ro- 
pajes diversos, aunque se presta á la duda puedan éstos últimos 
representar á ninguna divinidad, figurando vestidos; del segundo, 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 1 87 

que es más frecuente aún que el primero, han aparecido algunos 
ejemplares con la cabeza redonda, es decir, desprovistos del 
gorro cónico á modo de mitra. 

Otra escultura representa una cabeza femenil de muy buena 
ejecución, con peinado artístico, cuello largo y hueco de figura 
cónica y que por su forma debió servir para recibir la extremi- 
dad de un espigón ó palo, pues conserva los agujeros por los 
que, atravesando un clavo, le sujetaría á éste; tal vez estuviere 
destinada á figurar en el extremo de una vara ó quizá fuese la 
cabeza de una efigie de madera vestida con telas, de las que 
existen algunos ejemplos en la antigüedad. Como la cabeza es 
plana por atrás, nos inclina á la segunda suposición; en una hen- 
didura transversal junto á la parte posterior, tenía una corona 
plana á modo de nimbo, de la cual conserva algunos restos, y 
estaba sujeta por un clavo que atra\esaba la cabeza de atrás á 
adelante, estando remachado en la frente; el cuello termina en 
un reborde adornado. Parece representar á una diosa, y es de 
factura romana ó quizá griega; pero lo notable es que fué en- 
contrada en el mismo lugar otra cabeza, también femenil, con 
los mismos caracteres, cuello hueco, nimbo igualmente sujeto, 
etcétera, etc., pero de factura ibérica, tosca y sin arte, que pa- 
rece una imitación de la primera. Esta circunstancia es verda- 
deramente digna de estudio y nos ha preocupado bastante, pues 
es indudable que ambas figuras tratan de representar á una mis- 
ma divinidad, y cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿Fué su 
culto importado en épocas primitivas por los extranjeros, grie- 
gos ó romanos y lo imitaron los naturales.? O bien: ¿representa la 
primera figura una reproducción de la segunda, pero hecha por 
manos más hábiles, es decir, que el culto de esta diosa es indí- 
gena? La Real Academia, con sus profundos conocimientos y 
elevado criterio, podrá resolver esta obscura cuestión; pero cual- 
quiera que sea la solución, lo que indican indudablemente estas 
dos esculturas es la coexistencia de las dos civilizaciones, por lo 
menos en las postrimerías de la ibera y principio de la romana. 

Es de advertir que algunas esculturillas iberas femeninas tie- 
nen también la cabeza plana por detrás y presentan como un 



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boletín de la real academia de la historia 



nimbo rudimentario (véanse algunas de las figuras de la fotogra- 
fía núm. 7). 

De figuras de mujeres, adcm.is de las anteriormente indicadas, 
han aparecido gran variedad: unas, completamente desnudas y 




Fot. núm. 7. — Más ídolos ibéricos. 



bastante obscenas, llevan peinado cónico exagerado y las extre- 
midades separadas con las manos extendidas hacia adelante (véa- 
se la fotografía núm. 8, en que hay algunas de ellas); otras, rígidas 
y más honestas, destacan bien los senos y el peinado cónico, se- 
ñalando sólo los brazos y los pies; algunas más rudimentarias se 
reducen á una barra prismática ó aplastada, destacándose única- 
mente de un modo tosco los pies y la cabeza (fotografía núme- 
ro 9) con el clásico peinado, y, por último, se ven otras, no mu- 
chas, recostadas sobre una delgada plancha de bronce, pero dis- 
tinguiéndose de perfil, peinado, facciones, cuerpo y pies; en 
muchas figuras desnudas los senos y atributos del sexo están 
figurados por medio de agujeros redondos. De las vestidas hay 
ejemplares admirablemente acabados y hasta con pretensiones 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 



189 




Fot. núm. 8.— Exvotos de distintas formas y posiciones. 




Fot. núm. 9.— Figuras ENCorÍTRADAs toscamente construídas. 



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boletín de la real academia de la historia 



artísticas, sobre una túnica muy ceñida que les llega hasta los 
pies y provista de mangas que apenas alcanzan al codo; llevan un 
manto con capucha cónica en la mayoría de los ejemplares, y 
sólo en pocos, muy raros ejemplares, la capucha es redondeada; 
tienen collares algunas figuras, bien á modo de cuerda retorcida 
ó destacándose las cuentas; en otras se ostentan dos. En muchas, 
el manto es sencillo y les llega hasta media pierna ó tienen escla- 
vina larga. La mayoría presentan los brazos extendidos hacia 
adelante, las manos abiertas y unidos los dedos, menos el pulgar, 
que se separa mucho (fotografía núm. lo); en gran número de 



' 'tiTUíls'-vi-'.:, '..í-y . ^. 




Fot. núm. io.— Variedades de idolillos encontrados en las cuevas 
DE Castellar de Santisteban. 



ellas se nota una leve genuflexión, y muchas llevan junto á las 
orejas los curiosos adornos circulares que ostentan la dama de 
Elche y algunas del Cerro de los Santos^ pudiendo indicarse tam- 
bién como ejemplar raro la presentada en la fotografía núm. II, 
que algunos han llamado la sacerdotisa de los collares; mide 7 ^¡^ 
centímetros de alta por 2 ^¡^ en la parte más ancha. 

Otras aparecen envueltas en un man|;o, pero separado éste por 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 



191 



las manos hacia la parte media del CLierpo, pareciendo unas y 
otras figuras adorantes; pero se han encontrado unos pocos ejem- 
plares totalmente envueltos en el manto y destacándose sólo 
los pies y la cara, que se traen un notable parecido á los fé- 
retros de las momias egipcias y 
nos recuerdan un ídolo encontra- 
do en el cerro de San Marcos de 
Santisteban del Puerto, del que 
oportunamente se dio cuenta á la 
Real Academia, á la que fué do- 
nado, publicándose con otros en 
el Boletín de la docta Corpora- 
ción en el tomo lvi, páginas 466 
y 467; quizás tengan alguna razón 
los que creen ver en estas figuras 
exvotos de enfermos y convale- 
cientes; entre las particularidades 
de esta clase de ídolos hay en uno 
la de llevar en la cabeza un ador- 
no formado por tres puntas á modo 
de estrella, dos horizontales y una 
vertical. Todas las figuras femeni- 
nas llevan los pies desnudos, apre- 
ciándose muy bien en algunas los 
dedos, talón y tobillos; no escasean 
las que ostentan como una banda que les cruza el pecho desde el 
hombro derecho hasta el costado izquierdo. 

ídolos mascu¡¿nos.--Tamhién en ellos se nota gran variedad, des- 
de la figura totalmente desnuda, exagerando los atributos del sexo, 
hasta la envuelta en mantos por completo; desde la más sencilla, 
reducida á una rudimentaria tira de bronce diseñando torpemen- 
te la cabeza y los pies, además del sexo, hasta un curioso ejemplar 
que representa un guerrero ibero con las extremidades separa- 
das, los brazos extendidos y las manos abiertas en actitud ado- 
rante, completamente desnudo, llevando solamente un ancho cin- 
turón del cual pende, al lado izquierdo, la espada fakata, y en la 




Fot. núm. i i. — La. sacerdotisa 

DE los collares. 



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BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DU LA HISTORIA 





espalda, el escudo redondo con punta cónica en el centro, clásico 
escudo que se encuentra en figuras de algunas monedas ibéricas 
(las de Ilgone entre otras) (fot. núni. 12), hasta personajes gra- 
ves, algunos con bar- 
ba puntiaguda tosi' 
c amen te ejecutada, 
otros sin ella, pero 
con las facciones 
muy pronunciadas 
como de personas de 
alguna edad y majes- 
tuosamente envuel- 
tps en amplios man- 
tos, en algunos cru- 
zados con cierta gra- 
cia, teniendo los bra- 
zos caídos y pegados 
al cuerpo ó en flexión, también pegados, llevando en la mano 
derecha un corto bastón (de la longitud de su brazo próxima- 
mente) y que tal vez pretendieran representar distinguidos je- 
fes de aquellas antiguas gentes. En algunas figuritas, relativa- 
mente bien construidas, puede estudiarse también la indumen- 
taria usada; ésta se reduce á una túnica que les llega á medio 
muslo con mangas hasta la mitad del brazo (l) y un ancho 
cinturón muy ajustado, que les hace muy delgada cintura y 
que lleva una enorme plancha cuadrada ó en forma de trape- 
cio, que debe ser la hebilla y constituiría una defensa del es- 
tómago; en la cabeza, casco redondo liso, unas veces con ore- 
jeras, las m^s sin ellas, que les cubre hasta la nuca (véase el 
casco del guerrero que, de frente, espalda y perfil, se presenta 
en el fotograbado núm. 1 3) (2); el pelo debieron usarlo mediana- 



De frente. De espalda. 

Fot. núm. 12. 



(i) Algunos eruditos creen que es una coraza especial 
(2) Este exvoto, que ostenta un casco con nasal y yugulares, que ca- 
racteriza al llamado beodo, según respetables opiniones, como la de Salo- 
món Rinaldi, es corintio, es decir, griego, lo que apoya nuestra opinión 
acerca de tal influencia en aquella época. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS I93 

mente largo, pues se distinguen en la mayor parte de estas figu- 
ras, dos trenzas que aparecen por detrás de las orejas y llegan 
hasta cerca de los hombros, que servían, según la opinión de al- 
gunos eruditos, para defender el cuello por los lados (véase la 
notable obra de nuestro ilustrado amigo M. Horace vSandars, 




De frente. De perfil. De espalda. 

Fot. núm. 13. — Exvoto en el que se distingue claramente el casco. 

The Weapons of. the iberians). Las figuras juveniles ostentan 
desnudos los brazos, las piernas y los pies; las de ancianos apa- 
recen completamente envueltas en los mantos, como ya hemos 
dicho; á veces éstos llevan cascos, careciendo de él las que os- 
tentan bastón, que son muy raras. Es interesante la figura del 
guerrero que representa la adjunta fotografía, por aparecer con 
manto y el casquete redondo en la cabeza, por su actitud y por 



194 



boletín dk la real academia de la historia 



representar muy claramente la espada falcata envainada y el es- 
cudo redondo, en el cual se distingue muy bien el lazo para em- 
brazarlo, d(d ([ue habla. JNÍ. Sandars (obra citada) y la correa de 
la cual pendía y que cita Estrabón. La altura de esta esculturilla 
es de 58 mm. y puede sostenerse en pie, como ocurre en la in- 




FoT. NÚM. 14. — Algunos ídolos interesantes. 

mensa mayoría de las qne tienen la espalda de la figura la- 
brada (l). 

Algunas esculturas masculinas figuran también genuflexiones, 
más ó menos exageradas, los brazos casi pegados al cuerpo y las 
manos abiertas. (Fot. núm. 14.) 

Todos estos idolillos hasta ahora encontrados, menos uno que 
es de oro (2), son de bronce, algunos hechos á martillo, la ma- 
yor parte fundidos y retocados á lima; en uno de los que hemos 



(i) a la amabilidad del Dr. D. Tomás Román Pulido, debemos esta 
estatuilla. 

(2) El Sr. Cabré Aguiló nos asegura posee dos ejemplares de oro ex- 
traídos del mismo sitio, uno de varón y otro de hembra; éste es el mismo 
que aquí citamos. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 195 

visto, se observ'aban aún las rebabas del molde; quizá fuera des- 
echado por haber salido mal, pues se ven en él gran número de 
poros, y no quisieran terminarlo. 

Todas las figuras son macizas, excepción de una sola, que es 
hueca, formada por dos delgadas láminas de las que, la posterior, 
es plana y la anterior troquelada, representándose en ella las 
facciones, cuerpo, etc. La de oro es una delgada lámina troque- 
lada: representa á una mujer del tipo de las envueltas por com- 
pleto en el manto de capucha cónica (l). 

Son pocas las figuras que están sobre peanas; algunas, princi- 
palmente femeniles, presentan enormes pies, y la mayor parte se 
comprende fueron construidas para estar apoyadas por la es- 
palda, pues son muy contadas las que se sostienen bien sobre 
sus bases (véanse las fotografías núms. 15 y 16); las hay, aunque 
escasean mucho, que tienen el cuerpo completamente cilindrico, 
destacándose solamente la cabeza y los pies; la más alta de todas 
cuenta lo '/.^ cm. de altura. 

De figuras romanas, además de la interesante cabeza femenil 
de que ya hemos hablado, hemos podido admirar algunas otras, 
siendo las más notables- un torso viril muy mutilado, pero de 
buena factura, y una esculturilla que tal vez represente una dei- 
dad; ésta ostenta en la cabeza un adorno que recuerda el niodius 
característico de Plutón; tiene el pelo ensortijado y largo, como 
la barba, el cuerpo cubierto con manto de bien estudiados plie- 
gues, los brazos extendidos, sujetando con las manos el manto 
levantado y el hueco formado, lleno de frutas y falos, y debajo 
los atributos del sexo en erección. Desgraciadamente, esta bella 
estatuilla está mutilada por la parte superior de los muslos, la 
espalda es plana y algo hueca y ostenta una hermosa pátina ver- 
de brillante; por llevar frutas, y la disposición de los órganos se- 
xuales, tal vez quiera representar á Príapo. 

Otra figura de bronce de las que se han encontrado,, optaría- 



(i) En el valioso museo arqueológico del Sr. Marqués de Cerralbo 
hemos podido ver el aparato usado por las damas iberas para que apare- 
ciera cónica su parte superior. ^ 



196 boi.etIn de la real academia de la historia 




Fot. núm. 15. — Diversos idolillos. 



, .«aáfiS'W^ 






Fot. núm. 16. — Otro grupo interesante de ídolos 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 197 

mos por atribuirla á la época romana si no estuviese muy torpe- 
mente ejecutada; representa un hombre revestido de manto ce- 
rrado que le llega hasta las rodillas y le oculta los brazos; en 
cambio, toscamente, las piernas y pies los presenta al descubierto 
y unas y otros separados; la mayor parte de la cabeza queda 
oculta por el manto y en la cara lleva diseñadas imperfectamente 
las facciones (ojos y nariz); por la parte superior de la cabeza, 
existe una abertura circular, y en medio del cuerpo, que resulta 
de forma sensiblemente cónica aplastada, se destacan monstruo- 
sos los órganos sexuales, siendo el órgano copulador hueco y 
dirigido hacia arriba; se encuentra algo fracturado y es de supo 
ner sirviese para dar salida al líquido de un frasco, que no debió 
ser otra cosa esta figura, pues toda ella es hueca, siendo la boca 
la abertura que hemos dicho tiene en la cabeza; se trata, por 
tanto, indudablemente de una vasija obscena que, por su forma, 
se parece algo al moderno porrón (l). 

Cerámica. — Numerosas son las antigüedades de cerámica ha- 
lladas en las cuevas; muchos restos de objetos y vasijas de ba- 
rro, tejas (tegulae) romanas de arcilla amarillenta, fuertemente 
cocida, trozos de candiles ó lucernas y de d¡\-ersos utensilios, 
algunos de barro negruzco y otros de amarillento rojizo con 
pintura de color rojo-obscuro, figurando en algunos ejemplares 
semicircunferencias concéntricas apoyadas, como en diáme- 
tros, en líneas de diferente anchura, paralelas, que se com- 
prende rodearían la vasija, y en muchos de los tiestos apare- 
cen, bien en los mismos que llevan el dibujo antes dicho, bien 
en otros distintos, las bandas onduladas formadas de los signos 
en forma de 5, de que antes hem.os hecho mención; en los 
■ejemplares que hemos encontrado estas líneas ó signos se ha- 
llan muy próximos, pero sin tocarse; son barros indudablemen- 
te iberos, y según la opinión admitida, de época coetánea á la 
primera de la dominación romana en España; se encuentran 
además, aunque en menor cantidad, restos de barro rojo brillan- 
te (térra sigillata), como pudimos comprobar en nuestras ex- 

(i) Actualmente posee la figura descrita, M. Horace Sandars. 

TOMO LXVIII. 13 



(98 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cursiones á las cuevas, encontrando además en una ocasión un- 
trozo de lucerna romana provista de asa; todo lo recogido en 
aquellos lugares durante algunas de nuestras visitas, fué remiti- 
do como donativo á la Real Academia de la Historia, así como 
fotografías y descripción de algunos de los objetos hallados, que 
(¡uizás por no recordar cuáles fueron enviados, vayan algunos 
acompañando á este escrito de los que ya tuvimos el gusto de 
oportunamente darle á conocer. También hemos visto otros cu- 
riosos ejemplares de platos casi hemisféricos de aixilla rojizo- 
amarillenta, hechos á torno, con líneas pintadas de color rojo 
obscuro en espiral por la parte interna del plato; algunos, muy 
pocos, han aparecido completos, y muchos hechos pedazos. De 
lucernas romanas existe gran número y veriedad, habiéndose 
extraído de la tierra bastantes ejemplares sin rotura alguna; ex- 
cepto la antes dicha, todas carecen de asa, ostentando bajorrelie- 
ves admirablemente conservados en su mayoría y que represen- 
tan cuadrigas, figuras de animales, la Fortuna, Mercurio, Isis». 
máscaras trágicas y asuntos obscenos, pareciéndose en su figura 
á las halladas en Córdoba, de que se dio cuenta á la Real Acade- 
mia en el Boletín, tomo lvi, pág. 45 1, y como en la que allí 
reproduce un grabado, existe otra procedente de las cuevas, con 
la diferencia de leerse en ella claramente la palabra Fortes., ea 
lugar de la de Gallio que aparece en aquélla. 

La mayor parte de las encontradas carecen de inscripcio- 
nes (l), y tanto de algunas de ellas como de la que tiene gra- 
bada la palabra Fortes., vista por la parte alta y baja, ofréce- 
nos la fotografía del núm. 1 7) teniendo á la vez la satisfacción 
de poder poner á disposición de la Real Academia los origi- 
nales que de estas lucernas tenemos en nuestro poder; todos^ 
estos candiles son de arcilla blanca, excepto el descrito que lleva 
la palabra Fortes., que es de barro rojo que alguien llama sa- 
guntino, sin que nosotros nos atrevamos á considerarlos como^ 
tal, y en algunos la arcilla es amarillenta con relieves de conchas 



(i) Oportunamente hemos enviado á la Real Academia los calcos de 
las estampillas. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 1 99 

marinas pectén ó círculos con muchos radios, y hay otros que 
tienen marca. A nuestro juicio, es sumamente curiosa una tosca 
lámpara construida en una concha de ostra recortada que ha 
aparecido en las excavaciones hechas en las cuevas, así como 





Anverso. Reverse, 

Fot. núm. 17. — Lucerna romana. 

otra que presenta en la parte superior muy artístico el relieve 
de un racimo de uvas. (Véase la fotografía núm. 18 que la re- 
produce.) 

x\demás de lo expuesto, hemos tenido en nuestras manos res- 
tos de arcilla rojo obscura con esmalte negro, formando dibujos,, 
en los que queda como fondo el color del barro de la arcilla y 
otros totalmente esmaltados de negro brillante con adornos tro- 
quelados, figurando palmillas muy parecidas á los barros primi- 
tivos procedentes de la Gran Grecia. 

También merecen especial mención las esculturillas de barro 
rojizo ó amarillento que se han encontrado en los sitios de que 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




nos ocupamos; de las primeras, desgraciadamente muy mutila- 
das, hay ejemplares que se asemejan á las figurillas de Tanagra 
de la buena época, y la mayor parte están muy bien fabricadas. 
Existen otras, muy escasas en número, que suponemos deben 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 



ser ibéricas, y son más toscas y deformes que las anteriores; una 
de estas últimas trata de representar un feto humano sin brazos; 
otra, que es una cabeza de la que no se conserva nada más que la 
cara y parte del peinado, la creemos interesante porque parece 
representar una dama ibera, si bien está labrada por manos más 
hábiles que las de los iberos, resultando un caso análogo al de las 
cabezas de bronce, de cuello hueco antes descritas; en ella se 
distingue perfectamente el clá- 
sico peinado cónico y lleva en 
la frente y sienes adornos muy 
parecidos á los observados en 
ciertas esculturas encontradas 
en el Cuto de los Santos y que 
el descubrimiento del Tesoro de 
Javea, ha venido á explicar sa- 
tisfactoriamente. De figuras de 
barro amarillento han apareci- 
do pocas, y todas fracturadas; 
la mayor parte representan ca- 
bezas femeniles con altos toca- 
dos adornados con tres cretas 
separadas á modo de nimbo. 

Pero lo más admirable de las 
pequeñas esculturas encontra- 
das es la que aparece en la fo- 
tografía adjunta, núm. 19. Se 
trata de una figura perfecta- 
mente modelada en barro blan- 
co; su cuerpo desnudo presenta las líneas redondeadas de corte 
griego, la cabeza con el artístico peinado ibero, los brazos caen 
con verdadero gusto escultórico, y la parte que falta de sus extre- 
midades inferiores, no impide aparezca la cabeza de otra figura 
unida á sus piernas; quizá representase esta esculturilla á alguna 
divinidad; hay quien cree se trata de una Venus, dado su pareci- 
do con algunas de esas diosas á que los romanos rindieron culto; 
en realidad semeja á las esculturas conocidas de Venus y Cupido; 




Fot. núm. 19. — Escultura romana. 



202 BOLETÍN DE l.A KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

mas lo cierto es que, detalles y conjunto, resultan artísticos y que 
es lamentable carezca de su parte inferior, no pudiéndose afirmar 
por esa circunstancia si estaría sostenida por una peana ó en 
otra forma; mide, tal como se encuentra, 1 4 cm. de alta por 13 
de perímetro por el sitio que cuenta más anchura; es la escultu- 
ra de mayor tamaño que hemos visto de las encontradas en 
aquellos lugares. 

Objetos diversos. — Anillos de bronce han aparecido gran nú- 
mero, de tres tamaños: de 1 8, de ló y de 15 mm. de diámetro 
interior; su forma se reduce á una tirilla irregular en toda su cir- 
cunferencia, que suele tener 2 mm. de ancho por medio de es- 
pesor y la mayor parte parecen cortados de tubos. Tres hemos 
visto que son verdaderos anillos sigilarios con un aro redondo 
bien construido, lo mismo que la planchita del sello; en uno se 
advierte bien, en hueco, el diseño de un pájaro, no distinguién- 
dose en el otro que está más deteriorado, aun cuando es jDosible 
sea la Swástica; mas en el tercero que es de oro, se percibe bien 
una mujer sentada en una especie de silla curul, revestida de lar- 
gos ropajes, llevando en la mano izquierda un ave y la mano 
derecha levantada. 

Una hermosa cornerina ovalada de unos 20 mm. de largo por 
I 5 de ancho, que debió pertenecer á otro anillo sigilarlo (l), re- 
presenta una mujer, al parecer en marcha, con adornada ropa 
talar, teniendo la mano derecha levantada y un ramo en la iz- 
quierda (en éste, como en los demás casos de anillos sigilarios, 
nos referimos á la actitud en que aparece la figura al imprimir en 
cera estos sellos); el tocado de la mujer es digno de referirse: 
lleva un velo, rodeándole la cabeza una diadema muy saliente y 
encima ostenta tres penachos ligeramente curvos; recuerda el 
adorno de los catiros de las monedas fenicias de las Baleares y 
también el tocado de los lusitanos, representados en una plancha 
•de oro hallada en Extremadura (según M. Cartailhac). 

Notable es también una piedra de anillo sigilarlo que repro- 
duce la cabeza del Hércules fenicio, exactamente igual á la que 



1) En poder hoy de M. Horace Sandars. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 2O3 

figura en las monedas de Cádiz; es, como el anterior, un trabajo 
perfectamente acabado y cuenta las dimensiones de 1 1 mm. de 
largo por 9 de ancho. 

Otro anillo de plata presenta curiosas labores, por lo que no 
■queremos dejar de citarlo. 

Se han encontrado además una cornerina, que en relieve re- 
presenta un sacrificio, y un pendiente de oro en forma de cala- 
bacilla, adornada con líneas cruzadas. Punzones se han encon- 
trado varios de hueso, algunos labrados y otros de bronce tem- 
plado, de forma prismática y cilindro-cónicos, pequeños cinceles 
de bronce bien templado, limas de lo mismo; pinzas depilatorias 
reducidas á una lámina de bronce también templado y convenien- 
temente doblada, que aún conserva la elasticidad; otras pinzas 
más perfectas con su correspondiente resorte, pero de ramas 
gruesas y estrías transversales cerca de la punta, á modo de 
dientecillos, por lo que creemos presumible fueran estos instru- 
mentos de cirugía, siendo lancetas algunas de las que se aseme- 
jan á puntas de flecha, así como también pudiera incluirse en esa 
clase de instrumental las pequeñísimas cucharillas y los finísimos 
punzones de bronce también hallados, induciéndonos á formular 
esta afirmación el hecho de haber encontrado á su vez M. San- 
■dars esa clase de instrumentos en Despeñaperros. 

Armas hemos admirado algunas, siendo la más notable de 
ellas un pequeño cuchillo de bronce de unos 1 5 cm. de largo, 
•contando el puño que forma con la hoja una sola pieza; en el 
puño se advierte en su extremidad un agujerito, utilizable segu- 
ramente, para dar paso á una cuerda; la hoja es algo curva y con 
estrangulación á un tercio á partir del puño; es un curioso ejem- 
plar semejante á las espadas falcabas. 

También hay varias puntas de flechas de bronce, sin barbas 
recurrentes, de lO cm. de longitud; otras puntas de bronce tem- 
plado suponemos serán de dardos, pues son largos punzones có- 
nicos de 15 cm. de longitud y de sólo 4 de diámetro en su base, 
que está ahuecada como para recibir el astil de madera; debie- 
ron constituir armas terribles. 

Es particular el haber aparecido tanto objeto de bronce y sólo 



204 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

una punta de flecha de pedernal de color melado, atribuíble á la 
época neolítica; tiene 38 mm. de longitud por 25 en la base; po- 
see barbas recurrentes y es plana. 

También podemos dar cuenta de un hermoso ejemplar de ha- 
cha de bronce de 1 3 '/a ^'^^- ^^ largo por 52 mm. de boca; na 
es de cubo, sino de espiga. 

Estilos romanos de bronce y hueso los hay en gran número,, 
igual que agujas de aquel metal, siendo la variedad de éstas el 
ser unas planas y otras redondas, teniendo algunas de las últi- 
mas 13 cm. de longitud y un diámetro medio de 2 mm. 

Otro de los encuentros ha sido un vaso achatado de bronce,, 
hecho á torno, que aún conserva vestigios del estañado; está bas- 
tante deteriorado y no tiene marca de ninguna clase. 

Pero si todos los objetos de que hablamos anteriormente los 
hemos creído interesantes, no lo son menos, seguramente, las 
cuentas que han aparecido de gran semejanza, con las de los 
enormes collares que ya hemos referido ostentan muchas figuras 
femeniles; las hay de varias clases: unas, de arcilla cocida de co- 
lor obscuro, formadas por dos conos truncados unidos por sus ba- 
ses mayores y perforados á lo largo, siendo de tamaños varia- 
bles, llegando algunas á contar un diámetro de tres centímetros 
y medio en su parte gruesa. Otras son esféricas, y otras de forma 
acampanada con adornos de palmillas estampadas. De vidrio hay 
también en gran número, abundando la forma esférica aplastada^ 
lisa ó con estrías en la dirección de los meridianos; inútil es de- 
cir que el vidrio, por la acción del tiempo, tiene su superficie des- 
compuesta. Otras cuentas son lenticulares, de piedra jaspeada 
con aro de oro; pero las más curiosas, sin duda alguna, son unas 
cilindricas de madera muy carbonizada, muy dura; las mayores 
de cuatro centímetros de altura por tres y medio de diámetro, 
presentan la particularidad de que además del conducto longitu- 
dinal para recibir el cordón, tiene cada una otro hacia su parte 
media, que sólo alcanza al centro, perpendicular al primero; pa- 
rece que servirían para sujetar colgantes de cada cuenta. 

En algunas esculturillas aparecen collares de cuentas con los 
colgantes en la forma antes dicha. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 20 5 

Por Último, hablaremos de algunas cuentas de cornerina en- 
contradas en las cuevas; éstas aparecen bien pulimentadas, sien- 
do la forma general de ellas la de un toneliUo de dos centímetros 
de altura por 14 de diámetro en su parte media, y ocho en cada 
una de las bases; están adornadas con cinco líneas longitudina- 
les, trazadas con alguna oblicuidad, y una transversal completa 
cerca de cada base y en hueco todas. Otras cuentas de corneri- 
na son perfectamente cilindricas, de 12 milímetros de altura y 
ocho de diámetro en la base, como las anteriores, y seguramente 
las combinarían en la confección de collares, que resultarían, 
una vez terminados, bastante vistosos y artísticos. 

Finalmente, se encontraron dos fragmentos de una pasta dura, 
al parecer arcillosa, de color azul, que representan con bastante 
exactitud, el uno, parte de la extremidad posterior de un cua- 
drúpedo corpulento, y el otro, un trozo de ala plana, distinguién- 
dose las plumas divergentes; la cara opuesta es redondeada. Entre 
las conjeturas á que ha dado lugar este encuentro, nos inclinamos 
por aquella que supone pertenecieron ambos fragmentos á una 
figura de esfinge, animal fantástico que se ve representado en mo- 
numentos ibéricos de estas regiones. Estos trozos son pequeños, 
de unos cinco centímetros el que más. Después fueron encontra- 
das unas piedras labradas, figurando una de ellas las extremidades 
anteriores de un cuadrúpedo carnicero, tal vez león ó esfinge, 
pues á este animal ideal le ponen cuerpo y patas de León (l); la 
otra es una ara. 

Monedas. — Las que hemos podido ver son de Celsa y de Cás- 
tulo; todas ibéricas. 



y\) El hallazgo de estas piedras nos fué comunicado por el ilustrado 
ingeniero industrial D.Juan de Dios González Carral, que tuvo la amabi- 
lidad de remitirnos fotografías de ellos, que nosotros, en su nombre, en- 
viamos á la Real Academia oportunamente. 



206 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Consideraciones á que se presta lo anteriormente 
expuesto. 

Todos estos objetos han sido hallados á mayor ó menor pro- 
fundidad, excavando en la ladera del monte, próxima á la cum- 
bre, donde se encuentran las cuevas, y precisamente en la parte 
que corresponde la mayor proximidad á la cueva mayor ó el 
Santuario. Muchos de los objetos reseñados, casi todos, han 
aparecido debajo de voluminosos y desiguales peñascos, casi 
seguro desprendidos de la parte superior de la boca de la cue- 
va y caídos en aquellos sitios que se encuentran más bajos, 
razón por lo que han estado ocultos muchos de ellos hasta hace 
poco tiempo, habiéndose conocido solamente algunos que, que- 
dando libres de tan voluminosas piedras, fueron descubiertos al 
llevar á cabo las labores agrícolas en dicho terreno, pues hay que 
advertir que aquella ladera se viene cultivando desde tiempo in- 
memorial; de alh' son algunos objetos de la colección del señor 
Vives, que tan concienzudamente estudió el Sr. Mélida, y de allí 
también los que motivaron el erudito y luminoso informe del 
Sr. Marqués de Cerralbo en el tomo lxi, pág. 129 del Boletín de 
LA Real Academia de la Historia. 

En estos últimos años, particularmente desde la primavera de 
1912, se ha rebuscado mucho, y aún se continúa haciéndolo; 
pero desgraciadamente sin método y por personas ignorantes, 
que, considerando mercantilmente esos hallazgos, sólo han per- 
seguido su interés particular. Sin embargo, muchos objetos han 
sido vendidos á personas que saben apreciar su verdadero méri- 
to, figurando en las colecciones de D. Tomás Román Pulido, en- 
tusiasta aficionado á estos estudios (i); de M. Horace Sandars, 
erudito hispanófilo que publicó en I906 su notable obra Pre ro- 
mán Bronce votive offerings from Despeñaperros; en la del Sr. Ca- 
bré Aguiló, inteligente arqueólogo, que nos comunicó por carta 



(i) El Sr. Román Pulido cedió generosamente A la Real Academia 
gran parte de lo que adquirió al principio. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 2O7 

en Junio último que poseía más de 4.000 piezas ú objetos proce- 
dentes de las cuevas de que nos venimos ocupando (una gran 
parte de ellos los hemos bosquejado, pues los adquirió con 
posterioridad), y en las de los que suscriben este mal perge- 
ñado trabajo se hallan algunos (l), sin que por ello haya dejado 
de marchar al extranjero un considerable número de esa clase 
de recuerdos que nos legaron aquellas generaciones. 

Aun cuando es muy difícil hacer afirmaciones concretas res- 
pecto al significado de tanto objeto diverso, es presumible que 
ellos no sean otra cosa que los rastros de un núcleo de población 
ibera, y que las citadas cuevas, en que buscaron cómoda estan- 
cia sus habitantes, fueron aquellas viviendas más ordenadas de 
que habla el cronista de Ronda, D. Antonio Madrid, en una Me- 
moria escrita para la Real Academia de la Historia (2), compa- 
rando las habitaciones iberas con las del rudimentario arte del 
troglodita, sin que por esto se deseche por completo la idea de 
su existencia anterior en aquel sitio á tal pueblo, como parece 
desprenderse al examinar los hallazgos correspondientes al pe- 
ríodo neolítico. 

También creemos no dejó de percibir aquel núcleo de pobla- 
ción, en alguna de las épocas de su existencia, la influencia de la 
civilización fenicia, como lo demuestra la aparición de objetos ge- 
nuinamente fenicios, así como el tipo de muchas esculturillas ibe- 
ras que poseen gran semejanza con lo procedente de aquella raza. 

Entre los objetos enumerados creemos existen, además de los 
ibéricos y romanos, algunos griegos, ó por lo menos fueron cons- 
truidos bajo la influencia griega. Las numerosas figuras de barro 
romano que han aparecido, puede suponerse unas fueran retra- 
tos de los peregrinos que acudieran al santuario, siendo otras 
verdaderas representaciones de divinidades; lo mismo puede su- 
ponerse de las de metal. 



(i) Incluímos una fotografía, que debemos al Sr. Cabré, que represen- 
ta parte de los objetos que conservamos; en ella pueden verse varias de 
las figuras, fíbulas, etc., etc., que hemos descrito, aunque torpemente. 

(2) Esta Memoria fué publicada en el Boletín de la Corporación 
tomo Lxiii, pág. 87. 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La cerámica casi siempre es ibérica, pintada con motivos cir- 
culares, pocas veces romana, alguna vez cainpaniana y rara vez 
sigilata. 

El hallazgo guarda gran analogía con el que el sabio hispanófilo 
M. Sandars realizó en Despeñaperros, en lo relativo á antigüeda- 
des ibéricas de bronce, sólo que en Castellar de Santisteban, has- 
ta ahora, no han aparecido figuras ecuestres. 

Las piedras duras grabadas son típicas, algunas de las islas 
Egeas; otras son púnicas, una egipcia y muchas romanas. 

Fragmentos de pasta azul hemos visto algunos muy curiosos 
y en bastante número, además de los antes citados, que fueron 
los primeros que se hallaron; uno de ellos representaba una ca- 
beza de esfinge; otros, restos de patas y alas de diversos anima- 
les, y tres pedazos pertenecían, seguramente, á una hermosa es- 
tatua fenicia de un estilo sublime (l). 

Puede suponerse, además, que aquellas cu.eva3 continuaron 
habitadas por el pueblo ibero en los primeros siglos de la domi- 
nación de los romanos, creyendo encontrar comprobada esta 
afirmación, tanto por el considerable número de exvotos, cerá- 
mica y objetos romanos allí encontrados, como por la coexisten- 
cia de algunas esculturas ya citadas que, tratando de representar 
la misma figura, un modelo es romano y otro ibero, además del 
tipo de muchos barros ibéricos pintados, añadiendo también el 
que la mayoría de las lámparas romanas de arcilla son redondas 
y sin asa y no abundan las estampillas, estando muchas cubiertas 
de esmalte que les da el aspecto del barniz, siendo de tipo ele- 
gante y fino, caracteres todos que, según la autorizada opinión de 
los eminentes arqueólogos Mr. M. Demaeght, Le Blant y el 
P. Delattre, indican que pertenecen al primer siglo antes de nues- 
tra era, y que alguna que se ha encontrado entre tantas de las 
otras provista de asa sencilla, reducida á un pequeño anillo, se- 
gún los señores antes citados, pertenecen al primero ó segundo 
siglo de J. C. 



(i) En poder del Sr. Cabré Aguiló, á quien debemos esta interesante 
noticia. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS 209 

Nada árabe ni visigodo se ha encontrado hasta hoy. 

Esto es cuanto hemos podido ver, extraído de las cuevas de 
«La Lobera», teniendo la seguridad (por habitar en pueblos pró- 
ximos á las mismas cuevas y habernos proporcionado los objetos 
personas que nos merecen gran confianza) que cuanto manifesta- 
mos es auténtico, habiendo también comprobado nosotros mis- 
mos la extracción de la mayor parte de las figuras que citamos 
en el presente estudio. 

Réstanos únicamente, para terminar, lamentarnos se desoyese 
la autorizada y patriótica voz del ilustre arqueólogo y académico 
Sr. Marqués de Cerralbo (l), y la más modesta de los que sus- 
criben, que repetidas veces han pedido que el Estado se hiciese 
cargo de realizar una detallada exploración científica de aquellos 
lugares, y de ese modo no se hubieran extraviado muchos objetos 
que quizá fuesen necesarios para aclarar puntos obscuros y du- 
dosos, y diesen lugar á abandonar el expuesto camino de las 
conjeturas. Aún pudiera hacerse mucho si se decidiesen á reali- 
zar esos trabajos y que actuara en ellos la Junta Superior de 
Excavaciones (2); mas la Academia en todo caso, en vista del 
interés que despierten los descubrimientos descritos en el pre- 
sente escrito, como siempre, resolverá lo más conveniente. 

Julio, 1914. 

Mariano Sanjuán Moreno. 
Diego Jiménez de Cisneros Hervás. 

Correspondientes. 



(i) Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo lxi, pág. 129. 

(2) Escrito ya lo que antecede, nos hemos enterado, con gran satis- 
facción, que por Real orden de Febrero último ha sido nombrado Dele- 
gado-director D. Ignacio Calvo Sánchez, y que el año venidero realizará 
los expresados trabajos. 



NOTICIAS 



Durante el mes de Enero último han fallecido los Correspondientes se- 
ñores D. Andrés Baquero Almansa, en Murcia; Dr. Godofredo Kurth, en 
Lieja, y Marqués de Nantouille de Prats, en Biarritz. 



Han sido elegidos Correspondientes, durante el mes de Enero último, 
los Sres. D. Fernando Márquez de la Plata, en Santiago de Chile, y Don 
Felipe Olmedo Rodríguez, en Zamora. 



A propuesta del Secretario accidenta], Sr. Pérez de Guzmán, la Acade- 
mia ha hecho un importante donativo de obras de sus fondos al Ministe- 
rio de Instrucción pública y de Bellas Artes para que se distribuyan en- 
tre las Bibliotecas públicas y populares que sostiene el Estado. En este 
donativo han entrado treinta obras distintas con un total de 13.750 volú- 
menes. Se han exceptuado las incompletas por hallarse agotados algunos 
de sus tomos. 



La Revista Críiica hispano-americana que publica el Académico Sr. Bo- 
nilla y San Martín, ha publicado, reunidos en un elegante primer tomo, los 
números que había dado á luz en el año 191 5. Los artículos que contienen, 
todos del mayor interés, llevan las firmas de los Sres. Conde de la Mor- 
iera, Puyol, Schewil, hispanista norteamericano, Bonilla, Jiménez de Azúa, 
Castán, Cejador, Saldaña, Ballesteros, Morales Cortés, Marqués de Lau- 
rencín y Miñana; es decir, una nueva generación de escritores verdade- 
ramente clásicos, que contribuirán poderosamente al fomento de los 
buenos estudios críticos, históricos y literarios en España. 

En el número último de la Revista de Filología Española se ha publica- 
do un interesante artículo de nuestro Correspondiente el Dr. Abraham 
Salom Yahuda con el título de Contribución al estudio deljudco español. 

Este trabajo está basado en el libro recientemente dado á luz por la 
Academia Imperial de Ciencias de Viena de que es autor el Sr. L. M. Wa- 
gner sobre el judeo español en Constantinopla y que lleva por título Bei- 
trage zur Ketitjiis Judeuspanichen van Konstaniinopel, que ha inspirado al 
Dr. Yahuda importantes observaciones, principalmente lexicográficas. 



Nuestro ilustre Correspondiente el Sr. Horace Sandars ha publicado en 
Jaén, en elegante folleto con muchas ilustraciones, el Viaje literario por 
la provincia de Jaén y La puente quebrada sobre el rio Guadalimar, eru- 
dita Memoria, la primera que dejó escrita el docto Catedrático de la 



Universidad de Granada D. Manuel de Góngora, y que permanecía origi- 
nal é inédita en el Archivo de nuestra Academia, y la segunda fruto de los 
propios estudios del sabio y diligente editor. 

Es una publicación de la mayor importancia y por la que merece el 
aplauso de los entendidos y la gratitud de todos por el desinterés y el 
lujo con que la ha hecho. 

El joven hijo de San Ignacio, P. Enrique Herrera, que reside actualmen- 
te en el antiguo monasterio de Oña, convertido felizmente en Colegio de 
la Compañía de Jesús, que lo ha salvado de inminente ruina, se ocupa en 
reunir datos y documentos para escribir uua historia crítica de dicho Mo- 
nasterio, cuya importancia para la historia general de Castilla es bien co- 
nocida de todos los eruditos que han investigado sus fuentes. 

Como avance de estos trabajos, ha remitido á la Academia curiosos ex- 
tractos de dos manuscritos hallados por él en el Archivo de la iglesia pa- 
rroquial de Oña, donde, por ventura, se salvaron del vandálico despojo 
que padecieron las riquezas artísticas y literarias que atesoraba el Monas- 
terio benedictino. 

Estos manuscritos son: «~la Vida de S. Iñigo, escrita en 1771 por el monje 
oniense y Académico de la Historia, Fr. íñigo de Barreda, y la Viday mi- 
lagros de S. Iñigo, sacada en 1610 por Fr. Diego Núñez, también del Mo- 
nasterio de Oña». 

Tratando de la obra del P. Barreda, dice el inteligente y laborioso je- 
suíta: «Comprende cuatro partes, i.^ La vida y milagros de S. Iñigo, con 
la relación de cómo se fundó el Monasterio en 10 1 i por el Conde de Cas- 
tilla D. Sancho, y se reformó en 1033 por el Rey de Navarra Sancho el Ma- 
yor. La 2.* comprende la narración de las fiestas celebradas en Calatayud, 
patria de S. Iñigo, cuando recibió una reliquia del Santo regalada por el 
abad de Oña. La 3.^ es una descripción muy detallada de la Casa de Oña, 
tal como se encontraba en 1771, que es cuando Fr. Iñigo de Barreda ter- 
minó la redacción de su obra. Está la 4.^ parte del manuscrito de Barre- 
da dedicada á reseñar la vida de los principales abades y monjes del Mo- 
nasterio, fijándose principalmente en los contemporáneos que más se acer- 
can á su tiempo.» 

Ampliando la noticia de la 2.^ parte, el P. Herrera copia la descripción 
que hace el P. Barreda de una fuente debida á Simón de Colonia, que 
había en una esquina del claustro y servía de lavatorio de los Monjes. La 
taza, de una sola pieza de piedra; medía 31 palmos de circunferencia y 
tres de altura. En ella había la siguiente inscripción: 

Simón a Colonia me fecif, a?mo domini AID VII I 

Abbatum de Condado jussu abbatis D F 

Alonso de Madrid, 



212 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

En el borde y labio del Maforiz, continúa el P. Herrera, se leen estos 
versos: 

Afoníibi/s artbam si mili cum fonte carebain, 
J/ic sum fíEcundus ntilli lapis arte secundas, 
Qui sítit huc venial sum fon s sitientibus aptus 
Nulla silum melius crede levabit aqua. 

A la parte de afuera tenía estos otros: 

Qui legis, el incala fui tredas quod veda labore 
Inde grosi Claustro fabrica tota fui. 

De esta magnífica fuente no queda ni una piedra. 

Al manuscrito de Fr. Diego Núñez parece concederle el P. Herrera me- 
nos importancia. Desde luego es un trabajo hecho para auxiliar al cronis- 
ta general de la Orden, el benemérito P. Yepes, en la redacción de su Cró- 
nica general. Por eso dice el diligente investigador: «la mayoría de lo que 
Núñez dice, no es nuevo para quien haya hojeado el impreso del P. Ye- 
pes; pero no es poco darnos á conocer la fuente en donde aquél bebió tan 
curiosos pormenores». 

El P. Herrera termina sus apuntes con este interesante párrafo: «Deja- 
mos para mejor ocasión el tratar de otros dos preciosos códices conser- 
vados en esta biblioteca de los PP. Jesuítas, á saber: el Memorial de los 
Privilegios y el Registro general del archivo del Salvador, hermosos manus- 
critos en pergamino, ambos en su mayor parte de fines del siglo xv, im- 
prescindibles para quien trate de manejar la documentación de los bene- 
dictinos onnienses». 

Mucho puede esperarse de la inteligencia, laboriosidad y saber del pa- 
dre Enrique Herrera, cuyo mayor elogio consiste en decir de él que si- 
gue el ejemplo y las huellas de su hermano y maestro en la Compañía de 
Jesús, el sabio P. Fita, nuestro dignísimo Director. 



El Conservador de la Biblioteca de la Sociedad Geográfica de Lisboa, 
Sr. J. Farmhouse, ha publicado, con el título de Subsidio Bibliográfico para 
a historia da Conquista de Ceuta, un interesante opúsculo en que describe 
las 52 obras que sobre esta materia posee la Biblioteca mencionada. 

La obra más rara que contiene esta colección es la que se titula Gesta 
illustrissimi Regis Johannis de Bello Septe^isi acta per Rev. Aíatthaum de Pi- 
sano, Arti7¿m Magistrum Poetamque laurealum. Este libro se escribió el año 
1460, cuarenta y cinco años después de la conquista de Ceuta; mas la Aca- 
demia Real de Ciencias de Lisboa la publicó traducida (Livro da guerra de 
Ceuta), y fué la primera que dio á la estampa al ver la luz su Colección de 
libros inéditos de la Historia de Portugal. 

J. P. DE G.— M. P. V. 



TOMO Lxviii. Marzo, 1916. cuaderno iii. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



I 

RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 

PRUEBA INÉDITA CON DOCUMENTACIÓN INDUBITADA 

(Continuación.) 

Declaración de Teresa de Jesús, sobrina de la Santa. 

No puede menos de llamar la atención al que estudie este cu- 
riosísimo pleito, la extraña circunstancia de no haber querido los 
abogados de ambas partes someter á cualquier interrogatorio á 
la monja de San José en Avila, sobrina de Santa Teresa, de vein- 
tiún años de edad y testigo de mayor excepción por haber ido 
con aquélla en todo su último y largo viaje para la fundación del 
convento de Burgos, acompañadas de la venerable Ana de San 
Bartolomé. 

Es cierto que, en los amargos días y de última residencia para 
estas tres santas mujeres en Alba de Tormes, sólo contaba la niña 
diez y seis años; habían transcurrido hasta el año 1 587 solamen- 
te cinco, y no era, por consiguiente, excesivo tiempo para serle 
difícil el poder recordar lo que presenció y pudo oir en conver- 
saciones que no había ocasión de ser reservadas, y por su viveza 
de imaginación comprendió, aun descontando la altísima discre- 
ción que caracterizaba á la Santa Reformadora, cual la prudente 
reserva de Ana, su constante compañera, durante un período de 
catorce años y en cuyos brazos la misma Santa murió. 

No ignoraría, por cierto, los gravísimos disgustos de carác- 

TOMO LXVIII. 14 



214 boletín de i.a keai. academia de la historia 

ter familiar que padecía su Sania tía Teresa, ni mucho menos 
la actitud y deseos de doña Beatriz de Castilla, madre de su cu- 
ñada (l). Ésta no daba señales de fecundidad, y, por tanto, los 
bienes de un importante mayorazgo tendrían que ser heredados 
por el convento de San José, si se cumplía la voluntad del padre 
de la monja, llamado I). Lorenzo de Ahumada. 

Tal lucha de intereses, que engendran apasionamiento y en 
algunas ocasiones violencias en el terreno litigioso, no eran gran- 
des garantías para la aparente y relativa tranquilidad de la Prio- 
ra de San José, ni menos los procedimientos de atracción que 
habían empleado con la entonces niña la familia política de su 
hermano Francisco. Además, no se debe ignorar la viveza irre- 
flexiva, la impresionabilidad de los quince años, que por los más 
ligeros incentivos ocasionan vacilaciones, arrastran el ánimo de 
la juventud al ambiente de los halagos y atractivos mundanos, 
inclinan su voluntad y trazan su destino... si altas y sagradas pre- 
visiones no lo impiden desde su tierna edad. 

De cuanto la joven Teresa presenció y pudo comprender du- 
rante el contrariado cambio de itinerario desde Medina, por exi- 
gencia del P. Fr. Antonio de Jesús, quien con ánimo resuelto fué 
en su busca para llevarla á Alba, bastante podría decir al cabo 
de tan pocos años; y con mucha más razón por su gran espíritu 
intituitivo quedar enterada de las tribulaciones de su buenísima 
tía y de cuantos pormenores que le dieran á conocer la voluntad 
de ésta, concerniente á los interrogatorios para las respectivas 
pruebas del actual pleito. 

Pero sin duda alguna, Ana de San Bartolomé, con más pleno 
conocimiento y mayor experiencia, convencida de la vivacidad y 
estado de exaltación nerviosa que padecía la monja profesa reco- 
mendada á su cuidado, penetrada de los inexcusables deberes 
que le serían ratificados por el instinto de la prudencia y las más 



(i) Doña Orofrisia Mendoza y Castilla, joven, hermosa, de mucha so- 
ciedad y prima hermana del Duque de Alburquerque, sobrina del Duque 
del Infantado, deuda del Marqués de las Navas y del de Velada, y de otras 
muchas influyentes personalidades, algunas de éstas parientes por afinidad 
de los Duques de Alba. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 215 

altas consideraciones que se debían á todos, no aconsejaría que 
á la joven americana la pusieran á prueba, que bien pudiera dar 
•interpretaciones equivocadas á la realidad de los hechos cuan- 
do no son expuestos con tranquilo, sano y sereno estado. 

Este silencio demuestra el temor á lo que podríamos llamar, 
con imparcial juicio, indiscreciones de Teresita de Jesús en I587> 
pues, quizá entonces surgirían torrentes de luz que nos hubieran 
permitido apreciar en las claridades del convento las verdade- 
ras siluetas de las que por allí desfilaban, convencidas todas de 
la Santidad de la Madre; pero con la imaginación preñada de 
obsesiones y contrariedades, que, desde años atrás, era pasional 
atención de muy diversa índole. Estaba la muy pía doña Teresa 
Layz, que hasta última hora no se percató de toda la amplitud 
con que fueron redactadas todas las condiciones del Patronato de 
su fundación, despertándosele en ella las tendencias ó equivoca- 
da intención del que inspirara aquellos conceptos absorbentes y 
egoístas, pensando solamente en sus perturbadoras facultades y 
dedicándolo todo á su salvación eterna. 

No considero pertinente al caso tratar de inquirir la labor pos- 
trera de doña Teresa Layz, quien por causas distintas se deduce 
quiso gobernar sola la comunidad, procediendo, formando ligeros 
juicios, como inconsciente oleaje de un mar de fondo. 

Tampoco debo traer, con toda prueba, á este lugar las graves 
preocupaciones, de índole puramente familiar, que soportaba con 
cristiana resignación en vida de la Santa, la Duquesa de xA.lba, y 
por las que habida razón de antigua, cariñosa y espiritual amis- 
tad, no traía ni llevaba asunto, que con impaciencia no quisiera 
dejar de platicar y muy cerca con talento tan claro y como me- 
jor consejero. Además, sabido es que la salud de D. Fadrique de 
Toledo inspiraba siempre mucho cuidado, se dudaba de que so- 
breviviera la natural sucesión ; el temor de que revolviesen de 
nuevo el expediente de nulidad de su matrimonio clandestino y 
se complicaran las consecuencias de las malandanzas de su otro 
hijo D. Diego de Toledo, joven apuesto, resuelto y de vida 
alegre. 

Ni Santa Teresa de Jesús dejó de ser útil á los Duques antes 



2l6 BOLETÍN DE LA UEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y después de 21 de Febrero de 15S0 en que, desde su reclusión: 
de Uceda, el gran Duque aceptó el encargo de dirigir la conquis- 
ta de Portugal j ni su sabio consejero el P. Gracián dejó de pen 
sar en el porvenir, concibiendo la idea de la extensión territorial 
de la Orden. Ambos á la vez se inspiraban también en los altos 
deberes que impone la conciencia y la caridad para con la des- 
gracia y el abandono. Y mientras la tercera Duquesa de Alba 
no apartaba sus ideas del estado poco satisfactorio de su primo- 
génito, y de los derechos que en su día pudieran deducirse, en el 
caso poco probable de no quedar sucesión legítima de sus otros 
hijos Diego y Beatriz, ^^larquesa de Astorga, Santa Teresa, á In 
vez, por causas dolorosas como inesperadas, seguía recomendan- 
do con mucho interés al monasterio de Santa Ve, de Toledo, a 
una aristocrática dama, ofendida y ultrajada. 

Días antes de morir la sabia y mística doctora en Alba de 
Tormes, adquirió gran tranquilidad y alegría la Duquesa de Alba, 
doña María Enríquez, por ver nacer al nieto que se llamó 
Fernando de Santiago de Toledo (Ij, hijo del primogénito don 
Fadrique y doña Alaría, cuyo vastago murió muy niño; peri> 
también debió experimentar después cumplida satisfacción ci 
P. Fr. Jerónimo Gracián en 1 592, al recibir la noticia del Bre- 
ve de legitimación de nacimiento y dispensa de edad (2) expe- 



(i) En el libro 2° de bautizos en la parroquia de Santa María de Se- 
rranos, al lolio 44, se lee: «Y miércoles, tn la noche, entre once y doce 
de la noche, nació D. Fernando Alvarez de Toledo, hijo del Sr. D. Fadri- 
que de Toledo y de la señora doña María de Toledo; baptizóse jueves á 
cinco (?) días del mes de Octubre, que fué día de San Francisco de este 
año de mil é quinientos ochenta y dos años; baptizóle el Ilustn'sim ^ 
Sr. Obispo de Salamanca, D. Jerónimo Manrique de Figueroa; fueron pa- 
drinos el Marqués de Cerralbo y la Condesa de Alba de Yeltes; y porque 
es verdad, yo, como cura de la iglesia de Nuestra Señora de Serranos de 
esta villa de Alba, lo firmé de mi nombre y en el dicho día, mes y año.= 
Juan Sánchez de Ctteío.» 

(2) Archivo del Vaticano. — Embajada de España. — En ésta son corres- 
pondientes al legajo 10. — Reales despachos de Secretaría de Idiáquez h\ 
Duque de Sessa, Embajador de España, sobre asuntos políticos, recomen- 
daciones y obispados... (Años 1591-1599.) 

< Pídese dispensa de ilegitimidad de Jiacimiento y de edad para ser arciprcs- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE S\XTA TERESA DE JESL'S 217 

diclo á fav'or de D. Diego de Toledo, de catorce años, presentado 
-al disfrute de un beneficio eclesiástico. Este joven, nacido en 
1578, era hermano natural de Doña Antonia de Toledo, Mar- 
-quesa que fué de Cuéllar, y de D. Antonio, duque de Alba en 
1587, por muerte sin sucesión de su tío D. Fadrique; ambos se 
hallaban bajo la curadufía de su otro tío carnal, aunque ilegítimo, 
D. Hernando de Toledo, gran prior de la Orden de San Juan. 

Este fué quien, según se deduce, ante el recuerdo de lo's su- 
frimientos de su padre y hermano mayor, piadosamente pen- 
sando, promovió é instó en Roma por todos los medios, aun 
dentro de la Orden Carmelita — cerca de Nicolás Doria — , para 
que se reintegrara al monasterio de Alba el cuerpo de la Ma- 
dre Teresa de Jesús, y muy especialmente porque se lo había 
llevado á Avila el P. Gracián, al fin primordial de complacer al 
Obispo D. Alvaro de iNíendoza (l), cumplir lo convenido con 
él, con asentimiento de la buena Madre y al aseguramiento de 
cuantiosos bienes al primer monasterio de Carmelitas descalzas. 

De estos y otros asuntos diferentes, por incidencia, pudo haber 
hecho relación la joven Teresa, deduciéndose del contexto de los 
interrogatorios, pero estimándolos sin la prueba de presunción 
jitris ct de jiLre, por su naturaleza delicada, y que podría interpre- 
tarse como irrespetuoso al orden, paz y santidad que regía, é 
indiscutiblemente se regía, aun en aquellos tiempos revueltos, la 
comunidad de Alba, es llegado el caso de recordar tan sólo la 
intranquilidad de que se hallaba poseída Santa Teresa, por los 
dos ó tres asuntos pendientes que tenía en Avila: un pleito, aten- 



ie de Calzadtllas, d favor de D. Diego de Toledo, hermano del Duque de 
Alba, joven de catorce anos.» (Año 1592.) 

(i) Las buenas relaciones de la casa de Alba con este Obispo de Ávi- 
la debieron experimentar alguna interrupción por el poco acierto ó de- 
masiado escrúpulo que observó en el expediente incoado á instancia de 
Felipe II de nulidad de matrimonio por haberse casado sin previa licen- 
cia y clandestinamente D. Fadrique, primogénito del Gran Duque, con 
su prima doña María, y por haber gestionado aquél su traslado á Falencia 
antes de dictar una favorable resolución; pues su sucesor en el Obispado 
se dio tan poca maña, que el victorioso Duque y su hijo, al poco de lle- 
gar de Flandes, ingresaron en concepto de recluidos en los castillos de 
Uceda y de la Mota, ' 



2lS BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA IIISTOIUA 

clones económicas y la inmediata profesión de su sobrina Tere- 
sita, de la cual no había querido separarse ni un solo día, hasta el 
extremo de llevarla consigo durante tan largo como molesto viaje. 

Kn suma, todo esto no llega al pleno convencimiento de la 
razón del mandato imperativo que le dio el P. Fr. Jerónimo Gra- 
dan de ir directamente á Avila, ni men^s lo impuesto después, 
sin consideración alguna, por el Provincial interino Fr. Antonio 
de Jesús; pero la decidida actitud de la enferma de querer aban- 
donar el convento para marcharse á A\-ila recostada en una li- 
tera, cuyas inequívocas vehemencias sólo pueden explicar las 
hondas preocupaciones que debía tener aquel claro talento y 
es¡:)íritu animoso. Semejantes declaraciones, como tengo dicho 
antes, muy bien hubieran podido ser mal interpretadas ó dichas 
indiscretamente, por ligereza ó error, rebasando los límites de 
los hechos objeto del pleito. 

Así se comprende ahora parte de lo mucho que no tenía ex- 
plicación, y eran páginas en blanco, que la prudencia requería el 
silencio en aquellos tiempos de encontradas influencias de tan 
distinto orden cómo desconocidas en la superficie. 

Muchísimos años después de liaber profesado la joven Teresa 
de Jesús, poco antes de su muerte, escribía á Ana de San Barto- 
lomé, Priora de Amberes, diciéndola que hacía meses se ocupaba 
en redactar la declaración que tenía que prestar en el expediente 
canónico de beatificación de la buena Madre Teresa de Jesús. 

Compareció en 1 596 y 1610; de lo que dijo, entresaco sólo 
breves conceptos aquí pertinentes: 

«En este camino que hizo para Alba, vio esta declarante que 
la Santa Madre padeció mucho y que llevaba tan quebrantado el 
cuerpo del cansancio de los caminos y de la gravedad de las en- 
fermedades que padecía, que causaba grandísima compasión.» 

«También dijo á la hermana Ana, cuatro ó cinco días antes 
que muriese: Hágame el placer, hija, que al punto que me viere 
algo aliviada me busque alguna carroza de los comunes y me le- 
vante, y vamos á Ávila.» 

«El día de San Miguel, dice, habiendo como las demás religio- 
sas comulgado, cayó del todo en la cama, y allí, con gran pacien- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 219 

cia y afabilidad padecía su mal, y del quebrantamiento del cami- 
no, según decía, echó sangre. En aquellos pocos días que estuvo 
en la cama padeció muchísimo, y esta declarante la vio muy 
afligida, porque permitió Dios que sintiera mucho la enfermedad, 
y otras descomodidades que tuvo; y poco antes de su muerte or-. 
denó, para mayor mérito suyo, que el espíritu no esforzase tanto 
la naturaleza, que dejase de temer los asombros de la muerte, 
porque después al tiempo de ella no los había de sentir.» 

«También entonces, en aquellos días, la afligía la memoria de 
sus pecados, como si fuesen graves, y no hacía sino pedir á Dios 
perdón de ellos, y que no mirase de lo mal que le había servido, 
sino á su misericordia, con la cual y por su preciosa sangre espe- 
raba salvarse; todas sus acciones, sentivúentos y palabras se ende- 
rezaban á este fin, por lo que esta declarante echó de ver, mos- 
trando mayor profundidad del conocimiento propio y esperanza 
en Dios, que jamás echó de ver esta declarante las dichas virtu- 
des en la Santa Madre como entonces.» 

« Todo lo que encargó á sus monjas fue la guarda de sns reglas 
y constituciones con pei'fección, y que no mirasen á lo mal que ella 
lo había hecho, pidiendo á todas perdón con gran sentimiento y 
humildad.» 

«Dijo que la misma Ana de San Bartolomé, de quien esta de- 
clarante lo sabe, qtie la parece que lo que más la acabó á la Santa 
Madre la vida fué el encendido y fervoroso deseo y amor que tenia 
á Dios y ansias que tenía por verse con El, y que esto la debilitaba 
y enflaquecía.y 

«Víspera de San Francisco, después de las cinco de la tarde, 
recibió el Santo Viático, con tanta devoción y espíritu, que al 
verlo levantóse con gran fervor lo mejor que pudo de la cama, 
con su rostro inflamado, diciendo palabras muy sentidas y tier- 
nas á este Señor, en que mostró haber entendido y habérsele re- 
velado ser ya llegada su muerte; y á las nueve de aquella misma 
noche recibió la Extremaunción; y luego el día de este Santo, 
que fué jueves, á las nueve de la noche, fué su glorioso tránsito. 
Y un poco antes de que espirase estaba esta declarante algo 
apartada de ella y la Madre Ana de San Bartolomé á su cabecera, 



220 boletín de la keai. academia de la historia 

como fuera de sí, consolándola nuestro Señor, mostrándola en 
visión una manera de nube que rellenaba y hacía resplandecer 
toda la celda, y en la dicha nube la Santísima Trinidad... Esta vi- 
sión, y según la misma Ana de San Bartolomé dijo á esta decla- 
rante, fué con los ojos del alma y sentimientos tales que la hacían 
estar como muerta.» 

«En espirando la Santa Madre, que fué como en sueño suavisi- 
jiiOi desapareció esta visión, y la dicha Ana de San Bartolomé 
que la veía volvió en sí dando gracias á Dios de la merced que 
le había hecho; y parecía que por intercesión de la Santa Madre, 
cuya muerte la había afligido tanto y quitado las fuerzas, quedó 
luego por lo que se le había mostrado tan consolada que nunca 
más sintió de ella pena, y restauradas notablemente sus fuerzas 
que tenía perdidas, para trabajar de nuevo en el servicio de 
Dios.» 

Pero nada de lo que pudiera decir, sería ignorado por Ana de 
San Bartolomé, á quien le fué encargada la entonces niña, cual 
segunda Madre, por súplica personal de la Santa en sus últimas 
horas; por lo que la llevó conforme á sus instrucciones al Coa- 
vento de San José, de Ávila, donde le impuso el velo negro la 
nueva Priora María de San Jerónimo (l). 

Los antecedentes que se conservan, dicen así: 

«El primer viernes, 5 de Noviembre de 1 582, profesó la pri- 
mera heredera de su nombre Teresa de Jesús, á los veintiún días 
del fallecimiento de su santa tía, descontados los diez suprimidos 
en el nuevo calendario gregoriano.» 

El acta está redactada en estos términos: 

«A los cinco días del mes de Noviembre de 1582 años, siendo 



(i) La elección de Priora en San José de Ávila, por muerte de Santa 
Taresa, la presidió el Vicario, y se verificó el miércoles 3 de Noviembi-e 
de 1582; recayó el nombramiento en la Madre María de San Jerónimo, una 
de las primitivas Carmelitas; fué reelegida en 1585. Nació en Ávila el año 
1541, llamándose en el mundo María de Ávila, hija de Don Alonso Alvarez 
de Ávila y Doña Mencía de Salazar. Ingresó en el Monasterio el 30 de Sep- 
tiembre de 1563, día de San Jerónimo, por lo que tomó el nombre del 
gran doctor de la Iglesia; profesó el 22 de Abril de 1565, y falleció de cán- 
cer en el pecho el Sábado Santo, 6 de Abril de 1602. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE lESLS 221 

general Reverendísimo Padre Fra}' Juan Baptista Cafardo, hizo su 
profesión en esta casa de San Josef de Avila la Hermana Teresa 
de Jesús, que en el siglo se llamaba Doña Teresa de Ahumada; 
fué hija legítima de D. Lorenzo de Cepeda y de Doña Juana de 
Fuentes, y fué sobrina de nuestra Santa Madre; nació en Indias, 
provincia de Quito; trajo de limosna un juro de 40.800 marave- 
dís de renta.» 

Su profesión fué del tenor siguiente: 

«Yo, Teresa de Jesús, hago profesión y prometo obediencia, 
castidad, y pobreza á Dios Nuestro Señor y á nuestra Señora Vir- 
gen María del Monte Carmelo, y al Reverendísimo Padre Prior 
general de la Orden de la Gloriosa Virgen María del Monte Car- 
melo, Fray Juan Baptista Cafardo, y á sus sucesores, según la 
regla primitiva, sin relajación hasta mi muerte. — Fecho en Avila 
á cinco días del mes de Noviembre, año de mil quinientos y 
ochenta y dos; y porque es verdad lo firmo de mi nombre. — 
Teresa de Jesús. — -^María de San Jerónimo. — Isabel Baptista. — 
Ana de San Pedro.» 

La Joven profesa sólo tenía diez y seis años recién cumplidos; 
no salió jamás del Convento de San José, y los últimos meses de 
su vida, según carta de 24 de Mayo que dirigió á la dicha vene- 
rable Ana de San Bartolomé, como Priora que era del Monaste- 
rio de Amberes, los dedicó preparándose á la muerte, y recoger 
documentos para lo que tenía que decir en la declaración del 
proceso revisional, que la dio la víspera de su fallecimiento, cuya 
acta tiene 91 fojas del legajo original, el 9 de Septiembre de lóio, 
por ante el Juez delegado D. Alfonso López Orduña, Provisor de 
Ávila y Antonio Ayala, Escribano. 



Declaración de Ana de San Bartolomé. 

E la dicha Ana de San Bartolomé, testigo, religiosa profesa en 
el monesterio de San Josefe, de esta ciudad de Avila, que es de 
monjas descalzas, la cual habiendo j'urado en forma de derecho 
y siendo preguntada dijo lo sigliiente: 



222 boletín de LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

I.'* Kn la primera pregunta dijo: que conoce á la priora é 
nionjas de dicho monasterio de San Josefe de esta ciudad é co- 
noció á la Madre Teresa de Jesús de vista, trato c comunicación 
ordinaria, que con ellas é cada una de ellas ha tenido é tiene é 
tuvo é ha oído decir al Duque de Alba y Prior D. Fernando de 
Toledo é tiene noticia de este pleito. 

Preguntada por las preguntas generales de la ley é cada una 
de ellas dijo: que es de edad de treinta é seis años poco más ó 
menos, é no es deuda ni enemiga de ninguna de las partes, é que 
aunque es religiosa é monja en el dicho monesterio no por eso 
dejará de decir verdad de lo que supiere y le fuere preguntado, 
é no le toca ni alcanza ninguna de las preguntas generales de ley 
que le fueron hechas y desea venza este pleito quien tubiere jus- 
ticia. 

R. — En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, é que 
ya tiene dicho su nombre, é que es monja en el dicho, moneste- 
rio de San Joseíe de Avila, pero por eso no dirá al contrario de 
la verdad, ni tal permitirá Nuestro Señor, y no le toca ninguna 
de las preguntas generales, y de lo que se contiene en la repre- 
gunta, ni tiene afición ni desea venza una parte más que otra, 
y esto responde á esta repregunta. 

2.^ En la segunda pregunta dijo: que esta testigo tenía á la 
dicha Madre Teresa de Jesús por natural de esta ciudad nacida 
é criada, hija de padres vecinos é naturales de ella, porque esta 
testigo se lo oyó decir á ella muchas 3' diversas veces, é por tal 
este testigo la tenía y era habida en el dicho monesterio de San 
Tosefe sin jamás haber oído cosa en contrario, y esto es cierto é 
verdad. 

R. — En la repregunta dijo: que ya tiene dicho é declarado 
conocer á la dicha Teresa de Jesús, y en cuanto la pregunta dice 
que es monja de la villa de Alba, nunca esta testigo tal supo ni 
entendió que fuese hija de aquel monesterio, sino que el ir á él 
la dicha Teresa de Jesús era como iba á otros monesterios que 
había fundado como aquel fundó, pero no para residir en él, sino 
para visitarle é provechar de algunas cosas, y esto responde. 

3.* En la tercera pregunta dijo: que lo en la pregunta con- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 223 

tenido este testigo oyó decir á la dicha Madre Teresa de Jesús é 
á otras personas, pero no lo vio ni se acuerda de ello, y esto 
responde. 

R. — En la repregunta dijo: que este testigo sabe que la dicha 
Teresa de Jesús murió en la villa de Alba en el monesterio de la 
Encarnación de Descalzas de la dicha villa, y lo sabe porque esta 
testigo se halló presente al tiempo que murió, porque había ido 
con ella desde el monesterio de San Josefe de Avila á Burgos á 
fundar un monesterio de la dicha Orden é regla primitiva, y 
atando la susodicha Teresa de Jesús murió no dejó mandado ni 
dicho, mandó ni dijo cosa alguna de adonde se había de enterrar., 
antes allí se lo preguntaron y ella sin hablar palabra dio mues- 
tras en el rostro darle mucha pena que se lo preguntasen, porque 
era tan religiosa que no quería hacer cosa de su voluntad, mas 
de lo que su Perlado le mandase, y así dio á entender ella dejar 
aquello á voluntad de su Perlado é no querer más de lo que qui- 
siere. E porque también sabía que había patente para que doquie- 
ra que muriese fuese enterrada en el monesterio de San Josefe de 
Avila, pero como dicho tiene no declaró cosa alguna, y esto res- 
ponde, 

4.^ En la cuarta pregunta dijo saber que el primer mones- 
terio que fundó la dicha Madre Teresa de Jesús de monjas des- 
calzas en la regla primitiva fué el dicho de San Josefe de Avila, y 
lo sabe porque así se lo dijo la dicha Madre Teresa de Jesús á 
esta testigo, y demás de esto, desde á pocos días que se fundó 
tomó esta testigo el hábito en el dicho monesterio, é así era no- 
torio é público en el dicho monesterio y se decía entre las reli- 
giosas que en él había, aunque había en aquella sazón pocas 
recibidas, y esto responde. 

R. — En la repregunta dijo: que esta testigo sabe que la dicha 
* Madre Teresa de Jesús fundó el dicho monesterio de San Joseph 
de Avila, é fué la fundadora de él porque así es notorio, y de- 
más de ello lo dijo á esta testigo la dicha Madre Teresa de 
Jesús, y que entre ella y una hermana suya habían buscado el 
dinero y comprado la casa en que se fundó el dicho monesterio 
y lo habían pagado ellas, y eñ lo que toca á si hizo profesión la 



2 24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

dicha Teresa de Jesús en el dicho monesterio de San Joseph de 
Avila, lo cree c tiene por muy cierto; y sabe es así que la hizo 
en el dicho monesterio, porque así se lo dijeron á esta testigo 
algunas religiosas del dicho monesterio, que decían haberse 
hallado presentes á ello, y la dicha Madre Teresa de Jesús se lo 
dijo asimismo á esta testigo cómo había hecho profesión en el 
dicho monesterio, y así es notorio en el dicho convento. 

5.^ En la quinta pregunta dijo: que como dicho tiene esta 
testigo oyó decir á la dicha Madre Teresa de Jesús cómo había 
hecho profesión en la dicha casa é monesterio de San Joseph de 
Avila y había quedado por fundadora profesa conventual del 
dicho monesterio, é por tal este testigo y las demás religiosas la 
tenían en el dicho monesterio y era habida é tenida é reputada 
y en tal opinión estaba. 

R. — En la repregunta dijo: que esta testigo cree é tiene por 
cierto y la parece que cuando un religioso ó religiosa muere en 
un monesterio, puede el Perlado mandarla llevar á enterrar y 
enterrarle donde quisiere, y en esto no hay duda, y esto res- 
ponde. 

ó.'* En la sexta pregunta dijo: que es verdad que la dicha 
Madre Teresa de Jesús salió del dicho monesterio de San Joseph 
siendo en él profesa conventual é salía muchas veces de ordina- 
rio á fundar otros monesterios que fundó en algunas partes, y 
este testigo fué en su compañía muchas veces é iba é vio que 
en acabando de fundar el monesterio que iba á fundar luego, sin 
se detener se volvía al dicho su monesterio de San Joseph de 
Avila donde era profesora, é no estaba ni se detenía en ninguna 
parte más de lo que había menester porque siempre andava de 
paso, y la dicha Madre Teresa de Jesús decía á este testigo mu- 
chas veces que no se hacía á estar fuera del dicho monesterio 
de San Joseph de Avila, é así daba mucha priesa hasta que vol- 
vía á él como á su casa é monesterio, y siempre andaba en to- 
das partes de paso, y esto responde á esta pregunta. 

R. — En la repregunta dijo: que es verdad y sabe que dicha Ma- 
dre Teresa de Jesús estando en dicho monesterio de Alba cuan- 
do murió, luego cayó mala cuando llegó al dicho monesterio 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 225 

porque fué forzada á ello é siempre é muy de ordinario decía á 
este testigo como á su compañera que iba en su compañía, qiic la 
daba gran pena el no venir á Avila y que en estando un poco 
mejor la buscase una liUra en que viniese á sn monesterio de San 
Joseph de Avila por venir hechada, que estaba muy mala que de- 
cía que no se hacía en otra parte y que la daba mucha pena las co- 
sas del monesterio á San Joseph que serían necesarias é no las 
podía venir á proveer, _y en aquella sazón murió sin poderse poner 
en camino, y estando en el dicho monesterio de Alba en el dicho 
monesterio se nombraron muchos oficios de él y hubo muchos 
negocios de calidad c nunca se quiso entrone ter en cosa ninguna^ 
antes decía que no le daba nada pena, si no que su monesterio de 
Avila, y, el no estar para poderse poner en camino para irse á él y 
y decía tener mucha pena de ello y lo daba mucho á entender^ y 
esto responde y lo vio por vista de ojos. 

7.^ En la séptima pregunta dijo: que sabe este testigo que 
mientras la dicha Teresa de Jesús no tenía negocios ni fundacio- 
nes á que salir fuera siempre estaba y residía en el dicho mones- 
terio de San Joseph de Ávila, donde era profesa conventual é no 
en otro alguno, sino era mandándola ir forzosamente alguna fun- 
dación que iba é luego en acabando volbía á San Joseph de Ávi- 
la como á su monasterio. 

R. — En la repregunta dijo: que sabe este testigo que la dicha 
Madre Teresa de Jesús murió día de San Francisco, que no tiene 
noticia de qué año era, la cual estuvo enferma desde el día de San 
Miguel en la cama^ por que antes andaba mala, pero aquel día co- 
mulgó é cayó en la cama é nunca más se levantó; la cual dicha Ala- 
dre Teresa de Jesús, sabe esta testigo que al tiempo que murió 
era Priora del dicho monesterio de San Joseph de Ávila y le 
(altaba muchos días por cumplir el oficio, que eran casi dos años 
é así tenía muy gran pena de no poder ir á Ávila, ni ponerse en 
camino por proveer las cosas necesarias para el dicho moneste- 
rio, y así es notorio. 

8.^ En la octava pregunta dijo: que sabe este testigo que des- 
pués de sido elejida por priora la dicha Madre Teresa de Jesús 
del dicho monesterio de San Joseph de Ávila, y estando en él 



226 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ejerciendo dicho oficio como hija profesa de aquella casa, salió 
de ella para ir á la ciudad de Burgos á fundar un monesterio de 
la mcsma orden é regla que ella era, y este testigo fué en su 
compañía á la dicha ciudad de Burgos é fundó el dicho mones- 
terio, y así es público é notorio. 

R. — En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en las 
preguntas antes de esta. 

9.^ A la novena' pregunta dijo: que sabe este testigo, que ha- 
biendo fundado el dicho monesterio de la ciudad de Burgos la 
dicha Madre Teresa de Jesús é queriendo volver á su propio mo- 
nesterio que era San Joseph de Avila, vino por la villa de Medi- 
na del Campo á cosas convenientes á su orden. Estuvo de paso 
en la dicha villa de Medina del Campo con ánimo de venirse á 
su casa é monesterio de San Joseph de Avila porque traía mu- 
cha gana de llegar á él, lo uno por ser Priora á la sazón del dicho 
monesterio , y lo otro por la mucha afición que le tenía, é que 
no se hallaba en otro ningún monesterio; lo cual sabe por andar 
siempre con ella por su compañera, é por el camino daba mucha 
priesa é traía gran cuidado por llegar á dicho monesterio de San 
Joseph de Avila, y esto responde. , 

R. — En la repregunta dijo: que sabe esta testigo, por que lo 
vio por vista de ojos, que el dicho D. Alvaro de Mendoza, Obis- 
po que fué dé esta ciudad de Avila, trató de enterrarse en el dicho 
monesterio de San Joseph de Avila, y para ello hacer la (Japilla 
Mayor del dicho monesterio, y enterrarse en ella, solo por enten- 
der que la dicha Teresa de Jesús se había de enterrar en el dicho 
monesterio de San Joseph de Ávila por la mucha afición que le 
tenía. E para ello vino á esta ciudad á tratar del dicho negocio é 
no á otra cosa; é dejó ordenado é mandado lo que se había de 
hacer é dejó dotadas ciertas donaciones á la dicha Capilla, la 
cual dicha Capilla se está acabando muy apriesa, y en la dicha 
Capilla el dicho Obispo D. Alvaro de Mendoza ordenó se hicie- 
ren dos sepulturas, la una para sí y la otra para el cuerpo de la 
dicha Madre Teresa de Jesús, y así están hechos los dichos dos 
entierros muy suntuosDS é muy buenos. Y entiende este testigo 
que si el dicho D. Alvaro de Mendoza entendiera que no se ha- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 227 

bía de enterrar la dicha Teresa de Jesús en el dicho monesterio 
no se enterrara él en él, ni tratara de hacer Capilla para ente- 
rrarse, porque la dicha Capilla le costó mucho, y esto responde. 

10. En la décima pregunta dijo que, como dicho tiene en la' 
novena pregunta, sabe que la dicha Teresa de Jesús estando en 
Medina del Campo é queriendo venir de paso é muy á priesa al 
dicho monesterio de San José de Avila á dar el velo á una so- 
brina suya la fué mandado que fuese á la villa de Alba y para 
ello fué forzada, la cual dijo á este testigo que ninguna cosa ha- 
bía en el mundo sentido tanto como era el haberla mandado que 
fuera á Alba por la mucha gana que traía de venir á dicho mo- 
nesterio de Avila; y así fué á la dicha villa de Alba donde estaba 
muy de paso para venir á la dicha su casa de San Joseph de Avila, 
donde era profesa é priora, fué Dios servido de la dar la enfer- 
medad de que murió en muy pocos días que fueron los que tie- 
ne dichos en las preguntas antes de estas, y en el tiempo que es- 
tuvo en Alba daba mucha priesa por venir á Avila y se lo decía 
á esta testigo, que en estando mejor se había de ir á su mones- 
terio, y esto responde. 

11. En la oncena pregunta dijo: que como dicho tiene, sabe 
que la dicha Teresa de Jesús al tiempo que murió era priora del 
dicho monesterio de San Joseph de Avila y la faltaba mucho 
tiempo por cumplir, y lo sabe por las razones que dichas y de- 
claradas tiene en las preguntas antes de esta. 

12. En la doce pregunta dijo: q7íe estando enferma la dicha 
Teresa de Jesús de la cnjermedad que murió en el dicho monesterio 
de la villa de Alba, fué d ver d una hermana snya que está casa- 
da en Alba tres días antes que muriese (i), y tratando de cosas 
dijo la dicha Madre Teresa de Jesús hablando con la dicha su her- 
mana: hermana., no tengáis pena; en estando yo un poco mejor nos 
iremos todos á Ávila, que allá nos liemos de ir á enterrar todos, 



(i) En la repregunta del núm. 7 se dice que la Santa, el día de San 
Miguel (29 Septiembre) «comulgó, é cayó en la cama é nunca más se le- 
vantó». Aquel día iría á ver á su hermana, y no es maravilla que al pun- 
tualizarlo, después de cinco años, vacilara en día más ó menos, y flaquea- 
se en este punto la memoria de la declarante. 



225 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

aquella mi casa de San Joseph. E daba mucha priesa porque la 
trujesen al dicho moncsterio de San Joseph de Avila, donde era 
priora, y esto responde. 

13. En la trece pregunta dijo: que sabe que desde la villa de 
Alba á la ciudad de .\vila hay como doce ó catorce leguas, es 
buen camino é breve é muy pasajero, é lo sabe porque ella ha 
andado dos veces, y así es notorio. 

14. En la catorce pregunta dijo: que por ser el dicho cami- 
no desde Alba á Avila tan breve, sabe este testigo que el cuerpo 
de la dicha Teresa de Jesús se puede traer á esta ciudad de Ávila 
á su monesterio cómodamente y á muy poca costa, como la han 
llevado é traído otras veces. 

15. En la quince pregunta dijo: que sabe que por ser el dicho 
camino tan breve é fácil, el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús 
se ha traído á esta ciudad de Avila y vuelto llevar á Alba cómo- 
damente y á muy poca costa, 6 sin incomodidad ninguna, porque 
así es notorio. 

16. En la diez y seis pregunta dijo: que estando en esta ciu- 
dad el Padre Fr. Jerónimo Gracián, Comisario Apostólico é Vi- 
sitador de la dicha orden, á instancia é pedimento de D. Alvaro 
de Mendoza, Obispo que á la sazón era de esta ciudad, y del con- 
vento de esta casa de San Joseph el dicho Padre Fr. Jerónimo 
Ciracián, siendo vira la dicha Madre Teresa y estando presente d 
ello^ el dicho Padre Fr. Jerónimo dio una cédula é patente firma- 
da de su mano, que en efecto mandaba, que de cualquier parte 
que muriese la dicha Teresa de Jesús fuese su cuerpo traído á en- 
terrar al dicho monesterio de San Joseph de Avila, y la dicha 
Teresa de Jesús ^ dio á entender ¿mostró holgarse mnclio ¿recibió 
mucho contento de lo susodicho^ por tener como tenía mucho amor 
é afición al dicho monesterio de San Joseph de Avila. Y este tes- 
tigo vio escribir la dicha cédula é patente y llevó papel^ tinta y re- 
caudó para ello y estuvo presente á todo ello, y de ello tiene en- 
tera noticia, y así es público é notorio, y esto responde á esta 
pregunta. 

17. En la diez y siete pregunta dijo: que todo lo en la pre- 
gunta contenido ha oído decir por público é notorio, y lo cree y 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 229 

tiene por cierto, porque este testigo sabe que estando en el dicho 
Capítulo el Provincial de la dicha orden é Definidores escribie- 
ra al dicho convento de San Joseph de Avila lo que se había tra- 
tado en el Capítulo, é como se había proveído é mandado en él 
que el cuerpo de la dicha l'eresa de Jesús fuese traído á dicho 
monesterio de San Joseph de Ávila, y este testigo oyó leer las 
dichas cartas é vio que en ellas se contenía lo que dicho tiene, y 
este testigo sabe de esta pregunta, 

1 8. En la diez y ocho pregunta dijo: que sabe esta testigo 
que en virtud de lo proveído en el dicho capítulo fué traído el 
cuerpo de la dicha Teresa de Jesús desde la villa de Alba al 
dicho monesterio de San Joseph de Avila y se puso y enterró 
en la sepultura que para ella estaba hecha llanamente, sin con- 
tradicción alguna porque así es notorio. 

19. En la diez y nueve pregunta dijo: que sabe como dicho 
tiene en la novena repregunta, que el dicho D. Alvaro de Men- 
doza trató de se enterrar en el dicho monesterio y hacer la 
dicha Capilla, que para ello dejó é dotó mucha hacienda en el de 
Capellanías é otras cosas, y esto lo hizo porque entendía que el 
cuerpo de la dicha Madre Teresa de Jesús se había de enterrar 
en el dicho monesterio, y así la hizo sepultura en la dicha capilla, 
como es notorio. 

20. En la veinte pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en la diez y seis pregunta. 

21. En la veintiuna pregunta dijo: que sabe como dicho 
tiene que el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús fué traído á 
este monesterio de San Joseph de Avila en virtud de lo proveído 
en Capítulo desde la villa de Alba, teniéndole é poseyéndole las 
monjas del dicho convento, fueron despojadas de él en virtud de 
mandato que dio el Nuncio de Su Santidad sin que lo entendies:^ 
la gente de la ciudad, porque la llevaron á Alba con mucho se- 
creto é con mucha brevedad, y así es notorio. 

22. En la veintidós pregunta dijo: que sabe porque lo ha 
oído decir, por público y notorio, que el cuerpo de la dicha Te- 
resa de Jesús todo el tiempo que va que está en el monesterio 
de Alba ha estado, y al presente- está enterrado debajo de tierra» 

TOMO Lxviii. 15 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



y que no está con la decencia que se requiere. E así lo ha oído 
á frailes de la dicha Orden que lo han visto, y á los que la traje- 
ron desde Alba á Avila, y que estaba con mucha indecencia; é 
no sabe que el dicho Duque de Alba ni Prior Don Fernando 
hayan gastado cosa alguna en servicio de Dios ni de su sierva, y 
esta testigo se halló á su entierro en Alba; y sabe que el dicho 
Duque ni otra ninguna persona de su casa no dieron ni gastaron 
para dicho entierro cosa ninguna, y esto responde. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que lo contenido en la 
pregunta ha oído decir por público é notorio é cosa cierta, pero 
no lo sabe. 

24. ¥a\ la veinticuatro pregunta dijo: que lo que ha dicho es 
verdad é público é notorio para el juramento que fecho tiene, é 
lo firmó, leyósele é ratificó. Ana de San Bartolomé. — Licen.-'"' 
don Juan de Forres. — Pasó ante mí: Ruiz Caballero, rubricado. — 
Alba, 22 Septiembre l=;87. 









Declaración de Fray Jerónimo Gracián 
de la Madre de Dios. 



Mandamiento. 

En la ciudad de Úbeda, diócesis de Jaén, á veintitrés días del 
mes de Septiembre de mil é quinientos y ochenta y siete años, 
ante el doctor Roda, vicario y juez eclesiástico de esta dicha 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 23 1 

ciudad y su distrito, por Don Fernando Sarmiento de Mendoza, 
obispo de Jaén, del Consejo de Su Majestad, etc., paresció el 
Padre fray Elíseo de los Mártires, rector del Colegio de la Orden 
de Carmelitas de la ciudad de Baeza, en nombre y con poder del 
Convento y monjas de San Joseph de la ciudad de Ávila, y pre- 
sentó la Carta receptoría y Comisión del Nuncio de Su Santidad 
en estos reinos de España, desuso contenida, y pidió la mande 
aceptar y rescibir juramento y declaración al Padre Fray Jeró- 
nimo Gracián, de la dicha Orden, que está al presente en esta 
ciudad y examinarlo, por las preguntas y repreguntas que jun- 
tamente presentó con esta Comisión, y dárselo por testimonio 
todo ello, en manera que haga fe, al tenor de la dicha Comisión, 
y pidió justicia. 

El dicho Vicario, vista la dicha Carta receptoría y Comisión 
de suso contenida, la aceptó como en ella se contiene y se ofres- 
ció á cumplir todo lo que por ella se le comete y encarga; y 
asimismo recibió el dicho interrogatorio y repreguntas, y mandó 
que el Padre Fray Jerónimo Gracián parezca ante su merced 
para le recibir su dicho y declaración al tenor de las dichas pre- 
guntas y repreguntas, al cual el dicho Padre Fray Elíseo, en el 
dicho nombre de su parte, y el dicho Vicario lo firmó de su 
nombre. =D.""' Roda.=Rubricado. Ante mí.=Juan Martínez de 
Xericano, Notario. 







232 



BOLETÍN DE lA REAI. ACADEMIA DE I. A llISTORDX 




Comparecencia. 

En la ciudad de Ubeda, diócesis de Jaén, á veinte y tres días 
del mes de Septiembre de mil é quinientos y ochenta y siete 
años, el doctor Roda, vicario y juez eclesiástico en esta dicha 
ciudad y su distrito, en cumplimiento de la dicha Comisión del 
Señor Nuncio de Su Santidad, mandó parecer ante sí al Padre 
Fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, de la Orden de los 
Carmelitas Descalzos, estando al presente en esta ciudad, del 
cual el dicho Vicario rescibió juramento en forma de derecho 
por las sagradas órdenes que tiene y hábito de su religión, y él 
lo hizo y prometió decir verdad y so cargo del cual siendo pre- 
guntado por las preguntas y repreguntas, que le han sido pre- 
guntadas, dijo y depuso lo siguiente: 

I.^ A la primera pregunta del interrogatorio dijo: que conoce 
á las partes de este pleito, que son al convento de San Joseph de 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 233 

la ciudad Avila y al Prior Don Fernando de Toledo, de vista, y 
no conoce al Duque de Alba y conosció á Teresa de Jesús, fun- 
dadora de las Descaigas. 

Preguntado por las preguntas generales, declaró que es de 
«dad de cuarenta y dos años, poco más ó menos, y que no es 
deudo ni enemigo de ninguna de las partes; solamente es religio- 
so de la dicha Religión de los Carmelitas, y por esto no dejará 
de decir verdad en lo que le fuere preguntado, y no interesa 
cosa alguna en este negocio ni le tocan las preguntas generales. 

2.^ A la segunda pregunta dijo: que este testigo conosció á 
la dicha Teresa de Jesús, y sabe que la susodicha era natural de 
la dicha ciudad de Ávila, hija de padres vecinos y naturales de 
ella, porque este testigo la conosció y trató mucho tiempo y se 
lo oyó decir á la susodicha y á su hermana y parientes, y es pú- 
blico y notorio, y nunca oyó decir cosa en contrario, y porque 
este testigo ha tenido en sn poder un papel escripto de mano de su 
padre de la dicha Teresa de Jesús donde tenía escriptos los nom- 
bres de sus hijos y entre ellos estaba dicha Teresa de Jesús y decía 
donde fué baptizada en la dicha ciudad de Avila, y así es público 
y notorio; y esto dice. 

3.^ A la tercera pregunta dijo: que la sabe como en ella se 
contiene, porque este testigo ha visto las facultades que se le 
dieron á la dicha Madre Teresa de Jesús, para que, siendo como 
era monja calzada, saliese ella á fundar conventos de Descalzas; 
y así se lo oyó este testigo decir á ella misma y á las primeras 
monjas que fundó y á todas las demás, y esto dice. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que sabe la dicha pregunta, 
porque este testigo le oyó á la dicha Teresa de Jesús y al Obispo 
de Ávila y á las monjas, que la dicha Teresa de Jesús fundó el 
primer convento de San Joseph en Ávila de monjas descalzas, 
demás que es público y notorio. 

5.^ A la quinta pregunta dijo: que sabe que la dicha Teresa 
de Jesús fundó, como dicho tiene, el dicho monasterio de San 
Joseph de Descalzas de la ciudad de Ávila, y hizo profesión en 
el dicho monastei'io, porque este testigo se lo oyó decir unas 
veces á la susodicha; y ha visto este testigo y tenido en sus manos 



234 HOLIiTlN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y leído la profesión que hizo, escripta y firmada de su letra, y 
las licencias de los Prelados, por virtud de las cuales hizo la dicha 
profesión, y asimismo sabe que la dicha Madre Teresa de Jesús 
es la fundadora del dicho monesterio de San Joseph de Avila y 
profesa y conventual de él, porque este testigo ha visto patentes 
de los (lenerales por donde la nombran fundadora y profesa y 
conventual del dicho monesterio, y porque este testigo gobernó 
mucho tiempo la Orden de los Descalzos y Descalzas, y después 
que murió la sobredicha quedó con los dichos papeles; y esto dice 
á esta pregunta. 

6.'^ A la sexta pregunta dijo: que sabe que la dicha Teresa 
de Jesús salía del dicho convento de San Joseph de Avila á fun- 
dar otros muchos monesterios de la dicha Orden de Descalzas y 
se volvía, y volvió al dicho monesterio de San Joseph, y lo sabe 
este testigo porque á varios monesterios que tundo la acompañó 
y para otros le dio licencia como Prelado, y de algunos que fundó 
antes se lo oyó decir á ella misma, y ha \'isto las fundaciones de 
los mismos conventos, y esto dice. 

7.^ A la séptima pregunta dijo: que sabe que la dicha Teresa 
de Jesús mientras no se ocupaba en las dichas íundaciones, es 
más ordinario residía en el dicho monesterio de San Joseph de 
Ávila, como en su propio monesterio como profesa y conven- 
tual en él, porque de ordinario este testigo se comunicaba con ella 
por cartas en todos los negocios de la dicha religión , y esto dice. 

%.^ A la octava pregunta dijo: que este testigo eligió por 
Priora á la dicha Madre Teresa de Jesús en el dicho monesterio 
de San Joseph de Avila como á profesa de aquella casa, y la 
confirmó por tal Priora, y esto lo hizo como Pro\-incial que este 
testigo era de la dicha Orden á la sazón, y diciéndole la dicha 
Madre Teresa de Jesús que por qué la hacía Priora, pues sabía 
que había de ir á fundar el convento de Burgos, este testigo le 
dijo que presto le fundaría y se volvería luego á ejercitar su ofi- 
cio de Priora, y estando ausente acudiría por cartas á mandar lo 
que se ofreciese , y así la susodicha desde que salió del dicho- 
monesterio enviaba cartas á las dichas monjas como Priora tra- 
tando del gobierno particular y sustento del dicho monesterio. 



A 



RELACIONES BIOGKAFICAS DE SANTA TERESA DE JESbS 235 

como hacen las Prioras, con más particularidad que las otras car- 
tas que enviaba á otros conventos como fundadora de todos; y 
poco después de elegida la dicha Madre por Priora y ejercitando 
actualmente el oficio de Priora salió á fundar el convento d'e 
monjas Carmelitas Descalzas de la ciudad de Burgos, y este tes- 
tigo como Provincial la acompañó en el camino llevando consigo 
al Padre Fray Pedro de la Purificación y al Hermano Fray Alon- 
so de Jesús por compaiieros ^ y asimismo llevaba la dicha Madre 
otras religiosas consigo para hacer la dicha fundación , y estu- 
vieron en Burgos tratando de comprar casas y hacer la funda- 
ción, y este testigo la dejó en Burgos y se vino á predicar la 
Cuaresma á la villa de Valladolid, y esto dice á esta pregunta. 

9.^ A la novena pregunta dijo: que después de fundado el 
convento de Burgos este testigo, como Ptovincial, mandó á la di- 
cha Madre Teresa de J-esús qnc se volviese d sn convento de Avila 
d ejercitar el dicho oficio de Priora, y acabada la Cuaresma este 
testigo se pasó á visitar los conventos de Andalucía, y quedó, 
según las constituciones de su Orden , por Vicario provincial de 
Castilla el Padre Fray Antonio de Jesi'is, el cual por respeto de 
haber por entonces parido la IXiquesa de Alba, y porque se había 
de hacer elección de Priora en el convento de la Encarnación de 
Alba, la mandó que desde Medina del Campo fuese d Alba para 
hacer aqítella elección , y que luego se iría de allí á la ciudad de 
Avila al dicho sit oficio de Priora, la cual dicha Teresa de Jesús 
fué á Alba con ánimo de irse desde allí á Avila, como le estaba 
mandado por este testigo, y después este testigo oyó decir á las 
monjas de Alba que la dicha Madre Teresa de Jesús había dicho 
que ninguna cosa de obediencia habrá hecho en su vida con pesa- 
dumbre sino aquella obediencia del Padre PVay Antonio de Jesús, 
Vicario provincial, en que le mandaba pasar por Alba primero, 
que viniera á Avila, poi'que venía muy quebrantada, y deseaba 
descansar en su convento de Avila, y también por le haber man- 
dado este testigo viniese derecha d Avila, y esto dice á esta pre- 
gunta. 

10. A la décima pregunta dijo: que cuando la dicha Madre 
Teresa de Jesús vino a Alba^y allí enfermó y murió, este testigo 



236 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

estaba visitando los conventos de Baeza y Beas, y oyó decir, j/ 
le escribieron después las dichas monjas como Prelado, qrce habien- 
do hecho elección de Priora en el convento de Alba á la Madre Inés 
de Jesi'is y queriéndose ir á su convento, la dicha Teresa de Jesús, 
de la ciudad de Avila , pues ya no tenía que hacer en Alba por 
aquel tiempo, le dio la enfermedad de que Nuestro Señor fué ser- 
vido de llevársela, y entiende que si no le diera la enjermedad que 
estuviera muy pocos días en Alba, porque los negocios de Avila le 
daban priesa que fuese, y ella como Prelada del dicho moneste- 
rio de Ávila tenía escrúpulo estar absenté de su convento sin 
mucha necesidad, y esto dice á la pregunta. 

11. A la undécima pregunta dijo: que sabe que la dicha Te- 
resa de Jesús al tiempo que murió era actualmente Priora del 
dicho monesterio de San Joseph de Ávila, porque este testigo le 
había elegido por Priora del dicho convento en el mismo ano que 
murió, y si estuviera vaco el dicho Priorato y elegido á otra, este 
testigo lo supiera como tal Prelado por cuya mano había de pa- 
sar la elección, y esto dice á esta pregunta. 

12. A la duodécima pregunta dijo: que no la sabe porque no 
se halló presente. 

13. A la décimatercia pregunta dijo: que sabe la pregunta, 
porque este testigo anduvo dicho camino de Al va á Ávila mu- 
chas veces visitando sus conventos. 

14. A la décimacuarta pregunta dijo: que muy bien y con mu- 
cha facilidad se puede llevar el cuerpo de la dicha Madre Teresa 
de Jesús de Alva á la ciudad de Ávila, y esto dice á la pregunta. 

15. A la décimaquinta pregunta dijo: que sabe que se llevó el 
cueipo de la dicha Teresa de Jesús de la villa de Alba á la ciudad 
de Avila porque se halló presente cuando sacaron el cuerpo para 
llevárselo á Avila, y que lo tornaron á la villa de Alba porque 
al presente sabe que está en Alba, y esto dice. 

ló. A la déciraasexta pregunta dijo: que este testigo siendo 
Comisario apostólico rescibió á la obediencia de la Orden de los 
Descalzos el convento de San Joseph de Avila, que antes había 
sido sujeto al Ordinario, siendo (3bispo de Ávila Don Alvaro de 
Mendoza, y por auto ante escribano el dicho Obispo renunció la 



\ 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 237 

obediencia que le tenían dada las monjas^ y este testigo la aceptó 
con Breves de Su Santidad^ y desde entonces el dicho Obispo 
siempre pidió á este testigo que hiciese que la Madre Teresa de 
Jesús se enterrase en el convento de Ávila; y después, el dicho 
(obispo, siendo Obispo de Falencia tracto de hacer su enterra- 
miento en la capilla mayor del dicho convento de Ávila, j/ 5¿V;;/- 
pre le dijo á este testigo el dicho Obispo que el haria la capilla 
mayor en él y gastaría muchos dineros en ella, y se enterraría allí 

CON CONDICIÓN QUE ÉSTE TESTIGO LE HICIESE FIRME QUE CUANDO LA 

Madre Teresa de Jesús muriese, que á la sazón era uiva^ se ente- 
rrase en la uiesina capilla mayor, porque como la había querido 
mucho en la vida cjuería c|ue los huesos estuviesen enterrados 
en el mesmo lugar; y este testigo muchas veces le dio la palabra 
como Comisario apostólico que haría todo lo que pudiese porque la 
dicha Madre se LUtcrrase en el dicho lugar, y en lo que toca á la 
cédula que la pregunta dice, porque no se le mostró, se rtfitre á 
ella, y esto dice á esta pregunta. 

17. A la décimaséptima pregunta dijo: que sabe la pregunta 
como en ella se contiene, porque este testigo era uno de los defi- 
nidores del Capítulo que se celebró en San Pedro de Pastrana y 
como tal firmó el dicho mandato, que la pregunta dice. 

18. A la decimoctava pregunta dijo: que lo que de él sabe 
es que teniendo este testigo la llave de una arca (l) donde es- 
taba depositado el cuerpo de la dicha Madre Teresa de Jesús en 
Alba, después del dicho Capítulo vino este testigo a Avila y de 
allí tomó la llave de la dicha arca, que la tenía dada 2, guardar á 
las monjas de Avila, porque habiendo de venir el dicho cuerpo á 
Avila tuviesen las dichas monjas la llave como señoras de él; y 
así este testigo tovui la llave y jué á Alba con el Padre Fray Gre- 
gorio Nazianceno , Definidor que asimismo era y Vicario de aquel 
distrito , y sacaron el cuerpo de dicha Teresa de Jesús de donde 
estaba depositado, quieta y pacíficamente lo entregaron al Tesorero 
de la iglesia mayor de Avila y al Padre Julián de Avila, clcri- 



(i) La forma de las tapas de estas arcas fúnebres no solían ser planas, 
y por tanto de resistencia. 



238 BOLETÍM DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

^í^'O capellán del dicho tnoncstcrio de Avila, y ellos con el dicho Fray 
Gregorio llevaron el dicho cuerpo á Avila quieta y paci feamente; y 
por consuelo délas monjas del convento de Alba y por orden del di- 
cho Capitulo se quedó un brazo de la dicha Teresa de Jesús en el se- 
pulcro donde estaba antes todo el cuerpo, y esto dice á esta pregunta. 

19. A la déciaianona pregunta dijo: que sabe esta pregunta 
como en ella se contiene, porque el dicho Obispo de Avila, antes 
que hiciera las escrituras que la pregunta dice, lo trató con esta 
testigo muchas veces y después envió al Tesorero de la iglesia de 
Avila para que se trajese el cuerpo de la dicha Madre d Avila y 
lo envió al dicho Tesorero á Pastrana donde hacia el dicho Capí- 
tulo d tratarlo con los padres de él, y siempre el dicho Obispo saca- 
ba por CONDICIÓN para enterrarse en el dicho monesterio y gastar 
en él su hacienda , que el cuerpo de la dicha Madre había de estar 
en el dicho convento, y esto dice á la pregunta. 

20. A la veinte pregunta dijo: que sabe la pregunta como en 
ella se contiene, por las razones arriba dichas. 

21. A la veintiuna pregunta dijo: que lo en ella contenido lo 
ha oído decir. 

22. A la veintidós pregunta dijo: que dos años y medio poco 
más ó menos [i), después de muerta la dicha Teresa de Jesús y ente- 
rrada en el dicho monesterio de Alba, yendo este testigo y Fray 
Cristóbal de San Alberto, su compañero, á visitar el dicho con- 
vento de Alba, como Provincial que entonées era de la dicha Or- 
den, las monjas del dicho convento de Alba le rogaron muy con- 
tinuadamente á este testigo que descubriese y desenterrase el 
dicho cuerpo, porcjue estaba muy indecentemente enterrado, y 
así este testigo y el dicho Fray Cristóbal de San Alberto le desen- 
terraron, lo uno por la indecencia, y lo otro porque estuviese mas 
aparejado para llevarlo á Avila cuando la Orden lo mandase, y 
hallaron que el dicho cuerpo estaba metido en un ataúd en el hueco 
de una media pared que sirve de coro bajo en el dicho convento, 
sobre el cuerpo habían echado gran multitud de cal y canto, y cuan- 



(i) La primera vez fué desenterrada á los nueve meses, próximamen- 
te; ¿pretende el testigo alargar el plazo ó fué segunda vez? 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 239 

(lo iban sacando las piedras y la cal, las dichas piedras y cal te- 
nían un suavísimo olor que parecía salía del dicho cuerpo, y con 
el peso de las piedras y la leche y humedad de la cal hallaron 
que el ataúd estaba hundida la tapa y toda la madera podrida, 

Y LA CARA Y MANOS Y PIES DE LA DICHA TeRESA DE JeSÚS , QUE ESTA- 

i!AN DESCUBIERTOS, ESTABAN NEGROS y qucmados cle cal y llenos de 
moho; y sacando el ataúd en medio del coro, este testigo y sit 
compañero tuvieron grande lástima de ver así el dicho rostro es- 
tando por otra parte nmy entero sin faltarle cosa algitna, ni aun 
la nariz^ y la lavaron con vino, teniendo entonces el dicho cuer- 
po, ataúd y vestidos un olor muy bueno y suavísimo, aunque 
llegando cerca era fuerte como de ámbar ó algalia cuando está 
en la bujeta, pero de más aparte era el olor suave; y queriéndole 
desnudar para ponerle otros vestidos, porque los que tenia puestos 
estaban podridos de la humedad, este testigo dijo á la Madre 
Priora 'Juana del Spiritu Santo que les parecía que estando el 
cuerpo muy entero para estar ellos presentes, por la honestidad, 
que ellas le desnudasen, y después de desnudar y cubierto con 
una sábana, la dicha Priora los llamó y desciibriendo los pechos 
y una pierna del dicho cuerpo vieron que estaban tan llenos c 
enteros como si estubiera vivo, de lo cual se admiraron mucho, 
y dieron gracias á Dios; y mucho más del olor que del dicho 
cuerpo salía y habiendo apartado del tlicho cuerpo los vestidos 
con que se enterró, para repartirlos á los conventos, hallaron que 
cuando estaban con el dicho cuerpo todo olía muy bien j/ apar- 
tados olian muy mal á la humedad, tanto que este testigo mandó que 
los quemasen, y tornado á vestir de nuevo el dicho cuerpo, este testi- 
go y su compañero le pusieron en una arca en la sacristía del dicho 
convento, poniéndole unas tablas y tabique de. ladrillo encima, 
y cerró este testigo la llave del arca y la trujo al convento de Avila 
como lo tiene dicho, y que si no hubiera caído la humedad de la 

CAL sobre el rostro, PIES Y MANOS CStUVicra DE ¡MUY BUEN COLOR EL 

CUERPO como todo lo demás estaba íl). Y este testig-o asimesma 



(i) En otras relaciones hechas por testigos que vieron el cadáver dicen 
hallábase intacto, menos en ung. mano, con pequeña rozadura de nariz. 



240 BOI.ETlN DE L\ REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sabe que ninc^uno de los de la casa de Alba gastaron cosa alguna 
en ornato del dicho cuerpo, porque de ello se quejaban mucho 
las dichas monjas de Alba, y esto dice á la pregunta. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que sabe que el Duque de 
Alba ni el Prior Don Fernando no tienen que ver con el dicho 
convento, porque los fundadores de el son un l^^ilano Velázquez 
y Teresa de Layz, su mujer, y ellos gastaron la fábrica y renta 
del dicho monesterio, y esto dice á la pregunta. 

24. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo por este testigo 
dicho es la verdad so cargo del dicho juramento. 

Repreguntas. 

Luego fué preguntado por las repreguntas presentadas el di- 
cho F"ray Jerónimo Gracián, y dijo lo siguiente: 

l.^ A la primera repregunta dijo: queá esta repregunta tiene 
satisfecho en la pregunta primera del interrogatorio y en las 
generales. 

2.^ A la segunda repregunta dijo: que conosció á la dicha 
Madre Teresa de Jesús doce años poco vids ó menos en diferentes 
monesterios por haber sido sit confesor y prelado mucho tiempo^ y 
sabe que la susodicha fundó el monesterio de la Encarnación de 
Alba y le tenía mucho amor como á todos los demás moneste- 
rios que había fundado, y cuanto á lo demás ya tiene satisfecho 
en su dicho. 

3-^ A la tercera repregunta dijo: que la dicha Madre Teresa 
de Jesús murió, como dicho tiene en su dicho, en el monesterio 



•oscurecida la cara y no carcomida parte alguna. Esto sería cuando el Pa- 
dre Provincial Fray Gracián lo desenterró por primera vez el día 4 de 
Julio de 1583, nueve tueses, poco más, después del fallecimiento de Santa Te- 
resa, según refiere su contemporáneo P. Ribera en la Historia impresa 
en 1590, y que en un ejemplar anotó marginal mente de su puño y letra 
el mismo Gracián. De esto aparece una importante novedad, que fué abier- 
ta la sepultura tres veces antes de trasladar el cadáver á Avila, y que trató 
de ocultar el Provincial ante la persecución que le hacía Don Hernando 
de Toledo, Gran Prior de San Juan, titular de Don Antonio, Duque de 
Alba. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 24 1 

de Alba j' que en cuanto al dispone}' dónde se /¿adía de entcrravy 
dijo que siempre conos ció en la dicha Madre Teresa de Jesús el 
voto y la virtud de obediencia y humildad en supremo grado ^ \ quf, 

NO TENIENDO EL RELIGIOSO VOLUNTAD PROPIA EN VIDA , MENOS LA 

TIENE EN MUERTE, ui puedc dispoucr de SU hacienda , ni cuerpo y 
SINO COMO LOS PRELADOS LO ORDENAREN; y así oyó clecir que pre- 
guntándole á la susodicha el Padre Fray Antonio de Jesús dónde 

QUERÍA que la ENTERRASEN SE ENFADÓ J' silttiÓ COUIO OtvaS VCCCS SC 

sentía cuando los Prelados dejaban algo á su voluntad, y así res- 
pondió que para qué le preguntaban á ella aquéllo, que si le había 
de faltar un poco de tierra donde la enterrasen, dando d enten- 
der que á la disposición de los Prelados lo dejaba, y esto dice. 

4.^ A la cuarta repregunta dijo: que á todo lo que por ella 
se le pregunta tiene satisfecho en su dicho. 

5.^ A la quinta repregunta dijo: que no sabe la costumbre 
que en ella se contiene, pO'O que cuando algún cuerpo de algún 
fraile ó monja es enterrado por sus virtudes que los Prelados dis- 
ponen DONDE ESTÉ, pcro que cuando es un cuerpo de un religio- 
so ordinario no se tiene consideración á cosa alguna, esto dice á 
la repregunta. 

ó.'^ A la sexta repregunta dijo: que ya tiene dicho y satisfe- 
cho á lo que se le pregunta á que se refiere. 

7.^ A la séptima repregunta dijo: c¡ue como dicho tiene este 
testigo estaba en Andalucía cuando murió la d'cha Teresa de 
Jesús y que le escribieron que murió el día de San Francisco del 
año pasado de ochenta y dos, y que asimesmo le escribieron que 

MURIÓ DE UNAS CALENTURAS DE QUEBRANTAMIENTO ( I ) J' ^«é" ^i"///:'(7 



(i) No está suficientemente probado, por no haber sido estudiadi cien- 
tíficamente en sus síntomas la enfermedad que originó ju muerte, ni por 
ulterior examen, habida consideración á los antecedentes de sus dolen- 
cias; pues siendo muy joven padeció, fuera del convento de la Encarna- 
ción, un ataque de catalepsia que le duró cuatro días, y no fué enterrada, 
aun estando todo dispuesto, por negarse su padre, quien presentía fuese 
un fuerte ataque de paroxismo; y además, desde su infancia, son varias 
las autorizadas referencias de los diversos quebrantamientos de su salud. 

Su agotada naturaleza en razón á la edad avanzada, los ataques más ó 
menos fuertes de perlesía que le trababan la lengua haciéndola á veces 



242 I301.ETIN DE LA REAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

atatro ó cinco días ai la cania, y en cuanto á ser la susodicha 
entonces Priora ya tiene declarado en el dicho su dicho. 

8.^ A la octava repregunta dijo: que este testigo como dicho 
tiene es el dicho Fray Jerónimo Gracián, contenido en esta re- 
pregunta, y que ya tiene dicho lo que la pregunta dice, y que 
ninguna cédula ha fecho después de muerta la dicha Teresa de 
Jesús para su entierro en Avila , y esto dice la repregunta. 

9.^ A la novena repregiffita dijo: que ya tiene satisfecho á lo 
que por ella se le pregunta, y que lo que el dicho Don Alvaro 
de Mendosa Obispo que fue de Avila trató con este testigo sobre el 
entierro suyo y de la dicha Teresa de Jesús jué en Avila y Valla- 
dolid, en las casas de Doña María de Mendoza en diversos tiem- 
pos, y esto dice á la repregunta, y que lo por él dicho y decla- 
rado es la verdad , etc., etc.=Fr. Jer.™° Gracián de la Madre de 
Dios. = Rúbrica. (Lleva también las firmas del Dr. Roda y del 
Notario Juan Martínez de Xericano.) 








torpe y dificultosa al habla, el flujo de sangre que experimentó hallándose 
en la cama muchas horas antes de su muerte, aun haciéndose caso omiso 
de los precedentes de familia, son indicios del rompimiento de algún vaso 
de importancia que forzosamente tenían que producirle un estado de ex- 
trema debilidad, origen, sin duda alguna, de un largo colapso que por su 
mucha duración diera motivo á la creencia de cuantos la rodeaban de ha- 
ber llegado su postrer instante, y de cuyo colapso reaccionó horas antes 
de entrar en lo que debemos llamar período agónico, que en ella no se 
conoció por no ser agitado; pues orando con el crucifijo en la mano, ten- 
dido y algo inclinado su cuerpo, de lado cual la Magdalena, sin contraccio- 
nes musculares en su rostro, ni abrir los ojos, y como entrando en tran-' 
quilo y profundo sueño, desprendióse su limpia alma para elevarse ante 
la majestad de Dios, y recibir de Él la corona de justicia, debida como 
premio á sus admirables virtudes. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 243 

Cédula del Comisario Apostólico ordenando que en el Mo- 
nasterio de San José de Ávila sea el enterramiento de su 
monja fundadora (i). 

Fr. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, Comisario Apos- 
tólico de la Orden de Nuestra Señora del Carmen en la provincia 
de Andalucía y Descalzos de Castilla, así frailes como monjas, etc. 
Por la presente y por la autoridad Apostólica á mí concedida, 
asigno por conventual del monasterio de las Descalzas del Señor 
San Joseph de Avila á la R.''^ Madre Theresa Jhus, fundadora de 
las monjas descalzas de esta Orden, y que cuando Dios fuere ser- 
vido de llevársela se entierre en este dicho convento, atento que 
esta Casa fué la primera Casa de la fundación de esta Orden don- 
de la dicha madre hizo profesión de descalza, y principalmente 
atento que en esto se dará algún gusto y se hace algún servicio al 
Ilustrísimo S."'' Don Alvaro de Mendoza, Obispo de Avila, á quien 
toda nuestra Orden tiene por padre y señor y fundador de esta 
Casa y de toda la Orden, no obstante que el muy R/'" p.® fr. Pe- 
dro Fernández Visitador Apostólico la asignó filiación de S. Jo- 
seph de Salamanca, porque aquello se entiende por tiempo de 
los tres años en que se entienden las filiaciones, los cuales cum- 
plidos queda libre de la dicha Casa, y atento que entonces esta 
Casa era sujeta al R.'''° Ordinario. En fe de lo cual dé esta fir- 
mada de mi nombre y sellada con el sello de nuestro oficio. — 
Fecha á 31 de Agosto 1 5//. — 'Fr. Jerónimo Gracián de la Madre 
de Dios, Comisario Apostólico. (Véase su firma autógrafa en la 
pág. 244). — Está rubricado. — Hay señal del sello. 

Traslado del cuerpo de Teresa de Jesús. 

Acuerdo del Capitulo provincial de Pastrana. 

Fr. Nicolás de Jesús María, Provincial de los Carmelitas des- 
calzos y los cuatro Difinidores de este nuestro Capítulo provin- 



(i) Este documento y el siguiente constituyen el texto á que se refie- 
ren las declaraciones. 



244 



BOLKTÍN DE I,A REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 















¿viMo^ 




^'ahjێ^<^^yi/ yf\.^ ^jyyi- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 245 

cial de Pastrana, por la presente, damos licencia al Rdo. P. fray- 
Gregorio Nazianceno, Vicario del nuestro Distrito de Castilla la 
Vieja, para que lleve el cuerpo de nra. Madre Buena Theresa de 
Jesús, que al presente está depositado en el nro. monasterio de 
monjas de Alba y con la compañía y honra funeral conveniente 
á tan Buena Madre lo lleve al nro. convento de monjas de Ávila 
y le ponga en la sepultura que el 111.'"° y R.""" S.'' Obispo de Pa- 
lencia le tiene aparejado, por ser más decente á la virtud de la 
dicha madre, y por ser ese el primer convento que ella fundó, y 
por lo mucho que á su S.^ Iltma. se debe, y por la devoción y 
deseo grande que tiene de ello y por otras muchas razones que 
nos mueven. Por lo cual mandamos en virtud de Spu. S.'° et S."^ 
Ob.*' et subprecepto á las monjas del dicho monasterio de Alba 
que no le contradigan ni impidan. Fecha en este Convento de 
S.' P.° de Pastrana á veintisiete días del mes de Octubre 1 58 5. — • 
Fr. Nicolás de Jesús María, provincial. — PV. Ger.""" de la M.*" de 
Dios, difinidor. — Fr. Juan de la Cruz, difinidor. — Fr. Juan Baptis- 
ta, difinidor. — Fr. Gregorio Naziaceno, difinidor. — ¥r. Bartolomé 
de Jesús, Secretario. (Las firmas autógrafas en la pág. 244.) — 
Está rubricado. — Play un sello del Carmen. 



Solemne manifestación hecha por el Monasterio de Nues- 
tra Señora de la Encarnación de Alba de no haberse 
opuesto antes ni después á las pretensiones del Convento 
de San José de Ávila, que reclamaba el cuerpo de la Ma- 
dre Teresa de Jesús. 

En la villa de Alva á treinta y un día del mes de Enero de mil 
é quinientos é ochenta y siete años, estando en el Monasterio de 
Nuestra Señora de la Encarnación de las Descalzas Carmelitas, al 
locutorio bajo en presencia é por ante mi Diego de Paz, notario 
escribano apostólico, uno de los seis del número de la Audiencia 
P2piscopal de Salamanca, vecino de ella, aprobado conforme á la 
Cédula Real del Rey nuestro señor, comparecieron las muy de- 
votas priora monjas é convento del dicho monesterio estando 

TOMO LXVIII. 16 



246 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

juntas en el dicho locutorio á campana tañida, según lo han de 
costumbre tle se juntar á las cosas tocantes al dicho convento en 
especial Inés de Jesús, Priora, y Alaría de San Francisco, Subprio- 
ra y Juana de Espíritu Santo y María de San Ángel, Constanza 
de los Angeles, Teresa de Benavides, Isabel de la Cruz, Isabel de 
San Josef, Catalina de San Pablo, Beatriz de Jesús, Juana de San 
Pedro, Mariana de Jesús, María de la Concepción. Todas monjas 
profesas en el dicho monasterio, presentes y en nombre del di- 
cho convento. Dijeron, que por cuanto la Madre Teresa de Jesús, 
fundadora de las Descalzas Carmelitas murió en el dicho conven- 
to de Nuestra Señora de la Encarnación de Alba, viniendo de 
Burgos á su convento de San Josefe de Avila, donde era natural 
y Priora á la sazón y casa é convento que ella primero fundó por 
orden del Capítulo de su provincia de los Carmelitas descalzos, 
y por causas y razones que la movió fué trasladado y llevado el 
cuerpo de la dicha Madre Theresa de Jesús á su dicha Casa é 
convento de Avila, de donde por orden de Su Santidad y man- 
dato de Su Nuncio fué vuelta á traer á este convento de Alba 
adonde agora está, y porque á noticia de nos la dicha Priora, 
este Convento de esta casa é monasterio de Nuestra Señora de 
la Encarnación de esta \'illa de Alba ha \'enido que Su Santidad 
mandó la volviesen á este dicho Convento por relación que le 
fue hecha de que nos y este convento habíamos contradicho el 
llevarla al convento de Avila, lo que no fué ni pasó ansi ante 
nosotras y este convento siempre hemos estado, estamos y es- 
tarennos conformes á lo que el dicho Capítulo y nuestros prelados 
hicieren y dijeren y les paresciere conviene; por tanto, decimos 
unánimes conformes que si fuere honra e gloria de Dios y vo- 
luntad de Su Santidad y el Señor Nuncio en su nombre y de 
nuestros perlados que sea vuelta al dicho convento de Ávila el 
cuerpo de la dicha nuestra Madre Theresa de Jesús, que estamos 
prestas y aparejadas de obedecer todo lo que se nos mandare 
hasta la muerte, y para que conste de la verdad de nuestra obe- 
diencia y prontitud de ánimo ante Su Santidad ó su Nuncio ú 
otra cualquier persona, declaramos que nunca por nos, ni este 
convento fué hecha deligencia para contradecir ni defender que 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 



247 



fuese llevado el cuerpo de nuestra Santa Madre Theresa de Je- 
sús á Ávila ni tampoco la hemos fecho para que fuese vuelta á 
este convento de Alba y la hacemos siendo como va dicha hon- 
ra y gloria de Dios y voluntad de Su Santidad y mandato de 
nuestros perlados el ser trasladada al dicho convento de San Jo- 
sefe de Avila, en testimonio de lo cual otorgamos este instrumen- 
to día mes, siendo testigos fray, Alonso de los Angeles, rector 
del Colegio de San Lázaro de Salamanca é Juan Alonso é Grego- 
rio Martin vecino de las Huertas de esta villa de Alba, y la Ma- 
dre Priora y su Prior lo firmaron y las demás. Catalina de San 
Andrés. — Juana de San Pedro. — Mariana de Jesús. — María de la 
Concepción. — Catalina de Santangelo é Constanza de los Ange- 
les. — Inés de Jesús. — María de San P'rancisco. — Isabel de la Cruz. 
Beatriz de Jesús. — ^Juana de Santiespíritu.^ — ^Catalina de San Pa- 
blo. — Isabel de San José é Mariana de la Encarnación. — Pasó ante 
mi, Pedro de Paz. — En fe de lo cual fice aquí mió signo que es 
á tal. — En testimonio de verdad. — Pedro de Paz. — Está signado 
y rubricado. 






{Continuará.) 
7 Enero 1916. 



José Gómez Centurión, 

Correspondiente. 



248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

II 

AUTÓGRAFO EPISTOLAR INÉDITO DE SANTA TERESA DE JESÚS 

(Á D.Juan (]e Orduña. — Burgos, 3 de Mayo de 1582.) 

Lo que Santa Teresa de Jesús omitió con propósito deliberado 
respecto de la instauración de los monasterios de su Reforma^ 
en los dos grandes libros de las Fundaciones y de su Vida, apa- 
rece en particular, ó sea confidencialmente, de su puño y letra 
también, en centenares de cartas dirigidas á sus deudos, á sus 
amigos, á sus protectores, á sus Prelados y á sus hijas, de donde 
se deduce que el estudio del Epistolario teresiano es indispensa- 
ble para conocer la historia de la insigne Santa y de la gigantes- 
ca labor por ella realizada, á la que debe la Descalcez los sólidos 
cimientos que la apoyan y sostienen en el discurso lento de los 
siglos. 

Basta la simple lectura de este nuevo autógrafo epistolar, iné- 
dito hasta ahora, de la Virgen avílense, para comprender su im- 
portancia en el punto concreto de la fundación burgalesa, reali- 
zada en lucha feroz promovida por contrariedades inherentes á 
la pobreza, que obligaron al Superior á suspender una y mil ve- 
ces el otorgamiento del permiso, requerido por la disciplina ecle- 
siástica. 

En 22 de Enero último tuve el honor de informar á la Real 
Academia de la Historia otro autógrafo teresiano, epistolar é 
inédito también, dirigido por la Madre Reformadora á su amiga 
Doña Catalina de Tolosa, que eficazmente colaboró con ella para 
fundar el Monasterio de San José, en Burgos. 

El autógrafo de que se trata es anterior á aquél, por cuanto 
que resulta suscrito en 3 de Mayo de 1 582 en la propia capital 
del Arlanzón, y el otro en Agosto del mismo año, pero en la 
vieja ciudad palentina, á raíz de la salida de Burgos de la ya 
achacosa y casi moribunda Reformadora. 



AUTÓGRAFO EPISTOLAR INÉDITO DE SANTA TERESA DE JESÚS 249 





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Jesús. 

/ la gra del ssto sea 
co V. m. señoi" orduña 
y sepa q dios da artos consuelos 
n sus siervos para ansi obligarles 
mas a perseverar é su servicio 
y digole esto a v. m. 



Jhs. 

La gracia del Espíritu Santo sea 
con vuestra merced, Señor Orduñr), 
y sepa que Dios da hartos consuelos 
á sus siervos para así obligarles 
más, á perseverar en su servicio. 
Y digole esto á vuestra merced, 



250 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



porq tan aina como su buena 
ermana doña blanca rescivio su 
carta vino desde mena a esta c¡- 
da y trujo los cico ducados q 
V. m. me prometió y al 
berme tan mal de salu y enterar- 
se de lo q me pagaba diome 
otros y mucha limosna a estas er- 
manas las cules pedirá e esta 
santa casa a su divina mag 
se lo premie a v mdes 
dándoles salu q es arto bien 
y muchas alegrías e sus ogares 
q ansi se lo pedirá tanbie é 
sus oraciones esta ydina sierva 
de V. m. oy vispera 
de santa monica año Mdlxxxii. 

teresa de jesús, 

(carmelita.) 

doña catalina de tolosa se a 
olgado mucho de ver a doña blan- 
ca vuestra ermana y besa á 
V. m. sus manos. 



porque tan aina como su buena 
hermana Doña Blanca recibió su 
carta, vino desde Mena, á esta ciu- 
dad, y trajo los cinco ducados que 
vuestra merced me prometió; y al 
verme tan mal de salud y enterar- 
se de lo que me pagaba, dióme 
otros y mucha limosna á estas her- 
manas, las cuales pedirán en esta 
santa Casa á su Divina Majestad,, 
se lo premie á vuestras mercedes^ 
dándoles salud, que es harto bien^ 
y muchas alegrías en sus hogares, 
que así se lo pedirá también en 
sus oraciones, esta indigna sierv» 
de vuestra m.erced. Hoy, víspera 
de Santa Mónica, año 1582. 

Teresa de Jesús, 

(.Carmelita.) 

Doña Catalina de Tolosa se ha 
holgado mucho de ver á Doña Blan- 
ca, vuestra hermana, y besa á 
vuestra merced sus manos. 



Figuran en este importantísimo documento tres nombres pro- 
pios: Orduña, Doña Blanca hermana de aquél, y Doña Catali- 
na de Tolosa. La fecha «oy vispera de santa mónica año 
MdlXXXII» 3 de Mayo, no ofrece la menor duda; el lugar de- 
terminado queda por la fecha: Burgos. 

De Doña Catalina de Tolosa hemos dicho ya lo poco que se 
sabe y tomado por cierto del Libro de las Fundaciones; algo po- 
dría consignarse sobre sus hijos; pero como más propio de otra 
ocasión, á ella lo averiguado remitimos; la Doña Blanca, porta- 
dora de limosnas á nombre de su hermano, es personalidad de 
muy segundo término en el autógrafo que motiva estas ilustra- 
ciones, porque el interés principal se reconcentra en Orduña» 
espléndido protector de la gran Santa y conocido á la vez de 
Doña Catalina, su paisana. 



AUTÓGRAFO EPISTOLAR INÉDITO DE SANTA TERESA DE JESÚS 25 1 

D. Juan de Orduña. 

Cincuenta años después, aproximadamente, que D. Alonso 
Sánchez de Cepeda se establecía en Avila de procedencia toleda- 
na, vino también á establecerse en la capital vetusta del Adaja, 
desde uno de los solares más nobles del señorío de Vizcaya, 
Juan de Orduña. 

Hidalgos tanto el uno como el otro, infortunados, quizás, y 
aventureros los dos, enajenáronse del lugar de sus mayores en 
busca de ambiente favorable á la ambición que apetecían saciar, 
ó á la necesidad que precisaban cubrir, de compañera que les 
aportase caudal proporcionado á las exigencias de la estirpe..., 
trabajo, tal vez, inadecuado á la noble condición por las preocu- 
paciones de los tiempos, que requerían sitio donde no les cono- 
cieran para admitirle ó para soportarle..., y en Avila casáronse, 
prosperaron y murieron. 

Tenía esta ciudad castellana, por aquel entonces, un movi- 
miento mercantil que ahora no tiene, porque existían muy en 
grande, industrias que en la actualidad no se conocen ni en pe- 
queño. 

Juan de Orduña, según los antecedentes registrados, tropezó en 
Avila con las mismas oposiciones que en Ortigosa molestaron á 
Alonso vSánchez de Cepeda, viendo el uno como el otro inscrip- 
tos sus nombres en los padrones de pecheros. 

El ilustre vizcaíno era en 1572 vecino de Avila, puesto que el 
martes 1 8 de Julio exhibió al Consistorio, en el que estaban los 
muy ilustres y magníficos señores García Suárez Carvajal, corre- 
gidor por 5. M.; D. Antonio Vela; U. Diego Dávila del Águila; 
Pedro Alvarez Sedaño, y Pedro del Águila, regidores todos, su 
Carta ejecutoria de hidalguía, en presencia del escribano Gómez 
Camporrio, en súplica de que le borrasen de aquellos padrones 
(al objeto de eximir tributos) y de que le inscribieran en los que 
aparecían los fijosdalgo de nombre y solar conocido (l). 



(i) Posee este hermoso documento D. César Pérez, Procurador cole- 
giado de Ávila. 



252 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOUIA 

l-'ormuló Orduña fa primera petición oficial^ si vale la palabra, 
en 13 de Agosto del año I 562, en queja contra I), l'^rancisco de 
Quiñones, procurador general del Común de Avila y su tierra, 
suplicando al propio tiempo se le impusiese como pena, de no 
acceder á borrarle, de los dichos padrones de pecheros, veinte 
mil maravedís. 

De conformidad con la petición proveyó el Corregidor Suárez 
de Carvajal, de cuya diligencia dio fe el citado escribano Francis- 
co Gómez de Camporrio, hijo tal vez de aquel Luis del mismo 
apellido que en Avila á 14 de Noviembre de 1509 otorgó la 
escritura, en la que Alonso Sánchez de Cepeda dotaba en mil 
florines de oro (quizás sin tenerlos), á su segunda mujer doña 
Beatriz de Ahumada, hija como es sabido de Juan y de Teresa 
de los Cuevas. 

El expediente de hidalguía incoado por D. Juan de Orduña 
en la ciudad de su apellido, «del noble y leal señorío de Vizcaya 
á 30 de Mayo de I550>) comienza con la presentación de «An- 
tonio Robles, vecino de la ciudad de Avila en nombre de los la- 
bradores y criados y otras personas»... 

La sentencia definitiva del pleito lleva las firmas de los licen- 
ciados Pedro de Deza, Alonso Muñoz y Juan Zapata pronunciada 
en Audiencia pública en Valladolid á «veinte días del mes de 
Marzo de mil y quinientos y sesenta y dos años», presentes Ni- 
colás Navarro y Francisco Salas, procuradores de las partes. 

«... y de esto mandamos dar y dimos al dicho Juan de Ordu- 
íia, Carta Executoria de las dichas sentencias definitivas de su hi- 
dalguía, escrita en pergamino de cuero y sellada con nuestro sello 
de plomo pendiente de filos de seda á colores» en Valladolid «á 
onze días del mes de Julio de mili quinientos y sesenta y dos 
años». Firman el documento los licenciados Francisco Martínez, 
Delgadillo y Morales. «Yo, Cristóbal de Ableztia, escribano de 
los hijosdalgos de la audiencia de su M., lo fice escribir por su 
mandado». 

Fueron testigos Juan Martínez, vecino del lugar del Llano; 
Diego López, de Entrambasaguas ; Juan Ortiz de Avendaño, 
del valle de Menai; Juan Pérez de Gutarrante, Hernán Sanz y 



AUTÓGRAFO EPISTOLAR INÉDITO DE SANTA TERESA DE JESÚS 253 

Pero Sanz, de la ciudad de Orduña; Pero Martínez, del lugar 
de Tertriga; Diego de Palomar, de Medina del Campo; Juan 
Sanz, correo de pie, y el bachiller Flores, ambos de Ávila, 
y procuradores de las partes, Nicolás Navarro y Francisco 
Salas, 

Del examen de este importante documento resultan, no sola- 
mente datos y noticias relativas al ilustre vasco protector con se- 
guridad de Santa Teresa de Jesús, sino autorizados antecedentes 
familiares que ponen de relieve la prosapia de los Orduña, no 
sólo en el solar de sus mayores, sino en la propia capital avilesa, 
donde sin duda alguna arraigó esta familia desaparecida en el 
largo transcurso de cuatro siglos mal contados. 

La declaración jurada de un testigo hijodalgo sin tacha alguna 
para disponer (l), de 30 de Mayo de 1 5 50, contiene la genealo- 
gía por parte de padre, de Juan de Orduña, puesto que asevera 
conoció «á Juan Martínez de Mena et á ^Nlaría Sanz de poca edad 
su padre et madre», vecinos que habían sido de la ciudad de Or- 
duña y «á Juan Martínez de Mena é á María Ochoa de Palacios 
sus abuelos vezinos que fueron de la dicha ciudad, é que havía 
conocido á Pedro Martínez de Mena su bisabuelo é á Catalina 
Martínez de Arbieto su bisabuela de vista y habla y conversación 
que con ellos había tenido é tenía é podía haber que conocía ca- 
sado al que litigaba (Juan de Orduña) tres años... yendo á buscar 
testigos para este pleito á la naturaleza de su padre é abuelo... 
y que vivía en la dicha ciudad de Avila». 

Abarca esta declaración pormenores referentes á la edad y ve- 
cindad siempre en Orduña, de los padres y abuelos del litigante 
que procedían del lugar de Dueso, en el valle de Mena, que se 
dice de los Giles de Santa Cruz, como descendientes de Rui Gil, 
según consta al testigo que lo había «oído decir á uno que se de- 
cía Juan Sanz del Llano y á otro Juan Gil, parientes de aquel so- 
lar, podrá haber sesenta años». 



([) Juan Martínez, «vecino que es c dixo ser del lugar del Llano que es 
en el valle de Mena», contiguo á Valinaseda, capital de las Encartaciones, 
«de hedad de ochenta años poco más ó menos». 



254 boletín de la real academia de la historia 

Según el testigo Martínez, Juan de Orduña (l) casó en x-\vila el 
año de 1547! su padre á los cuarenta «era mancebo por casar» y 
hacía veinticinco que contrajo matrimonio en Orduña, donde 
siempre le había visto «vivir y morar»; de aquí se deduce que el 
destinatario del hermoso autógrafo teresiano objeto de este in- 
forme nació por el año I 5^5; datos que no pugnan con los que 
pude obtener del archivo de la Parroquia de San Juan de Avila, 
con la ayuda eficaz del ikistrado y virtuoso Coadjutor de la mis- 
ma, D. Pablo Tejedor, que me facilitó los siguientes: 

Partidas sacramentales del 

«Libro de los batizados en esta Igl'^ de Señor San In'^ de Avila 
desde pringipio del año mdl. 

Catalina. /Oy lunes xj días del mes de enero año ut supra 
(1552), sebatizo catalina hija de orduña é de su muger 
fuero sus padrinos p° de avila i ines alvarez. 

Isabel. /en XXV de Set*^ del añ'^ sobredho (1561), se batizó 

Isabel hija de Ju'^ de orduña y de su muger Juana díaz, 
fueron sus padrinos chxval de muñoyerro i leonor díaz. 

Fran'"^. /En diez de Henero de mdxv añ° se batizó fran''^ hija 
de ju° de Horduña y Juana díaz su muger fueron sus 
padrinos d° de ángulo y P'arn'^^^ Suárez.» 

Desgraciadamente no ha sido posible hallar la partida de ma- 
trimonio de Orduña por falta de libros parroquiales de aquella 
fecha; pero consta no sólo por el atestado, sino por las partidas 
citadas de bautismo, que casó con Juana Díaz, apellido de origen 
castellano y desconocido en Vizcaya. 

En la Carta ejecutoria se describen los escudos heráldicos de las 
familias Orduña, Mena y Escobar, y aún existen en Avila y casi 
juntas en la calle llamada de Tallistas dos casas, y hasta hace nue- 
ve años existía otra tercera (2), en cuyas fachadas se conser\'an 



(i) En la declaración menciona siempre el número de años aproxima- 
damente por lo que afecta á sus referencias, y teniendo en cuenta la fe- 
cha en que depuso, 1550, pueden deducirse sin gran error los datos cro- 
nológicos que establezco. 

(2) Que compró y derribó el Sr. Peña, maestro de obras de la ciudad. 



AUTÓGRAFO EPISTOLAR INÉDITO DE SANTA TERESA DE JESÚS 255 

escudos en piedra que confrontan con los descritos en el precio- 
so documento (en pergamino miniado) de que se trata: 

Orduña, campo de oro con cuatro jaqueles de azul cargados 
con ondas de plata. 

Escobar, campo de gules con cinco escobas de sinople, atadas 
con cinta de oro puestas en sautur. 

Mena (l), león apoyado en un roble y atado con cadena de 
plata sobre campo azul. 

A mi parecer, Juan de Orduña, como Alonso Sánchez de Ce- 
peda, se estableció en Avila con todos ó alguno de sus herma- 
nos, pues pudiera muy bien serlo, Pero Hernández de Orduña, 
casado con Catalina (?) que en 1 5 54 bautizó una hija llamada JNTa- 
ría en la parroquia de San Juan, y Antonio Orduña que tuvo ofi- 
cios de Ecribano, ante el cual otorgaron testamento doña María 
de Ahumada, mujer de Francisco Alvarez Cepeda en 9 de Junio 
de 1569, y D. Vicente de Ahumada en 9 de Diciembre de I570- 

He aquí la partida: 

María. /en siete de Set° se batizó maría hija de pero herndez 

de orduña y de Catalina su muger fueron sus padri- 
nos Baltasar vazq^ y maría Hortiz. 

Que Juan de Orduña fué el destinatario del autógrafo de la 
Doctora inmortal que motiva estas sencillas ilustraciones no ha 
lugar á duda, porque oriundo de la ciudad de su apellido, por el 
nacimiento y del valle de Mena por el solar de sus mayores, en 
él tendría familia y patrimonio, y la Carta de la gran Santa que 
rae cabe la honra de informar, claramente lo demuestra con es- 
tas palabras: «... tan aina como su buena hermana Doña Blanca 
recibió su carta, vino desde Mena á esta ciudad y trajo los cinco 
ducados»... 

Debió morir Juan de Orduña en Avila, porque quien poseía 



(1) Escudo procedente de la cas3 derribada por el Sr. Peña y descrita 
como los anteriores por el culto Sr. Llórente y Poggi en su Obra Origen de 
los linajes de Ávila desde sji repoblación Iiasta el i/eiftpo de Sania Teresa. Des- 
cripción de sus escudos, premiada en los primeros Juegos Florales de Ávila 
celebrados en 19 de Octubre dé 1915. 



256 HOI.ETÍN DE l.\ REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

(MI la noble ciudad del Rey, uii palacio que denunciaba pingües 
riquezas, no es de suponer que á otro lugar trasladase su domi- 
cilio; esto no obstante, para asegurarlo, sería preciso documenta- 
ción que no se encuentra en ninguno de los archivos de las cua- 
tro parroquias que hoy existen en Avila, escrupulosamente re- 
visados. 

Nieto de este Juan de Orduña, amigo y paisano de doña Cata- 
lina de Tolosa, á quien la gran Teresa de Jesús daba las gracias 
por considerable limosna para la fundación burgalesa, pudo ser 
otro Juan, que llamándose Villodas y Orduña poseyó un acredi- 
tado establecimiento tipográfico en Alcalá de Henares y del que 
dijo mi sabio y malogrado amigo, insigne miembro de la Real 
Academia de la Historia, el Sr. Catalina García (I) que suprimió 
«con frecuencia su primer apellido (que). Fué el primero que se 
llamó «impresor de la Universidad» desde 1625; tan honroso tí- 
tulo lo ostentaba siempre y alguna vez, como en el Sennóu de los 
m¿lag?'OS del Cardenal Cisneros, del P. Poza, se decía «impresor 
del insigne colegio de San Ildefonso». 

Para esta mera conjetura sólo existe la- razón de que desde el 
año 1624 hasta 1 632 en que editó el primero y último libro, no 
existe de Acicala uno sólo cuyo autor fuera Carmelita Descalzo, 
impreso en otro establecimiento que el de Orduña, y lo mismo 
acontece con las obras del santo y sabio jesuíta Luis de la Palma, 
quien á nombre de Santa Teresa de Jesús concertó con su deu- 
do Don Diego de San Pedro, el convenio relativo á la limosna 
que éste daría al convento de Toledo, por la «renunciación tocan- 
te á las legítimas de sus hijas que ingresaron como monjas en el 
mismo». 

Hay otra pista pendiente de comprobación, de la que en su 
día, si es posible, haremos mérito. 

Mide el autógrafo de que se trata, 20 centímetros de ancho 
por 24,50 de alto. La filigrana del papel forma el contorno de un 
corazón que lleva al interior una cruz latina á doble línea apoya- 
da sobre adorno que descansa en el vértice del dibujo. Procede, 

(1) Ensayo de una Tipografía complutense, pág. 627. Madrid, 18S9. 



COMPENDIO DE GEOGRAFÍA GENERAL Y DE EUROPA 257 

como la mayoría de los que adquirí en Avila, de las familias Ovie- 
do y Cordovilla, enlazadas con la seráfica Virgen Santa Teresa 
de Jesús. 

Madrid, 4 de Febrero de 1916. 

Bernardino de Melgar, 

Marqués de San Juan de Piedras Albas. 



III 

«COMPENDIO DE GEOGRAFÍA GENERAL Y DE EUROPA», 

por D. Atareos Martín de la Calle. 

El Sr. Director de nuestra Real Academia, con acuerdo de la 
misma, y en uso de la facultad que le conceden los Estatutos del 
Cuerpo, tuvo á bien designarme para informar, á los efectos de la 
Real orden de 28 de Febrero de I908, acerca de la obra Com- 
pendio de Geografía general y de Europa, de que es autor el 
catedrático del Instituto de Murcia, D. Marcos Martín de la 
Calle. 

La Real orden mencionada tuvo por objeto reglamentar el pre- 
cepto contenido en el plrrafo 2.° del art. 20 del Real decreto de 
12 de Abril de IQOI, según el cual, para que las obras escritas por 
los catedráticos 6 los profesores oficiales les sirvan de mérito en 
sus carreras, deberán estar aprobadas, desde el punto de vista de 
sus condiciones didácticas, por el Consejo de Instrucción pública 
y por la respectiva Academia. 

El académico que suscribe ha examinado detenidamente el li- 
bro de que se trata, sencillo compendio, análogo á otros varios 
que sirven para el estudio de la Geografía en los Institutos gene- 
rales y técnicos, y sobre los cuales ha informado repetidas veces 
esta Real Academia. 

El compendio escrito por el Sr. Martín de la Calle se ajusta, 
en términos generales, al plan aceptado por la mayoría de los 
catedráticos para la enseñanza de esta materia, siendo de notar. 



258 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

además, que el autor expone de modo claro y conciso, circuns- 
tancia muy digna de tenerse en cuenta, sobre todo en la parte 
relativa ¿í las nociones de astronomía y geofísica, que son prece- 
dente necesario para el estudio de la Geografía política descrip- 
tiva. 

La edición que examinamos es de 1908. Por consiguiente, la 
noticia del estado político de algunas naciones ó países no se ajus- 
ta con toda exactitud al estado actual. Seguramente, el catedrá- 
tico en sus explicaciones pondrá las cosas en su punto, pues su 
mismo libro demuestra el empeño con que procura dar á cono- 
cer la situación política del mundo. En efecto, peca más bien 
por exceso de datos ó informaciones que acaso abrumen á jóve- 
nes estudiantes, casi niños, en los que la facultad retentiva no 
haya alcanzado gran desarrollo. Pero el mismo Sr. la Calle pone 
el remedio á este posible peligro, completando la obra con un 
extracto ó resumen muy bien hecho de las lecciones que aquélla 
contiene. 

Compendio y extracto, cada cual dentro de sus límites propios, 
merecen ser aprobados desde el punto de vista de sus condicio- 
nes didácticas, y por tanto, pueden servir al autor de mérito en 
su carrera. 

Tal es el parecer del que suscribe, que somete al más autori- 
zado criterio de la Academia. 

Madrid, 9 de Diciembre de 1915. 

Ricardo BeltrAn y Rózpide. 



IV 

«COMPENDIO DE HISTORIA DE ESPAÑA», 
por D, Marcos Alariin de la Calle. 

El que suscribe tiene el honor de someter á la Academia el 
siguiente proyecto de informe: 

limo. Señor: El Compendio de Historia de España-, original del 



COMPENDIO DE GEOGRAFÍA GENERAL Y DE EUROPA 259 

catedrático del Instituto de Murcia, D. Marcos Martín de la Calle, 
que la Subsecretaría del digno cargo de V. I. ha remitido á esta 
Real Academia á los efectos de la Real orden de 28 de Febrero 
de 1908, forma un volumen en 8.° mayor de 618 páginas de nutri- 
da lectura, de las cuales 463 constituyen el texto de la obra, y las 
155 restantes contienen un amplio resumen que puede ser utilizado 
por los alumnos para el repaso de la asignatura y para fijar bien 
las ideas i^especto de aquellos puntos capitales, de aquellos he- 
chos más salientes y de aquellas afirmaciones fundamentales que 
son base del conocimiento de la Historia. 

En las 463 páginas que forman el texto, el autor no se circuns- 
cribe á lo que constituye la Historia meramente política, es de- 
cir, al desenvolvimiento de la acción del Poder público, á trazar 
una serie de biografías, más ó menos extensas, de los reyes y de 
los principales personajes oficiales, y á acumular fechas y datos 
de luchas intestinas ó de guerras exteriores, sino que comprende 
toda la vida nacional, dando la importancia que en realidad tie- 
nen á los diversos factores que han laboi'ado en la Península, y 
determinando la intervención que respectivamente han tenido 
cada uno de ellos en el desarrollo, progreso ó decadencia de la 
Nación. 

Tampoco se limita el autor á la mera exposición de los hechos, 
sino que, con la concisión c]ue impone la índole elemental de la 
obra, se consignan juicios y apreciaciones, que podrán ser más ó 
menos discutibles, pero que evidencian que el Sr. Martín de la 
Calle procura inspirarse en las modernas tendencias de la peda- 
gogía, que da más importancia que al conocimiento detallado y 
minucioso de los hechos, al de su valor, significado é influencia. 

El Sr. Martín de la Calle consagra más de la mitad de su libro 
— 281 páginas de las 463 de que aquel consta — á la Historia mo- 
derna, y al hacerlo así demuestra que no sólo está al corriente de 
las últimas investigaciones, sino que sigue la evolución de las 
ideas en la manera de enseñar la Historia; porque, aun no acep- 
tando el método regresivo, muy discutible, pues las evidentes 
ventajas que ofrece no pueden hacer olvidar sus enormes incon- 
venientes, no cabe duda de. que es de grandísimo interés, y así 



26o boletín de la real academia de la historia 

se ha venido haciendo en varias naciones de las más adelantadas, 
dar más importancia, y por tanto, mayor extensión á la Historia 
moderna y contemporánea, toda vez que la Historia moderna, y 
sobre lodo la contemporánea, es la que ofrece mayor utilidad, 
porque es la que permite deducir de ella las lecciones y las en- 
señanzas de aplicación práctica inmediata, que la constituyen en 
maestra de la vida. 

Esta reducción de la parte consagrada á las edades Antigua y 
Media, y esta mayor extensión que en la obra que motiva este 
informe se da á la Historia de la Edad Moderna y de la Contem- 
poránea, contribuirá á que no se repita, al menos en el Instituto 
de Murcia, lo que desgraciadamente es tan frecuente en nuestros 
centros docentes, esto es, que los alumnos salgan sabiendo, aca- 
so muy bien, los orígenes de la vida en la Península, las prime- 
ras civilizaciones que en ésta existieron, las luchas de cartagine- 
ses y romanos, la obra de estos últimos, que tan profunda huella 
ha dejado, la invasión de los pueblos del Norte y el establecimien- 
to, desarrollo y fin del imperio visigótico, la irrupción agarena y 
la epopoya de la reconquista, la civilización hispano-musulmana 
y el origen, constitución y florecimiento de los reinos cristianos, 
pero en cambio ignoren, ó no tengan de ello más que ligerísimas 
é imperfectas nociones, todo cuanto se refiere á los tiempos mo- 
dernos, es decir, á aquellos hechos que con el antecedente nece- 
sario del modo de ser actual de la nación, porque son, precisa- 
mente, los que nos explican las condiciones en que se ofrece hoy 
á nuestro estudio la nacionalidad española y los que en el trans- 
curso del tiempo han engendrado los problemas que necesitamos 
resolver y que no resolveremos sino desentrañando serena é im- 
])arcialmente cómo y por qué ascendimos tan rápidamente á los 
cielos del poderío, de la grandeza y de la gloria, y cómo y por 
qué caímos, casi con la misma rapidez, en los infiernos de la de- 
cadencia, de la ruina y de la miseria. 

Si la Academia no estimase completamente innecesario dete- 
nerse á señalar otras múltiples consideraciones que aconsejan dar 
cada día mayor extensión á la Historia contemporánea, no vaci- 
laría en afirmar que el llamamiento de todos los ciudadanos á 



COMPENDIO DE HISTORIA UNIVERSAL 201 

intervenir en la gestión de los negocios públicos, obliga impe- 
riosamente á difundir el conocimiento de la Historia, para robus- 
tecer el amor á la nacionalidad, despertando y avivando el es- 
píritu tradicional con el recuerdo de los hechos y la penetración 
de la propia conciencia de los antepasados, fundadores de la co- 
lectividad social y de cuya herencia física y psíquica vivimos; 
porque aun cuando la Historia no pueda engendrar en las masas 
líneas de conducta concretas y sí sólo sentimientos generales; 
aunque no sirva más que para formar, como dice Schopenhauer, 
la conciencia de la vida pasada como guía y dato para la pre- 
sente, no puede ocultarse á nadie cuánto influye su conocimiento 
en la manera de obrar de los pueblos. 

Por todo esto, y apreciada en su conjunto la labor realizada 
por el Sr. Martín de la Calle, la Academia estima que el Coni- 
pendio de Historia de España, escrito por el citado catedrático, 
debe servir á éste de mérito en su carrera. 

La Academia, no obstante, acordará, como siempre, lo más 
acertado. 

10 de Diciembre de 1915. 

Jerónimo Bécker, 



V 

«COMPENDIO DE HISTORIA UNIVERSAL», 

por D. Marcos Martín de la Calle. 

El que suscribe tiene el honor de someter á la aprobación de 
la Academia el siguiente proyecto de informe: 

limo. Señor: Por la Subsecretaría del digno cargo de V. I, se 
ha remitido á esta Real Academia, á los efectos de la Real orden 
de 28 de Febrero de 1908, el libro titulado Compendio de Histo- 
ria Universal, escrito por el catedrático del Instituto de Murcia 
D. Marcos Martín de la Calle, libro que forma un volumen en 8.° 
mayor de 567 páginas, de las cuales, las 456 primeras constituyen 

TOMO LXVIII. 17 



202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el verdadero texto, y las 1 1 1 restantes son un extracto de las 
lecciones para el repaso de la asignatura. 

Comienza el autor exponiendo el concepto de la Historia, la 
utilidad é importancia de ésta, las fuentes históricas, las distintas 
escuelas que existen acerca del concepto de la vida humana so- 
bre el planeta, las ciencias auxiliares de la Historia, los diferen- 
tes métodos seguidos para exponer los hechos históricos, y las 
divisiones de aquélla; y pone fin á estos prolegómenos ocupán- 
dose de la prehistoria y dando á conocer los caracteres de cada 
una de las Edades geológicas. 

Acepta el Sr. la Calle la división de la Historia en cuatro Eda- 
des ó periodos: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y 
Edad Contemporánea; división que, á decir verdad, no responde 
á la realidad del estado de la crítica histórica, pero que hasta 
ahora no ha podido ser sustituida por ninguna otra que haya me- 
recido general aceptación, por lo cual no es censurable que el 
a«tor la acepte y la siga, dedicando á la Edad Antigua las lec- 
ciones 3.'' á 27, ambas inclusive, á la Edad Media, de la 28 á la 
46, á la Edad Moderna, de la 47 á la 64, y á la Edad Contempo- 
ránea, de la 65 á la 68; é incluyendo en estos distintos períodos 
lo que es uso y costumbre que comprenda cada uno de ellos, 
por lo cual no es necesario hacer especial mención de su con- 
tenido. 

Conviene, sin embargo, hacer notar que el autor no se limita 
á narrar la Historia externa, la historia meramente política, sino 
que consagra la atención debida al desan-ollo de la cultura en 
cada uno de los mencionados períodos. Así, en la Edad Antigua 
expone el desenvolvimiento de las instituciones jurídicas )'■ so- 
ciales, de la literatura, de las artes y ciencias y de la agricultura 
y comercio en aquellos pueblos que, como el Egipto, Grecia y 
Roma, ejercieron positiva y honda influencia en la vida de la Hu- 
manidad; y al referirse á la Edad Media, ni se muestra censor 
severo é implacable, como los clasicistas, ni apologista entusiasta 
como los románticos, presentándola como un período en el cual 
el constante batallar de los pueblos no impidió que del seno de 
las iglesias y de los monasterios, en los que se habían refugiado 



COMPENDIO DE HISTORIA UNIVERSAL 263 

las ciencias y las artes, surgiese el renacimiento. Claro es que no 
olvida ni desdeña la civilización árabe, que á tan alto grado llegó 
y que tanto influjo hubo de ejercer. 

También al reseñar la Historia de la Edad Moderna y de la 
Contemporánea, consagra la atención debida al desarrollo de la 
cultura y al desenvolvimiento de los intereses materiales, que 
tan grande importancia han adquirido; pero -acaso obligado por 
la necesidad de no dar al libro proporciones exageradas, concede 
escasísimo espacio á la vida de América posterior al descubri- 
miento y conquista, lo cual es de lamentar, porque cuanto ha 
ocurrido en los países hispano-americanos durante el período 
llamado colonial, y especialmente desde su independencia, tiene 
para nosotros mucha más importancia y debe ser objeto de más 
detenido estudio que la mayor parte de las cuestiones que se han 
ventilado entre los pueblos europeos. 

Así y todo, y dada la dificultad, cada día mayor, que ofrece 
el escribir un buen compendio de Historia Universal, puesto que 
la vida política y la vida económica no se concretan ya, como 
antes, al viejo Continente, sino que en ellas colaboran y son fac- 
tores importantes naciones que durante siglos han permanecido 
en el quietismo más absoluto, extrañas casi por completo al mo- 
vimiento civilizador del Mundo Antiguo, así y todo, y teniendo 
esto en cuenta, no puede menos de reconocerse que la obra del 
Sr. INIartín de la Calle está perfectamente orientada y cumple las 
condiciones esenciales de todo libro de texto, constituyendo una 
prueba del celo y del amor á la enseñanza de su autor. 

La Academia, al estimarlo así, cree que el Compendio de His- 
toria Universal^ de que es autor el Sr. Martín de la Calle, debe 
servir á este de mérito en su carrera. 

Tal es el parecer del que suscribe, que somete al juicio de la 
Academia. 

10 Diciembre, 191 5. 

Jerónimo Bécker. 



204 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

VI 

EL FUERO DE ATIENZA 

Una feliz casualidad hizo que hallásemos hace unos días cí 
pergamino original del fuero concedido al concejo de Atienza 
por Alfonso X de Castilla. El documento está en poder de par- 
ticulares, y gracias á la intervención de nuestro compañero el 
Sr. D. Emeterio Mazorriaga, pudimos copiar el texto que repro- 
ducimos. Es el diploma de indubitable autenticidad, presentando 
j-odos los caracteres externos de la época; al pasar por varias 
manos, uno de sus poseedores intencionadamente borró el nom- 
bre del concejo y la pa.\a.hra franqueza; pero algunas huellas, casi 
imperceptibles, nos sirvieron para reconstituir los trazos de letras 
como la y4 y la f, y compulsando los espacios pudimos reconstruir 
el nombre de la población. Aplicado más tarde el reacti\-o, con- 
firmamos plenamente nuestro aserto. 

Se trata de un Privilegio Rodado con todas las solemnidades 
de esta clase de documentos, en el cual el Rey concede al con- 
cejo de Atienza el Fuero Real; está miniado en colores rojo, 
verde y morado, ostentando la rueda los simbólicos castillos y 
leones; presenta también hermoso crismón en colores. Tiene sello 
de plomo con cinta, aunque desprendido del documento. Mide 
65 centímetros de largo por 58 de ancho. En la parte inferior 
existen cuatro orificios, en donde estaba la cuerda ó cordón que 
sostenía el sello. 

Es uno más de los muchos privilegios otorgados por el monar- 
ca el año 1256, dando el Fuero Real á diversas poblaciones de 
sus reinos. Su fecha es 22 de Julio, y sus cláusulas son idénticas 
á las de otros privilegios concedidos en este mismo mes y año. 

El 5 de Julio, desde Segovia otorga Alfonso un Privilegio Ro- 
dado á favor de la Orden de Santiago (l); del 13 es otro rodado 



(1) Folio 667, Regisiro de los Documentos de Santiago, 199 B. A. H. N. 
Lo cita Bernabé de Chaves: Representación, etc., pág. 14, col. i.^ 



EL FUERO DE ATIENZA. 265 

á Arcos de la Frontera (l), y el i8 concede el Rey á Falencia el 
l'\iero Real (2). De la misma fecha, según Mosquera (3), es la 
concesión del mismo fuero á Soria, si bien el privilegio original 
que hemos visto en el Archivo municipal de Soria, y otros tes- 
timonios fidedignos, señalan el día I9 como data cierta; la equi- 
vocación de Mosquera estriba en leer descuidadamente la ci- 
fra XVIIII del pergamino (4). En cambio, sí es del 19 sin duda 
alguna el Privilegio Rodado á Peñafiel con la misma concesión del 
Fuero Real (5). Fl 21, da Alfonso á Cuéllar el citado fuero (ó), y 
al día siguiente otorga al concejo de Atienza el que publicamos. 
Buitrago, población cercana á Atienza, recibe el Fqero Real el 
día 23 (7); el 2ó es concedido á la villa de Alarcón (8), y el 27 
á Burgos (9). En la misma data 2^ se otorga el Fuero Real á 
Trujillo (10). No había de terminar el año sin que Alfonso con- 



(i) Se conserva en el Archivo municipal de Arcos de la Frontera, se 
gún noticia facilitada por D. Claudio Sanz Arizmendi; fué publicado en el 
Memorial Hisiórico Español, pág. 86, tomo r, y citado en el Catálogo de 
fueros, en la voz Arcos de la Fro7itera. 

(2) Noticias literarias del maestro Jácome, de las leyes publicadas por 
Floranes en el Memorial Hisiórico Español, pág. 149, tomo 11, citado tam- 
bién en el Catálogo de fueros, voz Patencia. 

(3) Mosquera: Historia de Soria, fol. 105 (según papeleta del académi- 
co Huerta, incluida en una Colección sobre Alfonso X, existente en la 
Academia de la Historia). 

(4) Archivo municipal de Soria. Loperráez: Descripción histórica del 
obispado de Osma, pág. 182, tomo iii. Catálogo de fueros, voz Soria. Martí- 
tíuez Marina, ed. 1808, pág. 253. Boletín de la Academia de la Historia, 
página 531, tomo xxxix. 

(5) Publicado por el Memorial Histórico Español, pág. 89, tomo i. Catá- 
logo de fueros, voz Peñafiel. 

(6) Colmenares: Historia de Segovia, pág. 215. Catálogo de fueros, voz 
Cuéllar. 

(7) Lo publica el Memorial Histórico Español, sacado del Archivo mu- 
nicipal de Buitrago, pág. 93, tomo i. Catálogo de fueros, voz Buitrago. 

(8) Martínez Marina, ed. 1808, pág. 253. El Catálogo de fueros equivoca 
la fecha, pues dice es del 26 de Junio, compartiendo este error un manus- 
crito de Burriel, fols. 66 y 87, Dd. 146, Sec. de Ms. de la Biblioteca Nacional. 

(9) Martínez Marina, ed. 1808, pág. 253. Gayangos Add., 991 ó, núm. 8. 
British Museum Catalogue, 2 pg. 40. Lo publica el Memorial Histórico Es- 
pañol, pág. 97, tomo I. Catálogo de fueros, voz Burgos. 

(10) Dan noticia de él el Memorial de Don Alvaro de Ulloa, pág. 94, lí- 
nea 21, según papeleta del académico Samaniego, en la Colección de AI- 



266 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cediese el tantas veces citado fuero á la ciudad de Avila, el día 30 
de Octubre, desde Segovia (l). 

Que se trata de un fuero, lo dice el mismo legislador en el si- 
guiente pasaje: «Por que falle que la villa de Atienza non auie 
fíuero complido»; y que el fuero concedido es el llamado Real, 
lo expresa más adelante con estas palabras: «doles z otorgóles 
aquel ffuero que yo ffiz con conseio de mi Corte scripto en libro 
Z Seellado con mió Seello de Plomo.» El privilegio es idéntico al 
concedido á Soria y muy semejante al de A\-ila. 

En el Catálogo de fueros^ voz Atienza^ no se hace referencia al 
presente documento, que, por lo tanto, es inédito y totalmente 
desconocido; se habla, en cambio, de otro fuero más antiguo, del 
que parece tenerse noticia por documentos particulares. 

He aquí el texto: 

«Conosguda cosa sea a todos los omes que esta carta uieren 
Cuerno yo don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castiella,. 
de Toledo, de León, de Gallizia, de Seuilla, de Cordoua et deja- 
hen. Por que falle que la villa de Atienza non auie ffuero com- 
plido por que se iudgassen assi cuemo deuen z por esta razón 
uinien muchas dubdas z muchas contiendas z muchas enemizda- 
des z la Justicia non se compile assi como deuie, yo el sobredi- 
cho Rey Don Alfonso queriendo sacar todos estos dannos z en 
uno con la Reyna Donna Yolant mi muger z con mió fijjo el In. 



fonso X, existente en la Academia de la Historia, coincidiendo con el 
nombramiento de primer alcalde de Truxillo, cargo que recayó en don 
Tomé, como consta en Thomas Herrera: Historia del convento de San- 
Agustín de Salafnanca, pág. 148, col. 2.^, que lo tomó de la Historia de Pla- 
sencia, de Fernández, según papeleta del académico Murillo, en Ja colec- 
ción citada. Este documento se halla en la Colección fna7iuscrita de fueros y 
privilegios de Laceres, formada por Golfín y Ulloa, en la Biblioteca Nacio- 
nal, Catálogo de fueros, voz Trujillo. Fué publicado en la Revista de Ex- 
tremadura, pág. 493, año 1901. Ureña lo cita en la Literatura Jurídica, pá- 
gina 410, tomo n. Por último, hay un estudio sobre el mismo en el Boletín 
DE LA Academia de la Historia, pág. 531, tomo xxxix. 

(i) El documento está en el Archivo municipal de Avila, y poseemos 
una copia hecha de una transcripción ejecutada por el Sr. Molinero, ar- 
chivero municipal de Avila. Lo citan: Ariz, Historia de Avila, fol. 18, ter- 
cera parte; Sandoval, Casa de Guzmán, pág. 335; Boletín de la Academií^ 
DE LA Historia, pág. 531, tomo xxxix. 



EL FUERO DE ATIENZA 267 

fante don Ffernando doles z otorgóles aquel ffuero que yo ñiz 
con conseio de mi Corte scrlpto en Libro z Seellado con mió Seello 
de Plomo quelo ayan el Conceio de Atienga tan bien de villa 
como de Aldeas por que se iudguen porel en todas cosas pora 
siempre iamas ellos z los que dellos uinieren Et demás por fa- 
zerles bien z merced z por dalles gualardon por los muchos ser- 
uicios que ffizieron al muy noble z mucho alto z mucho onrrado 
Rey don Alfonso mió Visauelo z AI muy noble z mucho alto z 
mucho onrrado Rey Don Ffernando mió padre z ami ante que 
regnasse z después que Regne doles z otorgóles estas franque- 
zas que son escriptas en este priuilegio. Et mando que los Caua- 
lleros que touieren las mayores Casas pobladas en la villa con 
mugieres z con fijos z a los que non ouieren mugieres con la 
conpanna que ouieren desde ocho dias ante de Nauidat fasta 
ocho dias después de Cinquesma z touieren Cauallos z Armas z 
Cauallo de Trenta morauedis arriba z escudo z langa z capiello 
de fierro z espada z loriga z Broffoneras z perpunte que sean 
escusados de pecho. Et por los otros heredamientos que ouieren 
en las otras villas de mios regnos que non pechen por ellos z 
que escusen sus paniguados z sus yuueros z sus molineros z sus 
ortolanos z sus pastores que guardasen sus yeguas z sus ganados 
Z sus amos que Criaren sus fijos. Estos escusados que ouieren si 
cada uno ouiere ualia de Cient morauedis en mueble z en raiz z 
en quanto que ouiere o dent ayuso quel puedan escusar. Et si 
ouiere ualia mas de Cient marauedis quel non puedan escusar z 
que peche al Rey. E quando el cauallero muriese z fincase su 
mugier mando que aya aquella franqueza que auie su marido 
mientra que touiere bibdedat, z si casare con cauallero que ten- 
ga cauallo z armas asi como sobredicho es que aya las franque- 
zas como los otros caualleros. Et si casare con pechero que pe- 
che z si la bibda fijos ouiere en su marido que no sean de edat 
sean escusados fasta que sean de edat de dize seys annos. Et si 
de que fueren de edat touieren Cauallos z armas z fizieren fuero 
como los otros caualleros que ayan en onrra z en franqueza assi 
como los otros caualleros. z si non pechen. Et otrossi otorgo que 
el Conceio de Atienga que-ayan sus montes z sus defesas libres 



268 ROLETÍM DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Z quitas assi como siempre las ouieroa z que dent saliere que lo 
metan en pro de su Conceio. Et los montaneros z los defeseros 
que fizieren que los tomen a soldada z que Juren en Conceio alos 
Alcaldes, z esta Jura que la tomen los Alcaldes en Boz de Con- 
ceio. que guarden bien sus montes z sus defesas z que todo 
quanto pro hy pudieren fazer que lo fagan, z lo que dent saliero 
que lo den a conceio pora meter lo en su pro en lo que mester lo 
ouieren que pro sea de Conceio. Et el Conceio que den omes 
buenos de Conceio aquien den cuenta z recabdo los defeseros de 
todo quanto touieren cada anno quando quier quegelo demanda- 
ren. Et estos omcs buenos que den {fiadores que aquello que los 
montaneros les dieren que lo metan alia o el Conceio mandare 
que pro sea del Conceio. Et otrossi mando que los Caualleros 
que puedan fazer prados defesados eji las sus heredades connos- 
gudas pora sus bestias z pora sus ganados z estas defesas que 
sean guisadas z con razón por que non uenga ende danno alos 
pueblos. Et demás desto les otorgo que el anno que el Conceio 
de Atienga fueren en hueste por mandado del Rey que non pe- 
che Margadga aquellos que fueren en la hueste. Et mando z de- 
fiendo firmemientre que ninguno sea osado de yr contra este 
Priuilegio deste mió donadio nin de c[uebrantarlo nin de min- 
guarlo en ninguna cosa ca qualquier que lo fiziesse aurie mi yra 
Z pechar mié en coto Diez mili marauedis z al Conceio sobredi- 
cho todo el dannó doblado. Et porque este Priuilegio sea firme z 
estable mándelo Seellar con nuestro Seello de Plomo. Fecha la 
carta en Segouia por mandado del Rey XXII dias andados del 
mes de Julio En Era de mili z dozientos z Nauaenta z Cuatro 
annos. Et yo el sobredicho Rey Don Alfonso Regnant en uno con 
la Reyna Donna Yolant mi mugier z con mió fijo el Infante don 
Fferrando en Castiella en Toledo en León en Gallizia en Seuilla, 
en Cordoua, en Murcia, en Jahen, en Baega, en Badalloz z en el 
Algarue otorgo este Priuilegio z confirmólo, (sobre la rueda) 
D Sancho electo de Toledo z chanceller del Rey cf, D l'felip 
electo de Seuilla cf, D Alfonso de Molina cf, D Ffrederic cf, 
D Aboabdille Abennagar Rey de Granada uassallo del Rey cf, 
D x^lfonso fijo del Rey johan emperador de Constantinopla z de 



EL FUERO DE ATIENZA 269 

la emperaclriz donna Berenguella conde Do uassallo del Rey cf, 
I) Loys fijo del emperador z déla emperadriz sobredichos conde 
de belmont uassallo del Rey cf, D Johan fljo del emperador z de 
la emperadriz sobredichos conde de moat fort uassallo del Rey 
cf, D Mahomath abenmahomath abenhuth Rey de Murgia uassa- 
llo del Rey cf, D Gastón bizconde de Beart uassallo del Rey cf, 
D Johan Argobispo deSanctiago z chanceler del Rey cf, D Aben- 
mahot Rey de Niebla uasallo del Rey cf, D Manuel cf, D Ffer- 
rando cf, D Loys cf {primera línea de confirmantes d la izquier- 
da de la rueda; los obispos de Castilla) D Apparicio obispo de 
Burgos cf, D Ferrando obispo de Palentia cf, D Remondo obispo 
fie Segouia cf, D Pedro obispo de Siguenga cf, D Gil obispo de 
Osma cf, D Mathe obispo de Cuenca cf, D Benito obispo de 
Auila cf, D Aznar obispo de Calahorra cf, D Adam obispo de 
Plazencia cf, D Lope electo de Cordoua cf, D Pasqual obispo de 
Jahen cf, D frey Pedro obispo de Cartagena cf, D Pedriuannes 
maestre de la Orden de Calatrava cf [segunda linea de confir- 
mantes á la izquierda de la rueda y junto á ella; magnates de 
Castilla) D Nunno Gongaluez cf, D Alfonso López cf, D Simón 
Royz cí, D Alfonso Tellez cf, D P'ferrand royz de Castro cf, 
D Pedro nunnes cf, D Nunno guillen cf, D Pedro guzmán cf, 
D Rodrigo gonzalez el ninno cf, D Rodrigo Aluarez cf, D Ffer- 
rand garcia cf, D Alfonso garcia cf, D Diago gomez cf, D Gó- 
mez royz cf, D Gutier Suarez cf, D Suez tellez cf (primera linea 
de confirmates á la derecha de la rueda junto á la misma; prelados 
de León)^'T> Martin obispo de León cf, D Pedro obispo de Ouie- 
do cf, D Suero obispo de Qamora cf, D Pedro obispo de Sala- 
manca cf, D Pedro obispo de Astorga cf, D Leonart obispo de 
Cipdat cf, D Miguel obispo de Lugo cf, D Johan obispo de Oren- 
se cf, D Gil obispo de Tuy cf, D Johan obispo de Mendonedo 
cf, D Pedro obispo de Coria cf, 1) frey Robert obispo de Silue 
cf, D frey Pedro obispo de Badalloz cf, D Pelaz pérez maestre 
déla orden de Santyago cf, D Garci fferrandez maestre de la or- 
den de Alcántara cf, D Martin nunnez maestre déla orden del 
Temple cf (segunda linea de conñrmantes á la derecha de la i'ue- 
da; magnates de León\ D Alfonso ferrandez cf, D Rodrigo Al- 



270 boletín de la real academia de la historia 

fonso cf, I) Martin Alfonso cf, D Rodrigo gomez cf, D Rodrigo 
frolaz cf, ü Johan perez cf, D Fferrand yuannes cf, D Martín Gil 
cf, D Gonzalo raniirez cf, D Rodrigo rodríguez cf, D Alvar diaz 
cf, D Pelay perez cf (debajo de la rueda), D Roy lópez de Men- 
doga Almirage de la mar cf, D Sancho martinez de Xodar ade- 
lantado de la frontera cf, D Garci pérez de Toledo, Notario del 
Rey enel Andaluzia cf, D Gonzalo morant merino mayor de 
León cf, D Roy suarez merino mayor de Gallizia cf, D Suero 
obispo de Qamora Notario del Rey en León cf, D Garci suarez 
merino mayor del Regno de Murcia, D Garci martinez de Tole- 
do Notario del Rey en Castiella. Johan perez de Cuenca la escri- 
uio el Anno Quinto que el Rey don Alfonso Regnó (en la rue- 
da), Signo del Rey D Alfonso, La Alferecía del Rey Vaga, Don 
Juan García Mayordomo de la Corte del Rey (al dorso, en carac- 
teres antiguos) J. P (Juan Peres) (Siguen escritos en letra mu- 
cho más moderna). 

Madrid, 10 Diciembre 19 15. 

Antonio Ballesteros Beretta. 



VII 

SERIES DE LOS MÁS IMPORTANTES DOCUMENTOS 

DEL ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL 

EXCELENTÍSIMO SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI, 

ELEGIDOS POR SU ENCARGO Y PUBLICADOS Á SUS EXPENSAS, 

por A. Paz y Mélia. 

(i.'"^ serie histórica. — Años 800-1814.) 

(Vol. en folio de xxxviii-482 págs. y una para el colofón, 44 ilustraciones + 14 
polícromas, á toda página las 58.) 

, Natural satisfacción ha de causaros y legítimo justificado con- 
tento produciros, lo juzgo por cosa cierta, señores académicos,' 
la lectura del Informe que tengo el honor de ofrecer á vuestra 
consideración, sometiéndole confiadamente al recto fallo de vues- 



ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI 27 B 

tro alto juicio, que si de suyo es este Inforuic desmedrado en la 
forma, de muy escasa literatura y careciente por completo de 
primores del ingenio y galas del estilo que merecer pudieran 
vuestra aprobación, ya que no lograran vuestros plácemes, en- 
cierra en sí tan interesantes noticias, abarca en sus páginas la 
enumeración, siquiera rápida y somera, de legajos y papeles de 
importancia tan notoria y de tan gran valía, constituye una apor- 
tación tan magna para el cultivo de la ciencia histórica, que de 
grado habréis de perdonar la tosquedad del estuche en gracia de 
lo admirable del rico joyel que guarda, que de tal puede nom- 
brarse, sin que le empañe la lisonja ni la adulación le enturbie, 
la espléndida excerta histórica de documentos varios de todas 
épocas y asuntos diversos, que nos ofrece la hidalga generosidad 
de uno de los más egregios representantes é insigne procer de 
nuestra añeja y encumbrada aristocracia, de neto y acendrado 
españolismo, el Duque de Medinaceli. 

Ya presumiréis con razón y con acierto que quien tal dignidad 
ostenta y tan preclaro nombre lleva, resumiendo por ley de su- 
cesión y derecho de herencia la representación legítima del In- 
fante D. Fernando de la Cerda, heredero de la corona de Casti- 
lla como primogénito jurado del Rey D. Alfonso X el SabiOy 
circulando además por sus venas la sangre de su abuela doña 
Blanca, hija del santo Rey Luis de Francia, y la de los señores 
Soberanos del Bearne y de Bigorre por Bernardo de Foix-Bear- 
ne, creado por Enrique II Conde de Medinaceli el año de 1368* 
que quien reúne en su cabeza siete ducados y diez y seis mar- 
quesados y es catorce veces Conde, cuatro Vizconde y posee diez 
grandezas de España de las de mayor antigüedad y esplendor 
en los fastos de nuestra nobleza, sin contar las innumerables ba- 
ronías y señoríos, mayorazgos y patronatos anejos á todos esos 
títulos y dictados de honor; que quien compendia y personifica 
los más ensalzados y notorios linajes de nuestra patria, por Prie- 
go la gran casa de Córdoba, varonía actual de los Medinaceli; 
Afán de Rivera, por Duque de Alcalá y Conde de los Molares; la 
raza real de Aragón, por Duque de Segorbe, grandes Condes- 
tables de Aragón y por Conde de Ampurias, que así se denomi- 



272 KOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

116 D. Ramón Berenguer, hijo del Rey D. Jaime II, y más tarde 
el Infante honorario D. Enrique de Aragón; los Suárez de Fi- 
gueroa, por Duque de Feria; los célebres Folch de Cardona, por 
Duque de Cardona; el gran linaje de Benavides, por Duque de 
Santisteban del Puerto, Caudillos Mayores del reino de Jaén; los 
famosísimos Moneada por Aytona, grandes Senescales y Virreyes 
de Cataluña y grandes Justicieres y Virreyes de Sicilia; Portoca- 
rrero, por Medellín; Meneses, por Camina; Sandoval, por Denia y 
y Lerma; Padilla, Adelantados mayores' de Andalucía, como Con- 
de de Santa Gadea; Arias de Saa\edra, por Castellar, grandes AI- 
faqueques de Castilla; Ruiz de Corella, Copero mayor y del Con- 
sejo del Rey D. Alonso V. de Aragón, por Conde de Concentaina, 
y los Ponce de León, Guzmán, Acuña, Ulloa, Dávila, Manrique 
y tantos otros de alcuña inmemorial y rancios timbres; que quien 
cuenta en su ascendencia Santos y Beatos, Príncipes é Infantes, 
Cardenales y Prelados, conquistadores, caudillos y Virreyes de 
ambos mundos, Generales de mar y tierra. Adelantados de las 
fronteras de Castilla, Andalucía y Portugal, Alcaides de los Don- 
celes, políticos, ministros del Rey, embajadoros, mayordomos 
mayores y jefes de Palacio, Presidentes de los diversos Conse- 
jos, Maestres y comendadores de las Ordenes y Caballeros del 
Toisón, falange extraordinaria y lucidísima en la que cada cual 
contribuyó con sus proezas, sus aciertos, sus acciones heroicas 
y sus plausibles hechos á enaltecer y glorificar, haciéndola ellos 
mismos, la Historia de España; que quien debe á los halagos de la 
fortuna nacimiento tan excelso y rango tan excepcional y preemi- 
nente, había de reunir y conservar en sus archivos, pagado tributo 
á las injurias del tiempo y á las inevitables fortuitas vicisitudes de 
la vida, tesoro inmenso y opulento de documentos preciosos que 
coadyuvarán por modo eficiente y poderoso al más amplio cono- 
cimiento y al estudio más fundado de nuestra Historia Nacional, 
ilustrándola, complementándola y cooperando con fruto al tra- 
bajo de depuración seria y documental en que la crítica moder- 
na labora sin tregua y sin descanso. 

Y al pensar así, ni errasteis en vuestra presunción, ni han de 
verse defraudadas vuestras nobles y levantadas esperanzas, pues 



ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI 273 

el libro en que me ocupo encierra y exhibe abundantísimo cau- 
dal de noticias, de datos, de esencias históricas de interés ex- 
traordinario, de notable utilidad y provecho en sí mismas y en 
lo que atañe y pertenece al arte en sus distintos ramos de cali- 
grafía, dibujo, iluminación, cartografía, sigilografía, con bellos 
ejemplares de sellos plúmbeos, sellos de placa, de cera y de la- 
cre, sin que falten reproducciones fidelísimas, lindamente ejecu- 
tadas, de encuademaciones, tales como la soberbia hecha en Bru- 
jas á fines del siglo xv, con hierros en frío, clavos y broches de 
la época, firmada por D. Antonio de Gavére: otra muy rica que 
guarda un privilegio sobre extracción de granos en Mesina 
(1663), y la española en tafilete rojo sembrado de adornos de 
oro, que cubre un Real Privilegio de merced de miles de libras al 
Marqués de Priego (1720). 

Oportuna, y por todos conceptos atinada, fué también la elec- 
ción que el Duque hiciera para dar cima á tan honroso y difícil 
encargo de la persona de D. Antonio Paz y Mélia, cuyo solo 
nombre excusa todo elogio; su hondo saber y depurado gusto 
artístico, eran prenda segura y augurio infalible del éxito positi- 
vo, de las unánimes y calurosas loanzas con que ha sido saludada 
la aparición de este hermoso trabajo de tan intenso valor históri- 
co en el fondo, como de elegante aderezo y presentación lujosa 
y bella. 

Refiere el compilador, á guisa de proemio, la historia del ori- 
gen y peripecias que ha sufrido este archivo tan nombrado, uno 
de los más capitales entre los particulares ó privados por el nú- 
mero y calidad de los legajos que atesora en armonía con los 
Estados que constituyen esta casa ducal, acerca de cuya organi- 
zación, plantilla de empleados, nóminas de servidores, pajes, gen- 
tiles-hombres, médicos, capilla de música, armería, biblioteca y 
monetario y otros muchos detalles dignos de una opulenta casa 
principesca, como lo ha sido y lo es en la actualidad, nos procu- 
ra el Sr. Paz idea clara y precisa en esta amena é instructiva in- 
troducción. 

Cual lo demandaba el origen tan distinto en las procedencias 
de papeles y pergaminos, para el buen orden y asiento en su ca- 



274 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

talogación, evitando el involucrar y confundir los documentos, 
ha dividido este inventario en dos secciones capitales: la una, 
para el Adelantamiento, Castilla y Andalucía, con casas y esta- 
dos, cuales son Medinaceli, Feria, Santisteban y otros; y la se- 
gunda para Cataluña, con los pertenecientes á familias de tan 
rancia antigüedad é importancia tan notoria como los Ampurias, 
Cardonas y Moneadas; establece, dentro de cada sección, el or- 
den cronológico por centurias, desde el siglo x al xix, agrupando 
en ellas, no series completas referentes á una materia misma, sino 
documentos distintos y heterogéneos sin conexión entre sí, sin 
la menor ilación de unos con otros, cual corresponde al plan pre- 
concebido y al fin propuesto de exhibir en alarde brillante los 
más notables ejemplares de cada casa, suceso, asunto ó negocio, 
copiados algunos en totalidad, en extracto otros y los más, na- 
turalmente, en índice ó relación bastante para dar idea y fe de 
lo que existe á quienes interesar pudiera averiguación más am- 
plia ó estudio más detenido en las propias fuentes del archivo, 
en las mismas entrañas del legajo, en los trazos y líneas del do- 
cumento. 

Al recorrer las páginas de este meritísimo libro, que es parte 
integrante y principal de la historia patria, no puede sustraerse 
nuestro espíritu á hondo y creciente interés ni á la irresistible 
sugestión que nos produce el imponente y majestuoso desfile de 
tanto y tanto personaje de la más alta nombradla, del más escla- 
recido relieve; toman las grandes figuras celebradas por la fama, 
cuerpo de realidad en nuestra mente al conocer los ocultos pen- 
samientos de cada una puestos de manifiesto en sus intimidades 
más recónditas, en cartas autógrafas, unas secretas, amatorias 
otras, en testamentos, codicilos, contratos y toda suerte de do- 
cumentos privados; compartimos sus alegrías, gozamos con sus 
triunfos, agradecidos con testimonios escritos de mano propia 
de Pontífices y Reyes y en mercedes y honores recibidos; llora- 
mos sus penas y desventuras, conocemos por relatos coetáneos 
los más culminantes sucesos de aquellos alejados tiempos, convi- 
vimos, en suma, con todos ellos, haciéndonos la ilusión de co- 
nocerlos de cerca, de codearnos, de tratarlos con asiduidad y 



ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI 275 

confianza, después que el fallo inexorable de la Historia ha su- 
blimado sus prestigios ó ha censurado sus culpas. 

Así que se me antoja labor difícil y penosa misión la informa- 
tiva, cuando en libros de este linaje es forzoso deber hacerla y 
darla, l^odo papel adquiere á nuestros ojos importancia, todo 
documento interés inexcusable; quisiéramos no pecar por omi- 
sión, ni agraviar por deficiencia, dar cuenta del libro entero; pero 
precisa recordar á nuestro propio impulso que no es informar 
copiar, ni lo es tampoco la transcripción del epígrafe documen- 
tal más ó menos comentado, ni el reproducir el índice. Se impo- 
ne, pues, una austera sobriedad, limitada y circunscrita á llamar 
la atención cerca de aquello que reviste caracteres de culminan- 
te y excepcional importancia por una ú otra razón ó concepto 
poderoso, por si pudiera pasar inadvertido entre los 300 docu- 
mentos mencionados y los infinitos que se citan ó refieren en 
esta preciosa relación ó inventario de los archivos del Duque, 

El primer documento que á nuestra curiosidad se ofrece en la 
parte primera que á Castilla y Andalucía se contrae es, en el 
siglo XII, las «Ordenanzas para la población y gobierno de Cas- 
tro Calbón», especie de Fuero, dadas por la Condessa dona Ma- 
ría el 16 de Agosto de 1156; y en el siglo xíii una Cédula de 
Sancho IV, fecha en Ciudad Rodrigo en 1 29 1, confirmando á 
Alfonso Godínez la donación de Cilleruelo. 

En la Xiv''^ centuria encontramos la historia y vicisitudes de 
la primera raza de los Cerdas, con abundante documentación 
referente á aquel D. Luis de la Cerda, viznieto del Rey Sabio 
D. Alonso de Castilla y del Santo Rey de Francia Luis IX, hijo 
del Rey titular de Castilla D . Alfonso el dtsheredado y de la 
Princesa Mahalda de Narbona, cuyo D. Luis, llamado D. Luis I 
de España, fué creado por su primo Felipe VI de Valois, Con- 
de de Talamonte, XVI Almirante de Francia y del su Conse- 
jo, conociéndosele también como Pi'íncípe de la Fortuna por 
haber recibido en el Palacio Apostólico de Avignon, año 1 344, 
de mano del propio. Pontífice Clemente VI la investidura Real 
como Soberano de las Islas Afortunadas ó Canarias, reciente- 
mente descubiertas, erigidas- en un Consistorio en Reino feuda- 



276 BOLETÍN DE I.A REA!. ACADEMIA DE I,A HISTORIA 

tario de la Santa Sede; Principado soberano que transmitió á los 
hijos habidos en matrimonio con doña Leonor de Guzmán, Se- 
ñora del Puerto (liija del héroe de Tarifa y de su mujer doña Ma- 
ría Alfonso Coronel), llamados D. Luis y D. Juan, cuyo derecho, 
al morir ambos sin sucesión, transmitieron á su hermana doña 
Isabel, última de su raza y primera Condesa de Medinaceli por 
cesión que D. Bernal de Bearne hiciera en ella con motivo de 
su matrimonio de la merced que D. Enrique II otorgó á su favor 
en el Real de Sobre Toledo, cesión confirmada por el mismo 
Monarca en Burgos el 15 de Diciembre de 1 3/ I años. 

Estos dos privilegios rodados y otros muchos que se enume- 
ran, constituyen con cédulas, donaciones, mercedes y albalás, 
la hermosa colección de documentos Reales pertenecientes á 
este Estado y á los muchos principalísimos á él incorporados, el 
de Feria, por ejemplo, cuya Carta Real ó escritura de fundación 
de Mayorazgo por Gómez Suárez de Figueroa (1404) lleva en 
orla iluminada de oro y colores un primoroso retrato del Rey 
Enrique III, como el Mayorazgo instituido en 1 446 por D. Lo- 
renzo Suárez de Figueroa luce otra artística miniatura de don 
Juan II de Castilla; y un sello de placa en buena conservación el 
juramento que Enrique IV prestara de guardar al Conde de Me- 
dinaceli las mercedes que tenía, mas otro hermosísimo de los Re- 
yes Católicos en la Cédula dada en Toledo á 3 I de Octubre 
de 147 1 en virtud de la cual elevaban el Condado de ^Medinaceli 
á Ducado en favor de su sobrino el Conde D. Luis de la Cerda, 
creándole además Conde del Puerto de Santa María. 

Acerca de la vida por todo extremo accidentada y novelesca 
de aquel desventurado Príncipe de Viana D. Carlos, ilústranla 
notablemente los preciosos documentos copiados en este libro; 
las cartas amorosas que con la firma de Charles dirigiera, rendi- 
do y enamorado, á «Mi amor é Señora» como llamaba á doña 
María de Armendáriz, de quien hubo á doña Ana de Aragón, re- 
conocida por su hija legítima y nombrada heredera de Navarra 
en su testamento ológrafo, inédito hasta el presente, otorgado en 
Zaragoza en 1453, que á no haber convenido á la política de F'er- 
nando el Católico declararlo con otros papeles autógrafos por 



ARCHIVO V BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI 277 

apócrifos y falsos, contra los derechos heredados por la hija del 
de Viana doña Ana de Aragón esposa del Conde D. Luis de la 
Cerda, pudieran haber llevado legalmente á ser los Condes áe 
Medinaceli Reyes de Navarra. 

Otra suerte de papeles abundantes en esta colección y muy 
señalada por las enseñanzas que guardan y las noticias que su- 
ministran, son los Inventarios y Almonedas que en las grandes 
Casas, la Casa Real inclusive, se hacían de los objetos propios y 
de uso personal de los fallecidos y que decoraban su cámara y 
sus salones para pagar deudas ó para cumplir encargos; allí se 
encuentran indicaciones preciosas para las artes suntuarias, de 
joyas, relicarios, argenterías, muebles, armas, cuadros, tapices }'■ 
libros que esclarecen, enriqueciéndolos, los estudios históricos, 
artísticos y literarios. 

Como tales recomiendo: 

El inventario de los bienes de doña Mencía Suárez de Figue- 
roa, hija del Maestre de Santiago (1389). 

Las cuentas del gasto hecho en la feria de Medina del Campo 
para las bodas de doña María de Herrera con D. Pedro Hernán- 
dez de Córdoba, Señor de la Casa de Aguilar (1443). 

FA inventario de los bienes de la Condesa de Medinaceli doña 
Juana Sarmiento (1429-33) y los practicados á la muerte del 
Marqués de Priego (1528) y del Duque D.Juan de la Cerda (1575). 

El mandado hacer en su Castillo por los Duques de Segorbe y 
de Cardona de las ropas y joyas de la Cámara de sus Excelen- 
cias (año I 584)- 

La Memoria de los relicarios, cruces, candeleros, ornamentos 
y otras cosas que quedaban en el cuarto que el señor Duque de 
Lerma habitaba en el Monasterio de San Pablo de Valladolid 
(1610). 

La Relación de las pinturas vinculadas por los Duques de San- 
tisteban en su Casa y Mayorazgos (lyi^) y la almoneda de los 
bienes de la Duquesa de Medinaceli doña María de Silva en 1 548, 
sin olvidar la noticia de las antigüedades encontradas en excava- 
ciones hechas entre las ruinas de la antigua Ampurias. 

Del siglo xni en adelante, aunque los hay anteriores mal tra- 

TOMO LXVIII. 18 



278 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tados Ó incompletos, guarda este archivo ducal número conside- 
rable de testamentos y codicilos, cuyas cláusulas y disposiciones 
contienen noticias á las veces de importancia y trascendencia, 
curiosas siempre. 

Una de las secciones (si nos fuera consentido así llamarla) 
donde resalta con mayor relieve y brillo la calidad de esta Casa 
y de las á ella incorporadas por enlace, sucesión ó herencia, dán- 
donos idea justa de su esplendor y poderío, es la que contiene 
considerable número de cartas autógrafas preciosas de los más 
culminantes personajes; forman estas cartas un admirable y nu- 
trido Epistola7'io donde relatando sucesos y explicando cosas y 
personas se aprenden y conocen hechos velados ó encubiertos, 
que avaloran y realzan la notoriedad y prestigio de las ñrmas 
que las suscriben. 

Y aun cuando conviene el laconismo en el informe para no 
hacerle minucioso en demasía, no resisto la tentación de mencio- 
nar entre las cartas de Reyes las de Enrique II á doña Isabel de 
la Cerda recomendándola el matrimonio con el Conde de Medi- 
naceli Mosén Bernal de Bearne, para quien hay varias de este 
mismo soberano; la de doña Catalina, mujer de Enrique III, á su 
Mayordomo mayor, Gómez Suárez de Figueroa; de Isabel la Ca- 
tólica á %w prima la Condesa de Feria, y de Felipe II para otro 
Conde de Feria que fué Embajador en Londres, además de las 
ya expuestas de D. Carlos de Viana. 

Notable es la colección de las recibidas por los señores de la 
Casa de Aguilar, luego Marqueses de Priego; entre aquéllas, una 
de D. Juan II y otra del Príncipe D. Alfonso, hermano de 
Enrique IV, en que cuenta á D. Alonso de Aguilar el estado 
de su causa y pretensión al solio de Castilla; diez y seis del Gran 
Capitán Gonzalo Fernández, en las unas, con Duque de Terra- 
nova en otras; alguna de la Duquesa doña María Manrique; del 
Cardenal Ximénez de Cisneros; del Arzobispo de Sevilla Fray 
Diego de Deza; del Maestro Alonso de Toro; las que contienen 
nuevas políticas y militares dadas por Alarcón, el Conde de 
Palma, D. Antonio de la Cueva, D. Tristán de Acuña; la de 
gracias que escribiera el Príncipe D. Carlos, hijo de P^elipe II, 



ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACELI 279 

desde Madrid, en 1 563, al Marqués D. Pedro de Aguilar, su 
primo. 

Al Duque de Lerma enderezadas las hay de doña Ana de 
Austria, esposa del Rey Luis XIII; de doña Margarita de Aus- 
tria, consorte de D. Felipe III; de doña Isabel Clara Eugenia; 
del Príncipe Filiberto; del Marqués-Duque de Escalona; de don 
Pedro Franqueza; de la Infanta sor Margarita de la Cruz, monja 
descalza, y la que acompaña á un dibujo, que se reproduce en 
lámina, toda ella de mano de Joan de Arphe. 

Para Duques de Medinaceli, nos da cuenta este inventario 
parcial de las escritas por la Emperatriz doña Isabel, esposa de 
Carlos V; por San Francisco de Borja, en Roma, fechada el 3 de 
Septiembre del 1564, toda de su puño y letra, así como otra sin 
año, más la dirigida al Conde de Oropesa en 1 57 1, y la firmada 
en Monzón (23 de Noviembre de 1547) siendo Marqués de Lom- 
bay; de Juan Andrea Doria; muchas de Carlos II al Duque; del 
Papa Inocencio XII; de la Princesa de los Ursinos; de la Reina 
María Luisa, y otras más á personajes de familias á la Casa Ducal 
incorporadas, de D. Juan de Austria, del beato Juan de Ribera, 
de Fray Diego José de Cádiz, D. Nicolás Antonio, etc. 

A los Condes y Duques de Cardona existen de D. Juan II 
de Castilla; del Bey de Túnez, en 1478; de la Reina de Sicilia, 
acerca de la guerra marítima contra el Turco; de D. P^ernando 
el Católico; de Carlos V; de D. Juan II de Portugal; de la Prin- 
cesa de Eboli á Felipe II; del Duque de Alba; del Conde-Duque 
de Olivares, y varias muy interesantes, todas de mano de Ru-. 
bens; colección cumplida de autógrafos, casi todos estampados 
en las ilustraciones que embellecen tan hermosa publicación. 

Por no incurrir en censurable pecado de transcripción omito 
con pesar el daros cuenta del relato de la prisión del Duque en 
el castillo de Segovia, cuando cayó de la privanza en que Fer- 
nando YI le tuviera; de la enibajada de Medinaceli á Ñapóles, 
en 1747, para apadrinar, en nombre de vS. M., al Infante Don Fe- 
lipe, heredero de las Dos Sicilias, y de la del Duque de Arcos á 
la misma capital, en 1772) acompañado de los Marqueses de 
Guevara, Cogolludo y Peñafiel, para sacar de pila á la Princesa 



28o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de Nápoles, en cuyas embajadas ampliamente se refieren los en- 
cargos, presupuestos, itinerarios ó ruta hasta Berna, tren de 
casa, regalos, ceremonias, diario del viaje y otros detalles que 
consienten admirar el fausto y ostentación que desplegaban es- 
tos grandes señores en el desempeño de tales encomiendas ó mi- 
siones, tan lustrosas y honoríficas para sus personas como ruino- 
sas para sus haciendas; ni de las fiestas suntuosas con que los 
Marqueses de Cogolludo, en alarde extraordinario de opulenta 
magnificencia, celebraron en esta corte, en 1 789, la exaltación al 
Trono de Carlos IV y de María Luisa, y la jura del Príncipe Don 
Fernando. 

Callo también las cartas y los versos de la poetisa portuguesa 
María de Ceo, que por primera \'ez salen en letras de mo!de; 
prescindo de lo mucho interesante que se aprende en el conte- 
nido genérico de Noticias acerca de la batalla de Lucena y del 
Rey Chico; lo que ataña á Mosén Diego Valera, al vate sevillano- 
Baltasar del Alcázar y otras curiosas particularidades. 

No van, en verdad, á la zaga, ni en número ni en valor, los 
documentos de los Estados de Cataluña que se citan comparados 
con los de Castilla, antes bien les aventajan por lo que respecta 
á su mayor y más remota antigüedad, pues que el primero regis- 
trado pertenece al siglo ix, y es una Donación hecha por Carlos 
el Calvo, el año de 860, siguiéndole otros muchos y notables; en 
el siglo X, el Privilegio de Franqueza^ otorgado y de nuevo con- 
firmado por el Conde de Barcelona, Don Borrel, y el \"izconde 
de Cardona á los pobladores y moradores de esta villa; la escri- 
tura de concierto entre el Conde de Barcelona y el Vizconde de 
Cabrera, en II05; y en el xin, los que á Roger de Lauria se re- 
fieren, todos á porña interesantes, entre los que hay una detalla- 
da genealogía de este célebre Almirante. 

En el siglo xv merece singular estudio la documentación co- 
piosa y rica referente al Concilio de Costanza, donde tan princi- 
pal papel tuvieron los Cardona como Embajador del Rey Alon- 
so V de Aragón. 

Finaliza el volumen con la larga lista de Privilegios rodados 
que conserva el Archivo de Medinaceli y agregados; el primero 



ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL EXCMO. SEÑOR DUQUE DE MEDINACEH 28 1 

■de Alonso VIII, hecho en Trepeana, 22 de Juho, año 1 175; de 
Enrique IV el último, datado en Olmedo á 21 de Enero I464. 

Interesantes, bellas y bien ejecutadas, muestra evidente de la 
perfección á que las artes gráficas han llegado entre nosotros, son 
las láminas que acompañan á texto tan importante é instructivo, 
que explican y completan, dándonos cabal idea del documento. 
Muchas reproducen delicadas y finísimas orlas en oro y colores 
que adornan mercedes, donaciones y escrituras de asuntos rela- 
tivos á tantas casas ilustres como han afluido á la ducal de que 
hablamos, y otras objetos preciosos que se guardan allí, por ejem- 
plo, el libro de horas ó diurno de San Francisco de Borja y el 
del Patriarca Juan de Rivera, que en su portada luce las tres fajas 
verdes en campo de oro, blasón de los Duques de Alcalá. 

Hay planos de mérito y rareza, uno de Barcelona de 1620, va- 
rios de la villa de Illa (1614), que acompañan la relación de su 
asalto por los franceses, autógrafos singulares y una extraordina- 
ria riqueza sigilográfica en ejemplares desconocidos, entre ellos 
un sello de oro que autoriza documento expedido por Felipe IV 
en 162 1, y que es uno de los tres solos sellos áureos conserva- 
dos en toda España que han logrado escapar á la rapacidad, y 
no precisamente de numismáticos ó coleccionistas. 

Tal es, en forzada síntesis y en compendio sumarísimo, el con- 
tenido de este libro primoroso que he creído, vosotros diréis si 
asistido de razón, constituía por sí y encerraba en sus esencias 
históricas una considerable y valiosísima aportación al caudal 
literario y artístico de nuestra Historia nacional, más y más acre- 
centado cada día por el amor, la largueza y la noble emulación 
con que la sirven quienes, por favores del nacimiento y halagos 
de su afortunada posición, están en condiciones de enriquecerla 
y aumentarla, 

Y así vemos, con indecible satisfacción, cuánto y cuánto apro- 
vechan y aventajan la bizarría con que franquean sus archivos, 
ofreciéndolos á la investigación y estudio de doctos y de críticos, 
los Oñate y Alcañices, los Fernan-Núñez, Infantado y Granada; 
como eruditos mecenas que se llaman T'Serclaes, Jerez de los Ca- 
balleros, Vega de Hoz y algunos otros, sacan á luz obras inédi- 



2b2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMLV DE LA HISTORIA 

tas Ó reimprimen las muy raras; como damas tan ilustres que 
lloramos, Duquesa de Villahermosa y Condesa de Siruela, dan á 
la estampa, en sendos y magníñcos volúmenes, los documentos- 
(juc sus archivos atesoran, y como el Duque de Berwick y de 
Alba, siguiendo el alto ejemplo de su noble madre, contribuye 
con sus publicaciones á enaltecer nuestra Historia con la de su 
propia casa. 

Hoy, el egregio Duque de Medinaceli satisface contribución 
espléndida de singular valía con su libro; y si la afirmación del se- 
ñor Paz de no haberse agotado en él ni lo interesante ni lo sim- 
plemente curioso que aún queda en este archivo, se complementa 
con la promesa del Duque, en la carta que encabeza el volumen, 
cuando dice que las negociaciones diplomáticas, de gran numera 
de cartas, series de diplomas medioevales y otros documentos, 
acaso más adelante serán objeto de otras publicaciones, no 
podremos menos de abrigar lisonjeras esperanzas, enviando al 
noble procer congratulación efusiva por el servicio prestado, y 
exponiéndole deseo fervoroso de que cumpla sus propósitos, cuya 
realización ha de valerle un título más entre los innumerables que 
decoran su persona y que tanto honran su casa, título que, al 
igual de los demás, podrá ostentar con legítima complacencia y 
santo orgullo, como discernido por la unánime y contexte opinión 
de las gentes, el título glorioso de benemérito de la cultura 
patria. 

Madrid, ii de Febrero de 1916. 

El Marqués de Laurencín. 



VIII 

NUEVA LÁPIDA ROMANA DE LA SERRADILLA 

En la provincia de Cáceres, el trayecto de ferrocarril que en- 
laza la ciudad de Plasencia con el cruce del Tajo, se marca y 
divide por dos estaciones intermedias: la de Mirabel y la de Ca- 
ñaveral, villas donde no faltan epígrafes romanos indicados por 
la colección de Hübner, con los números 796 y 797. De Mirabel 



I 



NUEVA LÁPIDA ROMANA DE LA SERRADILLA 283 

es aledaña la muy fértil y pintoresca villa, que La Serradilla se 
nombra; la cual, hasta el presente, no era conocida por los ves- 
tigios de su existencia durante los primeros siglos del cristianis- 
mo; pero que ahora acaban de mencionarse, no sin agradabje 
sorpresa del mundo sabio, por un artículo de la Revista quince- 
nal, intitulada El Cronista^ de esta localidad, en su número co- 
rrespondiente al día 20 del actual Febrero; artículo en el cual 
se lee: 

«Antigüedades de Serradilla. — Existe una fuente llamada 
del Capillo (l), cuya construcción es romana. De ella sale un 
acueducto, que hoy va al convento de Agustinas Recoletas, pero 
que antiguamente venía á una casa grande con espacioso jardín 
que existía en las proximidades del Rincón de Palermo. En el 
que hoy es Plaza Constitucional, tenían el cementerio los roma- 
nos, habiéndose descubierto varias sepulturas, y hallado ánforas 
y monedas de plata y cobre, éstas en relativa abundancia. 

Trozos de tejas y ladrillos romanos es facilísimo encontrar en 
la parte alta del pueblo, que fué la más habitada en aquella época. 

Pero además de lo expresado, existe un dato de más valor é 
importancia. Este es una lápida funeraria, cuya inscripción, aún 
inédita, es como sigue: 

PETRON I A 

AE FRISCA 
ES AN NO 

XII IC • S- 

ES T-ST-T L- 

PETRON I A 
SE DA 

W A 

Se encuentra esta lápida incrustada en la pared de una casa 
en el Rincón de Palermo, muy cerca de la casa con jardín á que 
antes me refería. A esta circunstancia de haberla colocado en la 
pared, quizá se deba su conservación; pues si no, dada la esca- 
sez que hay aquí de la piedra de granito, ya hubiera sido aplica- 

(i) Campillo, se llama en el Diccionario de Madoz, art. Serradilla. 



284 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

da á cualquier otro fin, sin reparar en inscripciones más ó menos 
viejas. 

En cuanto á la interpretación de la inscripción, com])letando 
las faltas de letras que hay en las líneas 3.^ 4^, 7.^ y última, es 
labor para la cual no me considero suficiente. Ya lo hará quien 
para ello tenga suficiencia. — A. Sánchez.» 

* 
* * 

Los claros que ha sufrido la inscrijición por estar mellada, se 
pueden fácilmente llenar, atendiendo á las dimensiones simétri- 
cas de las líneas y al general sentido de la leyenda. 

Petroniae Priscae SiexW) \_f[iliaé)] anno{j-wn) XII [h]íc s{iia) est. S[¡i) 
tí^ibi) tierra) l{evis). Petroíiia Se[cun\da ma\ter /{aciendum) c{tiravií).^ 

A Petronia Frisca, hija de Sexto, de doce años de edad, aquí yace. Pe- 
tronia Secunda, su madre, le hizo este monumento. 

La familia Petronia, de la c^ue esta inscripción nos ofrece un 
nuevo ejemplo, estuvo en el Sudoeste del suelo ibérico, muy 
extendida é ilustre. A mediados del siglo 11 era duumviro, ó al- 
calde de la Colonia romana Pax jfulia (Beja del Algarbe), Quin- 
to Petronio Materno; y en el mismo siglo, corriendo el año 193, 
fué duumviro de la Colonia Norba Caesarina (Cáceres) Lucio 
Petronio Níger. Si lográsemos obtener la fotografía del ara fune- 
ral de Petronia Prisca, nada costaría inferir del carácter paleo- 
gráfico de sus letras el tiempo en que se labró. 

Interesa igualmente á la historia romana de la Serradilla que el 
Sr. Sánchez explique la forma que tienen las sepulturas halladas 
en el sitio c|ue es ahora Plaza Constitucional; que vea si en algu- 
na, ó algunas de las muchas ánforas y tégulas y otros objetos de 
cerámica que menciona hay letras de estampilla de fábrica; y 
finalmente que nos proporcione un catálogo por orden cronoló- 
gico de las monedas de plata y cobre recogidas en la población 
y dentro de su término, porque de ellas resulta una página his- 
tórica, muy notable, de los tiempos en que floreció La Serradilla 
bajo la dominación romana. 

Madrid, 25 de Febrero de 1916. 

P'iDEL Fita. 



VARIEDADES 



BREVES NOTICIAS SOBRE LOS PRINCIPALES ARCPIIVOS DE ITA- 
LIA É INSTITUTOS HISTÓRICOS EXTRANJEROS ESTABLECI- 
DOS EN ELLA, CON ALGUNAS INÉDITAS ACERCA DE LA 
ACADEMIA ESPAÑOLA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DEL SI- 
GLO XVIII Y DE LA ESCUELA DE ARQUEOLOGÍA É HISTORIA 
ACTUAL. 

(Continuación.) 

ARCHIVOS DE ESTADO Y OTROS FONDOS 

I 

TLRÍN 

Componen el fondo oficial de Turín los siguientes: el de Cor- 
te, el Cameral^ las actas del Archivo general de Hacienda, que 
se salvaron del incendio de 1864; y, desde 1873, el del suprimi- 
do Ministerio de la Guerra. Últimamente se ha completado con 
las escrituras del Senado Subalpino y con los antiguos Registros 
notariales de la ciudad. 

Tan variado material se ha dividido en cuatro secciones, que 
se reparten en cinco establecimientos. La l.^, ó Archivo de Cor- 
te, ocupa el último piso del Palacio llamado de la Segreterie y 
parte del antiguo destinado á Academia militar. La 2.^, formada 
por las actas del Archivo general de Hacienda, juntamente con 
los papeles de la Comisión superior de liquidación de los anti- 
guos créditos de las antiguas provincias, y por los registros no- 
tariales, ocupa los 103 salones del Palacio de los Santos ^lártircs. 
La 3.", establecida una parte en el Palacio de la Curia Máxima, 
y otra en el Palacio Madama, abarca el Archivo Cameral y las 
actas del Senado, y es, por su riqueza, importantísimo para los 
estudios históricos y para conocer el proceso de ciertos intereses. 



286 . liOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

],a 4.''* y úUinia, repartida en el Palacio del Museo de Merceolo- 
^ía, conserva papeles sobre la historia militar de Pianionte desde 
el año 15ÓO á 1870, que hacen 56.OOO legajos. 

La Sección I.^ está ordenada por xvi materias (l), descompo- 
niéndose el título general de Real Casa en 19 subdivisiones, que 
distinguen los propios documentos que contienen. 

Las más interesantes para nuestros estudios son, de las cinco 
categorías que abarca la l.^, la -a)^ referente al origen, genealo- 
gías, escudos y sellos y monedas; la -c), Historia particular de 
cada uno de los príncipes, y la -c)^ Papeles políticos. Todas ellas 
tienen por signatura (m. e. v. 8g, s. xv-xix); la 2.^ nos interesa, 
íntegra, por tratar de los Matrimonios y de las capitulaciones 
concertadas con motivo de los mismos entre los soberanos (m. e. 
V. 56, xiii-xix); la 4.^, por versar sobre Tutelas, regencias, lugar- 
tenientes generales y acerca de los cargos y mandos conferidos por 
príncipes extranjeros á príncipes de Saboya (m. e, v. 29, s. xiii- 
xix); la 10, por afectar á la Correspondencia de la Casa de Sa- 
boya, que está dividida en: -a)^ originales de los reinantes (m. e. 
V.-105, 1453-1849); -b\ originales de los príncipes y princesas de 
la misma (m. e. v. 121, 1237-xix); la 1 1 y 12, ó sea Correspon- 
dencia de los soberanos, príncipes y Gobiernos extranjeros con 
la Casa de Saboya y de ésta con los monarcas y Gobierno italia- 
no (m. e. v^ loo, 1252-1859 y m. e. v. 37, s. xiv-xix) respectiva- 
mente; la 13, por referirse á Cartas de santos, obispos, patriarcas 
y abades (m. e. v. 193, s. xv-xix); la 15, porque son las Minutas 
y registros de cartas de la Corte (m. e. v. 211, s. xiv-xix); la 17, 
Protocolos de los Secretarios Ducales, subdivisión de gran impor- 
tancia, que a su vez se divide en: -a)^ serie de Corte (v. 2^^^ 
1200-1720); -b). Cameral (v. 182, 1322-1692), que contiene toda 
especie de actos emanados de los príncipes, y la 1 8, sobre el Im- 



(i) Los títulos de las mismas son: I. Casa Reale. — II. Materie polliiche 
relative air estero. — M\. Alaterie politiche reLative alV interno. — IV. Materie 
economiche. — V. Materie ecclesiastiche. — IV. Materie giuridiche. — VII. Ma- 
terie mili tari. — VIII. Aíaíerie varié. — IX. Paesi. — X. Consiglio di Stato. — 
XI. Istruziofie pubblica. — XII. Ministeri ed uffici ehe li precedettero. — 
XIII. Cartc deposítate 7ieW Ar eluvio. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 287 

perio, repartida en ¡nvcst-iduras, vicariato imperial, dietas, con- 
tribuciones imperiales, disposiciones y capitulaciones imperiales 
(m. e. V. 2;, 1194-1798). 

El título II, Materias políticas referentes al extranjero^ no es 
de menor interés, y se descompone en ocho clasificaciones: l.^, 
Negociaciones de la Casa de Saboya con las Cortes extranjeras 
(m. e. V. 214, xiii-xix); 2.^, Cartas de los ministros nacionales 
(m. e. \. 2249, s. xv-xix); 3.^, Cartas de ministros extranjeros 
(m. e. V. 141, 1 8 14- 1860); 4.^, Cortes extranjeras, sección que se 
refiere exclusivamente á la historia de otros países (m. e. v. 1 34, 
s. xii-xix; 5."^, Tratados (m. e. v. 89,- xii-xix); y la 8.^, Miscelá- 
nea xv-xix). El III, por versar sobre Materias políticas relativas 
al Gobierno de Saboya y corresponder sus seis secciones á los 
años 1724 á 1860, apenas si es digna de atención desde el punta 
de vista español; lo mismo se puede decir del iv, que trata de 
Materia económica, en lO subdivisiones, mas no así de la primera 
de las ocho que forman el v, Materia eclesiástica, la cual com- 
prende las negociaciones diplomáticas con la Corte de Roma 
(m. e. v. 5^) s. xvi-xix); Del vi título, Materia jurídica, la más 
digna de atención es la clasificación 1 8, última del mismo, que 
reza sobre edictos extranjeros (m. e. v. 94, xv-xix). 

Del vil, Materias militares, la que más puede merecer el estu- 
dio español, es la ^.^ clasificación, Empresas militares (m. e. v. 39, 
s. xiv-xix), de las seis que lo completan. Del viii, Materias va- 
rias, y del IX, Países, baste decir que tanto las siete secciones del 
primero como las 5 1 del segundo, tienen relativa importancia, y 
que una y otra más sirven para atesorar erudición ó dar ilustra- 
ción á los textos sobre Historia de España con relación a Italia^ 
que para ser utilizados como fuentes en algo de principal interés. 

Entre las últimas importan algo más la 42, 47 y 50, cuyas sig- 
naturas son: (m. e. v. 30, s. xii-xviii), (m. e. v. 94, s. xiv-xix) y 
(m. e. V. 400, s. xi-xix). 

De las restantes, x. Consejo de Estado (cinco secciones); xi, 
Instrucción pública (seis secciones); xii. Ministerios (subdividido 
cada uno en lo correspondiente y especial); xiii. Papeles en depó- 
sito sólo la 2.^ del segundo, que versa sobre: Colegios de la pro- 



288 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

\incia y de los nobles, Academias reales y Colegios \'arios (m. e. 
v. 15, s. xv-xviii), pueden ilustrar algo, por el tiempo de que son 
los documentos. 

La Sección 2.^ ofrece alguna curiosidad en su clasiñcación. 
Despacho general de Hacienda (e. v. /.1 15, 1283-1801) (l), el 
título que trata del Ducado de Monferrato y países desmembra- 
dos por el Alilanesado (1384-1801). 

La 3.^ Sección, cuyos registros se extienden hasta el número 
de 1 14.218, entre los cuales hay innumerables y antiquísimos 
pergaminos é infinitos documentos históricos de grandísima im- 
portancia; pero su relación de continuidad fué alterada y en 
parte destruida por el movimiento jacobino del I ó de Diciembre 
de 1798) á pesar de esto consérvanse los que que quedaron re- 
partidos en cinco grandes agrupaciones, que por su contenido 
se puede juzgar su valor para la Historia en general. Los docu- 
mentos de la I.^ son Papeles diplomáticos, y entre ellos están 
los Tratados de la Casa de Saboya de 1 169 á 1751, los con- 
cernientes a confiscaciones territoriales y restitución de plazas 
fuertes de 1 562 á 1 574, Cartas de 1637 á 1639, y Memorias di- 
versas políticas y diplomáticas de 15 1 1 á 1536. Estas hacen cua- 
tro volúmenes. Los papeles de la 2.^ son administrativos, y en 
ellos se desenvuelve toda la acción del despacho Cameral, á tra- 
vés de los siglos. En la 3.^ están los de carácter jurídico, en 
la 4.^, los notariales, y en la 5•^ diversos especiales. 

Es de notar que, entre lo mucho notabilísimo de esta Sección, 
existen los volúmenes de Memorias sobre el sistema monetario 
saboyano y los extranjeros desde el xvi á xviii, y entre los espe- 
ciales, documentos sobre la Dinastía reinante y su patrimonio 
(1238-1832, v. 1.374 ^- 59); sobre el Ducado de Aosta (1250- 
1683, m, 4); sobre Monferrato (1228-1721, m. 258); sobre el 
Marquesado de Saluzzo (1305-1606, m. l), y sobre nobleza 
(896-1784, m. 509). 

La 4.^ sección se compone de 56.OOO legajos sobre la historia 



(i) Fundado en 1564 por Emanuel Filiberto, y suprimido en 1801, á 
raíz de la invasión francesa. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 289 

militar del Piamonte y después^de Italia de I 560 á 1 870, siendo 
la que más puede proporcionar datos para nuestra Historia la 
clasificación Vtedoria c Contadoria general para la milicia y gen- 
te de guerra (1560-1688), el resto de esta sección, salvo algunos 
volúmenes que tratan de hechos militares del 14 y 1 8, es gene- 
ralmente sólo de interés para Italia. 

Bibliografía. 

Archivi generali dei, Regno en el Calendario genérale del Reg- 
no, 1823, pp. iiixxxv. 

Spata (Giuseppe). — Sulle carte di Sicilia esistente nei R. Ar- 
chi\'i di Corte in Torino. — Notizie ed osservazioni. — Roma, tip. 
delle scienze matematiche e fisiche, 1 8/2. 

Prima relazione triennale della Direzione delle Archivio di 
Stato in Torino, años 187 1, 1872, 1873.— Torino, Bocea, 1874. 

B1ANCH1 (Nicomede). — Le materie politiche, relative all'estero, 
degli Archivi di Stato Piemontesi. — Modena, tip., Zanichelli. e 
soci., 1876. 

B. (N.). — Le carte degli Archivi piemontesi politici, amminis- 
trativi, giuridici en Torino, Bocea, 188 1. 

Catalogo del Museo Storico dell' Archivio di Stato in To- 
rino. — Torino, G. B. Paravia e. C, 1 88 1. 

Vazio (Napoleone). — Relazione sugli Archivi di Stato italiani 
(1874-1882).— Roma, 1883. 

Langlois (C. V.) y Stein (H.). — Les archives de l'histoire de 
P'rance. — Paris, 1 893. 

Pesce (Angelo). — -Notizie sugli Archivi di Stato, communicate 
alia settima riunione bibliográfica italiana. — Roma, Mantella- 
te, 1906. 

II 

MILÁN 

Milán ofrece al investigador español fuentes riquísimas que se 
reparten en diferentes archivos. 

El primero digno de nota es"; por su carácter oficial, el llamado 



290 boletín de la. real academia de la historia 

Archivo de Estado de Milán (Archivio di Stato do Milano), esta- 
blecido con la Biblioteca del Real Archix'o de Estado en el Pala- 
cio Suizo, llamado así porque con ese nombre fundó San Carlos 
en él un centro para los clérigos estudiantes de teología de dicha 
nación. 

Los fondos que la completan principalmente son: los de la 
Cancillería Ducal, el del Capitanato de Justicia, el de los Jueces, 
del Senado y del Tribunal Supremo, el del Municipio y todos 
los de las Corporaciones religiosas suprimidas; poseyendo lOO.OOO 
pergaminos de los siglos vii al xvni, y los archivos de los Minis- 
terios de los gobiernos que le sucedieron de 1796 á 1859. 

Todos ellos se dividen en cuatro secciones, tituladas: l.^, Ad- 
ministrativa; 2.^, Financiera; 3.^^, Jurídica; 4.^, Colecciones espe- 
ciales. Ni la I.** ni la 2.^, tienen nada que nos afecte de un modo 
notable; en cambio, la 3.^, en las primeras subdivisiones, nos pre- 
senta bajo el título de I.°, Senado de Milán (1500-1786), docu- 
mentos que hay que tener en cuenta al escribir sobre las relacio- 
nes y dominación de España en Italia. 

La 4.^ sección, por abarcar los principales documentos de la 
Historia del Ducado y de los períodos en que estuvo sujeto á la 
dominación extranjera, es por entero interesante; pero más que 
nada sus 10 clasificacioees generales que tratan de: 

L — Documentos diplomáticos de los señores de Milán, de los 
A'izconti, de los capitanes y defensores de la República Ambro- 
siana, de los Sforza, de los soberanos extranjeros que sucedieron 
al último en el gobierno de Lombardía (12Ó5-1750). 

IL — Correspondencia diplomática con las Potencias extranje- 
ras (siglos xv-xix). 

III. — Correspondencia relativa á las Potencias Soberanas por 
nacimiento, matrimonios y ñestas (xiv-xix). 

IV. —Registro ducal, que contiene patentes, privilegios, inves- 
tiduras, concesiones, milicia, treguas, pactos y tratados. 
V. — Registro de copias de cartas ducales, etc. 

VI. — Registro del Archivo de los Gobernadores del Estado, 
etcétera. 

VIL — Despachos soberanos (xvi-xix). 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 29 1 

VIII. — Familias. 
IX. — Municipio, y 
X.— Colección de ordenanzas (1392-1880). 

Délas 15 series, separadas de las lO anteriores, importan la 
4.^ y 5-^) ó sean. Bulas y Breves papales (vii-xix), y Diplomas im- 
periales, regios y ducales (xii-xvi). La Biblioteca de este Archivo 
se compone de S-^SI volúmenes, y en él se ha establecido la 
Escuela de Paleografía, cuyas lecciones se dan los martes, miér- 
coles, viernes y sábados no festivos. La mayoría de las obras que 
la componen son históricas, ofreciendo así un auxilio que favore- 
ce y suaviza la áspera tarea de la investigación, á la cual se pue- 
de dedicar el estudioso, en este establecimiento, de las diez y 
media de la mañana á las tres y media de la tarde. En esta biblio- 
teca no se suelen dejar los libros en préstamo, como en las nacio- 
nales de Italia, pero con autorización especialísima del Director 
y dejando recibo se pueden conseguir, siendo requisito inapla- 
zable, el de devolución á los dos meses. 

La Biblioteca Ambrosiana. 

Fundada por el Cardenal Federico Borromeo, se inició la cons- 
trucción de su primer edificio en 1603, bajo la dirección y pro- 
yecto del arquitecto Fabio Mangoni, ayudado de sus colegas 
Aurelio Trezzi y Francisco Fontana, pero m5s adelante, debido 
á las grandes donaciones de manuscritos, de libros, de objetos 
de arte, de cuadros, se hizo necesario engrandecer el local y en- 
tonces se fueron adquiriendo las fincas é inmuebles medianeros, 
entre otros, el antiguo oratorio y la Sala del Consejo de las Con- 
gregaciones de la Santa Corona, en la que se conserva la Sala de 
la Coronación, llamada así por el gran fresco de Leonardo Luini, 
que ocupa la pared del Sur; el oratorio de San Angelo, construido 
en 171 5, donde se ha montado la Sala Borromeo, que toma nom- 
bre por el monumento que hay en ella á Giberto Borromeo Áre- 
se; la antigua iglesia de la Rosa, construida en 1456, á la que en 
1839 se le unificó la parte levantada para Pinacoteca, con cuyos 
aditamentos se ha completado el edificio de esta gran Biblioteca. 



292 boletín de la rkal academia de la historia 

En el salón principal se encuentran ahora, convenientemente 
expuestos en vitrinas, los códices míís antiguos y preciosos que 
años antes estaban en el de manuscritos, algunos autógrafos rarí- 
simos, la colección japonesa y china, recientemente donadas por 
los Sres. Giussani y Robachi, cartas geográficas, un mapa-mundi 
hecho en el siglo xiii y otros instrumentos de cosmografía y geo- 
erafía antigua. 

De esta celebérrima biblioteca existe una amplia bibliografía, 
de la que se anotará al fin de esta sucinta relación lo más selecto 
de que tengo noticia, pero carece aún de una Historia que la re- 
fleje total y definitivamente. 

Coincide su fundación con el período del gran movimiento que 
se había iniciado en Italia á principios del xv y que fué desarro- 
llándose durante los dos siguientes y aun en una gran parte del 
siglo xviii, movimiento que á grandes y pequeños les llevó á 
construir palacios dignos de sus bibliotecas y de sus selectísimas 
colecciones. 

Y el Cardenal Federico Borromeo, respondiendo á su voca- 
ción y á sus aspiraciones de crear en Milán una Biblioteca que 
nada tuviera que envidiar á las de Roma, Florencia, Venecia y 
otras, cuando ya tenía formado un fondo, dispuso que, por su 
cuenta, ocho ilustres eruditos viajaran por toda Italia para adqui- 
rir códices y obras notables, extendiendo estas buscas á Oriente, 
á Francia, España, Alemania y Flandes. 

De todas estas gestiones la más principal fué la que logró en 
Roma, en 1 608, adquirir para el Cardenal la biblioteca Pinelli, 
por 3.050 ducados, renombrada junta que muchos codiciaban por 
ser grande su riqueza, pues entre las muchas que se podían enu- 
merar, se cuenta el Homero ilustrado del siglo iii-iv. 

El gran Cardenal, no satisfecho con las juntas hechas, se puso 
en correspondencia con los más doctos varones de su tiempo 
jiara alcanzar su cooperación en la difícil empresa que había aco- 
metido, y de resultas de aquélla supo que en Turín, Vercelli, 
Boloña, Ñapóles y Mantua, existían grandes tesoros en venta, los ' 
c uales compró, logrando así que sumasen con los anteriores 1 5 .OOO 
manuscritos tan excelentes, tan notables, que son los que, en len- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 



293 



gua latina, italiana, griega y otras orientales dan á la Biblioteca 
Ambrosiana el nervio de su valor, la base de su fama, que com- 
pletó el Cardenal con 30.OOO volúmenes de obras impresas. 

En los límites de estas breves noticias está demás decir que 
no encajan mayores detalles, y por eso omitimos todos los refe- 
rentes á cómo el Cardenal, velando por la conservación del nuevo 
Centro, dispuso la creación de un Cuerpo de Archiveros y otras 
medidas respecto á lo mismo, para pasar á detenernos un poco 
en señalar lo que puede servir de pequeñísima guía á quienes se 
interesen por nuestros estudios históricos. 

La Biblioteca Ambrosiana ofrece un carácter general v retros- 
pectivo, constituyendo su principal riqueza los manuscritos lati- 
nos y griegos, entre cuya colección están las obras de la mayo- 
ría de los clásicos y de los Padres de la Iglesia, y con los ante- 
riores la dan relieve los muchos orientales y los no escasos para 
la investigación histórica. Entre las obras impresas encontrará el 
lector una selecta galería formada por los incunables, por los más 
raros libros clásicos y de Patrología, por las más notables an- 
tigüedades sobre historia de la Iglesia por su caudal paleográfico, 
con todo lo cual ofrece al estudioso elementos auxiliares de gran 
monta, y por la antigüedad de sus manuscritos una mina para los 
filólogos, así como por la abundancia de obras orientales, uno de 
los mejores establecimientos de trabajo para quienes cultiven las 
lenguas y la literatura. 

Los códices manuscritos, que suman 20.000, están en la sala 
que la dan nombre y separados de los de la Junta Pinelli, y de la 
celebridad de algunos de los que forman parte de las secciones 
correspondientes á obras clásicas latinas, á los trabajos de los 
Santos Padres, á los litúrgicos, de los arábigos, persas, turcos, de 
los griegos dan singular noticia A. Ratti, el Benedictino B. De 
Montfancon, en su catálogo de 1/39, Y recientemente Monseñor 
Amelli. Detengámonos en citar algo sobre los peculiarmente his- 
tóricos. 

Son numerosos, mas de ellos no se ha hecho ningún catáloo-o 
que halla sido publicado. Del siglo xvi y xv, y especialmente 
del XVI, sobre la historia de Milán, se encuentran en gran cantidad- 

TOMO LXVIII. 19 



294 boletín de la reai. academia de la historia 

De los últimos se halla relacicjn en el Códice Braid. A. G. X. 26, 
y sobre los primeros y el resto, en Rerum Italicarum Scríptores, 
etcétera. 

Siguen en calidad los manuscritos de carácter matemático, los 
dantescos, los de Petrarca y los galianos. 

Pasando á las obras impresas, los incunables ocupan por todos 
los conceptos el primer lugar, siendo su número el de I.500; en- 
tre ellos están: los 367 estampados en Milán, cedidos á la Biblio- 
teca por el Conde Julio Porro Lambertenghi, en 1687; el Virgilio, 
dado á luz en Venecia en 1470; el Boccaccio, editado en la misma 
ciudad en 14/ I, del que existen, que se sepa, sólo otros dos ejem- 
plares, uno en París y otro en Londres; un Misal Avibrosiano, 
de Milán, de 1475, y los Statitti di Milano, de 1 48 O. 

Después son dignas de tenerse en cuenta, sobre todo para es- 
tudios especiales, las Colecciones de dicho carácter, como la Co- 
rrespondencia tridentina, que ha sido utilizada por el Instituto de 
Historia Prusiano, las publicaciones que atañan á la Historia de 
la Iglesia y las que se refieren á paleografía, entre tantas otras no 
menos principales y excepcionales. Completan este gran instru- 
mento y fuente de trabajo, los libros de consulta que son de lo 
mejor y más acabado que se conoce, y con los Catálogos é índices. 

Para los manuscritos existe un antiguo inventario en cuatro 
volúmenes: Mamidiictio ad repcriendos manuscriptos códices Am ■ 
brosianos ordine alphabetico, cuyo expurgo, para realizar la con- 
fección de un catálogo que directa y propiamente interese á Es- 
paña, es labor que estaba dentro de los deseos del que estas no- 
tas escribe, pero lejos de poder ser desarrollada en el tiempo que 
disponía entonces, año de I914, vísperas de la guerra. 

La interesante bibliografía que á continuación se inserta, ser- 
virá para darse cuenta de lo que hay que tener presente para 
utilizar con aprovechamiento el tesoro Ambrosiano. 

Braidense. 

No menos importante es que la Ambrosiana, la Real Bibliote- 
ca Nacional de Milán, conocida por la «Braidense», montada en 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS , 295 

la antigua casa- palacio de la Compañía de Jesús, que la poseyó 
desde el siglo xvi á 1773. ^^ q^i^ ^^^ suprimida por Clemen- 
te XIV, por su Breve Dominus ac Redemptor, de 21 de Julio. 

Yin dicha fecha se sumaron al fondo propio de los Jesuítas 
otros que existían ya en la ciudad, como el adquirido por el Es- 
tado Lombardo en 1 763 en 240.OOO liras milanesas al Conde 
Carlos Pertusati, que alcanzaba la cifra de 24.OOO volúmenes, la 
librería jesuítica de la casa profesa de San Fidel, y la de su No- 
viciado de San Jerónimo, dando así iniciación al proyecto de 
constituir una gran Biblioteca Lombarda. 

Sumáronse después, los libros del coronel Baschiera, y del ci- 
rujano imperial Brambilla, los 14.000 volúmenes de la científica 
de Alberto Haller, una parte de la del Conde de Firmian, y en 
1874, después de la supresión de las Ordenes religiosas decreta- 
da por José II, parte de las de todos los conventos de las mis- 
mas, y en 1795) la ^^^^ Cardenal Durini. La Braidense se reservó, 
además, la mejor y mayor parte de la célebre de la Cartuja de 
Pavía. 

Más adelante, en 1827, recibió la del asceta Ernesto Viscon- 
ti, y en 1 864, la del regio Gabinete de Numismática; en 1 886, 
una colección de las edicicnes Bodonianas; en 1 888, la junta he- 
braica por donación de los hermanos Lattes; en l88g, una parte 
de la venta Morbio; en 1 89 1, la colección dramática de Cornia- 
ni, y en 1 895, la del filólogo De-Capitani d'Arzago. 

En 32 salas está repartida esta Biblioteca, de la cual hay un 
catálogo fundamental alfabético que comprende lOO volúmenes 
manuscritos de á folio. Por esta razón es difícil poder en corto 
plazo señalar lo más relacionado con la Historia de España, y 
decir algo que asegure la busca sin pérdida de tiempo. Sin em- 
bargo, en la sala 2, dedicada á la Emperatriz María Teresa, está 
la colección Pertusati, y junto á los libros geográficos, de gran 
valor, la colección notabilísima de otras historias sobre varias 
naciones, hechas por los eruditos del 500, 600 y 700; en la 17, 
se encuentran todas las producciones debidas á los autores del 19, 
y especialmente las históricas escritas por franceses; en la 23, se 
hallan todas las colecciones de Revistas, entre ellas las Históri- 



296 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cas, y en la 24 los libros del filólogo De-Capinati, y en la 25, !a 
del Cardenal Durini, renombrada por el tesoro de libros del re- 
nacimiento que existen en ella acerca de todas las materias. 

En esta Biblioteca, su tan competente como an^able Director, 
F. Carta, nos dio á conocer un retrato del famoso Capitán An- 
tonio de Leyva, que por la traza había sido pintado entre los 
años 1525 á 1536, que murió. 

La bibliografía más escogida sobre esta Biblioteca es la que 
se traslada. 

Trivulziana. 

Tiene para los españoles el grupo de las Bibliotecas particula- 
res de Milán, mucho digno de nota, y bastante que merezca ser 
conocido, y de todas, la que se destaca en primer término, es la 
Biblieteca Trivulziana, instalada en el Palacio Trivulzio, y pro- 
piedad de la antigua y noble familia del mismo apellido. 

Desde 1480 á 1789, esta colección se convirtió en una de las 
más ricas de patrimonio particular; pero al morir D. Carlos Tri- 
vulzio en el seno de la vida religiosa, se dividió en dos partes: 
fué una á parar al Marqués Juan Jacobo y otra á D. Jerónimo.^ 
tornando alguna del segundo á la casa Trivulzio y el resto á la 
Marquesa Trotte. 

El primero de los últimos herederos, que vi\'ió de 1774-1831, 
dio nuevo esplendor á la antigua Junta, porque reunía un ex- 
traordinario celo y superior cultura en filología y dantística, un 
entusiasmo grande por las letras y sus cultivadores, y por ello 
sumó á la suya otras bibliotecas, entre ellas, la de Baldelli, bió- 
grafo y comentarista de Petrarca, la parte del fondo de la rama 
principesca de Trivulzio-Gallio, la colección dantesca del pintor 
Bossi, y rarísimos manusci-itos, oraciones y opúsculos del cua- 
trocientos y quinientos, muchos incunables, y I4 volúmenes de 
representaciones, con las Comedias de Rozzi. 

Heredó la casa y las aficiones su hijo Jorge, y éste aumentó el 
tesoro con una rica colección numismática, con otra de incuna-. 
bles, con Bellas artes y con el notable fondo que recibió de la 
extinguida fam.ilia de Rinuccini, su esposa la Marquesa Mariana.. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 297 

Por igual razón, entró á formar parte del Archivo-Biblioteca 
Trivulziana, el que heredó la mujer de su hijo, la última en línea 
recta del Príncipe Belgioioso, viniendo por esta suerte, á ser una 
de las más visitadas por los investigadores, para quienes el Prín- 
cipe actual Luis Alberto, tiene la misma cortés y amable aco- 
gida que les dispensó hasta I902, su padre Juan Jacobo, que 
murió gloriosamente. 

Esbozada la génesis de esta preciosa junta de libros y manus- 
critos escogidos, quedan al mismo tiempo indicados los diversos 
fondos que la constituyen. 

Por la casa Rinuccini vinieron á ella muchos códices manus- 
critos, numerosos autógrafos de familia de interés histórico y edi- 
ciones buscadísimas del siglo xv. 

Por el fondo Belgioioso se han sumado, primero, 634 códices 
manuscritos, y en segundo lote, 25.OOO volúmenes y 300 carpe- 
tas de documentos, gran parte de ellos interesantes para la histo- 
ria de España y su paso por el Milaneso, y más aún, porque por 
herencia que recibió la dicha casa en el xviii, se encuentran en- 
tre ellos todos los de los Visconti, y la librería ducal de la rama 
Visconti-Sforzesca. 

Cuando tuvimos el honor de ver esta gran biblioteca, que 
después de la Ambrosiana, es la más principal á nuestro jui- 
cio, de todas las otras que existen en Milán, nos maravillamos 
que haya quien pretenda dar por sabida la última palabra en 
materia de Historia española sin haber visitado los Archivos de 
Italia. 

A poco de regresar de Genova en Agosto del pasado año, leí- 
mos, y firmado por un competente, un artículo llamando la aten- 
ción al Gobierno para que se escribiera una Historia General de 
España, fundamentando su petición en que ya era conocido cuan- 
to era preciso saber. No era lo peor la petición, sino el qne es- 
tuviera firmada por quien, por razón de oficio, no ignora que 
desgraciadamente está muy lejos el día en que tal empresa se 
pueda llevar á cabo. 

Pero dejando el comentario para volver á la relación, sigamos 
recorriendo la Trivulziana. 



29^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

El carácter especial de ella está definido con decir que lo tiene 
literario, histórico, filológico y artístico. 

Sus manuscritos alcanzan al siglo viii, y los hay del x al x\-, 
de verdadera notoriedad, ofreciendo muchos con sus miniaturas 
un caudal artístico digno de estudio, contándose con otros no 
menos notables el misal del Duque Carlos de Berry, en el que 
algunas de sus miniaturas son de Juan Fouquet, y el libro de 
oraciones de Isabel de Aragón. 

Entre los autógrafos están: el Libro de anotaciones y Memoria 
de Leonardo de Vinci, la rica en detalles y hasta en imparciali- 
dad Cronaca di Milano, de M. Burigozzo (l); la Historia de rebns 
in Lombardia gestis (1492- 1520), de Francisco Muralto. 

En lengua española existen manuscritos referentes á la políti- 
ca y relaciones de España con Milán, y algunas obras de litera- 
tura, como en el códice núm. 1356, la de Pedro Gaytan: «Isto- 
ria de Oran y de Vigeregies» ; «El planto que hizo vS. Pedro^ 
etc.» (autógrafo); en el 1 1 12 la de Franc. de Guzman, «Trium- 
phos morales»; en el 940 una «Miscelánea española»; en el 63 
y 994 «Poesías españolas»; en el 1 107, por luán Sedeño, «Las 
lágrimas de S. Pedro», de Luis Tansilo (traducción en caste- 
llano), y en el 360, los «Salmos penitenciales» de P\-anco Lo- 
renzana. 

Entre los códices franceses de carácter literario, citaremos 
uno miniado del 400 referente á Noms, armes et blasons des Che- 
valiers de la Table Ronde, que tiene el núm. 1395, y sobre lite- 
ratura italiana baste decir para dar idea que existen 25 códices- 
de la «Divina Comedia», siendo uno de 1 337, y cinco del mismo 
siglo, pero de años posteriores. 

Los que tocan á la historia eclesiástica son muchos, y entre los 
que versan sobre historia civil se cuentan: la «Chronica de rebus 
Mediolani ab anno 1489 ad annum 1 5 19*) de Prato, núm. 1. 342; 
la «Crónica de Milano dall'origine sino al 1559*) <^e G. M. Sironi, 
número I.323; el «Chronicon ab anno 12 18 ad 15 53*) códice 



(1) Se imprimió en Milán en el siglo pasado, formando un volumen 
en 8." 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 299 

1.379, y los «Annales lanuenses» de Bonfadio de 1528 á 1 5 30, 
códice 1.497. 

Hay un tesoro de Monografías sobre Milán y otros Estados 
italianos y extranjeros, de biografías, de Memorias autobiográfi- 
cas, de colecciones de cartas de los personajes más notables de 
España en Italia durante el xvi y xvii, oraciones fúnebres, libros 
de heráldica y de genealogías y también manuscritos de geogra- 
fía histórica, numismática y arqueología. 

Con los incunables están todas las ediciones príncipe de los 
clásicos latinos, griegos é italianos, y una colección completa de 
las ediciones del xv de la «Divina Comedia». 

La cartografía es extraordinaria, especialmente la de ciudades 
y fortalezas de Italia del xvi al xvii, y las náuticas del mismo 
tiempo. 

No cabe en estas breves notas ampliarlas muchas que pueden 
ponerse sobre esta Biblioteca, pero siguiendo el plan trazado, 
para quienes deseen conocerla en detalle, además de anunciarles 
que existe un índice completo, les presentamos la bibliografía 
que se cita: 

Bibliografía. 

ARCHIVO DE ESTADO 

Osio (L.). — -Documenti diplomatici tratti daglie archivi mila- 
nesi. — Milano, Bernardoni, 1 864. Prefacione. 

MuoNi (Damiano). — Archivi di Stato in Milano. — Milano, Mal- 
musi, 1874. 

Gli IsrrruTi scientifjci, letterari artistici di Milano. — A cura 
delta Societá storica Lombarda. — -Milano, Piróla, 1884. 

Vazio (N.). — Relazione sugli Archivi di Stato italiani (1874- 
1882). 

Pesce (A.). — Notizie sugli Archivi di Stato. 

FuMi (L.). — L'Archivio di Stato in Milano al 31 Dicembre 
1908. Notizie e Proposte. — In Archivio storico lombardo, serien', 
fase. 21, p. 198, en seg. 



300 boletín de la real academia de la historia 

AMBROSIANA 

Cenzatti (Gemma). — Come sorse la Bil)lioteca Anibrosiana, 
en el Secólo, del 7 Nov. 1904. 

Chiron (L.). — Bibliografía lombarda. — -Milano, 1 884. 

l\KVKLLi(P.). — ManoscriLti d'interese geográfico della IJibliote- 
ca Ambrosiana, 1910. — Le Biblioteche Milanesi. — Milano, 19 14. 

BRAIDENSE 

Emidio (Martinir).— Per la Biblioteca di Brera in : Rendiconti 
del Instituto lombardo, serie 2.^ Anno 1 898. 

FuMAGALLi (Ci.), — La Biblioteca braidense, in : Le principal 
biblioteche italiane, in : Almanacco italiano, I909. 

TRIVULZIANA 

Description du Musée de Tivulzio á Milán (en los Anuales 
encydopédiqíies del Millin). 18 17. T.° iv, pág. 254-273. 

Neigebaur. — Ueker einige Privat-Bibliotetheken in Mailand, 
en Serapeum año xviii (1857), n. 14, págs. 219-204. 

Porro (G.). - — Catalogo dei Codici muss. della Trivulziana. — 
Torino, 1 884. 

Perret. — Notes sur les actes de Frangois l*^"" conserves dans 
les Archives de Turin, Milán, Genes, Florence, Modéne et Man- 
tuoe.— París, 1888. 

Verga-Nebbia-Marzoratti. — Milano nella storia, nella vita con- 
temporánea é nei suoi monumenti. — Milano, 1906, págs. 7S'7^- 



III 

GENOVA 

El Archivo de Estado de Genova era de escasa importancia; 
cuando sólo comprendía el Archivo de la República de Genova, 
pero desde que este último fué trasladado del Palacio Ducal al 
Criminal, donde actualmente está establecido, formando parte 
del que lleva por título el primero, ha ido transformándose en 



I 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 3OI 

uno de gran interés, especialmente cuando le han sido agrega- 
dos el Notarial y el del Banco de San Jorge. 

Está distribuido en tres grandes secciones: 

I.* Archivo gubernativo, propiamente dicho. 

2.^ Archivo notarial y jurídico. 

3.^ Archivo del Banco mencionado. 

La parte más antigua del Archivo Comunal y otra notable del 
de Notarios no se conservan, porque la una se perdió á conse- 
cuencia de las luchas políticas y por la acción destructora de los 
incendios, y la otra en el bombardeo de que hicieron víctima á la 
ciudad los franceses en 1Ó84; aun la más rica, que formaba el 
Archivo secreto, estuvo también á pique de perderse, si por el 
tratado de V^iena de 1815, no se hubiera impuesto la devolu- 
ción de ella á Francia, en donde estaba desde que Napoleón se la 
llevó. 

La l.'^ Sección, es de verdadero interés para España; en ella 
están todos los papeles de la Señoría y los del tiempo de las re- 
formas introducidas por i\ndrea Doria en I 528, el Archivo se- 
creto á que nos hemos referido antes, el cual abarca entre pre- 
ciosos documentos de gran valor local, la correspondencia diplo- 
mática hasta 1S05. 

Las clasificaciones: Materia política y abadías (338-1797); Co- 
rrespondencia diplomática (1506-1805); las cartas de príncipes, 
papas y cardenales al Gobierno de Genova (1473-1797); la Marit- 
tinarum (1472-179O); el Officium monetae (I3"84-1 528), y Mate- 
rias políticas y abadías, en la que existen documentos del siglo x; 
son de tal valía que sin ellas, por mucho que se investigue, siem- 
pre será deficiente si no se las consulta. 

La 2.^ Sección, ó sea el Archivo Notarial, es para nosotros de 
escasa utilidad, á pesar de ser el más antiguo de Italia, pues co- 
mienza en I154 á 1830. 

Para estudios sobre Hacienda es conveniente conocer la 3.^ sec- 
ción, llamada del Banco de San Jorge (l). 



^i) Le dio organización el Mariscal Buccicaldo, por sus disposiciones 
del 23 de Abril de 1407. 



302 boletín de la real academia de la historia 

Bibliografía. 

Canalk (Micliele Giuseppe). — DegH archivi di Venezia, V^ien- 
na, Firenze e Genova, en el Arcliivio Storico Italiano. — Firenze, 

1856. S. n-iv, 49-73. 

— Del riordinamento degli Archivi di Genova con una indica- 
zione ragionata de tutti i documenti gia trasportati da Genova á 
Parigi. — Genova, Coi tipi del R. F. de Sordo in Genova, muti, 

1857, 16°, 28, pág. 

CipOLLiNA (Marcelo). — Brevi ccnni sugli Archivi di Stato in 
Genova. 1887, 4.°, 18 pág. 

Mazzatintj (Giuseppe). — Archivi di Genova. Inventar! dei de- 
gli Archivi d'Italia. — Forli, 1891. 



MANTUA 

Por la Convención del 30 de Mayo de l88g, está fundido al 
Archivo de Estado de Mantua el antiguo y famoso Archivo Gon- 
zaga, y forma en él su parte más esencial. 

Está dividido en tres grandes secciones, y á su vez, la primera, 
según la ordenación del último, hecha en 1775, en otras tres, 
que comprende los documentos referentes á la época pregonza- 
guesca, ó sea, desde su origen al año 1328, época gonzaguesca, 
del año citado al de 1707 y período de transición, de 1707 á 
1786; la segunda abarca los tiempos de la dominación austríaca 
á 1866, y la tercera los posteriores á la unión de Mantua con el 
Reino de Italia. 

La I."" Sección del Archivo Gonzaga está repartida en 23 series 
alfabéticas, y de ellas las más importantes para nosotros son 
la E, que se refiere á la correspondencia extranjera, y que hace 
por sí sola I.600 legajos de los 5.24Ó que hacen todo el Archivo, 
los cuales forman 60 procedencias, signadas con números roma- 
nos del I al LX, subdivididas, generalmente, cada una en cuatro 
partes, diferenciadas con números árabes que contienen: l.°, ins- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 305 

tnicciones; 2.°, cartas originales de soberanos, papas, etc.; 3.°,. 
despachos de los embajadores; 4.°, misceláneas. Entre estas series 
las más notables solas de Roma, 233 legajos; Milán, 187; Vene- 
cia, 172; Ferrara, 1 00; Francia, 86; Corte cesárea, 83; Floren- 
cia, 53; España, 44; Bolonia, 40; Genova, 38; Ñapóles, 30; 

La segunda parte, ó Archivo de Estado propiamente dicho, se 
reparte en cuatro secciones: l.^. Política administrativa; 2.^, F[a- 
cienda; 3.^, Judicial; 4.''*, Archivos autónomos. 

Sobre los dos grandes grupos se han escrito, entre otras obras, 
las de: 

Bibliografía. 

a) archivo gonzaga 

Baschet (A.). — Ricerche di documenti d'arte e di storia negli 
archivi Mantova. — Mantova, Segna, 1 866. 

Rapporto della Commisione per la consegna dell'Archivio 
STORico Gonzaga, al Municipio di ^Mantova. — Mantova, Benve- 
nuti, 1867. 

Davari (S.). — Sugli studi í'atti nell'Archivio storico Gonzaga. 
Relazioni del cancelliere dell'archivio. — Mantova, Segna 1873-75. 

Intra (G. B.). — Dell'Archivio storico Montovano, en el Archi- 
vio storico lombardo^ 1 882. 

ToRRELLi (P.). — L'x'\rchivio del Monferrato, negli atti della 
R. Academia delle Szienze di Torino. 6 Diciembre, 1908. 

b) archivo de ESTADO 

Travaini. — -Relazione storica sul Regio Archivio di Stato in 
Mantova per l'esposizione universale di Vienna. — Mantova, Ap- 
pollonio, 1872. 

Bonollo (G.). — L'Archivio governativo di Mantova — en la 
Gazzetta di Mantova, 29-30 Octubre 1873, y después en el Ar- 
chivio storico lombardo, 1874-75. 

Bertolotti (A.). — L'Archivio di Stato in Mantova. — Cenni 
stori ci e descrittivi. — Mantova, Mondovi, 1 892. 



304 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



MODENA 

El origen fundamental del Archivo de Módena es el fondo que 
fué de la Casa de Este, trasladado de Ferrara en I 598, donde la 
mencionada familia era señora desde 1 264. 

Está dividido en cuatro períodos que corresponden al Gobierno 
estense en Ferrara y en Módena, desde el siglo viii al xvni; al Go- 
bierno republicano y primer reino de Italia de 1796 á 1814; al 
Gobierno austro-estense del 14 del xix al 59 del mismo; al Go- 
bierno de las provincias de Emilia, de 1859 á 1890, y al Gobier- 
no nacional. Siguen á esta clasiñcación las de Archivo judicial y 
Archivos especiales. 

De todos ellos nos afecta una buena parte de la del primer 
período, concerniente á las relaciones con el exterior; la corres- 
pondencia con los príncipes y Estados, que enciérranse en 625 
legajos, y son de los siglos xiv al año l^QÓ del xviii; los despa- 
chos de los embajadores estenses cerca de príncipes y Estados 
extranjeros, que seguardan 2.193 legajos, y son del año 1 365 al 
1793, y las noticias y avisos del extranjero, que repartidos en 
131 legajos y 12 volúmenes, abarcan todo el tiempo transcurrido 
del siglo XIV al xviii. 

En el mismo primer período puede interesar la serie titulada 
Casa e Stato^ por comprender los documentos genealógicos de la 
Casa de Este (siglo viu-xvii); la correspondencia entre los prín- 
cipes estenses (siglo xv-xviii); y los papeles referentes á matri- 
monios, testamentos, funerales, etc. (1240- 1794). 

Han tratado de este Archivo: 

Bibliogi'afia. 

Campi (Giuseppe). — Cenni storici intorno all'Archivio secreto 
estense, ora diplomático, en Atti e Memorie delle RR. Depiitazio- 
ne di Storia patria per le pi'oviucie niodencsi e parmensi. Vol, 11. 
Modena, Vicenzi, 1 864. 

Malaguzzi (L). — La battaglia di San Quintino e le relazioni fra 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 305 

la Reale casa di Sa\'OÍa e il Piemonte e Casa d'Estc, secondo i 
documenti del R. Archi\-¡o di Stato in Modena. — Modena, Socie- 
tá tip.", 1890. 

— L'Archivio di Stato in Modena dutante il triennio 1 888-89- 
90 (estracto de Atti e Memorie dclla R. R. di S., etc., SIV). Vo 
lumen i. — Modena. S." Tip.% 1 89 1. 

— L'Archivio di Stato in Modena nell'annata 1 891, en (Aíti, et- 
cétera, S. IV). Vol. II. — Modena, 1893, 

Ognibene (Giovanni).- — Le relacioni della Casa d'Este coll'es- 
tero. También en (Al¿¿, etc., S. IV). Vol. iii. — Modena, Vin- 
centi, 1903. 

VI 

PARMA 

Es este Archivo de Estado de Parma, uno de los más intere- 
santes y curiosos para detener la atención del investigador espa- 
ñol. La accidentada historia de este Ducado está reflejada en la 
división por períodos en que están divididos todos sus fondos. 

Aparece, en primer término, el Gobierno farnesiano (l545 <^ 
1713); en segundo, el de D. Cario di Sp agua y Gobierno aus- 
tríaco (173 1 á 1749); en tercero, el Primer Gobierno Borbónico 
(1749-1802); en el cuarto, el Gobierno francés (1802-1814); en 
quinto, el Gobierno provisional (1814-1847); en sexto, el segun- 
do borbónico, etc. (1847-1849); en séptimo, la continuación del 
anterior ( 1 849- 1 8 59); en octavo, el del Reino de Italia, desdo 
1860, y en noveno, las colecciones de todo lo que no es perte- 
neciente á despacho gubernativo. 

Del primer periodo se relacionan con nuestra Historia los 22 
manuscritos sobre política y noticias históricas, y la correspon- 
dencia exterior farnesiana y borbónica, que comprende 459 cajas,. 
y es de 1339 á 1802, y la del gobierno interior de 750, que abar- 
can del año 1515 al 1 73 1. 

El segundo, ó sea el de D. Carlos de España y Gobierno aus- 
tríaco, tienen interés las subdivisiones tituladas Fossessí dclV in- 
fante don Cario, de 1722 á L?3^) ^" 26 manuscritos; la época 



306 BOLETÍN DE LA UEAL ACADEMIA DE LA HISTOKIA 

de Cario VI e Maria Tci-esa, 1736 al 48, en 106 ms.; el tiempo 
de la Regina Elisabetta di Spagna^ 1/45 ^ 174^) en 14 manus- 
critos, y la correspondencia de Dorotea Sofía de Neobiirgo^ tiitrice 
deír infante don Cario, I73l á 1733, en 14 manuscritos. 

Del primer Gobierno austríaco, se deben estudiar los despa- 
chos de política interior y exterior, que corresponden á los años 
173I al 1802, y está encerrada en 31 1 y 145 cajas, respectiva- 
mente, más los papeles tocantes á enviados' al extranjero (manus- 
crito 197), y los de la Secretaría de Estado y negocios exteriores 
(1786-1802, manuscrito 71). 

Solamente para detallar las relaciones familiares de las Casas 
españolas con las de Parma, conviene ver de la 9.^ sección, la 
correspondiente á «.Archivi di famigUe diverse ordinati alfabéti- 
camente, que contienen documentos de los siglos ix al xviir, entre 
los cuales hay muchos de la de Sforza, de la de Gonzaga (de 1 496 
al 1780, manuscrito 1 36), y de la de Pallavicino (del xiv al xvui, 
manuscrito ']2). 

Dan noticias abundantes sobre estos fondos: 

Bibliografía. 

RoNCHiNi (Amadlo). — Relazione ufficiale in torno all'Archivio 
governativo di Parma.- -Firenze, Cellini, 1 862. Extrac, del Ar- 
ckivio storico italiano. Serie 3.^, tomo v, pág. 182-234. 

— Regolamento per l'Archivio di Stato di Parma. — Roma 
tip. Barbera, 1873. 

VII 

BOLONIA 

Tiene España en esta ciudad el colegio, en otros tiempos fa- 
moso, de San Clemente, con soberbia biblioteca que no hemos 
podido ver, pero de la que sabemos que en vez de estar bajo la 
vigilancia, ordenación y custodia de un archivero español, fuese 
del cuerpo ó no, está en manos de un clérigo italiano, que por 
mucha que sea su competencia, jamás tendrá para el tesoro que 
guarda el celo y el amor que tendi-fa uno de nuestro país. De su 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 3O7 

catálogo ninguna noticia tenemos (l ); en cambio, se proyecta una 
costosísima historia del dicho centro, trazada sin plan y por quien 
carece de la competencia necesaria para tal empresa, en la que 
se han de satisfacer, según noticias fidedignas, todas las vanida- 

'o o ' 

des, pues se pretende publicar los retratos de cuantos fueron sus 
alumnos, singularmente los de aquéllos que hoy viven y han lle- 
gado á los más altos puestos de la política. Cuánto mejor gastado 
estaría el dinero que se piensa emplear en la obra indicada, en 
publicar el catálogo de tan rico tesoro. 

Nos indigna vernos en la precisión de hacer estas considera- 
ciones, y sobre todo el contemplar nuestras tradicionales gran- 
dezas totalmente abandonadas y en manos siempre de la imperi- 
cia, y por esto al hablar de Bolonia, nos ceñiremos á hacerlo sola- 
mente de su Archivo de Estado, y según las notas que hemos 
formado estudiando y repasando la bibliografía que del mismo 
trata. 

Se organizó en 1 874 y sus fondos son: I.", el Comunal y del 
Senado; 2.°, el jurídico; 3.°, legados, y 4.°, el de comunidades re- 
ligiosas suprimidas; repartidos en cuatro secciones, Archivio del 
Comune (745-1512), Archivio pontificio (1512-176), Archivio 
moderno, Archivio degli eiiti autonomí. 

Lo más notable á nuestros fines es la segunda serie, que está 
dividida en tres, y que comprenden: l.^, del Legado; 2.^, Sesiones 
del Senado; 3.^, Oficios subalternos, etc. 

De la subdivisión «Legado», representante de la autoridad su- 
prema, lo más importante refiérese á la «Secretaría», que abarca 
desde el 10 de Junio de 1 5 12, en que Bolonia se une á los Esta- 
dos de la Iglesia, á 1 796, cuyos documentos se encierran en 61 1 
legajos; y la Embajada Boloñesa en Roma, de 1569 á 1796. 

La 4.^ sección en sus tres partes, colegios, feudos y corpora- 
ciones suprimidas, ofrece mucho que tener en cuenta al estudiar 
la inñuencia de España en la L^niversidad y fundaciones. 

Los autores más señalados sobre los archivos de Bolonia son: 



(i) Nos referimos á catalogo impreso, pues hay un índice completo 
mandado hacer por el Rector Goazález. 



308 BOLETÍN DE LA KEAL ACAUEIMIA DE LA HISTORIA 

Bibliografía. 

BoNAiNi (F.). — caí Archivi delle provincie deH'Rmilia e le loro 
condizioni. — Firenze, Cellini, l86l. 

ScARABELLi (L.). — Rclazionc suirimportanza e sullo stato degli 
archivi bolognesi. — Bologna, 1874. 

Malagola (C). — L'Archivio di Stato in Bologna dalla sua ins- 
tituzione á tutto ¡1 1882. — Modena, 1883. 

Selli (L.). — L'esposizione dei documenti dello Studio bolog- 
nese. — Bologna, 1888. 

Malaguzzi Vaaeri (F.).- — Catalogo delle miniature e dei disegni 
appartenenti al R. Archivio di Stato in Bologna. — Bologna, 1 898. 

Oricoli (E.). — Regesti delle lettere (missive) del comune di 
Bologna dal 1276 al 1298. — Bologna, IQIO. 

VIII 
VENECIA 

Desde que desaparecieron las antiguas instituciones venecia- 
nas, andaban esparcidos y á la ventura todos los papeles de sus 
Archivos, haciéndose cada vez más urgente recogerlos y formar 
los fondos de la Señoría, y, en efecto, después de la primei-a jun- 
ta que se hizo de ellos en 1 807, en tres locales separados, orde- 
nó el Emperador Francisco I, el 13 de Diciembre de 1815, que 
se reunieran en uno sólo, para lo cual fué elegido el ex convento 
de Santa María Gloriosa, llamado de Frari, ejecutándose en 1 829 
la instalación en las 380 salas ó estancias que actualmente lo 
completan. 

Respecto á nuestro fin tiene, además de lo que más amplia- 
mente se dirá, una magnífica biblioteca histórica y una notabilí- 
sima de códices sobre historia veneciana, y su clasificación gene- 
ral está repartida en Archivos antiguos y Archivos modernos. Los 
primeros comprenden los Archivos de la República y los Archi- 
vos diversos, y entre éstos están los Archivos de Congregaciones 
religiosas y Sociedades suprimidas y Archivos diversos, propia- 
mente dichos. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 3O9 

De la Sección Archivo ele la Rcpi'ibiica^ que abarca desde los 
tiempos más remotos hasta la caída de la República veneciana, lo 
más saliente es: I.", el Consejo Mayor, que fué el verdadero so- 
berano de Venecia, presidido por el Duque y formado por seis 
miembros, sus deliberaciones y las minutas originales de sus 
acuerdos, del año 1507) al de l/Q/; 2.°, Serenísima Señoría, for- 
mada por el Duque con los seis consejeros y los tres jefes de la 
Garantía las partes de esta división tituladas Lettere Terra (1500- 
1797)) y Lettere Mar (1492-1675); 3.", el Collegio, ó Ministerio 
que diriamos hoy, las Esposizioni principia ó sea las relaciones 
verbales de las audiencias de los embajadores (1541-1797); Espo- 
sicioni Roma, de los nuncios ó prelados (del 1 567). Lettere di 
principi, cardenales y otros eclesiásticos, originales, en sus 83 le- 
gajos, del XVI al xviii, y Lettere segrete del Colegio (1308-13 10) 
y (1521-1786). De la 4.^, el Scnato, cjue por haber asumido des- 
de el XIII la mayor autoridad en materia de navegación y comer- 
cio y más adelante la jurisdicción sobre todas las materias admi- 
nistrativas, constituye la fuente más importante de la Historia 
de Venecia y de la historia general que contiene sus clasificacio- 
nes Delibcracioni (1332- 1440): la Secrete, que es la más impor- 
tante, de política interna y externa, y se reparte en cuatro regis- 
tros, de 1345-1397; en 289 de I401-1630, año en que cesó la 
Secrete, y además es importantísima la numerosa serie de los 
Dispaccí degli Ambasciatori e residenti veneti á las diversas cor- 
tes que empiezan en 1 525. 

Hasta II son las series en que se divide el Archivo de la Re- 
pública, y se deben ver la referente al Commercio, á la Milizia y 
los Archiví flinanziari. 

De los Archivos diversos que cierran la gran división de Archi- 
vos antiguos, se tendrán en cuenta los de las Corporaciones reli- 
giosas, el de artesanos y el de familias patricias venecianas. 

La segunda división ó grupo, ó sea Archivos viodernos, subdi- 
vidida en siete períodos, no ofrece tanto interés, más para cono- 
cer su clasificación bastará decir que el I.° comprende el Gobier- 
no democrático del 1 3 de Mayo de 1 797 al 17 de Enero de 1 798; 
el 2.°, el Gobierno austríaco, dividido en fondos sobre adminis- 

TOMO LXVIII. 20 



3IO boletín de la real academia de la historia 

tración, justicia, policía y hacienda, comercio y navegación y 
marina de guerra, del 1 8 de Enero de I "98 al 18 de Enero de 
1806; 3.°, Gobierno del primer Reino de Italia, que á su vez abar- 
ca todas las series apuntadas en el anterior, más la de trabajos 
públicos desde el 19 de Mayo de l8oó al 18 de Abril de 1814; 
4.°, Segundo Gobierno austríaco del 19 de Abril de 1814 al 18 
de Marzo de 1848; el 5.°, el Gobierno provisional de la Re- 
pública de V^enecia de 1 848 á 1 849; el 6°, el Tercer Gobierno 
austríaco, de 1849 al 16 de Octubre de 1866, y 7.°, Período 
unitario. 

Para el que desee ampliar estos apuntes vea la siguiente 

Bibliografía. 

Baschet (Armand). — La diplomatie vénétiénne. Les Princes 
de l'Europe au xvi siécle: Frangois I, Fhilipe II, Catherine de 
Médicis; les papes, les sultans, etc., d'aprés les rapports des am- 
bassadeurs vénétiéns. — París, H< Plon, mdccclxii. 

Pedrelli (Riccardo). — I libri commemoriali della Repubblica 
di Venezia. Regesti. \^ol. vii. — Venezia, Tip. Visentini, 1876- 
1907. 

Archivio di Stato in Venezia. — Elenco degli Statuti a penna 
e a stampa. — Venezia, Prem. Stad. Tip. di P. Naratovich, 1880. 

Terzo Congreso Geográfico Internazionale. — Catalogo delle 
mappe dei Codici e di altri manos-critti esposti nell' Archivio di 
Stato ai P'rari. — Venezia, Prem. Stab. Tip. di P. Naratovich, 
1881. 

Inventario dell'Archivio di Stato in Venezia. — Saggio. — Ve- 
nezia, Prem. Stab. Tip. di P. Naratovich, 1881. 

Archivio di Stato in Venezia (Sala Diplomática). — «Regina 
Margherita», Autografi. Bolle ed Assise dei Dogi di Venezia. — 
Venezia, Prem. Stab. Tip. P. Naratovich, 1 88 1. 

Archivio di Stato in Venezia. — Statistica degli Atti Custo- 
diti nella Sezione Notariale. — Venezia, Prem. Stab. Tip di P. Na- 
ratovich. 188Ó. Pag. V111-519 con xx-iv fase. 

Archivio di Stato in Venezia. — Bolle dei Dogi di Venezia 
sec. xii-xviii. — V^enezia, Prem, Stab. Tip, di P, Naratovich, 1888. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 3II 

Archivio di Stato in Venezia. — Dizionario del lincruaeeio ar- 

o 00 

chiristico véneto. — Venezia, Frem. Stab. Tip. di P. Naratovich, 
1888. 

CoTTiN (Agostino). — Cenni sugli Archivi. Lettura Accade- 
mica tenuta presso l'Ateneo véneto il 9 Marzo 1892. Estr. Ateneo 
véneto, 1893. — Venezia, Prem. Stab. Tip. Litog. P. M. Fontana, 

1894- 

Archivio di Stato in Venezia. — Elenco dei documenti esposti 
in occasione del cinquantesimo anniversario del 22 Marzo 1 848. 
Venezia, Prem. Stab, Tip. Fratelli Visentini, 1 898. 

IssoTO. — L^Archivio di Stato. A proposito del Congresso bi- 
bliográfico. Le collezioni della Sala Margherita. Sigilli, diplomi di 
imperatore e re, bolle di papi, firmani, trattati, codici, miniature 
legature, avitografi, pesi e misure, sigilli, etc. — en el Adriático y 
23 luglio 1901. 

Predelli (Riccardo). — Le reliquie dell'Archivio dell'Ordine 
Teutónico in Venezia. — Venezia, Off, Graf. di C. Ferrari, 1905. 
(Estr. de Atti del R. Ist. Véneto di Scienze.) 

Catalogo della Mostra geográfica nell' Archivio di Stato di 
Venezia durante il VI Congreso Geográfico Iialiano, 1907. — 
Venezia, Prem. Off. Graf. di F'errari, I907. 

I TESORi dell'Archivio di Stato di Venezia. ("onferenza tenuta 
airUniversitá popolare di Venezia dal prof. Cario Malagola. Di- 
rector del citado Archivo. — X'enezia, 1 908. 

Canal (Bernardo). — II CoUegio, l'ufficio e l'Archivio dei Dieci 
Savi alie decime in Rialto-. — Venezia, Ist. Ven. di Arti Grafiche, 
1909. (Estr. A^. Archivio Véneto). 



IX 

PISA 

Se inauguró en 1865, en el Palacio Gambacorti, y sus grandes 
divisiones corresponden á los períodos de su historia titulados: 
l.°, Pisa libre hasta 1 406; 2.", sujeta á Florencia (1406-I494); 
3.", libre por segunda vez (1494 ^ 1509); 4-°) dominada de nue- 



312 boletín de i.a rkai. academia de la historia 

vo (1509-180S); 5.", Pisa durante la dominación francesa (1S08- 
18 14); 6.", Pisa bajo la restauración del Gobierno toscano y for- 
mando parte del Reino Unido. 

Lo interesante del l.° son: Cojisilio, provisiones et ambasciaii 
pisani, y los dos libros llamados Libri consiliormn que arrancan 
de 1 3 17 en adelante; del tercero, Letterc missive y Lettere origi- 
na/i {I4g4 á 1510); del cuarto, el Carteggio (1585-1808); las Siip- 
pliche e negozi de Gal, Comisario que asumió la alta magistra - 
tura y gobierno (i 560- 1 786), y los Atti civili e appelli [i^^tA- 
1803). Las demás secciones son estimables para especializa- 
ciones. Sobre este fondo la bibliografía que se debe tener en 
cuenta se reduce á la obra de: 

Bibliografía. 

Capí (Clemente).— Ordinamento e inventario delle provvisioni 
e consigli Anciani del popólo nel R. Archivio di Stato in Pisa: 
I, Pisa, Marioti, 1901. 

X 

FLORENCIA 

El Archivo de Florencia se distingue de todos los anteriores 
por los fondos que se le sumaron durante el período que fué ca- 
pital del Reino de Italia, y por cuanto se relaciona con nuestra 
historia, es sin duda de gran estimación. 

Actualmente consta de 478.736 volúmenes, conservando cada 
uno de las partes que hacen tan considerable total, su especial 
carácter y divisiones que en sí señalan las distintas fases de la 
vida del Estado florentino ó toscano, y por ello están repartidas 
en las tres agrupaciones denominadas: Archivo diplomático. Re- 
pública, Notariale y Principato. 

Lo que nos corresponde estudiar de cada una de ellas es, de 
la l.^, las noticias que afectan al Estado florentino con relación á 
España que se encuentran vertidas en numerosos autógrafos de 
príncipes y personajes ilustres, repartidas en J57 procedencias y 
contenidas entre los 140.OOO documentos, perfectamente descri- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 3 ¡3 

tos en especiales registros y extendidos cronológicamente (l); de 
la 2.^, compuesta de 22.093 protocolos, hechos por 4.615 nota- 
rios, algunos de la colección que tocan á enlace de intereses; de 
la 3.^, su segunda división, Capitoli ó documentos del Común, 
■que relata en IIQ volúmenes lo principal de la Historia de Flo- 
rencia desde II38 á 1 798, y por ello ha sido y es, una de las 
más asiduamente consultadas é investigadas por los historiado- 
res, la llamada de la misma Carteggio della Signoria^ tanto en 
su serie minutas como en su división respuestas^ por com- 
prender desde I437 c^i que se dividió la Cancillería en dos des- 
pachos como los del interior, que hasta dicha fecha la constituían, 
y pasaron entonces á formar la segunda, los de relaciones exte- 
riores, que se reservaron para la primera así como toda la corres- 
pondencia y noticias diplomáticas de los Embajadores y Comisa- 
rios de la República y respuestas dadas á éstos desde 1 308 á 1 532. 

De esta misma división, interesan los documentos que forman 
•el Archivio Mediceo innanzi al Principato, que forman uno de los 
más preciosos tesoros de los fondos italianos, por abarcar los pa- 
peles administrativos y políticos del siglo xv al xvi, en que la 
familia JMedici rayó á mayor grandeza, afirmando su hegemonía 
en Florencia con Cosimo el Viejo, Lorenzo el Magnífico, y con- 
solidándola con la fama de Catalina Sforza, Juan de la Banda 
Negra, León X y Clemente VIL Hacen un total de I.IOO legajos. 

De esta no es menos curiosa la sección Archivi dcUe fauíiglie, 
donde entre sus 5-33S volúmenes, se hallan importantísimos 
documentos para la Historia de la Reforma y del Concilio de 
Trento. 

De la 4.^ división, la segunda en importancia, que se titula 
como se ha dicho, Principato, y cuyas grandes subdivisiones son 
a) Medid, de 1532 á 1733; b) Lorenesi ó Absbiirgo Lorena, des- 
de la última fecha á 1808; c) Impero francese, del 1808 al 1814; 
d) Restaurazione, de 1814 á 1 860, deben estudiarse algunas par- 
tes de ellas. 



(i) El más antiguo es del 20 de Septiembre del 726, y el más moderno 
■del año 1856. 



314 BOLETÍN DE LA KEAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Del período Medici^ las series Relazioni con Statí italiani 
(1.448 volúmenes), la de State esteri (782 \-olúmenes), la de 
Instritzioni ad ambasciotori straordinari e¿ Icttere missive e res- 
ponsive de sus embajadas (113), la titulada Carteggio universak e 
scritture varié dei Duchi e Grandiichi (123 1), el Carteggio e 
scrittitre varié dellc Diichesse e Granditchesse (340), el Carteggio 
della pi incipesse medicce (108), y los 127 de la Secretaría de Es- 
tado y los 1. 000 volúmenes de miscelánea medicea. 

Déla dominación de los Absburgo-Lorena (1728 á 1765)) las 
secciones Secretaría de negocios extranjeros (de 1738 á 1848, en 
2.152 volúmenes), y el Archivo secreto (de 1770 a 1858, en 2.793 
volúmenes), son las más dignas de nota. 

También lo son los Archivos que unidos á los del período que 
reseñamos, tienen por título Ardiivio dei Duchi di Urbino, uni- 
do á Toscana en 163I, por herencia de Victoria de la Rovere, 
mujer de Fernando lí de Medici, que se desarrolla en 724 lega- 
jos del siglo xv-xviii, y el Agchivio dei Principi di Piovibino^ que 
tiene 799 y comprende de 1635 á 1815. 

Para mayor ilustración consúltese la 

Bibliografía. 

Galeotti L. — L'Archivio céntrale di Stato in Firenze nelle sue 
relazioni con gli studi storici, en Arch. Stor. ital. N. .S"., tomo 11, 
P. II, págs. 61-I15. — Firenze, 1855. 

Inaugurazione del nuovo ordinamento nel R. archivio céntrale 
di Stato in Firenze, en Arch. Stor: ital. N. S., tomo i, P. 11, pági- 
nas 258-259—1855. 

FuLiN R. — Una visita all'archivio céntrale toscano di Stato in 
Firenze.» Memoria letta all' Ateneo Véneto nell'adunanza del 1 8 
luglio 1865. — Venezia, 1865. 

G. E. -S. — Despacci in cifre del R. Arch. di Stato di Firenze, 
en Arch. Stor. ital., S. III, tomo xiv, págs. 473-476. — Firenze, 
1871. 

Documenti sulle relazioni delle cittá toscane con l'Oriente 
cristiano e coi turchi fino all'anno 1 531) raccotti ed annotati», da 
Giuseppe Müller. — Firenze, 1889. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 315 

DoRiNi V. — La mostra di documenti per la storia delle scienze 
all'Archivio di Stato florentino», en «La bibliofilia». — Firenze, 
1908-9. 

Mapzi D. — La Cancelleria della República florentina, con gli 
■elementi dei suoi ufficiali e registri, etc. — -Rocca, S. Casciano, 
1910. 

XI 
ROMA 

Sobre el Archivo Vaticano ha dado á España noticias que aún 
hoy son estimadas por todos los inv^estigadores que acuden á 
Roma á estudiar sus fondos el Sr. Hinojosa, y las han completa- 
do para el servicio de cuantos lo cultiven, un gran número de 
investigadores y últimamente Monseñor Bronm con su Guía, y 
por ello nos limitaremos, ya que en general hemos hablado de 
los otros que hay en el monumental joyero que se llama la Ciu- 
dad Eterna, á hablar aquí algo más al menudo del Archivo de 
Estado de la capital de Italia, que por su magnitud y fuentes con 
que lo enriquecieron es de singular notoriedad. 

Según sus historiadores, se organizó en virtud del Real Decre- 
to del 30 de Diciembre de 1 87 1, uniéndose al del Reino por el 
del 27 de Mayo de 1 87 5, formándose los dos bajo una sola ad- 
ministración, y repartiéndose sus tesoros en cuatro edificios que 
fueron y son la antigua casa generalicia y profesa de los PP. Je- 
suítas, conocida por el Gesú; el antiguo monasterio de Campo 
Marzio, en la calle Valdina; San Miguel en Ripagrande y el 
Gonfalone. 

En el tercero está lo que constituye el Archivo del Reino, y el 
particular de la administración de la provincia romana, repar- 
tiéndose en los tres locales restantes lo que concierne al Archi- 
vo de Estado. 

Divídese éste en 1 1 secciones, á las que corresponden: «atti- 
politico amministrativi» (en Campo Marzio y Jesús); «atti finan- 
ziari»; «atti giudiziari»; «atti notarici», que con los dos anteriores 
está en Campo Marzio; «Corpürazioni religiose» (Jesús); «colle- 



3i6 boletín de i,a real academia de la historia 

zionc clclle pergamene»; «collezione delle mappe, assegni e catas- 
ti»; «collezione dei bandi e degli stampati»; «collezione diverse; 
»archivio camerale», las cuales se encuentran en Campo Alarzio, 
y, «archivi privati», que se halla en Jesús. Todas ellas se des- 
componen, a su vez, en mayor ó menor número de subdivisiones,, 
según lo exige la clasificación de sus materias. 

De la I.'* sección son dignas de estudio: la colección «galera»,, 
que abraza de 143 1 á 18 16, en 807 carpetas; las tituladas en 
general «Commissioni », la «cardenalizia provisoria di Stato»,. 
formada para la restauración de los Estados Pontificios en 1 849, 
y «Segretaria di Stato», que fracmentariamente comprende de 
1829 á 1870, en 75 registros. 

De la 2.^, nos interesa casi exclusivamente por su objeto, que 
era administrar los beneficios vacantes, la junta llamada «Collet- 
toria genérale degli spogli» (l), que abraza de 1658 á I775> ^^' 
partida en 75 carpetas. 

Nada de la 3.^ nos afecta, por su carácter propiamente interior,. 
y de la 4.^ pudieran ilustrar estudios sobre la Rota sus series 
«Notari del tribunale della Rota» (1568 á 1570, 85 volúme- 
nes), y otras más generales, como la de «Secretari e cancellieri 
della Reverenda Camera apostólica» (1519 á 1870, 2. 144 volú- 
menes). 

La sección 5.^, por su extensión, es difícil de precisar sin error 
lo que á nuestros estudios podría aportar, pero con decir que se 
refiere á Congregazioni religiose, y que comprende 10.944 volú- 
menes con documentos de los siglos xiv al xix, de 65 corpora- 
ciones de hombres y 25 de mujeres, se formará idea que es un 
fondo de señalada importancia. 

Riquísima es la sección ó.'^, por ser la Collezione delle perga- 
inene, y estar formada con 96 procedencias que hacen 14.695 
pergaminos y son de los siglos ix al xviii, en general de antigua 
propiedad de monasterios. 

Es la 7.^ sección, como se ha dicho, la de Collezione di mappe- 
assegui e catasti, y para la Historia de la geografía política debe 

{i) La creó Paulo III, por Bula de 23 de Marzo de 1532. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 317 

tenerse en cuenta la serie Mappe, tipi disegni, attanti, que hace 
1.800 volúmenes con documentos de 1 52 1 á 1 870. 

Las clasificaciones «Bandi per ordine cronológico» (l 395-1870) 
de la sección 8/, y «Congregazioni della Segretaria dei brevi» 
(1652-1795, I volumen), y gran parte de la 10, «Archivio Ca- 
merale», son de relativo interés. 

Finalmente, la sección II, Archivi privati, que se descompone 
en dos: en Archivos de familias y Archivos de Hospitales, ofrece 
un caudal de noticias por los primeros de casas enlazadas con 
las nuestras desde el xv al xix. 

El Archivo Central del Reino, que con el Administrativo de la 
provincia romana, constituye la segunda gran agrupación del 
fondo Archivo de Estado de Roma, apenas tiene interés para 
nuestro fin. 

Las obras notables sobre éste y otros de Roma, con las ya 
citadas, son: 

Bibliografía. 

Bezzoni (A.). — Gli Archivi de Roma, en la Revista Archivio 
storico italiano^ 1872, S. 3.^, tomo xvi, pág. 461. 

Cledat (L.). — Les archives italiennes á Rome, en Bibliotéque 
de l'Ecole des Chartes. Vol. 36, 1875. 

Gregorovius F, — Das Rom Staatarchiv» , en Sybel s histor 
Zeitschrift, Bd. 26, 1875. 

XII 

ÑAPÓLES 

En la reseña de los principales Archivos de Italia, puede afir- 
marse que con relación á la Historia de España, el de Ñapóles es 
uno de los que deben figurar en primer lugar. En la organiza- 
ción que tuvo anteriormente á la Unidad del Reino, tomaron 
parte según el adelanto de sus épocas, cada una de las variadas 
dominaciones que se enseñorearon del Sur de la Península, y 
entre todas, no fué la Aragonesa la que menos puso para lograr- 
lo, aumentando su tesoro al crear nuevas magistraturas. Al nacer 



3l8 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTOUIA 

después la del Virreinato de Ñapóles, de cuantos ejercieron tan 
elevado cargo, ninguno desplegó mayor celo para montar un 
gran Archivo que D. Pedro de Toledo, concentrando en 1540 
una vasta riqueza en el Castillo Capuano. 

En tiempos de Murat se da á los fondos napolitanos un nuevo 
régimen que permite clasificarlos en cinco grandes secciones so- 
bre: Reales ministerios ó diplomática y política, Administración 
interna; Administración financiera, Actos judiciales, y Guerra y 
Marina. Después del Reglamento de 1875 se le quita al Archivo 
su denominación de «Grande Archivo» para darle la actual de 
«Estado», y por razones administrativas, se redujeron á cuatro 
aquéllas, fundiendo en una la 2.^ y 3.^ clasificadas en 1808, que- 
< lando, por lo tanto, tituladas: Diplomática y política administra- 
tiva, Judicial y militar. 

Cada una de ellas está subdividida, y dentro de los núcleos 
principales se encuentran otros menores, algunos de sobresalien- 
te utilidad. 

La I."* Sección se descompone en dos grandes partes: — A) diplo- 
mática: que á su vez comprende cuatro series principales y las 
subseries de cada una de ellas, de la que lo más importante es lo 
referente á los pergaminos del Archivo Farnesiano (1065-17 17); 
la Tavole nuziali (Margarita de Austria y Alejandro Medici, 1535) 
I volumen); la Famiglia Borbone, 1738- 1829, 15 volúmenes, y 
Trattati originali de Comercio, paz y alianza (1738-1838, en 122 
volúmenes), y B) Política: de cuyas 18 clasificaciones mayores in- 
teresan, de la I.'*, Cancelleria aragonese (l), el registro Capitiilo- 
rmn, que trata de las relaciones con el exterior, en 3 volúmenes, 
de la 2.^; Consiglio collaterale (2) de sus cuatro secciones: a) Con- 
siglio; b) Segretaria; c) Cancelleria del Virrey; d) Tribunale; la pri- 
mera, por afectar á las consultas (1605-17S6), y su subdivisión: 
notamenti, por contener todas las exposiciones de los asuntos del 
Collaterale, de IÓIO-1734, en 151 volúmenes; de la 2.^^, sus divi- 

(i) Presidíala el Gran Canciller asistido de los Regentes 'de la Real 
Cancillería. 

(2) Tenía la misión de ocuparse de la política con el Virrey. Después se 
extendieron sus funciones á lo judicial y á la promulgación de la Ley. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 319 

siones risohiaioni e propostt\ y diversi, por abarcar una loí decre- 
tos de Consejo de I 582 á 1/35, en 279 \-oIúmenes, y la última 
los memoriales y cartas de los secretarios desde 1 60 1 á 1 73 5, en 
95 volúmenes; de la 3."'^, las seis series primeras, ó. sean: Pri\-ile- 
giorum (1504 á 178Ó, de 861 volúmenes); Capitolorum (1504, en 
I volumen); lustitiae (1513 á 1717, en 32 volúmenes); Curie 
(1520 á 1742, en 18Ó volúmenes); Partium (1509-1734); Memo- 
rialium (l 548- 1 549, en I volumen), por ser de la misma natura- 
leza que las reseñadas de la Cancillería aragonesa; la officionwi 
Suae Maiestatiens, por versar sobre las concesiones de altos car- 
gos hechos por el Rey desde 160/ á 1 734, en 70 ^•olúmenes; la 
officionwi viceregtim, por referirse á los de menos importancia 
de 1556 á 1735, en 65 volúmenes; las exhortatoriarum curiae, 
que son de 1571 á 1535) en 42 volúmenes, y de 1603-1715, en 
14 \"olúmenes, por referirse á las invitaciones del Virrey hechas 
á petición privada para que la autoridad eclesiástica ordenase el 
cumplimiento de la Ley, ó requeridas de oficio, y la títtdatoritm^ 
de 1608 á 1737, en 13 volúmenes, por tocar á la ejecución de 
concesiones de títulos de nobleza; y de la 4/, ó Tribunale^ mu- 
cho de sus resoluciones en lo civil y criminal, por las sabias de- 
cisiones que contienen las cuales se hacían bajo la presidencia 
del Virrey. 

Versa la 3.^, gran clasificación, acerca de la Scgrcterie del vi- 
ceré que sustituyó al ministerio del Cran Protonotario, y se des- 
compone en dos, de Estado y Guerra, y de Justicia y por ser el 
organismo trasmisor de las órdenes del Virrey desde 1523 á 1734, 
tiene sumo interés; pero mayor aún, porque entre los 4.65 I vo- 
lúmenes que la forman se hallan, en su mayoría, disposiciones, 
despachos, cartas reales y otros documentos escritos en español. 

De la 4.^, Supremo Consiglio di Vienia, cuya duración fué de 
1705 á 1734, sustituyendo la administración española, sólo de las 
series Consiglio y Segreteria, las referentes á guerra, i dispacci 
i decreti y le lettere reali, 126 volúmenes. 

De la 5.^, Real Camera di S. Chiara, así llamada por el edifi- 
cio donde primeramente se organizó, de sus cuatro series sola- 
mente la última, que se refiere áSegreieria, por poseer los dispacci 



320 boletín de la. real academia de la historia 

originan (1735-180S, en I41 volúmenes), y la correspondencia 
de 1737 á 1808, en 128 volúmenes del período Borbónico. 

Nos interesa de la 6.^ clasificación Le reali Scgreteric di Stato 
la primera serie titulada: Segreteria di Stato, y después Minis- 
tero dcgli affari estcri, por ser notable de su tercera subdivisión, 
la destinada á la espulsione del gesuiti^ y de las otras dos, las 
relaciones de las legaciones napoleónicas en el extranjero y las 
del consulado. Esta sección abarca 5.294 paquetes y se extien- 
de del año 1737 al de 1808. 

También son dignos de consultarse en la serie 3.^, llamada Se- 
greteria di Stato di Casa reale, de esta clasificación, los 1 86 paque- 
tes y 21 volúmenes que tratan de Affari gesuiticí de los años 
1767 á 1791. 

La 12 clasificación, Cappcllania inaggiore ó Curia del Capellán 
Mayor, presenta una subserie riquísima. para el estudio de la re- 
galía titulada, exequátur alie bolle (IS/O á 1808), que se esparce 
por los I.ogo volúmenes que forman toda ella. 

La siguiente sección, Regía Camera della Soinuiaria, es nota- 
bilísima para quienes deseen estudiar este tribunal del Real pa- 
trimonio durante el período de la dominación española. Fundado 
por Alfonso I de Aragón, y reformado por Felipe II y III, fué 
abolido en 1 807. En ella existen completas las materias referen- 
tes á feudos, las cuentas, el catastro y el cedulario para la reinte- 
gración á la Corte Real de los impuestos feudales no pagados. 
Está repartida entre la I.^ y 2.^ sección. En la I.'* se hallan los 
libros notamentormn, ó sumario de las causas vistas y resueltas 
(1476 á 1807, en 521 volúmenes), y en subdivisión rotulada cn- 
rie., las órdenes é instrucciones para el cobro de impuestos, con- 
cesión de gracias, etc. (1452 a 1743), y además otra, que dice 
las Carte reali 6 lettere regle (1573 á 1732, en 34 volúmenes), 
curiosa en extremo. 

La 18 ofrece particular motivo de investigación en su se- 
rie Scrítíure Farnesíane^ que se refiere á las posesiones de los 
Farnesios en los Abruzos, y son de 1539 á 1 73 1, haciendo' 
132 paquetes. Admás, por figurar en la sección l.'"^ muchos vo- 
lúmenes sobre Ramo di Guerra e Marina, debemos citar la 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 32! 

serie Cassa militaie-, que comienza en 1501 y acaba en 1827. 

Termina esta sección con el Musco, donde entre otras notabi- 
lidades, está una carta náutica de 1561, de Olives de Mallorca. 

De la Sección 2^ Amministrativa^ que tiene 516.000 legajos, 
sólo hablaremos de los Catasti anüchi, formados según la base 
del impuesto, que comprenden desde 1 467 á 1760, en 625 volú- 
menes, y de la serie Regia Tesorei'ía genérale antica el n.° I de la 
segunda parte de la sección, donde se verán las cédulas de 1 432 á 
180Ó, y la situación económica del Reino de 1573 ^ 1793) ^^ sus 
727 volúmenes; de la serie Conti di solo esito el 2.°, que trata de 
Fabbriche e fortificazioni de 1441 á 1772, en 28 legajos; de la de- 
nominada Instituti di crédito el n° I Regia Zecca e conti dei maes- 
tri di Zecca, 21 paquetes de 1 535 á 1 75 5; la de Banchieri antichi 
del siglo XVI, de quienes se conservan sus libros de entradas y 
salidas de I 509 á 1698, en 1 58 volúmenes, y de ^la subdivisión. 
Patrimonio dello Stato, la división Azienda gesuitica, esto es, la 
de las rentas y bienes pertenecientes á la Compañía de Jesús en 
la época de su supresión (3I Octubre y 3 Noviembre lyñy), 
que hace 272 volúmenes. 

Finalmente, y por no interesarnos la sección 4.^, Guerra e 
Marina, puesto que corresponden la mayoría de sus documentos 
al período de 1736 á nuestros días, señalaremos de la 3.^, Tribii- 
nali ordinari antichi, de las dos series, de su categoría segunda, 
porque en su mayor parte pertenecen á la dominación española. 

De la i.^, Gran Corte della Vicaria., tribunal que fué reformado 
por Alfonso 1 de Aragón y por Felipe II, de su parte Decreti ci- 
vili (1566 á 1808, en 92 volúmenes), que eran las decisiones 
tomadas después de procedimiento sumario que se llamaban 
«decreti»; y de la 2.^, Sacro Regio ConsigUo, creado por Alfon- 
so I de Aragón, en 1442, las sentencias (1489 á 1808), notables 
por ser dadas ante el Rey, ó bien después del examen de las cau- 
sas de más importancia en apelación ó por otros recursos, como, 
por ejemplo, sobre elecciones del Síndico de la Universidad. 

El número de volúmenes que abraza es de 1. 65 1. 

Sobre este fondo los Autores más dignos de tenerse en cuen- 
ta son: 



322 BOLETÍN DE LA REAI, ACADKMI\ DE LA HISTORIA 

Bibliografía. 

Regi Neapolitani Archivi Monuuiaita edita ct iilus trata. — 
Napoli, 1 845- 1 865, vol. VI. 

Ordlnamento ed illustrazionc dcllc carie del Grande Archivio-, 
per cura del prof. Francesco Trinchera direttore genérale, etcé- 
tera. Napoli, j8ó2. 

Códice aragonese^ etc.— Napoli, 1868-1873, vol. v. 

Degli Archivi NapoUtani. — Relazione á S. E. il Ministro della 
pubblica istruzione», per Francesco Trinchera, direttore genéra- 
le, etc. — Napoli, Fibreno, 1 872. 

Inventario cronológico sistemático dei registri angioini con- 
servati nelP Archivio di Stato in Napoli. — Napoli, 1894. 

Barone N. — Un nuovo registro di cedole della Tesorería ara- 
gosea. — Napoli, 1886. 

Notizie riguardanti V Archivio farnesiano. — Napoli, 1898. 

Vander Essen et Cauchie. — Les Archives íarnesiennes á 
Naples. 

Gentile Egildo. — II tribunale deH'Amniiragliato e consolato. 
Napoli, lovene, 1909. 

Canova Eugenio. — L' Archivio di Stato di Napoli, dal l° gen- 
naio 1899 3l 31 Dicembre 1909. Note. — Napoli, Cultori d'arti 
grafiche, 1910. 

Ibarra y Rodríguez (Eduardo). — Documentos Aragoneses en 
los Archivos de Italia. — Junta para ampliación de estudios é in- 
vestigaciones científicas. — Aladrid, 1911. 



XIII 
PALERMO 

No es este Archivo de Estado, organizado el año 1 844, menos 
importante que el que más de los anteriores. Está formado por 
400.000 volúmenes distribuidos en las ocho secciones de que ac- 
tualmente consta, y que se refieren: l.^ á atti di Stato; 2.^ gíu- 
diziaria; 3.^ administrativa; 4.^ atti notarilí; 5-^ Comunali; 6/ Cor- 



BREVES NOTICIAS INKDITAS 323. 

porazioni religiose soppresse; 7-^ tabulan; 8.^ atti diversi, y la 
mayor antigüedad de los documentos es del siglo xii. 

La primera comprende el gobierno general del Reino y las 
altas magistraturas que lo rigieron, ora cuando tenía Soberano 
propio ó bien cuando no siendo más que provincia española, 
estaba bajo la jurisdicción del Virrey, y en ella están todos los 
documentos del Sacro Regio Cosiglio, cuya importancia es no- 
table, porque esta magistratura fué consejo de los primeros y 
de los segundos. Particularmente, en sus varios aspectos, son 
dignas de consulta las dos series en que se descomponían sus re- 
gistros: los Despacci viceregi (1690-1814), y losRegistri di Con- 
sulte (1691-1817), los cuales suman 264 volúmenes. También lo 
son los de la Regia Cancelleria, que empezando en 1 299, salvo 
algunas lagunas, llegado á 1 5 19, abarcando I.0S3 volúmenes. 
Otra serie curiosa es la de investiduras feudales Processicoli y de 
nobleza que se desarrollan en II.046, del 1 45 2 al 1812, y mayor 
estudio ofrece la Parlamenti, relaciones de las sesiones de los 
tres brazos: militar, nobleza y eclesiástico, que son de 1 591 á 
1819 hacen hasta 94 volúmenes; la de Cerimoniali del Virrey y 
corte (vol. lo, 159S-1812); la de Dispacci reali e viceregi (1649- 
1814, en 35 volúmenes). 

De la junta Segretaria del Regno, suprimida el 29 de Julio de 
1 819, son dignas de atención sus dos partes: I.'"* Memoriali (1524- 
1819, en 3.051 volúmenes); 2.^ de Lettere (T500-1819 en 1. 469 
volúmenes); de la Segretaria viceregib sus 8.407 volúmenes; pero 
en especial los correspondientes á Reali dispacci, diferenciados 
en subdivisiones sobre gracia, justicia y asuntos eclesiásticos, 
casa real, y negocios extranjeros, hacienda y comercio, guerra v 
marina, de 1612 á 1S19. 

Igualmente deben consultarse y estudiarse las series de esta 
])rimera sección, que tratan: de los Tribunalle del Real Patrimonio, 
que tenían la doble función administrativa y judicial; las clasifica- 
ciones: Lettere vice regie y Corte; consulte, Circolari é bandi, Let- 
tere patrimoniale, Despacci reali é biglietti viceregi, más todas 
las siguientes que llegan á 19, sumando 30.000 volúmenes de 1 397 
á 18 1 3, en su parte que á la dominación de España se refieren. 



324 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Finalmente, es de nota también la Conservatoria del Real Pa- 
trimonio que en 15/0 se dividió en Conservatoria di registri, en 
la que se anotaban los de asignaciones, salarios, renta perpetua, 
mercedes, crédito de la Corte, milicia, arrendamientos, beneficios 
del Real Patrimonio (1412-1844, en 2.473 volúmenes) y en Con- 
servatoria genarale di azienda descompuesta de tres divisiones^ 

l.^ Pecuniari ó cuentas de los negociados que principalmente 
manejaban los caudales públicos; 2.^ Militar; 3.^ Univerdale ó 
cuentas de salarios, sueldos, asignaciones, etc, cuyos 2. 500 volú- 
menes van del año 15/0 at í820. 

Las restantes secciones son de menor interés para nuestra in- 
vestigación. 

Dan luz sobre sus fondos los siguientes autores: 

Bibliografía. 

Ntiovi ordlnamenti del Grande Archivio di Palermo. — Paler- 
mo, 1864. 

SiLVESTRiNi GiusEPPE. — Sul Grande Archivio di Palermo é sui 
lavori in esso eseguiti dal 1865 al 1874. Palermo, l875> 

Travali Giuseppe. — I documenti con firme autografe esposti 
nell Archivio di Stato di Palermo, Palermo, 1 892. 

La AIantia Giuseppe. — Dei reali archivi di Sicilia. Memoria 
inédita del Can. Rosario Gregorio. Palermo, 1 899. 

Travali Giuseppe. — Elenco analítico ed alfabético degli inven- 
tari del R. Archivio di Stato in Palermo. Palermo, 1909. 

Manuale Storio Archivistico. — L'Ordinamento delle carte de- 
gli Archivi di Stato Italiani. Ministero dell'ínterno. Roma, 1910. 



COríCLUSIÓN 

Tendrá por la mayor satisfacción el que estas noticias ha dado 
que sirva lo que en ellas haya de bueno para despertar en Espa- 
ña la vocación de algunos á los estudios históricos. 

No es la investigación histórica la más adecuada actividad 
á nuestra idiosincrasia, ávida de recoger el fruto del trabajo 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 325 

de suerte que resulte prontamente concluido y en el menor 
tiempo realizado; es obra de paciencia, de recogimiento, de 
aplicación que pide á toda hora la luz particular ó general de 
materias que no se han cultivado, pero que son menester tanto 
para la compresión como para la exposición del asunto; es labor 
que requiere, no sólo tener la idea que da de la Historia Macau- 
lay, sino además mu)^ presente lo que sigue, que escribió un 
maestro en artes de instrucción para la Historia, el P. F. Jeróni- 
mo de San José, en el Genio de la Historia^ en el párrafo 6.° del 
capítulo I de la tercera parte, en que se trata de algunos de los 
más principales requisitos del historiador, en el que dice: «El que 
hubiere, pues, de escribir historia, estudie, trabaje y sude... Y en 
el capítulo II, núm. I: «Al requisito de la sabiduría pertenece el 
medio para adquirirla en orden á las noticias necesarias á la His- 
toria, que es el desvelo ó diligencia, tan propia y debida á esta 
manera de escribir, que los historiadores, por loa particular de 
sus escritos, se han alzado con el título y epíteto de diligentes, 
como dando á entender que aunque también á otros escritores 
pero á ellos especialmente les pertenece y se atribuj^e» (l). 

Si se junta en lo porvenir al hallazgo de diligentes y de per- 
sonas anhelosas de saber y estudiar, la desaparición de esa epi- 
demia nacional que nos hace ser desconfiados unos de otros, re- 
uniéndonos á todos para gloria de España en sana actividad, la 
Escuela española de Arqueología é Historia de Roma, podrá apli- 
carse desembarazadamente á los trabajos y explotar el precioso 
caudal que nos brindan con abundancia para todas las preferen- 
cias y aficiones los Archivos de toda Italia, y nadie volverá á 
decir con motivo sobre Historia de España en general, lo que 
acerca de la Eclesiástica dijo con razón D. Alfonso Clemen- 
te Aróstegui en su exhortación á los jóvenes que á mediados 
de 1747 (2), acudieron á oiría con motivo del acto de fundación 
de la Academia de Historia Eclesiástica de España, que después 

(i) Obra citada. Barcelona. Un tomo en 8.° de xLV-278 páginas. 
Vid, pág. 176. 

(2) Lafuente (Modesto de), Historia Eclesiástica de España. Madrid, 
1863. Tomo I, pág. 2. 



320 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

estableció: «Xullam esse Eclesiae Ilispaniensis llistoriam quae 
Iluens ab exordio rerum acl haec témpora preveniat, aut si quie 
est, quae priorem illius aetatem contineat, integrara, absolutam- 
c[ue rerum gestarum veritatem, aut probabilem hujus rationem 
consectetur » (l), referencia que el P. Burriel cita también, 
al emitir su juicio, que es idéntico al anterior, en su notable 
Aprobación del tomo iii de la España Sagitada, del P. Enrique 
Flores. 

De sobra sé, y debo hacerlo patente antes de concluir, exce- 
lentísimo señor Director de la Academia de la Historia, las gran- 
des lagunas que tiene este informe, hecho en parte á base de in- 
xestigacion directa, en parte escrito con notas tomadas de la 
extensa bibliografía histórica que abarca; pero tampoco desco- 
nozco que es de alguna utilidad, y que tal vez será la génesis y 
el estímulo para que otros igualmente bien intencionados, pero 
de más cultura é ilustración que yo, hagan el cumplido estudio 
de los fondos de Italia que para nuestra cabal orientación se hace 
preciso. 

Rindo á V. E. y á la docta Corporación que preside, el home- 
naje de mis respetos y pongo á su disposición, así como someto 
á su crítica, estas modestas líneas. 
( Cojitimiará.) 

Madrid, 21 de Mayo de 191 5. 

Enrique Pacheco y de Leyva, 

Correspondiente. 



(i) Ildefhosi Clemente de Aróstegui, de Historia Eclesiae Hispaniensis 
Excolenda Exhortatio ad Hispanos, habita in Palacio, G. M. Reg. Hisp. Ro- 
mae, XII. Kal. Septem. M. d. CO. XLVII, pág. 3. 

Fué D. Clemente auditor de la Sacra Rota y Ministro interino en Roma; 
su discurso «se recibió con aplauso, se imprimió con lujo y circuló con 
profusión». — Según Lafuente en su Historia Eclesiástica, tomo i, pág. 2. 
Era muy versado en historia Eclesiástica, y no la escribió porque le fal- 
taban las fuerzas, aunque le sobraban aptitud y JDuenos deseos (si vires 
mihi non deessent); pero en cambio dejó una sobre la venida de Santiago 
á España. Lafuente, obra citada, tomo vi, pág. 62. 



NOTICIAS 



Durante el mes de Febrero último han fallecido los Correspondientes 
Sres. D. Vicente Paredes Guillen, en Plasencia (Cáceres) y D. Emilio Ro- 
tondo y Nicolau, en Madrid. 

Han sido elegidos Correspondientes durante el mes de Febrero último 
los Sres. D. José Manuel Pérez Sarmiento, en Colombia; D. Manuel Ruiz 
Tunes, en Murcia, y el Sr. Affonso Dornellas, en Lisboa. 



La sesión pública anual con que la Academia celebra el aniversario de 
su fundación, conforme á las disposiciones de sus primeros acuerdos en su 
primera Junta oficial, se verificará este año el 24 de Abril, lunes de Pascua 
de Resurrección; y en honor á la memoria de Cervantes, de quien el día 
23 se cumple el cuarto centenario de su fallecimiento, el programa que 
a Academia ha acordado, constará de la lectura de la Memoria de sus 
rabajos durante el año académico de 191 5 á 1916; déla del Elogio de Cer- 
vantes, de que está encargado el Sr. Puyol, y del reparto de los premios 
la Virtud y al Talento de la fundación de D. Fermín Caballero y de 
os de las fundaciones del Marqués de Santa Cruz y del Marqués de la Vega 
de Armijo. 

En la sesión del día 2 de Febrero se dio cuenta de haber ingresado en 
nuestra Academia el Diploma de la fundación de Santa María la Real de 
Nájera, legado en su testamento por el Sr. D. Pablo Bosch. 

Después de la vista en que en el recurso contencioso administrativo, 
núm. 4.764, seguido por la Academia ante la Sala 4.^ del Tribunal Supre- 
mo, defendió los derechos de ésta su insigne numerario el Sr. Azcárate, 
se ha publicado la sentencia, cuya parte dispositiva dice: «Fallamos: Que 
debemos estimar y estimamos la excepción de íalta de acción y derecho 
en la Academia de la Historia para impugnar en vía contenciosa la Real 
orden reclamada, en cuanto ésta reconoce que el edificio de que se trata 
(el de la propiedad de la Academia) no pertenece al Estado, y que debe- 
mos declarar y declaramos la incompetencia de la Sala para conocer del 
asunto en cuanto en la demanda se hace valer por la Academia el derecho 
de propiedad que á su juicio le asiste sobre la finca en cuestión.» 



El Sr. D. Luis Bahía y Urrutia ha ofrecido á la Academia, y ésta ha 
aceptado, dos lápidas sepulcrales y un enterramiento, al parecer de már- 
mol blanco, que recientemente se han descubierto en una finca suya 
cerca de Brúñete (MadFÍd), y dado cuenta de que unos huesos cra- 
neales y otros hallados dentro, los transmite en donativos también al Mu- 
seo Antropológico. Por encargo de la Academia, el Sr. Marqués de Ce- 



32& boletín de la real academia de la HISTOKIA 

rralbu hará el estudio de dichos huesos, y el Director P. Fita el de las 
inscripciones funerarias que pertenecen á la época de la dominación 
romana. 



Por moción del numerario Sr. Obispo de Madrid-Alcalá, la Academia 
ha acordado la redacción y publicación de dos nuevos tomos de la España 
Sagrada, que comprenda la diócesis de Madrid-Alcalá con la copiosa é 
interesante colección de documentos que se ha recibido de Toledo en 
el Archivo episcopal. 



El Director, P. Fita, pidió la autorización de la Academia para solicitar 
de nuestro Correspondiente el Sr. Obispo de Barcelona la restitución á 
su antiguo y primitivo lugar de la lápida que cubría el sepulcro de Santa 
Eulalia, cuya inscripción data del año S77 y que ti-ascribieron con gran 
encomio el P. Risco en el tomo xxix de la España Sagrada y el Dr. Hüb- 
ner al uúm. 519 de su Inscriptiomtm Hispaniíc Cliristiaiíanun stipphmen- 
liim. Así se acordó. 



Sobre el traslado del notabilísimo retablo de la Iglesia del exconvento 
del Parral (Segovia) que se proyecta, la Dirección General de Bellas Ar- 
tes del Ministerio de Instrucción pública, ha pedido con urgencia infor- 
mes que han de evacuar la Real Academia de la Historia,, la de Bellas 
Artes de San Fernando y la Junta Superior de Excavaciones y Anti- 
güedades. 



En la sesión del día 18 el Sr. Marqués de Laurencín presentó el primer 
ejemplar de su nueva obra Relación de los fesimes que se celebraron en el 
Vaticano con motivo de las bodas de Lucrecia Borja con D. Alonso de Ara- 
gón, Principe de Salerno, Duque de Biseglia, hijo nattiral de D. Alonso, Rey 
de Ñapóles, año 14.98, que la Academia acordó poner venal en sus oficinas 
al precio de 2,50 pesetas. 

La edición, hecha por la Academia, va ilustrada por un precioso retra- 
to fotograbado de Lucrecia Borgia. 



Con motivo del informe hecho por el Sr. Pérez Villamil acerca del libro 
titulado Historia de la atitiquisima villa de Albalate del Arzobispo, de que es 
autor su párroco D. Vicente Bardaviú Pérez, y en el cual se trata de los 
lugares de antiguo señorío de diversas sillas episcopales, el Sr. Obispo de 
Madrid-Alcalá ofreció para el Archivo y colecciones documentarías de la 
Academia, los documentos y datos por él mismo pedidos á todos sus ve- 
nerables hermanos los demás Obispos de España y que han servido de 
ilustración para el informe referido. 



En la sesión del día 25 de Febrero, el Secretario accidental Sr. Pérez 
de Guzmán y Gallo presentó á la Academia el busto de tamaño natural y 
en escayola del Sr. Menéndez y Pelayo, de que su autor el escultor señor 
Cuartero Huerta ha hecho donación á la Academia. 

J. P. de G. 



TOMO Lxviii. Abril, 1916. cuaderno iv. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



I 

RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 

PRUEBA INÉDITA CON DOCUMENTACIÓN INDUBITADA 

(Continuación.) 

Declaración de Fray Ambrosio Mariano de San Benedicto. 

El dicho Fray Ambrosio Mariano de San Benedicto, fraile pro- 
feso de la Orden de Carmelitas Descalzos é Prior del monesterio 
de la dicha Orden de esta villa de INIadrid, testigo jurado é pre- 
sentado, é habiendo jurado é siendo preguntado por el interro- 
gatorio é repreguntas, dijo é declaró lo siguiente: 

I."" A la primera pregunta dijo: que conoce á las partes de 
muchos años ha, de vista, trato é conversación, é conosció á la 
Madre Teresa de Jesús desde que se fundó la Casa é monesterio 
de Pastrana de la dicha Orden de Carmelitas Descalzas é tiene 
noticia de este pleito. 

Preguntado por las preguntas generales de la lej', dijo: que es 
de edad de sesenta y siete años, poco más ó menos, é no es pa- 
riente de ninguna de las partes, por ser italiano de nación, ni le 
tocan las demás generales de la ley é desea venza quien tuviera 
justicia. 

2.^ A la segunda pregunta dijo: que es verdad lo contenido 
en la dicha pregunta, porque este testigo lo supo de la boca de 
la dicha Madre Teresa de Jesús, y es público é notorio y esto, res- 
ponde. 

TOMO LXVIII. 21 



330 boletín de la real academia de la historia 

3/'^ A la tercera pregunta dijo: que sabe ser así, como se con- 
tiene en la pregunta, por habérselo oído decir á la dicha Madre 
Teresa de Jesús y ser cosa notoria en la Orden, y de ello no se 
duda; y asimismo ha visto este testigo en la relación de la vida 
de dicha Madre Teresa de Jesús que ella misma escribió de su 
mano, y esto responde: 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que es la verdad lo contenido 
en la misma, y así es público é notorio, y en el libro que la 
dicha ?kladre Teresa de Jesús hizo de las fundaciones está escrito, 
de su propia mano y letra, ser la dicha Casa de San Joseph de 
Avila la primera fundación que hizo, y esto responde á la pre- 
gunta. 

5.^ A la quinta pregunta dijo: que este testigo vio y se halló 
presente cuando la dicha Madre Teresa de Jesús renunció la regla 
mitigada que antes había profesado en el monesterio de la Encar- 
nación de Avila, y aceptó y profesó la regla primitiva.de las Des- 
calzas, la cual, aunque la guardaba antes, no era con profesión 
solemne como lo fué desde allí; la cual dicha profesión hizo en el 
dicho monesterio de San Joseph de Ávila en presencia de este tes- 
tigo y de otros, algunos años después que había fundado el dicho 
monesterio y otros, y así quedó por ser monja conventual y profe- 
sa y fundadora del dicho monesterio de Avila, y esto responde. 

6.^ A la sexta pregunta dijo: que es verdad lo contenido en 
esta pregunta, porque este testigo fué con la dicha Madre Te- 
resa de Jesús á la fundación de los monesterios de Medina del 
Campo, de Valladolid, de la villa de Beas y de la ciudad de Se- 
villa; y en acabando una ó dos fundaciones se volvía, por no 
haber más que hacer en ellas, al monesterio de San Joseph de 
Ávila, como á su propia casa y monesterio, y así volvió este tes- 
tigo con ella, y esto responde. 

7.^ A la séptima pregunta dijo: que sabe es verdad como 
en ella se contiene, por loque dicho tiene en la pregunta antes de 
ésta, y esto responde. 

8.^ A la octava pregunta dijo: que siendo priora la dicha Ma- 
dre. Teresa de Jesús del monesterio de San Joseph de Ávila, fué 
á fundar un monesterio de Descalzas Carmelitas en Burgos, y 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 33 í 

este testigo lo sabe porque tuvo muchas cartas de ella en que 
trataba de la dicha fundación, y asimismo en aquel tiempo era 
•este testigo uno de los diñnidores de la Orden ante los cuales se 
debía tratar de la dicha fundación, y así como tal difinidor en- 
tendió y supo lo que dicho tiene, y esto responde. 

9.^ A la novena pregunta dijo: que ha oído decir lo conteni- 
do en esta al padre fray i\ntonio de Jesús que iba con la dicha 
Madre Teresa de Jesús, y ella misma escribió á este testigo cuan- 
do partió de Burgos cómo se iba á Avila y haría camino por 
Medina del Campo é iba á descansar á Avila, y esto responde. 

10. A la décima pregunta dijo: que dice, lo que dicho tiene 
■en la pregunta antes de esta, é que es público é notorio que mu- 
rió la dicha Madre Teresa de Jesús en el dicho monesterio de la 
Encarnación de Alba, porque á pocos días que estuvo en él le 
dio la enfermedad de la muerte: y sabe este testigo que estaba de 
mala gana en Alba, porque así se lo oyó decir este testigo, que 
siempre iba de mala gana á la dicha villa de Alba porque enten- 
día que los Duques hacían mucho caso de ella, lo cual sentía mu- 
cho por su humildad, y esto responde. 

11. A la once pregunta dijo: que es verdad lo contenido 
■en la misma, como constará por las patentes á las cuales se remi- 
te, y esto responde. 

12. A la doce pregunta djjo: que este testigo entiende que 
la dicha Madre Teresa de Jesús no tratara de enterrarse en otra 
parte fuera del monesterio de San Joseph de Avila, por ser muy 
puntual en sus promesas y en las cosas de obediencia y trato 
con el dicho Don Alvaro de Mendoza, Obispo que d la sazón era 
de Avila — á quien estaba sujeto el monesterio de San Joseph — , 
de que lo entregare á la religión y obediencia de los frailes, y 
•el dicho Obispo se lo concedió con condición que habían de se- 
pultarse entrambos el dicho Obispo y la dicha Madre Teresa de 
Jesús en el monesterio de San Joseph, para lo cual se hizo escri- 
tura por el padre fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios que 
á la sazón era Comisario Apostólico; y ansí no entiende este tes- 
tigo que por alguna manera quisiera contravenir á lo que tenía 
tratado una vez y asentado por escrito; y muchas veces oyó de- 



332 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cir este testigo al dicho (3bispo Don Alvaro de Mendoza que ha- 
bían de ser amigos en vida y muerte, y levantarse juntos á juicio, 
tratando de la dicha sepultura con este testigo, y esto responde. 

13. A la trece pregunta dijo: que es verdad como se contie- 
ne en la misma, porque ha andado el camino que dice la pre- 
gunta. 

14. A la catorce pregunta dijo: que es así como se contiene. 

15. A la quince pregunta dijo: que era así, porque sabe se 
trasladó el cuerpo de la dicha ^Nladre Teresa de Jesús desde Alba 
á Ávila, y después fué tornado al dicho monesterio de Alba con 
muy poca costa, y esto responde. 

16. A la diez y seis pregunta dijo: que lo sabe; y habién- 
dole sido mostrada por mí el presente notario la patente conte- 
nida en esta pregunta, dijo es escrita y firmada del dicho Fray 
Jerónimo Gracián que en aquel tiempo era Comisario /\postólico,, 
y por tal la reconoce ser suya porque le vio escribir y firmar 
muchas veces, y ha recibido muchas é diversas cartas del dicho 
Fray Jerónimo Gracián, é toda la dicha patente está escrita de le- 
tras y caracteres y firma del susodicho^ y esto es público é notorio 
y lo que sabe. 

17. A la diez y siete pregunta dijo: que este testigo fué pre- 
sente en el Capítulo de Pastrana, y sabe se dio el mandato, que 
dice esta pregunta, para ser trasladado el dicho cuerpo de la di- 
cha Madre Teresa de Jesús desde Alba á Avila, y se refiere al 
dicho mandato que por él constará, y esto responde. 

18. A la diez y ocho pregunta dijo: que ha oído decir lo con- 
tenido en la misma y es cosa pública é notoria y tuvo este tes- 
tigo relación de algunos milagros que Nuestro Señor fué servido 
de mostrar cuando desenterraron el cuerpo de la dicha ]Madre 
Teresa de Jesús, y está la dicha relación escrita de mano de Fray 
Gregorio Nazianceno que fué nombrado para hacer la dicha tras- 
lación, y esto responde. 

19. Ala diez y nueve pregunta dijo: que ha oído decirlo- 
contenido en ella por público é notorio, é se remite á las escrip- 
turas y testamentos que hablan sobre lo contenido en esta pre- 
gunta, y esto responde. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 333 

20. A la veinte pregunta dijo: que es así, como su contenido, 
porque la misma patente lo declara. 

21. A la veintiuna pregunta dijo: que lo ha oído decir por 
público é notorio. 

22. A la veintidós pregunta dijo: que es así como en ella se 
contiene y ansí lo han tenido por público é notorio. 

23. A la veintitrés pregunta dijo: que sabe la pregunta como 
en ella se contiene porque es público é notorio. 

2¿\. A la veinticuatro pregunta dijo: que lo por él dicho é 
declarado es la verdad y en ello se afirma é ratifica para el jura- 
mento que hizo é firmólo de su nombre. 

Repreguntas. 

I.^ Por la primera dijo: que dice lo que dicho tiene, que es 
fraile y sacerdote y dice cada día misa, y lo demás no le toca. 

2.^ Preguntado por la segunda dijo: que dice lo que dicho 
tiene en el dicho su dicho, y que nunca estu\'o en el monesterio 
de Alba por Priora ni monja conventual la dicha Madre Teresa 
de Jesús, sino como fundadora del dicho monesterio de la Encar- 
nación; y en él estuvo el tiempo que fué necesario para la dicha 
fundación como hacía en todas las demás (."asas, y tenía igual- 
mente afición á todos los conventos que fundaba, y esto res- 
ponde. 

3.^ A la tercera dijo: que no sabe más de lo que dicho tiene 
en el dicho su dicho á que se remite, y esto responde. 

4.^ A la cuarta dijo: que dice lo que dicho tiene en las pre- 
guntas del interrogatorio. 

5.^ A la quinta dijo: que cuando está concertado que algún 
fraile se haya de enterrar en alguna parte con licencia de sus 
superiores, aunque muera el dicho fraile en otra parte le deben 
traer y traen donde está concertado, y donde la obediencia la 
mande, y esto sabe. 

6.^ A la sexta repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en el dicho su dicho, / que es al contrario como se le pregunta^ 
porque la dicha Madre se lo escribió^ y esto responde. 



334 



boletín de la. real academia de la historia 



7.^ A la séptima dijo: que murió la dicha Madre Teresa de 
Jesús el día de San Francisco en el año, de la reducción del año- 
y calendario, y que á la sazón era Priora del monesterio de San 
José de Avila adonde iba, y lo demás no sabe. 

8.^ A la octava dijo: que conoció y conoce al Padre Fray 
Jerónimo (Jrracián, Comisario de más de veinte años á esta parte ^ 
y aunque no le vio escribir la dicha patente y cédula de sepul- 
tura, sabe ser cierta porque conoce la dicha letra y firma de la 
dicha cédula por lo que dicho tiene, ¡o cual hizo antes que mu- 
riese la dicha Madre Teresa de Jesús^ como consta por la fecha. 

9.^ A la novena dijo: que dice lo que dicho tiene, en el di- 
cho su dicho, á que se refiere. 

10. A la décima dijo; que dice lo que dicho tiene y es la 
verdad para el juramento que hizo é firmólo de su nombre jun- 
tamente con el dicho juez. Fuéle encargado el secreto á este tes- 
tigo de este su dicho so pena de excomunión, el cual le prometió. 

Va testado = ser = no vale y entre renglones = fué = vale. = 
Fr. Ambrosius Marianus, italus, manu propria. Rúbrica. = 
D."' Bern.^ del Mármol Zapata. Rúbrica. = Pasó ante mí Joan de 
Santa M."", not.° Está rubricado. 








RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 335 

Declaración de Don Juan Carrillo, 

Cano/ligo tesorero de la Catedral de Avila. 

El dicho Don Juan Carrillo, tesorero y canónigo de la Santa 
Iglesia de Avila, testigo presentado é jurado en forma sacerdo- 
tal, habiendo jurado é siendo preguntado, dijo lo siguiente: 

I.''' A la primera pregunta dijo: que conoce á la Priora y 
monjas de San Joseph de esta ciudad de Avila y de \-ista al Duque 
de Alba é Prior Don Fernando é conoció á la Madre Teresa de 
Jesús de vista, habla y trato que con ella tuvo en diversos tiem- 
pos y veces por más de catorce é quince años y tiene noticia de 
este pleito. 

Preguntado por las generales de la ley dijo: que es de edad 
de cuarenta y tres años cumplidos é no es deudo ni enemigo do 
ninguna de las partes ni lleva interés en este pleito, ni le toca 
ninguna de las preguntas de la ley é desea venza en este pleito 
quien tuviere justicia. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene é que es 
clérigo presbítero. 

2.^ En la segunda pregunta dijo: que sabe por haberlo oído 
decir por público y notorio, que los padres de la dicha Teresa 
de Jesús fueron vecinos de esta ciudad de Ávila y en ella nació 
la dicha Teresa de Jesús , é por tal natural de esta ciudad este 
testigo la tenía, era habida é tenida. 

En la repregunta dijo: que conoció como dicho tiene á la dicha 
Teresa de Jesús y sabe que no era monja en el monesterio de- 
Alba, sino profesa en el de San Joseph de Avila, y como fundó 
otros monesterios, fundó el dicho de la Encarnación de Alba de 
su Orden de Descalzas Carmelitas á instancia de una mujer que 
se llamaba Teresa Layz; y sabe que cuando murió en él la dicha 
Teresa de Jesús venía de camino para este monesterio de San 
Joseph de Avila porque era Priora de él, y venía para dar el 
hábito á una sobrina suya que se llama Teresa de Jesús que es 
monja profesa en el dicho monesterio de -San Joseph de Avila; y 



336 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

llegó al monasterio de Alba la dicha Teresa de Jesús — según este 
testigo oyó á la compañera que traía que se llama Ana de San 
Bartolomé y es público y notorio, 6 por haberlo oído á ellas y 
otras personas fidedignas — , el día de San Mateo y murió el día de 
San Francisco; y este tiempo fué el que estuvo en dicho mones 
terio siempre enferma y de manera que no pudo ponerse en ca- 
mino para venir al monesterio de Avila, á donde venía, y esto 
responde. 

3.^ En la tercera pregunta dijo: que sabe que la dicha Teresa 
de Jesús fué monja de la Encarnación de esta ciudad de Avila y 
del dicho monesterio profesa, y siéndolo fundó con facultad de Su 
Santidad el monesterio de San Joseph de esta ciudad que fué el 
primero de Descalzas de la dicha Orden del Carmen en la regla 
]M-imitiva de ella; y después de fundado este monesterio á donde 
este testigo la vio, volvió al monesterio de la Encarnación de la 
dicha ciudad y de él salió después para el dicho monesterio de 
San Joseph de Descalzas con licencia de sus superiores; se sa-- 
lieron con ella algunas religiosas del dicho monesterio de la En- 
carnación que profesaron la misma regla de Descalzas primitiva 
y fundó el monesterio de Medina del Campo y después otros 
muchos de la dicha Orden, y esto responde. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, y que la 
dicha Madre Teresa de Jesús era tan gran religiosa que no trata- 
ría de donde quería que se llevase su cuerpo, mayormente ha- 
biendo la patente que había dado Fray Jerónimo Gracián de la 
Madre de Dios, religioso de la dicha Orden de Descalzos Carme- 
litas, siendo visitador de la dicha Orden por autoridad apostólica 
en que se mandaba que el cuerpo de dicha Teresa de Jesús fuese 
traído al monesterio de San Josephe de Avila desde cualquier 
parte que muriese, y esto responde. 

4.^ A la cuarta pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en la dicha pregunta. 

En la repregunta dijo: que sabe que la dicha Madre Teresa de 
Jesús fundó el dicho monesterio de San Joseph de Avila, porque' 
este testigo se halló en ello antes que se fundase y el mismo día 
que se recibieron las monjas en él, en una casa que entiende. ¿tí? 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 337 

de un clérigo (i); y sabe que la dicha Madre Teresa de Jesús hizo 
profesión en el dicho monesterio de San Joseph, después que 
segunda vez vino á él del monesterio de la Encarnación por ha- 
berlo oído en aquel tiempo á quien se halló presente y después 
á personas, que asimismo se hallaron presentes, fidedignas é de 
quien se debe dar mucho crédito, y esto es lo que sabe. 

5.^ En la quinta pregunta dijo: que sabe que habiendo fun- 
dado la dicha Teresa de Jesús el dicho monesterio de San 
Joseph de Avila, y guardándose en él con rigor la regla primi- 
tiva del Carmen hizo profesión en él, como dicho tiene en la re- 
pregunta antes de esta pregunta, y á lo que entiende en manos 
del Padre Mariano (2), religioso de dicha Orden, y en presen- 
cia de Ana de San Pedro, religiosa de esta casa de San Jo- 
seph y Superiora que es en ella, y de Inés de Jesús, Priora del 
monesterio de Palencia, y esto responde. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene é no sabe 
cosa de lo en ella contenido. 

6.^ En la sexta pregunta dijo: que sabe, como dicho tiene, 
que estando la dicha Teresa de Jesús en el dicho monesterio de 
San Joseph como fundadora profesa é conventual, é de él salió á 
fundar otros muchos monesterios, aun siendo Priora de dicho 
de San Joseph y volviendo á él muy de ordinario como á su 
propio monesterio; y este testigo lo sabe porque la vio muchas 
veces ir de él, y venir á él, y la oyó decir que venía á descan- 
sar á esta su casa, y esto responde. 

En la repregunta dijo: que no solamente no estaba de asiento 
en Alba en los pocos días que ahí estuvo, como dicho tiene, 
pero desde que entró en el dicho monesterio estuvo enferma y 
110 trató de negocio ninguno^ antes oyó decir d las reUgiosas que 
estuvieron, presentes, que aunque lucieron priora en aquellos po- 
cos días que allí estuvo, que debieron ser doce ó trece, no trató 



(i) En la repregunta 4.' dice el maestro Daza en su declaración que 
se llamaba Valdebillo. 

(2) Alude al Padre italiano Fr. Ambrosio Mariano de San Benedicto, á 
la sazón Prior del Monasterio en Madrid, y después de conquistado el 
reino de Portugal, fué á Lisboa, cuya declaración hemos insertado. 



33^ BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

;// habló palabra en la dicha elección, ni en cosas de ella, ni de 
la Casa, mas que si no estuviera allí, antes trataba y decía que le 
daba pena la prov-ision de pan y cosas necesarias de su casa de 
Avila y venía con cuidado de la provisión de ella; y esto oyó á 
personas que se hallaron presentes religiosas fidedignas, y esto 
responde. 

7.^ En la séptima pregunta dijo: que sabe que la dicha Ma- 
dre Teresa de Jesús desembarazándose de los negocios é funda- 
ciones á que salía del dicho su monesterio de San Joseph, siem- 
pre se volvía á descansar, como ella decía, á su propia Casa, 
donde era profesa é conventual, lo cual le oyó este testigo é la 
vio é visitó en él muchas veces, y esto responde. 

En la repregunta dijo: que sabe, que el día que murió la di- 
cha Teresa de Jesús fué día de San Francisco del año ochenta y 
dos, ú ochenta y tres pasado, dice de mil quinientos é ochenta y 
dos ú ochenta y tres (l); y que los días que estuvo enferma fue- 
ron los que dicho tiene; que la dio una enfermedad, dicen que de 
molida porque venía de un camino largo de Burgos, y que venía a 
su monesterio de Avila, trayéndola de rodeo por Alba y que le 
sobrevino apretársele el pecho, y que entonces era priora del 
dicho monesterio de San Joseph de Avila y lo sabe porque así 
le escribió en diversas veces en aquel tiempo este testigo, intitu- 
lándola en el escrito Priora de San Joseph de Avila, y es públi- 
co notorio que es así, y pública voz y fama é común opinión. 

8.^ En la octava pregunta dijo: que sabe como dicho tiene, 
que la dicha Teresa de Jesús, era actualmente priora de la Casa 
de San Joseph de Avila, donde era profesa, salió á fundar el 
monesterio de Burgos de monjes de la dicha Orden, y esto res- 
ponde. 

En la repregunta dijo: que conoce á fray Jerónimo Gracián 
de la Madre de Dios, Comisario que fué de los Carmelitas des- 
calzos de más de diez y ocho años á esta parte, de vista é trato 
é conversación que con él ha tenido diversas veces y tiempos; y 



(i) Se nota la vacilación y teme equivocarse por momentánea confu- 
sión en las fechas. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 339 

ha visto é tenido cartas suyas de. su letra é firmadas de su nom- 
bre y ha visto asimismo y tenido en su poder la Cédula que la, 
repregunta dice sobre la sepiiltura de la Madre Teresa de Jesij-s^ 
que está firmada de fiay Jerónimo Gracián; y sabe que es aquella 
letra suya, y que la dicha patente é Cédula se dio á instancia del ' 
(obispo Don Alvaro de Mendoza é religiosas del dicho moneste- 
rio de San Joseph de Avila, lo cual sabe por haberlo oído decir 
á los dichos Obispo 6 religiosas; y el motivo que para esto, en- 
tiende que hubo por haberlo oído entonces platicar, fiíé que, 
como la dicha Madre Teresa de Jesús fundaba monesterios en di- 
versas partes á instancia de personas muy graves y cada cual de 
ellas la quería tener en su monesterio, y la dicha Teresa de Jesús 
deseaba vivir y morir en el dicho monesterio de San Joseph 
adonde era profesa , por escusar pesadumbres é inconvenientes 
se tomó aquel medio ^ y esto es lo que sabe, 

9.^ En la no\-ena pregunta dijo: que sabe que la dicha Tere- 
sa de Jesús, después que fundó en Burgos, vino al monesterio 
de Medina del Campo de paso y con ánimo de con mucha bre- 
vedad llegar al de Avila á dar la profesión á su sobrina, como 
dicho tiene, lo cual oyó á las que venían con ella y esto responde. 

En [la repregunta dijo: que conoció á Don Alvaro de Mendo- 
za, Obispo que fué de Avila é después de Falencia, de vista, trato, 
é comunicación ordinaria que con él tuvo por tiempo y espacio 
de más de veinte é cuatro años, en el cual tiempo este testigo le 
vio inclinado é oyó muchas veces decir que había de hacer la ca- 
pilla mayor é iglesia del dicho monesterio de San Joseph y ente- 
rrarse en ella, porque el dicho monesterio fué su subdito más de 
catorce años siendo Obispo de Avila y en él trató muy en par- 
ticular á la dicha Teresa de Jesús desde que se fundó el dicho 
monesterio, siendo en él muchas veces priora; y que la cobr('> 
tanta amistad é afición, que después que murió la dicha Tere- 
sa de Jesús trató con este testigo el dicho Don Alvaro que que- 
ría tomar para su entierro la dicha capilla mayor (l ) del dicho 

(i) Aquí se puntualiza un sitio preferente en los enterramientos con- 
venidos con anterioridad, dentro de la iglesia, en el monesterio de San 
Joseph de Avila. 



340 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE I.A IIISTÜKIA 

monesterio de San Joseph; é hacer en ella ítna sepultura suntuo- 
sa para el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús, y sin duda sabe 
esle testigo por las muchas veces que lo trató con él, que su 
principal intento^ después del servicio de Nro. Señor, fué honrar 
el cuerpo de su sierva cuando se resolvió en lo que dicho tiene; 
é así vino á esta ciudad de Avila el dicho Obispo y se concertó 
con la dicha priora, monjas y convento de San Joseph, de hacer 
esta capilla mayor con sepultura para el dicho Obispo é para la 
dicha Teresa de Jesús á su costa. E darles á la vez para el dicho 
convento ciento é cincuenta ducados de renta en cada un año, á 
razón de veinte mil el millar: y sin esto dotarles otros doscientos 
mil maravedises de renta en cada un ano, á la dicha razón de á 
veinte mil para capellanes, mayordomo, ministro y fabi'ica de 
ornamentos y reparo de la dicha capilla y les donó y entregó la 
posesión de bienes muebles, joyas, oro y plata que valía la dicha 
cantidad como parece todo por una escritura de contrato j dona- 
ción que otorgó el dicho Obispo ante Antonio Rodríguez, Escri- 
bano de número de Valladolid por el mes de Diciembre del año 
DE ochenta y cuatro á que se refiere. Y luego el dicho Obispo 
en ejecución del dicho contrato^ comenzó á edificar la dicha capilla 
y sacristía, y está edificada con el dicho entierro para la Madre 
Teresa de Jesús que sale al cuerpo de la dicha capilla y respon- 
de al coro de las monjas; y la obra está en estado que de aquí al 
día de Navidad se harán los oficios en la dicha capilla, porque en 
ésta y coro de las monjas y sacristía están gastadas hasta hoy, de 
la hacienda del dicho Obispo, más de cuatro mil é doscientos du- 
cados. Sin bienes é otras cosas, que están en poder del dicho 
convento, de valor de las que el dicho Obispo las dio para el di- 
cho efecto: lo cual sabe este testigo porque así el dinero, para la 
dicha obra que se gasta, como todo lo dicho en esta repregunta, 
ha pasado por su mano de este testigo, y pasa como uno de los 
testamentarios que es él del dicho Obispo: é de tal manera deseó 
traer aquí el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús é conseguir su 
fin que era éste, que celebrándose Capítulo de los frailes descal- 
zos Carmelitas en el monesterio de San Pedro de Pastrana el año 
pasado de mil é quinientos é ochenta y cinco, por. el mes de Oc- 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 34 P 

tubre é de ochenta y cuatro á este testigo le mandó el dicho- 
Obispo ir al dicho Capítulo y de su parte pedirles que, pues era 
justicia que el dicho cuerpo se trújese al monasterio de Sanjo- 
seph de Avila, ansí por ser natural de ella la dicha Teresa de 
Jesús, como por ser este el primer monesterio que ella fundó de 
la dicha Orden, como por ser profesa en él y estar consignado sa 
cuerpo á él por la patente del dicho fray Jerónimo Gracián, Co- 
misario, como por ser priora actualmente en él cuando murió y 
venir á él, é por otras razones muchas, mandóse que el cuerpo se 
trújese al dicho convento; pues él hacía la capilla mayor de éste 
como actualmente estaba haciéndose entonces, y entierro en ella 
con la suntuosidad é decencia que se debe á la religión de dicha 
Madre Teresa de Jesús. E ansí el dicho Capítulo se resolvió de 
que el cuerpo fuese traído al dicho monesterio de San Joseph de 
Avila desdel monesterio de la Encarnación de Alba como se hizo,, 
y lo cometieron á religiosos que lo ejecutaron (l); y esta es la ver- 
dad y lo que pasó y el deseo grande que el dicho Obispo tu\'0 en 
que el cuerpo de la dicha Madre se pusiese en el dicho moneste- 
rio de San Joseph en la capilla que hacía y hace: y esto responde. 

10. En la décima pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene. 

11. En la undécima pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene y que verdaderamente era Priora del dicho monesterio de 
San Joseph de Avila la dicha Teresa de Jesús y la faltaban mu- 
daos días de cumplir, cuando murió, en el dicho monesterio de 
Avila. 

12. En la duodécima pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene. 

13. En la décima tercera pregunta dijo: que sabe que desde 
la villa de Alba á la ciudad de Avila no hay más que doce ó ca- 
torce leguas, que en dos días sobra tiempo, lo cual sabe por él 
haber andado; y esto responde. 

14. En la décima cuarta pregunta dijo: que por ser, como 



(i) Estos fundamentos desautorizan los juicios del distinguido histo- 
riador de Santa Teresa en Alba de Tormes, que en la pág. 304 de su mo- 
derna y bien escrita obra califica de robo la ejecución de un mandato 
con autoridad bastante. 



342 boletín de 1.a keal academia du la historia 

dicho tiene, tan fácil el dicho camino y breve con mucha como- 
didad é á muy poca costa se puede traer el cuerpo de la dicha 
Teresa de Jesús á su monesterio de San Joseph de Avila. 

1 5. ]''ii la décima quinta pregunta dijo: que por ser como di- 
cho es, tan cerca la dicha distancia de Avila á Alba se ha traído 
y llevado el dicho cuerpo dos veces con ta.n poca costa, que con 
mucha comodidad lo puede hacer cualquier religioso de la dicha 
Orden ó persona á quien se encargue. 

16. En la décima sexta pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene en la pregunta octava. 

17. En la décima séptima pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene en la repregunta nueve; r sabe más, qiie tratando este tes- 
tigo con los dichos frailes, en el dicho Capitulo, de la mudanza del 
dicho cuerpo de Alba á la ciudad de Avila, le dijeron algunos re- 
ligiosos QUE SIN QUE EL DICHO ObISPO DoN AlVARO HICIERA EL RE- 
CUERDO, LA Orden estaba en la determinación de traerla á la dicha 
Casa de Avila, por saber que esta era la voluntad de la dicha ma- 
dre, é no se acuerda más de que fueron tres ó cuatro religiosos de 
los más graves los que se lo dijeron. 

18. En la décima octa\'a pregunta dijo: que sabe que el di- 
cho cuerpo de la dicha madre Teresa de Jesús en virtud del man- 
dato del Capítulo se trujo del dicho monesterio de Alba á este 
de San Joseph de Avila, con gran quietud é pacificación sin 
contradicción alguna é á muy poca costa, porque este testigo 
vino con él desde Alba á Avila y se entregó á las dichas monjas 
de San Joseph por fray Gregorio Xazianceno, \'icario provincial 
que entonces era; y esto responde. 

19. En la décima nona pregunta dijo: que dice lo que dicho 
tiene en la novena pregunta. 

20. En la vigésima pregunta dijo: que se atiene á lo contes- 
tado á la novena. 

21. En la vigésima primera dijo: que sabe que las dichas 
monjas de San Joseph de Avila, desde que el dicho fray Jeróni- 
mo Gracián les entregó el dicho cuerpo por el mes de Noviem- 
bró del año de ochenta y cinco hasta que por el mes de Agosto 
del año pasado de ochenta y seis le \'olvieron á Alba por un 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 343 

mandato de Su Santidad, le tuvieron é poseyeron quieta y pací- 
ficamente los dichos monjes de San Joseph; é teniéndole é pose- 
yéndole de esta manera fueron despojados de él con gran recato 
é secreto; y éste sabe é que cuando se entendió en la cibdai dio 
mucha pena pareciendo que á ella y al dicho nionesterio se habla he- 
cho mucho agravio. 

22. En la vigésima segunda pregunta dijo: que sabe que en 
todo el tiempo que estuvo el dicho cuerpo en el monesterio de 
la Encarnación de Alba, permaneció enterrado debajo de tie- 
rra, hasta que lo sacaron fray Jerónimo Gracián é otros religio- 
sos, á los cuales oyó decir la indecencia con que estaba, y no 
sabe se haya hecho gasto ninguno por ninguna persona de la 
casa del Duque de Alba, ni otro alguno á gloria de Dios é de la 
dicha su sierv'a: é al presente entiende este testigo está con mu- 
cha indecencia, según se han informado los que lo saben. 

23. En la vigésima tercera pregunta, dijo: que ha oído decir 
á personas fidedignas é religiosas de la dicha Orden, y es públi- 
co y notorio, que en la dicha Casa de la Encarnación de Alba no 
tiene el Duque de Alba ni el Prior Don Fernando de Toledo, ni 
otro alguno en su casa que ver en él, ni son fundadores, ni tie- 
nen en él capilla, ni derecho alguno, porque le hizo é fundó á su 
costa, como dicho tiene, 7ina vuLJer particular que se decía Tere- 
sa Layz (i); y esto responde. 

24. En la vigésima cuarta pregunta dijo: que lo que ha 
dicho es la verdad, público y notorio so cargo de juramento 
hecho, y lo firmó de su nombre etc.=J° Carrillo. r=El Licen- 




(i) Es de llamar la atención, y causará extrañeza, la forma despectiva 
que se emplea en este pleito al citar á la Patrona del convento de la En- 
carnación de Alba, que tanto intervino á última hora en los asuntos inte- 
riores de régimen y elección de oficios en el mismo. 




344 boletín de la real academia de la historia 

ciado Don Jn° de Forres. =Pass(3 ante mí: Ruiz Caballero. = 
Está rubricado. 



Declaración del Maestro Gaspar Daza, 

Racionero di la Catedral de Avila. 

El dicho Maestro Gaspar Daza, Racionero en la Santa Iglesia 
Catedral de la ciudad de Ávila, testigo susodicho, prestando ju- 
ramento en forma sacerdotal, é siendo preguntado por las pre- 
guntas é repreguntas, dijo é depuso lo siguiente: 

I.^ A la primera pregunta dijo: que conoce á la Priora é con- 
vento del monesterio de San Joseph de esta ciudad de Ávila, 
que es de monjas Carmelitas Descalzas; ha oído decir á los de- 
más contenidos en la pregunta, que son el Duque de Alba y 
Prior D. Hernando, y conoció asimismo á la Madre Teresa de 
Jesús, de vista, trato é comunicación que con ella tuvo, ha tenido 
é tiene é ha oído decir este pleito, y esto responde. 

En \2L primera repregunta dijo: que ya tiene dicho 6 declarado 
en la pregunta antes de ésta, y que es Clérigo, Presbítero y Ra- 
cionero en la Catedral de esta ciudad de Ávila, é no es familiar 
del dicho convento é monjas de San Joseph, ni le va interés en 
esta causa, y esto responde á la pregunta. 

Preguntado por las generales de la ley y en cada una de ellas 
dijo: que es de edad de sesenta años cumplidos é no es deudo ni 
enemigo de ninguna de las partes; excepto que en el dicho con- 
vento está una religiosa que es hija de un primo segundo de estt^ 
testigo, pero por eso no dejará de decir verdad de lo que supiere 
y le fuere preguntado, que no viene dadivado, sobornado ni ate- 
morizado, ni le toca ninguna de las demás preguntas generales 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 345 

de la ley que le fueron hechas, é desea venza quien tuviese 
justicia. 

2.^ En la segunda pregunta dijo: que este testigo conoció, 
como dicho tiene, á la dicha Madre Teresa de Jesús, religiosa en 
el monesterio de la Encarnación de esta ciudad muchos años ha, 
y este testigo cree é tiene por cierto que era natural de esta ciu- 
dad, pero este testigo no conoció á sus padres; é asimismo vi- 
niendo dos hermanos suyos de Indias, que fueron Lorenzo de 
Cepeda é Pedro de Ahumada, se vinieron á esta ciudad como á 
su natural; donde el dicho Lorenzo de Cepeda residió hasta que 
murió, y el dicho Pedro Ahumada está é reside al presente en 
esta ciudad; y por esta razón cree lo que dicho tiene, é por tal 
natural de esta ciudad era habida é tenida y este testigo la tenía 
comúnmente reputada, é nunca oyó, supo ni entendió cosa en 
contrario, porque si otra cosa fuera, este testigo lo supiera, é no 
pudiera ser menos, por tratar algunas compañeras que lo podían 
saber é nunca tal les oyó, y esto es público é notorio é pública 
voz y fama y lo que responde á esta pregunta. 

En la segunda repregunta dijo: como dicho tiene este testigo, 
conoció á la dicha Madre Teresa de Jesús y sabe que edificó el 
monesterio de la Encarnación, que la pregunta dice, en la villa 
de Alba, como edificó otros muchos, é responde sabe este testi- 
go que edificó el monesterio de las Descalzas de esta ciudad, y 
otros en Toledo, Medina del Campo, en Valladolid y en Mala- 
gón, y en \"eas, y en Burgos y en otras muchas partes: é sabe 
asimismo que la dicha Madre Teresa de Jesús como fundadora 
del dicho monesterio de Alba estuvo en él y nunca fué monja 
conventual ni prelada en el dicho monesterio, y esto responde 
á esta repregunta. 

3.^ En la tercera pregunta dijo: que sabe este testigo que la 
dicha Madre Teresa de Jesús era monja profesa del monesterio 
de la Encarnación de esta ciudad, que es de monjas del Carmen 
Calzadas de la regla primitiva, y estando en el dicho monesterio^ 
sabe este testigo que salió con licencia de sus perlados del dicho^ 
monesterio de la Encarnación, que es el primer monesterio que 
ella fundó, é después de haber estado muchos días en el dicho 
TOMO Lxviii. 22 



346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

monesterio de San Joseph, salió de él á edificar y fundar los 
demás monesterios que ha fundado con licencia de sus perlados, 
y esto es público é notorio en esta ciudad. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene é ha oído 
decir por público é notorio lo contenido en la repregunta, pero 
este testigo no se halló presente á ello ni sabe cosa de lo en la 
pregunta contenido; c ha oído decir, á quien se halló presente, que 
¡a dicha Teresa de Jesús no trató de adonde se había de enterrar 
su cuerpo, antes preguntándoselo, se enfadó de que se lo pregunta- 
se, c dio muestras de ello, porque era tan religiosa, que como en 
vida lio hizo su voluntad, sino la de sus superiores, había de en- 
tender, como lo entendió, que no tenia que tratar en lo que tocaba 
á su cuerpo principalmente, que porque sabía que doquiera que 
muriese, la habían de traer á enterrar á esta ciudad de Avila, 
porque por una patente fray Jerónimo Gradan, fraile descalzo car- 
melita, tenía ordenado y dispuesto que doquiera que viuriese la tru- 
jesen su cuerpo á enterrar d Avila, y d ella le era esto notorio, y 
ansí no tenía que tratar en su muerte ni decía á do quería que la 
enterrasen, y esto responde. 

4.^ En la cuarta pregunta dijo: que como dicho tiene en la 
pregunta tercera sabe, y es así público é notorio en todo el reino, 
que el primero monesterio que fundó la dicha Madre Teresa de 
Jesús de monjas Carmelitas Descalzas en la regla primitiva fué el 
monesterio de San Joseph de esta ciudad; y lo sabe por las ra- 
zones que dichas é declaradas tiene en la tercera pregunta, é 
porque este testigo fué el sacerdote que dio el hábito de la dicha 
Orden é monasterio de las dichas monjas que en él se recibieron, 
que fué día de San Bartolomé, que no se acuerda de qué año, y 
así es público é notorio é pública voz é fama en común opinión 
en esta ciudad, y esto responde. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en la pre- 
gunta, é sabe que la dicha Madre Teresa de Jesús fué la funda- 
dora del dicho monesterio de San Joseph de esta ciudad, é por 
tal fundadora fué habida é tenida é comúnmente reputada en esta 
ciudad de Ávila y su comarca ; / que sabe que la casa donde 
fundó y edificó el dicho [Monesterio, se compró para el dicho 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 347 

tfecto, la cual dicha casa/w/ de tm clérigo que se llamó Valbelli- 
do, y lo sabe porque tiene muy entera memoria de ello y es así 
notorio, y esto responde. 

5.^ En la quinta pregunta dijo: que este testigo ha oído de- 
cir por público é notorio á persona que se halló presente á todo 
lo que dirá en esta pregunta, que después de haber fundado el 
dicho monesterio de San Joseph de esta ciudad, la dicha Madre 
Teresa de Jesús, é ya estaba instituido é se guardaba en él la re- 
gla primitiva, la dicha Madre hizo profesión en el dicho mones- 
terio de San Joseph de ^-^vila de la misma regla y la profesó y 
quedó por fundadora del dicho monesterio, y esto es evidente, 
porque á no ser profesa, no pudiera estar sujeta, como lo estaba, 
á los Perlados Descalzos Carmelitas, y así es público y notorio, 
pública voz é fama y común opinión. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, y que sabe 
que cualquier fraile ó monja que muriese en el monesterio, aun- 
que haya hecho profesión en otro, le enterrarán en el moneste- 
rio donde el Perlado quisiera, y así se deja entender, y esto res- 
ponde. 

6.^ A la sexta pregunta dijo: como dicho tiene en las pregun- 
tas antes de ésta, sabe y es \-erdad que después que la dicha 
Madre Teresa de Jesús fundó el dicho monesterio de San Joseph 
de esta ciudad é profesó en él, salió á edificar en otras partes 
otros monesterios, y andando en el ejercicio é fundación de 
ellos, cuando no tenía que hacer, volvía é volvió algunas veces 
al dicho monesterio de San Joseph como á casa particular suya, 
y esto responde á la pregunta. 

A la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, é que sabe, 
cuando la dicha Teresa de Jesús salió á la fundación que se hizo 
de Burgos^ trató con este testiguo si seria bien llevar consigo una 
sobrina suya, hija de Lorenzo de Cepeda, su hermano, porque 
en esta ciudad no pretendiesen sus deudos sacarla del moneste- 
rio, porque su padre era muerto, y este testigo la aconsejó que 
se la llevase consigo hasta en tanto que volviese á San Joseph y 
ella diese la profesión; é así ha oído decir este testigo que venía 
muy apriesa y que desde Medina quisiera venirse derecha á 



348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

.Vvila, sino que fray Antonio de Jesús la hizo fuerza, que era per- 
lado suyo entonces, viniese por Alba y que fué muy contra su 
voluntad, S(51o por cumplir la obediencia, porque venía á estar en 
su casa y á dar la profesión á su sobrina, y que entiende que 
al presente la dicha Teresa de Jesús era Priora del dicho mones- 
terio de San Joseph de Avila; quien venía con ella dijo á este 
testigo que nunca pudio'on ¿as monjas de Alba consegiiir de ella 
que entendiese en cosa tocante al diclio monesterio los pocos días 
que estuvo en Alba, que fne?-on muy pocos, con haher elección de 
Priora en aquella sazón en el dicho monesterio de la Encarnación 
de Alba, y esto responde. 

7.^ En la séptima pregunta dijo: que ya tiene satisfecha esta 
pregunta en la pregunta antes de ésta. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene é que cuan- 
do murió la dicha Teresa de Jesús este testigo no se halló en 
Alba, y así no sabe cosa de lo en ella contenido. 

8.^ En la octava pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, 
porque acerca de ello en la pregunta contenida ha dicho y de- 
clarado lo que sabe en las preguntas antes de ésta. 

En la repregunta dijo: que dice lo que dicho tiene, y que sabe 
y conoció al dicho D. Alvaro de Mendoza, Obispo que fué de 
Avila; y sabe que el dicho D, Alvaro trató con las monjas del 
monesterio de San Joseph en presencia de este testigo, de 
hacer una capilla en el dicho monesterio donde se enterrase él 
y la dicha Teresa de Jesús; la cual dicha capilla está casi aca- 
bada y se concertó el dicho Obispo con las dichas monjas de 
las dotaciones que había de tener la dicha capilla, y las pro- 
metió tres mil ducados por el suelo de ella, y le cuesta la dicha 
Capilla é sacristía para ella cuatro mil é ducientos ducados; sin 
muchos dineros que se han gastado en el edificio del coro que 
fué necesario hacer para las dichas monjas é costará acabar- 
se; y en dicha capilla están hechos dos entierros suntuosos é 
muy buenos el uno para el dicho Obispo D. Alvaro, el otro 
para la dicha Teresa de Jesús, y esto es lo que sabe y responde 
á esta pregunta, lo cual sabe por haberse hallado presente á todo 
ello. 



RELACIONES BIOGRÁFICAS DE SANTA TERESA DE JESÚS 349 

10. En la décima pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en las preguntas antes de ésta. 

11. En la oncena pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en las preguntas antes de ésta. 

12. En la doce pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene en 
las preguntas, porque allí tiene declarado lo que sabe de lo con- 
tenido en esta pregunta. 

13. En la trece pregunta dijo: que sabe este testigo que 
desde la villa de Alba no hay más que doce leguas, porque así 
es notorio y es camino muy bueno é breve é, pasajero, é que en 
breve tiempo se puede andar, y así es público y notorio. 

14. En la catorce pregunta dijo: que como dicho tiene, el 
dicho camino de Alba á esta ciudad es muy breve é fácil, é por 
ser tan fácil se puede traer cómodamente é con mucha facilidad 
el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús á esta ciudad, como la lle- 
varon desde esta ciudad á la villa de Alba y desde Alba la tra- 
jeron antes á esta ciudad, y así es notorio é público. 

15. En la quince pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en la pregunta antes de ésta. 

16. En la diez y seis pregunta dijo: que este testigo, como 
dicho tiene en las anteriores, ha oído decir lo contenido en la pre- 
gunta por público y notorio é se remite á la dicha patente que 
que por ella constará la verdad, y esto responde. 

17. En la diez y siete pregunta dijo: que lo contenido en la 
pregunta, dijo á este testigo Juan Carrillo, Tesorero de la Santa 
Iglesia de Avila, como fué en nombre del Obispo D. Alvaro de 
Mendoza á Pastrana á tratar el dicho negocio de que se trajese al 
dicho monesterio de San Joseph de Avila el cuerpo de la dicha 
Teresa de Jesús, el cual cuando vino, dijo á este testigo cómo se 
había mandado é determinado así lo contenido en la pregunta; 
por esta razón lo sabe é cree é tiene por cierto y es notorio en- 
tre las personas que de ello tienen noticia. 

18. En la diez y ocho pregunta dijo: que sabe que en virtud 
del dicho mandato prox'eído en Capítulo sé trujo el cuerpo de la 
<:licha Teresa de Jesús, desde la villa de Alba adonde estaba en- 
terrada, á esta ciudad al monasterio de las Descalzas de ella. 



350 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

quieta é pacíñcamente y se puso y enterró en la sepultura que 
para ella estaba hecha; é así es público é notorio. 

19. En la diez y nueve pregunta dijo: que como dicho tiene 
en las preguntas antes de ésta, sabe que el dicho D. Alvaro de 
Mendoza á su propia costa hizo, é hacen de sus bienes la capilla 
c^ue la pregunta dice, y el venirse á enterrar desde Falencia á 
Avila, filé porque pensó y tuvo por cierto que la dicha Teresa de 
'Jesús se había de enterrar en Avila, y así él por enterrarse donde 
ella compro la dicha capilla y labró en ella sepultura para él y 
para la dicha Teresíi de Jesús, y así es notorio é público en esta 
ciudad, y no sabe este testigo porque lo ovo decir é tratar al 
DICHO Obispo D. Alvaro y lo sabe muy bien y es así cierto é 
notorio. 

20. En la veinte pregunta dijo: que dice lo que dicho tiene 
en las preguntas é ha oído decir por público é notorio lo conte- 
nido en la misma. 

21. En la veinte é una pregunta dijo: que sabe este testigo 
que el cuerpo de la dicha Teresa de Jesús fué traído á esta ciu- 
dad desde la villa de Alba por el mes de Noviembre del año de 
ochenta y cinco, y siempre tuvieron é poseyeron las dichas mon- 
jas aquella é pacíficamente sin contradicción alguna, hasta que por 
el mes de Agosto del año de ochenta é seis vinieron con un man- 
damiento, y entiende este testigo que no lo entendió gente de la 
ciudad, porque fué muy secreto é con mucha brevedad al llevar 
el dicho cuerpo á Alba, y esto responde. 

22. En la veinte é dos pregunta dijo: que no sabe cosa de lo 
en la pregunta contenido, y esto responde á esta pregunta. 

23. FLn la veinte é tres pregunta dijo: que sabe este testigo 
que el dicho Duque de Alba ni el Prior D. Fernando no tienen 
en el dicho monesterio de Alba capilla, ni han dado ni dan para 
él cosa alguna ellos ni nengunos de sus casas, y lo saben porque 
este testigo se halló en Alba cuando se fundó el monesterio; y 
sabe que la dotadora de él y fundadora y la que dotó é dio para 
él todo lo necesario fué Teresa Layz y no el dicho Duque de 
Alba ni Prior de San Juan ni nenguno de su casa y así no tienea 
en el dicho monesterio cosa alguna; y este testigo se halló pre- 



POLÍTICA DE ESPAÑA RESPECTO DE AMERICA 



35' 



senté á todo ello y_ predicó á las primeras monjas que en él en- 
traron y vio cuando se tomó la posesión de él, y así es notorio é 
público en la dicha villa de Alba y esto es así, y lo que este tes- 
tigo responde. 

24. En la veinte é cuatro pregunta dijo: que lo que dicho 
tiene es la verdad é público é notorio so cargo del juramento que 
tiene techo y lo firmó de su nombre. Leyósele su dicho y ratifi- 
cóse en él.=El Maestro Daza.=El Licenciado Juan de Forres. 
Pasó ante mí, Ruiz Caballero. := Está rubricado. 




¿/¿¿CerLdo 



o-K 





#/-t-'t- 



«V, Ua^l^ Cau^ atí^ri 



( Cont'nmará.) 
7 Enero 1916. 



ye-'u 



José Gómez Centurión, 

Cnrrespondiente. 



II 

ALGUNAS IDEAS REFERENTES Á LA POLÍTICA DE ESPAÑA, 
RESPECTO DE AMÉRICA, DURANTE EL REINADO DE FELIPE IV 

De la acción de España en América conocemos con bastante 
exactitud lo relativo al descubrimiento y á la conquista; comienza 
á formarse idea de la labor realizada durante el siglo xvi por los 
Reyes Católicos, por Carlos I y por Felipe II, y nos son familia- 
res las reformas llevadas á cabo por los Ministros de Carlos III, 
aunque acaso no se haya formado juicio definitivo sobre las con- 



352 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

secuencias que estas produjeron; pero todo lo referente al si- 
glo" XVII, esto es, lo relativo al período que comprenden los rei- 
nados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, no es todavía sufi- 
cientemente conocido, porque, como ha dicho, con razón sobra- 
da, el Marqués de Villaurrutia, de la decadencia no hay ninguna 
verdadera Historia debida á la pluma de autor español (l). 

No lo es la que publicó el Sr. Cánovas, porque fué escrita por 
éste en los días de su juventud, cuando aún no podía poseer los 
tesoros de erudición que después acumuló, ni la experiencia y el 
juicio equilibrado y sereno que formó más tarde en el ejercicio 
de las más altas funciones del Gobierno; y claro es que menos 
merecen ese calificativo los Estudios del reinado de Felipe IV, 
con ser obra tan notable, en la que se rectifican muchas de las 
opiniones por el mismo Sr. Cánovas formuladas en su Historia de 
la decadencia y el Bosquejo histórico que el Sr. Silvela puso al frente 
de las Cartas de Sor María de Agreda y Felipe IV. Én estos traba- 
jos, así como en el discurso que el segundo de los citados autores 
escribió, para su recepción en esta Academia, sobre los Alatrinio- 
nios de España y Francia en i6i§, hay abundantes datos, nuevos 
en gran parte, y múltiples observaciones, muy acertadas en su 
inmensa mayoría, acerca de importantes sucesos de ese intere- 
sante período; pero ni los unos ni las otras bastan para producir 
un juicio definitivo respecto de la situación de España y de la 
política de sus gobernantes durante ese siglo xvii, tan sombría- 
mente pintado y tan severamente juzgado por la generalidad de 
los escritores. 

La misma labor de los extranjeros, tan abundante cuando se 
trata de Carlos I y de Felipe II, es escasísima respecto de Fe- 
lipe III, de Felipe IV y de Carlos II. Las figuras de estos tres 
últimos han quedado casi completamente eclipsadas por la del 
glorioso solitario de Yuste y la del severo fundador del Monas- 
terio del Escorial. Yo no digo que quepa compararlas, aunque sí 



f i) ViHaurriitia: Relaciones entre España y Austria durante el reinado de 
la Etnperatriz Doña Alargarita, Infanta de España, esposa det Emperador 
Leopotdo 1. — Madrid, 1905. 



política de ESPAÑA RESPECTO DE AMERICA 353 

estimo de justicia que se tenga en cuenta así el estado del país al 
iniciarse la decimoséptima centuria, como la situación interna- 
cional que heredaron esos ¡Monarcas, y que no nos dejemos des- 
lumhrar por el brillo de las armas, ni imaginemos que no hay más 
gloria para un gobernante y para un pueblo, que la gloria siempre 
sangrienta y á veces estéril, de las victorias militares. Pero el 
hecho es que la bibliogratía extranjera, que ocupa algunas pági- 
nas respecto de los primeros, pues sólo de Felipe II se cuentan 
más de 1 70 obras publicadas fuera de España, cpeda reducida á 
tan estrechos límites tratándose de los tres últimos Monarcas, que 
apenas si cabe citar alguna obra más que las que, sobre aspectos 
ó hechos parciales de esos reinados, escribieron Mignet, Hippe- 
au, Gaedeke, Laffleur de Kermaingant, Lea, Waddington, de 
Boer, Legrelle, Morel-Fatio, Pribram y Moriz Landwehr von 
Pragenau. 

Esto demuestra que, desgraciadamente, no se ha comprendido 
que, como ha dicho Cánovas, «no es el estudio de los hechos y 
de los hombres afortunados el que mayor utilidad trae á las na- 
ciones, ni el -más digno de los cuidados de la Historia», porque 
«mucho más que la prosperidad enseña la desgracia, lo mismo á 
una nación que al individuo», y porque las lecciones deducidas 
de la adversidad son más útiles á la Nación que al indi\'iduo, pues 
«cada Nación logra, al ñn y al cabo, lo que merece, que para eso 
son perpetuas y pueden reparar las obras del acaso en mayor ó 
menor transcurso de tiempo, muy al revés que los individuos á 
los cuales suele atajarles la muerte antes de tomar desquite de la 
mala fortuna» (i). 

Claro es que si la Historia del período de nuestra decadencia 
no se ha escrito aún; si especialmente de la labor de Felipe III y 
Felipe I\' no tenemos más que noticias incompletas y estudios 
parciales, en su mayoría apasionados, no puede sorprender que 
de lo relativo á nuestra acción en América durante esos reina- 
dos, carezcamos casi totalmente de informes y de juicios. 

La lectura de nuestras Historias generales, como la de Lafuen- 

(i) Cánovas: Estudios del rei/iado de Felipe /F. — Madrid, 1889. 



354 boletín de la real academia de la historia 

te, deja en el ániíiio la impresión de que en el siglo x\'ii los hom- 
bres que dirigían los destinos de España, si no prescindieron de 
cuanto se refería á las provincias de Ultramar, miraron éstas con 
un interés muy relativo, acaso porque no comprendían la política 
iniciada por Doña Isabel y D. Fernando, y desarrollada por 
Carlos I y Felipe II. Y sin embargo, á medida que se va profun- 
dizando en el estudio de la Historia de América durante el pe- 
ríodo colonial, se advierte que esa impresión es errónea, y que, 
si bien es cierto que América no pudo sustraerse á las conse- 
cuencias de la situación de la Península, principalmente en lo re- 
lativo á la parte administrativa, no lo es menos que durante los 
reinados de Felipe III, Felipe IV^ y aun del mismo Carlos II, los 
gobernantes españoles siguieron, con más ó menos acierto, pero 
con idéntica orientación, la hermosa, humanitaria y civilizadora 
obra emprendida á raíz del descubrimiento. 

No, no era en la Corte todo fiestas y regocijos en los días de 
Felipe IV. El Rey pensaba en algo más que en correr de noche 
por las calles en busca de aventuras amorosas y en divertirse con 
las comedias del Buen Retiro. Si las cartas del Monarca á Sor 
María de Agreda no hubiesen obligado á rectificar en no pequeña 
parte el juicio que hasta ahora merecía el regio amante de la Cal- 
derona; y si estudios como los de Cánovas sobre la figura del 
Conde-Duque, no echasen por tierra muchas de las apasionadas 
y violentas críticas que se han hecho de la labor del favorito, el 
examen de las consultas de los Consejos —material casi inagota- 
ble y todavía poco estudiado de noticias, de datos y de opinio- 
nes que ilustran poderosamente las páginas que parecían más 
obscuras de los anales de dicho reinado — • , el examen de esas 
consultas, repito, bastaría para comprobar que hay que modificar 
el concepto que generalmente se tiene del reinado de Felipe IV, 
á lo menos en lo referente á la responsabilidad que alcanza al 
Monarca por las desgracias que cayeron sobre la Nación. 

Por lo que á nuestra acción en América se refiere, la lectura 
de la Recopilación de las Leyes de Indias demuestra que durante 
los cuarenta y cuatro años que ocupó el Trono Felipe IV, no 
sólo se conservó la tradición de la política colonial española, sino 



política de ESPAÑA RESPECTO DE AMÉRICA 355 

que cabe decir que se acentuó, porque al reiterar las afirmaciones 
capitales de aquélla, se ampliaron y se desenvolvieron felizmente 
los principios sentados por los Reyes Católicos, por Cai-los I y 
por Felipe II, dándose origen á instituciones como la que un ilus- 
trado escritor americano (i) ha titulado Resguardo de indígenas , 
y que no tiene similar en las legislaciones de los demás pueblos 
colonizadores, porque, para mayor gloria nuestra, ningún otro, ni 
antes, ni después, ni nunca, ha llevado tan lejos su protección y 
su solicitud por los indígenas. 

¿Qué pueblo del mundo, fuera del español, ha consagrado el 
respeto á la propiedad de la tierra en los indios, y ha establecido 
en favor de éstos una desigualdad tan notoria en materia penal, 
como la de castigar algunos delitos más severamente cuando los 
cometía un español que cuando los cometía un indígena? Pues 
esto, y mucho más, hizo España en el período llamado de la de- 
cadencia; y eso demuestra la inexactitud con que se ha afirmado 
que en el siglo xvii los gobernantes españoles no se preocuparon 
de la situación de América. La Real Cédula de I ó de Marzo de 
1642, reservando á los indios las tierras que les pertenecían y 
prohibiendo que las enajenasen; y la de 30 de Junio de 1 646, 
mandando que no fuese admitido á composición de tieiras el que 
no las hubiese poseído por diez años, pero que lo fuesen las co- 
munidades de indios con preferencia á las demás personas parti- 
culares, estas dos reales disposiciones constituyen timbres de 
honor del reinado de Felipe IV. El reconocerlo así es un tributo 
de justicia que no debe negarse á la memoria de ese Monarca, 
ya que, por desgracia, en tantas otras cosas hubo de hacerse 
acreedor á las censuras de la Historia. 

En nuestros archivos existen numerosos documentos que con- 
tribuyen á evidenciar cómo, durante el reinado de Felipe IV, 
preocuparon grandemente á la Corte los asuntos de las Indias; 
pero su contenido obliga á hacer, imparcialmente, una fundamen- 



(i) D. Luciano Herrera: España y hs indios de America. Memoria pre- 
sentada al Congreso de Historia y Geografía hispano-americanas, celebra- 
do en Sevilla en 1914 



356 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tal distinción: la de que si bien en lo relativo á los indígenas se 
mantiene, y aun se acentúa, como queda dicho, la política iniciada 
por D, Fernando y Doña Isabel, en lo referente á las relaciones 
entre el Nuevo Mundo y la Metrópoli, domina, por efecto, sin 
duda, de la situación de la Península, la idea de asegurar el con- 
curso de las provincias ultramarinas para atender á las necesida- 
des del Tesoro. Entre esos documentos hay varios, de los que 
no tengo noticia que se haya hecho mención hasta ahora, y sobre 
los cuales deseo llamar la atención de la Academia. Esos docu- 
mentos son: el informe emitido en 27 de Febrero de 1623 por 
la Junta que S. M. mandó hacer á D. Diego Brochero, de Gene- 
rales, Almirantes y Capitanes, sobre los rumbos que podían traer 
los galeones de la plata y el que habían de llevar los navios de 
la armada del mar Océano que fueran en su busca; el informe 
dado por el Conde de la Puebla, en 26 de Noviembre de 1 63 1, 
acerca de una proposición referente á la manera de poner á cu- 
bierto la navegación y el comercio de las islas Española y de 
Puerto Rico de los ataques de las escuadras holandesas; y la opi- 
nión del licenciado Garci Pérez de Araciel — individuo del Conse- 
jo Real, que tomó la confesión con cargos al Duque de Uceda 
en el castillo de Torrejón de Velasco— sobre la denuncia formu- 
lada por Lucas l'ernández Manxon, vecino de las minas de San 
Luis de Potosí, respecto del contrabando de plata y el modo de 
averiguar la que traían los navios holandeses. 

Conviene dar idea, siquiera sea muy ligera, del contenido de 
estos documentos. 

En 23 de Febrero de 1 623, el Rey mandó á D. Diego Broche- 
ro que reuniese á las personas que le indicaba, para que con ellas 
deliberase respecto del rumbo que podrían traer los galeones que 
se hallaban en la Habana. 

La junta se celebró cuatro días después, concurriendo, además 
de Brochero, el General D. Juan de Benavides, el Almirante don 
Jerónimo de Sandoval, el Gobernador D. Juan de Haro, el Mar- 
qués de Bedmar, el General D. Rodrigo de Mendoza, el Capitán 
D. Juan de León, D. Antonio de Sosa, y el General D. Lope de 
Hoces. Los cuatro primeros fueron de parecer que al llegar á la 



política de ESPAÑA RESPECTO DE AMKRICA 357 

altura de 35° y medio, los galeones viniesen por ella hasta hacerse 
dentro de los cabos de San Vicente y Santa María, dejándolos 
por popa, y dirigiéndose al puerto de Sanlúcar ó al de Cádiz, y 
que la Armada los aguardase entre dichos cabos para resguar- 
darlos en el caso de que los vientos los obligasen á navegar por 
mayor altura. 

El Marqués de Bedmar, el General Mendoza, el Capitán León 
y D. Antonio de Sosa, propusieron que los galeones viniesen por 
los 41° y medio hasta los 42°, y que al llegar á esta altura fuesen 
disminuyéndola hasta la de 36° menos cuarto, para ir á dar en- 
tre Setubal y Sines, y desde aquí seguir la costa hasta el Cabo 
de San Vicente, en el cual debería esperar la Armada, corriendo 
desde éste hasta el Cabo Espichel. 

Realmente esta discusión era completamente inútil, pues como 
hizo notar el General D. Lope de Hoces, cuando llegase á la 
Habana la noticia de lo que se acordase, habrían ya salido los 
galeones. Teniendo esto en cuenta, propuso que convenía dejar 
al Marqués de Cadereyta que, oído el pareer de las personas 
peritas que allí estaban, fijase la derrota que debían seguir los 
galeones; añadiendo que desde la Habana sólo podían seguir- 
se dos derrotas: una por los 40° ó 41°, y otra por los 36 ó 37; 
que si el Marqués prefería pasar por la banda N. de las islas 
Terceras (en las cuales se suponía estaba la escuadra enemiga), 
lo efectuase por los 42°, y que si se decidía por la banda S., lo 
verificase por los 35°, con lo cual quedaría siempre bastante dis- 
tante del enemigo; y, en fin, que una ó dos escuadras, según 
fuese posible, se destinasen á limpiar «1 mar de enemigos, yendo 
una á las islas Terceras y quedando la otra barloventeando en el 
Cabo de San Vicente, y que si no pudiese reunirse más que una 
escuadra quedase ésta en dicho Cabo. 

Pone de relieve esta consulta el riesgo que corrían nuestros 
barcos en su navegación á las Indias, pero aún se evidencia más 
el estado á que se había llegado por la decadencia de nuestra 
marina de guerra, analizando la proposición respecto de la cual 
hubo de informar el Conde de la Puebla en 26 de Noviem- 
bre de 163 1. 



358 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Desde que en 1622 comenzó la Compañía holandesa sus ope- 
raciones contra las Indias, se mandó que las naos de las islas de 
barlovento fuesen á Cartagena ó á la Habana, para reunirse en 
estos puertos con los galeones y flotas y hacer en su conserva el 
\-iaje á España. Pero de esto resultó que, sin disminuir gran cosa 
los riesgos, puesto que las naves de la Española y Puerto Rico, 
para ir á la Habana ó Cartagena tenían que atravesar parajes en 
los cuales el enemigo había situado fuerzas, las mercancías se es- 
tropeaban con la demora, y de aquí que disminuyese el comer- 
cio y se despoblasen esas islas. 

Para evitar estos inconvenientes se propuso que el comercio 
de la líspañola y Puerto Rico se hiciese con ocho naves: dos de 
400 toneladas para Puerto Rico, y seis de 200 á 300 para la Es- 
pañola, debiendo llevar cada una de dichas naves de 80 á lOO 
hombres, dos terceras partes de gente de mar, y la otra tercera 
parte de gente de guerra, y estando artilladas con 16 ó 20 pie- 
zas de 5, 6, 7 y 8 libras la bala, y algunas de ío y 12 libras. Las 
ocho naves harían el viaje juntas, con lo cual podrían hacer frente 
á los buques holandeses ó turcos. 

El Conde de la Puebla impugnó largamente esta proposición, 
alegando su falta de novedad , porque eso mismo se había pro- 
yectado en otras ocasiones, y poniendo de relieve los perjuicios 
que, en su concepto, producirían al comercio las alteraciones que 
en el régimen existente se querían introducir. 

En realidad, el informe del Conde de la Puebla no convence: 
todos los daños que la variación de ciertas prácticas podía pro- 
ducir, tenían que ser siempre menores que los que resultaban de 
!a apresión ó destrucción de nuestras flotas por los buques ene- 
migos. Si las circunstancias no consentían aumentar nuestra Ma- 
ca 

riña de guerra para imponer respeto á las escuadras y á los cor- 
sarios ingleses, holandeses, franceses y turcos — que con todos te- 
níamos que luchar, pues aun las naciones con las cuales estábamos 
■en paz en Europa, nos hacían implacable guerra en los mares del 
Nuevo Mundo — , si no era posible entonces, repito, que resur- 
giesen aquellas Armadas que antes habían paseado victorioso 
nuestro pabellón, así por el Mediterráneo como por el Atlántico, 



política, de ESPAÑA RESPECTO DE AMERICA 359 

cuando menos se hacía indispensable utilizar mejor los elementos 
de que disponíamos, robustecerlos por la agrupación y dar así 
alguna garantía á nuestro comercio con América. 

¡Nuestro comercio con América! ¡Qué poco contenido real en- 
cierra esa frase! Se ha creído que nosotros ejercimos un verda- 
dero monopolio, y á decir verdad, esto no fué así ni pudo ser. 
Para hacer efectiva la exclusión de los extranjeros habríamos ne- 
cesitado una poderosa escuadra capaz, ya que no de asegurarnos 
el dominio del mar, de imponer, cuando menos, respeto á to- 
dos nuestros adversarios. Como desde el fracaso de la Invencible 
y, sobre todo, desde el desastre de los Gelves, carecimos de ella, 
América quedó de hecho abierta al comercio de todas las nacio- 
nes, sin que nos fuese posible impedirlo, y en realidad, todos 
comerciaron en ella y todos sacaron de ella más provecho mate- 
rial que nosotros, los descubridores y conquistadores de aquel 
Nuevo Mundo. 

Si alguien dudase de la exactitud de este aserto, el documento 
de que á continuación voy á ocuparme, que es último de los que 
antes he mencionado, encierra una de las muchas pruebas que 
cabría presentar. 

Un vecino de las minas de San Luis de Potosí, llamado Lucas 
Fernández Manxon, denunció el hecho de que de Méjico salía 
mucho oro y plata de contrabando, es decir, sin pagar el diezmo 
que correspondía á la Corona, y propuso, acaso con la idea 
egoísta de ser uno de los agraciados, que se creasen allí las pla- 
zas de fundidor y de ensayador. 

La denuncia encerraba verdadero interés: lo tiene siempre 
todo lo que afecta á las rentas de que se nutre el türario público, 
y lo tenía mayor en aquellos momentos de verdadera penuria 
para el Tesoro. Por esto fué la denuncia objeto de consultas en 
los Consejos, emitiéndose diversos informes, entre los cuales me- 
rece especial mención el formulado por el licenciado Garci Pérez 
de Araciel. 

Juzgaba éste difícil el averiguar la plata que de América saca- 
ban los holandeses y otros extranjeros, porque entendía que 
cualquier remedio que se apHcase perjudicaría al comercio. Se- 



360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEiMIA DE LA HISTORIA 

gún el licenciado Pérez de Araciel, la plata venía en cabeza de 
naturales o naturalizados, los cuales sostenían el comercio mane- 
jando dinero de ingleses y de holandeses; de modo que, en reali- 
dad, eran extranjeros los que comerciaban; nosotros sólo servía- 
mos de intermediarios, y como es lógico, la mayor parte de la 
utilidad se la llevaban los extranjeros. Para atenuar el mal pro- 
ponía, que á los naturalizados se les entregase por la Casa de 
Contratación la plata que á su nombre venía consignada, con la 
reserva de dar cuenta de su paradero; medida que, como se com- 
prende, era perfectamente ilusoria, a menos de prohibir en ab- 
soluto la extracción de plata de la Península. Es decir, que la 
plata pasaba por la Península, como el agua por un canal, para 
ir á fecundizar suelo extraño, fomentando y engrandeciendo el 
comercio y la industria extranjera. 

En resumen; sería totalmente injusto decir que durante el rei- 
nado de P"elipe IV' se consagró un interés muy relativo á los 
asuntos de América. En el terreno meramente legislativo las le- 
yes de Indias demuestran que nuestros gobernantes se inspira- 
ron en los mismos principios adoptados desde tiempos de los 
Reyes Católicos, y los desenvolvieron con acierto, y en el terre- 
no de las relaciones entre el Xuevo. ]\Iundo y la Península, se 
obedeció á las ideas dominantes en la sociedad española. El error 
más grave que entonces se cometió, y cuya influencia palpita en 
todos los informes mencionados, no fué un error exclusivo, pro- 
pio, personal de los hombres que aconsejaban á Felipe IV, sino 
un error del que habían participado los ?^Ionarcas anteriores, y 
que, por desgracia, perduró después; error que constituye una 
de las causas fundamentales de nuestra decadencia; es á saber: 
el no haber comprendido que España, por su posición geográfica 
y por sus dominios en América, necesitaba ser una gran potencia 
marítima ó aliarse, pero con alianza estrecha, íntima, indestruc- 
tible, con una nación que la garantizase la seguridad de sus bu- 
ques y de sus costas. Perdió el poderío en el mar por sus desdi- 
chas y por sus torpezas, y no cuidó de contraer esas alianzas, y 
sin escuadras y sin amigos, fué rodando rápidamente por la pen- 
diente de la decadencia hasta sufrir las vergüenzas de El Haya y 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 36 1 

de Londres en el siglo xvii, y presenciar en el xix su total exclu- 
sión del Mundo por ella descubierto entre las brumas del mar te- 
nebroso. 

Madrid, ii de Febrei-o de 1916. ^ 

Jerónimo Bécker. 



III 

EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA EN LA 

EDAD MEDIA. INFORME DADO Á LA REAL ACADEMIA DE LA 

HISTORIA CON MOTIVO DE LA .HISTORIA DE LA ANTIQUÍSIMA 

VILLA DE ALBALATE DEL ARZOBISPO» 

escrita por el Dr. D. Vicente Bordaviu Ponz, cura párroco de la misma villa. 

(Zaragoza, 1914.) 

I 

De nuevo me cabe la honra de informar á la Academia acerca 
de otro libro presentado por nuestro ilustre compañero el señor 
Salvador y Barrera, dignísimo Obispo de Madrid- Alcalá; pero 
esta vez, lejos de tratarse de una obra con vuelos divinos, como 
era la Autobiografía de Sor María de Jesús de Agreda^ se trata 
de una historia tan distinta de aquélla, que, aun siendo meritísí- 
ma por el espíritu que la informa, por los documentos que con- 
tiene y por el trabajo que representa, aparece algún tanto de- 
ñciente por el desajuste de su composición y por la prolijidad 
de noticias recientes y vulgares, confirmando el eterno lamentar 
de las imperfecciones inherentes á todas las obras humanas. 

Es la historia de un pueblo modesto de la provincia de Te- 
ruel, escrita por su párroco actual, el Doctor D. Vicente Borda- 
viu Ponz, y forma un volumen en 4.° menor de 670 páginas, di- 
vidida en doce libros, y comprende desde la prehistoria de su 
primitivo territorio hasta el sorteo de su última quinta; libro, es 
verdad, sin pretensiones críticas, abundante en divagaciones y en 
bagatelas, que impone muchas veces al lector el sacrificio de es- 
téril y fatigosa lectura; pero libro que, á vueltas de estos defec- 
TOMO Lxvni. 2 \ 



362 BOLETÍN DE LA REA.L ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tos, achacables siempre al deseo de su discreto y bondadoso 
autor de familiarizarse con sus convecinos y feligreses, merece 
recogerse en la más selecta bibliografía de nuestra Historia po- 
lítica y religiosa, y del cual se pueden sacar, como virtudes 
medicinales de las plantas más sencillas, enseñanzas con que 
sorprender en los arcanos de la Edad Media el régimen de ins- 
tituciones venerables )'■ fecundas, que contribuyeron á la forma- 
ción y desarrollo de la vida nacional á través de las más graves 
crisis de su historia. 

Lo que prueba que en las Historias locales, aun de pueblos 
pequeños y amortiguados, y sin aquellos elementos tan valiosos 
para su aprecio y difusión como la se\-eridad del método, las ga- 
las del estilo y el aparato de erudición, hay algo más hondo y 
más substancial que reanima su vida interior y las convierte 
en verdaderos materiales de reconstrucción histórica, como son 
los indicios aprendidos en las tradiciones populares, los docu- 
mentos imprevistos, tan frecuentes en los archivos privados, y 
hasta la llaneza y sencillez, á veces, con que exponen y comen- 
tan los hechos sus honrados y modestos autores. 

El libro del laborioso y diligente párroco Sr. Bordavíu, es de 
aquellos que ilustran más por lo que inspiran que por lo que en- 
señan, y para demostración de este hecho voy á dedicar algunas 
páginas á comentar estas inspiraciones de su labor histórica en 
el punto más transcendente y capital de su copioso y vario con- 
tenido; me refiero á la institución que se señala en la simple no- 
minación del pueblo, objeto de su trabajo, el cual, al llamarse 
Albalate del Arzobispo^ bien á las claras indica que constituyó en 
la Edad Media un Señorío temporal de los Arzobispos de Za- 
ragoza. 



Mezclados y confundidos con los demás Señoríos eclesiásticos 
que compartieron con los laicos la organización feudal de los si- 
glos medios, los que ejercieron los Obispos españoles no han al- 
canzado hasta ahora el detenido examen á que son acreedores. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 363 

-por los singulares beneficios que dispensaron á la formación y al 
progreso de la sociedad española durante la Reconquista. 

Es verdad, que como tales Señoríos participaron de los mis- 
mos privilegios é inmunidades de todos ó casi todos los que el 
régimen feudal creó para suplir á la debilidad de los Reyes, fal- 
tos de los necesarios medios de acción con que acudir al reme- 
dio de las necesidades de sus pueblos; pero aunque iguales a los 
demás Señoríos en cuanto á su condición jurídica, en el orden 
histórico, que es el que á nosotros más interesa, ó sea en las for- 
mas y modos de su funcionamiento, merecen capítulo aparte en 
la historia ejemplar y educadora de nuestras instituciones jurídi- 
cas y sociales. 

Desde luego, difieren notablemente en este concepto de los Se- 
ñoríos de Abadengo, con los cuales han venido unidos hasta aho- 
ra por razón de la jerarquía eclesiástica de sus poseedores; pues 
el carácter de ambas potestades, por muy estrecho que haya sido 
á veces su contacto, es tan distinto, que mientras los Abades 
representaban una autoridad colectiva, en cierto modo anónima, 
como que eran elegidos trienalmente por los monjes y no asu- 
mían sino facultades transitorias y precarias, el Obispo era un 
poder personal y vitalicio, equiparado por su dignidad á los 
Príncipes, cuyos honores y prerrogativas compartían en la Corte 
y en los campamentos, en las Asambleas y en las Catedrales, y 
cuyas facultades y derechos alcanzaban, por los medios espiritua- 
les de que disponía, á imponerse á los demás elementos sociales, 
y á veces, á hacer valer los fueros de su jerarquía aun á la ma- 
jestad de los mismos Reyes. 

No importa que por fórmula cancilleresca ó por rutina notarial, 
aparezcan en muchos documentos confundidos los Obispados y 
los Abadengos, ni que nuestros tratadistas de Derecho, atenién- 
dose estrictamente á la condición jurídica del Señorío feudal, ha- 
yan aceptado esta clasificación, cuando sus investigaciones y sus 
juicios históricos tenían bastante con separar los eclesiásticos de 
los laicos; el hecho es que, reñejando su distinta condición histó- 
rica, la Ley dada por D. Juan I en las Cortes de Guadalajara, in- 
cluida en el título 6.° de la Nueva Recopilación, dice terminante- 



364 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

mente: «no consiente el derecho que las personas legas tengan en 
encomienda lugares de Obispados ni de Abadengosyy, y apoya esta 
resolución el Rey «en la Ley y Ordenamiento que fizo y ordenó, 
dice, el Rey D. Alfonso, nuestro progenitor, en las Cortes de Al- 
calá...» La distinción no puede ser más explícita, y se comprende, 
porque tan diferente de los demás Señoríos fué históricamente 
considerado el de los Obispos españoles durante la Edad Media, 
que hasta su origen, traspasando las fronteras de esta Edad, pue- 
de llevarse á los últimos días de la Antigua y sin filiación ningu- 
na germánica, relacionarlo con la descomposición y ruina de la 
sociedad romana. Guizot, nada sospechoso en la materia, y tratan- 
do de la Historia de Francia, que en punto á la influencia epis- 
copal en el régimen del Estado fué menos eficaz que en Espa- 
ña, ha dicho que «el Obispo vino á ser en las ciudades huérfanas 
del poder imperial latino el ¡efe natural de sus habitantes, el ver- 
dadero Corregidor elegido con el concurso del pueblo, y que á 
ellos se debe, sobre todo, el que se hayan conservado en las ciu- 
dades las leyes y costumbres romanas, que más tarde llegaron á 
ser la legislación general del Estado» (l). 

Así hablaba Guizot respecto de Francia; pero aquí, ese hecho 
casi general, que dio á los Obispos una potestad temporal cuando 
todos los poderes públicos se hallaban quebrantados por la anar- 
quía de las invasiones y la ruina del Imperio, tomó carácter legal 
en el Código del Fuero Jtizgo^ donde en repetidas disposicio- 
nes, pero principalmente en la ley 28 del libro 11, artículo l.°, se 
manda que los Obispos, no solamente amonesten á los jueces 
que «iudgan tuerto contra los pueblos», sino que en el caso de 
ser el Juez porfiado, «entonce el Obispo lo pueda iudgar por sí, y 
el juicio que fuese enmendado, faga ende un escripto de cuerno lo 
enmendó», y lo envíe al Rey para que lo confirme; disposición 
que entraña el principio esencial de todo Señorío que, según la 
Ley de Partida, consiste en el viermn imperium^ «que quiere tan- 
to decir, añade el Rey sabio, como puro é esmerado manda- 
miento de juzgar los de su tierra». 

(i) Essais sur l'histoire de Praace, 6.^ ed., pág. 32. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 365 

De este origen peculiar de la más alta atribución de los Se- 
iioríos Episcopales de España, resulta otra diferencia con los 
de Abadengo, y es que mientras estos fueron más territoria- 
les, acumulando la propiedad en sus vastos dominios, aquéllos 
fueron más jurisdiccionales, concediendo á los Obispos más au- 
toridad y más amplitud en la administración de justicia, como 
expresión del mero y mixto imperio consignado en la Ley de 
Partida, 

Un Señorío que tiene raíces tan hondas en la Edad Antigua, 
como elemento de renovación social al derrumbarse el vasto edi- 
ficio del imperialismo romano, que encarna en nuestro derecho 
positivo cuando la Monarquía hispano gótica había alcanzado su 
mayor esplendor y cultura en el Código del Fuero Juzgo; que fiel 
á su carácter y á su historia, al verse invadida España por las 
huestes muslímicas, acude con solicitud paternal á salvar de la 
ruina los restos de la civilización hispano goda y á liberar el te- 
rritorio de la servidumbre agarena, restaurando las Sedes epis- 
copales como valladares inexpugnables de la reconquista nacio- 
nal; un Señorío que tiene tales orígenes no puede confundirse con 
los demás, aunque tenga con ellos las analogías á que obligaba el 
régimen feudal de aquellos tiempos, tan predominante en la 
constitución de los pueblos europeos, como pueden serlo las 
reivindicaciones del proletarismo en la sociedad contemporánea. 
La alta representación del Obispo, ungido como los Reyes con el 
óleo santo, investido de facultades sagradas, ostentando una tra- 
dición de méritos contraídos en las grandes crisis por que había 
pasado la sociedad cristiana, entró, como entraron todos los po- 
deres sociales en el régimen feudal de la Edad Media; pero no 
por eso se amenguó su autoridad, ni se confundió ni unificó con 
las de los demás Señoríos temporales, sino que poseyendo los 
mismos privilegios y las mismas inmunidades, los realzó con su 
ministerio d¡\-ino y los transformó con su acción paternal y fe- 
cunda. 

De aquí, que en muchas ocasiones, según consta en los diplo- 
mas, los Obispos cooperasen con los Reyes en la concesión de 
esas mismas inmunidades qjae fueron el origen del poder feu- 



366 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

dal (l). En el pergamino más antiguo que existe en nuestra Bi- 
blioteca Nacional, y que ha ilustrado, como él sabe hacerlo, nues- 
tro sabio director el P. Fita, con motivo de inmunidades conce- 
didas al Monasterio de San Millán, dice el privilegio real: <(.Et 
anniicntíbiie ct cooperantibiis ómnibus regni nostri episcopisy>\ y más- 
adelante repite: <i.huic regie donacioni interfuei'unt episcopi hilia- 
mis, etc., etc.» (2). ¡De tal modo los Obispos aparecen cooperan- 
do á las más altas funciones de los Reyes dentro de la misma 
organización del régimen feudal! 



III 



Ya comprenderán los señores Académicos que no permiten las 
proporciones de un Informe entrar á comparar aquí esta institu- 
ción nuestra con las análogas de las demás naciones cristianas de 
Europa, donde el poder de los Obispos ejerció también influen- 
cia eficacísima en la reconstrucción de la sociedad perturbada 
por la caída del Imperio romano y por la invasión de los pueblos 
germánicos; sólo diré, adelantando ideas que he de desarrollar 
después, que los Señoríos temporales de los Obispos de España 
no alcanzaron, ni en las Sedes más altas y poderosas, como fue- 
ron las de Toledo, Tarragona y Santiago, aquella plenitud de la 
potestad política y civil, que fué tan común en las Sedes alema- 
nas durante la Edad Media, hasta elevarse á la categoría de ver- 
daderos Principados temporales, con intervención directa en el 
régimen del Imperio, federalmente organizado; nuestros Obispos, 
aun los más insignes y más esforzados, se mantuvieron siempre 
dentro de la órbita de un Señorío paternal, ejercido en beneficio 

(1) Es interesante sobre este punto el trabajo de D. Claudio Sánchez- 
Albornoz, joven muy aventajado, titulado La potestad j-eal y los Señoríos 
de Asturias, León y Castilla. Madrid, 19 14. 

{2) El pergamino más antiguo de la Biblioteca Nacional, referente al 
Monasterio de San Millán. Transcripción del texto original por D. Julián 
Paz y Espeso, documento insigne del Archivo de San Millán. Ilustra- 
ción por el P. Fidel Fita, Boletín de la Real Academia de la Historia^ 
tomo XXIV, págs. 239 y 243. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 367 

de las clases humildes, amparadas por ellos de las violencias de 
los magnates, empeñados en hacer valer su poderío y sus privile- 
gios contra la soberanía y prerrogativas de los mismos Reyes. 

Pero aun sin la importancia poh'tica que los extranjeros, los 
Señoríos Episcopales de España, por su número y por su acción 
social, merecen el estudio atento y hasta cierto punto separado 
de los investigadores y tratadistas de nuestras instituciones me- 
dioevales. Para calcular aproximadamente su importancia y su 
número, he dispuesto de un recurso muy eficaz que me ha pro- 
porcionado nuestro sabio compañero el señor Obispo de ]\Iadrid- 
Alcalá, solícito para toda obra de progreso histórico y científico, 
y ha consistido en preguntar á sus Venerables Hermanos por los 
Señoríos que poseyeron sus ilustres predecesores, y por los do- 
cumentos, publicados ó inéditos, que acerca de ellos se conser- 
van en sus archivos diocesanos. 

Las contestaciones, tan eruditas como acertadas, forman por 
sí solas una fuente muy útil para el investigador que trate de ha- 
cer el estudio definitivo de este asunto; pero aquí sólo aprove- 
charé sus datos más salientes, empezando por afirmar que, si no 
todas las Sedes episcopales, dos terceras partes de las españo- 
las poseyeron Señoríos temporales. 

Su origen no puede ser más vario, ni más diversos los dere- 
chos dominicales que disfrutaron sus poseedores; fué distinta su 
duración y pasaron por vicisitudes muy diferentes; pero todos, 
desde los que empezaron con los primeros pasos de la Recon- 
quista en las escabrosidades de las montañas cántabras, hasta las 
que se formaron con los últimos en las íértiles márgenes del Gua- 
dalquivir y del Darro (l); desde los más humildes hasta los más 
encumbrados, fuera cualquiera su importancia religiosa y política, 
ostentaron un mismo espíritu de benignidad y de protección para 
sus clientes y vasallos. 

En tres grupos me atrevo á clasificar los Señoríos Episcopales 
de España: los enclavados en la zona del Nordeste, que formaba 



(i) La iglesia de Sevilla en el siglo XII 1^ estudio histórico por el doc- 
tor D. Antonio Muñoz y Terrado. Sevilla, 1914. 



368 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el territorio de la Marca hispana, ó sea Cataluña con los Estados 
adyacentes en la Edad Media; los establecidos en el Noroeste, 
que abarcaba todo el término de Galicia, con Asturias y algo de 
León, y, finalmente, los de la región central, comprendida en las 
fronteras de Aragón y Castilla. 

En esta sección es donde se hallaba el Señorío que motiva el 
presente estudio. 

Los Señoríos Episcopales de Cataluña participaron más que los 
otros de la influencia germano-franca, traída á esta región por 
las intrusiones de Cario Magno y de sus sucesores los Reyes Car- 
lovingios, influencia que ha sido objeto de esmerado estudio por 
parte de nuestro docto compañero el Sr. Hinojosa (i); los de 
Galicia, por su contacto con Santiago, población cosmopolita en 
ia Edad Media y por sus relaciones con Sahagún, participaron del 
carácter germano-franco, aunque con caracteres de independen- 
cia propia por su alejamiento de los altos poderes del Reino; su 
estudio ha adquirido gran interés en las obras de López Ferreiro 
y singularmente en sus Fueros municipales de Santiago y de su 
tierra^ y en las de nuestro erudito compañero el Sr. Puyol (2). 

En cuanto á los Señoríos del territorio central, con ser los más 
desatendidos, son precisamente los que mejor ostentan y con más 
vivos caracteres demuestran el espíritu propio de esta institu- 
ción, que si por una parte se enlaza con nuestras instituciones 
legales, por otra se relaciona directamente con la vida social, 
religiosa y política de la Monarquía cristiana de España durante 
los siglos medios. 

Antes de seguir adelante creo justo decir que al hablar de 
señoríos temporales, parece expresar esta frase un estado de 
prosperidad material que iguala á nuestros Obispos con los se- 
ñores laicos que acomularon riquezas capaces de competir con 

(i) El Régimen señorial y la aiestióji agraria en Cataluña durajite la 
Edad liledia, por D. Eduardo de Hinojosa. Madrid, 1905. 

(2) Además de la obra citada en el texto, contiene copiosa erudición 
sobre esta materia la Historia de la Santa S. A/. Iglesia de Santiago de 
Compostela, del mismo ilustre historiador. 

En 1 913 publicó el Sr. VnyoX Las Hermandades de Castilla y de León, 
que se relacionan con esta materia. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 369 

las de los Reyes y en ocasiones de superarlas; pero de tal modo 
este concepto pugna con la verdad histórica en la mayoría de los 
casos, que cuando D. Fernando III en 1 23 1 donó al Obispo de 
Orense, que disfrutaba de varios Señoríos desde los días de Or- 
deño I, la Iglesia de Quizanes, lo hizo, según declara en el docu- 
mento que se conserva (l), «para que tuviese pan de trigo á su 
mesa». ¡Tan próspera debía ser la situación de estos señores tem- 
porales en el siglo xiii! 

Y se comprende que sucediese así al considerar en lo que con- 
sistían y á lo que obligaban la mayor parte de estos Señoríos. 
Nada menos que diez y seis jurisdicciones poseyó el Obispo de 
Mondoñedo, pero de su importancia puede juzgarse por la del 
valle de Tornes, concedida en 952 por el Rey D. Ordoño, y cuyo 
tributo consistía en un jabalí (2). 

Sin ir tan lejos, ahí está el dignísimo Arzobispo Primado de 
España, el sabio Cardenal Guisasola, que con singular gracejo, 
refiere la inesperada audiencia que recibió, cuando habiéndose 
posesionado en 1 893 de la Sede del Burgo de Osma, le anuncia- 
ron un día la visita de nutrida Comisión de autoridades y veci- 
nos de Quintanas Rubias de Arriba, que venían á rendirle pleito 
homenaje como á Señor de la villa y le traían la prestación ó tri- 
buto correspondiente, que consistía en un pingüe cordero. 

La desproporción entre la mezquindad de estos tributos y los 
enormes dispendios que imponía la dignidad episcopal en aque- 
llos siglos revueltos y calamitosos era tan grande, que el Señorío, 
más bien que lucroso beneficio, era carga pesada por las aten- 
ciones y compromisos que traía consigo, empezando porque los 
bienes territoriales de los Obispos, aunque recibidos &n juro de 
heredad, eran cedidos por éstos á sus vasallos en diversas formas 
de precario, término que, según el Sr. Azcárate , comprende, á 
juicio de unos, todas las formas de la propiedad censual, y á 
juicio de otros, una de ellas; pero que todos están conformes, 
añade el citado profesor, en que, como tal forma de la propiedad, 



(i) Noticias de la Información. Arch. de la Igl. de Orense. 
(2) Noticias de la Información. Arch. de Mondoñedo. 



370 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

fué usada antes que por nadie por la Iglesia (í), y consistía en dar 
la propiedad de j^or vida; especie de desamortización equitativa 
y ordenada que ponía espontánea y aseguradamente la tierra 
eclesiastizada del Señorío en manos de los vasallos, para que 
como propia y libre la cultivaran y disfrutasen. 



IV 



Con gran sagacidad, propia de su claro juicio, ilustrado por el 
conocimiento exacto de los hechos, nuestro docto compañero el 
Sr. Puyol ha sacado de su profundo estudio sobre el Abadengo de 
Sahagún (2) varias luminosas y fecundas conclusiones,- y entre 
ellas una que arroja sobre todas sus páginas claridad meridiana, 
y es que para juzgar del poder que los Re^^es concedieron á los 
Señores de sus reinos, no basta la lectura de los privilegios; «en- 
tonces como ahora y como siempre, añade el docto historiador, 
el derecho que se cum.ple representa una parte mínima del de- 
recho que se escribe; una cosa es el precepto, y otra cosa es su 
eficacia» (3); observación muy atinada que sirve para esclarecer 
muchos hechos, al parecer, inexplicables, y que tratándose de 
los Señoríos temporales de los Obispos españoles, aún más que 
de los de Abadengo, es clave que puede aplicarse á los diversos 
períodos de su historia. 

Porque, no obstante la profunda religiosidad de los Reyes, tan 
ponderada en los diplomas, siendo poderes que tenían que luchar 
con enemigos implacables y fuertes, como propulsores y regula- 
dores de toda la organización política y social, no desaprovecha- 
ron nunca la ocasión de abastecerse de armas eficaces para la 
ejecución de sus empresas, y acudían á cada paso á la Iglesia 
para recabar de su acción eficaz y poderosa los recursos de que 



(i) Ensayo sobre la liistoria del derecho de propiedad^ tomo i, pág. 199. 

(2) El Abade7igo de Sahagún (Contribución al estudio del feudalismo en 
en España), discurso leído en el acto de su recepción en la Real Acade- 
mia de la Historia por D. Julio Puyol y Alonso; 348 páginas en 4.° 

(3) Ob. cit., pág. 163. 



EL señorío temporal DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 37 F 

necesitaban, y los medios de allanar, hasta con gracias espiritua- 
les, el áspero camino de sus empresas políticas y guerreras. 

De aquí la especie de condominio ó de coparticipación, si se 
quiere, que mantuvieron los Reyes con los Obispos en las fun- 
ciones del Señorío, y la difícil situación que crearon á éstos las 
reivindicaciones de los vasallos asediados por dos poderes, que 
estrechaban sus libertades y mermaban su bienestar económico 
con doble suerte de prestaciones y tributos. 

En vano los privilegios reales están llenos de altísimas inmu- 
nidades y de concesiones espléndidas sobre todos los ramos del 
Gobierno del Estado y de la Administración pública, pues ni en 
el orden legislativo, ni en el ejecutivo, ni en el judicial, como 
prueba cumplidamente Puyol, dejaron los Reyes de intervenir en 
el régimen de los Señoríos Episcopales como en los Abadengos, 
manteniendo con los elementos plebeyos una relación, á veces 
capciosa, que le servía para ir apoderándose de la vida civil y 
política de los pueblos á espaldas de las repetidas pragmáticas y 
sentencias conformatorias de los privilegios señoriales. 

Con notable acierto en los problemas de la historia de las ins- 
tituciones medioevales, dice el Sr. Puyol al terminar de exponer 
las enseñanzas de su admirable trabajo: «Acaso la importancia 
de las precedentes conclusiones no quede limitada á condensar 
la doctrina expuesta sobre un caso particular de feudalismo, pues 
es casi seguro que con pequeñas y muy accidentales variantes 
pudieran extenderse á todos los demás Señoríos de Abadengo de 
los Reinos de León y Castilla» (i). 

Y así es, en efecto, con la circunstancia agravante de que los 
Señoríos Episcopales por su carácter más eclesiástico, si cabe de- 
cirlo así, por la jerarquía más espiritual de sus poseedores, por 
las funciones más paternales con que se ejercía, fueron aún más 
intervenidas por los Monarcas y resultaron aún más absorbidos 
y como asimilados á las funciones y prerrogativas de la Corona. 

He dicho que esta constante intervención de los Reyes en la 
administración y gobierno de los Señoríos Episcopales, creó mu- 

(i) Ob. cit., pág. 257. 



372 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

chas veces á los Obispos graves conflictos con sus vasallos, y en 
efecto, en aquellos días de verdadera anarquía social, propia de 
la reconstrucción de un pueblo desolado por las guerras más 
encarnizadas, las luchas fueron inevitables, pero se redujeron á 
dos formas principalmente; desde el siglo xii hasta el xv lucha- 
ron los Obispos para contener y refrenar la revolución popular 
que fermentaba en los Concejos, á\'idos de lograr su emancipa- 
ción de las clases privilegiadas, acogiéndose á la potestad más 
apartada, y, por lo tanto, menos vigilante de los Reyes, y desde 
el siglo XVI al xviii lucharon con sus Cabildos, que les disputaban 
el condominio temporal, para sustraerse y hacerse fuertes contra 
los avances crecientes de las regalías de la Corona. ¡Siempre 
apuntando la perpetua lucha entre la Iglesia y el Imperio! De 
estas dos etapas de las luchas temporales de los Obispos espa- 
ñoles, la más interesante, la más compleja, la que encarna más 
en nuestra historia social y política, es la relativa á la emancipa- 
ción de los Concejos, mal avenidos con todo régimen de privilegio 
que mermase de alguna manera su independencia política y su 
autonomía administrativa. En este punto se conservan páginas 
interesantísimas que, revueltas con las de la historia general de 
nuestras instituciones, no han tenido aún el relieve que merecen 
para que se destaquen en la marcha progresiva de nuestra orga- 
nización social durante la Edad Media. 

Y sucedió entonces lo que sucede ahora, y es que á las justas 
reivindicaciones de las clases humildes, casi siempre oprimidas, 
se mezclaron, con espíritu de rebeldía, todos los elementos mal 
avenidos con el sosiego público, promoviendo asonadas y moti- 
nes que obligaban á la autoridad inmediata á reprimirlos, con 
menoscabo de las aspiraciones legítimas de sus vasallos. De este 
hecho tenemos en la historia de los Señoríos temporales de los 
Obispos de Galicia dolorosos ejemplos, hasta el punto de que en 
Lugo, cuyo Señorío temporal se remonta á los días de su restau- 
ración, las luchas entre el Señor y sus vasallos llegaron al extre- 
mo de que un Obisp'o, D.Juan Martínez Díaz, en el primer tercio 
del siglo XIV, fué condenado á muerte á petición del Municipio, 
aunque la sentencia se conmutó en estrañamiento perpetuo, y 



EL SEÑORÍO TEMPOPAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 373 

otro, D. Lope, á principios del xv, fué asesinado en una sedi- 
ción popular, en la que se mezclaron, según parece, elementos 
hostiles á la paz del Reino, como que entre los asesinos figura- 
ban los llamados hombres del juez (I). 

En el resto de España, y sobre todo en León y Castilla, no 
faltaron tampoco estas intestinas discordias, que obedecían á una 
causa ya expuesta anteriormente, y era que los pecheros se veían 
importunados por dos clases de exacciones, las del Señor y las 
del Rey, y ante situación tan precaria buscaban la emancipación 
en el cambio del Señor próximo por el lejano, tanto más cuanto 
que el lejano se ofrecía como el amparador de sus libertades y 
era sin remedio el juez definitivo de sus quejas y apelaciones. 
Pero digamos muy alto, que en Castilla no alcanzaron estas dife- 
rencias la violencia que en Galicia, donde según López Ferreiro, 
abundaban los caballeros poderosos, altaneros y sueltos á toda 
clase de excesos y atrevimientos, que arrebataban a la Iglesia 
sus tierras y promovían contra los Prelados continuas rebeliones 
para encubrir sus rapiñas y desafueros. 

Se comprende que la Historia, de la que dijo Lacordaire que 
era el archivo de las miserias humanas, haya recogido los sucesos 
más escandalosos, con preferencia á los que corrían edificantes y 
tranquilos en los demás Señoríos Episcopales. En Palencia, por 
ejemplo, cuyo Obispo poseyó muchos lugares de Señorío, y 
entre ellos la capital Diocesana, ocurrió en los días de Enri- 
que IV que, como este Monarca arreciase en la constante intru- 
sión de los Reyes en la jurisdición temporal de los Obispos, envió 
un Corregidor, que fué el Br. Alonso González de la Serna, y el 
pueblo se amotinó contra el enviado regio, en defensa de la juris- 
dición del Prelado, y no tuvo otro remedio que escapar dejando 
libre y desembarazada la autoridad temporal del Obispo, á quien 
el Concejo reiteró el juramento de obediencia y de vasallaje, por 
los privilegios, decía, y donaciones reales de que gozaba. 



(i) El Señorío temporal de los Obispos de Lugo, por el Sr. Dr. D. Anto- 
lín López Peláez, 2 vols. en 8.° Corana, 1897. 



374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



V 



Entre las numerosas cargas que agobiaban el patrimonio de 
los Obispos, y que si á todos alcanzaba, comprometía más de 
cerca á los que ejercían Señorío temporal por razón de la juris- 
dicción y del patronato, hay dos que tenían casi constantemente 
agotados sus recursos, muy escasos para atender á necesidades 
tan urgentes y tan caras; me refiero á la repoblación del territo- 
rio diocesano, después de su reconquista, y á la erección de ca- 
tedrales, monasterios, escuelas y hospitales. De la repoblación 
monumental no he de ocuparme ahora, porque forma la historia 
entera de nuestra arquitectura religiosa durante los siglos medios; 
pero sí de la función más alta del Señorío, que, á modo de la 
ejercida por el padre de familia en el hogar doméstico, empeza- 
ba por levantar los arruinados solares de la patria y agrupar en 
ellos la antigua población indígena que había dispersado la inva- 
sión, para que creciese y se multiplicase al amparo de los privi- 
legios de que gozaba la Iglesia, rejuvenecida por el esfuerzo de 
la resistencia y de la lucha. Porque es un hecho perfectamente 
demostrado, que á los a\ances de las armas cristianas reconquis- 
tando el territorio nacional, correspondían las restauraciones de 
las Sedes episcopales como consolidación del dominio adquirido 
y reconstrucción progresiva de la patria. La distribución de la 
población nueva, su organización por medio de las Cartas pue- 
blas, fué obra en que intervinieron muchas veces los Obispos, 
por lo cual sus Señoríos fueron surgiendo bajo muy diversas for- 
mas, por etapas sucesivas, como expresión' de necesidades cre- 
cientes de la sociedad, y como régimen de paternidad que iba 
acrecentando bajo la misma defensa y protección el patrimonio 
moral y religioso de la nueva familia española y cristiana. 

Así sucedió en Lugo (l), donde el Obispo Odoario no sola- 
mente repobló la ciudad con sus propios parientes (ex estirpe mea 
populabi) y con sus criados (faviuli et servitoirs), sino que ex- 

(i) Obra citada del Sr. López Peláez, tomo i, pág. 17. 



EL señorío temporal DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 375 

tendió su incansable solicitud á otros muchos pueblos derruidos, 
y á los diez y siete años de haber dejado de ondear el estandarte 
de la media luna sobre el territorio lucense, se hallaba repoblado 
con familias cristianas y reorganizado con una administración 
paternal y previsora. 

Esto ocurría al mediar el siglo viii. ¿Qué Señorío más antiguo, 
más legítimo, ni más fecundo para la Reconquista de España? 

No lejos de Lugo, otro Obispo, D. Juan Segundo de Mondo ■ 
ñedo, obligaba á sus vasallos, por virtud del Señorío que ejercía 
sobre el Castro de Oro, á que aumentasen la población con nue- 
vos vecinos, hasta llegar á 300, y concedía á este efecto gracias y 
mercedes, tanto para los antiguos, como para los nuevos mora- 
dores. El primer Señorío de los varios que tuvo el Obispo de 
Falencia, fué concedido por Bermudo III en atención á la repo- 
blación de su territorio, por lo que dice el documento ciijiis ex- 
hortatione ipsaní Palentiam restaurare voluiims, llevando su mu- 
niñcencia el Rey hasta transferir al Obispo todos sus derechos y 
honores: Ntillo jure nobis reservato ^ jura et Jionores (i). En Si- 
güenza, cuyo Señorío empezó con la conquista del territorio, que 
quedó por algún tiempo siendo frontera de los moros, para con- 
tener las irrupciones de éstos, el Emperador Alfonso VII conce- 
dió al Obispo la facultad de llevarse de distintos lugares hasta 
cien casados con sus familias ne ...inaurorunt..., dice el diploma, 
impetuosa violentia... devastare valeant et praedari (2). 

Verificada la reconquista definitiva de Murcia en Febrero de 
1266, fueron muchos los moros que se bautizaron en los caseríos 
de su Huerta, y como demandasen brazos los fértiles campos va- 
lencianos, fomentados por la política organizadora de D. Jaime, 
se desarrolló la práctica de comprar moros bautizados de r\íurcia 
para llevarlos á aquellas tierras, con lo cual la despoblación de la 
vega murciana iba en aumento, y con ella la decadencia y ruina 
de sus espléndidos regadíos. Un Obispo, D. Diego Magaz, acudió 



(i) Noticias de la Información. Archivo de Falencia. 
(2) La Catedral de Sigüenza, erigida en el siglo XII, etc.: Documentos, 
Pág- 443- 



376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

á remediar este daño, obteniendo del Rey Don Sancho IV, en 29 
de Julio de I2go, una Real pragmática para que no se pudieran 
vender moros bautizados, con cuya acertada providencia, á un 
mismo tiempo, se dignificaba la condición de los conversos y se 
contenía la creciente despoblación de la Huerta (l). 

Últimamente, he aquí cómo describe el ilustre López Ferrei • 
ro el origen episcopal de la ciudad de Santiago: «Descubierto el 
cuerpo del Apóstol bajo la bóveda de una antigua arca ó túmulo 
de piedra, y entre las espesas breñas de una parte de bosque, el 
Obispo Iriense, Teodomiro, fijó allí su residencia é invitó al Rey 
Don Alfonso II á que viniese á reconocer por sí mismo el ven- 
turoso hallazgo; el aixa se convirtió en iglesia, las breñas y ma- 
torrales pasaron en breve tiempo á ser viviendas y habitaciones; 
y allí, en el solitario bosque, surgió de pronto una ciudad cuyos 
destinos, si modestos en el orden civil, habrían de brillar entre 
los de los más célebres del orbe cristiano» (2). 

VI 

Pero si la repoblación de los campos fué durante la Edad Me- 
dia la función primordial de los Señoríos Episcopales, por singu- 
lar providencia quedó como vinculada en ellos para mantener la 
tradición gloriosa que había sido el complemento obligado de la 
empresa nacional de la Reconquista. 

Y así fué que, tan pronto como el marqués de la Ensenada 
inició el propósito de remediar la despoblación de España, que 
venía arrastrando de los siglos xvi y xvii, con el establecimiento 
de colonias que bajo la protección del Estado lle\'asen la vida y 
la fecundidad á los lugares más abandonados y más estériles, va- 
rios Obispos que poseían Señoríos se apresuraron á cooperar con 
su acción personal á esta empresa patriótica, renovando aquel 
espíritu de paternidad que había contribuido á la repoblación de 
España durante la Edad INIedia. 



(i) Díaz Cassou (D. Pedro): Serie de los Obispos de Cartagena, pág. 23. 
(2) Fueros nmnicipales de Santiago y de su tierra, tomo i, pág. 50. 



EL señorío temporal DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 377 

La historia de Alhalate del Arzobispo nos ofrece un ejemplo 
muy notable, que si no iguala á las tentativas de los Gobiernos 
en los dispendios, las supera, con grandes ventajas, en el acierto 
y en la duración. El Sr. Bordavíu ha sido en este punto pródigo 
de noticias interesantes que, bajo el rótulo de Señorío, vacían se- 
pultadas en los más relegados legajos del archivo metropolitano 
de Zaragoza. 

La despoblación de la villa de Almochuel, perteneciente al Se- 
ñorío de los Prelados de Zaragoza, debió ocurrir en el primer 
tercio del siglo xvi, y á contar desde esta fecha desapareció el 
pueblo y quedó convertido en pardina (nombre aragonés, que 
equivale á prado ó dehesa). Enterados los Arzobispos de esta 
pérdida, comienza un período de tentativas para repararla, y ora 
construyendo casas y cediéndolas á los «olonos, ora dando gra- 
ciosamente porciones de tierra, fué formándose un nuevo pueblo 
con plantíos de viñas, olivos y moreras. Pero el desarrollo de la 
población era todavía lento, sin duda por egoísmo de los mis- 
mos patrocinados de los Arzobispos y Señores, cuando ocupó la 
.Sede de Zaragoza D. Agustín de Lezo y Palomeque, el cual, res- 
pondiendo al movimiento iniciado por los Monarcas, obtuvo de 
Carlos IV una Real Cédula aprobando un plan nuevo de repobla- 
ción, conforme al cual se llevó á cabo en el año de 1788. La Carta 
de población (l) es un documento interesantísimo. He aquí en 
qué términos se expresa el señor Arzobispo: «Considerándome 
íntimamente obligado por mi Señorío y dignidad, á la gloria de 
Dios y servicio del Rey y de la patria, he podido hacer y formar 
en mi Arzobispado y en la Pardina llamada de Almochuel, pro- 
pia de nuestra dignidad, existente entre los términos de esta 
nuestra referida villa de Albalate y los de Belchite, una pobla- 
ción de 14 casas, que se están concluyendo de construir á nues- 
tras propias expensas, que las han de ocupar otros tantos ve- 
cinos honrados, á quienes se les han de aplicar y asignar los 
catorce Quiñones de tierra, que se hallan formados ya, y distri- 
buidos en las catorce hojas que de nuestra orden se han hecho, 

(i) Historia de la antiquísima villa de Albalate del Arzobispo, pág. 278. 

TOMO LXVIII. 24 



378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y se hallan en el expediente que en razón de ellos se ha formali- 
zado por nuestro Administrador general , y debiendo ya ahora 
elegirse pobladores para dichas casas, ponerle nombre á la villa 
y nombrar Alcalde que ejerza la Jurisdicción, y formar con di- 
chos pobladores el correspondiente acto de población que les 
asegure las haciendas, tierras y demás cosas que han de tener y 
disfrutar para su más feliz estabilidad, como también los dere- 
chos, frutos y emolumentos que han de quedar reservados para 
Nos y nuestra Dignidad.» 

Los actos que se siguieron á esta Carta puebla, la elección de 
vecinos, la demarcación de tierras que recuerda uno de aquellos 
famosos repartimientos de la Edad Media, el sorteo de las casas 
y quiñones, la toma de posesión y las declaraciones que hicieron 
los nuevos vecinos, referido todo en la Historia de Borda vi u, 
forma un conjunto de prácticas tradicionales y jurídicas que en- 
lazan las postrimerías del siglo xviii con las repoblaciones de la 
Reconquista en los siglos xii y xiii. El Arzobispo añade á estas 
concesiones, como nuevo estímulo de sus moradores y para que 
sus fatigas pudiesen alcanzar la felicidad temporal correspondien- 
te, en servicio del Rey y del Estado, así para los vecinos actuales, 
como á cualesquiera otros que acudiesen á poblar y avecindarse 
en dicha villa, todo el distrito y término de ella, con todas sus 
tierras, hierbas, leñas, aguas, etc., con sólo las reservas de los 
derechos del Señorío. ¿Y qué reservas eran éstas? «La jurisdic- 
ción civil y criminal, el derecho de nombrar Alcalde y el designar 
para Regidor uno de aquéllos á quienes se propusiera para ello 
por el pueblo, para que éstos administren y ejerzan la referida 
jurisdicción conforme al estilo y práctica de España» (l). ¿Podía 
ser ni más benigno, ni más popular, ni más español el Señorío.? En 
cuanto á las prestaciones materiales, la principal era el derecho 
de ocheno, 6 sea el pago de una octava parte en la percepción de 
ciertos fondos, incluyendo en él los diezmos y primicias que de 
tiempo inmemorial se cobraban por todos los rendimientos de la 
tierra. Compárense estos procedimientos con los dispendiosos y 

(ij Historia de Albalate del Arzobispo^ pág- 291. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 379 

complicados de nuestra Colonización Interior, iniciada, como 
dice la ley de su creación (i), con el carácter de ensayo, y para 
el cual se empezó por destinar I.500.OOO pesetas, y dígasenos lo 
que cuesta á la nación el desconocimiento y menosprecio de la 
Historia, llena de útiles enseñanzas para los altos fines de su pros- 
peridad y grandeza. 

VII 

Justo es decir algo, antes de concluir, sobre el uso que los 
Obispos hicieron de las funciones de justicia, que como Señores 
temporales disfrutaban. En este punto me bastará citar un caso 
que los eclipsa á todos. Por los años de 1468 al 95 ejerció el Se- 
ñorío de Sigüenza su Obispo D. Pedro González de Mendoza, 
vastago insigne de la poderosa casa del Infantado, y como en uso 
de sus atribuciones tuviese que nombrar un Alcalde Mayor para 
la ciudad, puso grande empeño en que recayese el nombra- 
miento en sujeto digno por la entereza de su carácter y por la 
capacidad de sus talentos de representar y ejercer con el mayor 
acierto esta alta función del Señorío, 

¿Y sabéis á quién nombró? A un pobre clérigo, que á despe- 
cho de la humildad que le arrastraba al claustro, se veía empu- 
jado de la corte del Cardenal Carrillo á la del Cardenal Mendo- 
za, y que más tarde, ceñido ya el sayal franciscano, había de 
recoger de las manos del Rey Católico el cetro de España para 
entregarlo más entero y más respetado á las del Emperador 
Carlos V. 

De este Alcalde del Señorío Episcopal existen en el archivo del 
cabildo de Sigüenza' varias sentencias y ordenaciones que más de 
una vez he manejado con veneración en los empolvados Legajos 
del Señorío, y que ahora andan ya impresas en su mayor parte, 
gracias á la sabiduría y abnegación de otro Obispo, que por su 
consagración histórica, bien puede recabar el título honorífico 



(i) Ley de j^q de Agosto de 1907, de Colonización y Repoblación in- 
terior. 



380 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

del antiguo Señorío (l). El Br. Gonzalo Jiménez de Cisneros, así 
se titulaba entonces, en sus funciones de Alcalde Mayor «sen- 
tado en la Puerta de la Cadena de la Santa Iglesia Catedral, á los 
pies de la imagen de Nuestra Señora», como encabezaba sus 
fallos, dictó una serie de disposiciones para promover el aba- 
ratamiento de las subsistencias en la ciudad, que ya quisiéramos 
que en lo que el cambio de los tiempos permite, se pusieran 
hoy en práctica para la buena ordenación y regimiento de nues- 
tras costumbres y beneficio de las clases pobres. El carácter de 
Cisneros se apunta ya en estas disposiciones y, sobre todo, 
cuando en un Otro si^ dice: «que por cuanto poco aprobedla facer 
ordenaciones para el buen regimiento de las ciudades é otros lu- 
gares, sino se traen á ejecución, se procure que haya fieles ejecu- 
tores, y estos hayan de ser puestos por el Señor uno, y otro por 
el Concejo, y estos fueren por un año entero é no más, é fagan 
juramento que fiel é verdaderamente sin cautela ó encubierta 
ó engaño alguno ejercerán é ejecutaran sus oficios é trabajaran 
por todas maneras de saber la verdad de todo lo que á sus oficios 
tocare» (2). 

Bien se ve que estos Señores feudales, no de horca y cuchillo, 
sino de báculo pastoral, no entregaban á cualquiera la adminis- 
tración de justicia y el gobierno de sus vasallos, sino que, con 
sagacidad paternal, descubrían en los hombres más modestos á 
los más hábiles jueces y gobernantes, y por tan pequeños ensa- 
yos los disponíanla dirigir, con soberana maestría y acierto, los 
destinos de su patria. 

De aquí una deducción que tanto nos interesa como historiado- 
res y como ciudadanos, y es que, registrando con diligencia y 
crítica competente en los Archivos eclesiásticos ó episcopales los 
legajos de Señorío^ al parecer tan pasados de actualidad y de 
moda, se podrían encontrar tesoros de ordenaciones y regimien- 



(1) Historia déla diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, por el Reveren- 
do P. F. Toribio Minguella y Arnedo, 3 vols. en 4.° Madrid, 1910-1913. 
Los documentos de Cisneros se hallan insertos en la Colección diplomática 
del tomo u. 

(2) Obra citada, pág. 652. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 38 1 

tos como los citados de Sigüenza, y con los cuales se acrecenta- 
ría la legislación moderna en lo que toca, y tanto interesa, á la 
cuestión social, que es el caballo de batalla de nuestra legislación 
económica. 



VIII 

La decadencia y la extinción de los Señoríos Episcopales vino 
á corroborar los caracteres con que se habían desarrollado en el 
largo curso de su historia, porque no fueron las Cortes de Cádiz 
con sus leyes desamortizadoras las que les dieron el golpe de 
gracia, sino todo lo contrario, fué Felipe II el que obtuvo de la 
Santidad de Gregorio XIII un Breve, por el cual se le autorizaba 
para desmembrar, aun sin consentimiento de los Prelados, pero 
mediante una equitativa recompensa, cualesquiera villas y luga- 
res pertenecientes á la Iglesia de España. 

La medida centralizadofa fué tan dura, que el mismo Monarca 
hubo de arrepentirse de ella á la hora de la muerte, mandando 
que se buscase forma para volver y restituir á la Iglesia los luga- 
res que se le habían quitado y desmembrado (l); pero el golpe 
estaba dado, y no fué preciso mucho esfuerzo para que los Obis- 
pos, cansados de una lucha secular, se rindiesen á la nueva aco- 
metida del regalismo, y fueran devolviendo á la Corona sus pri- 
vilegios de jurisdicción y sus inmunidades temporales. Por eso, 
la ley de l8ll apenas se dejó sentir en este orden de la vida 
nacional, y los Señoríos continuaron como venían ya siendo, un 
título meramente honorífico, que representaba una tradición ve- 
nerable y gloriosa. 

Fuerza es concluir, ya que la materia es inagotable. Aquéllos 
Señores que con paternal solicitud y acierto consagraban las 
rentas de sus Señoríos y las atribuciones de su jurisdicción á la 

(1) Real Provisión de 25 de Febrero de 163Ó. En ella dice el Rey Fe- 
lipe IV: «después S. M. (Felipe II) en el testamento, debajo de cuya dis- 
posición murió, mandó se buscase forma para volver y restituir á las 
Iglesias los lugares que en virtud del dicho Breve se le habían quitado y 
desmembrado.» 



382 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

repoblación de los campos y al alivio de los menesterosos, podían 
errar en muchos casos, y hasta abusar, á veces, de sus inmunida- 
des y privilegios; pero no puede negarse que se adelantaron algu- 
nos siglos á las empresas de la administración moderna, y con 
ahorro para la hacienda pública, realizaron obras de mejoramien- 
to en aldeas y ciudades, en los territorios más pobres y en los 
campos más abandonados. 

Ya que en el correr de los tiempos pasan los hombres y sus 
instituciones, sus empresas y sus monumentos, sus grandezas y 
dignidades, que recoja la historia las enseñanzas que nos han de- 
jado, para encauzar con la experiencia de sus sacrificios, el curso 
progresivo de las generaciones futuras, herederas de un rico pa- 
trimonio en una patria formada por guerreros y por Prelados. 



Madrid, 15 de Febrero de 19 16. 



Manuel Pérez-Villamil. 



ENSAYO DE CATAL0G(3 

DE LOS LUGARES DE SEÑORÍO TEMPORAL QUE POSEYERON LOS OBISPOS- 
DE ESPAÑA EN LA EDAD MEDIA (l) 

Astorga. 

Obispalía de Astorga, con las Tenencias de: Val de San Lorenzo. — Val 
de Espino. — Val de Rey. — Brazuelo. — Carillas. --Matanza. — Prado de Rey. 
Rodrigatos. — Antoñánd&l ía//^, Justel y su Barrio. — Maluenga. — Roperue- 
los del Páramo. — San Adrián del Valle. — San Martín de Torres. — Villa- 
verde. — Abadía de Poybueno^ con las tenencias de: Fonfría. — Matavenero. 

(i) Aprovechando las noticias de la información á que me refiero en 
el texto, y ayudado por algunas otras tomadas de las historias locales, he 
formado un ensayo de Catálogo que podrá servir de base para trabajos 
más detenidos y completos. Me ha servido de auxiliar para formarlo el se- 
ñor D. José García de Armesto, ilustrado sacerdote, con quien me ha re- 
lacionado al efecto el Sr. Obispo de Madrid-Alcalá. La información de To- 
ledo va tal y como me la ha remitido el erudito Secretario de Cámara del 
Eminentísimo Primado, Dr. D. Narciso de Estenaga y Echevarría, que con 
tanta asiduidad como fruto se dedica al estudio de la historia toledana. 
Como se verá, faltan algunas diócesis, ó por no haberse recibido oportu- 
namente las noticias pedidas en la información, ó por haber carecido de 
Señoríos temporales durante la Edad Media. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 383 

Poybueno. — San Facundo. — Obispalía de Asiorga, con las tenencias de: San- 
ta Cruz de Montes. — Santa Marina de Montes. — Santibáñez de Montes. — 
Torre. — Lucillo. 

Ávila. 
Bonilla de la Sierra.— Becedillas.— Cabezas de Bonilla.— Casas del Puer- 
to. — Casasola. — Malpartida. — Mesegar de Corneja. — Pasaregos. — Tortoles. 

Barbastro. 

Grustán. — Torres del Obispo. 

Barcelona. 

San Julián de Palou y una casa en Santa Inés. — El Castillo de Barbará y 
las masías adjuntas. — El ídem de Olivella y su término. — El Puig (monte) 
y término de Santa Susana en la Parroquia de San Pedro de Avinyó. — 
Las herrerías de Tiana y Alella.— La casa y cuadra de Villardida, en el 
término de Villarrodona.— El Castillo de la Granada. — El Castell Bilsal.— 
El Castillo de Montbuy.— El ídem de Sitges.— El ídem de Alba.— El ídem 
de la Geltrú.— El ídem de Papiol, en el Panadés.— El ídem de Llor.— 
Andraig (jurisdicción de Mallorca) y Real Audiencia de ídem. — Calva 
(ídem) ídem.— Estellenehs (ídem) id. — Puig Puyent (ídem) id. 

Burgo de Osma. 

Burgo de Osma. — Uzero. — Quintana Rubias de Arriba. — Quintana Ru- 
bias de Abajo. 

Burgos. 

Arcos. — Villasur de Herreros.— Villafruela. 

Calahorra. 

Arnedillo (Concesión de Alfonso VIII en 1208).— Santa Eulalia (Aldea 
agregada al anterior en 1292). 

Ciudad Rodrigo. 

Sepúlveda (1354). — Bermellar.— Saucedilla (la). — Lumbrales.— Monsa- 
gro. — Redonda (la). 

Córdoba. 

Villa y Castillo de Lucena (Concesión de Fernando III, 1240). — El Cas- 
tillo y Villa de Bella (Concesión, 1287). 

Coria. 

Aldea Nueva (Alfonso IX, 1 188).— Santa Cruz. 

Gerona. 

La Bisbal.— Bascara.— Ullá.—MoUet.— Millas.— Paret.—Rufi.—Catellum 
fractum. — Crespia. — Mieres. 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Ibiza. 

Con-Señor con el Rey de \a Isla. 

León. 

Parameño (hacia 944J, con las Tenencias de: Armada. — Campillo. — Fe- 
rraras. — Lodares. — Primaxas. — Quintanilla. — Vegamian. — Utreío. — Noan- 
co. — Valdehuesa. — Concejo de las Arrimadas, con las Tenencias de: Arri- 
mada (las).— Barrillos. — Cisa (la). — Corral (el). — Laiz. — Santa Colomba. — 
Condado de Colle, con las Tenencias de: Coile. — Felechas. — Grandoso. — 
Llama. — Vozmediano. — San Cebrián del Condado. 

Lugo. 

Lugo (siglo ix), con las Tenencias siguientes: Aday. — Albeyros. — Alta. 
Alto (do).— Angeles (de los). — Bacurin. — Barredo. — Bazar. — Bóveda (San- 
ta Eulalia). — Bóveda (Santa María). — Bacnmaos. — Burgo (del). — Caboy. — 
Calde. — Campo (do). — Carballido.— Cástelo. — Castro. — Coéo. — Coeses. — 
Costante. — Cuiña. — Entrambas Aguas. — Esperante. — Ferroy. — Fixos. — 
Francos. — Gomelle. — Gondar. — Grolos. — Guillar. — Lamas. — Lámela. — 
Lousada (Santa Eulalia). — Lousada (San Mamed). — Mazoy. — Meda. — Mei- 
lan.— Mera.— Monte de Meda (Santa María).— Monte de Meda (San Mar- 
tín). — Moreiras. — Mosteiro. — Mota (da). — Moúgan. — Muja ^Santa María). 
Muja (San Pedro-fiz). — Muja (SanSalvador). — Naballos. — Orbazay. — Ourol. 
Pazo. — Pedreda. — Pena (da). — Pías. — Piñeiras. — Piñeiro. — Piúgos. — Poú- 
tomillos. — Pradelo. — Prolago. — Recimil. — Retorta (Santa Cruz).— Retorta 
(San Román). — Ribas de Miño. — Robra. — Romían. — Rubias.— Saa. — Sa- 
masas. — Santa Comba. — Santa Cruz de Monte de Meda. — San Román. — 
Segovia.— Silvarrey. — Sirvian. — Soñar. — Teijeiro. — Tirimol. — Torible. — 
Vascóas. — Venade. — Veral. — Vilacha de Chamoso. — Yilacha de Mera. — 
Villafiz. — Villamayor de Negral. — Villamea. — Villarmao.— Zolle.— ^/fl« y 
Villar de Ortelle. — Brollan, con la Tenencia de: Cereija. — Diomonde, con la 
Tenencia de: Besteyros. — Ferreyra de Negral, con la Tenencia de: Ferrei- 
ra. — Gumian. — Ver. 

Mallorca. 
Nombraba Batle (Baile). — Virrey (alguna vez por nombramiento real). 

Mondoñedo. 

Jurisdicción de Mondoñedo (Concesión de doña Urraca, 1 1 17). — ídem de 
San Ciprián. — ídem y calendario de Portocelo. — ídem id. de San Cosme de 
Barreiros. — ídem de la Tierrallana del Valle de Oro. — ídem de la villa y 
Alfoz del Castro de Oro. — ídem y concejo de Bretona y Reigosa.— ídem de 
Riotorto.— ídem de Villaforman y Villapena. — ídem de San Julián de Ca- 
barcos. — ídem de Foz y Santa Cecilia. — ídem de Muras. — ídem y coto de 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 385 

San Juan de Silva Riberas de Lea. — ídem de Labrada y Castro Mayor. — 
ídem y coto de San Miguel de Oleiros.— ídem de Bares y Mogor.— ídem 
de Jornes y Buría. 

Orense. 

Monasterio de Santa María de Porquera (Concesión de Fernán Núñez, 
29 Diciembre 1127). — Parderrubias (Concesión de Doña Teresa de Portu- 
gal en 1 122). — Loyro. — Monasteiio de Servo Dei (Ser voy) (Concesión de 
Alfonso El Emperador en 1 132).— El Castillo de Louredo (Concesión de 
Alfonso El Emperador en 1 133). — Iglesia de Santiago de Allariz (en 1 136)- 
Villa de San Martín de Cornoces (en i 144). — Villarrubín. — Toubes (Con- 
cesión de D. Fernando II de León en 1157). — Monasterio de San Loren- 
zo de Sinapale (Fiabal) (en 1 160). — Iglesia de Santiago de Caldas (en 1 164). 
Iglesia de Santa María de Cástrelo (en 1167). — Guillamil.— Coto de Ca- 
ñedo (en 1 169. — Coto de Río-Caldo (Concesión de Alfonso I en 1175).— 
El Castillo de Araujo. — Gomáriz de Limia (en 1176). — Gondulfes (en 
1 180).— Niñodaguía (en 1209).— Paradela. — Iglesia de Quizanes (Concesión 
de Fernando III en 123 1). 

Oviedo. 

Noreña (Condado de) (Concesión de Juan I en las Cortes de Segovia 
de 1383).— Castropol. — Ribadeo (en 1298). — Felguera. — Lapasera. 

Falencia. 

Palencia, con las Tenencias siguientes: Sanctam Mariam de Fusillis. — 
ídem Jacobum. — ídem Crucera. — ídem Mariam de Villa Abarca.— Villam 
Jovenales.— Patellam. — Pazos. — Villam Godel. — ídem Mominam. — ídem 
Letificus. — Buardo. — Campum Rotumdum. — Alvam (Concesión de D. Ber- 
mudo III de León en 1070). — Magaz (Concesión de Doña Urraca y su hijo 
El Emperador en 11 09). — Villamuriel de Cerrato (Concesión del Empe- 
rador en 1 141). — Condado de Pernia (hacia 1410). 

Plasencia. 

Jaraiceio (en 1294). 

Salamanca. 

Palacinos. — San Pelayo. — Topas. — Carrascal del Obispo. — San Martín 
del Castañar. 

Santander. 

Abadía de Saiiiander (jurisdicción de Burgos), con las Tenencias de: Azo- 
ño3.— Bezana. — Mahoño. — Mompia.— Perzanes. — San Cibrián. — Valmore- 
da. — Abadía de Santillana^ con las Tenencias de: Busta.— Caranceja. — Ca- 
rrazo. — Cortiguera. — Golbardo. — Hinogedo. — Mereadal. — Orema. — Puen- 
te. — Toporías.^Ubiarco. — Veguilla (la). 



386 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Santiago. 

Santiago, con las Tenencias de: Ariñex. — Eixo. — Ma rrozos. — Arz¿'ea, con 
las Tenencias de: Andabas. — Arzeo. — Arzúa (Santa María). — Boymorto. — 
Burres.— Calvos de Sobrecamino.— Mella.— Sendelle. — Villadabil. — Ba/los, 
con las Tenencias de: Arcos. — Baños (de los). — Carracedo. — Ciquiril. — 
Couselo. — Couso. — Estacas. — Montes. — Moimenta.— Morillas. — Piñeiro. — 
Pórtela. — Troane. — Bendaña, con las Tenencias de: Arca. — Bama. — Castro- 
feito. — Lema. — Loureda. — Pantiñobre. — Pereira. — Touro. — Turces. — Vi- 
nos. — Balde Bergazo, con las Tenencias de: Antas. — Barcia do Seixo. — 
Caldelas. — Cobelo. — Gajate. — Lama (de la). — Lexido. — Cangas, con las 
Tenencias de; Aldan. — Ardan, — Buen.— Campo (del). — Cangas. — Cela. — 
Coiro. — Darbo. — Domayo. — Hermelo. — Hio (del). — Moaña. — Piñeiro. — 
Teran. — Veluso. — Carril. — Cambarro, con las Tenencias de Poyogrande. 
Poyopequeño. — Cordeyro, con las tenencias de: Abalo. — Dimo. — Isorna. 
Janza. — Louro.— Sietecoros.— Valga. — Finisterre, con las Tenencias de 
Duyo (San Martín). — Duyo (San Vicente). — Finisterre. — Sardiñeiro. — Giro 
de la Rocha, con las Tenencias de: Ameijenda. — Andeade. — Branza. — Bus- 
to. — Calvos de Socamiño. — Calo. — Carearía. — Circes. — Conjo. — Cornado. 
Fao. — Fecha (Santa Cristina). — Fecha (San Juan).— Figueiras. — Grijoa.— 
Illobre. — Lamas. — Laraño. — Luón — Nuevefuentes. — Ons de Chacheiras. 
Oza.^Pousada. — Quion.— Rariz. — Recesende. — Reyes. — Rumille. — Sales 
(San Félix). — Sales (San Julián). — Trobe, — Vedra.— Viduido. — Vigo, — Vi- 
llestro. — Gorgullos. — Fallas, con las tenencias de: Alón.— Angeriz. — Aran- 
ton. — Barro. — Bazar. — Cicere. — Couso. — Ciuns. — Entrecruces.— Freijeiro. 
Grijóa de Esternande. — ^Jallas. — Soroño. — Caamaño. — Mallon. — Marcelle. 
Meafíos. — Montouto.— Pedreiro. — Pereira. — Santa Comba. — Santa Sabina. 
Ser. — Suebos. — Villamayor. — Lañas, con las Tenencias de: Cabanas. — Fio- 
panes. — Lañas. — Logrosa. — Negreira. — Lanzada., con las Tenencias de: 
Adina. — Armentera. — Arra. — Bordones. — Cástrelo. — Cobas. — Dena. — 
Dorron. — Gil. — Gondar. — Grove. — Groves. — Lores. — Meaño. — Nantes. — 
Noalla. — Padrenda. — Rajos. — Samieira. — San Genjo. — Villalonga. — Leste- 
do y Aiontesacro, con las tenencias de: Lestedo y Sarandon. — Alahia, con las 
Tenencias de: Ames. — BouUon. — Cobas. — Ons. — Vicero. — Alalpica, con la 
Tenencias de: Barizo. — Brantuas. — Cambre — Corme. — Malpica. — Villa- 
nueva. — Alellid, con las Tenencias de: Abeancos. — Castañeda. — Castro — 
Golan.— Grobas.— Mazeda.— Mellid (Mellid (Santa María).— Orois.—Ren- 
dal. — San Cibrao. — Serantes. — Valtar. — Villantime. — Mexia, con las Te- 
nencias de: Abellá. — Ayazo.—Albixoy. — Angeles (San Mamed de los). — 
Angeles (Santa María (de los). — Aña. — Ardemil. — Armental. — Boado. — 
Boimil— Brates. — Bruma. — Buazo. — Buscas. — Calbente. — Campo (do). — 
Cardeiro. — Carres. — Castro. — Cel tigos. — Cerceda. — Cindadela. — Corne- 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 387 

da. — Cumbraos. — Curtís. — Cutían. — Dormeá. — Filgueira. — Folgoso. — Ga- 
foy. — Gonzar.— Janzeda. — Lanza. — Ledoira. — Leira. — Meicurín. Mena. — 
Olas Paderne. — Pasarelos. — Poulo. — Rodieyros. — Vascoy. — Vilarino. — 
Visantoña. — Vitre. — JMonfes^ con las Tenencias de: Azebeiro. — Caroy. — 
Cástrelo. — Castro. — Cerdedo. - Dos Iglesias. — Figueroa. — Folgoso. — Fos- 
carey. — Guirazga. — Lebozan.— Meavia.— Millarada. —Montes. — Parada. — 
Pardesoa. — Pedre. — Pereira. — Presqueíras. — Quintillán. — Quireza. — To- 
monde. — Veariz. — Ventojo. — Alaros, con las Tenencias de: Abelleira. — 
Albite. — Albores. — Antes. — Arcos. — Beba. — Campolongo. — Cando. — 
Camota. — Cestayo. — Chacín. — Coiro. — Corzón. — Eirón. — Entines (Santa 
Leocadia). — Entines (San Órente). — Esteiro. — Fotecada. — Louro. — Maro- 
ñas. — Mantasneiro. — Muros. — Oúteíro. — Rial (del).— Roo. — ■ Sabardes. — 
Tal. — Taras. — Torea. — Valladares. — Miixia. — Noya, con las Tenencias 
de: Argalo. — Artes. — Baroña. — Boa. — Caamaño. — Camboño. — Carreira. — 
Cures.— Fruime. — Goyanes.— Obre — .Lousame — Miñortos. — Muro. — Ne- 
bra. — Noal.— Noya. — Olbeira.— Oleiros.— Palmeira. — Postomarcos. — Quei- 
ruga. — Ribeira.^ — Tallara. — Vilacoba. — Padrón, con las Tenencias de: Cam- 
paña. — Herbón. — Padrón. — Requeijo. — Pilono, con las Tenencias de: 
Obra. — Ollares. — Pilono. — Salgueiros. — Pontevedra, con las Tenencias de: 
Alba. — Bertola. — Bora. — Campano. —Cerponzons. — Cobres (San Adrián de 
los). — Cobres (Santa Cristina de los). — Figueirido. — ^Justanes. — Lérez. — 
Lourizán. — ^Marcón. — Mourente. — Pontevedra. — Salcedo. — Taboadelo. — 
Tomeza. — Tourón. — Villaboa. — Puente de Sampayo, con la de: Canicouba 
(da). — Quinta, con las Tenencias de: Aguas Santas. — Buján. — Costa (da). — 
Herbogo. — Hermedelo. — Lampay. — Loroño. — Oin. — Ribasar. — Rois. — 
Leira. — Sorribas. — Urdilde. — Rianxo, con las Tenencias de: Abanqueiro. 
Araño. — Asados. — Cespón.— Laino (Juan Baptista). — Laiño (San Jullián), 
Leiro. — Mazeuda. — Rianjo. — Ribasieira. — Taragoña. - - Veálo. — Tabeyros. 
con las Tenencias de: Agar.— Ancorados (San Pedro). — Ancorados (San 
Tomé). — Arca. — Barbude. — Berres. — Callobre. — Cereyjo. — Curantes. — 
Guimarey. — Lamas. — Moreira. — Nigoy. — Olives. — Oi-azo. — Parada. — Pa- 
radela. — Pardemarín. — Remesar. — Ribeira. — Ribela. — Rioboo. — Rubín. — 
Soúto. — Vinceiro. — Trasdeza, con las Tenencias de: Abades y el Cabil- 
do de Santiago. — Breija. — Castro. — Cerbaña. — Chapra. — Cortegada. — Es- 
quadro. — Festras. — Grava. — Laro. — Mandilas. — Magaride. — Martixe. — 
Moalde. — Negreiros y el Arcediano de Deza. — Oleiros. — Pazos. — Ponte y 
la Encomienda de Beade, Religión de San Juan. — Relias.— Siador. — Sille- 
da. — Taboada. — Villar. — Vea, con las Tenencias de: Agulones. — Baloira. — 
Barcala (Santa Marina). — Barcala (San Miguel). — Cora. — Couso. — Figueroa. 
Frades. — Lucí. — Matalobos. — Santeles. — Teo. — Toedo. — Vaamonde. — 
Vea (San Andrés). — Vea (Santa Cristina). — Vea (San Jorge). — Vea (San 
Julián). — Vilarino. — Ventosa, con las Tenencias de: Baiña. — Bais. — Espe- 



388 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

rante. — Ferreiroa. — Gorgueirns. — Lamas. — Mcrlín. — Santa Comba. — Val. 
Ventosa. — Villariño. — Villanueva de Arosa, con las Tenencias de: Andi'as. 
Bayón. — Bamio. — Briallos. — Caleiro (Cea).- Godos (Santa María). — Godos 
(Santiago). — Lantaño. — Lois. — Paradela. — Solobeira. — Tremoedro. — Vi- 
llanueva de Arosa. — Camba (jurisdicicón de Lugo), con las Tenencias de: 
Alamparte. — Álceme. — Arnego. — Asperielo. — Camba (Santa Eulalia). — 
Camba (San Salvador). — Camba (San Juan). — Carboentes. — Castro.— Fa- 
fían. — Guillar. — Haz. — Negrelos.— Pedroso. — Pescoso. — Pórtela (da). — 
Río (do). — Riobó. — Rodeyro. — Senn-a. — Vilela. — Arcade (jurisdicción de 
T uy). — Redojidela Nueva (jurisdicción de Tay\ con las Tenencias de: 
Amoedo. — Borbén. — Caveyro. — Cepeda. — Cesantes. — Junqueras. — Mos- 
coso. — Negros. — Nespereyra. — Quíntela. — Roboreda. — Redondela. — Vi- 
llar de Infesta. — Viso (del). — Vigo (jurisdicción de Tuy). — Concejo de 
VepJoníllo (jurisdicción de León), con las Tenencias de: Alcxe. — Vllan- 
dre. — Bnzfiiayor (jurisdicción de Astorga). 

SegoVia. 

Sotos Albos. (Concesión de Alfonso El Etnperador con su hijo el Rey 
D. Sancho en 1149). — Cava. — Caballar. — Turengano. — Lagunellas. — Moja- 
dos.— Fuentepelayo. 

Sevilla. 

Umbrete ( 1 285). — Brenes. — Almunaster. — Zalamea. — Rianzuela. — Lu- 
pas. — Aguazul. 

Sígüenza. 

Sigüenza. (Concesión de Alonso Vil). — Fuen (la) Sabiñán. — Torre (la) 
Sabiñán. — Riba (la) de Santiuste. — Tobes. — Valdelcubo perteneció á la 
jurisdicción de la villa de la Riba de Santiuste. — Castillejo de Jubera. 

Solsona. 

Olius (Marqués de). (Usaron este título los Obispos muchos años.) 

Tarazona. 

Calcena (D. Alfonso de Aragón en 1334). — Oreja (D.Jaime de Aragón) 
('335j- — Tortoles. — El Buste. 

Tarragona. 
Tarragona (mixto). — Fonscaldas (en 11 82). — Montbrio (en 11 86). — Al- 
biol (en 1 187). 

Toledo (i). 
Alcalá de Hcjiai-es y su tierra^ que comprende las villas de Torres. — Lu- 
ches.— El Campo. — Villalvilla. — El Olmeda.— Pozuelo. — El Villar. — Ho- 

(i) Está tomada esta relación de un manuscrito de la Catedral del año 
1604, siendo Arzobispo el Cardenal D. Bernardo de Sandoval y Rojas. 



EL SEÑORÍO TEMPORAL DE LOS OBISPOS DE ESPAÑA 389 

rusco. — Valdilecha. — Tielmes. — Carabaña. — Torrejón de Ardoz. — Val ver- 
de. — Aldeas de la tierra de Alcalá: Los Hueros. — El Po<^uelo. — Arganda. — 
Anchuelo. — Corpa. — Camarmilla. — Camarma de Esteruelas. — Valcuela. — 
Villas de la Casería de Alcalá: Aljarvir. — Pesadilla. — Dagan(;uelo. — Los, 
Sanctos. — Ambite. — Talavera y las aldeas siguientes: Lucillos. — Monta 
Aragón. — Matiosa. — lUán de Vacas. — El Ralbo, la mitad de él, porque la 
otra mitad es del Duque de Escalona. — Villanueva. — Cagalegas. — Burgel. 
Pepino. — La Peña del Cuerbo. — Cartjuela. — El Casar. — Gamonal. — Cho- 
cas. — Cobisa. — Calera. — Las Herencias. — Aldeanueba de Rodrigo (despo- 
blada). — Alcaudete. — Espinoso. — Torrecilla. — Belvis. — Nabalucillos, la mi- 
tad de él. — El Estrella. — Mohedas.— Aldeanueba de Mohedas. — El Cam- 
pillo. — Sebilleja. y Hadiganas. — La Mina. — Aldeanueba de Val de Arroya. 
Corral Rubio. — El Puerto de San Vicente. — Garbin. — Val de la Casa.— La 
Peraleda. — San Román. — El Abellaneda. — El Castañal. — Naba el Villar. — 
El Villar de el Pedroso.— Torlamosa. — Carrascalejo. — La Puebla nueba. — 
Santa Cruz. — Las Abiertas. — San Bartholomé. — Naba el Moral, cerca de 
la Puente del Ari^obispo. — Lugares que ?io tienen Iglesia: Nabalcornosa. — 
La Nava. — La Calera. — Robledo de Mago. — Navaltoril. — Buenas Bodas. — 
Halía. — Hadiganas. — Castil blanco. — Valdecavalleros. — Uceda y su tierra. 
Aldeas: El Cubillo. — Val de Ñuño Hernández. — Mesones.— Viñuelas. — 
Fuente la Higuera. — Fuente el Fresno. — Villaseca. — Casa de Uceda. — 
Matarrubia.— La Puebla de Uceda. — Tortuero. — Valdesotos. — Valdepe- 
ñas. — Alpedrete. — Redueña. — Cabanillas. — Nava la Puente. — El Berrue- 
co. — Torremocha. — Brihuega y su tierra, y Fue^ttes y ArcJiilla. Aldeas: 
Villaviciosa. — Gasanejos. — Baldesaz. — Tomellosa. — San Andrés. — Pajares. 
Castillo. — Bal de Hita. — Villas: Fuentes. — Archilla. — Romaneos, que fué 
aldea de Brihuega y ahora es villa. — Talajnanca y su tierra. Aldeas: 
Alalpardo.-^Valdepiélagos. — Sarguela. — Villas que fueron aldeas de Tala- 
manca: El Casar. — Valdeolmos. — Algete. — Fuente el Saz. — Valde Torres. 
El Moral. — El Vellón. — Alcolea de Torote y su tierra. Aldeas: ToiTcjón 
de Alcolea. — Valdecabero. — Galápagos. — Riba Tajada, que ahora es villa. 
Utrilla. — Almalvez. Estas dos villas son en el Obispado de Sigüenga, jun- 
to á Aragón.— Morata.— Perales. — Vilinchón. — Yepes. — Lillo. — La Guar- 
dia. — El Romeral. — Cabanas de Yepes. — Villamuelas. — Villasequilla. — Vi- 
llanueba de Bogas. — lllescas. Aldeas: Valaguera. — Uxena. — Torrejón de 
II leseas. — Valdemoro. — La Puente de Arzobispo. — Alcolea de Tajo. — En 
el Obispado de Patencia: Villumbrales. — Sotabenado. — San Cristóbal de 
Buedo. — Lomas. — Adela/itamienfo de Cagarla: Cagorla. — Eliruela. — Villa- 
nueva del Arzobispo. — Iznatorafe. — Villacarrillo. — Soriguela. 

Tortosa. 

Cabaces (Barón de) (hacia 1310), provincia de Tarragona. 



390 boletín de la real academia de la historia 

Tuy. 

Tny y Cabildo. (Concesión del Conde D. Ramón y su esposa la In- 
fanta, después Reina Doña Urraca en 1095, confirmada por Alfonso VI, 
padre de Doña Urraca). — La Guardia y Cabildo. — Bouzas. — Coya. — Vi- 
llavieja de Redondela. — Oliveyra. — Amorin. — Pesequeiro. — Entienza. — 
Tortóreos. — Cotos de Zumanes y Sáa. 

Urgel. 

Principado de Andorra (ignórase la concesión). 

Valladolid. 

Junquera de Ambia (jurisdicción de Orense), con las Tenencias de: Abe- 
leda. — Bobadela. — Grana. — Requejo. — Trandeyras. — Villar de Barrio. — 
Piorneda (jurisdicción de ídem). — Rebordecha y Cabo de Artioga (jurisdic- 
ción de ídem), con las Tenencias de: Prado.— Riobó. — Villardabós (juris- 
dicción de ídem). 

Vich. 

Ansona. (Concesión de Otón, Rey Franco en 888). — Llano de Vich, 
con las tenencias de: BruU. — Seva. — Tona. — Aguilar. — Malla. — Gurb. — 
Salforas.— Santa Eulalia de Riúprimer. — Torruella. — Meda. — San Loren- 
zo. — La Meda. — Altarriba. — Riúdeperas. — Voltrega. — Oris. — Martlleu. — 
Vilagelans. — Medara. — Avellana. — Llano de Bages., con las Tenencias de: 
Artes (Sallen t). — Castelnou. — Oló.— Balsareny. — Gaya. — Cornet («246). — 
Sagarra, con las Tenencias de: Tons. — Espebt. — Calafaf. — Calafell. — 01 u- 
ges. — MontUeó. — Brianzó. — Pomar. — Copons. — Viciana. — Montfalco. — Fe- 
rraría. — Llanera. — Nalech. — Montbuy. — Miralles. — Lhisanes, con las Te- 
nencias de: San Boy. — Oristá. — 0\o?,t.— Le'rida., con las Tenencias de: Pa- 
lomera.— San Cristóbal de la Castaña. — Santa María de Horta. — San Hipó- 
lito. — Vínolas. — San Martín de Sobremunt. — Santa María de Casteinon. — 
Nalech del Campo de Tarragona. 

Zaragoza. 

Albalate del Arzobispo (Concesión de D. Ramón Berenguér en 1 149), con 
las Tenencias de: Miravete. — Mazaleón (1175). — Roden. — Valderrobres 
(i 175).— Fuentespalda. — Ariño (1234). — Almochuel. — Puertomingalvo. — 
Cutanda. — ^Jorcas. — Beceite (hacia 1270). — Castillo del Obispo. — Torre del 
Compte. — Arcos (1284). — ^Juslibol. 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAUDE 39I 



IV 



INFORME SOBRE LAS OBRAS PRESENTADAS 
POR EL SEÑOR BENSAUDE 

Señores: 

Por encargo del Ministerio de Instrucción pública de Portugal 
remitió á esta Real Academia el erudito Sr. Bensaúde una colec- 
ción de obras con la súplica de que se emitiese un informe sobre 
su mérito, y nuestro sabio Director, accediendo gustoso á lo so- 
licitado, tuvo la bondad de elegirme para que hiciera el estudio 
de aquellas obras. 

Ya concluido, y antes de comenzar su lectura, debo deciros 
que, en mi concepto, pocas veces habrá llegado á la Academia 
de la Historia, desde países extranjeros, un trabajo que tanto le 
interese y que tan digno sea de su gratitud y alabanza. 

Confío en que así os parecerá á todos y en que acaso halléis 
oportuna la proposición con que termino este informe. 



Informe sobre la obra Histoire de la science nautique portu- 
gaise a Vépoqiie des grandes dcconvertes^ colección de documen- 
tos que por orden del Ministerio de Instrucción pública de Por- 
tugal, ha publicado el Sr. D. Joaquín Bensaúde (siete volúmenes, 
de los cuales seis son reproducciones en facsímil). De estos vo- 
lúmenes he recibido los siguientes: Regimiento do estrolabio. Tra- 
tado da sphera (ejemplar de Munich). Ahnanach peipetuum^ por 
Abraham Zacuto, 1496, Leiria (ejemplar de Augsburgo); Trata- 
do del espJiera y del arte del marear: con el regimiento de las altu- 
ras, por Francisco Faleiro, I535> Sevilla (ejemplar de Munich), 
y V Astronomie nautique au Poi'tugal a VépoqiLe des grandes dé- 
couvertes, por Joaquín Bensaúde. Berna, 1912. 



392 boletín de la real academia de la historia 

Importancia de la obra. 

El propósito que ha guiado á los portugueses en la publicación 
de tan interesante trabajo, ha sido el muy noble y patriótico de 
poner de manifiesto lo que debe á Portugal la ciencia náutica: 
demostrar cuan grande íué la base científica que tuvieron los 
descubrimientos geográficos realizados por dicho país en los si- 
glos XV y XVI y el origen genuinamente portugués, ó al menos 
ibérico de aquellas conquistas astronómicas. 

Desconozco el proceso seguido en su investigación por el se- 
ñor Bensaúde, pero supongo que concebiría la idea de que co- 
nociese su país las citadas obras existentes en Alemania, y que 
luego, al estudiarlas con detenimiento, calcularía la luz que po- 
dían arrojar sobre la historia de la ciencia portuguesa. El interés 
de la obra es inmenso, pues mide el alcance portentoso de los 
estudios más elevados en la Península al empezar la Edad Mo- 
derna. Algo de esto deduje cuando, por encargo de la Acade- 
mia, hice un informe del trabajo de otro erudito portugués, el 
comandante de Ingenieros Sr. Guimaráes, titulado Sobre la vida 
y obras de Pedro Núñez. 

Para que apreciéis bien la labor del Sr. Bensaúde y los hori- 
zontes que abre á la investigación histórica, convendrá que os 
recuerde más adelante algunas ideas sobre cosmografía; así será 
fácil seguir paso á paso la marcha de los progresos de la navega- 
ción astronómica, como nos los presenta el Sr. Bensaúde, indu- 
ciéndonos á formular la siguiente conclusión: los conocimientos 
necesarios para practicar el pilotaje de altura en todos los mares 
del Globo, existían en nuestra Península á fines de la Edad Me- 
dia, y SIL aplicación fácil y útil ala navegación, fué practicada en 
Portugal y por portugueses. 

Imaginemos á los marinos de aquella Edad, tratando de orien- 
tar y dirigir sus buques con los recursos que poseían, y ante 
todo, recordemos que sus derrotas se reducían al cabotaje en el 
Atlántico, mar del Norte, Báltico, etc., y que sólo eran de altu- 
ra en el Mediterráneo. A este mar se referían muy particular- 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEXOR BENSAUDE 393 

mente las cartas construidas entonces, abarcando algunas las cos- 
tas occidentales de Europa y Norte de África. Las mejores car- 
tas eran las catalanas, y compruébalo el curioso mapa manuscri- 
to, hecho probablemente en la Escuela náutica de Mallorca, de 
donde salió también, según es notorio, el primer Director que 
tuvo la Academia fundada en Sagres en I415 por D. Enrique el 
Navegante. 

En aquel mapa notabilísimo se hallan marcadas Noruega, Sue- 
cia, Dinamarca, las Islas Oreadas, las Shetlands, las Británicas, 
las Canarias con su nombre antiguo de Afortunadas y las Azo- 
res, de cuyo descubrimiento es tan discutida la verdadera fecha. 
También se hallan marcados el África hasta el Sur del Cabo Bo- 
jador y las costas del Mediterráneo y del Océano Indico, las pri- 
meras, sobre todo, con una precisión admirable. 

Vese además en esta carta dibujado (al Sur de las Canarias) 
un buque con las armas de Aragón y á su lado este letrero: «El 
»buque de Jaime Ferrer salió para el Río de Oro el día de San 
»Lorenzo que es el lO de Agosto, lo que sucedió en el año 1346.» 
Esta es la referencia más terminante sobre aquel audaz viajero 
que no volvió de su exploración. 

El Sr. Bensaúde incluye en su estudio una exposición de la 
conocida controversia respecto á la identidad del maese Jaime 
que fué Director de la escuela de Sagres, y probable autor de la 
carta catalana con dos judíos llamados Cresques, subditos ambos 
de la Corona de Aragón. 

Con laudable modestia, Bensaúde no se pronuncia decisiva- 
mente por ninguna de las opiniones emitidas. 

La navegación astronómica. 

La necesidad de guiarse por los astros se hizo forzosa cuando 
los navegantes lanzáronse á alta mar, perdiendo la tierra de vis- 
ta, y no en el Mediterráneo, donde sabían que la tierra al fin los 
rodeaba, sino al Occidente de la Península Ibérica, 7nás allá de 
las columnas de Hércules^ más allá de los dos ó tres Finisterres 
europeos. 

TOMO LXVIII. 25 



394 boletín de la real academia de la historia 

No trataré de las tan conocidas navegaciones de daneses, no- 
ruegos y vascongados, inconscientes descubridores, merced á las 
correntadas y vientos contrarios, tanto como á su increíble arrojo. 

Más científicos y premeditados fueron los viajes emprendidos 
en el siglo xiv por la marina aragonesa; pero la primera nación 
que como tal y obedeciendo á un plan político, se lanzó á los 
descubrimientos en lejanos mares, fué Portugal, quien, después 
de lograda su completa independencia, no teniendo, como los 
otros reinos de la Península, comunicación fácil con el resto de 
Europa ni con el Mediterráneo, como Aragón, ni con el África y 
Asia, como los reinos moros, volvió fatalmente la vista hacia el 
mar y decidió buscar en él riqueza y poderío. 

Entonces le favoreció la Providencia, personificada en el Prín- 
cipe D. Enrique el Navegante, en sus hermanos D. Pedro y don 
Duarte, y luego en D. Juan II. 

Estos Príncipes imaginaron la posibilidad de llegar á la India 
dando la vuelta al África, y también las grandes ventajas de 
fundar factorías á lo largo de su costa que sirviesen de puntos de 
apoyo para sucesivos descubrimientos. Sus marinos sabían cal- 
cular la latitud por la polar; pero como según fueron aproxi- 
mándose al ecuador la polar descendía hacia el horizonte, des- 
apareciendo al fin, buscaron y hallaron en la Cruz del Sur su 
equivalencia con la Osa Menor, hacia el año 1 500, 

Cómo plantearon el problema los portugueses. 

Entonces se juzgó necesario resolver también el problema de 
la latitud valiéndose del Sol, procedimiento no del todo desco- 
nocido en el siglo xv. Mas para ello era indispensable reunir en 
unas tablas las declinaciones del Sol correspondientes á cada día. 

Así plantearon el problema los portugueses, y para resolverlo 
el Rey D. Juan II nombró la famosísima «Junta dos Mathe- 
máticos». 

Resultado de sus estudios fué un Manual^ como decimos aho- 
ra, que contenía, además de las tablas de declinación, instruc- 
ciones sobre todo lo que era necesario hacer con ios instrumen- 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAÚDE 395 

tos y con las tablas para situar el buque, y como apéndice con- 
tenía la enseñanza de las operaciones que antes se ejecutaban de 
un modo empírico. 

El regimiento de Munich. 

No puede imaginarse nada más práctico, sencillo y pedagógico 
que este Manual', era su método el que hoy se preconiza: mar- 
char de lo concreto á lo abstracto. Ese libro les dijo á los ma- 
rinos: ¿queréis situar vuestra nave? Pues bien; haced esto y esto, 
y hallaréis el punto donde se encuentra sobre el Globo. Enton- 
ces los marinos quisieron inquirir el por qué de aquellas opera- 
ciones, y ya familiarizados con la observación de los astros y sus 
movimientos, comprendieron fácilmente la teoría sideral. 

El libro que se conoce con el nombre de Rcgíniienio de Mu- 
nich tiene por título Regimentó do estrolabio. Tratado da sphe- 
ra, y si se hubiera escrito hoy se llamaría seguramente Tratado 
elemental de navegación astronómica, ó bien Manual de navega- 
ción. Es un pequeño incunable portugués-, del que no existe más 
que un ejemplar conservado en la Biblioteca Real de Munich. 

Compónese de dos partes: I.^ regimiento del astrolabio y del 
cuadrante, para determinar cada día la declinación, la situación 
del Sol y la posición de la estrella polar; 2.^, el tratado de la es- 
fera. Como apéndice contiene la traducción portuguesa de la 
célebre carta que dirigió el Dr. Münzer (Monetarius) á Don 
Juan II, para mostrarle las ventajas de marchar á las Indias por 
Occidente, y proponer al Rey de Portugal, en nombre del Em- 
perador Maximiliano, que confiara á Martín de Bohemia, por 
otro nombre Behaím, el cuidado de intentar esta empresa. 

Sólo detallaré del interesante contenido del regimiento lo que 
se refiere á las tablas de declinaciones. 

Se supuso, para simplificar, que el año tenía un número exac- 
to de días, y que el Sol desplazaba en el cielo un grado de longitud 
por cada día. Compréndese que hubiera bastantes arreglos con- 
vencionales en las declinaciones de algunos días del año para 
ajustarías á una hipótesis tan_ acomodaticia; pero en cambióse 



396 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

consiguió hacer un almanaque perpetuo y con cálculos muy 
aproximados de la declinación solar. 

Si admira el ingenio de los sabios que compusieron este Ma- 
nual, más aún admira su modestia. A ellos les constaba los erro- 
res que cometían, pero gracias á estos errores pusieron el cálculo 
de la latitud al alcance de todos. Hay que confesar que los miem- 
bros de la «Junta dos Mathemáticos» no pecaban de la pedante- 
ría que hace ahora ininteligibles tantos libros de texto. 

El hallazgo en Munich de uno de estos Manuales, copia ó nue- 
va edición (según todo lo indica) del primero, del que formó la 
«Junta dos Mathemáticos», ha sido el origen del estudio del se- 
ñor Bensaúde. 

Falsas hipótesis de los historiadores. 

Y su hallazgo en Alemania, juntamente con lo dicho hasta 
ahora por la mayoría de los historiadores de todos los países, 
incluidos los portugueses, daban como demostrado que el origen 
de aquellos conocimientos científicos era alemán, y que los ha- 
bía llevado á Portugal Martín Behaím, quien formó parte, con 
José Vicinho, de la «Junta dos Mathemáticos». Se creyó, pues, 
que Behaím había introducido en aquella nación las tablas náu- 
ticas de Regiomontano, á quien llamaba su maestro, y que, por 
lo tanto, á él era á quien en realidad se debía el Manual famoso. 

Decíase hasta hace poco por la mayoría de los historiadores: 
«es indiscutible que Behaím formó parte de la citada Junta; consta 
igualmente, que Portugal estaba en relación con los alemanes, 
según se ve en la carta dirigida en Julio de 1493 por Monetarias 
á D. Juan II, que figura al final del Manual de Munich; se sabe 
también que Regiomontano escribió unas tablas de declinación 
del Sol y que habitó algún tiempo en Nuremberg (donde fué, 
acaso porque en aquella ciudad se fabricaban instrumentos de 
náutica)». De estas premisas se dedujeron las siguientes afirma- 
ciones: «Regiomontano habitó en Xuremberg; es, pues, probable 
que tuviese allí por discípulo á Behaím; escribió tablas de decli- 
nación del Sol; éstas debieron ser las que Behaím introdujo en el 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAUDE 397 

Manual de navegación que formó la Junta á que él pertenecía. 
En Nuremberg se fabricaban mapas, globos é instrumentos náu- 
ticos; Behaím debió traerlos al mismo tiempo que las tablas». 

Además, la carta de Monetarius incluida en el Manual dando 
consejos á D. Juan II sobre las empresas geográficas, evidenciaba 
que los alemanes dirigieron á los portugueses con sus conoci- 
mientos científicos. Por fin, el haber sido hallados en Alemania 
los libros de astronomía portugueses, desvanecía toda duda. Sin 
embargo, el Sr. Bensaúde ha probado que ninguna de estas afir- 
maciones es cierta, mediante un profundo y hábil estudio de los 
antecedentes históricos y de los errores en que se fundamen- 
taban. 

Como antecedentes hubo de tener en cuenta: 

I.°, que muchos historiadores portugueses y extranjeros se 
habían ocupado de los trabajos que efectuó la «Junta dos Ma- 
themáticos» é investigado el origen de las conquistas científicas 
que sirvieron de base á los grandes descubrimientos que realizó 
Portugal; 2.°, que esta parte de la historia portuguesa era de muy 
difícil estudio á causa de la falta de documentos de la época, que 
desaparecieron durante los trastornos posteriores que sufrió el 
país y de la política de extremada reserva que mantuvo Don 
Juan II sobre las empresas marítimas; 3.°, que á principios del si- 
glo XIX el sabio alemán Humboldt afirmó que la «Junta dos Ma- 
themáticos» hizo uso de las tablas de declinación del Sol, que 
existían en las Ephemerides de Regiomontano, y que esta afir- 
mación, á la que daba tan grande autoridad el glorioso nombre 
de Humbold, se había estado repitiendo por los historiadores, 
excepto algunos, como el erudito marino Luciano Cordeiro; y 
4.°, que, con excepción también del famoso crítico Peshel (quien 
dudó del mérito atribuido á Behaím) , todos los historiadores 
germanos de segunda fila suscribieron lo que uno de ellos dijo: 
«Si Alemania no participó directamente de los grandes des- 
cubrimientos de los siglos XV y xvi, fueron, sin embargo, los 
sabios alemanes los que por sus trabajos de laboratorio y de bi- 
blioteca dieron á aquellas empresas un impulso decisivo. Desde 
este punto de vista, nuestro célebre compatriota Regiomontano, 



398 BOLETÍN DE l.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

así como Martín Behaím, pueden seguramente reivindicar el mé- 
rito de haber sido los precursores de Colón y de haber contri - 
buido de una manera esencial al descubrimiento de América.» 

Precisamente lo absoluto de estas afirmaciones inspiró á Ben- 
saúde una gran desconfianza sobre su veracidad. Razonando con 
lógica, se preguntaba: «Si nadie duda qne Portugal fué el precur- 
sor de los demás países en los descubrimientos marítimos, ¿cómo 
puede explicarse que los realizara y conservara el secreto de sus 
derroteros teniendo que depender científicamente de otra na- 
ción.?* Antes de creer posible tal anomalía, debíase patentizar de 
dónde vinieron realmente aquellos conocimientos y el papel que 
desempeñaron las Ephenierides ^ tan encomiadas.» 

Esta obra fué lo primero que examinó Bensaúde, y de su exa- 
men resultó que ni la edición príncipe de las Ephemcrides (1474) 
ni ocho ediciones posteriores hasta 1 499, contienen los elemen- 
tos indispensables para el cálculo de la latitud, ó sea la Tabla 
de las declinaciones^ comprobando así que ni Plumboldt ni los 
historiadores que siguieron su parecer conocían la obra de Regio - 
montano. 

Lo más curioso es que Regiomontano hizo, en efecto, unas 
tablas de declinación del Sol y las incluyó, no en las Ephenieri- 
des, como se ha afirmado siempre, sin ningún fundamento, sino 
en otra de sus obras, la Tabula Directionimi. 

Pero al fin existían unas tablas de aquel astrónomo alemán 
que complementaban los datos precisos para hallar la latitud. 

Entonces Bensaúde efectuó un estudio comparativo de las ta- 
blas de declinación contenidas en el Manual de Munich, obra de 
la «Junta dos Mathemáticos», y las que construyó Regiomonta- 
no, observando pronto una notable diferencia entre ambas. 

No era, no, la una copia de la otra. Las tablas alemanas no 
habían servido de base á las construidas por la «Juuta dos Ma- 
themáticos. ¿Dónde hallar, pues, las que utilizó esta sabia Junta? 

Deseando Bensaúde aclarar el misterio, tuvo la intuición de 
consultar la magna obra del judío español Abraham Zacuto, de- 
nominada Almanach Perpetimm, que contiene la Tabula declina- 
tionis y Tabula so lis del ciclo de cuatro años, escrita en 1473. 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAUDE 399 

Su sorpresa fué gratísima; las tablas de Zacuto y las que cons- 
truyeron los portugueses eran idénticas, así como los valores de 
la declinación correspondientes á las longitudes del Sol en los 
signos del Zodíaco, y muy distintos todos estos valores de los 
que consigna Regiomontano en su Tabula Directiomivi. 

Complementan pruebas tan fehacientes ciertos datos biográfi- 
cos del astrónomo español. Abraham-ben-Saniuel Zacuto fué 
natural de Salamanca, en cuya Universidad, primero, y des- 
pués en las de Cartagena y Zaragoza, enseñó Astronomía du- 
rante muchos años. Cuando se vio obligado á salir de España 
en 1492, dirigióse á Portugal, donde Juan ÍI le nombró su as- 
trólogo, y más tarde el Rey D. Manuel le hizo también su cro- 
nista. 

Por entonces formaba parte de la «Junta dos Mathemáticos» 
José Vicinho, discípulo de Zacuto, según él mismo declara y se- 
gún consta en algunos papeles de Colón. Ignórase si aquél per- 
teneció también á la Junta, pero es muy probable que por razón 
del elevado puesto que ocupaba en la Corte dirigiese la compo- 
sición del Manual^ que al fin no era sino un compendio de su 
gran obra de Astronomía. 

El trabajo de la «Junta dos Mathemáticos» hubo de ceñirse á 
extraer del Almanach Perpetimm de Zacuto cuantos elementos 
necesitaban los marinos para hallar la latitud, reunirlos y plan- 
tear las operaciones de una manera sencilla. «A la sencillez y 
claridad, aun con merma de la precisión — dice Bensaúde — , se 
ajustaron los redactores del Regimiento de Munich.-» 

Demostrado ya que es ibérico el tan discutido origen de este 
Manual^ abordó Bensaúde otro importante asunto: la verdadera 
procedencia de los instrumentos náuticos, que los alemanes afir- 
maban haber introducido en Portugal, donde prácticamente no 
se conocían. 

Sobre esto hace un bello estudio que evidencia la sinrazón 
de tal aserto. Es muy curioso su análisis comparativo entre un 
austrolabio alemán de 1 468 y otro árabe, de bronce, fabricado 
quinientos años antes, en 95O) poi" Ahmed Ben Khalaf. Ambos 
se hallan en la Biblioteca Nacional de París, y nótase, con sólo 



400 boletín de la líEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

un ligero examen, que el primer astrolabio es una fiel reproduc- 
ción del segundo en todo lo esencialísimo. 

Bensaúde añade: «.Para admitir la hipótesis de que el astrola- 
bio marino hubiese venido á Portugal desde Nuremberg, sería 
preciso admitir también que aquí se habían olvidado de multitud 
de instrumentos propios, tales como la ballestilla ó saphae de 
Zarcali (1030), el astrolabio de Abrahan ibn Esra (1146), el as- 
trolabio marino de Raimundo Lulio (1295), el cuadrante de Pro- 
phatius (1300), el de Isaac Jaddik (1396), el de Jacobo Carso- 
no (1378), el de Jehuda ibn Verga (1457), etc., etc.» Y otros mu- 
chos oue cita el notable investigador. 

1 O 

Por qué estaban las obras de Astronomía en Alemania. 

En cuanto á la existencia en Alemania del libro portugués, se 
ha demostrado que éste llegó á la Biblioteca Real de Munich 
cuando se hizo el reparto de la Biblioteca de los jesuítas de 
Augsburgo, que lo poseían, legado por un descendiente de Con- 
rado Pautinger, famoso bibliógrafo del siglo xv, á quien hubo de 
encargar el Emperador Maximiliano que hablase con el Rey de 
Portugal sobre varios asuntos científicos y comerciales, y que 
durante su estancia en aquel país adquirió una colección de li- 
bros de ciencia portugueses, entre los cuales se hallaba el redac- 
tado por la «Junta dos Mathemáticos». 

La carta de Monetarius. 

Quedaba aún en pie la cuestión de la carta incluida en el Ma- 
nual. Parece lo más probable que D. Juan II la hiciese incluir 
por los elogios que en ella se le tributaban, pero no hay duda 
que llegó tardísimo el consejo de marchar á las Indias por Occi- 
dente, pues cuando el Rey recibió la carta, Colón había regre- 
sado de su primer viaje. 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAUDE 4OI 

Papel que representaron los alemanes en los 
descubrimientos portugueses. 

Los alemanes estaban, sí, en relación con los portugueses, 
pero en una relación puramente comercial, y lejos de guiarlos 
en sus empresas, les pedían permiso para añadir barcos alema- 
nes á las flotas que salían de descubrimiento, y esto prueba que 
carecían de la ciencia náutica necesaria para ir solos en busca de 
las Indias, como sin duda lo hubieran efectuado. 

Origen peninsular de la ciencia náutica portuguesa. 

Bien claro aparece, repito, el verdadero origen de la ciencia 
náutica portuguesa, completamente peninsular, pues al fin Zacu- 
to era español y á él y á su discípulo se debe en gran parte el 
primer regimiento de navegación. 

Luego, marinos portugueses y españoles, publicaron muchos 
y extensos libros que fueron traducidos al francés y otros idiomas. 

El sabio Zacuto tu\-o en la Península dignos sucesores, y por 
lo que se refiere á tiempos más antiguos, menciona Bensaúde la 
serie de astrónomos peninsulares que escribieron obras á partir 
de las Tablas Alfonsinas. 

Véase, pues, cuánta luz arroja sobre la cultura peninsular á 
fines de la Edad Media y principios de la Moderna, el estudio 
del Sr. Bensaúde. Un sabio judío español, Abraham Zacuto, es- 
cribe una obra que sirve de base á la «Junta dos Mathemáticos» 
para su Manual de navegación. Esta Junta, formada por Vicinho, 
Behaím y algunos otros sabios ó marinos portugueses y bajo la 
inspección del propio Zacuto, redacta el Manual] crea luego una 
especie de Escuela náutica con los pilotos más instruidos que 
aprenden los nuevos métodos; edita obras cada vez más prácti- 
cas y científicas, }', finalmente, aconseja á los políticos la mejor 
manera de realizar sus gigantescos planes de descubrimientos 
geográficos. 

Hermosa es la relación que eita Bensaúde de los sabios espa- 



402 boletín de la iíeal academia de la historia 

ñoles y portugueses, judíos la mayor parte, que tanto hicieron 
progresar la Astronomía por espacio de cuatro siglos. Es una vi- 
sión radiante de la ciencia peninsular, que así expuesta, en con- 
junto, sorprende aún al que conoce varios autores de los citados. 
De más de cincuenta obras científicas hace especial mención, y 
todas de autores que tuvieron por patria Portugal y Castilla, Ara- 
gón y Provenza. No se crea, sin embargo, que en esta reivindi- 
cación se niega en absoluto la influencia alemana, no. Bensaúde 
demuestra que no debe Portugal á Regiomontano lo que hasta 
ahora se había supuesto, pero tiene para este sabio matemático 
y astrónomo las frases de elogio que merece, así como de agra- 
decimiento para los dos eruditos, también alemanes. Cantor y 
Steinschneider, que tanto se han ocupado de la Plistoria de nues- 
tra Península, pues según Bensaúde, «en las investigaciones his- 
tóricas no existen prejuicios de nacionalidad ni de religión». 

Por tan brillante exposición de estudios y descubrimientos in- 
fiérese cómo hubo espíritus perspicaces que supieron separar la 
Astrología de la Astronomía, desdeñando de la primera su hipo- 
tético influjo sobre el destino de los hombres y recogiendo de la 
última, enseñanza y guía útilísimas para las grandes civilizadoras 
empresas humanas. 

Se ha dicho que Camoens cantó la realidad y también que tan 
gran poeta fué un Homero sin Iliada. 

Si comparamos la epopeya de la conquista de América por los 
españoles con los descubrimientos que efectuaron los marinos 
portugueses, hay que convenir en que tampoco faltó á Camioens 
una epopeya que cantar. La nuestra, la de Castilla, fué realizada 
en el exterior por aventureros heroicos; la de Portugal fué reali- 
zada en el interior por los Reyes, los Infantes, los Consejeros, 
por aquellos colosos capaces de concebir, preparar y llevar á fe- 
liz término una labor de titanes. 

Comprendo y aplaudo, señores, que el Gobierno portugués 
haya prestado un apoyo sin límites á la obra de Beusaúde; obra 
que podría titularse Reconquista del patrimonio científico 6 Rei- 
vindicación histórica; obra excelente por su plan, por el enorme 
trabajo que representa, por la 'erudición que contiene y por los 



OBRAS PRESENTADAS POR EL SEÑOR BENSAUDE 403 

conocimientos que exige el dar cima á un estudio bibliográfico 
tan escrupuloso y admirable. 



Lo que corresponde hacer á España. 

Y ahora os pregunto, señores Académicos: lo que tan brillan- 
temente ha conseguido Portugal, ¿no podría intentarlo España? 

Recordemos que Zacuto era un judío español y que aquí de- 
bió hacer sus estudios; todos sabemos que las ciencias astronó- 
micas alcanzaron gran altura en la escuela de Alejandría, y que 
los árabes las trajeron á España, dándolas á conocer en sus Cen- 
tros docentes. Sabemos la importancia que concedió á la Astro- 
nomía Alfonso X, quien mandó construir las Tablas que llevan 
su nombre. Y no hay que olvidar á Raimundo Lulio, aquel genio 
extraño y portentoso que dominó todas las ramas del saber 
humano, que escribió, entre otros libros, un Tratado de navega- 
ción astronómica y que difundió la ciencia náutica en la Proven- 
za y la Sorbona hacia 1275. 

No hay que olvidar tampoco la existencia de la Escuela de na- 
vegación de Mallorca, fundada casi medio siglo antes que la de 
Sagres, y en la que se construyeron los primeros mapas planos. 

Sobre todo, fijémonos en que al probar Bensaúde de manera 
irrefutable que los conocimientos científicos portugueses no eran 
de origen alemán, ha dicho y demostrado que provenían de 
España. 

Pues bien; yo propongo á la Academia que abra un concurso 
para premiar la mejor obra que esclarezca cuanto se refiere á los 
progresos de la ciencia astronómica en nuestra nación. 

Podrían servirle de base las dos grandes figuras de Raimundo 
Lulio y de Zacuto, los archivos de la Escuela de Mallorca, y los 
datos que se encontraran sobre la Junta que intervino en la for- 
mación de las Tablas Alfonsinas^ uno de cuyos redactores fué 
Isaac ibn Sid, de Toledo, y españoles, como él, todos los demás, 
ya cristianos, judíos ó musulmanes. 

Yo me consideraría dichoso si esta obra que imagino lograra 
conquistar para t'spaña la misma gloria que los portugueses han 



404 liOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOKIA 

conseguido para su patria disipando las nubes en que la tenían 
envuelta el olvido y la falsedad. 

No obstante, la Academia, con su gran sabiduría, acordará lo 
que crea más oportuno. 

Madrid, 25 de Febrero de 1916. 

Pedro de Novo y Colson. 



V 

GOYA, PINTOR DE RETRATOS 

por A. de Beruete y Moret. 

(iMCMXVI: Blass y Compañía, San Mateo, i, Madrid. Un volumen de 0,215 x 280 

de VII-148 páginas + 2 de índice y colofón, con 55 láminas en fototipia 

de Hauser y Menet.) 

Ocupaciones ineludibles me han impedido basta ahora, bien á 
pesar mío, cumplir el encargo que me confió la Academia de 
informar acerca de la obra cuyo título encabeza estas líneas; 
cierto es que la tardanza en este caso no puede, por fortuna, 
afectar en lo más mínimo á la propagación de la publicidad, pues 
la noticia del libro no tan sólo ha sido difundida por la prensa, 
que unánimemente ha reconocido el mérito indiscutible del tra- 
bajo, sino también por el mismo autor, en tres de las conferen- 
cias organizadas por el Ministerio de Instrucción pública y Be- 
llas Artes, y en otras tres que recientemente ha dado con aplau- 
so caluroso en la Sociedad de Lisboa, titulada «Los Amigos del 
Museo». 

Basta recorrer la indicación bibliográfica que el Sr. Beruete 
inserta al final del volumen, para adquirir el convencimiento de 
que es Goya uno de los pintores españoles que desde hace más 
tiempo viene mereciendo la atención de la crítica extranjera. En 
Francia, especialmente, y acaso por el hecho de que residiese en 
ella durante la época postrera de su vida, datan de ochenta años 
las primeras publicaciones referentes al insigne aragonés, y de 



GOYA, PINTOR DE RETRATOS 4O5 

entonces acá, los nombres de Piot, Baudelaire, Matheron, Bru- 
net, GoLise y Lelbrt, son prueba inequívoca del interés crecien- 
te que en aquella nación despierta la obra de nuestro com- 
patriota. Algo más tarde, en 1875» comienza á preocuparse de 
él la crítica alemana, que hoy cuenta con más de doce tratados 
acerca de la materia; Inglaterra, que en la pasada centuria no 
concedió grande importancia á los cuadros de Goya, ha visto 
aparecer desde igoi ocho ó diez trabajos consagrados á su aná- 
lisis, y hasta en los Estados Unidos, país en el que las produc- 
ciones del Arte no suelen apasionar, sino con la condición de 
que se coticen á precios fabulosos, se han editado algunos opúscu- 
los sobre el mismo asunto. En cuanto á España, la bibliografía 
es también copiosa, pues prescindiendo de las ilustraciones y 
reseñas contenidas en los catálogos de Exposiciones y Museos, 
pudieran citarse numerosísimos estudios que de medio siglo á 
esta parte han visto la luz en Revistas y periódicos, y monogra- 
fías de estima excepcional, cuales son, entre otras, la del señor 
Cruzada Villamil, que lleva por título Los tapices de Goya', la de 
D. Cefcrino Araujo, rotulada Goya] la del Sr. Barcia, acerca de 
Goya en la Sección de Estampas de la Biblioteca Nacional; la del 
Conde de la Vinaza, Goya, su tiempo, sn vida y sus obras, y la 
del Sr. Mélida, Goya y la Pintura moderna, tema del sustancioso 
y erudito discurso que leyó nuestro docto compañero en 1907, 
en la solemne sesión con que inauguró aquel año sus tareas la 
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 

Tal bibliografía viene á enriquecerse hoy con el libro del se- 
ñor Beruete y Moret, autor cuya presentación no es preciso ha- 
cer, porque ha sabido conquistar justa nombradla en el campo 
de la crítica pictórica con obras como La Escuela de Madrid 
{The School of Madrid), La Pintura en España y Portugal, Val- 
dés Leal, El Greco, pintor de retratos; Velázqiiez en el Museo del 
Prado, y multitud de disertaciones y artículos publicados dentro 
y fuera de España. 

Si el objeto del último trabajo del Sr. Beruete no fuese sino el 
de enumerar y juzgar los retratos de Goya, no tendría otro va- 
lor que el de un inventario más ó menos útil y hecho con mayor 



406 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Ó menor amenidad; aun así, ofrecería interés indudable, no sólo 
por la cantidad de los ejemplares que presenta, por las noticias 
que rectifica y por los datos nuevos que aporta, sino también 
por la escrupulosidad y la conciencia, dignas de loa, con que el 
autor ha procedido antes de hacer una afirmación ó de fallar 
sobre la originalidad de un cuadro. Pero el libro es algo más que 
esto, pues como el Sr. Beruete dice en las páginas preliminares, 
el fin que se ha propuesto al escribirlo es el de estudiar, aunque 
no más que por lo que á los retratos se refiere, la evolución del 
arte de (joya; demostrar hasta qué punto influyó en su pintura 
el cambio radicalísimo que por aquellos días se operaba en todas 
las esferas de la vida nacional, y hacernos ver que, á pesar de 
esta evolución, la personalidad vigorosa del artista, en cuya en- 
traña se halla siempre al español de raza, logró, de un lado, im- 
primir á toda su obra el sello de una augusta unidad, y, de otro, 
resucitar nuestra tradición artística de los siglos xvi y xvii, pre- 
terida por exóticos influjos, sirviendo así de lazo de unión entre 
el pasado y el porvenir. Esta tesis, que es, en opinión del que 
suscribe, el aspecto fundamental del libro, la desarrolla el autor 
examinando sucesivamente los cuatro períodos que se señalan 
en el arte de Goya. 

Es el primero el que pudiéramos llamar de orientación, y co- 
rresponde al tiempo en que Goya, al regresar de Roma, halla la 
corte invadida por aquellos pintores seudoclásicos, de mediocre 
ingenio y pobres de inventiva que, capitaneados por Mengs, pre- 
ocupábanse constantemente de determinar la rígida disciplina 
que era necesario imponerse para adquirir el buen gusto; de dis- 
cutir lo que se debía entender por útil y lo que había de repu- 
tarse como bello en el vasto campo de la Naturaleza; de estable- 
cer los cánones de la imitación^ sin perjuicio de confundirla en 
la práctica con el plagio servil; de considerar á Xd.^ formas como 
medio de individuar (así decían) la expresión de las pasiones^ y 
á los colores como medios de traducir las cualidades de las cosas; 
de someter á reglas poco menos que matemáticas al colorido, á 
la composición y hasta á la armonía del conjunto, y de crear, en 
fin, un arte pretencioso é insípido, desprovisto de enjundia, 



I 



GOYA, PINTOR DE RETRATOS 407 

como la sociedad de entonces, vacilante en sus fundamentos, 
como aquellas instituciones arcaicas que comenzaban á sentir el 
soplo revolucionario del siglo xix, frío en su externa vestidura, 
como un romance de Olavide ó como una anacreóntica de Salas, 
arte aliñado, pero sin fibra, que no podía en modo alguno satis- 
facer las exigencias estéticas del pintor egregio, quien por eso 
mismo hubo de sentir en su espíritu enérgica sacudida cuando 
por vez primera contempló las colecciones de los antiguos maes- 
tros que, gracias á Carlos III, salieron del olvido en que yacían; 
cuando vio pasar ante sus ojos los cuadros de Durero, de Tizia- 
no, de Rubens, de Van Dick y de Murillo, y cuando al fijarse 
especialmente en la briosa pintura de Velázquez, de la que la 
gente de entonces no hacía aprecio alguno, se dedicó con afán 
vehemente á penetrar en su fondo y á sorprender los misterios 
de su técnica, cual si presintiese que el conocimiento que á tra- 
vés de más de dos siglos había entablado con el artista sevillano 
iba á decidir de su estilo y de la misión que estaba llamado á 
realizar en la Historia de la Pintura española. 

Los catorce años siguientes fueron para Goya de lucha sin 
tregua y de trabajo sin descanso, pero al fin de ellos vio coro- 
nada su labor con el nombramiento de pintor de Cámara de 
Carlos IV. A partir de este instante, comienza el segundo pe- 
ríodo de su vida artística, que el Sr. Beruete estudia con el se- 
guro juicio de quien, como él, domina la materia. Goya adquiere 
personalidad completa: distingüese su arte por ser sencillo y sin- 
tético; sus figuras, por una expresión peculiar, cuyo secreto sólo 
el gran pintor sabía arrancar de la paleta; su colorido, por una 
especial graduación de intensidad en los coloides, por la gama de 
grises y por el uso del bermellón que avalora tal tonalidad, 3'a 
atisbada por el Greco y por Velázquez, según observa el autor, 
pero que llega en Goya al máximo de la perfección y del efecto. 
Su designación para primer pintor de Cámara en 1/99, consagró 
definiti\"amente su triunfo, y entonces, reyes é infantes, políti- 
cos y aristócratas, prelados, generales, escritores, poetas, artífi- 
ces, cómicos y toreros, todos, en fin, los que valían ó bullían en 
la Corle, fueron desfilando por-su estudio, del que salió la repre- 



408 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sentacion más gráfica y más exacta de aquella pintoresca socie- 
dad de las postrimerías del siglo xviii, como en otro tiempo 
había salido del de Velázquez la de la España de Felipe IV". Por 
eso, impresiona en alto grado el duro contraste que ofrece este 
brillantísimo período de Goya con el que viene después, en el 
cual abrieron un paréntesis en su vida los acontecimientos polí- 
ticos que se desarrollaron en nuestra patria con motivo de la 
invasión francesa. 

Había cumplido ya los sesenta y dos años, y si es cifírto que 
no fué afrancesado, también lo es que no estaba en la edad de 
las grandes exaltaciones. Además, el fraccionamiento de aquel 
mundo en que había vivido; la ruina de los que hacía poco co- 
nociera poderosos; el destierro de los monarcas; la huida de los 
magnates; la hirviente agitación que por doquiera se advertía; el 
espectáculo sangriento de la guerra y la bárbara crueldad de los 
invasores, produjeron honda huella en su espíritu; sigue pintan- 
do, porque el pintar era en él necesidad de naturaleza; pero ya 
no pinta en las salas del Alcázar, sino en su modesto retiro de 
la Casa del Sordo, á orillas del Manzanares; de su paleta no salen 
ya alegres escenas, sino á modo de apocalípticas visiones que se- 
mejan engendros del delirio, y sus pinceles, cuando retratan, ya 
no reproducen los portes entonados de majas y majos de eleva- 
da alcurnia, sino la miserable estampa del ciego de las gradas de 
San Felipe, ó las sutiles facciones del humilde agustino, que con 
cáustica pluma se burlaba en su Crotalogía del artificioso aparato 
científico y de la irrisoria y enfática jerigonza de los filósofos 
pedantes. 

El recuerdo que estos aciagos días dejaron en el artista influ- 
yó poderosamente en el estilo de su cuarto y último período, 
pues aunque los franceses fueron expulsados, y el Rey recobró su 
trono, y Goya volvió á ocupar en el Real Palacio el puesto que 
antes tenía, ni volvió la juventud, ni volvieron los plácidos años 
madrileños de fiestas pomposas y campestres regocijos, ni se 
borró de su memoria la imagen de la tragedia; su alma se hizo 
triste iisqiie ad viorteui, y la tristeza pasó desde su alma á la su- 
perficie de sus lienzos. En los cuadros que de l8l8 á 1 820 pintó 



GOYA, PINTOR DE RETRATOS 409 

para la Catedral de Sevilla y para las Escuelas Pías de San An- 
tonio, de Madrid, puede advertirse la aparición de una nota de 
ascetismo que no se observa jamás en sus obras anteriores, nota, 
que con tal energía brotaba de su espíritu, que hasta á los retratos 
hubo de llevarla, cual puede verse en el de Munarriz, cuya ex- 
presión, líneas y colorido hacen presumir al Sr. Beruete que 
Goya, en sus viajes á Andalucía, debió de pasar por Toledo y fijar- 
se nuevamente en las pinturas del Greco. La conjetura no pue- 
de ser más verosímil, y no sería extraño que Goya, cumplidos 
los setenta y dos años, y ante la visión de España, que, desqui- 
ciada y hambrienta, preparábase para recibir una nueva organi- 
zación y un nuevo Derecho, se representase su época sucumbien- 
do con su vida, y que, por tanto, al contemplar aquellas efigies 
plasmadas en la recia mente de Theotocópuli; aquellos caballeros 
cristianos que llevan la espada al cinto para defender los fileros 
de su Rey, y el rosario entre las manos para impetrar la miseri- 
cordia de su Dios; aquellos Santos que tienen en los ojos los fiíl- 
gores del fervor y la congoja del pecado; aquellos ascetas que 
reflejan en sus secos y desmedrados músculos las huellas que im- 
prime la mortificación de la constante penitencia, y cuyo lengua- 
je ultraterreno, de serena austeridad y de mística grandeza, no 
pudo, ni supo, ni quiso entender la Corte frivola y cínicamente 
depravada de Carlos IV, sintiese algo así como una revelación 
excelsa, que aun envuelta en los anuncios de la muerte y en la 
amargura de una larga existencia de lucha y desengaños, contenía 
una espléndida promesa de perdón, de esperanza y de consuelo- 
Quiza buscando tregua á su pesar, quiso perder de vista por 
algún tiempo el escenario de sus antiguas glorias, y esta expa- 
triación, que tras pasajera estancia en suelo español, se convirtió 
en definiva, proporciona al Sr. Beruete el asunto del último ca- 
pítulo de su obra, en el cual, al referir la residencia de Goya en 
París y Burdeos, entresaca de la correspondencia de Moratín to- 
dos aquellos datos que pueden ser de interés para conocer los 
postreros días del artista hasta el momento de su muerte, ocu- 
rrida el 16 de Abril de 1 828. 

A modo ele apéndice, inserta el autor una bibliografía muy 

TOMO Lxvm. 26 



4 'O boletín de i.a. real academia de la historia 

completa de los escritores nacionales y extranjeros que se han 
ocupado del pintor, y, á continuación de ella, una lista de dos- 
cientos ochenta y tres retratos de originalidad indiscutible ó re- 
conocida. Al leer esta lista y ver que, en opinión del Sr. Berue- 
te, el número de los retratos pintados por Goya alcanzará la cifra 
de cuatrocientos, no habrá nadie que no admire su portentosa fe- 
cundidad; pero tampoco habrá ningún buen español que deje de 
experimentar profunda pena, mezclada con cierto sentimiento de 
sonrojo, al observar que cerca de las dos terceras partes de los 
cuadros contenidos en la relación citada, se hallan en ajenas tie- 
rras, por haber corrido idéntica suerte que los de otros insignes 
maestros españoles. Mucho influye, sin duda alguna, en este afán 
de adquirir tales obras el mayor desenvolvimiento del gusto ar- 
tístico, que es consecuencia de los grados superiores de cultura; 
pero cuando pensamos que los países en que hay mayor deman- 
da no son precisamente los que se distinguen por su culto á la 
Belleza ni por sus aptitudes estéticas, sino los que hacen alarde 
de adquirirlas á precios que resultan quiméricos en otras latitudes; 
cuando consideramos.que con el mismo ensañamiento con que se 
persigue un cuadro de Velázquez, inténtase también dar caza al 
ejemplar bibliográfico de singular rareza, ó á la joya que se roba 
de un Museo, ó á la estatua yacente que con mano sacrilega se 
arrebata de un sepulcro secular, ó al trozo de arquitectura que se 
arranca del palacio de una vieja ciudad castellana para satisfacer 
la presunción ridicula de uno de esos que ahora se llaman rej't's 
del corcho, de la suela ó del alcohol amílico, no podemos por 
menos de sospechar también que no es siempre el sentimiento 
artístico el que inspira estos brutales ojeos, sino la vanidad del 
advenedizo de poseer lo que nadie posee ó el anhelo de aparen- 
tar dotes y aficiones que Dios no quiso concederle, siendo lo 
peor del caso que para saciar y fomentar este apetito, hállase or- 
ganizada toda una hueste de mercaderes y chamarileros, nutrida 
aún por algunos que, con la máscara de técnicos, profesionales, 
anticuarios y coleccionistas, no son en el fondo más que mar- 
chantes sin tienda y sin conciencia, todos los cuales, atraídos por 
lo pingüe y saneado del negocio, van practicando el despojo y 



GOYA, PINTOR DE RETRATOS 41' 

saqueo sistemático de nuestro tesoro artístico, al que la ley deja 
indefenso ante el asalto despiadado de ese industrialismo vandá- 
lico que explota al mismo tiempo la ostentación fastuosa, la ig- 
norancia, la avaricia y el infortunio. 



* * 



Como se ve por cuanto queda expuesto, el Sr. Beruete, que, al 
parecer, quiso limitar su trabajo á tratar de Goya no más que en 
uno de sus aspectos, es decir, como pintor de retratos, ha sabi- 
do, con tal motivo, hacer un estudio total de su significación ar- 
tística; y si á esto se agrega que el libro se halla realzado por la 
galanura y elegancia del estilo, por la narración de chispeantes 
episodios referentes á la época ó á los personajes, por noticias 
hasta ahora ignoradas y que revisten verdadera importancia his- 
tórica, y, para que nada falte, por una primorosa presentación 
tipográfica, habrá de convenirse en que la nueva obra del señor 
Beruete puede en justicia ser calificada de interesantísima y no- 
table. El autor deja concebir la esperanza de que ha de continuar 
su labor, completándola con el análisis del resto de la producción 
de Goya; y ciertamente que está en el deber de hacerlo así quien 
ha conseguido salir tan airoso en esta primera parte de su empre- 
sa, por la que merece entusiásticos plácemes y sinceras alabanzas. 

Tal es el informe que acerca del libro del Sr. Beruete y Moret 
tengo el honor de someter á la consideración de la Academia. 

Madrid, 25 de Febrero 1916. 

Julio Puyol. 



VI 

NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS DE ALENTISOUE Y RIBA 
DE SAELICES EN LA DIÓCESIS DE SIGÜENZA 

Al catálogo de las pertenecientes á esta diócesis, que dejé re- 
señadas en el tomo lviii del Boletín, págs. 328-331, el Doctor 
Schulten otra juntó (tomo lxvii, 573) que había descubierto en 
las ruinas de la celebérrima ciudad de Termnacia. 



412 



BOLETÍN DE 1 A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



Hoy me toca dar cuenta de otras dos inéditas, halladas recien- 
temente en distintos parajes del referido obispado. 



Alentisque. 

Al pie de elevada peña, de la que brotan hacia el Oriente las 
fuentes del Nájima, tributario del Jalón y las del Morón, tributario 
del Duero, se encuentra, el lugar de Alentisque^ dotado de Ayun- 
tamiento, de una iglesia parroquial dedicada á San Martín y de 
una vieja ermita bajo la advocación de Nuestra Señora. En esta 
ermita hay una hermosa lápida romana, incrustada en una de sus 
paredes, que ha visto y cuya copia, por medio de D. Manuel Se- 
rrano y del señor Marqués de Laurencín, me transmite el profe- 
sor D. Santiago Loranco; mas no la fotografía ni las dimensiones 
del monumento, como sería de desear. He aquí su figura: 




En la copia de este epígrafe, hecha por el Sr. Loranco, la L, 
ajustándose indudablemente á su forma original, se parece á la de 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS 413 

un embudo (A), afine á la de la minúscula griega X. En la misma 

copia el renglón 9 se escribe HPDOTI, á todas luces inadmisible. 

Lo demás está bien, pues da perfecto sentido. 

Sempronius Liiriis ei Sempronia Ide SemproHiac Elpidotiiie filiae carissime 
et sibi vivi fec(eruí¡t). 

Sempronio Luro y Sempronia Ide, cuando vivían, hicieron para sí este 
monumento sepulcral y para su carísima hija Sempronia Elpidotina. 

No registra el catálago de Hübner ninguno de los tres cognom- 
bres que en esta lápida comparecen. 

De luriis (terroso de color, ó moreno), nacieron sus derivados 
latinos Itiridus, luriis y liiruleiitiis. La raíz se conserva en el éus- 
caro larra (tierra). 

Ide es el griego "loYj, latín Ida^ alusiva al culto de Cares. 

Elpidotine brota naturalmente de eXtuooowxc^ (dadora de espe- 
ranza), y por esto amadísima. De la idea de esperanza tomaron 
cuerpo muchos cognombres masculinos y femeninos: Spes^ Spe- 
ratus, Sperata, Speratiamis^ Elpis, He/pis, Helpinicus, Helpizo- 
tnenus. 

A la región comprendida entre Almazán y Soria redujo Hüb- 
ner (l), el as ibérico, señalado con su exergo con la leyenda 

h pj ^ r Y }V| X M 

/ h(e)u u i t s q(e) s 

que puede bien ajustarse al nombre de Alentisqiie^ si en este lu- 
gar se descubrieren semejantes monedas (2) y otras lápidas ro- 
manas compañeras de la presente. 

Riba de Saelices. 

En la provincia de Guadalajara y en su partido de Cifuentes, 
existe el lugar de Riba, lindante del de Saelices, que le da sobre- 
nombre, y dentro de su término, en distancia de 3.500 metros 

(i) Monumenta linguae ibericae, núm. 69, Berlín, 1893. 

(2) Véase el tratado crítico que sobre ellas hizo D. Celestino Pujol en 
él tomo IV del Boletín, págs. 321-325, dejando incierto el sitio puntual de 
la gente ó población al que se refieren. 



414 boletín de la real academia de la historia 

de la población, el cerro de Azafuera, que llaman de los sepul- 
cros, porque fué necrópolis antiquísima. 

Atento á esta denominación, nuestro ilustre compañero el se- 
ñor Marqués de Cerralbo procuró que se hiciesen excavaciones 
en Azafuera, seis meses ha, las cuales no defraudaron su esperan- 
za. Todos los túm.ulos que se registraron nada particular ofrecie- 
ron, excepto uno solo con su tapa ó cubierta epigráfica, que mide 
6'5 cm. de alto por 36 de ancho. Contenía dos esqueletos de mu- 
jer y estaba lleno de clavos, gastados por la herrumbre. TantO' 
éstos como los esqueletos, fueron echados á perder por la tosca 
necedad de los operarios. 

La preciosa lápida romana, allí descubierta, obra actualmente 
en poder del Marqués de Cerralbo. En la cima del epitafio se ve 
la rueda del disco solar; y debajo de él seis bellos renglones, de 
los que el primero fué probablemente destruido por manos cris- 
tianas, ó enemigas del culto idolátrico. Véase su fotografía en la 
página siguiente. 

Sigue esta inscripción el giro sintáctico de las romano-celtibé- 
ricas que expliqué en el tomo x del Boletín, págs. 8-12, á pro- 
pósito de otra, que vino á Madrid, traída de Buenafuente, lugar 
poco distante de Riba. La leo así: Leiondo Segossoq{uni) Melnian- 
difiilid), s{itd) e{st) h{ic). 

En esta lápida Leiondo es nombre femenino, como lo es Ar~ 
ganto en la de Riba. Varios é indubitables ejemplos de semejan- 
te desinencia gramatical en lenguaje celtibérico se conocen: Me- 
duttio (2.823), Ranto y Magidio (2.825), Arocio (5.085), etc. No 
faltan en visigodo (l) y en griego (2). Arganto, á mi parecer, es 
equivalente del adjetivo latino y castellano argéntea, formándose 
regularmente del céltico a/^í?;// (plata), según John Rhys docta- 
mente lo expuso (3). Podía ser vocablo masculino, como Aio 
(2.822), Aranto (453), Argailo (5.762); pero su gentilicio Medu- 
tica especifica el sexo. Afines, ó derivados de este gentilicia 



(i) Baddo, esposa del rey Recaredo; Liuhigoto de Ervigio, Cíxilo de 
Egica, Egilo de D. Rodrigo, Núnilo de Bermudo I. 

(2) 'Apytó (la nave Argos), Aioíó (la reina Dido), Ar^Tfó (la diosa Latona). 

(3) Lectures vn welsh Philology, pág. 60, 374-376. Londres, 1879. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS 4I5 




[Dis Md\nib[iis). Arganto MeduUca Melmmii f{¡lia) et Dalcva ei{us) soi\or) 
h{ic) s(Jid) e{st). 

A los dioses Manes, Arganto, Medútica, hija de Melmano, con Daleva 
su hermana, aquí está. 



4l6 riOI.ETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE !.A HISTORIA 

(Meduticiiiii)^ son el sobredicho MedjUtlo (2.^2 2)) en San Esteban 
de Gormaz, Mcdutius en Garlitos y dos \'eces Mediittiiis en Vil- 
ches (l). Medi'tgenus (162) sale nombrado en Portalegre, ciudad 
portuguesa y fronteriza de Alburquerque; y, por último, entre 
las poblaciones de la región en que se coloca Riba de Saelices, 
con su gente ó tribu Medútica, fácilmente se puede incluir la que 
acuñó moneda celtibérica, llamándose 

in e du a i 11 u ni 

y que se reduce tal vez á Alandayona, villa distante tres leguas 
al Sur de Sigüenza sobre la izquierda del río Henares (2). Con- 
fina por SO. con Almadrones, de cuya villa publiqué (3) la do- 
ble inscripción de un sepulcro bisomo, en que se leen los nom- 
bres gentilicios Abboioami y Nissicnm^ seguidos inmediatamente 
del patronímico respectivo, como sucede en ésta de Riba y en 
centenares de otras celto-romanas, de la Galia oriundas (4). 

El nombre propio del padre de Arganto se había manifestado 
en Buenafuente con la variante Melmandtts] pero le aventaja 
MelnianiLS, que dos veces en Clunia (2.795, 2.803) se repite: 

Paternus Balatiiscum M(e)lm(a) n(i) f^ilius) h(ic) s(itus) e(st). 
Reburrus Puiganeo Melmani f(ilius) hijc) s(itus) e(st). 

Los dos últimos renglones de la presente inscripción de Riba 
no se leen sin dificultad por causa de los trazos desfigurados 3' 
ligaduras de que adolecen. Sin la fotografía resultaría el análisis 
punto menos que inútil. 

La D y la A encierran letras diminutas, que á mi juicio, son 
E y T; es decir, la conjunción ct. La O parece incluir de peque- 



(i) Boletín, tomo lx, pág. 433; lxi, 520 y 521. 

(2) Acerca de esta moneda (núm. 70), Hübner anotó lo siguiente: «Zo- 
bel comparavit, pi^opter radices nominum símiles, Medobrigam sive Aiei- 
dubrigain et Meidunüim Gallaeciae; etiam Medamus nomeu virile huc tra- 
herem aliaque Célticas. 

(3) Boletín, tomo xvi, pág. 223. 

(4) Así los Aíedulli del Garona dejaron memoria de su asiento en el 
Medoc, península famosa por la riqueza de sus vides. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROxMANAS 417 

ño tamaño las letras R O para formar completo el vocablo sóror. 
Después de la L sigue la ligatura, cuya primera letra es una ^ [e) 
ibérica, invertida, trabándose con la V y ésta con la A. Siguen 
melladas El. Al fin del renglón postrero cabe, y en parte se adi- 
vina, la que llevo propuesta. 

Daleva es femenino de Dalevns, cuya variante Talevus existe 
en una inscripción (5-359) de Belvis de Monroy en la provincia 
de Cáceres. A su vez, de Talevus ocurre la variante Talaviis 
(2.442, 5-75o) en Portugal y en Asturias; variaciones dialécticas 
muy notables para conocer á fondo la evolución del habla célti- 
ca y celtibérica en territorio hispano. 

La bella rueda del astro solar y la elegancia de las letras que 
en la tumba de Arganto se muestran, permiten atribuirlas al pri- 
mer siglo del imperio. 

La circunstancia de los clavos rituales que se hallaron dentro 
del sarcófago de Arganto y Daleva, nada tiene de extraño. Es un 
caso frecuentemente repetido en muchas necrópolis de la Celtibe- 
ria, que consignó D. Román Andrés de la Pastora en el tomo iii 
de nuestro Boletín, páginas 155-159, advirtiendo que dos se- 
pulcros de este género, hallados en Pedregal, lugar de la dióce- 
sis de Sigüenza, sobre la carretera de Molina de Aragón á Te- 
ruel, contenían inscripciones ibéricas (l). 

Madrid, 3 de Marzo dé 1916. 

Ftdel Fita. 

(i) Las j)ublicó Hübner, JSlomunenta li/igjiae ibericae, núm. xxxvii, ajus- 
tándose á los calcos que de ellas le envié. 

1. Laja de piedra caliza; alta, 42 cm.; ancha, 39. 

AOP ^ A 

l o p s I 

2. Corto fragmento, que contiene dos letras, altas 45 mm. 

lA 

i ca 

Estas piedras fueron regaladas al Museo de nuestra Academia, donde 
se guardan con justa estima de su raérito arqueológico. 



VARIEDADES 



BREVES NOTICIAS SOBRE LOS PRINCIPALES ARCHIVOS DE ITA- 
LIA É INSTITUTOS HISTÓRICOS EXTRANJEROS ESTABLECI- 
DOS EN ELLA, CON ALGUNAS INÉDITAS ACERCA DE LA 
ACADEMIA ESPAÑOLA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DEL SI- 
GLO XVIII Y DE LA ESCUELA DE ARQUEOLOGÍA É HISTORIA 
ACTUAL. 

(Conclusión.) 

DOCUMENTOS 

I 
Carta autógrafa de D, Alfonso Clemente á D. José Car- 
vajal, notificándole la idea de fundar una Academia de 
Historia de España en Roma. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. m. 1.856. Ant. 5.074. 

Roma, 4 Mayo 1747. 
Ex"'" Sor 

]\Iuy Sor mió: En conformidad de lo que se me manda por 
S Mag'' en el articulo 29 de mi instrucción sobre el excesivo nu- 
mero de Españoles en Roma y el poco honor que hace á la Na- 
ción su conducta en esta Corte, tengo hecho varios discursos, 
como tengo insinuado á V". E. antecedentemente, reputando ser 
este el punto mas importante que aqui debe cuidarse, como que 
del desorden en esta parte se originan, ó se fomentan los mas de 
los perjuicios que aqui experimentan la Nación, por lo que el re- 
medio en esto traheria consigo muchas utilidades. Entre las va- 
rias cosas que me han ocurrido como convenientes, es una la for- 
mación de una Academia dedicada á inquirir, y recoger las no- 
ticias de las Iglesias, Prelados, Concilios y Disciplina de España. 
Assi como esta idea embuelve en sí effectos mui útiles al servi- 
cio del Rey, y al bien y decoro de nuestra Nación, y de nuestras 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 4I9 

Iglesias; assi me ha parecido formar de ella esse bosquejo que re- 
mito á V. E. y aun dar por mi algún principio juntando algunos 
pocos Españoles; y dándoles alguna dirección para que empiecen 
á trabajar según las Épocas y reglas que también tengo el honor 
de remitir á V. E. esperando que assi como ninguno puede ser 
mejor Juez, ni Protector de este pensamiento que V. E. por su 
erudición, y notorio amor á las buenas letras y lustre de nuestra 
Nación, assi se servirá representarlo á los ojos de Su Mag'' en tal 
manera, que siéndole agradable, se mueva su R' benignidad á dar 
espíritu á esta fundación con el honor de hacerla propia suia, y 
protegerla como á tal. 

Con este motivo logro la fortuna de renovar á V. E. las ex- 
presiones de mi rendida y pronta obediencia. 

Nto S°'' g'^ á V. E. los m'' a*^ que deseo y necesito. Roma y 
Aiayo 4 de 1747. 

Ex"'° Sor 

B 1 m de V. E. su mas rendido y atento sev°'' 
Alfonso Clemente Arostegui. 

Ex'"° S°'' D. Jph de Carvajal (i). 

II 

Despacho original de oficio de D. Alfonso Clemente á 

don José Carvajal y Lancaster, sobre la fundación de la 

Academia y fomento de los estudios en el Archivo de la 

Embajada de Roma. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. 1.856. Ant. 5.074. 

Roma 29 Junio 1747. 

Exmo S°^' 

Muí S°'" mió. Sírveme de la mayor complacencia la Carta de 

V. E. de 6 del presente, en que avisándome el recibo de la mía 

de 4 del pasado con la Idea, que la acompañaba para tratar el 

establecimiento de una Academia en esta Corte, dirigida á la for- 



(i) El margen de la carta está todo aprovechado por el Seci-etario y 
lleno de minutas de otras. 



420 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

macion de una Historia general de las Iglesias de España, se sir- 
ve manifestar su gusto y aprobación, assi de la expresada Idea, 
como de los motivos, y methodo por mi insinuados para esta- 
blecerla. Reconozco con V. E. las razones para suspender por 
ahora el dar quenta formal á Su Mag'' de mi proiecto, lisongean- 
dome entretanto con que la superior inteligencia de V. E. haya 
juzgado, que mis discursos puedan ser dignos un dia de la aten- 
ción y aprecio del Rey. Esta esperanza me hará corresponder á 
lo que V. E. me encarga de fomentar y acalorar la expresada 
Idea por todos los medios, que hallare útiles, y proporcionados, 
y con el mismo poderoso incentivo promoveré la aplicación de 
estos nacionales, insinuándoles en la mejor forma la protección, 
que pueden esperar de Su Mag'' para sus pretensiones, mediante 
el benigno influxo de V. E. á quien obedeceré puntualmente en 
lo que me ordena, asi de hacer correr esta especie de congre- 
gación como puro arbitrio mió, dirigido á sujetar un poco la li- 
bertad, y ociosidad de los Españoles, como de que no se impri- 
ma cosa alguna de lo que se escribiesse sin que después de vis- 
to, y censurado aqui se remita á su Mag'' para que logre la ulti- 
ma revisión, y que por este medio se digne Su Mag'' algún dia 
hacer propria la fundación de la Academia. 

Igualmente quedo advertido de la facultad, que V. E. me dá á 
fin de que yo pueda permitir á personas, que mereciesen confian- 
za, que entren en este Real Archiv-o á sacar copias, y apuntamien- 
tos de los documentos, que se juzgassen útiles, pero sin permitir 
la extracción de los originales, sino en un caso urgentissimo. 

Espero que V. E. se digne continuarme sus Ordenes para con- 
seguir con su sabia dirección el azierto en este importante 
assumpto, como cuantos fuesse de su agrado. Dios g'^'*' á V. E. 
m* a- como deseo. Roma y Junio 29 de 1747. 

Ex™° S"'' 
B 1 m de V. E. su mas rendido y atento servidor 
Alfonso Clemente Arostegui (l). 

Ex"'° Sr. D. Joseph de Carvajal y Lancaster. 
(i) Firma y cortesía autógrafa. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 42 1 

III 

Nombres de los españoles que formaron la Academia. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. 1.856. Ant. 5.074. 

Nombres de los Españoles que hasta ahora se han encontrado 
en Roma con el buen deseo de aplicación al estudio de la Histo- 
ria Eclesiástica de España, y que concurren á las juntas condu- 
centes á este fin: 

El Sr D" Benito Alvarez de la Barreda. 

D, Domingo López de la Barreda. 

D. Joseph Daroca. 

D. Joseph lyiauricio del Pino. 

D. Pablo Lorenzo Garcia. 

D. Ramón Galbo. 

D. Eleuterio Miravete. 

D. Joaquín Ibañez García. 

D. José Gánela. 

IV 

Relación sobre los puntos á examinar para metodizar 
la investigación. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. 1.S56. Ant. 5.074. 

Los puntos que se han propuesto á examinar á cerca de cada 
Iglesia Gathedral, y su Obispado son los siguientes: 

Una breve descripción, y noticia de la Giudad, y de su digni- 
dad en el orden temporal, y civil. 

Descripción y noticia exacta del Templo material. 

Del numero de Dignidades, Ganonigos, Racioneros, Gapella- 
nes, y Ministros de la Iglesia. 

De las rentas y dotación de la Iglesia, Obispo y Preben- 
dados. 

De la fundación, y erección del Obispado, y si ha sido supri- 
mido, transferido ó vnido. 

De los Límites y Gonfines así antiguos, como modernos, y si 
sobre ellos ha tenido algunos Pleytos. 



42 2 boletín de la REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Enumeración de las Iglesias Colegiatas, Parroquias, Conven- 
tos de Religiosos, Colejios, Hospitales y Hermitas del Obispado. 

De las cosas notables, y singulares, que hubiese en el Obis- 
pado a cerca de los Ritos Eclesiásticos, y a cerca de la Discipli- 
na Eclesiástica. 

Vna noticia sumaria y Cronológica de los Concilios, o Sinodos 
Nacionales, Provinciales, ó Diocesanos que en el Obispado se 
hayan tenido. 

De los Privilegios así Pontificios, como Regios concedidos á la 
Iglesia 6 á sus Prelados, poniendo por extenso los antiguos, y 
los que no se hallen estampados, e insinuando aquellos de que 
se tiene noticia, pero falta su contexto, para que se busquen en 
los Archivos de Roma, ó de España respectivamente. 

\^n Catalogo de los Obispos con la noticia histórica de cada 
uno. 

Otro Catalogo historia de los Santos, y Mártires del Obispado. 

Otro de los Varones insignes en virtud y Letras. 

Se pondrán vna Nota de todos los Autores assi impresos, 
como Manuscritos, que trataron particularmente de todo el Obis- 
pado, ó de alguno de los puntos sobredichos. 

Los puntos propuestos son por via de regla general, no du- 
dando si habrá algunas Iglesias en que dignamente se deban to- 
car otros algunos. 

Como los mas de los puntos sobredichos tienen tracto succe- 
sivo en la Historia desde los primeros siglos de la Iglesia hasta el 
presente tiempo, para que se discurran con la debida claridad 
se ha considerado conveniente la separación de Épocas ó tiem- 
pos mas notables para que teniéndolas á la vista se coloquen por 
el orden de ellas las noticias. 

Las Épocas son las siguientes. 

1.^ Desde el nacimiento de Christo, corriendo todo el tiem- 
po de los Emperadores Gentiles, y sus persecuciones, hasta la 
conversión de Constantino, y la paz dada por este á la Iglesia. 

2.^ Desde la paz de Constantino hasta el primer año del 
Reyno de Recaredo, que se cuenta de 587 en que se compren- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 423 

de la irrupción de las Naciones Barbaras, y la persecución de los 
Principes Arríanos. 

3.* Desde el Reynado de Recaredo, hasta la perdida de Es- 
paña año de 7 1 4, corriendo todos los Reinados de los Godos 
hasta D. Rodrigo su ultimo Monarca. 

4.^ Desde la perdida de España, hasta la conquista de Tole- 
do por el Rey d Alfonso el VI, año 1085, en que se comprende 
el tiempo del mayor poder, y estension de los Moros en España, 
hasta el principio de su decadencia. 

5.^ Desde la conquista de l'oledo, hasta el Reynado de Don 
Fernando el Catholico, y D.^ Isabel, en que se comprende el res- 
tante tiempo de los Moros en España, y diversidad de Reyes 
Christianos bajo un solo Monarca. 

6.^ y vltima. Desde el tiempo de los Reyes Catholicos, hasta 
el presente siglo. 

Respecto de que las noticias pertenecientes á las primeras tres 
Épocas se deben sacar de los Libros, y Documentos universales, 
ó públicos; y que si de estos tiempos se ha de sacar á la luz algo 
hasta aqui oculto, habrá de extraherse de los Archivos, y Monu- 
mentos de Roma. Y al contrario desde la 4.^ Época en adelante 
los descubrimientos que se puedan hazer se han de desear, y 
buscar de las mismas Iglesias de España: Por tanto parece lo más 
conducente hablando en general, que el encargo respectivo á di- 
chas Iglesias, fuese de inquirir y coordinar sus noticias desde el 
quarto tiempo hasta el presente. 

V 
Ordenanzas de la Academia (i). 

Archivo de Simancas. Estado. Leg. 1.854. Ant. 5.074. 

I .° Patrón y Tutelar de la Academia. — Assi como el objeto 
principal de esta Academia se endereza al mayor servicio de 
Dios, y bien de las Iglesias de España; assi desde luego debe co- 
llocarse vajo la Divina assistencia, y para alcanzar esta, se la 



(i) Los títulos están al margen, y el documento trazado en forma de 
oficio. 



424 boletín de la real academia de la historia 

dará por especial Patrón, y Tutelar al glorioso San Fernando Rey 
de Espaiía. 

2.° Patrón y Fundador. — Habiendo tenido esta Academia su 
principio en el glorioso Reynado de Nuestro Monarcha, y Señor 
el Rey D. Fernando el VI, y debiéndose contar á S. M. por su 
esclarecido Fundador; de aqui es, que desde ahora para siempre, 
se espera, se digne su Regia beneficencia authorizarla con su 
protección dándola aquellos Estatutos, y Privilegios que corres- 
ponden á una fundación Real en vna Ciudad, Cabeza del Mundo. 

3.° Approbacion Pontificia. — El lugar donde se funda esta 
Academia, la materia, que se propone, y el fin principal de su 
erección piden que intervengan la Pontificia potestad, y approba- 
cion, y mas quando por summa felicidad de la Iglesia, tiene oy .el 
govierno de ella nuestro Muy S.'° Padre Benedicto XIV que tan 
laudablemente, se emplea, en promover con su exemplo, sus es- 
critos, y sus gracias los P'studios Sagrados, por lo que, se solli- 
citará su Apostólica approbacion de las ordenanzas, que se hizies- 
sen, y que dispense aquellas gracias, que convengan á la exe- 
cucion, y conservación de la Academia. 

4.° Protectores. — Con tan estables cimientos de la Pontificia, 
y Regia authoridad, será segura la firmeza de esta fundación; 
pero para que en las possibles contingencias, se logren más egu- 
ras tan altas protecciones, se encargaran de ellas, con el titulo 
de Protectores por su Santidad los Señores Cardenales, que por 
tiempo fueren Secretarios de Estado, de Breves, y Datarlo; 
Y por S. M. en la Corte de Madrid, el Señor iMinistro de Esta- 
do, que es, y será, y en Roma el Señor Cardenal Protector de 
España, y el Embaxador, ó Ministro de S. M. que por tiempo 
fueren. 

5.° Presidente. — Attendiendo á que este Cuerpo de Junta, ó 
Academia tenga toda su perfección, se nombrará por Cabeza ó 
Presidente el vno de los dos Auditores de Rota de España, pu- 
diendo ser el mas antiguo, ó alternando entre los dos por años. 

6.° Priores. — Para el continuo cuidado, y dirección de las 
Juntas, se elegirán dos Priores del numero de los seis Académi- 
cos mas antiguos, de modo, que se elegirá en adelante uno en 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 425 

cada año, durando assi cada uno dos años, al modo que oy se 
haze en las Congregaciones de Santiago, y Monserrate. 

7.° Académicos numerarios. — -El numero de los Académicos, 
será el de 24 incluso el Secretario; debiendo ser todos Españo- 
les de los que residen in Curia á la Pretensión; y haviendo sido 
el fin de esta fundación el proveer á la applicacion de estos, se 
pondrá especial prohibición, para que no puedan ser de este nu- 
mero otros que no sean de esta calidad. 

8.° Examen de los que lian de entrar. — -No debiéndose dar 
lugar á que tengan entrada los que no sean útiles, y convenien- 
tes, se mandará que, el que pretenda ser admitido, haya de dar 
su Memorial al Presidente de la Academia, en que exprese su 
Patria, edad, años de Curia, y estudios antecedentes; para que, 
hallándole el Presidente por sus informes del genio, y costum- 
bres, que conviene, le ponga el Decreto de que haga el examen, 
con el qual acudirá al Secretario, y este llamará tres Académicos 
de los mas antiguos, los que darán al pretendiente un historiador 
Latino de los mas elegantes, haciendo que delante de ellos es- 
criva la traducción de la parte que les pareciere; y hecho esto le 
darán uno, ó mas pantos historiales sobre los cuales haya de 
hazer un pequeño escrito, tomándose el tiempo, que gustare: y 
cuando le aya acabado, presentado al Secretario, este lo manifes- 
tará en la primera session, junto con la traducción, y leido todo 
y examinado, se votará la admisión del tal pretendiente. 

9.° Compositores y Collectores. — Para que se evite toda con- 
fusión, y los trabajos se repartan y perfeccionen fructuosamen- 
te, se dividirán los Académicos en dos clases, la primera de 
Compositores^ compuesta de los quatro Académicos mas anti- 
guos, y mas hábiles, y la segunda de Collectores, en que entra- 
ran los restantes. Después se dividirá todo el numero de los 24, 
en quatro Compañias, ó quadrillas, compuesta cada una de un 
compositor, y cinco collectores. 

10. Distribución de los Estudios. — Hecha esta división, se- 
gún la variedad de puntos, ó assuntos, que ocurran tratar, cada 
quadriUa se encargará del suyo, y después, que aya hecho, y es- 
crito cada uno en estudio se juntaran á leer lo trabajado, y con- 
TOMO Lxviii. 27 



420 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

terenciar sobre lo mismo, y los cinco collectores entregaran sus 
papeles al compositor, el que de todos ellos formará vno solo, y 
en otra Junta se leerá, para que, conferenciando de nuevo se 
acuerde su approbacion, antes de pasar á otro punto. Y esto que 
ha de hazer una quadrilla, harán los demás en los puntos, que les 
toquen. Y porque sucederá frequentemente, que la quadrilla, 
que está encargada de un punto, mientras estudia, y trata de él, 
encuentre algunas noticias notables tocantes a otra quadrilla, se 
tendrá la advertencia, de que el que encuentre estas noticias las 
passe al compositor á quien le pertenecen: Con lo qual cada 
Compositor irá acrecentando, y perfeccionando su punto, de 
modo que quando se halan evacuado todos los que toquen á la 
Iglesia de que se tratasse, se podran con facilidad, y seguri- 
dad coordinar todos por un solo compositor, que dará la ultima 
mano. 

11. Juntas Ordinarias. — Se Juntará la Academia dos veces 
cada semana, y podrá ser en Lunes y Viernes, y en cada dia se 
tratará solo de dos puntos de dos quadrillas según se dixo an- 
tes, y los otros de las otras dos quadrillas deben estar solo á oir, 
si ya no fuesse, que tomando permisso del Presidente ocurriesse 
á alguno alguna cosa digna de reflexión. De esta suerte se ins- 
truyen todos con corta fatiga, y cada quadrilla tiene su dia á la 
semana. 

12. Académicos siipcrniiuierarios. — Porque puede succeder, 
que lleno el numero de los 24 Académicos, haiga aun algunos que 
tengan inclinación y habilidad para este Estudio, se communicara 
á quien quisiere, y aun se pondrá en la puerta de la Pieza de las 
Juntas el Elenco (que está ya estampado) (l) de los puntos, que se 
han de examinar en cada Iglesia, con la noticia de la Iglesia, de 
que actualmente se tratasse, para que el que quisiere pueda escri- 
bir sobre uno, ó más puntos de los propuestos, y entregar los es- 
critos firmados de su mano al Secretario de la Academia, con lo 
qual con vista de lo que trabajasse, si fuese Abbate Español, se 
le dará la patente de Académico supernumerario., y esto le servirá 



(i) No he dado con ninguno. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 427 

de examen, para poder entrar en plaza de Numerario, quando 
hubiese vacante. 

13. Académicos Honorarios. — Y porque solo se desea el co- 
mún provecho, y assegurar el acierto en lo que se escriva, si al- 
guna persona Religiosa, ó algún Litterato Extrangero quisiere 
escrevir sobre algunos puntos comprehendidos en dicho Elenco, 
y entregar su escrito ñrmado de su nombre al Secretario se le 
dará la patente de Académico Honorario, y mereciéndolo el escri- 
to se hará en el lugar opportuno memoria }'• elogio de su trabajo. 

14. Secretario. — Habrá un Secretario, c\ue. será del numero 
de los 24 Académicos, el que escrivirá las Actas de la Academia, 
tendrá en custodia todos los papeles pertenecientes á ella, cui- 
dará de la correspondencia de España. Y ademas será de su 
cargo el attender al buen estar y conservación de la Librería, )• 
de la Officina de la Imprenta. 

15. Portero. — Últimamente habrá un Portero de cuio cargo 
será avisar á las Juntas, llevar los recados que se offrezcan, cui- 
dar de la limpieza, y asseo de las piezas de Juntas, Librería y 
Imprenta; y assistir ciertas horas por la mañana, y tarde en la 
pieza de Librería, para que estén prontos con seguridad los li- 
bros, que quisieran ver los Académicos. Y en fin este ha de ser 
como un subalterno del Secretario. 

16. Juntas extraordinarias. — Con el fin de poner en maior 
empeño, y reputación exterior la Academia, ademas de las Jun- 
tas ordinarias semanales, habrá cada año otras dos, á que se con- 
viden los Protectores que se hallassen en Roma, y los Sugetos 
distinguidos de la Nación, según juzgará el Presidente de la Aca- 
demia. La primera se tendrá el dia de San Fernando á 30 de 
Mayo en que vno de los Académicos hará vna Oración panegí- 
rica de las glorias de nuestro Monarca Fundador, y acabada el 
Secretario de la Academia hará vna breve relación de los pro- 
gressos de la Academia en aquel año. La segunda Junta sera dia 
de S" Eugenio á 15 de Noviembre, en la que otro Académico 
orará acerca de las glorias de la Nación P^spañola; y después el 
Secretario hará como en el dia de San Fernando relación de todo 
.lo adelantado por la Academia en aquel tiempo. 



428 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

17. Assi de estas oraciones, como de las relaciones deberá 
el Presidente cmbiar exemplares al Señor ^Ministro de Estado, 
para que las presente á S. M. (l). 

VI 

Exposición motivada para recomendar la necesidad de 
fundar la Academia de Estudios Históricos. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. 1.856. Ant. 5.074. 

§ 1. 

FUERA DE ÜRANDE VTILIDAD Y HONOR Á ESPAÑA QUE SE ESCRIVIESE 
UNA HISTORIA CUMPLIDA DE SUS IGLESIAS 

Vna de las cosas que distinguen las Naciones cultas de las Bar- 
baras es el cuidado en conservar las noticias históricas, que les 
pertenecen, mereciendo entre estas las Eclesiásticas la mayor 
atención, como de superior fin, y orden á las Profanas. De aqui 
viene la laudable aplicación conque las mas Xaciones de Europa 
han procurado ilustrar ya. en general, ya en particular la Histo- 
ria de sus Iglesias, de sus Prelados, de sus Concilios y de su Dis- 
ciplina. 

Si alguna tiene especial razón para hazer esto mismo es la Es- 
pañola, pues los principios y progresos de su Iglesia en General 
son llenos de la mayor gloria, sus Iglesias particulares Insignes,, 
sus Prelados famosos, sus Concilios los mas celebrados, y su Dis- 
ciplina llena de santidad, y de una particular hermosura por la 
ma^^or variedad de sucessos. 

Bien se ve ya de quanto honor será á la España que en una 
obra bien ordenada se den al publico de Europa sus Noticias 
Eclesiásticas, mas quando por el descuido nuestro en esta parte^ 
se ha dado lugar a que muchos Extrangeros en sus escritos ha- 
yan infamado Nuestra Historia Eclesiástica en \arios passages. 

No es menor que el honor la vtilidad que se seguirá de esta 

(i) Estas ordenanzas las redactó de su puño D. Alfonso Clemente y 
fueron presentadas á S. M. según se deduce de la Carta por él firmada, en 
Roma á 29 de Febrero de 1748. 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 429 

obra. Se aclararán los Privilegios, y Derechos de nuestras Igle- 
sias, y Prelados, y juntamente con ellos los del Rey, y Reyno. 

Tendrán los Defensores de estos facilidad para illustrarlos y 
promoverlos: Tendrán los Juezes seguridad de Documentos para 
decidir las controversias; y tendrán los (!)bispos reglas seguras 
para el govierno de sus Diócesis, y exemplos illustres para la 
mexor administración de sus Iglesias. 

§2. 

ES GRANIJE LA FALTA DE VNA HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA 

COMO SE DESEA 

Cualquiera que tenga alguna tintura de la Historia Eclesiás- 
tica de España conocerá la falta que ay de una en que se com- 
prehendan las cosas Eclesiásticas de ella. Si alguna ay en que en 
general se trate de esto es muy diminuta, y tomada de Autores 
que la critica de estos tiempos tiene ya desterrados. 

Hallanse algunos Autores que han tratado de algunas Iglesias 
particulares de España, pero sobre la difficultad de juntarlos to- 
dos, hallándose ya algunos con gran escasez, ocurre carecer los 
mas de ellos de methodo, del buen gusto, y del delecto de Au- 
thores por lo que son muy raros los que han merecido estima- 
ción en líspaña, y menos fuera. 

El Maestro Gil González Davila fue el que mas adelantó en 
este assunto, haviendo comprehendido en su Theatro Eclesiás- 
tico muchas Iglesias de España e Indias, pero dexó por tratar 
todas las Iglesias de la Corona de Aragón, y de las de Castilla 
omitió muchas. iVdemas (no negándole á este Escritor la digna 
alabanza que merece por su aplicación) se deben notar muchas 
cosas en lo que escrivió. Lo primero la desigualdad de methodo, 
pues se puede decir que cada Iglesia la escrivió diversamente. 
Lo segundo la mezcla de noticias de poco momento, y de cosas 
pertenecientes á la Historia prophana. Lo tercero la facilidad en 
adoptar opiniones desacreditadas, y haverse valido de Historias 
Apocriphas. Y lo quarto la escasez y aun falta de muchas no- 
ticias. 

Es verdad, que en esto ultimo no se le puede imputar des- 



430 boletín de i.a reai. academia de i.a historia 

cuido, pues en su tiempo no se havia publicado aun la ultima co- 
lección de los Concilios de España, ni se havian dado á luz tan- 
tos Documentos, como posteriormente se han sacado de los ar- 
chivos de dentro y fuera de España; lo. que haze que ahora se 
pueda dar de todo una Noticia mas individual, mas correcta y 
mas exacta. 

A lo dicho se debe añadir, que siendo uno de los puntos mas 
esenciales el dar noticia de todos los Obispos de cada Iglesia, 
con la Historia de lo que passó en su tiempo, aun en aquellas 
Iglesias de que escrivió Gil González, falta la relación de tantos 
Prelados, como desde el año de I 55o que escrivió, á esta parte 
ha havido, cuya Noticia interesa mas, por mas vecina. 

§3. 

PERSUÁDESE COMO VTILISSI.MA LA FUNDACIÓN DE VNA ACADEMIA 
DE HISTORIA ECLESIÁSTICA EN ROMA 

Haviendo de ocurrir á esta falta con vna Historia que coni- 
prehendiese todas las noticias, que la diligencia pueda encontrar 
á cerca de la Iglesia de España, assi en general, como en parti- 
cular, y que esto sea con el methodo, y estilo vniforme, que de- 
sea el buen gusto de nuestro siglo, con la seguridad de Docu- 
mentos, y demás partes que pide la buena critica, no basta el 
estudio, y travajo de uno solo, sino que pide intervengan mu- 
chas manos con la vnion de una buena dirección, lo que se con- 
seguirá con la formación de vna Academia. 

Si no se tuviera otro fin, que el ocurrir á lo antes propuesto, 
se satisfaría con fundar esta Academia de España, ó con un en- 
cargo especial del Rey sobre esto á la que con título de la His- 
toria está fundada en ]\íadrid; pero para que esta fundación se 
haga en Roma me ocurren, y persuaden dos razones importan- 
tissimas, y que ellas solas bastaran para promover este pensa- 
miento. 

La l^ es, que en esta Corte como cabeza del ]\Iundo liclesias- 
tico, a que en todos tiempos han ocurrido los P^spañoles, como 
los de las demás Naciones, se hallan esparcidos muchos Docu- 
mentos en fundaciones, sepulcros, e hiscripciones dignos de re- 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 431 

cogerse, y que darán mucha luz á la Historia, y sobre todo están 
aqui los Archivos del Vaticano, y otros, donde se hallaran Bu- 
llas, y l^rivilegios, con otros documentos hasta ahora inéditos, y 
que solo se podran lograr á beneficio de esta Academia, c indus- 
tria que se deberá poner; de lo qual resultará una grandissima 
vtilidad á los derechos del Rey, y del Reyno, como se dexa co- 
nocer; añádese también que en Roma, y en sus Bibliothecas pu- 
blicas ay la mayor copia de Originales, Libros y Litteratos de 
todas las Naciones, lo que los Académicos pudieran usufructuar 
con gran provecho. 

La 2^ razón, y mas importante que todas, es quitar por este 
medio en gran parte la ignorancia, y daños que resultan a la Na- 
ción de la ociosidad de tantos Españoles como concurren en 
Roma á la pretensión. 

Punto es este en que se pudiera por una parte excitar el ho- 
rror con el actual estado, y por otra 'el deseo del remedio, pero 
se cree basta con insinuarle, quando en Roma y en España es 
tan conocido el daño. 

§ 4. 

ALGUNAS PREVEN"CI0NES EN (^UANTO Á LA FORMA DE ESTA ACADEIvnA 

Viniendo, pues, á la forma que debiera tener esta Academia, 
y dexando para el caso de su formación las particulares Reglas 
con que se debiera governar, ocurre, desde luego el prevenir, 
que se debía componer solo de Personas Españolas, pues aunque 
se encontraran en Roma Extrangeros muy hábiles, que quisieran 
entrar en ella, la diversidad de Naciones pudiera traher alguna 
diferencia, se equivocava el honor que resulta de ser P^spañoles 
los Authores, y se llegarla á casos en que no convendría que los 
Extrangeros viessen algunos Documentos, ni supiessen la inten- 
ción conque se escrivian, o omitían algunas cosas. Lo segundo 
convendría, que los Académicos fuessen Abates seculares, y no 
personas Regulares, pues se ha experimentado en otras Acade- 
mias, no hazer buena vníon entre sí por las superioridades y pre- 
ferencias que estos suelen querer sobre aquellos; ademas que en 



432 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

los Regulares no puede ser tanta la dependencia, ni la indiferen- 
cia en algunos puntos. 

Lo tercero, devera haver un Director, ó Presidente de la Aca- 
demia, el que sobre intervenir á las juntas, y reglar todo lo ne- 
cessario, habrá de tener el secreto por lo que toca al modo de 
buscar algunos Documentos en esta Corte. 

Lo quarto habrá de haver vn numero cierto de Académicos 
ordinarios, pero con el fin de que sea mayor el beneficio, se po- 
dran elegir sobre numerarios todos los que al Director perecies- 
sen del caso, prefiriendo los primeros á los segundos en las re- 
comendaciones (que como se dirá) se habrán de hazer en Data- 
ria para que assi sea mayor el incentivo. 

Lo Quinto, quando fuesse del agrado de S. M. la exección de 
esta Academia, le podria conceder la hermandad y privilegios 
concedidos á la de la Historia en Madrid, y ordenar de modo, 
que habiendo entre las dos correspondencia, se pudiessen tener 
por este medio los Documentos que se pidiessen de las Iglesias 
de España. 

Lo Sexto, seria proprio, y conveniente que las Juntas de la Aca- 
demia se tuviessen en una Sala determiríada de este Palacio de Es- 
paña, en el que assimesmo seria muy útil para este, y otros fines, 
que se fuessen juntando todos los Libros pertenecientes á la His- 
toria de España, lo que se podria ir aqui haziendo á poca costa; 
pues en las Librerías que frequentemente se llegan á vender se 
encuentran ya unos, ya otros, y la ignorancia de la Lengua haze 
que se estimen en poco, á excepción de los muy nombrados. 

Lo Séptimo, seria necessario q^ue S. M. proponiendo al Papa 
las utilidades que se seguirán al servicio de Dios y bien de las 
Iglesias de España de la institución de esta Academia, alcanzasse 
de S. Sanf' qué los Agregados á ella fuessen preferidos en las pro- 
visiones de Dataria, según el orden de Recomendación que de- 
bía hazer el Director ó Presidente de la Academia; lo que no 
dudo acordarla luego S. Sanf' con gran gusto, atendida su pro- 
pensión á promover esta suerte de estudios, como effectivamente 
lo ha mostrado en la institución de las Academias de Liturgia de 
Pontífices y de Concilios. 



i 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 433 

Con este medio se ponia el mayor incentivo para que se apli- 
cassen estos Españoles, y desterrada la ociosidad , bolvieran á 
España buenos Eclesiásticos, de que también se seguiria que á 
poco tiempo de experimentar la practica y effectos de este Pro- 
yecto, se mirarían muy bien en venir á Roma los Españoles que 
no traxessen el fundamento de estudio suficiente para ser agre- 
gados á la Academia, y no seria tanta la chusma de Abates, 
mendigos, é idiotas como oy afrentan en Roma la Nación; bas- 
tando para dar alguna idea del infeliz estado presente el conside- 
rar que haviendo yo pensado dar por mi algún principio, que 
pudiese servir de ensayo á este pensamiento, solo he encontrado 
quatro Españoles con la disposición, y deseo de aplicación que 
se requiere; por lo que juzgo que no se encontrará bastante nú- 
mero de Sujetos que puedan componer la Academia hasta que 
se publique su institución y la preferencia que tendrán los Aca- 
démicos en Dataria, habiendo de ser este el estimulo que segu- 
ramente los hará aplicar, y desear ser admitidos en este Cuerpo. 

Tan en tanto con el deseo de experimentar y adelantar algu- 
na cosa he excitado a los quatro expresados Españoles á dar al- 
guna prueba, dándoles para esto el pensamiento que remito en 
el adjunto folio (l). 

Vil 

Prolegómenos á la noticia particular de las Iglesias 

de España. 

§ Siendo la intención de la obra el dar una exacta, y total 
noticia de la Iglesia de España, de modo que de lo general de ella 
se descienda á cada una de las Iglesias particulares; para assi tra- 
tándose todo con orden, resulte la mayor claridad y comprehen- 
sion, sin necessidad de inculcar, y repetir las noticias generales, 
ha parecido conveniente, antes de tratar en particular de cada 
Iglesia, formar ciertos Prolegómenos, que sirvan, como de basa 
y fundamento á todo lo que se ha de inquirir, y son los siguientes. 

(_i) En el documento á que se refiere, nuevamente se ponen las mis- 
mas Épocas que figuran en la Relación (D^o núm. IV) cuyo traslado omito 
publicando tan sólo la parte originaj que comprende. 



434 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

1. 

§ Desde el principio, extensión y varios sucessos de la Igle- 
sia de España. 

2. 

§ De la vnion y connexion de la Iglesia de España con el 
Pontífice Romano, cabeza de la Iglesia vniversal. 

3. 

§ De la vnion y connexion de la Iglesia de España, con el 
Arzobispo de l^oledo como su Primado. 

4. 

§ De la División de las Provincias Eclesiásticas de España, y 
de la institución de sus Metropolitanos. 

5. 

§ De las divisiones de los obispados de España. 

Reglas. 
1. 

§ En cada uno de los Prolegómenos se deverá ir discurriendo 
por la serie de las seis épocas. 

2. 

§ Cruardarase en cada uno el Estilo de resumen ó Epítome, 
no permitiendo relación menuda la multiplicidad de las cosas 
que pertenecen á cada uno. 

Demás que se deverá tener presente, que las mas de las cosas 
que occurriran, tienen en las Iglesias respectivas sus lugares, don- 
de se dirán con diffusion. 

3. 

§ Encontraranse desde el principio muchos puntos, que oy 
están en controversia. 

El detenerse á disputarlos fuera interrumpir el método que se 
ha propuesto; y dilatar sobrado el fin, que la Academia se pro- 
pone de tratar de cada Iglesia en particular. 

Demás que estos Prolegómenos no han de ser mas que una 
simple noticia que prepare el animo para dicho fin y assi bastará 



I 
I 



BREVES NOTICIAS INÉDITAS 435 

en los mas de estos puntos insinuar la Controversia: señalar los 
Authores que mejor la tratan: y passar adelante con elegir la Opi- 
nión que parezca mas fundada: y en algunos otros se podran po-. 
ner summariamente los fundamentos de las Contrarias opiniones^ 
esto, quando la cosa, que se trate, no sea de larga discussion: 
pues siempre se attenderá á no pararse ni interrumpir el metho- 
do propuesto. 

4. 
§ En lo que cada uno trabaje, deberá dexar margen compe- 
tente: ya para poner las correcciones, ya para apuntar las citas 
puntuales de los AA y lugares de que se vale. 

VIII 

Despacho de oficio en el que se dice que el Secretario 

de Estado y el Papa ven con placer la creación de la 

Academia de la Historia Eclesiástica de España. 

Archivo de Simancas. Estado. Roma. Leg. 1.856. Ant. 5.074. 

Roma 14 Diciembre 1747. 

ExMO Señor 
Muy .S. mió Deseoso de dar cumplimiento á lo que por el Rey 
se me manda en carta orden del 7 del passado de dar noticia al 
Papa de todo lo ideado, y que se empieza á edificar, para la fu- 
tura Academia de la Historia Eclesiástica de España; y deseando 
al mismo tiempo ir inclinando el animo de su Santidad a facilitar 
la extracion de Documentos de estos Archivos, y conceder la 
preferencia en la Provisión de los Beneficios á estos Españoles en 
la forma que S. I\I. desea, y esta en animo de suplicar á Su San- 
tidad: me pareció muy conveniente, y aun necesario, el verme la 
noche antes al dia de mi Audiencia con el Cardenal Secretario 
de Estado, en quien atendido su genio, esperaba encontraría toda 
aceptación la idea, con lo qual asseguraba, hallar en su Santidad 
no solo la aprobación (que esta la tenia por cierta) sino la dispo- 
sición á concurrir con eficacia en un modo, que fuesse estable, 
y effectivo; pues a viendo visto á este Purpurado el lunes por la 



436 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

noche, luego que le di la oración extraordinaria, y manifesté el 
pensamiento, me mostró la mayor celebridad, ofreciéndose á 
promoverle con todo esfuerzo y aun anticipándose á sugerir lo 
mismo, cjue deseamos. Como vi tan buena disposición, le enteré 
de todo lo que pensaba decir á Su Santidad en lo que el Carde- 
nal convino; pero, para que se governase la materia con todo 
acierto, fue de parecer, que al dia siguiente antes de ir yo á la 
Audiencia, informaria Su Em^ á su Santidad, por encima de lo 
importante de la ¡dea, remitiéndose á lo que Yo le diria, y que 
yo después le hablasse también ligeramente, remitiéndome á 
hacerlo por estenso en la Academia siguiente, para poder un dia 
de estos conferenciar entre los dos el modo de acalorar al Papa 
a cerca de este establecimiento, Hizose assi, y aviendo Yo entra- 
do á la Audiencia; assi como me vio Su Santidad (como estaba 
3'a prevenido) me comenzó en un tono muy festivo á hablar del 
assunto, y á celebrar el pensamiento, con lo cual le informé de 
todo lo necessario en el dia, y me reservé á hacerlo mas larga- 
mente en la Audiencia próxima quedando con el gusto de aver 
oido á Su Santidad las expresiones de aprobación, que Yo pu- 
diera desear; de modo que quando llegue la suplica de S. M. para 
los fines expresados, no dudo que venga en conceder largamente 
quanto se le pida; pues reconoce la vtilidad de este estableci- 
miento, assi como también el expresado Cardenal Secretario de 
Estado, quien en seguida del Discurso se dexó caer la expresión 
de que era menester pensar en quitar tanta morralla de Españo- 
les ociossos, como aqui avia, en cujo dicho reconocerá V. E. no 
harán aqui novedad las meditadas providencias, que se tomen a 
este fin por S. M. 

Nro Señor g"" á V. E. m^ a'^ que deseo. 
Roma 14 de Diciembre 1747 (i). 

Exmo Sr D Jph Carvajal y Lancaster. 
Madrid, 21 de Mayo de 191 5. 

Enrique Pacheco y de Leyva, 

Correspondiente. 

(i) Sin firmar. 



í 



NOTICIAS 



La Academia acaba de perder otro de sus individuos: el Exmo. Sr. Dod 
Francisco Fernández de Bélhencourt (f 2 de Abril), que venía desempe- 
ñando el cargo de Censor, en que sucedió al Excmo. Sr. D. Francisco Fer- 
nández y González, habiendo sido reelegido en él diversas ocasiones. 

La Historia académica del finado comienza desde 1879, en el cual á 
propuesta de los Sres. D. Pedro Sabáu, D. Vicente de la Fuente y D. Juan 
Facundo Riaño, fué propuesto para Correspondiente en Santa Cruz de 
Tenerife, como autor del Nobiliario y Blasón de Canarias y el Diccionario 
histórico, biográfico, genealógico y heráldico de la misma provincia. Su elec- 
ción se verificó el 12 de Abril del año referido. 

Establecido después én Madrid, y habiendo comenzado á publicar la 
Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y 
Grandeza de España, al ocurrir el fallecimiento del numerario D. Vicente 
Barrantes, fué propuesto en 18 de Noviembre de 1898, por los Sres. Don 
Antonio Rodríguez Villa, D.José María Asensio y D. Joaquín Maldonado 
Macanaz, para ocupar su vacante; pero entonces no obtuvo la plaza, que 
en votación nominal se otorgó al Marqués de Monsalud, D. Mariano 
Carlos Solano y Gálvez. Dos años después, á la muerte del numerario 
D. Celestino Pujol y Camps (28 de Diciembre de 1891), y del electo para 
sucederle, Excmo. Sr. D. Isidoro de Hoyos, Mar-qués de Hoyos (8 de Abril 
de 1900), fué propuesto de nuevo en 25 Mayo por los Sres. D. Antonio 
Sánchez Moguel, el Marques de Laurencín, D. Antonio Rodríguez Villa y 
D. Juan Catalina García, verificándose su elección el i.° de Junio, toman- 
do posesión de su silla el 29 del mismo mes y año, y contestándole en 
nombre de la Corporación el Excmo. Sr. D. Francisco R. de Uhagón, fir- 
mante de la propuesta definitiva. 

En la propuesta de 25 de Mayo de 1900 se le designaban los cargos y 
distinciones honoríficas siguientes: Presidente de Honor de la Academia 
Imperial y Real Adler de Viena, Presidente de Honor de la del Consejo 
Heráldico de Francia y Miembro de la Academia Heráldica de Pisa y del 
Instituto Heráldico italiano, consignando además que había publicado 
desde 1S78 á 1887 siete tomo; del Nobiliario y Blasón de Canarias; desde 
1880 á 1890, once tomos del Anuario de la Nobleza de España y desde 1897 
la HisiO'-ia genealógica y heráldica antes mencionada. A estos títulos añadía 
él mismo, en carta particular dirigida al Secretario de la Academia, D. Ce- 
sáreo Fernández Duro, las de Gentilhombre de Cámara cf)n ejercicio de 



43^ BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

S. M. el Rey, desde 13 de Enero de 1895, y Gran Cruz de la Concepción de 
Villaviciosa de Portugal. Posteriormente hizo constar él mismo también en 
nuestro Anuario los títulos de hidividuo de número de la Real Acadetnia Es- 
pañola (elegido en 27 de Noviembre de 1913, habiendo tomado posesión 
de la silla, letra K, el 10 de Mayo de 191 4), ex Diputado á Cortes y ex Se- 
nador del Reino, y Gran Cruz de la Orden de San Olav de Noruega, con 
■otras distinciones heráldicas y académicas de Sevilla, Córdoba y Tenerife. 

El periódico La Época del lunes 3 del corriente, ha dado de Fernández 
de Béthencourt los siguientes datos biográficos. «Nació en Arrecife de 
Lanzarote (Canarias) el 27 de Julio de 1851. Pertenecía á una hidalga fa- 
milia de aquellas islas, de la que heredó la estimación que en su tierra 
natal gozaba, y que recientemente se exteriorizó en un brillante home- 
naje que se le tributó al verificar á su país la última visita. En Arrecife 
hizo sus estudios y comenzó su labor histórica y literaria, siguiendo natu- 
rales inclinaciones.» 

Ocho Discursos leyó en nuestra Academia y están impresos en sus res- 
pectivas colecciones: el de recepción, cuyo tema fué La Genealogía y la 
Heráldica en la Historia (29 de Julio de 1900); otro hizo en 9 de Mayo 
de 1905, para conmemorar el tercer centenario de la primera aparición 
del Quijote. Los seis Discursos restantes fueron de contestación en las 
recepciones de los numerarios Sres. Novo y Colson, Duque de T'Serclaes, 
Marqués de Polavieja, Marqués de Villaurrutia, Obispo de Madrid-Alcalá 
y General Martín Arrúe. 

Sus últimas obras publicadas han sido un folleto titulado La Corona y 
la Nobleza de España y el libro titulado Principes y Caballeros^ recolec- 
ción de varios escritos suyos dispersos en publicaciones periódicas. 

Al relatar La Época la conducción de su cadáver á la última morada en 
€l Cementerio de San Justo, dice: «Presidían el duelo el Obispo de Ma- 
drid-Alcalá, el Director de la Academia Española, D. Antonio Maura, y 
en nombre del de la Historia, su Secretario accidental, Sr. Pérez de Guz- 
mán y Gallo, los individuos de su familia, D. Antonio Domínguez, don 
Diego de los Ríos y D. José Orozco, y los que fueron sus amigos íntimos 
€l Conde de Romilla y D. José de Roda.» La Comisión oficial de la Acade- 
mia de la Historia la completaban los Sres. Herrera, Conde de Cedillo y 
Barón de la Vega de Hoz, pero de la numerosa y distinguida comitiva for- 
mó parte toda la Academia. El Sr. Maura y el Sr. Pérez de Guzmán, con los 
académicos D. Emilio Cotarelo, de la Española, y Herrera, Conde de Ce- 
dillo, y Laiglesia, de la de la Historia, con otras ilustres personas, no aban- 
donaron su puesto hasta quedar completamente cerrada su sepultura. 

La Academia consagra ásu labor y méritos un recuerdo inmarcesible.. 



NOTICIAS 439 

En Ávila, en la madrugada del viernes 31 del pasado Marzo, falleció 
nuestro digno Correspondiente D. Francisco Llórente y Poggi, el cual, á 
propuesta de los Sres. Pérez de Guzmán, Pérez Villamil y Bccker, fué ele- 
gido el 21 de Noviembre de 191 3. Ya era entonces Conservador del Mu- 
seo provincial abulense y Correspondiente también de la Academia de 
Bellas Artes de San Fernando. 

La prensa de Ávila dice que era uno de los más amantes investigadores 
de las glorias pasadas de aquella ciudad y provincia; le considera restau- 
rador de la Heráldica abulense, por los trabajos que en Octubre último 
presentó en los Juegos florales de las ñestas del IV Centenario del naci- 
miento y bautismo de Santa Teresa de Jesús, y recuerda, como fruto de 
sus investigaciones personales, el hallazgo de varios autógrafos descono- 
cidos é inéditos de la Santa Virgen y restauradora del Carmelo. 

En el Boletín de nuestra Academia se han publicado algunos de estos 
preciosos manuscritos. 

También en el mes último la Academia ha perdido los Correspondientes 
que se siguen: 

Araujo (D. Orestes), en Montevideo (Uruguay); Guzm.4n el Bueno y Pa- 
dilla (D. José), en Málaga; Pérez y Sánchez (D. Agustín), en Murcia, y San 
Juan y Moreno (D. Mariano), en Santisteban del Puerto (Jaén). 



Durante el último mes de Marzo la Academia ha elegido y el señor 
Director, P. Fita, proclamado: 

Académico honorario al Sr. Horacio Sandars, Correspondiente que antes 
era en Londres. 

Correspondientes: Sr. Charles F. Lummis, en San Francisco de California 
(Estados Unidos de América); Sr. Albert F. Calvert, en Londres; Sr. Joa- 
quín Bensaúde, en Portugal. 



El Coadjutor de Valjunquera, D. Nicolás Martínez, ha respondido al 
requerimiento de la Academia con motivo de las noticias que publicó un 
periódico diario de Madrid acerca del hallazgo de algunas antigüedades 
ibéricas, describiendo las ruinas de una fortaleza que se encuentra en la 
cumbre del monte llamado El Virablanc, y que se supone ibérica. 

Hasta ahora los objetos encontrados consisten en al ganos /¿'«í/ziíj' (pe- 
sas), con forma de pirámides truncadas con varias crucecitas y algunos 
puntitos entrantes, que al Sr. Martínez le parecen marca de alfarero. 
Otros de estos pondus son redondos y con dibujos. A veces salen ladrillos 
rayados con los dedos, piezas de hierro con incrustaciones de cobre y tro- 
zos de cerámica destrozados. 



440 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

A media hora de este monte, se encuentra el denominado El Castellá. 

Por último, el Sr. Martínez nos comunica que el InslUuio de Estudios 
Catalanes ha mandado reconocer y explorar erstas ruinas, y nos promete 
informar á la Academia ele las exploraciones que se hagan. 



El Compendio historial de la Villa de Tolosa, del presbítero D. Eugenio 
Urroz Erro, que fué premiado en un Certamen histórico por el Ayunta- 
miento de aquella villa en sus últimas fiestas eúskaras, ha sido impreso en 
un elegante folleto de 123 páginas, de que la Academia ha recibido 
ejemplar. 



Cuatro volúmenes, recientemente publicados en ArgeJ, ha remitido á la 
Academia su autor el P. J. Mesnage, de los Misioneros blancos de África. 
Sus títulos bastan para reconocer su importancia. El primero lleva por 
epígrafe: Evangelisation de V Afrique: J>art que certaínes f amules romano- 
africaines y ont prise; el segundo: Le christianisme e7i Afrique: origines, dé- 
veloppement et extensión; el tercero : Eglise mozárabe; esclaves chrétiens; y el 
cuarto: Declin ei extinction. Toda la obra está ilustrada con interesantes 
mapas geográficos del África septentrional. 



La Academia Real de Ciencias de Copenhague (Dinamarca), nos ha fa- 
vorecido con sus dos últimas publicaciones, ambas importantes; pero so- 
bre todo la que se titula Die asfronomisclien Tafeln des Aluliammed Ibtc 
Musa Ál-Kkwarizmi in der bearbeitmig des Maslama Ibu Ahmed Al-Madjri- 
ti und der latien uebersetztmg des Aihelhard von Bath auf grund der voran- 
bciten von A. Bjornbo und R. Besllioni in Kopenhagen ¡lerausgegeben und 
Konunentient vojí H. Suter Í7i Zurich, ó sea en castellano Las tablas astro- 
nómieas de Muhammed Ibu Musa Al-Khwarizmi arregladas por Maslama 
Ibu Ahmed Al-Madjiriti, con la traducción al latín de Athelhard von Bath, 
basadas en los trabajos anteriores de A. Bjornbo y R. Besíhorn, en Copenha- 
gen, editadas y comentadas por H. Suter, en Zurich. 

El astrónomo árabe que se cita Maslatna Ibu Ahmed era natural de 
Madrid. 



La Karluyt Societv de Londres ha publicado y remitido á la Academia, 
en tres lujosos volúmenes, la obra del Sr. Bolton Glanvill Corney titulada 
The Quest and Occupation of Tahiti by Emissaries of Spain during tJie years 
IJ72-IJ7Ó, ilustrada con numerosos despachos y documentos hasta ahora 
inéditos. 

J. P. DE G. 



TOMO Lxviíi. Mayo, 1916. cuaderno v. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA . 

Durante el segundo semestre del año 1915. 

REGALO DE IMPRESOS 

DE SEÑORES ACADÉMICOS DE NÚMERO 

Blázquez y Delgado- Aguilera (Sr. D. Antonio). «Las Casitérides 
y el comercio de estaño en la antigüedad». Madrid, 1915. 
Fernández Casanova (Excmo. Sr. D. Adolfo). «Dictionnaire raison- 
né de l'Architecture frangaise du xi*^ au xvi^ siécle», par 
E. Viollet-le-Duc. Tomes premier-dixiéme. Paris, 1871-1876. 
«Flore ornementale», par V. Ruprich-Robert. Paris, mdccclxvi. 
F"ita y Colomer (P.xcmo. Sr. D. Fidel). «Recuerdos de un viaje á 
Santiago de Galicia», por el P. Fidel P'ita y Colomer y don 
Aureliano Fernández-Guerrra, Individuos de número de la 
Real Academia de la Historia. Madrid, 1 880. 
Pérez de Guzmán y Gallo (Excmo. Sr. D. Juan). «La Ilustración 
Española y Americana». Número extraordinario, publi- 
cado con motivo del cincuentenario de su fundación. Ma- 
drid, 1907. 
Puyol (Sr. D. Julio). «El supuesto retrato de Cervantes. — Ré- 
plica á una contestación inverosímil». Madrid, IQIS- 
Salvador y Barrera, Obispo de Madrid-Alcalá (Excmo. é Ilus- 
trísimo Sr. Dr. D. José María). «El Derecho Cristiano y las 
enseñanzas de la Iglesia en sus relaciones con la Instrucción 
pública». Madrid, 191 5. 
Vega de la Hoz (P2xcmo. Sr. D. Enrique de Leguina y Vidal, 
Barón de la). «Arte Español». Revista de la Sociedad de 

TOMO LXVIII. 28 



442 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Amigos del Arte. Año iv. Tomo ii. Números 7-8. Madrid, 
Agosto-Noviembre IQIS- 
Vinaza (Excmo. Sr, Conde de la). «Archivo de la Embajada de 
España cerca de la Santa Sede. — I. índice analítico de los 
documentos del siglo xvi», por el Rvdo. P. D. Luciano 
Serrano O. S. B. Roma, 1915. 



DE CORRESPONDIENTES NACIONALES 

Cabré Aguiló (Sr. D. Juan). «El arte rupestre en España (regio- 
nes septentrional y orienta!)». Prólogo del Excmo. Sr. Mar- 
qués de Cerralbo. Madrid, I9I5- 
« Los grabados rupestres de la Torre de Hércules » . Ma- 
drid, 1915. 

Cotarelo y V^alledor (Sr. D. Armando). «El Teatro de Cervantes. 
Estudio crítico». Obra laureada con el premio Berw^ick y 
Alba, por voto unánime de la Real Academia Española. 
Madrid, 1915. 

Cuartero Huerta (Sr. D. Baltasar). «Memoria del anteproyecto 
para la erección de un monumento á Cervantes en la plaza 
de España, en Madrid», por D. Jesús Carrasco y Encina, 
Arquitecto, y D. Enrique Cuartero y Huerta, Escultor». 
Madrid, 1915. 

Floriano (Sr. Ldo. D. Antonio C). «Informe sobre la cataloga- 
ción de la colección numismática». Cáceres, 1913. 

Hernández-Pacheco (Sr. D. Eduardo). «Pistado actual de las in- 
vestigaciones en España respecto á Paleontología y Pre- 
historia». Madrid, 1915. 
«Geología y Paleontología del Mioceno de Palencia», por los 
Sres. Hernández-Pacheco y Dantín Cereceda. Madrid, I9I5- 

Lamano y Beneite (Muy Ilustre Sr. D. José de). «El dialecto 
vulgar salmantino». Obra laureada con accésit en público 
certamen por voto unánime de la Real Academia Española, 
é impresa á sus expensas. Salamanca, 1915- 

Lecea y García (Excmo. Sr. D. Carlos de). «Miscelánea biográ- 
fico-literaria y variedades segovianas». Segovia, 1915- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 443 

Martínez Salazar (Sr. D. Andrés). «Documentos gallegos del 
Archivo Municipal de la Coruña». La Coruña, 1915. 

Monner Sans (Sr. D. R). «El Siglo XVIII». (Introducción al 
estudio de la vida y obras de Torres de Villarroel), por 
R. Monner Sans. Buenos Aires, I915. 

Naval (Rvdo. P. Francisco). «Curso breve de Arqueología y 
Bellas Artes». Madrid, I915. 

Pacheco y de Ley va (Sr. D. Enrique). «El Cónclave de 1774 á 
1775- Acción de las Cortes católicas en la supresión de 
la Compañía de Jesús, según documentos españoles». Ma- 
drid, 1915- 

Paredes y Guillen (Sr. D. Vicente). «Orígenes históricos de la 
leyenda La Serrana de la Vera y de las demás de este 
mismo tema poético, seguida de otra leyenda hasta ahora 
inédita, titulada Auto al nacimiento de Nuestro Señor, El 
amante jnds cruel ó Serrana bandoleras. Plasencia, 191 5. 
(Remite dos ejemplares.) 

Portábales Nogueira (Sr. D. Inocencio). «Crónica de la octava pe- 
regrinación española, primera hispano-americana á Tierra 
Santa y Roma». Lugo, 1915- 
«El coro de la Catedral de Lugo». Lugo, 1915. 

Ramírez de Arellano (Sr. D. Rafael). «Estudio sobre la Historia 
de la Orfebrería Toledana». Toledo, 1915. 

Rubio i Lluch (Sr. A.). «Contribució a la biografía de Tinfant 
Ferrán de Mallorca». Barcelona, 1915- 

DE CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS 

Baudrillart (Mr. Alfred). «La guerra alemana y el Catolicismo». 
Paris, 191 5. 

Dodgson (Sr. Eduardo Spencer). «Keys to the Baskish verb in 
Leizarragas New Testament. A. D. 1571: Being añd Analy- 
tical Quotational Synopsis of the 1673 Forms fund in 
St. Johns Gospel, the Acts, the Letters to the Romans, 
the Corinthians, and St. Titos, those of St. James and 
St. Peter, and the Apocaiypse». London, 1915. 



444 boletín de la real academia de la historia 

«Irish Texts Society. 1/ th. Annual Report and Financia, 
Statement». Waterford, 1915. 

«Handbook of Egyptian Antiquities. — Collected by Professór 
Flienders Petrie». London. 

«The National Library of Wales. — A Description of the Per- 
^ manent Building». Aberystwyth, 1914. 

«Guide to Conway illustred». Conway, 1915- 

«Llanfairfechan and its attractions with notices of all the Mcst 
Interesting Places in the Neighbourhood», by W. E. Owen. 

«Oíd Moore's Almanack, 1916». London, 191 5. 
Medina (Sr. José Toribio). «Noticias bio-bibliográficas de los je- 
suítas expulsos de América en 1767». Santiago de Chile, 
1915. 
Paris (Mr. Pierre). «Revue Archéologique. — Restes du Cuite de 
Mithra en Espagne. — Le Mithraeum de Mérida». Paris, 
1914. 

«Restes du Culthe de Mithra en Espagne. — Le Mithraeum de 
Mérida». (Revue Archéologique). Paris, 1914. 
Rada y Gamió (Sr. Pedro José). «La IMujer incomparable». 
Conferencia dada en la Escuela Española de Historia y Ar- 
queología en Roma el 12 de Junio de 1914, con motivo del 
Tercer Centenario de la Beatificación de .Santa Teresa de 
Jesús. Roma, 1914. 

«La Rosa Peruana». Elogio leído en el Pontificio Colegio Pía 
Latino •Americano de Roma el l'] de Mayo de I9I5) al 
inaugurarse en él la estatua de Santa Rosa de Lima, Patrona 
de América y Filipinas, y de dicho Colegio. Roma, I9I5' 

DEL GOBIERNO DE LA NACIÓN 

Congreso de los Diputados. «Historia política y parlamentaria 
de D. Nicolás Salmerón y Alonso, Presidente que fué del 
Poder Ejecutivo de la República, Ministro de Gracia y Jus- 
ticia...», por Antonio Llopis y Pérez, por encargo del Exce- 
lentísimo Sr. Presidente del Congreso de los Diputados. 
Madrid, 1915. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 445 

«Historia política y parlamentaria del Excmo. Sr. D. Práxedes 
Mateo Sagasta», por el Excmo. Sr. D. Juan del Nido y Se- 
galerva. Madrid, 1915. 

Dirección General de Aduanas. «Resúmenes mensuales de la 
Estadística del Comercio exterior de España». Núms. 305- 
309. Abril-Agosto. Madrid, 1913-1915. 
«Memoria sobre el estado de la Renta de Aduanas en 19 1 4». 

Madrid, 19 1 5. 
«Producción y circulación de azúcares, achicoria y alcohol en 
los trimestres primero y segundo de 1915». Núms. 61-62. 
Madrid, 19 1 5. 
«Estadística del Impuesto de transportes por mar y á la entra- 
da y salida por las fronteras». Primero y segundo trimes- 
tres. Núms. 60-61. Madrid, 1915. «Estadística general del 
Comercio exterior de España en 1914». (Parte primera.) 
Madrid, I915. 

Dirección general de Bellas Artes. «Catálogo monumental de 
España». Inventario general de los monumentos históricos 
de la Nación. Provincia de Álava., por Cristóbal de Castro. 
Madrid, 1915. (Dos ejemplares: uno corriente y otro de 
lujo.j 

Dirección general de Contribuciones. «Estadística de la Contri- 
bución sobre las utilidades de la riqueza mobiliaria, año 
de 191 1». (Edición oficial.) Madrid, 1915. 

Dirección general de Propiedades é Impuestos. Madrid. «Esta- 
dística del impuesto sobre los transportes de viajeros y de 
mercancías por las vías terrestres y fluviales, año de I912». 
Madrid, 1914. 
«Estadística del impuesto sobre el consumo de luz de gas, 
electricidad y carburo de calcio, año de 1912». Madrid, 
1914. 

Ministerio de Estado. «Archivo de la Embajada de P^spaña cerca 
de la Santa Sede. I. índice analítico de los documentos del 
siglo XVI», por el R. P. D. Luciano Serrano, O. S. B. en la 
Abadía de Silos. (Publícase de Real orden.) Roma, 1915- 
(Remite dos ejemplares.^ 



446 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Ministerio de la Gobernación. Inspecciones generales de Sani- 
dad. «Boletín mensual de Estadística demográfico-sanita- 
ria». Año vii. Núms. 3 y 7. Marzo-Julio de IQIS- 

Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes. Dirección ge- 
neral del Instituto Geográfico y Estadístico. «Boletín de la 
Estadística Municipal de Sevilla». Año m. Núms. 19-26. 
Marzo-Noviembre de 1915- 

Relación de las obras correspondientes al segundo semestre de 1914 
y primero de 1915, que se entregan á la Biblioteca de la Real 
Academia de la Historia por el Cuerpo facultativo de Archive- 
ros, Bibliotecarios y Arqueólogos. 

Álvarez Valdés (D. Lino). «Problemas de Algebra». Madrid^ 
191 1. Un vol. 

«Ilustración Española y Americana (La)». Revista de Bellas Ar- 
tes, Literatura y Actualidades. Año lix. Núms. 24-47. ^^~ 
drid, Junio-Diciembre 1915- 
«Almanaque de la para el año 1914». Un vol. 

Luna y Gómez (D. Sergio). «Elementos de Trigonometría recti- 
línea». Sevilla, 1908. Un vol. 

Nido y Segalerva (D. Juan del). «La Unión ibérica». Madrid,, 
1914. Un vol. 

«Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos» . Tercera época 
Madrid, Julio-Junio 1914-15. 

Soldevilla (D. F.), «El año político». 1913. Madrid, 1914. Un voL 

Vega (D. Enrique de la). «Madroños». Madrid, 1914. Un vol. 

Jorro Miranda (D. José). «La suspensión de pagos». Estudios ju- 
rídicos. Valencia, 1 902. Un vol. 

Relación de impresos remitidos por el Depósito de libros del Minis- 
terio de Instrucción pública y Bellas Artes, procedentes del cambio 
internacional. 

American Fhilosophical Society. Philadelphia. « Proceeding » . 

Volume Lili. N° 215. August-December 1914. 
Bibliotheca Nacional do Rio de Janeiro. «Afínales». Volu- 

mes xxxi-xxxii. (1909-I9IO). Rio de Janeiro, 1913-I4. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 447 

«Inventario dos Documentos relativos ao Brasil existentes no 

Archivo de Marinha e Ultramar de Lisboa » . Volume i . 

Bahía, 1613-1762. Rio de Janeiro, 1913. — Volume 11. 

Bahia, 1763-1786. Rio de Janeiro, 1914. 
«Relatorio que ao Sr. Dr. Augusto lavares de Lyra, Ministro 

da Justiga e Negocios Interiores apresentou em 1 5 de Feve- 

reiro de 1909». Rio de Janeiro, I913. 
«Relatorio que ao Sr. Dr. Esmeraldino Olympio de Torres 
Bandeira, Ministro da Justiga e Negocios interiores apre- 
sentou em 30 de Margo de 1910». Rio de Janeiro, I914. 
«A Música no Brasil desde os tempos coloniaes até o primeiro 

decenio da República», por Guilherme Theodoro Pereira de 

Mello. Bahia, 1908. 
«Ra-txa hu-ni-ku-i. (jramática, textos e vocabulario caxi- 

navás». Rio de Janeiro, 1914. 
«A repartigao geral dos Telegraphos. Memoria Histórica». 

Rio de Janeiro, 1 908. 
«Brazil Álbum». I.° Fascículo. Rio de Janeiro, 1908. 
Historisch Genootschap. Utrech. «Bijdragen en Mededelingen». 

Vijf en dertigste deel. Amsterdam, 1914. 
Instituto Histórico e Geographico Brasileiro. Rio de Janeiro. 

«Rivista». Tomo lxxxv. Parte 11. (1912). Rio de Janeiro, 

1913. 
Instituto Smithsoniano de Washington. «Annual Report of the 
Board of Regents of the Smithsonian Institution: I913». 
Washington, 1914. 

«Report on the progress and condition of the United States 
National Museum for the year ending June 30, I914.* 
Washington, 1915. 

«Smithsonian Miscellaneous Collections». Volume 63. Num- 
ber 8-10. Washington, 1914. — Volume 65. Number I. 
Washington, 1 91 5. — Number 2. March 3, 1915. — Num- 
ber 5. — Number 7. Washington. April 1915- 

«Publications issued by the Library since 1897». January, 

1915. 
«Library of Congress: Report of the Librarían of Congress 



448 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

and report of the Superintendent of the Library Building 
and Grounds». Washington, 1914. 
«List of Publícations of the bureau of American Ethnology». 

Washington, I914. 
«Report upon a collection of ferns western South America», 

by Wilh'am R. Maxon. Washington, 191 5- 
«A Dictionary of the Choctaw Language», by Cyrus Byington. 

Washington, I915. 
«Johns Hopkins University vStudies in Historical and Political 
Sciencei. Baltimore. Series xxxn. N° 3. (Colonial trade of 
Maryland. 1689-1715.) Baltimore, 1914. 
«The American Journal of Philology». Baltimore. \ ol. xxxv. 
Whole, N°* 139. July-December 1914. 
Wisconsin Academy of Sciences, Arts, arid Letters. Madison. 
«Transaction». V'olume xvii. Part 11. N°^ 1-6. Madison-Wis- 
consin, 1914. 
Yale University Library. New Haven, Conn. «Yale Studies in 
English. — X. The earliest livres of Dante translated from 
the italian of Giovanni Boccaccio and Lionardo Bruni Are- 
tino», by James Robinson Smith. New York, 1901. 
Yale University Press. New Haven, Conn. «Fossil Birds in the 
Marsh Collection of Yale University», by R. W. Shufeldt 
Volume XIX. February 1 91 5. 
«Johns Hopkins University Studies in Historical and Political 

Science». Serie xxxiii. N°'' I -3. Baltimore, I9I5- 
«The American Journal of Philology». Volume xxxvi. Ja- 
nuary-March 1915- 

DE GOBIERNOS EXTRANJEROS 

Corte de Justicia Centro-americana. San José de Costa Rica. 
«Anales». Tomo iv. Núms. 1 1- 1 3. Mayo de 1914 á Junio 
de 1915- 

Dirección de Estadística municipal de la ciudad de Santa Fe. 
República Argentina. «Boletín». Año xiv. Núm. 55- Abril- 
Junio 191 5» 



ADQUISICIONES DE LA. ACADEMIA 449 

Estadística municipal de la ciudad de Buenos Aires. «Boletín 
mensual». Año xxix, Núms. 3-8. Marzo-Agosto IQIS- 

Ministerio de Negocios Extranjeros de Francia. «Documentos 
Diplomáticos, 1914: La Guerra Europea. — i. Documentos 
relativos á las negociaciones que han precedido á las decla- 
raciones de guerra por Alemania á Rusia (l.° de Agosto de 
1914), y á Francia (3 de Agosto de 1914). Declaración del 
4 de Septiembre de 1914 (Traducción)». Madrid, mdccccxiv. 

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del 
Uruguay. Montevideo. «Boletín». Año m. Núms. 5~lO. 
Mayo-Octubre 1915. 
«Anuario Estadístico de la República Oriental del Uruguay». 
Libro XXIII. Años 1911-1912. Montevideo, 1915- 

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República del Perú. 
«Boletín». Año x. Núms. l-lii. Lima, I913-1914. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES NACIONALES 

Academia Universitaria Católica. Madrid. «Anales». Año vii. 
Números 4 y 6. Julio-Septiembre 1915- 

Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. «Inaugura 
ción del curso académico de 1915-1916». Discurso inaugu- 
ral del Presidente D. Rafael M. de Labra. Madrid, 1915. 

Ateneo Científico, Literario y Artístico de Mahón. «Revista de 
Menorca». Año xix. Tomo x. Cuadernos vixi. Junio-No- 
viembre 191 5. 

Ayuntamiento de Madrid. «La Casa de Cisneros». Madrid, 1915- 
«Memoria que eleva el Alcalde-Presidente del Ayuntamiento 
de Madrid Excmo. Sr. D. José del Prado y Palacio al Ex- 
celentísimo Sr. Ministro de la Gobernación, referente al 
establecimiento de una fábrica de harinas, una panadería 
mecánica y silos para almacenar los trigos». Madrid, I9I5- 

Biblioteca Renacimiento. Madrid. «Simón Bolívar, Libertador de 
la América del Sur», por los más grandes escritores ameri- 
canos: Montalvo, Martí, Rodó, Blanco -Fombona, García, 
Calderón, Alberdi. Madrid, 1914. 



450 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Cámara de Comercio de la provincia de Madrid. «Boletín Oficial». 

Año VIII. Núms. ó, 8-9 y 1 1. Junio-Noviembre 1915. 
Centre Excursionista de Catalunya. Barcelona. «Butlletí». Any 

XXV. Núms. 243-245. Abril-Juny 1915. 
Centre Excursionista de Lleyda. «Butlletí». Any v. Núms. 7- 12. 

Juliol-Decembre I912. 
Centro Artístico. Granada. «Boletín». Revista mensual. Granada. 

2.* época. Núms. 3-5. Junio-Agosto 1915. 
Centro de Estudios Americanistas de Sevilla. «Boletín». Año iii. 

Núms. 9-14. Junio-Octubre 1915. 
Centro de Estudios históricos de Granada y su Reino. «Revista». 

Año V. Núms. I -3. Granada, 1915. 
Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Navarra. 

«Boletín». Segunda época. Año vi. Núm. 21. I.*"'" trimestre. 

Pamplona, 1915. 
Comisión de Monumentos de Vizcaya. Bilbao. «Boletín». xAño vi. 

Tomo VI. Julio-Septiembre 1914. 
Consejo Superior de Emigración. «Estadística de la emigración 

española durante el año de 19 14». Madrid, 1915. 
Decanato de la Facultad de Derecho de la Universidad Central. 

«El Derecho de Dominio sobre el espacio aéreo». Tesis doc- 
toral de D. Juan Manuel Cendoya y Oscoz. Barcelona, 

1915. 

«El Derecho en el Teatro Español». Tesis doctoral, por don 
José M.* Izquierdo y Martínez. Sevilla, 1914. 

«El Gobierno Federal y los Estados en los Estados Unidos». 
Tesis doctoral, por el Sr. Lindell Teodoro Bates y White- 
Madrid, 19 1 5. 

cLas personas colectivas ante el Derecho privado». Tesis doc- 
toral, por D. Luis Valenzuela y Castillo. Córdoba, 1915. 

«La neutralidad. — Su concepto. — Derechos y deberes de los 
neutrales». Tesis doctoral, por D. José M. Yanguas Messía. 
Mayo 1915. 
Depósito de la Guerra. «Información militar del extranjero». 
Madrid. Año vii. I.*^' semestre. Núm. 6. Enero-Junio. 2.° se- 
mestre. Núms. 1-4. Julio-Octubre 1915. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 45' 

«Extracto de organización militar de España». 15 de Septiem- 
bre 1915. 
«Información militar del extranjero». Año vii. Primer semestre. 
Núms. 1-6. Enero-Junio. Segundo semestre. Núms. I-3. Ju- 
lio-Septiembre 1915- 

Escuela de Comercio de Colunga. «Reglamento». Oviedo, 191 5- 
«Memoria y cuentas relativas al año de I913, aprobadas por 
la Junta de Patronato en sesión celebrada el 9 de Junio 
de 1915». Oviedo, 1915. 

Escuela especial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. 
Madrid. «Anuario». Curso de 1913-I914. Madrid, I9I5- 

Federación Agraria Aragonesa. Zaragoza. «I.*"' Congreso Nacio- 
nal de Riegos». Tomos i-iii. Zaragoza, 1914. 

Institución Libre de Enseñanza. Madrid. «Boletín». Año xxxix. 
Núms. 663-6Ó9. Junio-Diciembre 1915- 

Institut d'Estudis Catalans. Barcelona. «Butlletí de la Biblioteca 
de Catalunya». Barcelona. Any i. Núm. 3. Setembre-De- 
sembre 1914. 

Instituto general y técnico de Jerez de la Frontera. «Memoria 
del curso escolar de 1913-1914». Jerez de la Frontera, 1915- 

Instituto general y técnico de Teruel. «Memoria del curso 
de 1913-1914». Teruel, 1915. 

Instituto general y técnico de Valencia. «Memoria del curso 
académico de 1914-1915». Valencia, 1915. 

Instituto general y técnico de Zaragoza. «Memoria del curso 
de 1913-1914». Zaragoza, 1915- 

Instituto de Radioactividad. Madrid. «Boletín». Volumen vii. 
Madrid, 1915. 

Junta para ampliación de estudios é investigaciones científicas. 
Madrid. «Miscelánea de estudios y textos árabes.» Madrid, 

MCMXV. 

«El problema de la Cerámica Ibérica», por D. Pedro Bosch 
Gimpera. Madrid, I9I5- 

«Interpretación de un adorno en las figuras humanas masculi- 
nas de Alpera y Cogul», por los Sres. D. Ismael del Pan y 
Paul Wernert. Madrid, 1915. 



452 boletín de la real academia de la historia 

«Resumen de los bastones perforados de la provincia de San- 
tander. — Noticia de los dos nuevos yacimientos prehistóri- 
cos de la provincia de Santander», por D. Orestes Cendre- 
ro. Madrid, 1 91 5. 

«Hallazgos prehistóricos en tres cuevas de la Sierra de Came- 
ros», por D. Ismael del Pan. 

«La cerámica hallstattiana en las cuevas de Logroño», por 
D. Pedro Bosch Gimpera. 

«Instrumento neolítico de Corral de Caracuel», por D. Anto- 
nio Blázquez. 

«Sobre los instrumentos neolíticos de Corral de Caracuel», 
por D. Ángel Cabrera. Madrid, 1915. 

«La educación en Portugal»^, por Alicia Pestaña. Madrid, IQIS- 

«El Cónclave de 1774 á 1775- — Acción de las Cortes católicas 
en la supresión de la Compañía de Jesús, según documentos 
españoles», por Enrique Pacheco y de Ley va. Madrid, IQIS- 

«Correspondencia diplomática entre España y la Santa Sede 
durante el Pontificado de S. Pío V», por D. Luciano Serra- 
no O. S. B., de la Abadía de Silos. Tomo iv. Madrid, 1914. 

«Vida religiosa de los moriscos», por D. Pedro Longás. Ma- 
drid, 1915. 
Liga Marítima Española. Madrid. «Boletín oficial de la Liga Ma- 
rítima Española». Madrid. Año xv. Núms. 9O-92. Mayo- 
Octubre 191 5. 

«Vida Marítima». Órgano de propaganda de la Liga Marítima 
española. Madrid. Año xiv. Núms. 486-503. Junio-Diciem- 
bre 1915. 
Museo Pedagógico Nacional. Madrid. «La enseñanza primaria 
en España», por D. Manuel B. Cossío. Segunda edición, 
renovada, por D. Lorenzo Luzuriaga. Madrid, 1915. 

«La enseñanza primaria en el extranjero»: I. Países de lengua 
inglesa (Gran Bretaña é Irlanda, Australia, Nueva Zelanda, 
Estados Unidos, Canadá). Madrid, 19 1 5. 
Observatorio Astronómico de Madrid. «Eclipse de sol del 17 de 
Abril de 1912. Trabajos de la Comisión oficial encargada 
de su observación en Cacabelos (León).» Madrid, 1915. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 453 

Observatorio del Ebro. Tortosa. « Ibérica >. Revista semanal ilus- 
trada. Año II. Núms. 78-103. Junio-Diciembre I915. 

Orfeo Tortosí. Tortosa. «La Zuda». Año iii. Núm. 30. Torto- 
sa, 31 de Agosto de 191 5. 

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. «Boletín». 
Madrid. Segunda época. Núms. 33-35- Junio-Septiembre 

1915- 

Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. «Boletín». 
Año XV. Núms. 57-59. Enero Septiembre de 1915- 

Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. «Fiestas cien- 
tíficas celebradas con motivo del CL aniversario de la fun- 
dación de la Real Academia de Ciencias y Artes». Barcelo- 
na, 1915. 

Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. «Revis- 
ta». Tomo XIII. Núms. 8-12. Febrero-Junio I915. 

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. «Encarecimien- 
to de la vida en los principales países de Europa y singu- 
larmente en España; sus causas». Memoria premiada con 
accésit en el concurso ordinario de 1 91 1, escrita por don 
Francisco Alabert. Madrid, 1915. 
«Extractos de discusiones habidas en las sesiones ordinarias 
de dicha Corporación sobre temas de su instituto». Tomo 
séptimo. Madrid, 1915. 
«Encarecimiento de la vida en los principales países de Euro- 
pa y singularmente en España; sus causas». Obra premiada 
con accésit por la Real Academia de Ciencias Morales y 
Políticas en el concurso ordinario de I911, escrita por don 
Gervasio de Artíñano y de Galdácano. Madrid, 1915. 

Real Academia Española. Madrid. «Boletín». Tomo 11. Cuader- 
nos VIII y IX. Junio-Octubre de I9I5' 
«Diccionario biográfico y bibliográfico de calígrafos españo- 
les», por D. Emilio Cotarelo y Mori. Obra premiada por la 
Biblioteca Nacional en el concurso público de 1906 é im- 
presa á expensas del Estado. Madrid, 1914. 
«Diego Sánchez de Badajoz. Estudio crítico, biográfico y bi- 
bliográfico». Memoria, premiada con accésit en el concurso 



454 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

público de IQIO á 191 2 y escrita por J. López Prudencio. 
Madrid, 1915. 
dVA Dialecto vulgar salmantino», por D. José de Lamano y 
Beneite. Obra laureada con accésit en público certamen por 
\oto unánime de la Real Academia Española é impresa n 
sus expensas. Salamanca, IQIS- 

Real Academia Gallega. Coruña. «Boletín». Año x. Núms. 96- 
100. Agosto-Diciembre 1915- Núm. lOl. I. ° de Enero de 
1916. 
«Diccionario Gallego-Castellano». Cuadernos i-v. Coruña, 191 5. 

Real Academia Hispano -Americana de Ciencias y Artes de Cá 
diz. «Revista». Año iv. Núms. 20-22. 2. "-4.° trimestres de 
1915. 
«Discursos leídos ante la Real Academia Hispano Americana, 
en la recepción pública del Sr. D. Francisco Cherbuy Mal- 
vido, el día 12 de Diciembre de 1915». Cádiz, 1915. 

Real Academia de Medicina. Madrid. «Anales». Tomo xxxv. 
Cuadernos 2.° y 3.° 30 de Junio de 191 5. 

Real Ateneo de Vitoria. «Ateneo». Cuarta época. Año ni. Nú- 
meros 21-26. Junio-Noviembre de I9I5- 

Real Sociedad Arqueológica Tarraconense. «Boletín», Tarrago- 
na. Época II. Núm. 8. Marzo-Junio de 1915. 

Real Sociedad Geográfica. Madrid. «Boletín». Tomos lvi-lvii. 
Tercer y cuarto trimestres de I9I5- 
«Revista de Geografía colonial y mercantil». (Órgano oficial 
de la Sección Colonial del Ministerio de Estado.) Tomo xii. 
Números 6-10. Junio Octubre de 1915- 

Universidad Central. «Discurso leído en la solemne inauguración 
dei curso académico de 1915 á 1916», por el Dr. D. Luis 
Lozano y Rey. Madrid, 1915- 

Universidad de Granada. «Discurso leído en la solemne inaugu- 
ración del curso académico de 1915 á I916», por el señor 
Dr. D. Eloy Señan y Alonso. Granada, 1915- 

Universidad de Oviedo. «Discurso leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1915-16», por el Dr. D. José María 
Frontera y Aurrecoechea». Oviedo, I9I5- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 455 

Universidad Literaria de Salamanca. «Memoria sobre el estado 
de la instrucción en esta Universidad y Establecimientos de 
enseñanza de su distrito, correspondiente al curso de 1913 
á 1914». Salamanca, 1914. 

«Discurso leído en la inauguración del curso académico de 
191 5 á 1916», por el Dr. D. Esteban Jiménez de la Flor 
García. Salamanca, 1915. 
Universidad de Valladolid. «Discurso leído en la solemne inau- 
guración del curso académico de 1915 á 1916», por el 
Dr. D. Federico Murueta Goyena. Valladolid, 19 1 5. 

«Memoria sobre, el estado de la instrucción en esta Universi- 
dad y Establecimientos de enseñanza de su Distrito, corres- 
pondiente al curso académico de 1913 á 1914, y Anuario 
para el de 1914 á 1915». Valladolid, 1915. 
Sociedad Castellana de Excursiones. Valladolid. «Boletín». 
Año XIII. Núms. 150, 152-155. Junio-Noviembre de 1915. 
Sociedad Cordobesa de Arqueología y Excursiones. «Boletín». 

Año I. Núm. I. Córdoba, 18 de Mayo de 1915. 
Sociedad de la Exportación, Industria y Comercio, Barcelona. 
«Extractos de los dictámenes emitidos sobre el proyecto 
de riegos del Alto Aragón». Barcelona, I913. 

«El regadío en Cataluña», por D. Juan Sarda. Barcelona, 
1912. 

«El canal de la izquierda del Ebro». Barcelona, 1914. 

«Riegos del Alto Aragón. — Los recursos hidráulicos. — La 
zona regable». Barcelona, 1914. 

«Proyecto de riegos del Alto Aragón (Sobrarbe-Somontano- 
Monegros)». Barcelona, 1 91 3. 

«Riegos del Alto Aragón. — Modificación del presupuesto se- 
gún Real orden de l.° de Marzo de 1915», por los señores 
Sabater y Ríos Martín. Barcelona, 1915. 

«Riegos del Alto Aragón». Conferencia dada por D, José 
Nicolau, el día 17 de Marzo de I912. 

«Riegos del Alto Aragón», por los Ingenieros de Caminos, 
Canales y Puertos, .Sres. D. José Nicolau Sabater y D. Fé- 
lix de los Ríos Martín. Huesca, 191 1. 



456 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«La Tribuna». Diario independiente. Madrid. Año iii. Núme- 
ro 885. 8 de Julio de 1915. 

Sociedad de Estudios Almerienses. Almería. «Revista», lomo v. 
Cuaderno l. I915. 

Societat Arqueológica Luliana. Palma. «Bolletí». Any xxxi. 
T. XV. Núms. 421-424. Abril-Juriol de 1915. 

Tribunal Supremo de Justicia. «Memoria elevada al Gobierno 
de S. M. en la solemne apertura de los Tribunales el día 1 5 
de Septiembre de 1915», por el Fiscal del Tribunal Supre- 
mo D. Senén Cánido. Madrid, 1915» 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES EXTRANJERAS 

Academia Nacional de la Historia de Colombia. Bogotá. «Bole- 
tín». Año X. Núms. 108- 1 10. Abril-Junio 1915. 
«Anuario de la Academia Colombiana». Tomos ii-iii. Bogotá, 
1911-I914. 

Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. Paris. «Comptes 
rendus des séances de l'année 1915»' BuUetin de Janvier- 
Juin 1915. 

Académie Royale des Sciences et des Lettres da Danemark. 
Copenhague. «Bulletin». N""* 2-4. Kobenhavn, I9I5- 
«Le dialecte de Samnán. — Essai d'une grammaire Sámnánie 
avec un vocabulaire et quelques textes», par Arthur Chris- 
tensen. Kobenhavn, 1915. («Los dialectos de Samnán. — 
Ensayo de una gramática samnonica, vocabulario y algunos 
textos, siguiendo una noticia y aclaraciones acerca del pa- 
trón de Sangras y de Lashid», por Arturo Christensen.) 
«Die Astronomischen Tafein des Muhammed Ibn Musa Al- 
Khwarizmi...», von H. Suter. Kobenhavn, 1914. («Las 
Tablas astronómicas de Muhammed Ibn Musa Al-Kha- 
warizmi», arregladas por Madama Ibn Ahmed Al-Madjiriti, 
con la traducción al latín de Athelhard von Battle, basa 
das en los trabajos anteriores de A. Bjornbo y B. Besthorn, 
en Copenhague, editadas y comentadas por H. Suter, en 
Zurich.) 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 457 

American Catholic Historical Society of Philadelphia. «Records». 

Vol. XXVI. N°'' 2-3. June-September 1915. 
Asociación Cívica Portorriqueña. San Juan. «La Independencia». 

Revista quincenal. Año i. Núm. 4. 1 5 de Marzo IQIS- 
Biblioteca Municipal de Guayaquil. «Boletín». Núms. 47-49- 

Guayaquil, IQIS- 
Biblioteca Nazionale Céntrale di Firenze. «Bollettino delle pubbli- 

cazioni italiane ricevute per diritto di Stampa». Nums. 175" 

180. Luglio-Diciembre 1915. 
Bibliotheca Philologica Batava. Lugduni-Batavorum. «Mnemosy- 

ne». Nova series. Volumen quadragesimum tertium. Pars 

iii-iv. Lipsiae, 1915- 
Centro de Sciencias, Letras e Artes de Campiñas (E. U. do Bra- 

zil). «Revista». Anno xiv. Fase. 11. N° 39. Campiñas, 1915- 
Comisión protectora de Bibliotecas populares. Buenos Aires. 

«Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires». 

Tomos vii-xii. Libros iv-viii. Buenos Aires, 1909-1914. (Del 

último remite dos ejemplares.) 
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos 

Aires. «Documentos para la Historia Argentina». Tomo v. 

(Comercio de Indias y antecedentes legales, 1713-1778). 

Tomo VI. (Comercio de Indias y comercio libre, 1 778-1 791). 

Buenos Aires, 1915- 
Faculté des Lettres de Bordeaux et des Universités du Midi. 

«Revue des Études Anciennes». Bordeaux. Tome xvii. 

N"'' 3-4. Jullet-Décembre 1915. 
«BuUetin Italien». Bordeaux. Tome xv. N°* 2-4. Avril-Dé- 

cembre igiS- 
«Bulletin Hispanique». Bordeaux. N°s 3-4. Juillet-Décembre 

1915- 
Faculty of Political Science of Columbia University New York. 

«Political Science Quarterly». Volume xxx. Number 2-3. 

June-September 1915- 
Herausgegeben vom Plistorisch-philosophischen Vereine zu Ileil- 

delberg. «Neue Heidelberger Jahrbücher». Band xviii. Heft2. 

Heildelberg, 1914. Band xix. Heft I. Heildelberg, 1915. 

TOMO LXVIII. 29 



458 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Instituto do Ceará. Fortaleza (Brasil). «Revista trimensab. 
Tomo XXIX. Anno xxix. I.°-4.° trimestres. I915. 

Instituto Italiano di Numismática. Roma. «Annuario, 1915-1916». 
(IV dalla fondazione). IQIS- 

Junta de Historia y Numismática Americana. Buenos Aires. 
«Gaceta de Buenos Aires (1810-1821)». Reimpresión (fac- 
similar). Tomo vi. (Años 1820-1821). Buenos Aires, 1915. 

Kais. Akademie der Wissenschaften in Wien. «Sitzungsberichte» 
(Philosophical-Historische Klasse). 174-178 Band. I-5 Ab- 
handlung. Wien, I9I5- 
«Archiv für ósterreichische Geschichte». 104-106 Band. I 

Hálfte. Wien, I915. 

«Denkscriíten». 57-58 Band. I-3 Abhandlung. Wien, 1914. 

«Studien zur Lexikographie und Grammatik des Altsüdara- 

bischen». I. Heft. Von Nikolaus Rhodokanakis. Wien, 1916. 

«Studien zur Laut-und Formenlehre der Mehri-Sprache in 

Südarabien», von Dr. Maximilian Bittner. Wien, I9I5- 

Koninklijke Bibliotheek's. Gravenhage. «Verslag, 1914;). Gra- 
venhage, I9I5- 

Kr. Hrvatsko-Slavonsko-Dalmatinskoga Zemaijskoga Arkiva. 
Zagreb. «Ujesnik». Godina xvii. Sveska 1-2. Zagreb, 1915- 

Library of Harvard University. «Descriptive and Histórica! No- 
tes», by Alfred Claghorn Potter. Cambridge, 1915- 

Museu Etnológico Portugués. Lisboa. «O Archeologo Portu- 
gués». Vol. XIX. N.°'^ 7-12. Julho a Dezembro 1914. 

Philippine Library. Manila. «Bulletin». Volume ni. Number 5- 
12. January-Agost 1915- 

R. Deputazione Véneta di Storia Patria. Venezia. «Nuovo Ar- 
chivio Véneto». Periódico storico trimestrale. N°^ 98-99. 
Aprile-Settembre 1915- 

R. Societá Romana di Storia Patria. Roma. «Archivio». Volu- 
me xxxviii. Fase. i-ii. 1915- 

Sociedad Geográfica Sucre. Bolivia. «Boletín». Tomo xvi. Nú- 
meros 176-178. Sucre. Abril-Junio I9I5' 

Sociedad Jurídico-Literaria. Quito. «Revista». Nueva serie. Nú- 
meros 25-30. Enero-Junio I9I5- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 459 

Sociedade de Geographia de Lisboa. «Esmeraldo de Situ Orbis 
de Duarte Pacheco Pereira». Edigao critica annotada por 
Augusto Epiphanio da Silva Dias. Lisboa, IQIS- 
«Bolétim comemorativo do V centenario da Tomada de Ceu- 
ta». Lisboa, 191 5. 
«Boletim». 33 serie. N.°'' 4-6. Abril-Junho 1915. 
«Subsidio bibliográfico para a Historia da Conquista de Ceu- 
ta», por J. Farmhouse. Lisboa, IQIS- 

Sociedade Portuguesa de Estudos Históricos. Lisboa. «Revistas 
Portuguesas de Historia e Sciencias correlativas. — Inventa- 
rio bibliographico. — Summario». Lisboa, IQIS- 

Societá di Storia, Arte, Archeologia della provincia di Alessan- 
dria. «Rivista». Anno xxiv. Fase, lviii. (Serie ii). I Aprile- 
30 Giugno 191 5. 

Societá Storica Lombarda. Milano. «Archivio Storico Lom- 
bardo». Serie v. Anno xlii. Fase. i-ii. 30 Guigno I9I5- 
Fase. VII. Novembre 1915- 

Société des Antiquaires de l'Ouest. Poitiers. «Bulletins». Troi- 
siéme serie. Tome iii. Nums. 9-II. i^''-^"'"' trimestres 
1915. 

Société des Études Juives. Paris. «Revue». Tome lxviii. N° 136. 
Octobre-Décembre 1914. 

Société de Géographie et d'Archéologie d'Oran. «Bulletin Tri- 
mestriel». 38*" année. Tome xxxvi. Fascicule cxlii. (Deuxié- 
me trimestre). Juin I9I5- 

Société des Langues Romanes. Montpellier. «Revue des Lan- 
gues Romanes». Tome lviii. vi"'*" serie. Tome viii. Nums. i-ii. 
Janvier-Avril 1915- 

Société Nationale des Antiquaires de France. Paris. «Bulletin». 
(Publication trimestrielle). 4"^*^ trimestre 1914. 1"'' trimes- 
tre 191 5. 

Société Préhistorique Frangaise. Paris. «Marnien ou la Téne I.^>, 
par le Docteur O. Guelliot. Le Mans, 1915. 

Société Suisse d'Héraldique. Zurich. «Archives Héraldiques 
Suisses». XXIX année. N.° 2. Zurich, I9I5- 

The Hispanic Society of -America. Washington. «Descripción 



46o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

geográfica de la Real Audiencia de Quito, que escribió dort 
Dionisio de Alsedo y Herrera». Madrid, 1915. 
The Historical Society of Pennsylvania. Philadelphia. «The Penn- 
sylvania Magazine of History and Biographie». Vol. xxxix^ 
N° 155- July 1915. 
Trustees of the PubHc Library of the City of Boston. «Sixty- 

third Annual Report». Boston, IQIS- 
Universidad de Honduras. Tegucigalpa. «Revista de la Universi- 
dad». Año vil. Núms. 4-9 Abril-Septiembre 1915- 

«La Enseñanza primaria». Tegucigalpa. Año v. Núms. 26-32^ 
Marzo -Septiembre 1915- 

«El Mentor Hondureno». Tegucigalpa. Tomo 11. Año n. Nú- 
meros 8-12 Abril-Agosto J9I5- Año iii. Núm. I. Septiem- 
bre 191 5. 

«Revista Económica». Tegucigalpa. Año iv. Núms. II-12. 
Abril-Junio. Año v. Núms. 3-4. vSeptiembre-Octubre 1915. 

«Ateneo de Honduras». Tegucigalpa. Año 11. Núms. 19-24^ 
Abril-Septiembre I9I5- 

«Boletín del Ejército». Tegucigalpa. Año 11. Núms, 20-24. 
Abril-Agosto 191 5. 

«Reglamento para la institución de Cajas de Ahorro y Mutua- 
lidades Escolares». Tegucigalpa, 1915- 

«Memoria presentada al Congreso Nacional por el Secretario 
de Estado, en el despacho de Instrucción pública, doctor 
don Mariano Vasques. 1913-14». Tegucigalpa, 1915- 

«Catálogo metódico de la Biblioteca Nacional, seguido de un 
índice alfabético de autores y otro de materias». Tegucigal- 
pa, 1915- 

«Ley de Presupuesto general de gastos para el año económico- 
de 1915-1916». Tegucigalpa, 1915- 

«Tarifa consular y Decretos reformatorios». Tegucigalpa^ 

1915- 
Université de Fribourg. Suisse. «Nikolaus Mameranus Ein Lu- 
xemburger Humanist des xvi. Jahrhunderts am Hofe dér 
Habsburger», von Dr. Nikolaus Didier. Freiburg im Breis- 
gau, 1915. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 46 1 

, «Zur Anatomie excentrisch gebauter Holzer», von P. Gratian 

Heric O. F. M. Gorz, 191 5. 
«Die Sprache der altfranzosischen Boétius-U.ebersetzung, ent- 

halten in dem Ms. 365 der Stadtbibliothek Bern», von Lau- 

renz Fáh. Freiburg (Schweiz), 1915. 
«Metaphisik der Relationen», von P. Alexander M. Horváth. 

Ord. Praed. Graz, I914. 
«Zur Oífnungsmechanik der Antheren», von Martin Schips, 

Dresden, 1913. 
«Der Anteil des Wallis an den Burgunderfriegen», von Alfred 

Grand, Brig, 1913. 
«Die Stellung der religiosen Orden zu dem Profanw^issenschaf- 

ten in 12. und 13. Jahrhundert», von Apollonia Koperska. 

Freiburg (Schweiz), 1914. 
«Ein Deutsches Sequentiar aus dem ende des 12. Jahrhun- 

derts». von Otto Drinkwelder Dr. Theol. Graz und Wien, 

1913- 
«Der Neujahrs-und Versohnungstag der Karáer von Al-Me- 

lamed Fadil», von Ernst Friedmann. Freiburg, I9I3- 
«Der Klosterbau in Engelberg nach dem Brande von 1729», 

von P, Ignaz Hess O. S. B. 
«Richeza Koning von Polen, Gemahlin Mieczyslaw^s II», von 

Stanislaus von Halko. Freiburg, 1914. 
«Gemeinde-Betriebe der Stadt Heidelberg», von Karl Mitsch. 

Heidelberg (Badén) Buchdruckei, 1914. 
«Beitráge zur Kenntnis des symmetrischenm-Xylenols nebst 

Bernerkungen über einige seiner tsomeren», von Dr. Wil- 

Ihelm Zimmermann. PVeiburg, I914. 
« Die Philosophie von Friedrich Paulsen » , von P . Bonifaz 

Schulte-Hubbert O. P. Berdini, 1913. 
«Das religiose Fürwahrhalten pyschologisch untersucht», von 

P, Rieron. Marschal. Freiburg (Schweiz), 1914. 
«Veránderungen und Gesetzmássigkeiten im Reflexionsspek- 

trum einiger Neodymverbindungen», von P. Cácihan Kol- 

1er. Stans, I914. 
«Untersuchungen über-die Sprache von Einsfisch im 13. Jahr- 



462 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

hundert nach dem Uzkundenregister der Sittner Kanzlei»^ 

von Leo Meyer. Erlangen, 1914. 
«Die Kirchenpatrone der alten Diozese Lausanne im Mittel- 

alter», von Michael Benzerath. Freiburg (Schweiz), 1914. 
«Ürsprung des Koniglichen Patronates in den Portugiesischen) 

kolonien», von P. AdelKelm Jann O. Min. Cap. Panderborn^ 

1914. 
«Das bündnerische Corpus cathoHcum», von Hans Furger. 

PVeiburg in der Schweiz, 1914. 
«Das Wirtschaftsgewerbe nach st. gaUischem Verwaltungs- 

recht», von Jesef Thuer aus St. Gallen. Zürich, 1914. 
«Die wirtschaftliche Natur der Banknote», von Emerich Mi- 

halyi. Fribourg, 1915- 
«Beitráge zur Frage der Widerstandsfáhigkeit der Obstbáume 

gegen Krankheiten» , von Friedrich Knoepfle. München, 1915- 
«Die Lieder des Trobadors Guiraut d'Espanha», von Otto 

Hoby. Freiburg, 1915. 
«Zur Kenntnis des Verhaltens von Kohlenoxyd bei tiefen Tem- 

peraturem», von Dr. Janusz Bobotek. Freiburg, 1913. 
«Beitráge zur Geschichte und Statistik zur Geschichte und 

Statistik des Primarschulvvesens im Kanton St. Gallen», von 

Jakob Bick. Wintersmester, I912. 
«Vergleichende Untersuchungen zur Feststellung der Identitát 

des Hundeund des Katzenspulwurms und Biologie der As- 
caris mystaK», von Cari Schroeder. Jena, 1914. 
«Uber die Kálteresistenz und den Káltetod der Samen», von 

Elisabeth Estreicher-Kiernowska. Freiburg (Schweiz), I915- 
«Einfluss des Losungsmittels auf die Absortion der ultravioleta 

ten Strahlungen in Benzollósungen», von Dr. Henryck 

Gierycz. P^nsiburg (Schweiz), 1913. 
«Die Geisteskrise des xiv. Jahrhunderts», von Dr. Gallus Mau- 

ser O, P. Freiburg, 1915. 
«Grammatik der Delphischen Inschriften-Der Vokalismus der 

Delphinischen Inscriften», von Edmund Rüsch. Berlin, 1914. 
«Der Strafantrag im Schweizerischen Recht», von Jean Stal- 

der. Breslau, I915. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 463 

«Uber die Einwirkung cler Benzilund der Diphenylchloressig- 

saure auf aromatische Nitrile», von Peter Pooth. Freiburg 

(Schweiz), I914. 
«Die Johannes-Legende von Thierry de Vancouleurs», von 

Auton Huber. Halle, 1913. 
«Zur Geologie des kristallinen Substratums der Dents de 

Morcles», von Placidus Hartmann. Luzern, 1915- 
«Universitál Freiburg. — Bericht über das Studienjahr I912- 

191 3», von Leo Michel. Freiburg (Schweiz), 1914. 
«Universitát Freiburg. — Bericht über das Studienjahr 1913- 

I914», von Raymond Girard. P^reiburg (Schweiz), I9I5' 
«Coelibatus Ecclesiasticus in Hispaniaab Ecclesiae initiis usque 

ad saeculum viii», pro Doctoris Fr. Carmelus Goñi, O.M. C. 

Pampilonae, 1914. 
«De principiis Cognitionis Fundamentalibus», pro Gabriel 

Kostelnik. Leopoli, 1913. 
«A Critical Exposition of the Modernist Conception of Church 

Authority», by Dr. James F. Carrol!. Freiburg, I9I5- 
«Contributo a uno studio sulla Biblioteca di Gian Vincenzo 

Pinelli», per Adolfo Rivolta. Monza, 1914. 
«II Pensiero religioso di G. B. Vico. —Parte prima: Metafísica 

ed Etica», per F. Saragó. Cantazaro, 1915. 
«L'uso dei beni nella morale di San Tommasso», per P. Al- 
fonso M, Arlich. Alonza, 19 1 3. 
«L'Ascétisme Chrétien pendant les trois premiers siécles de 

rÉglise», par F. Martínez. Paris, I913. 
«De l'hypothéque légale des entrepreneurs et des artisans 

dans le Code civil suisse», par Henry Bise. Estavayer, 

1912. 
«Les rapports de voisinage dans le Code civil suisse et la Lé- 

gislation cantónale romande», parAndré Robichon. Lausan- 

ne, 1914. 
«L'Immigration italienne dans la République Argentine», par 

Jean C. de Guevara. Fribourg (Suisse), 1914. 
«Antonio P'ogazzaro, Poete», par le docteur Lucien Gennari. 

Genéve, 1914. 



464 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Les sources de l'Histoire du Montanisme » , par Fierre de 

LabrioUe. Fribourg (Suisse), 1913. 
«Chateaubriand en Orient», par P. Garabed Der Sahaghim. 

Venise, 1914. 
«La construction du Systcme philosophique d'aprés Saint 

Thomas d'Aquin», par Louise Jelénska. Fribourg, 1915. 
«Recherches spectroscopiques sur l'absortion et la fluores- 

cence de quelques derives benzéniques», par Frangois-Xa- 

vier Friedblat. Fribourg, I9I5- 
«Contribution á l'étude de la décarbonysation dans les com- 

posés organiques», par Léon Ryncki. Fribourg, I9I5- 
«Recherches de tectonique experiméntale : Les propriétés mé- 

triques du pli simple», par Nazaire Reichlin. Fribourg, I913. 
«Jugements étrangers en Suisse : Traites Internationaux», par 

E. Dupraz. Fribourg, 1913. 
«Contribution á l'étude des terres rares et á quelques-unes de 

leurs propriétés optiques», par Charles Garnier. Fribourg, 

I915. 
«Recherches sur les spectres de reflexión de composés du 
néodyme», par Paul Joye. Fribourg, 1914. 

«Programme des cours». Semestre d'hiver : 1914-1915. Se- 
mestre d'été: 1914-I915. Fribourg, 1914-1915. 

«Autorités, Professeurs et étudiants». Semestre d'hiver : 1913- 
19 1 4. P>ibourg, 191 3. Semestre d'été : I914. Fribourg, 
1914. Semestre d'hiver : 1914-1915. Fribourg, 1915. Se- 
mestre d'été : 1915- Fribourg, 19] 5- 

*Rapport sur l'année académique 1912-1913», par le Recteur 
sortant Léon Michel. Fribourg, 1914. 

«Rapport sur l'année académique I913-1914», par le Recteur 
sortant Raymond Girard. F"ribourg, 1915- 
University of Toronto Studies. « Review of Historical Publi- 
cations relating to Canadá». Volume xix. Toronto, I9I5- 

«Transactions». Volume x. Part 2. N° 24. May I9I5- 
Wisconsin Academy of Sciences, Arts, and Letters. Madison. 

«Transactions». Vol. xvii. Part I. N°^ 1-6. Madison, Wiscon- 
sin, 1911. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 465 

Zeitschrift des Deutschen Wissenschaftlichen Vereins zur Kul- 
tur-und Landeskunde Argentiniens. Buenos Aires. 
«Abhandiungen. — Die Erschliessung der hochsten Anden». 
Heft 3-5. Buenos Aires, 1915. 

DE PARTICULARES NACIONALES 

Adellac González de Agüero (Sr. D. Miguel). «Manuscritos iné- 
ditos de Jovellanos. — Plan de educación de la Nobleza, tra- 
bajado de Orden del Rey en 1 798». Gijón, 1915- 

AIós y de Dou (Sr. D. José M.'* de). «Notas históricas de Santa 
María del Mar, de Barcelona». Barcelona, 1915. 

Anasagasti (Sr. D. Teodoro de) é Inurria (Sr. D. Mateo). «Memo- 
ria explicativa del anteproyecto de la erección de un monu- 
mento á Miguel de Cervantes Saavedra en la plaza de Es- 
paña de esta Corte», Madrid, 1915. 

Antón de Olmet (Sr. D. Luis), «Pedagogía nacional. — La obra 
de Eloy Bullón». Madrid, 1915. 

Aragonés (Sr. D. Adolfo). «Toledo. — Memoria de la Junta pro- 
vincial de protección á la infancia y represión de la mendi- 
cidad, 1914». Toledo, 191 5. 

Aranzadi (Sr. D. Telesforo de). «BuUetins et Mémoires de la So- 
ciété d'Anthropologie de Paris. — Corrélations du trou occi- 
pital des cránes basques». Paris, 19I5' 
«Dimensiones de la calvaría en España, y sus relaciones de 

conjunto>. Madrid, 1915. 
«De Antropología de España», Barcelona, I9I5- 

Barras de Aragón (Sr. D. Francisco de las). «Notas tomadas en 
Inglaterra, Escocia é Irlanda en 1 909». Sevilla, I9I5- 

Beláustegui (Sr. D, Juan José). «Cervantes, músico». San Sebas- 
tián, 191 5. 

Beruete y Moret (Sr. D. Aureliano de). «Goya, pintor de retra- 
tos». Madrid, mcmxvi, 

Berwick y de Alba (Excmo. Sr, Duque de), «Noticias históricas 
y genealógicas de los Estados de Montijo y Teba, según los 
documentos de sus ArcJiivos», Madrid, 1915- 



466 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Blanco-Fombona (Sr. D. Rufino). «Biblioteca Ayacucho. — Bolí- 
var y la emancipación de Sur-América», por Daniel F. 
O'Leary. Madrid, 1915. 

Casal Gambas (Sr. D. Miguel). «Una historia de sangre y cobar- 
día. — La revolución de Méjico. Libro rojo y amarillo». Re- 
lación escrita en inglés por el Dr. Francisco Clemente Kelly 
y traducida al español por un sacerdote mejicano. Barcelo- 
na, 1915. 

Canudo (Sr. D. Aurelio). «Sueños de amor. Novela», Prólogo del 
Excmo. Sr. D. Primitivo González del Alba. Madrid, 1914. 
(Remite dos ejemplares.) 

Casal Soto (Sr. D. A.). «Miserias de España. — Carta abierta y 
gritos de dolor». Villagarcía, IQIS- 

Cavestany (Sr. D. Jenaro). «El Centenario de Magallanes en San- 
lúcar de Barrameda». Sanlúcar de Barrameda, 1915. 

Corral (Sr. D. León). «Don Alvaro de Luna según testimonios 
inéditos de la época». Valladolid, I9I5' (Remite dos ejem- 
plares.) 

Correal y F'reyre de Andrade (limo. Sr. D. Narciso). «El vene- 
rable Barrantes, canónigo de Burgos». La Coruña, 1913. 

Corro del Rosario (Rvdo. P. PV. Pedro). «Vida y apología del 
Ven. Padre Fr. José Ibáñez de la Consolación, de la Orden 
de Augustinos Recoletos, Cura regente del Pilar, y fusilado 
por los franceses». Madrid, I9I5- 

Churruca (Excmo. Sr. Conde de). «Fueros de Guipúzcoa». Ma- 
drid, 1913. 

F. López (Sr. D. Ventura). «Las Basílicas de los Concilios tole- 
danos. Su reconstrucción sobre los ruinas de la Vega Baja». 
Toledo, 191 5. 

Gamoneda (Sr. D. Antonio). «Secretaría del Congreso de los Di- 
putados. Boletín analítico de los principales documentos 
parlamentarios extranjeros recibidos en la misma». Núme- 
ros 56-6 T. Junio-Diciembre 1915. 

Gilí (Sr, D. Luis). «El Cardenal Vives y Tuto, de la Orden de 
Frailes menores capuchinos», por el P. Fr. Antonio María 
de Barcelona, de la misma Orden. Barcelona, 1916. 



ACQUISICIONES DE LA ACADEMIA 467 

Gómez Chaix (Sr. D. Pedro). «La Filosofía en los poetas clásicos 
latinos». Madrid, 1 886. 
«Apuntes acerca de los Tribunales de Comercio y su estable- 
cimiento en España». Málaga, 1892. 
«Don Pedro Gómez Sancho. Estudio biográfico». Madrid, 1898. 
«Escuela Superior de Comercio de Málaga. Memoria de los 

cursos de 1896- IQOI». Málaga, 1897-1901. 
«Reclamación administrativa deducida en primera instancia 
ante el limo. Sr. Delegado de la provincia de Málaga, el día 
6 de Octubre de 1 894, contra el recargo para gastos de 
guardería rural». Málaga, 1 894. 
«Memorias de los trabajos realizados por el Colegio Pericial 

Mercantil de Málaga». Años 1900-1902. 
«Escuela Superior de Comercio de Málaga. Memorias de los 
cursos de 1890-1896». Málaga, 1895-1896. 
González Ruiz (Sr. D. Marcelino). «Cuestiones jurídicas». Ma- 
drid, 191 5. 
Martínez Lacuesta (Sr. D. Félix). «Política agraria». Haro, 1915. 
Menéndez-Reigada, O. P. (R. P. Fr. Albino G.). «La cultura 

moderna y la Filosofía tomista». Madrid, I9l5- 
Merino Alvarez (Sr. D. Abelardo). «Geografía histórica del te- 
rritorio de la actual provincia de Murcia desde la Recon- 
quista por D. Jaime I de Aragón hasta la época presente». 
Obra laureada por la Real Sociedad Geográfica en el con- 
' curso de 1914, con el premio instituido por el Excelentísi- 
mo Sr. Marqués de Aledo. Madrid, 1915- 
Monner Sans (Sr. Ricardo). «Efemérides argentinas». Buenos 
Aires, 1893. 
«Pinceladas históricas». Buenos Aires, 1 892. 
«Catalanes ilustres en el Río de la Plata». Buenos Aires, 1893. 
«La Argentina y Cataluña». Buenos Aires, I900. 
«Cristóbal Colón (Rectificaciones é hipótesis)». Buenos Aires, 

1901. 
«Los Dominicos y Colón». Buenos Aires, 1892. 
Montoto (Sr. D. Santiago). «Rodrigo Caro». Estudio biográfico- 
crítico para la edición que de las obras de tan preclaro in- 



468 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

genio publicó la Real Academia Sevillana de Buenos Aires. 
Sevilla, 191 5. 

Muñoz y Cañizares, Pbro. (Sr. D. Andrés). «Guimaila». Drama 
en cuatro actos, en prosa. Con licencia eclesiástica. Mur- 
cia, 1913. 

Pereda y Barona (Sr. D. Julián). «El P. José Petisco, S. J. (Su 
tiempo y sus obras)». Madrid, 191 5. 

Pérez Lamazares (Sr. D. Julio). «La exposición perenne del San- 
tísimo». Estudio histórico. León, 1915- 

Río Juan (Sr. D. Francisco). «África Occidental española. (Saha- 
ra y Guinea)>. Madrid, I915. 

Rodríguez del Busto (Sr. D. A.) «El Sistema del Gobierno Dual 
de Argentina i su origen». Buenos Aires, mcmvi. 
«Apuntes para la Historia de la Legislación». Madrid, 1912. 
«Autonomías municipales». Madrid, 1912. 
«Peligros americanos. — Crítica de Ciencia política». Tomo i. 
Córdoba, 1899. 

Royo y Villanova (Sr. D. Antonio). «La Pedagogía como cien- 
cia social». Gijón, I9I5- 

Salcedo Ruiz (Sr. D. Ángel). «La Literatura española. — Resu- 
men de Historia crítica». Tomo i. (La Edad Media). Ma- 
drid, MCMXV. 

Sentenach (Sr. D. Narciso).. «Los Arevacos». Madrid, 1915. 
(Remite dos ejemplares.) 

Urgoiti (Sr. D. Nicolás María de). «La prensa diaria española en 
su aspecto económico». Madrid, 1915. 

Urroz P>ro (Sr. Dr. D. Eugenio). «Compendio Historial de la 
villa de Tolosa». Trabajo premiado en el Certamen históri- 
co abierto por el Excmo. Ayuntamiento de la villa de Tolo- 
sa con motivo de las fiestas eúskaras, celebradas en dicha 
villa el año 1913. Tortosa, 1913. (Remite dos ejemplares.) 
«Epítome historial de la villa de Tolosa», Con censura ecle- 
siástica. Tolosa, 1914. 

Vázquez de Aldana. (Sr D. Enrique). «Por la región azul: ver- 
sos», por D. Emilio Muñoz García. Prólogo de M. R. Blan- 
co Belmonte. Béjar, 1914. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 469 

«Algo de arriba». Poesías de Antonio de la Cuesta y Sáinz. 

Bilbao, 1904. 
«Huelgas diplomáticas», por Manuel del Palacio. Madrid, 1887. 
«Cordobesas». Poesías de Benigno Iñiguez. Córdoba, 19Ó9. 
Yepes y Rosales (Sr. D. Julio de). La Heráldica, la Genealogía 

y la Historia». Madrid, 1915. 



DE PARTICULARES EXTRANJEROS 

Bornate (Sr. Cario). «Historia Vite et Gestorum per Dominum 

Magnum Cancellarium». Torino, I915- 
Coelho (Sr. J. Augusto). «A Theoria da Historia». Lisboa, 1914. 
«Evolugáo geral das Sociedades Ibéricas». Tomos i-ii. Lisboa, 

1910. 
Destruge (Sr. Camilo). «Biografía del General Don Juan Illing- 

worth». Guayaquil, 1914. 
Eguiguren (Sr. Luis Antonio). «La Holgazanería en el Perú». 

Lima, 1915- 
Figueiredo (Sr. Prof. Fidelino de). «O que e a Academia das 

Sciencias de Lisboa (1779-1915)». Porto, 1915- 
Fitz-Gerald (Sr. John Driscoll). «A New Drama (Un drama nue- 
vo)». A Tragedy in Three Acts from the Spanisch of Don 

Manuel Tamayo y Baus. New York, 1915- 
González (Sr. D. Joaquín V.). «Biblioteca Argentina. — La Biblio- 
teca y la cultura pública». Vol. i. Rosario, I9I5- 
Guimaraes (Sr. Rodolfo). «Vida e descendencia de Pedro Nunes». 

Coimbra, I9I5- 
«Sur la vie et l'oeuvre de Pedro Nunes». Coímbre, I9I5- 
Kessler (Mr. Fritz). «Comte rendu du VIIL Congrés préhistorique 

de P" ranee tenu á Angouléme du 18 au 24 aoút 1913». Mul- 

house, 1913. 
«Les murs dits payens de l'Alsace». Le Mans, I9I4- 
«Les Pas du Diable et Les Pieds de Saint-Dizier (Territoire de 

Belfort)». Le Mans, 1914. 
«Procés- verbal de la découverte d'un Sarcophage en pierre 

faite au Bollenberg, en ,novembre 1894». Mulhouse, 1897. 



470 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Notice sur les anciennes cloches de l'église de Soultzmatt». 

Mulhouse, 1904. 
«Tailleries modernes de sílex en Touraine. — Une industrie á 

la veille de disparaitre». Mulhouse, I912. 
«VIIP Congrés préhistorique de France. — Session d'Angou- 

léme. — Communications». Le Mans, 1913. 
«La chapelle de Saint-Gangolphe». Mulhouse, I913. 
Levillier (Sr. Roberto). «Antecedentes de Política económica en 
el Río de la PJata. — Documentos originales de los siglos xvi 
al XIX, seleccionados en el Archivo de Indias de Sevilla». Li- 
bro I. Régimen fiscal. Tomos i-ii. Madrid, 1915- 
«Correspondencia de la ciudad de Buenos Ayres con los Re- 
yes de España». Tomo i. (1588-1615). Buenos Aires, 1915. 
«Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda del 
Río de la Plata con los Reyes de España». Tomo i. (1540- 
1596). Madrid, 19 1 5. 
Liscano (Sr. D. Juan). Las doctrinas guerreras y el Derecho». 

Caracas, I9I5- 
Membreño (Sr. D. Alberto). «Nombres geográficos del Salvador 
(Estudio etimológico)». México, 1908. 
«Aztequismos de Honduras». México, 1907. 
Ortiz y San Pelayo (Sr. D. Félix). «Españoles y españoles, ó la 
colectividad española en la Argentina y los visitantes espa- 
ñoles». Buenos Aires, 1915- 
Rocha (Sr. Joao da). «A Lenda Infantista». Lisboa, 1915- 
Rodríguez García (Sr. Dr. José A.). «Cuba intelectual». La Ha- 
bana. Época 2.^ Año VII. Núm. 39. Junio I9I5' 
Sijthoff's (Mr. A. W.). «Museum». Leyden 22**- Jaargang. N°* 10- 
12 Juli-Sept. 191 5. 23*'*^ Jaargang. N°* I-3. October-De- 
cember I9I5- 
Silva (Sr. D. Francisco V.). La desmembración del territorio ar- 
gentino en el siglo xix». Madrid, I9I5' 
Tavares Cavalcanti (Sr. Manuel). «Epitome de Historia da Pa- 

rahyba para uso das escolas primarias». Parahyba, 1914. 
Trelles (Sr. D. Carlos M.). «Bibliografía cubana del siglo xix». 
Tomo viii (1894- 1 899). Matanzas, 1915. 



I 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 47 1 

Villalobos (Sr. D. Manuel Alaría). «Discursos leídos en la Acade- 
mia Venezolana, correspondiente de la Real Española, en 
la recepción pública del Sr. D. Manuel M. Villalobos, el 
día 26 de Septiembre de 1915». Caracas, 1 915. 

Wautier (Mr. R.). «Notice sur la Famille de Contamine de Gi- 
vet». Reims, 1912. 

PUBLICACIONES NACIONALES RECIBIDAS POR CAMBIO CON EL «BOLETÍN» 

« Archivo Ibero- Americano» . Publicación bimestral de los Pa- 
dres Franciscanos. Madrid. Año 11. Núms. x-xii. Julio-Di- 
ciembre 191 5. 

«Boletín de Santo Domingo de Silos». Burgos. Año xvii. Núme- 
ros 9-12. Julio-Octubre 1915. Año xviii. Núms. I-3. No- 
viembre-Diciembre 1915- Núm. 3. Enero I916. 

«Don Lope de Sosa». Crónica mensual. Jaén. Núms. 30-35. Ju- 
nio-Noviembre 1915- 

«España y América». Revista quincenal. Madrid. Año xiii. Nú- 
meros 13-24. Julio-Diciembre 1915. 

«Estudios Franciscanos». Revista mensual dirigida por los Pa- 
dres Capuchinos. Sarria (Barcelona). Año ix. Tomo xv. Nú- 
meros 98-103. Julio-Diciembre 1915- 

«La Alhambra». Revista quincenal de Artes y Letras. Granada. 
Año xviii. Núms. 414-425. Junio-Diciembre I915. 

«La Ciencia Tomista». Publicación bimestral de los Dominicos 
españoles. Madrid. Año vi. Núms. 33-35. Julio-Diciembre 

1915- 

«La Ciudad de Dios». Revista quincenal religiosa, filosófica, 
científica y literaria, publicada por los PP. Agustinos del 
Escorial. Madrid. Época 3.^ Núms. I.OIO-I.022. Junio-Di- 
ciembre 1915- 

«Memorial de Artillería». Madrid. Año lxx. Tomo vii. Entre- 
ga 6."* Junio 1915. Tomo VIII. Entregas 1.^-5.'' Julio-Noviem- 
bre I915. 

«Memorial de Infantería». Toledo. Año iv. Tomo viii. Números 
43-48. Agosto-Diciembre 1915. 



472 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Memorial de Ingeniaros del Ejército». Madrid. Año lxx. 
Tomo xxxii. Núms. vi-xi. Junio-Noviembre IQIS- 

«Monumenta histórica Societatis Jesu a Patribus ejusdem Socie- 
tatis edita». Matriti. Annus 22. Fase. 259-264. Julio-Decem- 
bri 191 5. Annus 23. l'asc. 265. Januario I916. 

«Nueva Academia Heráldica, Archivos Históricos de Genealogía 
y Heráldica». Madrid. Tomo iii. Segunda época, Julio-No- 
viembre 1915- 

«Nueva Etapa». Revista mensual redactada por los alumnos de 
la Universidad libre de El Escorial. Época xix. Núms. i-ii. 
Noviembre-Diciembre 1915- 

«Razón y Fe». Revista mensual redactada por Padres de la Com- 
pañía de Jesús.' Madrid. Año xiv. Núms. 167-168. Julio- 
Agosto 1915- Año XV. Núms. 169-172. Septiembre-Diciem- 
bre 1915. 

«Revista de P"ilología Española». Madrid. Tomo 11. Cuaderno 2.° 

1915- 
«Revista general de Marina». Madrid. Tomo lxxvi. Cuaderno 6.° 

Junio 191 5. Tomo lxxvii. Cuadernos l.°-5.° Julio-Noviem- 
bre 191 5. 
«Revista de Historia y Genealogía Española». Madrid. Año iv. 
Núms. 9-12. Septiembre-Diciembre 1915- 

PUBLICACIONES EXTRANJERAS RECIBIDAS POR CAMBIO CON EL «BOLETÍN» 

«Archivum Franciscanum Historicum». Florentiam. Annus viii. 
Fases, i-ii. lanuarius-Aprilis 191$- 

«El Sendero I'eosófico». Revista internacional. Point Loma (Ca- 
lifornia). Tomo viii. Nums. 3-4. Julio-Octubre I9I5- 

«Félix Ravenna». Bollettino storico romagnolo edito da un gru- 
po di studiosi. Ravenna. Fases. 8-9. Aprile-Settembre 1915- 

«La Civiltá Cattolica». Roma. Cuadernos 1.561-1572- Luglio-Di- 
ciembre 1 91 5. 

«L'Archiginnasio». Bullettino della Biblioteca Comunale di Bó- 
logna. Anno x. Num. 4-5. Luglio-Ottobre 1915- 

«Madonna Verona». Bollettino del Museo Civico di Verona. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 473 

Anno IX. Num. I. Fases. 33-35> Gennaio-Settembre 1914. 
«O Instituto». Revista scientifica e litteraria. Coimbra. Volu- 

me 62. Num. 6-1 1. Junho-Novembro 1915. 
«Polybiblion». Revue Bibliographique Universelle. Paris. 

«Partie littéraire». Deuxiéme serie. Tome quatre-vingt-unié- 

me. cxxxin" de la collection. Cinquiéme livraison. Mai-Octo- 

bre T915. 
«Partie technique^>. Deuxiéme serie. Tome quarante et unié- 

me. cxxxv^' de la collection. Cinquiéme-Dixicme livraisons. 

Mai-Octobre I915. 
«Revue Celtique». Paris. Vol. xxxvi. Nums. 1-2. I9I5- 
«Revue Hispanique». Paris. Tomes xxx-xxxv. Nums. '¡'¡-^2 

et 86-87. Aoüt-Octobre 1915. 
«Revue Historique». Paris. xl** année. Tome cxix. Num. 2. Jui- 

llet-Aoút 191 5. Tome cxx. Nums. 1-2. Septembre-Décem- 

bre 1915. 
«Rivista Storica Italiana». Pubblicazione trimestrale. Torino. 

Anno XXXII. Vol. vii. Fases. 3-4. Luglio-Dicembre 1915- 
«Roma e l'Oriente». Rivista eriptoferratense per l'unione delle 

Chiese. Pubblicazione mensile. Roma. Anno v. Nums. 53"58- 

Maggio-Ottobre 191 5. 
«'i'he English Historical Réview». London. Vol xxx. Nums. II9- 

120. July-October 1915. 

DE LAS REDACCIONES Y POR CORREO 

• África Española». Revista de Colonización, Industria y Comer- 
cio. Madrid. Año iii. Núms. 29-30. Septiembre-Noviem- 
bre 1915. 

«Archivo I]ibl¡ográfico Hispano-Americano». Publícalo la libre- 
ría general de Victoriano Suárez. Tomo vi. Madrid, I914. 
Tomo VII. Núms. 5-7. Mayo-Julio I9I5- 

«Boletín Histórico de Puerto Rico». Publicación bimestral. Año 11. 
Núms. 3-5. Mayo-Octubre 1915. 

«Cultura Hispanoamericana». Madrid. Año iv. Núms. 33, 36 
y 37. Agosto-Diciembre, 1915- 

TOMO LXVII! 30 



474 boletín de 1.a real academia de la historia 

«Euskalcrriaren